Capítulo XXV
Esa misma tarde, Nympha antes de retirarse me dejó dos folders con la información; la entrevista era en San Petersburgo, mientras Archie se hacía responsable de un asunto en Estados Unidos, yo me encargaría de éste asunto. Sería posible que Candice no me enterara de que iba a irse a San Petersburgo sin decírmelo. Al otro día, muy temprano, me alisté y fui directo al hangar familiar, antes de subirme al avión, Nympha me interceptó con los pormenores del contrato y comencé analizar la papelería que ella me entregó. Cuando aterricé en San Petersburgo todo fue rutinario, me esperaba una limusina en la entrada del aeropuerto y mayor fue mi sorpresa cuando al cerrar las puertas, miré por la ventana abierta.
Ahí estaba, Candice en un traje blanco, pegado al cuerpo, con chaqueta rosa, zapatos y bolso diminuto. ¡No podía creerlo! Además de todo el atuendo llevaba un sombrero de diseñador con un sensual birdcage y unos guantes con moños a la altura de las muñecas, de seda rosa. Estaba hermosa, un joven se colocó al lado de ella, saludándola con tres besos, uno de ellos en la boca como era la costumbre rusa, después se le quedó mirando y abordó la limusina que recién había llegado hasta ellos. El chofer de mi limusina me saludó presentándose como Alek Sminorv, una vez adentro siguió a la otra en dónde se encontraba ella. Estaba ansioso, al parecer, sin razón alguna, ya que no sabía a ciencia cierta ¿por qué nos deteníamos?
¿Qué sucede? - pregunté atento a mi alrededor.
Aquí será la reunión, la primera de ellas. Diríjase a la suite Imperial, segundo piso, toque dos veces - me informó Alek.
Gracias. ¿Mi equipaje? - cuestioné al ver que el joven conductor no se movía de su asiento.
Se lo entregaremos a los botones, no se preocupe, bienvenido - me deseo él, abriéndome un botones la puerta.
Gracias - era extraño, pero por alguna razón no dudé de que así sería.
Entré al Kempinski Hotel, era de lujo y se ubicaba en el centro de St. Petersburgo, era uno de aquellos lugares adecuados para los negocios, por lo que me dirigí hacia el lugar que me indicaron, sin darme cuenta quién se encontraba detrás de mí. Toqué dos veces y una mucama se dirigió a mi encuentro, abrió la puerta y salió saludándome con una venia. Cuando menos me lo esperé, Candice se encontraba delante mío, dándose cuenta de que aún miraba a la mucama.
Buenas tardes, Terry - me dijo con una sonrisa franca.
¡Candice estás… encantadora! - respondí muy escuetamente, pero es que la imagen que tenía frente a mí era grandiosa.
Entra, llamamos la atención - aseguró ella cuando unos chicos pasaban en ese momento y le decían cosas poco amables a Candice.
Hay que ser discretos, ante todo - dije solemnemente.
¿Cómo te fue en el viaje? ¡Luces cansado! - decidió cambiar de tema, creo que mi chiste no le hizo gracia.
No he dormido bien… últimamente - referí a la parte de cansado.
Lo siento, te estoy haciendo daño sin quererlo - se disculpó una vez más.
No estoy muy seguro, ¿por qué no me dejas intentarlo? - cuestioné mientras se acercaba a mí y luego me besó.
Aún no estoy muy convencida, tampoco he dormido gran cosa, estando aquí será mejor que lo tomemos con tranquilidad. ¿Nos vamos? - me invitó a salir y yo lo único que quería era besarla tan calmadamente que... no pude.
¿No será aquí la reunión? - pregunté como sabiendo que la respuesta iba a ser tajante y que tampoco serpia una invitación.
No, ésta es mi habitación - me sonrió y guiño un ojo.
¡Pícara! - le respondí de forma coqueta.
Tenía que saber que habías llegado con bien. Así que ¡vámonos! - Candice me tomó de la mano, con la otra tomo su bolso y tarjeta, saliendo lo más rápido posible.
¿Preocupada? - le quise jugar otra broma.
Ni en tus sueños. Espera…ahora sí - cuando menos lo sentí la tarjeta la tenía la mucama y yo me pregunté de donde había salido.
¿A dónde vamos? - quise saber.
