Advertencia: Este capítulo contiene escenas fuertes, aptas solo para mayores de 18 años
Capítulo XXX
La convalecencia de Candy fue muy larga, sería ilógico pensar que podría ser de otra forma, para mí fue muy entretenida dado que Benedetti debía de llevar los controles de su recuperación al pie de la letra y fue entonces que decidí ocuparme del asunto de Niel. Sus secuaces eran todos unos profesionales, uno había estado en el ejército ruso y el otro era un asesino a sueldo alemán, así que decidí llevarlos a otro lado, si los tenía en mi poder podrían ayudarme más adelante por lo que le di instrucciones a Fred de que dijeran que habían muerto. Después todo fue más sencillo, sin ellos ahí el Señor Cosomo hizo mejor su trabajo dado que ahora sabían lo que debían resguardecer más y proteger menos. William parecía preocupado, sobre todo al otro día cuando recibimos la visita del tal Frederick y vaya que nos dejó sorprendidos a todos.
Buenas tardes... - saludó la visita que entraba en esos momentos por la puerta. El señor Cosomo me dejó entrar - explicó al notar lo imprevisto de su visita.
Buenas tardes, ¿a quien busca? - cuestionó Anthony que venía llegando también de algún lado.
Veo que nadie se acuerda de mí, soy Frederich Tretiakov, ¿se encuentra Candice? - cuestionó después de haberse presentado.
Dr. Tretiakov, tanto tiempo sin verlo, mi nuera se encuentra indispuesta, ¿la quiere para algo en específico? - preguntó admirado.
Debo verla William, es importante - aseguró el médico.
Espera, espera... debes ser Fredich - supuso William, apenas y lo recordaba.
Para servirle, ¿dónde se encuentra moya dévochka...? - profirió él sonriendo ante el mote.
¡Eh! Bueno... ven, ¡sígueme! - solicitó William haciendo caso omiso a su apelativo, dirigiéndolo al sótano. Fredich lo siguió y juntos desaparecieron al entrar al elevador.
Puedes decirme, ¿qué sucedió aquí? - le pregunté a Anthony.
No sé si deba decírtelo, moya dévochka significa mi niña y es cuando la relación es muy cercana... - soltó Anthony muy sorprendido.
¿Qué tan cercana? - pregunté como si no me interesara lo demás.
¡Intima! - soltó retirándose de mi presencia como si me fuera a molestar.
¿Es otra de sus conquistas? ¡Anthony! - enfurecido con Friedich por supuesto que no, con ella por tener más "amigos" que yo, inclusive.
Lo desconozco Terry, dime... ¿ya ha dicho que te ama? - me cuestionó sacandome de balance, no podía creer lo que acababa de decir.
Sí - respondió no mirándolo a los ojos.
Entonces confía, limítate a saber que es un gran amigo - explicó y recomendó Anthony saliendo nuevamente de la mansión.
¡Para que me dice lo que significa! ¡Rayos! - solté enfurecido, tenía que salir de ahí lo más aprisa posible, odiaba sentirme celoso por todo y por todos.
¡Espera Terry! - alguien me llamó de pronto, haciendo que me detuviera.
¿Qué sucede? - pregunté reconociéndole la voz por lo que reduje la velocidad de mi paso.
Mi madre se había encontrado en el pasillo a William y deteniéndose le preguntó.
Cree que su hijo estaría metido allá abajo con mi nuera si ha llegado alguien que al parecer es demasiado cercano a ella... - refirió William a Eleonor.
Muy probable... - respondió ella con verdad.
Entonces será mejor que lo alcance y hable con él, creo que le vendría muy bien recibir consejos de su propia madre... - sugirió William despidiéndose.
Por supuesto... Terry, Terry espérame - Eleonor la llamó y me detuve muy a tiempo, la verdad me había alcanzado demasiado tarde.
¿Qué pasa mamá? ¡Estoy ocupado! - sí estaba harto, quería salir de ahí, respirar aire puro y dejar de sentir que mi vida era una mofa a su lado.
Quiero hablar contigo - solicitó mi madre.
Bien vamos a mi habitación - mi madre, era tan buena persona en ocasiones que me era difícil decirle que no, además en las familias italianas las madres no tenían que pedir una oportunidad para hablar con un hijo, así que no le haría tremenda majadería.
