VIII

Superficialidades

- Amiga, no sabes cómo te compadezco-dijo Eri en un tono de voz que distaba mucho de la conmiseración.

Kagome arrugó el ceño, no le gustaba la manera en que su mejor amiga se expresó ni el rumbo que estaba tomando la conversación.

Después de despedirse de Sango, su grupito de amigas la esperaba en la salida del salón; sobra decir que no se habían perdido detalle alguno de cada uno de los movimientos, gestos y una que otra palabra que alcanzaron a escuchar de las muchas que la hermosa chica había intercambiado con Bushida.

Evitaron, en primera estancia bombardear a Kagome con su malsana curiosidad, así que optaron por hablar del grupo de moda y del nuevo álbum que saldría a la venta el próximo viernes. Sin embargo, en algún momento de la charla, como quien no quiere la cosa... comenzaron a intercambiar sus impresiones sobre el proyecto y sus parejas de equipo.

Comenzaron cada una a explicar los proyectos que realizarían y que estaban conformes con sus compañeros de proyecto, todo iba relativamente bien; hasta que Eri tuvo a bien soltar su desafortunado comentario.

- ¿Y por qué sientes lástima por mí? — preguntó seria.

- ¡Oh! No lo tomes a mal Gome- intento disculparse-Es solo que, pues Bushida no parece una persona fácil de tratar.

- Además - habló Yuca- hubo mucho cuchilleo después de que las juntaron. ¡Fue un shock para todos!

- Esperemos que este emparejamiento no merme tu popularidad Gome- Eri le dirigió una mirada llena de pena ajena.

- Pues, la verdad lo que los demás piensen sobre mí, me tiene sin cuidado- comenzó a decir Kagome, estaba sumamente molesta con sus amigas, ¿En qué momento se volvieron tan superficiales? - Estoy conforme con la persona con quien realizaré el proyecto. Se me hace muy tonto que nadie quiera hacer pareja con ella, cuando es la adjunta de la profesora-soltó mordaz-No se dan cuenta que al trabajar con Bushida, las posibilidades de reprobar son mínimas.

- ¿Insinúas que la profesora Midoriko tiene preferencia por Sango? — mencionó con doble intención Eri.

- ¡Por supuesto que no! — exclamó sumamente enfadada- Bushida es demasiado buena en química, tienes ideas sorprendentes para nuestro proyecto- detuvo sus pasos y miró fijamente a Eri y Yuca- Quiero que les quede algo muy claro a las dos- habló con voz firme- no me interesa para nada estar encima del supuesto altar en el que ustedes dicen que todos me tienen- sus ojos castaños se entrecerraron levemente - No vuelvan a pensar que están delante de una muñeca hueca.

Ni tiempo les dio de reaccionar a las dos chicas. Para cuando quisieron pronunciar alguna palabra, Kagome les aventajaba varios pasos por delante.

- Creo que se molestó mucho esta vez-dijo Ayumi acongojada ante la reacción de su amiga.

- ¡Bah! Está haciendo un drama por nada - minimizó Eri

- Es verdad- estuvo de acuerdo Yuca- solo estábamos dando nuestra humilde opinión sobre su emparejamiento con Bushida.

- Tal vez se enojó porque fueron un tanto insensibles chicas-apuntó Ayumi.

- Ayumi - pronunció golpeado Eri- únicamente estoy tratando de cuidar a Kagome de gente oportunista- se acercó amenazante a la chica- Que ni se te ocurra volver a cuestionarnos, porque puedes quedarte igual que Bushida, sola y sin buenas personas que te cuiden ¿quieres eso amiga?

La joven negó asustada con la cabeza, claro que no quería regresar a esos días donde nadie la veía o le hablaba. Fue una bendición que Kagome le invitará a tomar el almuerzo con ella en el primer año de la secundaria. De pronto, se vio rodeada de atenciones, conoció más gente e incluso tuvo un novio el año anterior.

Definitivamente no quería perder todo eso, se guardaría pues, sus comentarios. No era tonta, sabía de sobra que Eri era la llave de acceso a Kagome, después de todo, ella había sido amiga de Higurashi desde el preescolar. Y era ella quien decidía quien se acercaba a la hermosa chica y quién no.

