Capítulo XXIX

¿Niel Leagan? ¡Rayos! ¡Qué le pasa a ese hombre! - respondí enfurecido caminando a todos lados.

Terry, ¿qué sucede? - cuestiona Benedetti acercándose a mí.

Bien Fred, me avisas cuando haya pasado la contingencia y reten a los hombres de Leagan hasta que llegue la policía. Dime Benedetti ¿ya ha pasado esto en otras ocasiones? - cuestioné atento.

Este... sí claro, pero no hemos blindado en esas ocasiones, además nosotros sabemos el procedimiento por Anthony, que nos lo ha enseñado, protocolo 6 - responde Benedetti sorprendiéndome, ya me lo imaginaba.

Es decir que Candy ya ha estado aquí y ese ¿la ha atacado? - cuestioné a mi amigo, no pudiéndolo creer.

Bueno, tanto como que ha estado aquí sin supervisión, no, sólo algunos descuidos - refirió Benedetti con mucha cautela, era obvia que mi reacción no iba a resultar muy buena.

¡Descuidos! ¡Son unos estúpidos! ¿Ya no recuerdas lo que sucedió en el hospital? - espeté furioso.

Pero ese suceso no fue nuestra culpa, Demetri murió esa vez - admitió mi amigo como si con eso evitara que no sucediera.

¡Y la iba a violar por segunda vez! ¡Esto es todo lo que puedo permitir! - respondí encolerizado comenzando a caminar hacia la habitación improvisada.

¿Por qué dices eso? - me preguntó Benedetti.

¡Porque me la voy a llevar...! ¡Por eso! - respondí accionando la puerta.

¡No puedes, la acabo de operar, se tiene que quedar! - insistió mi amigo enérgico.

¡Tendré cuidado! - respondí con vehemencia.

¡No lo harás y esa es mi última palabra! - gritó Benedetti.

¡Hey ustedes dos! ¿Qué sucede? - Flammy llegó a separarnos, había escuchado todo.

¡Flammy, no te metas en esto! Por favor - solicité a la novia de Benedetti.

¡Oh sí que me meto, todos los están oyendo! - subió la voz un poco.

¡Es que tu novio me prohíbe llevarme a Candy! ¡De aquí! - respondí molesto por la actitud de Benedetti.

¡Es que tu amigo está loco! ¡Por no decir que está demente! - respondió él con ahínco.

Es que tu novio no ha visto que aquí es donde más está expuesta y por lo mismo no te estoy pidiendo permiso... - le dije enojado a su médico.

¿Qué cosa? ¡Estás demente si crees que te la vas a llevar! - me informó corriendo hacia un botón azul que se encontraba en la puerta de su habitación.

¿Qué opinas de tu novio? - le pregunté a Flammy, ella debiera ponerse de mi lado.

¡Y de tu amigo! - respondió el médico.

¡Qué Benedetti tiene razón! ¡No puedes llevártela! - respondió poniéndose de su lado.

¿Cómo? - quise saber por qué me preguntaba eso.

¡Qué no puedes llevártela! - afirmó Flammy de nueva cuenta.

Bien, ya veremos que si lo puedo o no hacer - afirmé como diciendo que así lo haría.

No Terry, estarías cometiendo un error... - responde Flammy, sabiendo que el riesgo de una operación y más la de ese tipo era un enorme error, Flammy se acerca a una puertecita que tenia al lado y la abre.

Pues véanlo que no, es más la voy a sacar ahorita - les dije a los dos.

¡Flammy, ahora! - le ordena Benedetti.

Lo siento, Terry... - se disculpó Flammy y accionó el botón, atrapándome en una especie de infrarrojos.

¿Qué sucede? ¡Flammy! ¡Noooo! ¿Qué hiciste? - quise saber, por qué lo había hecho.

Lo que se hace en protocolo 7... - soltó sonriendo.

Y ¿qué se hace en Protocolo 8? - le pregunté con curiosidad.

No querrás saberlo, por lo pronto te contamos que en breve estará por aquí los que están allá arriba - refirió Benedetti señalando el piso de arriba.