Terry... ¿qué tienes hijo? Es Candy, estás preocupado por su salud - quiso saber mi madre mientras se tomaba de mi brazo.
No mamá, es todo... ¿cómo puedo reaccionar a esto que siento? Cada vez que volteo conozco a más y más gente que tiene que ver algo con ella! - enfurecí cuando había entrado a mi habitación, siendo cerrada la puerta de la misma por mi madre.
Ya sabías que ella era y es así, desde muy pequeña... - explicó mi madre, seguramente William ya le habría contado algo.
Pero cómo no hacerlo, si de ser posible también tendría que hacer amigos hasta con las rocas - refuté sabiendo que posiblemente así era.
¡Quizás sea así! - respondió mi madre, sonriendo.
Mamá... - respingué, no quería que le echara más sal en la herida.
Puede ser Terry, tú no lo sabes... - aclaró ella tajante.
Toc, toc
Adelante - respondió mi madre.
Marie ¿qué sucede? - dijo mi madre, cuestionándola.
Joven le llegó esto, de Italia... completó ella, extendiendo un disco.
¿A mí? - cuestioné sacándome de mi enojo.
Sí, Fred lo envió conmigo, pero en realidad le llegó a él - explicó mi nana.
Gracias Marie, puedes retirarte. ¿Qué es esto? - preguntó Eleonor mirándome extrañamente.
No lo sé madre, dámelo. Veamos, es un cd - cuando le quité el envoltorio me di cuenta de que así era.
¿Un cd? ¿Para ti? - se auto cuestionó.
Vamos mamá, vamos con Fred, necesitamos ver de quién es - salí como bólido de mi habitación hacia la sala de video.
Espera hijo, Fred no se moverá de dónde está - pidió mi madre al verme salir casi corriendo, así que tuve que aligerar el paso.
Perdón madre, pero es que quiero saberlo. Fred, Fred - lo llamé al entrar a la sala de video.
Terry, ¿qué sucede? - entró Fred, desesperado.
Coloca éste cd en la computadora de la sala de video y déjame sólo, mamá ve con Fred yo... saldré en un momento - sugerí, debía verlo a solas o al menos escucharlo.
Cuando Fred hubo colocado lo que era en realidad un dvd, con un control maestro encendió el televisor y puso el sonido, me limité a sentarme para observarlo, mi madre se quedó ahí, detrás del vidrio, observando como Marcello Rocco aparecía en él.
¡Hola Terry! Espero que no sea una sorpresa para ti recibirme en el interior de tu sala de juntas donde seguramente éstas en estos momentos, Rusia es un país muy grande y nunca me imaginé que ella hubiera regresado a dónde su victimario ha sido libre por muchos años. Creo decirte que te has formado una mala impresión de lo que nosotros los Rocco hacemos con Candice. Bueno de mi abuelo y mi padre no puedo contarte nada, pero de mí, vaya. En tus manos tienes una novela que ella tuvo a bien criticar, te sorprenderías lo que piensa en realidad de nosotros…los pudientes millonarios y brillantes magnates... - el video terminó.
Fred ¿cuál novela? Es un libro, que venía acompañando a éste dvd - me extrañé por su comentario, así que me levanté y al salir de la sala de video le cuestioné a Fred por el libro.
Espere, ahora la traigo, pensé que era un informe para mí - admitió Fred, yendo hasta su oficina por él.
Aprisa Fred - lo apuré aplaudiendo para que se apurase.
Calma Terry, Fred irá por el paquete - aseguró mi madre tomando mi mano entre las suyas.