A la reunión, sólo…te acompañaré; de cualquier forma te tenía que dar la bienvenida - me sonrió.
Dos pájaros de un tiro… - seguí con el intento de que sonriera, pero parecía un acontecimiento imposible.
Tres, en realidad - al final ella fue la que me hizo reír, ¿a qué se refería con tres?
Ese simple beso de saludo fue todo lo que ella me dio y ahí fue que me di cuenta de que la había extrañado más de lo que hubiese supuesto; fue entonces que cuando entramos al ascensor, no me resistí y la tomé de la nuca, ceñí su cintura con mi brazo derecho, incrementando el deseo, ella gimió y se separó suavemente.
¿Nos vamos? - preguntó ella dubitativa.
Fue inevitable que soltara una risotada. Cuando entramos a la sala de juntas, se dispuso a ir con Anthony Andley, ahí se encontraba también los abogados de las tres compañías, Sergey Ivanov, Andrey Voloyva y Peter Gólubev; Yuri Vólkov y su hijo Mijail. Faltaba yo, caminé dirigiendo mi mirada a Candice que tomaba asiento cuando Anthony le tomaba la mano y se la besaba. De pronto ella ocultó la vista, pegó sus piernas a las de Anthony y comenzó a ponerse nerviosa, el temor de todos sus días apareció por la puerta, era sin duda Niel Leagan. Se removió inquieta, logró controlar un poco el nerviosismo, lo cual hizo que ese momento se disfrutase en demasía por el hombre que fungía como su primo político, pero también por ello, Anthony le dirigió una mirada reprobatoria y de advertencia. Deseaba tenerla entre mis brazos como había sucedido en el ascensor, para protegerla de cualquier cosa que fuera.
Señores, señora me da gusto volver a verlos. Usted debe ser la señora Candice Andley - refirió Sergey Ivanov.
Sí, mucho gusto - Candice lo saludó amablemente.
Encantado estoy de conocerle, sobretodo porque es un enigma para todos aquí, pensábamos que era un ardid publicitario de usted viviendo en Rusia - mencionó el hombre entrado en años.
La mayoría del tiempo soy eso precisamente, en realidad es por mi seguridad, mi estatus en la familia, a veces no quiero estorbar a nadie, pero este negocio proviene de las cuentas de mi difunto esposo Albert Andley. Es por eso que estoy aquí, quiero firmar el acuerdo - explicó ella.
Uno de los abogados se le quedó viendo y al voltear el rostro hacia la puerta, entendió a qué se refería, decidió también no tomar en cuenta lo que había dicho, en realidad pensaba que el negocio no provenía de las cuentas de Bert sino de las de Ferrel, pero por alguna extraña razón, que él no develaría, ella quiso informar lo contrario.
Todos tomaron asiento y durante cinco horas se expresaron las cláusulas de tan millonario acuerdo, obviamente que cada abogado iba haciendo sus anotaciones, durante ese tiempo el trato obsesivo de Anthony hacia Candice fue enormemente cariñoso, mientras que Niel bufaba por esos roces que de inocentes no tenían nada. Había algo en ese repentino trato, tenía que saber lo que ellos tramaban. Al término de la quinta hora, Candice se quedó sola con el abogado y de pronto, el interpelado vio que se acercaba Niel por lo que la dejó sola, él la saludó y ella quiso alejarse de ahí, pero él fue más rápido y la tomó de un brazo jalándola hacia sí, Candice trataba de controlar el nerviosismo y cuando se hubo acercado lo suficiente, le dio un puntapié y se alejó rápidamente de su lado, llegó hasta ella Anthony que apenas tuvo tiempo de sostenerla, ya que la presión había sido demasiada y ella apenas viéndose libre, se desvaneció.
Pasé entre los presentes tan rápido como pude y la cargué en brazos hasta el ascensor, ante las miradas de todas las personas que se hospedaban en el hotel, por lo que me limité a subir a su habitación y al tocar, la mucama se hizo a un lado. Detrás de mí, Anthony sacaba un maletín y de ahí un botecito con tapón esmerilado, se colocó delante de mí y le dio unas pasadas a la nariz, haciendo que ella despertase, pero para mí mala suerte ellos hablaban en ruso.
¿Me desmayé? - preguntó ella somnolienta.
