II

Otro día más

- ¡Hey, Kagome! ¡Kagome!

Escuchó su nombre y detuvo sus pasos para voltear a ver a quien le llamaba. Sonrió al ver a su grupo de amigas que se acercaban a ella, su mano pasó ligeramente por su cabeza para acomodar una onda rebelde detrás de su oreja, después comenzó a caminar junto a las demás niñas rumbo al colegio mientras charlaba y reía.

Esa misma escena la había visto en cámara lenta nuestro protagonista. Quien se quedó embobado viendo como la chica de sus sueños volteaba con gracia mientras su cabello ondeaba con el viento, el cielo se iluminó cuando la vio sonreír y cuando paso su mano por su cabello para acomodarlo sintió como el corazón quería salírsele del pecho. Su voz fue música para sus oídos.

Kagome Higurashi era sin lugar a dudas un sueño hecho mujer. Una diosa encarnada que todo lo que miraba y tocaba lo transformaba.

Y él, pues... Era él. Un chico común y corriente, de pocos amigos, con un carácter volátil, huraño y explosivo, desconfiado por naturaleza, alumno promedio... En pocas palabras (de él, no mías) un don nadie que había puestos sus ojos en la estrella más bella.

La miró caminar y no pudo evitar sonrojarse al ver su andar sinuoso y como sus caderas serpenteaban de forma sensual sin que la chica lo hiciese apropósito. Si así se movía al caminar no quería ni imaginar como lo haría cuando...

¡Plaf! Se abofeteo él mismo. No, no, no, no podía tener esos pensamientos tan depravados con ella, ¡no!, Kagome no era mujer para eso... Bueno sí, claro que le gustaría, sólo un tonto se negaría a…, más si era el primero... ¡Basta InuYasha! Deja de pensar en cosas sucias con Kagome, se reprendió mentalmente.

- ¡Estúpidas hormonas! - gritó en voz alta sin detenerse a pensar que estaba en una calle transitada por varios adolescentes que se dirigían rumbo al instituto como él.

Así que no fue extraño ver como varios jóvenes detuvieron su marcha y charlas para dirigirle miradas curiosas y uno que otro soltó una risita burlona.

El joven Taisho no sabía dónde meter la cabeza, sólo atinó a ocultar su rostro, apretar sus puños y comenzar un andar fuerte. ¡Maldita Kagome! Hizo el ridículo por su culpa, entonces volvió a detenerse y ¿sí ella también lo había visto y escuchado? ¡Por Kami!, levantó su rostro ruborizado y con una expresión de horror en el rostro, la busco con la mirada. El alma le regresó al cuerpo cuando verificó que su dulce tormento ya no estaba, probablemente estuviera entrando al colegio en esos momentos. Si algo le aterraba de verás era que le viera en una situación bochornosa, si de por sí no reparaba en él, así, menos.

- InuYasha, tu muy mal - escuchó que una voz femenina le decía con un dejo de falso reproche.

- No es correcto andar gritando por la calle-acotó esta vez una voz masculina.

En cuanto se giró para confrontar a quienes le hablaban, la chica y el chico soltaron sonoras carcajadas.

- Sango, Miroku- dijo entre dientes y con una venita saltándole en la frente.

- ¡Ay, vamos InuYasha!, cotorrea- Miroku no dejaba de reírse mientras se colocaba a un lado de su amigo.

- Solo a ti se te ocurre gritar "malditas hormonas" a la mitad del paso- esta vez la jovencita intentó moderar su risa y tomó un lugar, pero del lado izquierdo.

InuYasha entonces se vio rodeado de sus dos mejores amigos, mantenía el rostro enfurruñado, eran unos tarados, mira que burlarse de él tan abiertamente.

Comenzaron a caminar juntos el tramo que aún les faltaba para llegar a la escuela.

- Ya, enserio, ¿Qué pasó para que gritaras así? —cuestionó Sango en lo que se acercaba y le inspeccionaba el rostro.

- ¡Por un carajo! ¿Qué haces Sango? — sin sutileza le estampó su mano en la cara para alejarla de su rostro.

- Ash, solo quiero ver si no tienes un grano enorme en la cara y por eso gritaste eso- le soltó un golpe nada cordial en su omóplato- No vuelvas a ponerme de esa manera tu mano de ogro sobre mi cara, o ya verás- le amenazó mostrándole su puño cerrado.

InuYasha entonces sonrió de medio lado, por eso adoraba a Sango, su amiga no se andaba con delicadezas ni lloriqueos. Era una joven casi tan alta como él, directa y capaz de defenderse de quien fuera.

- Yo creo...- el otro joven alzó ligeramente sus ojos al cielo y llevó su mano a la barbilla en actitud dubitativa- que más bien nuestro amigo vio a alguien y le alteró algo más que el corazón.