Era todo, una pantalla azul apareció después de esa última palabra. Cuando Fred entró a la sala de video y me dio el paquete lo abrí rápidamente, eran doscientas páginas de un libro y no había ni una sola línea en la que su horrible caligrafía diese una opinión ridícula de cada aspecto que se leía ahí y además subrayado, tachado y marcado con rojo. La trama contaba de una chica que inesperadamente se había quedado embarazada en su primer relación sexual y que ella no había tomado las precauciones esperadas, por obviedad, pero luego el protagonista hombre subrayado como tipo le había dicho que ella tendría que estar preparada a lo cual decía… y cómo se habría de saber eso, ¡imbécil! Después habían otras líneas que decían: típico de los hombres odiosos hacernos sentir que somos peor que animales; otra que decía: como si no pudiésemos saber que con una simple pastilla puede uno evitarse cualquier estupidez; otra: eso si fue falta de inteligencia; otra: en esto estoy de acuerdo, ustedes solo ladran órdenes; otra: piensan que el dinero y el poder son lo único que deseamos de una relación consensual; otra: como si el sexo lo fuese todo; otra: todas las noches de sexo sin amor sólo se vuelve un hondo precipicio en el que desearías no haber caído; otra: nunca lo perdonaría; otra: me amo demasiado como para perderme el respeto así; otra: he pecado de orgullo; otra: ya no lo disfruto como antes; otra: soy más fría que una glacial mirada y así seguían, hojas y hojas con lo mismo. Me detuve de pronto al descubrir la última frase, al final de la palabra fin. Amé tanto a un hombre que ahora odiaría volver a amar otra vez y a la vuelta de esa hoja…Bruno.
Me quedé helado, no podía ir a la fuente porque ella seguía sedada y tenía la visita de otra persona, pero sí con Marcello Rocco, así que tomé el teléfono y le pedí a Nympha que hiciera una cita con él y que me avisase al celular sí podía verlo. En este momento había descubierto otra faceta o unas cuántas de la actitud retraída de Candice, era increíble, no sabía que ella podía ser tan destructiva hasta para sí misma. Mi mente podría haber actuado de otra forma distinta, pero ahí sentado leyendo en parte la novela y en parte lo que ella enmarcaba me daba cuenta de mis errores para con su actitud, muchas veces me había preguntado qué significaba Marcello en su vida y ahí estaba, como Nikopolidis lo dijo un día, ellos solo eran amigos, ahora es que lo creía.
Cuando pasó más tiempo, mi madre entró y yo dejé de hojear ese libro, retirándolo de mi vista y empujándolo a la mitad de la mesa donde me encontraba. Sin tomar en cuenta que Frederick se encontraba ahí, detrás de nosotros.
Veo que Marcello se decidió a entregártelo, Terry ahora comprendes cómo es que Candice está forjada... - me contó mientras entraba y se sentaba frente a mí.
¿Qué quieres decir con eso? ¿Quién eres tú? - le pregunté curioso, observando como mi madre había tomado asiento a mi lado y se mantenía en absoluto silencio.
Para todos nosotros Candice es una sola, pero ella es diferente con todos y tú la haces ser muy diferente hasta con ella misma - refirió Fredich.
¿Eres o eras su... amante? - pregunté sacándolo de balance.
No, ninguna de las dos cosas, Candice para mí fue mi salvación y ella sólo fue así de distinta conmigo como para contigo... - mencionó aquel hombre sorprendiéndome por sus palabras.
¿Ella te ama? ¿Más que a mí? - cuestioné con miedo.
¡De la misma forma, de hecho! Pensé que nunca llegaría a su vida un hombre como yo, que no fuera yo mismo... - me explicó con sorna por el parecido.
Entonces ¿nos ama a los dos? - pregunté sorprendido.
Sí, sólo que tú eres un hombre que puede convidarse y yo no, yo sólo vivo para ella... - respondió alejándose de la mesa en la silla con ruedas.
Como William... - suspiré porque esa oración se me hacía tan conocida.
Él la protege de ella misma... - respondió Fredich con alegría.
Espere, ¿qué quiere decir? - pregunté como si en realidad no entendiera cómo es que yo no lo comprendía.
Si tú piensas que Albert la salvó de Niel, primero debes saber una historia. Señora ¿desea quedarse? - le preguntó a mi madre que permanecía con la cabeza gacha.
No, perdón es que sólo él tiene que escucharlo. Permiso - mi madre se levanto para irse y Fredich se limitó a levantarse hasta que ella hubo salido de allí.
Bien, vamos señora Eleonor - Fred le tomó la mano a mi madre y la condujo afuera apenas abrió la puerta.
Te sigo Fred... - mi madre asintió.
Creo que ya William te contó que Candice fue abusada sexualmente por Niel en inconsciencia, es decir después de haberla golpeado - comenzó Fredich a contarme, deteniéndose.