Sí preciosa, no sé qué hacia Niel ahí, no sabía que iba a venir - al parecer Anthony se disculpaba.
Afortunadamente el abogado no ha soltado que es un trato proveniente de los bienes de Ferrel - Candice se sentó. ¿Se enterará? - cuestionó preocupada.
Sí cuando haya firmado y para esa época, tu suegro estará ya al cargo de todo - aseguró Anthony.
¡Lo odio, lo quiero lejos, lejos de mí! - deseó ella con todas sus fuerzas.
Lo siento, pero es descortés que hablemos en otro idioma estando Terry presente - informó Anthony, indicándole que estaba en el recibidor.
¿Está aquí? - preguntó ella, espantada.
Te trajo en brazos. Lo sentimos, creo que te dejamos excluido. Permiso - me dijo Anthony cuando salió de su habitación para luego despedirse.
¿Cómo te sientes? - le pregunté, pensando que algo debería estar pasando para que ella lo tomara como si nada hubiese sucedido.
Mejor, ¿peso mucho? - me preguntó ella, sacándome de balance.
No, bueno si me costó un poco de trabajo... - referí cuando fui interrumpido por Anthony que sin más entró y la jaló hacia su habitación.
¡Candice debemos irnos, mi primo viene hacia acá! - exclamó saltándose todas las buenas maneras y empacando a velocidad.
¿Que no entiende las indirectas? - preguntó ella.
Vamos, lo siento debemos partir - me informó sin más.
¿A dónde te la llevas? - cuestioné sin poder creérmelo.
¡No te lo puedo decir! - me respondió, su equipaje era... ¡Dios Santo, estaban huyendo!
¿Por qué rayos no lo puedo saber? - les pregunté.
Por tu seguridad, lo siento, aprisa, aprisa - Candice volvía con lo mismo.
¡Deja que me preocupe por su seguridad! - espeté molesto.
No podemos, lo siento - ambos salieron por la puerta y su guardaespaldas también. Demetri, no dejes que nos siga y cerciórate de que no lo haga contigo - Anthony le había ordenado sin poder enterarme de lo que sucedía.
Esperen…¿qué sucede? - quise saber.
No puede seguirlos, lo siento, debe quedarse donde está - me aseguró el guardaespaldas y a los cinco minutos...
¿Dónde está Candice, Demetri? - le preguntó Niel.
No sé a quién se refiere joven Leagan... - Demetri fue irrevocablemente discreto.
Maldición Demetri, ¿por qué estarías aquí si no para cuidar de Candice? Dime ¿dónde diablos se encuentra? - le exigió pero el robusto hombre ni se movió.
No lo sé señor Leagan, ahora si me disculpa debo hablar con el señor... - se interrumpió al no saber mi nombre.
¿Terry…Terry Grandchester? ¿Qué haces aquí? - Niel no se había dado cuenta de que me encontraba ahí, así que decidí mentir.
Preguntaba a Demetri sobre Anthony - referí medio sonriéndole a Demetri para que mintiera de la misma forma.
Bueno al menos uno de nosotros dos sabe bien donde se encuentran, ¿verdad Dimitri? - infirió Niel.
No sé de qué me habla señor Leagan, será mejor que los deje solos. Permiso - Demetri se retiró rápidamente, despidiéndose de nosotros.
¿La viste, Terry? - me preguntó Niel enfurecido.
¿A quién, a Anthony? - cuestioné de la misma forma.
A esa maldita mujer, Candice ha sido lo único que me ha interesado en éste mundo, todos la esconden como si fuere inalcanzable. Primero Bert y ahora Anthony - me informa.
¿Te trae de un ala, entonces…? - inferí en son de burla.
Sí, desde que la conocí sabes. Fue…fue amor a primera vista, aunque en el camino me he topado con todos los hombres que ella conoce, Benedetti, los tres Rocco, Ferrel... ese viejo estúpido pensó que podía ganarme a mí. Y tú ¿por qué buscas a Anthony? - me preguntó asimilando esa información que sin querer me daba.
Por cosas del negocio tripartita - resolví responder.
¡Ah ya veo! Mi primo sabía que Bert lo había hecho sin pedir la menor consideración de lo que mi tío y mi padre pensaran - refiere él, comenzando a caminar hacia el ascensor, lo cual decidí hacer al mismo tiempo.