¿Por qué? - le pregunté a él.

Porque vas en contra de los deseos del tutelaje de Candice... - refirió Benedetti haciéndome reír.

¿Cómo? ¿Tutelaje? ¿A estas alturas? - quise saber por qué no dejaban...por qué no me permitían llevármela.

Sí, bien, creo que ésto no te lo sabes. Al morir Bert, Candice se quedó a cargo de William y solo él puede hacer lo que se le dé la gana con ella - reafirmó Benedetti.

Bien, sólo que no estoy de acuerdo - respondí.

¿Protocolo 7? ¿De quién? - preguntó William cuando bajó al sótano.

¡Tenía que ser, de Terry! - se burló Anthony.

Lo siento Eleonor, así se quedará mientras él quiera llevársela - aseguró William.

Pero aquí ¡no está segura...! - afirmé con vehemencia.

¡Sí lo está, más que segura! - respondió William.

Si insistes en llevártela solo la dañarás más - explicaron Flammy y Benedetti, complementándose.

¡Su operación fue de cerebro, mentecato! ¿Crees que soportará el traslado? - expuso Flammy.

Pero... - intenté rebatirlo, pero tenía mucha razón.

Ningún pero, valoro mucho a Candice, así que más te vale que no te le acerques. No hasta que ella cumpla parte del testamento - William cometió una indiscreción.

¿Cuál testamento? - pregunté extrañado.

El de Ferrel por supuesto, éste año es el último donde ella será soltera, el próximo se convertirá en madre - respondió con gusto Anthony.

¿Madre? ¿Esposa de quién? - quise saber, no lo entendía.

No, esposa de nadie, madre de un hijo de Bert - respondió William.

¡Pero él... está muerto! - refuté.

Él dejó muestras en un laboratorio de Francia a nombre de su esposa, así que bueno, en parte de su testamento solicita a Candice que se practique una inseminación... y como ya tomó posesión de la herencia, pues debe de obedecer esa cláusula - afirmó Anthony.

Esperen, esperen, ¿qué quieren decir con que soltera? - quise saber y no pensar que ella traería al mundo hijos de Bert.

Sí, que tiene escasos ocho meses para cazar a un marido y que tenga un hijo, de lo contrario el primero de enero del próximo año, se llevará a cabo la inseminación y por septiembre tendremos un heredero, de cualquier forma hay que embarazarla, ya sea de Bert o mío, pertenecemos a la misma familia.

¿Aparte de Ni? - quise aparentar que conocía ya a Ni y ni lo que me dijo me molestó.

Sí aparte - respondió él asombrado de que no me haya molestado.

Pero no puede hacerlo, ella me ama a mí, ¿cómo puede tener el hijo de otro hombre conmigo? - respondí con altanería.

¡Tienes sólo ocho meses, Terry! - me apresuró Anthony a propósito.

¿Cómo hacerlo? ¡Si la tienes encerrada! - respondí burlándome de él.

¡Pues tu tienes la culpa! - respondieron los demás en mi contra.

¡Ya! Parecen chiquillos, te lo advierto Terry, si te la llevas no le harás un bien, ¡tienes que jurarme que no te la llevaras! - William usó su mejor arma, quiso darme a entender que me prohibiría el paso a el sótano y eso no podría soportarlo.

Está bien, no lo haré, si ella o alguien de tu familia, no me lo pide antes - respondí y aseguré que la sacaría de allí rápidamente, si ella estaba en peligro.

¡Bien, desactívalo! - le ordenó William a Flammy.

Gracias - agradecí fervorosamente.

Espero poder confiar en ti - espetó William no muy convencido.

Mi palabra debe bastarle - respondí viéndome liberado por los rayos.

Un Grandchester siempre cumple su palabra - espetó mi madre, que orgullosa lo decía.

Pues espero que no cumplas todas sus palabras... - sonrió William.

¿Qué quiere decir? - no entendía a lo que se refería.