Sí, eso me lo contó detalladamente - referí el hecho que ellos me contaron.
Pues no lo creo porque si no Rocco no se hubiera animado a entregarte ese libro - lo señaló.
¿Qué tiene de especial éste libro? - quería que me lo dijera él y no que esperara que lo dedujera.
Ella lo escribió, en parte..., claro mucho antes de que él abusara de ella. Cuando eso pasó, Candice apenas y pudo llegar hasta lo que era el lobby del hotel donde se encontró con Paula, tenía más que cortadas, mordiscos y golpes, puede verlo al final del libro, ahí encontrará que la pasta está despegada... unas fotos de cómo la encontró, cómo fue rescatada por su amiga Paula, sí siendo médica ella estaba horrorizada... - continuó ahora sí atendiéndolo al cien por ciento.
Tomé el libro y me dirigí a la pasta, en efecto se encontraba despegada y dentro una fotos, las saque de ahí, estaban volteadas en el reverso, comencé a verlas, soltándolas y comenzando a enfurecerme, esto era inaudito, una broma tonta; comencé a dar de vueltas por todos lados, tratando de calmarme. Mi madre que se encontraba afuera con Fred temía lo peor, esperaba que cada una salieran de mi poder en cuanto las viera, pero fue imposible, regresé hasta ellas y las levanté porque al tirarlas se cayeron con la impresión hacia el suelo; ella era la persona que se encontraba allí, lo dudaba un poco debido a que estaba irreconocible. La primera que tomé, dándole la vuelta, fue un fuerte impacto para mi vista, no podía creerlo, esperaba de alguna forma saber que no era así, no quería ni podía concebir que ese animal le hubiese hecho semejante atrocidad a ella, su rostro no tan sólo eran moretes e hinchazones por todos lados: mentón, mejillas, nariz dislocada, ojos apenas abiertos en una diminuta raya, cejas sin forma, labios mordisqueados con saña. ¡No, no, no! ¡Esto no podría ser cierto! ¡No, tenía que ser una mentira! ¡No, no podría! ¡No tenía por qué ser así!
Dejé caer la foto, pasé a la otra, la espalda... cortadas, golpes, una herida sangrante profunda a media espalda con manchas de su propia sangre, la dejé caer; otra los brazos, de la misma forma, rayas por doquier, cabellos de ella ensangrentados enredados en ellos, sangre, más sangre... cortadas, mordidas, golpes, moretes, la dejé caer; su cabeza, mechones cortados, sangre, le partió la cabeza, tuvieron que raparla, zonas sin cabello, vendoletes; la dejé caer, me detuve un momento, no pude soportarlo más, tenía que ser una mentira, el torso de frente, le mordisqueo los senos hasta desprenderle los pezones, cortadas, rayones, sangre, más sangre, más moretes, más golpes, más... de todo, ¡no, esto tenía que ser una mentira! Esto era... inconcebible, con razón ella era así, así como era conmigo como era con todos - mi vista se levantó y no pude articular ninguna palabra, no tenía ninguna.
Sí Terry, sí - él había sentido lo mismo seguramente. Candice no tan sólo fue violada esa noche, no sólo perdió su virginidad de una forma vil, Candice se perdió a sí misma por un ser malvado, después de que Paula se la llevara a un hospital fuera de México, fue trasladada a algún lugar de la Toscana donde un equipo de médicos especializados la reconstruimos a lo que era antes, esa última foto tiene a como era antes, como quedó antes de la reconstrucción y cómo quedó después, cuando le hicimos más cirugías de las que pudiéramos contar. Nosotros podríamos curarle la parte física, le reconstruimos la cara y todo el cuerpo, pero nunca pudieron curarle las heridas del alma, ella comenzó a tener conductas derrotistas, rebeldes, no se dejaba de nadie, comenzó a tener problemas psicológicos, Albert desgraciadamente tuvo que enfrentar la mayoría, de algún modo ella le amaba, pero el daño psicológico hubiese sido peor, sí hubiera estado consciente - no era creíble, cómo pudo ella hacerlo, cualquier mujer hubiese preferido morir y no seguir adelante.
¿Sus padres lo supieron? - cuestioné conteniendo las lágrimas, tragando en seco y aguantando.