Ya veo, pues me dio gusto saber de ti, pero tengo que retirarme - le dije y así era.
Está bien, adelante Terry y salúdame a Archie - me pidió de favor y luego desapareció.
Por supuesto. Bueno, ¿los seguiste? - contesté el teléfono que sonaba en esos momentos y del otro lado me dieron luz verde; al parecer Alex había hecho lo que le ordenaba.
Sí señor, estoy a unos metros de ellos, espero a que se detengan y le envío la dirección, ¿le parece? - cuestionó el hombre al otro lado.
Sí, por supuesto. ¿Sabe llegar a cualquier lado a partir del hotel? - le pregunté a un conductor de taxi que me habían alquilado en la recepción del hotel.
Sí señor, no se preocupe - aceptó el chico que se asomaba por una ventanilla.
Y así sucedió, cuando Anthony y Candice se detuvieron, Alek me envió la localización a mi celular y enseñándosela a mi conductor se dirigió hacia allí, Vince me dijo en ese momento que esa casa era una mansión del fallecido Ferrel. Era demasiado obvio que nadie se atrevería a visitarlos ahí por ser de las propiedades más excéntricas del dueño anterior, por lo que decidí darle una sorpresa por la mañana, ya que había viajado gran parte de la noche y estaba demasiado cansado cuando pude colarme por una ventana del ala sur de la propiedad. Entré a una de las habitaciones, dejé mi equipaje y me dispuse a dormir, las habitaciones eran lujosas y los cuartos de baño de igual manera, me metí a la cama y me dormí tan rápido que al otro día ni recordaba cuándo ni cómo lo hice.
Por la mañana me había despertado, me duché, vestí y bajé a lo que supuse era el comedor, dándome cuenta que Candice pasaba por el recibidor en shorts y playera de tirantes, demasiado sugestivo para mi gusto, aunque realmente me encontraba encantado, hasta que Anthony apareció delante mío y la tomó por la cintura, metiendo sus dedos en la espalda de ella por debajo de la blusa. Parecían que se estaban haciendo confidencias.
¿Aún con sueño? Deberías irte a dormir - recomendó el rubio dándole un masaje a la espalda, mientras ella intentaba tomarse un jugo.
Sabes que me costará trabajo, ésta casa me trae tantos recuerdos, más buenos que malos, afortunadamente - sonrió recargándose en su hombro más que adormilada.
Lo sé, pero aquí no se atreverá a buscarnos. No le avisé a nadie que veníamos - explicó Anthony con absoluta verdad.
Me lo imaginé, nena… - la movió insistentemente.
Mmm - respondió sin dejar que se cayera el vaso.
Te estás durmiendo, deberías irte a la cama. Te alcanzo en un par de horas - le avisó dándole un beso en la coronilla y mandándola a dormir. Mientras el seguía haciendo llamadas.
Gracias - respondió ella dando tumbos.
La vi, vi como ese destello de completa confianza hacia Anthony que la soltó de inmediato, se separaba con cada paso, Candice dejó el vaso de jugo en la mano de él y Francesco se lo terminó rápidamente, dejándolo en el comedor. Sentía que había demasiada confianza entre ellos, cuando Anthony desapareció por la puerta de la biblioteca, la seguí y observé que entraba en el ala contraria a donde me había quedado para después meterse en la penúltima habitación del fondo.
Decidí dejar pasar una media hora, a esas alturas ella ya debería dormir profundamente. Entré con sigilo, la habitación era grande, la ropa que tenía la noche anterior estaba desperdigada en una silla, la de Anthony sobre la mesita de noche. Me di cuenta de que habían compartido la cama. ¿Celos? No, increíblemente no sentía celos del hombre que había compartido la cama con ella esa noche, ninguno de los dos me inspiraba esa inseguridad y la verdad es que no sabía a ciencia cierta ¿por qué?
Candice se removió en su lugar. En algún lado, se encontraba un alto parlante, de esos que se usan para los bebés; se escuchaba la voz de Anthony hablando con una mujer en ruso. Candice parecía tener el sueño intranquilo, emitió un quejido y un sollozo al mismo tiempo; Anthony seguía conversando y ella comenzó a llorar desgarradoramente, él guardó silencio por minutos y la llamó sin obtener respuesta, después parecía haber dicho una mala palabra porque de pronto oí como corría hasta la habitación que compartían y entraba derrapándose cuando volvió a escuchar un grito desgarrador.