Yo me entiendo, vayamos a dormir - aseguró William.

Me quedaré aquí, recuerdan que no he estado con ella - referí a sabiendas que eso me daría oportunidad de estar a solas con ella.

Sí claro, no se preocupen - respondió Anthony y comenzó a caminar rápidamente.

Vamos a dormir, todos... - William ofreció.

Buenas noches - los demás también se despidieron.

Buenas noches, Eleonor ¿la acompaño? - William se ofreció a acompañar a mi madre a su habitación.

Sí gracias, buenas noches - mi madre se despidió de todos y de mi con una sonrisa.

¡Hola preciosa! ¿Cómo estás? Nos has tenido preocupados, ¿lo sabes? Supongo que eso es lo único que no sabes. ¿Oirás? Eso no lo sé tampoco. ¡Rayos! Candy ¿qué secretos esconde ese cerebro? - entrando a la habitación de hospital me acerqué hasta ella y coloqué la frente en el colchón.

Muchos - respondió de pronto asustándome.

¿Has despertado? - pregunté tontamente.

Sí, por supuesto. Recién lo he hecho - respondió ella.

¿Cómo estás? - le pregunté sanamente, lo que menos quería era pelear, pero ella...vaya yo aprendería con el tiempo que nunca estaríamos de acuerdo y más en lo que se refería a sus secretos.

Me duele la cabeza y es incómodo, no me puedo rascar - dijo ella cuando levantaba la mano para rascarse.

¡Olvida eso, Benedetti te mataría si eso sucediera! - resolví contestar y si a mí no me quería dar permiso de sacarla de ahí menos que ella se rascara la cabeza.

Lo sé, le encanta tenerme recluida, ¿qué día es hoy? - me preguntó extrañándome.

Mmm miércoles, ¿por qué? - quise saber.

Porque tengo una cita con Marcello mañana y se va a preocupar por mí- respondió preocupada.

Pues le diré a tu ex suegro que le comunique que no llegarás - respondí alegre o eso era lo único que me quedaba por hacer.

¿Harías eso por mí? - preguntó atenta.

¿Me queda otro remedio? - cuestioné sabiendo que eso era así.

No, por supuesto - aseguró ella. Sabes, ¿dónde está mi celular? - quiso saber ella, sabiendo que no estaría allí.

No, quizás alguien lo sepa, pero no sé quién me lo puede decir - respondí con cautela.

Anthony... - sugirió ella.

Cierto, estará allá arriba - aseguré sonriente.

Claro, ¿qué haces aquí? - me preguntó mirándome con esos hermosos ojos.

Quería estar con mi novia - respondí, suponiendo que ella ya lo era.

¡No soy tu novia! - respondió con convencimiento.

Por supuesto que lo eres... el beso - afirmé.

Fue sólo un beso...yo no he oído nada de lo de la novia - me aseguró burlona.

Bien Candy, ¿quieres ser mi novia? - respondí cansinamente.

Me lo pensaré, además aún no habló con Anthony - me aseguró que no me habría contestado por ello.

No necesitas hablarlo con él, ¡qué cursi me escuché! ¿No es cierto? - le pregunté como si nada.

Un poco, pero es necesario - respondió ella.

¿Ya lo sabe? - quise saber si Anthony ya lo sabía.

¿Qué cosa? ¿Quién? - cuestionó ella extrañada.

Veo que ya despertaste... - se sorprendió Flammy.

¡Hola, Flammy! ¿Qué haces en Rusia?- le preguntó Candy con sorpresa.

Ya ves... sirvo para espantar a los chicos necios - y eso creo que Flammy lo decía por mí.

¿Ustedes dos peleando? Lo dudo... - se burló ella, creo que debía de hablar seriamente con Flammy.

Pues créelo, pero me da gusto que hayas despertado... - respondió ella mientras revisaba las sondas, los sueros y los medicamentos del auto dosificador.

¡Me duele la cabeza! - se quejó muy lastimeramente.

Es normal. Bien, espero que usted no se quede a dormir aquí, ella necesita descansar - refirió Flammy, señalándolo.