No, Terry. Ella no lo hubiese soportado y ellos, bueno ellos hubieran sufrido mucho al ver y saber que la persona que la atacó la dejó desfigurada y por lo mismo, casi la mata - respondió con lógica.
¿Alguien más sabe de su existencia? - pregunté por dos cosas, las fotos y el libro.
No. Terry, cuando Candice estaba en ese lugar montañoso en la Toscana, el padre de Niel quedó sin palabras y lloró amargamente por el estado en que se encontraba, también lo hizo cuando un día encontró éstas fotos, las mismas que tú has visto. Albert fue el que más supo de ella, de sus reacciones, de todo lo que le pasó en el transcurso de las operaciones y demás - terminó de asestarme el duro golpe.
¡Fred, Fred, Fred...! - grité con todas mis fuerzas.
Terry, ¿qué sucede? - Fred entró rápidamente a la sala de video cuando oyó mis gritos.
Busca a ese mal nacido de Niel por cielo, mar y tierra y ya sabes qué hacer, no quiero ningún error, me has entendido Fred, llévate a algunos de tus mejores elementos, ¡lo quiero aquí lo más pronto posible! - le ordené enérgico haciendo que mi madre entrara justo después de él.
Sí Terry, vamos señor Cosomo - Fred salió de nueva cuenta y arrastró al señor Cosomo con él.
¿Qué sucede? Hijo, ¿qué te pasa? - cuestionó mi madre cuando se paró delante de mí, al verme al rostro no podía creerlo, parecía tan herido, ¡ah mi madre! ¿Cómo era que me conocía tan bien?
No tengo..., no tendré tranquilidad hasta que lo encuentre, ¡no la tendré! - le aseguré determinadamente.
¡Vamos Terry! ¡Siéntate que aún falta! - me pidió Fredich.
¿Todavía falta más? - le cuestioné sin poder creérmelo, mi madre ya no quiso dejarme solo.
¡Sí, todavía falta mucho más! Candice se encontraba inmersa en una depresión profunda, deseaba morirse, claro está que al verse en un espejo antes de salir de la habitación dónde ese animal la atacó y violó, ella se levantó y fue hasta el baño, como pudo se colocó un pants y cuando iba a meterse en él, fue cuando se vio y como usted puede comprender, se quedó petrificada. Las lesiones exteriores que tuvo fueron pocas comparadas con las internas, eso fue demasiado para ella, tuvo que esperar mucho tiempo, lo que ella presume como seis meses en realidad fueron más, casi dos años, yo entré en la otra parte, fui un médico reconocido, ganaba cantidades de dinero inimaginables, tenía seis clínicas a nivel nacional y me sentía tan vacío, era como tú a decir verdad - admitió levantándose y seguir contándome aquello.
Las mujeres se tendían a mi paso, me sentía autosuficiente, mandaba y gritaba dando órdenes por doquier, vaya era mucho más complicado para mí, sólo que necesitaba sentir que todo eso me llenara, pero no lo hacía. Habían pasado millares de mujeres por mi cama, había experimentado millones de aversiones sexuales y no, no pude llenar ese vacío. Un día caminaba por una avenida en San Petersburgo, era Navidad y todo por aquí era nieve y compras de cosas bonitas cuando de pronto me topé con una persona, había entrado a una tienda de curiosidades, observaba cada cosa y no sonreía, era tan sencilla y tan bonita y extraña a su forma, pero al mismo tiempo se retraía, se adentró más hacia la tienda y decidí observarla de más cerca, Candice encontró a su paso unos gnomos reales, para mi gusto eran feos, poco agraciados y pensé falta que compre esos adefesios. Cual va siendo mi sorpresa que así era, ella compró esas figurillas, pero cuando las estaba pagando me di cuenta de una cosa, les susurró: cuanto dieran las demás personas encontrar algo bonito en lo que no lo es y pagó. Era increíble que ella viera algo bonito en ellos cuando yo los veía horripilantes - me confesó cuando se movía de un lado para otro.
Candice... - susurró mi madre sin entenderla por completo.
¿Qué pasa, mamá? - quise saber.
