Capítulo XXXII
Hoy tendría otra sesión multimedia con Archie, Marcello y William; desde hacía unos meses me había instalado aqui en Mane, todo estaba aquí al igual que ella, cierta tranquilidad debía invadirme en todo momento, una doctrina que había tomado desde hacia unos meses. Me fije en el reloj de la computadora, faltaban aún, diez minutos; Archie hacía tiempo que estaba conectado y me miraba con curiosidad mientras yo observaba el monitor que tenía al lado de mi laptop. Nada como una junta multimedia de Emporio Grandchester para distraerme por unos minutos aunque fuese imposible, debido a la imagen que seguía allí desde hacía un buen tiempo.
Mane era una isla caribeña que había heredado de mi padre y que nadie conocía, ni siquiera mi familia. A los tres meses de la transferencia de Candy, decidí transferir también el Emporio Grandchester a la casa de campo en Mane, Benedetti supo inmediatamente que lo necesitase o no, debía de vivir en la isla, por lo que pidió un permiso especial de cuidado médico no sin antes desembolsar un millón de euros para remodelación del área de pediatría de su hospital, un dinero muy bien aprovechado. Algunas veces consideraba saltarse las revisiones por las mañanas, pero no, éste día no sería en el que lo decidiera.
Buenos días... - saludé efusivamente.
Buenos días - me saludaron los demás en respuesta.
¡Espero que todo esté bien contigo Terry! - dijo Marcello intentando parecer muy casual.
Muy bien, gracias por preguntar - respondí ante esa especie de deseo.
Prosigamos... - instigó William, todos comenzamos a leer la propuesta.
La conferencia comenzó, Benedetti desde hacia tiempo ya no se encontraba ahí, la lectura de signos ya habían pasado y yo me encontraba enfrascado entre las tres personas que me veían y la imagen del monitor, su monitor, el sonido del electrocardiógrafo era constante hasta el momento cuando de pronto se escuchó una diferencia de unos segundos y volvió a sonar de la misma manera; mis ojos se desviaron hacia la imagen del monitor buscando y analizando qué había de diferente en ello, pero nada, quizás no era fuera de lo común; después, hubo otro sonido, aún más seguido, pero la imagen seguía así, sin decir nada.
Archie me preguntaba con la mirada lo que sucedía, pero no contestaba nada, tomaba el punto de la conversación y continuaba, al parecer Archie me conocía demasiado bien, algo sin duda me mantenía de esa manera, comencé a entablar discusiones hasta que volvió a sonar de distinta manera y miré de nueva cuenta, nada; pero eso no fue todo. Marcello y William discutían sobre recapitalizar y yo sobre que el dinero de amortización de todo el proyecto, así que no deberíamos de preocuparnos de nada, de pronto, una mano se movía, mi mirada se dirigió a la pantalla, juraría que había visto una mano, lo juro y todos de pronto se me quedaron viendo, desconcertados. Cuando recuperé la cordura y seguí con mis explicaciones miré de reojo el monitor y Benedetti comenzó a correr, revisando aquí y allá todos los aparatos. Desde el sexto mes de coma, él la había sacado de ese estado, colocándole solamente la línea de oxígeno; en eso estaba cuando observé como Benedetti me hacía señas...ella había despertado.
Me levanté sin pedir permiso, caminé rápidamente y maldecí a mis decisiones por colocar mi oficina al otro lado de la mansión, pero era imposible quitarla de mi mente, yo debía de trabajar o seguir intentándolo cada día, muy temprano me di cuenta de que era súper imposible y más si la tenía a un lado.