InuYasha volvió a ponerse serio, ¡Miroku baka! Siempre tan deductivo. Aunque también por eso lo apreciaba igual que a Sango, su amigo era intuitivo y muchas veces solía tener tacto para decir las cosas, aunque en otras ocasiones podía ser bastante mordaz e incluso morboso.

- ¡Higurashi! — soltaron los dos en medio de risas burlonas.

- Shhh, shhh- los calló Taisho.

- ¿Qué tiene? No es como si fueras el único que cachetea la banqueta por ella- pronunció Sango sin importancia.

- Es cierto, medio barrio está por ella amigo y ella...

- ¡Ella no está por nadie! —volvieron a gritar al unísono alegremente.

Eso era verdad y le tranquilizaba el alma junto con el corazón. Kagome no daba indicios de que alguien le gustara ni andaba de novia con nadie y eso que, como bien había dicho sus amigos, pretendientes no le faltaban. Siempre había uno que otro que al igual que él, se deshacía en suspiros al verla pasar. No obstante, había dos que eran más osados e insistentes con ella.

El primero, Hoyo Akitoki, era del grupo B, compañero suyo y de Miroku. Un chico de excelencia académica, bien parecido, de cabello castaño corto y bastante pulcro. Cada que tenía oportunidad le llevaba algunos regalos. Regalos absurdos al modo de ver de InuYasha, ¡¿Quién regala frutas y remedios caseros?! ¡Por faaavaar! La había invitado a salir dos veces y las dos veces fue rechazado, con cordialidad, pero rechazado.

El segundo era Matsuda Koga, él era del grupo C y el chico más popular del colegio. Era bastante atractivo (mucho más que Akitoki), de ojos color azul profundo, su cabello largo y negro lo ataba siempre en una coleta alta que reafirmaba sus varoniles facciones, era la estrella del colegio en atletismo y así como media comunidad escolar moría por Kagome, la otra mitad lo hacía por Kouga. Este hombre, sin embargo, era el único rival que reconocía como tal InuYasha. Kouga al igual que Hoyo había sido rechazado, no dos, sino innumerables veces, aunque, el rechazo no era algo que lo detuviera o desanimara, sino todo lo contrario. A la menor oportunidad tomaba las manos de Higurashi y le declaraba su amor abiertamente. Todo el instituto decía que Kagome se hacía la difícil porque es lo que corresponde a una señorita educada, pero que al final terminaría de novia con Matsuda, porque ambos eran sumamente atractivos, populares y buenos estudiantes.

Y ante esa sola idea la sangre de InuYasha hervía como lava ardiente.

Porque para nadie era secreto que ambos jóvenes no se toleraban desde la secundaria. Kouga lo había vencido en todos los torneos deportivos del colegio, excepto en el kendo, club en el que destacó notablemente y en el cual continuaba en preparatoria. También le arrebato la oportunidad de tener algo con alguna niña porque todas caían rendidas ante la verborrea y el encanto del muchacho de ojos azules. La derrota ante Matsuda le hirió el orgullo profundamente, InuYasha nunca había perdido ante nadie y aunque jamás lo admitió, aquella arrastiza le mino un poco la confianza y la autoestima.

Por lo que saber, que ese idiota tenía el placer, no sólo de hablar con su chica (que no sabía que era su chica) sino que también había podido sentir la suavidad de sus manos, le nublaba la razón y lo llenaba de celos.

- Hey, anímate- dijo Sango al mismo tiempo que llegaban al instituto, colocó su mano sobre su hombro- te tengo un chisme.

- ¡Keh! Esas idioteces me tienen sin cuidado- refutó indiferente.

- ¿Aunque se trate de Higurashi? — pronunció con total intensión y sus ojos cafés brillaron con astucia.

InuYasha detuvo su andar y se quedó como piedra, Miroku sonrió divertido.

- ¿Qué... ¿Qué es...? - balbuceó.

- Te lo diré... En el almuerzo-concluyó alegre mientras se despedía con un gesto de su mano y echaba a correr en dirección al laboratorio. Tenía biología en la primera hora.

- ¡Sango! No, ¡Sango! - exclamó, pero ya su amiga se hallaba a una buena distancia de ellos.

Genial, si ya de por sí traía un humor de perros, ahora con esto, estaría carcomiéndose los sesos pensando en que era lo que Sango sabía de Kagome, no podría concentrarse en toda la mañana y lo peor es que su primera clase era matemáticas.

¡Bonita manera de empezar el día!


N/A: ¡Hola! Aquí de nuevo con otro capítulo más. Agradezco a Jackel B por su review (y sí InuYasha es dulce de adolescente enamorado y la historia también jejeje 😊) ya Jennyfer Cayo que también se tomó el tiempo de dejarme un comentario (He aquí un capítulo más, que espero te haya gustado), también un enorme agradecimiento a quienes siguen la historia y la marcaron como favorita. Espero hayan disfrutado este capítulo, cuídense mucho ¡Abrazos fuertes! Nos vemos el próximo martes 😁.