Candy... recuerdas cuando arregló su ángel de cristal, dijo eso mismo, la figura en si era bellísima, pero tenía muchas uniones y aún así era bellísima. Terry, sé lo que tiene Candice... - mi madre me sorprendió por su aseveración, ella ya lo había deducido.
¿Qué pasa mamá? ¿Qué tiene? - quise saber, por lo que me levanté.
Ella no comprende el amor como es, no entiende la relaciones personales como tú o como yo o como tus hermanos, ella piensa que es una lucha de poderes, de quién sea el más rapaz, se cree incapaz de amar sin que alguien piense en lastimarla... - respondió emocionada, tomándose la cabeza y diciendo todo ello en voz alta como si hubiera descubierto algo fenomenal.
Sí, así es. Después de eso me auto recomendé y me costó cuatro años recuperarla, manejar sus estados de ánimo, las pesadillas, su conformismo, los sueños, vaya un montón de cosas que su temple desarrolló para su autodefensa - continuó informándome Fredich.
Eso es, ella se auto defiende con lo que mejor conoce, la literatura - completé. ¡Eres un idiota, Terrence Grandchester! ¡Eso es! Lo que buscaba en la biblioteca de Lacio era saber de libros, de algo que ella conoce y comprende, del significado de las tramas, de lo que sienten los personajes, ¿es cierto? - respondo emocionado, eso era.
Sí, todavía descubrirás lo que significan los Rocco para ella, ¿por qué son importantes que estén en sus vidas? Con el Abuelo, desarrolló su parte afectiva y graciosa; con el padre la sagaz y con el hijo la de divertiste y comportarse de forma simplona si lo quieres ver así; la del amor, ¡vaya no sé como explicártelo! Ella te pondrá mil dificultades, mil pretextos y millones de exigencias para sentirse segura, ¿me entiendes? - Fredich me dio a entender que para llegar a su corazón debía de dejar ser yo mismo. Candice ama los libros y en ellos se siente segura, pero de cuando en cuando afronta su realidad, esa cuando sabe que debe de trabajar para ocuparse y mantenerse aunque posea tremendas fortunas - siguió explicando.
Tiene miedo... - respondí, la preciosa alma de Candice tenía miedo, ¿de mí?
Sí, miedo, terror como cuando tiene a Niel cerca, pero diferente, el terror que le causa a ella cuando él está cerca, es pavor y el que le da el amor es sólo terror, ese que te hace temblar de momento ante lo desconocido... - refirió Fredich.
Crees que la reacción de Candice cuando Niel anda cerca es ésta, recuerda que ella se miró en el espejo ese día, ella, su memoria perdida si recuerda ese episodio - mencionó él cayendo en cuenta de que eso era cierto, tal como cuando me contó de sus innumerables accidentes, fingía que no le dolían porque el accidente llamado Niel, la había más que lastimado, en algún momento había hecho lo impensable, amarse así misma antes que a nadie.
¿Tiene amnesia? - cuestioné sorprendido.
No, bloqueo, ella bloquea los sentimientos y recuerdos que le hacen daño - me explicó Fredich.
¿Eres psicólogo? - si él supo cómo convencerla de que ella es tan humana como cualquiera, debía ser todo un profesional.
Psiquiatra, pero por ella me especialicé en trauma - respondió con una sonrisa melancólica.
¡Tú lo sabes todo! ¿Todo lo que ella sufre? - quería saberlo de una buena vez.
Sí, pero es hora de heredárselo a alguien, a mí ya no me queda mucho tiempo, estoy enfermo y no sé si esté vivo para cuando ella sea feliz. Albert desgraciadamente no nos dejó cómo adivinó su manejo - él había concluido lo mismo que yo con Benedetti.
Frederick cuanto lo siento... - respondí.
No lo sientas, mi desenfrene provocó mi enfermedad. Ella me dio la mejor medicina que posee - sonrió para mí como si lo recordara de primera mano.
¿Cuál? - le pregunté esperando lo peor.
La de ¡bájale a tu arrogancia, manipulador y controlador, hombre ruso tenías que ser! Después una más efectiva, su indiferencia... - eso lo hizo sonreír.
¡Vaya, creí que solo era para mí! - me mofé haciéndonos sacar una sonrisa.
Pues espero que la otra no se presente nunca, sentirás lo que es sufrir viéndola y que no permita que te le acerques - ahora era él, el que se burlaba de mí.