De acuerdo, lo haré cuando se quede dormida... - le prometí.

Bien, daré mi ronda en tres horas - aseguró ella.

Sí, espero que le hagas caso - respondió ella, despidiéndose de Flammy.

Yo también, sólo déjame estar aquí - le aseguré a Candy y también a Flammy.

Flammy se retiró de allí dejando la historia sobre un apartado de la puerta, cerrando la puerta detrás de sí.

¡Dime que no me cortó el cabello! - exclamó mi novia de pronto.

No lo sé, eso no se lo pregunté - le aclaré antes de que la agarrara conmigo.

¡Te imaginas si estoy pelona...! - exclamó de nuevo asustada. ¡Lo mato! - respondió ella, con pena.

Serás bella de cualquier modo... - solté sin pensármelo, ella como toda mujer.

¿Cómo lo sabes? No seré bella para nada... - susurró apenas y era menos que audible.

Se lo preguntaré cuando lo vea en la mañana - le prometí.

Bien, ¿qué pasa? - preguntó.

Estoy preocupado, no sé si deba contarte - referí sabía que nuestra relación no quería basarla en secretos, porque de esos ella me ganaba.

¿Qué cosa? - insistió ella.

Nada, problemas míos - debía de pensármelo mejor.

Comenzaremos ocultándonos las cosas... no creo que te guste que yo te oculte nada... - refirió ella para presionarme.

Bien, haremos esto, tú preguntas y yo haré lo mismo. Espero que no te alteres, ¡me lo tienes que prometer! - y si, debía de controlar que se exaltara a menos.

Bien, ¿qué pasa? - me lo prometió, de alguna manera.

Niel ha atacado la mansión ésta noche cuando recién estabas en recuperación - comencé a contarle.

¿Qué has dicho? - ella trató de levantarse, aterrada.

¡Hey, me lo prometiste! - la reprendí y al mismo tiempo quería seguir contándole.

Es una noticia que no me esperaba... - dijo como disculpa.

Lo sé, ahora ¡cálmate! - le pedí limitando su espacio para levantarse cuando coloqué mis brazos alrededor de sus brazos.

Y ¿qué ha pasado? - quiso seguir averiguando.

Me toca a mí, ¿sólo fue sexo lo que tuviste con Anthony? ¿Él lo sabe? - tenía que saberlo, aunque morbosamente quería saberlo, de ella.

Sí, no le amo, si eso preguntas y esa fue la condición. Bien, te toca... - sonreí profusamente, sabía que William me había dicho la verdad. Ella me dio el turno

Tuve que protegerte, él está herido y Fred se ha encargado de la seguridad - soltó como si nada.

Bien ya veo, como siempre ¡súper Terry a mi rescate! ¡Yupiii! - levantó los dos dedos índices en son de que eran sus brazos y por lo mismo estaba imposibilitado.

Aunque lo digas de ese modo, es cierto. Mientras seas asunto mío, te protegeré hasta del aire - afirmé lo que le dije con Cristell.

¿Y cuando deje de ser asunto tuyo? Te toca... - me dio él el pase.

Bien, ¿cuándo conociste a Marcello Rocco? - esa era una maldita piedra que algún día me quitaría o tal vez no.

Una vez en México, en mi ciudad natal conocí a Abuelo Rocco. ¿Estamos a salvo? - quiso ella saberlo.

Nunca dejarás de ser mi asunto, mis hijos y tú, sobretodo tú, serás siempre mi asunto así que acostúmbrate. Sí, creo que los seiscientos hombres que mi guardaespaldas ha apostado en toda la propiedad han sido suficientes y ah algunos sensores..., metralletas automáticas y otras cosas... ya sabes cómo es Fred... - respondí enérgico, si ella pensaba que la iba a dejar como a las otras mujeres que habían pasado por mi cama, estaba muy equivocada, ella no era una mujer que la quería en mi cama, sino en mi vida.