Inicio de flash back
En contra de las recomendaciones médicas de Benedetti y la oposición de Flammy, Candice fue transferida a Mane en un lapso de dieciocho horas. El señor William, mi madre y por supuesto Anthony ya no podían hacer nada en contra de lo que sucedió debido al gas que el señor Cosomo distribuyó en toda la casa en San Petersburgo, así que a Benedetti no le quedó de otra que subirse con su equipo al helicóptero que llevó a Candice a la isla. Decir que mi amigo era muy amable a últimas horas, era ya decir mucho, apenas me había dirigido la palabra en todo el día y decir que tres meses fueron muy complicados, otros tres en esas condiciones serían un verdadero sufrir. Sí, Candy tenía tres meses en coma y en ese tiempo Benedetti solía dirigirse a tres lugares únicamente, de su habitación a la enfermería, que aprovisioné con todo lo que me encargó en tan sólo unas horas y si acaso se dirigía a la cocina para comer o prepararse algo, nada más; esto ya me estaba desesperando.
Solo esperar y recordar y añorar, vaya no sabía lo que había después y antes de eso. Divagaba en mis pensamientos recordando cuando llegamos a Mane pues ya que era muy de mañana cuando Benedetti me lo mencionó.
¡Hasta cuándo piensas hablarme? - pregunté cuando lo seguí a la cocina.
¿Me hablas a mí? - cuestionó él haciéndose un emparedado de queso.
¿Ves a otra persona por aquí? ¡Vamos Benedetti... no seas infantil! - lo acusé sin esperar un perorata de su parte.
¿Infantil... yo? ¡Tú eres el infantil! ¿De quién rayos la estás salvando? - dejando el emparedado sobre la mesa, comenzó a gritarme, ¿a mí?
De Niel... - solté de repente sin observar el rostro de asombro.
¡Pero si hace meses que no sabemos nada de Niel! - volvió al ataque pensando que seguramente estaba loco.
Cuando iba para San Petersburgo nos asaltaron en el aeropuerto... - decidí contarle una parte de la historia, escondiendo que en realidad fue en Roma, no en Rusia.
Si te hubieras molestado en decírmelo... - comentó Francesco irónicamente.
No había necesidad que lo supieras, además aquí nadie me conoce y estamos muy lejos de la civilización... - respondo como si nada.
¿La amas tanto? - me preguntó después de meditarlo un poco.
Sí... demasiado, que temo que nunca despierte... - refiero observando el vapor que sale de la tetera que silba en ese momento.
Bien, porque el coma puede tardar poco... - comienza a decir Benedetti.
¿Cómo lo sabes? - cuestioné, no sabía que él podría saber algo de ello.
Porque se lo induje... - Francesco se confesó.
Es decir que pudo estar ¿despierta? - quise saberlo, sólo quería saber por qué se atrevió a ello.
Sí, puede estarlo, pero no es recomendable... Según sus estudios ha tenido lecturas cerebrales repetitivas, espera, traeré unos cuantos para poder explicarte bien - se retiró quitando la tetera del fuego y salió hacia su habitación, observa, éstas lecturas son las que tuvo días después del ataque, éstas son las del vuelo y éstas son las de este día, ¿qué es lo que observas? - me preguntó preocupado.
Aquí y aquí, éstas se parecen - le respondí señalándole lo que ahí observaba.
Ahora éstas, son parecidas, pero más constantes - me señaló varias sobre el gráfico.
Sí, así parece - acepté observando que el rostro de Francesco no cambiaba.
Bien, pues esas son pesadillas y éstas cargas emocionales, Candice ha tenido eventos traumáticos importantes durante toda su vida, éstos aparecen de vez en cuando manifestándose de distintas maneras... La relación que tuvo con Anthony fue quizás debida a éstos síntomas... - comienza a explicarlo.
¡Sólo era sexo...! - aclaré.
Una necesidad que no necesita y que sí... - responde él admirándose por mi enojo.
Todos necesitamos sexo... de vez en cuando - refiero tratando de aplacar mi notable molestia.
Me refiero a que no lo necesita para vivir y que sí lo necesita para sentir que está viva, es como cuando tienes un deseo irrefrenable de comer, ¿qué haces? Alimentarte hasta saciar esa necesidad, ¿me captas? Entonces es así, lo que tú ves como normal ella lo siente repulsivo, algo que no se desea sentir porque en medio de todo están sus recuerdos, ¿me entiendes? - Francesco se quiso asegurar de que le entendiera.