Gracias - le agradecí.
De nada - respondió él.
¿Tú sabías de Anthony? - no sé de dónde salió esa curiosidad por saber lo que yo ya sabía, que Anthony había sido una aventura.
Sí, por supuesto - volvió a sentarse, sonriendo como si él supiera lo que ella hacía. Ese par no hace nada porque yo me entere, pero tengo demasiados ojos en todos lados - respondió con ahínco.
¿En serio? - me sorprendió bastante.
Sí, ya sabes hay que vigilarla. Cosomo es grandes ligas, pero él no tiene la información que yo poseo - me dijo sonriente, él no tendría seiscientos hombres, pero de que la conocía más que todos nosotros así era.
Le encantaría platicar contigo, creo que a todos nos encantaría - sugerí incluyéndome.
Oye... - refirió él como si le indicara que tenía que oírlo.
Y ¿Ni? - cuestioné insistiéndole, quizás Fredich me diría algo sobre él.
No puedo hablar de eso, es una confidencia médico paciente - refirió.
Bien, supongo que algún día me lo dirá - concluí.
Supones bien, ¿preguntas? - quiso saber si tenía alguna para ella.
No...sí, ¿ella me ama? - cuestioné dudoso.
¡Eh... claro! Sí, con pasión desenfrenada, a pesar de ella misma, respiras por cada poro de su piel... - me comunicó haciéndome recordar mi amenaza que apenas le había dicho ayer
¡Coincidencia! - solté haciendo que él se sorprendiera.
¿Qué cosa? - cuestionó él extrañado por esa sonrisita que se me salió.
Eso le dije la noche que la operaron, que ella no se desharía de mi porque respiraría por cada poro de mi piel... es gracioso, ¿no? - sonreí más para mí que para los demás.
Pues espero que estés listo para lo que Marcello tiene que decirte - me aseguró Fredich.
¿Lo sabes? - tenía que averiguar un poco más.
Por supuesto que lo sé, tú sabes ahora una parte de lo que ella guarda, yo tengo otra parte que espero Dios me de vida para revelártelo, ella tiene otra parte y los Rocco tienen la más importante, por lo pronto debes terminar de leer ese libro, es importante que entiendas la profundidad de su odio contra los demás, contra las reglas y los cánones sociales y contra ella misma. ¿Entiendes? Señora, con su permiso - me dijo esto último en contra de lo que pensaba, se levantó y despidió de mi madre .
Pase, buenas noches. Te dejo con tu lectura... - me deseó mi madre.
No mamá, no soportaría estar sólo - le dije y ella entendió que no me molestaría algo de su compañía.
Bien hijo, te acompaño, iré con Fred para que le pida a Marie un poco de café, lo necesitaremos - sugirió ella, saliendo de la sala de video y dirigiéndose a la oficina de Fred y Cosomo para que solicitara café a mi nana Marie.
Sí mamá - acepté comenzando a ver ese libro.
Así fue como comencé a leer, ese, su primer libro, una novela tonta como ella le llamaba, con señaléticas despectivas y rebeldes, ¿pudo llegar a ser tan destructiva como el libro decía? Me pregunté si ¿alguna vez había perdido la esperanza? Yo quizás hubiera sido igual, ¿quién no lo sería? Sus sueños de casarse, de enamorarse, de engendrar, de estar cerca de su familia se habían eclipsado y todo por ese malnacido, no entendía o no quería entender lo que él significaba para ella. Ahora todo me parecía más claro, era importante para mi entender lo que ella sentía, sus desplantes, altanería, comparación para conmigo, vaya todo estaba ahí, rebelde, pero como lo recordaba, como recordaba esa vejación.
Mi madre se colocó detrás mío y me abrazó y fue ahí que me quebré, ocultando mis ojos con la mano, si para mí fue difícil leerlo, comprenderlo y saber lo que ella había sufrido; para ella, vaya, para ella sería lo más difícil; comencé a soltar una lágrima y mi madre me abrazó como ella sabía hacerlo, por primera vez después de la muerte de mi padre lloré, soltó todo aquello que en su momento sentía en mis hombros, mi cabeza era un mar de recuerdos, comencé a llorar amargamente, con gritos desesperados como cuando se rompió el espejo de la alberca, así me sentía, como si los mil pedazos que conformaban mi corazón, se hubieron roto en ese momento en el cual sentía una gran impotencia y una gran sed de venganza.