Fred no es el obsesivo, manipulador y controlador, ese eres tú y alguna vez debemos terminar, las mujeres contigo son como los calcetines, te los cambias cuando dejan de serte útiles, así que no hables de hijos, que no me veo teniendo uno tuyo - respondió como si eso fuese a pasar, sabía que ella tenía esa idea en la cabeza.

Ni lo sueñes, tendremos tantos hijos que no vas a tener corazón para abandonarme y de una vez te lo digo, no tendrás ni siquiera un poro de tu piel que no me respire ni me anhele. Y ¿Marcelo y tú han tenido...? - referí la relación sexual que ese mequetrefe me restregó algún día.

No, sólo somos amigos por supuesto aunque el abuelo Rocco dice que está enamorado de mi. Ya lo veremos - respondió ella con sorna.

Dice... ¿cómo? - quise saber.

Bueno eso él me ha contado, supongo que lo es - respondió estirando las piernas. ¿Me han blindado ésta noche? - cuestionó como si lo supiera.

¿Cómo lo sabes? - pregunté extrañado.

Me lo acabas de confirmar, pero lo suponía, entre mi inconsciencia oí algo... del protocolo 7 - sonrió ante esa seguridad.

¿Poniéndote en peligro? - pregunté alzando una ceja. De eso también me aseguraré, nada de andarte trepando como mono arriba, en la bóveda - le aseguré.

Son buenos los protocolos, ante esos casos la calma es la que mejor lleva a los resultados - me informó como sabiendo que así era.

Los tienes bien aleccionados - sonreí ante esa información, tenía razón.

¡Como tú...! ¡Qué esperas que todos te rindan pleitesía! - se burló de la obediencia de Fred y demás empleados.

Son órdenes claras... - respondí haciendo una mueca de no me importa lo que me digas, no dejaré de ser así. ¿Quién es Ni? - le pregunté.

¿Ni? Intenta otra cosa que ¡no pienso decírtelo...! - insistió.

¿Por qué? - puse mi mejor cara de pregunta.

Porque ¡no lo conocerás! - eso me dio más curiosidad, entonces si era una persona.

Pero ¿quién es? - pregunté, si insistía tan sólo un poco más me respondería.

¡No te lo diré, así que haz otra pregunta! - fui demasiado curioso, tanto que se cerró completamente.

¿Me amas? - quise saber, al menos eso si lo confesaría.

Muy pronto ¿no te parece? Pero ¡sí me gustas y mucho! - admitió con una sonrisa.

¿Algún día me dirás lo de Ni? - volví al ataque.

Quizás, pero no creo que lo conozcas y no es un hombre si eso es lo que preguntas, realmente. ¿Ya me amas? - volvió a preguntar para distraerme.

¡Sabes que sí...! ¿Necesitas preguntarlo? - cuestioné aunque un poco triste.

Sólo quiero saberlo, ¿me das un beso? - me pidió con alegría.

¡Pero estás delicada...! - quise darle una sopa de su propio chocolate.

¿Necesitas mi cerebro o mis labios? - me cuestionó.

Pero no puedo de cualquier forma, no soy tu novio... - respondí con encanto.

Acepto - respondió ella mirándome a los labios. Tramposo - me acusó cuando le di el primero de ellos.

Entonces tus labios son más que suficientes... buena noche bonita - después de darle un largo beso, un tanto incómodo, le sonreí y me despedí de ella.

Buenas noches... - ella hizo lo mismo y cerró los ojos.

Y así como se despertó, volvió a dormirse, de un momento a otro, quizás fuera porque eso quería hacer o por los efectos del calmante que en ese momento se inyectaba automáticamente, cuando comprobé que lo había hecho, decidí irme a dormir. Tranquilamente, me di la vuelta y salí del ala médica para subir por el elevador hasta el piso de las habitaciones. Pensaba en quién diablos seria ese Ni, dado que ella no quería develar su identidad y preguntarle a Niel no era una buena idea.

Cuando iba saliendo del elevador estaba esperándome Fred, que me llevaba de nueva cuenta para abajo, tenía "secuestrados" y estables a los compinches de Niel e iba informándome lo que había acontecido hace algunas horas.