Sí, lo entiendo. Pero quizás sea porque ella ya no quiere ser tocada... - refuté con lógica.
Dije que le da miedo, no que no lo deseara... Pero choca lo que piensa con lo que desea... Las noches apasionadas de Albert y de Anthony se diferenciaban por una sola cosa... - Francesco no sabe si decirme que era lo correcto o no.
El amor... - interrumpí y sí, esa era la diferencia.
Finalmente no deja de ser mujer por haber sido violada y ultrajada, ella no concibe el sexo sin amor, como todas... o como la mayoría. Entonces con Anthony fue sexo y nada más, la diferencia de ti, es que ella si te ama, pero no lo entiende, busca en su mente y en su corazón la explicación a eso y como no la encuentra, no accede a ese sentimiento... - no sabría por qué Francesco me estaba contando esto.
Vaya, con Anthony sí entonces - estaba molesto y celoso, yo no era un santo, pero la amaba y eso dolía.
Anthony en el presente se parece mucho a Albert del pasado - responde Francesco con acritud.
¿Aún lo extraña? - pregunté limpiándome una lagrima que salía de mi ojo derecho, eso era... ¿cierto? Anthony era amado por su gran parecido con Albert.
El la amó a pesar de la violación, cuando se sentía que no valía la pena; le tuvo paciencia de santo y lo más importante la dejó ser ella misma porque era lo único que tenía controlado en esos momentos. Debemos agradecer a esa fortaleza que aún esté viva... - respondió Francesco dudoso en ocasiones.
¿Me ama? - quise saberlo, eso era lo que me daría esperanza o no, me devastaría terriblemente.
¡Demasiado como para atreverse a decírtelo! - él me dio esperanzas y unas muy grandes.
Conque así está el asunto... - refiero esperando que me quite la mirada y me deje con mis sentimientos en privado.
Sí, Fredich, Rocco, William, Kolios y yo te hemos contado nuestra parte de la historia, sólo te faltan dos personas... - me contó atento.
¡Ah sí! ¿Quiénes? - quería saberlo todo, así que alcé la mirada para que me lo contaran.
Paula y Ni - refirió mi amigo.
Paula, bien. ¿Quién es Ni? - quise saber, porque ella se limitó a contarme de él y la curiosidad me seguía a todas partes.
Ni es una de las personas más importantes para ella...Ni es... su hijo... - me soltó observándome.
Espera, espera... me estás diciendo que ella tiene un hijo, ¿de quién? - le pregunté golpeando la mesa, tratar de mantener la calma, rayos, era imposible.
Técnicamente es su hijo, pero en realidad es de Ferrel... - Francesco no sabía que contarme, ya que a esas alturas, todo lo tomaba mal.
¿Tuvo un hijo con Ferrel? - le pregunté.
No, ella lo adoptó cuando Ferrel murió, el niño tiene ocho años y vaya, el chiquillo es todo un soldadito - explicó en son de burla.
¿Por qué lo dices? - pregunté atento.
Cuando lo conozcas... sabrás ¡por qué te lo digo! - afirmó.
¿Lo conoceré? - pregunté curioso.
Algún día, Ni no pasa las vacaciones con Candice sino con William, los demás días en un internado en Siberia - explica él sonriendo por las ocurrencias del pequeño.
¡¿Un internado?! ¡¿Tan pequeño?! Nunca podría imaginármelo... es un niño - reclamé ante esos pensamientos.
A él lo educan de distinta manera, lo sabrás cuando lo veas... - me asegura él tratando de disimular sus magníficos recuerdos.
Ni... ¿Qué significa? - pregunté muy curioso.
Nickolai, ella adora las dinastías rusas - me aclaró.
Rocco me lo dijo, bien - quise cambiar de tema.
¿Qué más te dijo, Rocco? - Francesco quiso saber.