Calma Terry, calma, ella ha sido... ha sido muy valiente, por eso se alejó, por eso se fue a muchos lados, quería sentirse libre, ser como ella era o como había quedado después del ataque, ayudar como ella podría ayudar, sin que nadie le prohibiera o le controlara. Si la amas, ámala como es, no como tú quieres que sea... - me dijo mi madre, después de todo ella siendo mujer lo sabía mejor.
¿Valdré tanto para amarla de esa forma? - le pregunté a mi madre.
Sí mi amor, vales eso y mucho más - respondió mi madre, sabiendo que así era, pero finalmente era amor de madre. No porque sea tu madre es que te lo digo sino porque es verdad... - reafirmó deduciendo lo que realmente tenía en la mente.
¿La merezco? - volví a cuestionarle.
¿Te merece? - me devolvió la pregunta.
Mamá, ella me ama... - susurré.
Sí ella lo hace, mírame Terry, a pesar de tus treinta y tantos... tú corazón es el de un niño - afirmó mi madre.
Y el de ella también, así que averigüen que están dispuestos a permitir, pero si permiten deben compartir, ¿me entiendes? - recomendó mi madre tomándome el rostro con sus delicadas manos.
Sí - admití.
Bueno, dejemos éste libro, ¡oh mira, salieron una fotografías! Veamos, ¿de quién son? - quiso saber mi madre recordándome que las únicas fotos eran las de ella toda maltratada y desfigurada.
¡Noooo! ¡No las mires, son de ella cuando estaba mal! - la alerté y las tomé cuando ella iba a verlas.
Pero no me espantaré hijo - me prometió.
No debes verlas, debes de conocerla así como está ahorita - le recomendé.
¿Por qué mi amor? Quiero verla, ¿era bonita? - mi madre seguía insistiendo.
Preciosa, pero no quiero que sufras - le recomendé guardándolas en el libro.
¡No sufriré! - mi madre lo prometió.
No mamá, por favor, no lo hagas - se lo pedí enérgicamente.
Bien hijo, respetaré tu decisión - mi madre por fin entendió que jamás se lo enseñaría.
Gracias mamá, ¿puedes dejarme solo? - le solicité atentamente.
¡No que no querías estar solo! - me arremedó haciendo que soltara una risita.
Ahora quiero estar solo aquí, Fred me cuidará, apuesto que sigue esperando afuera... - le dije y al espiar así era, se notaba atento.
Sí, allí está - confirmó mi madre aceptando que estaría al cuidado de mí.
Estaré bien - le prometí y comenzó a caminar y se despidió.
Bueno, entonces me voy - me dijo y salió un poco sentida.
Sí mamá, gracias - la despedí con un gran abrazo y un beso y volvi a mi lectura.
De nada mi niño - me respondió ella dándose por vencida.
Mamá - la llamé cuando iba por el pasillo.
Sí, ¿qué pasa? - respondió deteniéndose y dándose la vuelta.
¡Te amo tanto y no sé qué haría sin ti! - le dije a mi madre abrazándola con furor.
Lo sé mi amor, descansa - ella me dio un sonoro beso y se despidió de mí.
¡Sí mamá, tú también! - le deseé.
Terry... - Fred me llamó cuando yo ya me había sentado.
Dime Fred - contesté.
Nympha llamó y me dijo que el señor Rocco lo espera en su oficina mañana o pasado mañana, que usted eligiera... - me informó con cautela.
Mañana mismo viajaré, espero que no haya problemas aquí - respondí atentamente a la sugerencia.
Usted no saldrá... técnicamente seguirá en la mansión - refirió Fred entusiasmado.
Fred... si por supuesto - iba a armar un lio con esa respuesta pero al verlo sonreírme capté su idea.
A su disposición - aceptó y se fue a sus deberes, que eran encontrar a ese maldito hombre.
Bien, lo espero afuera señor - resolvió decirme.
Gracias - agradecí y me puse a pensar en ella, sólo en ella y en cómo ponerla a salvo de esa alimaña.
Continuará...