Candice, Candice despierta. Candice, mi vida, abre los ojos, ábrelos, estoy aquí para ti, por favor ábrelos - pedía él desesperado.
¡No, no... ugh! - Candice de un momento a otro no podía respirar.
Respira, respira, abre los ojos, Candice, Candice, Candice despierta - solicitaba él angustiado.
Anthony ¿qué sucede? - preguntó del otro lado de la línea la mujer con la que estaba hablando.
Es Candice, no puedo despertarla y se está ahogando - refirió él acordándose de que estaba aun en la línea, esperándolo.
Abrázala, levántala y abrázala, así despertará - recomendó ella dando de vueltas, la persona que se encontraba a su lado al oír esto se vistió y rápidamente bajo hasta llegar a su coche y derrapando se fue de ahí.
Candice, Candice, respira... diantres, no despierta... - exclamó muy preocupado.
¿Llevaste oxigeno? - le preguntó la mujer.
Esta allá abajo, pero... - en ese momento Anthony se había como desconectado, cerró los ojos y se calmó, debía guardar paciencia para reaccionar como su padre los había preparado.
Corre por el Anthony, corre porque puede morir de asfixia - lo apuró, tomando la experiencia de siempre ayudar a su novio.
Candice, Candice, despierta por favor, despierta, no me dejes así, angustiado, si te mueres no podré vivir sin ti - le pedí a ella, que se encontraba jalando aire.
Cof, cof, cof... - Candice comenzó en ese momento a toser y al oír eso Anthony venia subiendo las escaleras por lo que tuve que volver a esconderme.
Candice... ¿qué pasa? Respira... - le pidió Anthony a ella, cuando le puso la mascarilla.
Anthony dime ¿cómo está? - le preguntó la mujer, ya que hacia unos minutos que no le decía nada.
Tose, Candice... - la llamó al darse cuenta que de su boca comenzaba a salir sangre.
¿Qué sucede? - preguntó ella de nueva cuenta.
No lo sé, sangra de la boca - respondió Anthony
Quizás se mordió, revísala, Candice... - susurró la mujer, al tiempo que caminaba de un lado a otro en su habitación, Anthony estaba hecho un manojo de nervios y no ataba ni desataba. Anthony, Anthony, dime ¿qué pasa? - ella tendría que centrarlo, debía conservar la calma.
No lo sé, se quedó en trance... tiene abiertos los ojos y está sentada - refirió el rubio que lo notaba perdido o sorprendido.
¿Cómo? ¡Benedetti va para allá! - aseguró ella.
¡No llegará a tiempo! - dijo finalmente, resignado.
Espera me llama, si, nos conectaremos compartido - avisó la mujer.
Anthony ¿qué sucede? - le preguntó su amigo.
No lo sé, está sentada y tiene abiertos los ojos, sangra por la boca y... es extraño... parece dormir - respondió al ver que se acercaba y no reaccionaba, le pasaba la mano encima de los ojos y no lo miraba.
¡Todavía está en la pesadilla! Tienes que sacarla de ese trance, pero primero ponle gasas dentro de la boca - ordenó Benedetti.
Benedetti sabía que podría avanzar el problema por lo que Anthony al recibir la sugerencia, fue al clóset y de ahí sacó un maletín provisto con material médico, sacó las gasas y las enrolló en forma de bastoncitos para después colocárselas dentro de la boca, justo detrás de las mejillas.
Sí espera - le dijo mientras lo hacía.
Deja abierta la línea - le pidió él.
Sí, ya están las gasas, ¿a cuánto estás? - cuestionó él preocupado.
A cinco minutos... entrare por el ala sur - aseguró Benedetti.
Sí, ahí siempre está abierta la ventana - respondió el rubio, eso ya lo sabía.
¿Qué hace? - cuestiono el medico
Sigue llorando, espera... comenzó a mover los ojos, muy rápido - contestó impresionado.
Rayos, llegaré en dos minutos, llévala al sótano, ahí te veo - le ordenó al rubio, haciendo que quitara todo de la cama y lo echara a un lado.