Fred, ¿qué pasa? - cuestioné.

Nada señor... Terry, todo tranquilo, los secuaces de Leagan están estables, ¿quiere que vayamos a verlos? - me preguntó rápidamente.

¿Puede ser mañana? - sugerí, quería disfrutar el sabor a medicamento de mi novia, era por demás asqueroso, pero la sensación que me había dejado su beso, vaya incomparable. Sabía que ella me amaba más de lo que ella quisiera admitir.

Por supuesto, ¿cómo está la señora Andley? - cuestionó Fred preocupado, era notorio que él diera luces de una preocupación.

Bien, un poco de dolor de cabeza, pero antes de subir la habían sedado de nueva cuenta - respondí muy claro, Fred tenía que conservar su carácter.

Me da gusto saberlo, Terry - respondió muy alegre, desde cuando Fred podía tener esos detalles para con ella.

¿Otra cosa que me quieras decir Fred? - cuestioné viendo las escaleras al frente mío.

Le mandé a su celular, el video de vigilancia de los distintos puntos, quizás sepamos por dónde entraron, los revisaré con Cosomo y le daré el informe por la mañana - aseguró Fred.

Bien, sabes si las cosas de Candy están en su habitación - pregunté curiosamente.

Sí señor, ahí siguen - me aseguró él.

Bien Fred, buenas noches - le desee encaminándome a mi habitación.

Buenas noches Terry y que descanses - me deseó él.

Gracias - agradecí cuando ya había llegado al pasillo que me conducía a su habitación.

Comencé a buscar el celular entre la ropa de cama, el buró y demás cosas cuando oí el ruido de un mensaje que entraba

F. "Candice, ¿cómo estás? Me he enterado de que tuviste un atentado, ¿dime que estás bien? Espero que lo estés, si no mañana mismo tendrás mi visita en la mansión

¿Todavía despierto? - comentó Anthony.

Sí, subí apenas de estar con Candy - referí observándolo.

¿Qué sucede, Terry? - preguntó nuevamente.

¿Quién es F? - le pregunté como si nada.

¿Revisando su celular? Tendrías que pensar como ella para dar con la clave - refirió con burla.

Sólo entró, ella quería su celular - respondí de tajo, no permitiría que me provocara y más que como Candy lo dijo, tenía que hablar con él.

Bien, te lo voy a decir, pero sólo una parte, ya que no lo conozco en persona - refirió el rubio concentrándose.

Eso es algo... - solté, algo era algo.

Su nombre es Frederick y se podría decir que es más que su amigo, quizás la hayas oído hablar con él muy entrada la madrugada, por teléfono casi siempre - me contó Anthony.

Sí... alguna vez la he asustado... cuando la he oído hablar - respondí recordando aquella vez que casi muere del susto.

Me lo supongo... buenas noches, Terry - me deseó con satisfacción.

Buenas noches.. - le respondí después de observarlo y seguir con mis pensamientos.

Ésta vez, dejé pasar todo, dejé de sentir rabia e impotencia y sólo quería dormir con esa sensación que me embargaba, con la de sentirla mía, no cumpliría con esa condición, tenía ochos meses para convencerla de que engendrara un hijo, tendría a mi pequeño André entre mis manos dentro de un año o menos, sólo esperaba que ella quitara todas las barreras y sería mía, no podía soportar que tuviera un hijo de Bert y mucho menos uno de Anthony, si es que aún veía en él una posibilidad. Lo sentía así y con ello en mente, me desnudé por completo y quise estar así como ella seguramente se encontraba debajo de esa bata de hospital, sintiendo una gratificación sensual cuando me hubo besado y al mismo tiempo dormir y soñar con un anhelado encuentro de piel con piel, quizás algún día vería su vientre, tan prominente que nadie volvería a posar sus ojos en ella y mucho menos a tocarle porque sería Candice White Grandchester y sería sólo mía... ¿quién era Frederick?

Continuará...