Nada, sólo me habló de Terry el castor malhumorado - le comenté sonriendo.
Está por salir ese libro, ya lo tiene impreso, supongo - si eso era una pregunta... vaya sería increíble poder formularla.
Sí, lo tengo en mi habitación.. - acepté, sabía que él también tenía conocimiento de ello.
Lee con mucha atención, me retiro, debo dormir un poco - resolvió Benedetti llevándose su sándwich y un vaso de leche que se sirvió al mismo tiempo.
Semanas más tarde mi madre me habló para saber en qué líos me había metido.
Terry, ¿dónde estás? - preguntó Eleonor.
¡Hola mamá! ¿Sucede algo? - cuestioné.
Tienes mese sin comunicarte conmigo, lo de San Petersburgo no tiene nombre Terry, cómo te atreviste a sedarnos, dime, se ¿han escapado juntos? - cuestionó y regañó mi madre.
No, estoy en Mane - respondí sin escuchar sus protestas.
¿Qué haces allá? - quiso saber mi madre.
Desaparecer de Europa, ¿hay algo que discutir? - quise saber, no estaba dispuesto a doblegarme.
No, al parecer Nympha se está haciendo cargo de todo, ¿sucedió algo que deba saber? - ahora era ella quien lo cuestionaba.
Candice está delicada y es largo de contar, Fred está conmigo, no se te ocurra usar el teléfono de la casa para llamarme aquí, lo tienen vigilado - aseguré de sobremanera.
¿Por qué? - cuestionó de nueva cuenta.
Sólo hazme caso, Nympha te mantendrá comunicada conmigo, ¿deseas algo más? - cuestioné atenta.
¡Sí, las mascotas de Candice no quieren moverse de su cama, han lloriqueado toda la semana! - rebatió mi madre.
Extrañan a su dueña, madre, entonces ¿qué haremos? - pregunté sabiendo que ellos andarían por aqui junto a la jauría.
¿Qué dices? - me preguntó ella.
Déjame pensar y te devuelvo la llamada - respondí con atención, pero algo que no quería mantener en discusión.
Bueno, ¿estás bien? - me cuestionó con preocupación.
No, estoy muy triste, ella sigue en coma, madre. No podía dejar que le hicieran daño... - le di una escasa explicación.
Hijo y tú ¿estás bien? - quiso saber, era mi madre de cualquier modo.
Mamá, tú no sabes dónde estoy... - le recordé.
¿Qué sucede, hijo? - preguntó nuevamente, decirle en ese momento no era buena idea.
Es largo de contar, sólo prométeme que no dirás donde estamos - le pedí a mi madre.
Lo prometo... - terminó jurándolo.
Borra todas las llamadas que hagas porque si alguien se entera de que estamos aquí, sería un gran problema, ¿me entiendes? - pidió afirmación.
Sí hijo, pero me contarás ¿qué pasa? - volvió a insistir.
Sí mamá, pero por el momento no puedo hacerlo. Hasta pronto - me despedí.
Me la saludas - deseó mi madre.
Por supuesto mamá - respondí cuando llegué a su habitación. ¡Hola bonita, extraño tus exigencias! - susurré.
Fin del flash back
Sabia de alguna forma que nuestras necesidades eran las que pasaban a segundo término, continué corriendo muy rápido, llegando hasta ella a la par que Paula, quien muy interesada se encontraba.
¿Qué pasa? - le pregunté a Benedetti. ¿Ha despertado? - cuestioné.
Despierta por favor, despierta dime que si serás mi esposa, dímelo, por favor, dímelo, me siento inseguro, ¡no sé cuánto soportarlo más! ¡No sé que esperar! ¡Sé mi esposa! ¡Despierta y dímelo, por favor! - le rogué derrumbándome, sintiendo que mi espíritu era una maraña de sentimientos.
Pasaron unos minutos cuando una voz se escuchó roncamente.
- Acepto...
Continuará...