Sí, Flammy luego te llamo - le aseguró él.
Nada de luego te llamo, por favor mantenme en línea - le pidió con el corazón.
Está bien, aunque oirás cosas - le informo Anthony.
¡No importa! - a ella eso es lo que menos le desagradaba.
Anthony se quitó la bata y se puso la ropa lo más rápido que pudo, de debajo de la cama sacó una camilla articulada y cargó a Candice, le estaba costando trabajo recostarla hasta que aparecí, no podía dejar de verla en ese estado, debía ayudar.
Anthony se sorprendió de verme ahí, pero debía actuar rápido. Candice aún no recobraba el movimiento ocular y en ese momento, él y yo nos dispusimos a auxiliarla, salimos de la habitación, el por delante y yo en los pies, empujábamos la camilla hacia un ascensor, lo suficientemente grande para que cupiera una camilla con un enfermo. Entramos y segundos más tarde entrábamos al sótano, Anthony prendía algunas luces del interruptor que se encontraba a su izquierda y observé las instalaciones de primer mundo que tenían allí. Cuando cargó a Candice nuevamente y la dejó sobre la cama, la atendió como un enfermero lo hubiese hecho, cuando preparaba el tanque de oxigeno irrumpió en esa habitación Benedetti, apresuró el paso y se colocó unos guantes.
¿Qué ha pasado? - preguntó él, comenzando a tomarle los signos vitales.
Nada, sigue igual. Terry y yo la trajimos hasta aquí - le informó haciendo que tomara en cuenta mi presencia.
¿Cómo estás aquí, Terry? - preguntó al tomar el baumanómetro.
Sí... ¿qué le pasa? - cuestioné.
Tuvo y tiene una pesadilla y aún no sale - respondio sin mirarme, al parecer él si estaba concentrado.
¿Cómo que aún no sale? - pregunté alterado.
Como lo has escuchado, en su mente trata de encontrar el objeto que debiera tocar para salir del sueño - refirió tomándole la temperatura.
Y ¿qué hace por lo mientras? - les cuestioné con sarcasmo.
Repetirá el sueño, por eso el nistagmo - refirió de nueva cuenta.
¿Nistagmo? - pregunté al no entender.
Sí, el movimiento de los ojos. No me mires así, eso te lo contaré después... la presión alta, veamos la boca, si se mordió la mejilla derecha...¡rayos! - maldijo el médico, tomando mas gasas y sacando las que ya estaban mojadas.
¿Cuál rayos? - preguntamos al unísono Anthony y yo.
Se quitó un trozo de piel, por eso no para. ¿Ha estado estresada...? - preguntó como si nada.
En la tarde vio a Niel... - Anthony se interrumpió.
Flammy, corta la comunicación, necesito hablar con William - le pidió a su novia al tomar el celular que Anthony tenía en la bolsa de la camisa.
¿Por qué con William? - preguntó Anthony enojado.
Me hizo prometerle que lo llamaría - explicó el médico.
¡Yo puedo encargarme de ella! - exclamó furioso.
No está bajo tú tutela - acarró el médico y reclamándole.
Lo sé, ¿es necesario? - peguntó aceptando que así era.
Lo siento Anthony, debo llamarlo... - Benedetti cumplió con su deber, le colgó a su novia y llamó a William Andley.
Está bien, adelante, hasta pronto Flammy - el rubio se despidió.
Infórmenme cómo está, de acuerdo - pidió la morena y colgó.
Te lo prometemos. Adelante - Anthony le dio su celular a Benedetti sabiendo que lo conocía muy bien, así que marcó el número.
Bueno... - saludó él viéndose interrumpido por William Andley.
¡Benedetti hijo, que bueno que llamas para saludarme! - exclamó William, esperando lo mejor del hijo de su amigo.
Soy portador de malas noticias William... - soltó rápidamente.
¿Qué sucede? - preguntó él cortando la efusividad.
Candice... está enferma... - soltó.
¿Qué le sucede? ¿Cómo está ella? - preguntó con ansias.
Niel y Candice tuvieron un enfrentamiento hoy y ella salió huyendo, estamos en su casa, las líneas no son seguras, venga lo más rápido posible, necesito que firme el consentimiento... - tenía que hacerlo, era necesario.
Consentimiento ¿de qué? - el señor Andley quiso saber.
Tomaré una TAC del cerebro y una resonancia, para ver el estado del ojo, pero es posible que realice una tenotomía. Por favor, puede traerse al equipo médico de Ferrel, por favor - solicitó el galeno.
En un momento les llamo, salgo para allá - determinó.
Aquí lo esperaremos, recuerde que esta propiedad no tiene nada, procure no llamar la atención - le solicitó al gran hombre que veía por su hija.
Entraremos por el ala sur... - informó y cuando colgó su mandato fue acatado, alistando los camiones y la gente que necesitaba para ello.
Sí señor, vamos Anthony... a preparar el cuartel - Benedetti lo instó.
¡Terry, acompáñame! - y Anthony a mí.
Pero sólo van a venir seis personas, cuando mucho siete... - referí.
¡Tú no conoces a mi padre! Tenemos que abrir todos los sensores de la casa, así que ya que estás de visita ayudarás... - lo dijo en burla, pero cuando lo seguí llegamos a un cuadro de controles que se limitaba a un pequeño televisor. Lo que hizo que me riera.
Te ayudaré con más personas de las que deseas... buenas noches señor Cosomo, ¿está en casa? - le hablé al señor Cosomo.
Sí señor, buenas noches... - me saludó poniendo atención.
¿Tiene su cuerpo de seguridad listo? - le pregunté.
Cuando quiera señor, ¿en dónde lo necesita? - volvió a preguntar.
Te estoy mandando la localización, ¿puede ponerme en línea con Fred? - solicité maquinando todo en mi mente.
Sí señor, viene llegando, el señor Grandchester le llama - el señor Cosomo le facilitó el celular y Fred lo tomó.
Terry - me llamó.
Fred, ven con el señor Cosomo a Rusia, cuando lleguen a la localización me llaman, quiero apostados guardias en todos lados, en todos los caminos y por favor no hagan ruido - Fred se sorprendió de que le hablara en italiano, pero sabía que el Cosomo podría estar escuchando su conversación.
¿Algo más, señor? - cuestionó Fred.
Pregúntale a Nicola si tiene ya lista mi investigación - le solicité.
Sí señor, de su parte - respondió él anotando todo en su lista mental.
No está hablando en serio, señor Grandchester, ¿Rusia? - expresó el señor Cosomo.
San Petersburgo de hecho. Los espero aquí con lo último en tecnología a cualquier costo Fred... - solicitó.
Sí señor, lo veo en unas horas - aseguró Fred y colgamos al mismo tiempo.
Es una broma ¿verdad Fred? - preguntó el señor Cosomo.
Ninguna señor Cosomo, si no cree que pueda cumplir su misión dígamelo y yo contactaré al mío - se aseguró de que ya no preguntara nada y qué mejor que herirle el orgullo.
¡Por supuesto que puedo cumplirlo! - respondió orgulloso el militar que platicaba con Fred.
¿Cuántas horas necesita para reunirlo todo? - preguntó Fred.
Tres... - respondió el señor Cosomo.
Que sean dos... - sugirió Fred y salió de esa habitación.
Y ¿el permiso? - preguntó él, contrariado.
Eso es lo de menos, tenemos a la persona idónea para conseguirlo. Lo veré en el hangar Grandchester, lo espero en el aeropuerto de Milano Malpensa en dos horas, ¿de acuerdo? - cuestionó Fred dándole los datos.
¡Ahí lo veremos! - sonrió el señor Cosomo y desapareció.
Minutos más tarde...
Señora Eleonor - Fred se dirigió a la casa y a la sala de té.
¿Qué sucede Fred? - preguntó ella observándolo.
Habló el señor Terrence y me encargó un favor muy especial - Fred respondió.
¿Qué te encargó mi hijo? - preguntó Eleonor.
Un permiso de vigilancia en San Petersburgo - le informó tajante.
¡Oh Santo Dios! ¿Qué sucede? - preguntó mi madre.
No lo sé con exactitud, sólo tengo algunos datos... - respondió Fred parte de la verdad, lo que menos necesitaba era que mi madre se preocupase por mi seguridad.
Bien, hablaré con él en dos horas. ¿Que estarás haciendo allá hijo? - se preguntó Eleonor cuando se quedó sola.
Continuará...