Kagome confiaba demasiado en Eri, cualquier cosa que esta última le comentará podría alejarla del tibio rayo de luz que la sacó de la oscuridad.


Kagome iba como alma que lleva el diablo, se sentía tan enojada. ¿En qué momento Eri había cambiado tanto?

La conocía desde siempre, sus madres fueron amigas cercanas en la universidad e incitaron la amistad entre ellas. Las enviaron a los mismos colegios, tomaron las mismas clases extracurriculares y su círculo social siempre fue sano, seguro y feliz.

La joven Higurashi la veía como una segunda hermana, crecieron juntas compartiendo risas, sueños, confianza y lealtad. Pero en algún punto en el tiempo, algo comenzó a cambiar. Kagome simplemente no entendía en qué momento toda la amabilidad y dulzura de Eri se desvaneció, tampoco le encontraba el motivo.

No comprendía porque ahora todo tenía que girar en torno al status y prestigio que tenían en el colegio, en esa estupidez que le significaba la "popularidad" que tanto le importaba a su mejor amiga. Antes, cuando la visitaba en su casa preparaban galletas, armaban coreografías, jugaban videojuegos o se hacían confidencias. Ahora el tiempo se les iba en probarse diferentes atuendos, veían infinidad de tutoriales de maquillaje, se pintaban las uñas y había mucho chismorreo.

Y eso era lo que más le molestaba, que se ensañara con las personas que pensaban o les importaban cosas diferentes a las suyas y encima se burlara de ellas. Ella solía reñirla, argumentando que después de todo, de eso se trataba el instituto, de tolerar y aprender de la diversidad. Pero Eri no entendía razones, le decía que exageraba y que todo se lo tomaba muy a pecho.

Últimamente no se sentía muy cómoda en su compañía, sobre todo cuando la incitaba a decidirse por alguno de sus pretendientes declarados. Le enumeraba las mil y un virtudes que tanto Hoyo y Matsuda poseían, provocando que se sintiera un tanto culpable por no poder corresponder a los sentimientos de alguno de los jóvenes. Parecía que por más que le decía que no estaba interesada en ninguno, que lo que realmente le importaba eran sus estudios, Eri más insistía.

Sin embargo, la quería y lo haría por siempre, aunque en estos momentos no la comprendiera ni un poquito. Tal vez solo era una etapa, en la revista Teens había leído que las amistades de años pasaban por pruebas, quizás esta era una de ellas. Aligeró el paso, el enojo había disminuido y no pudo evitar soltar un suspiro largo.

- ¿Le preocupa algo, señorita Higurashi?

Kagome detuvo sus pasos para volver el rostro y encontrarse con la sonrisa principesca de Hoyo.

- No, no es nada - contestó negando con sus manos para reafirmar su respuesta.

- Porque si algo le inquieta, con mucho gusto puedo socorrerla- dijo con toda la cortesía que tenía.

- Eres muy amable Hoyo, pero estoy bien - al ver que el muchacho no le creía, agregó - de verdad, todo marcha de maravilla.

El volvió a esbozar aquella sonrisa encantadora que derretía a más se una.

- Si, usted dice que está bien, le creo- hurgo en su mochila - mire - le mostró una mandarina - me tomé el atrevimiento de traerle esta fruta.

No le dio tiempo a Kagome de negarse, en un rápido movimiento tomó una de sus manos y le colocó la fruta sobre la palma.

- Es muy amable de tu parte, pero no puedo aceptarla- el rostro de la chica mostró ese encantador sonrojo en sus mejillas - sé que son muy caras.

- Usted se merece eso y más señorita Higurashi- se acercó un paso- dicen que son buenas para reforzar el sistema inmunológico, y yo quiero que usted siempre esté saludable- sostuvo con una de sus manos la mano libre de la joven- Señorita Higurashi, le gustaría...

- ¡Dichosos los ojos que te ven Kagome!

La propuesta de Hoyo quedó suspendida por la exclamación de una voz de antaño conocida. Akitoki frunció los labios con molestia, pero guardo la compostura con la misma rapidez con la que la perdió.

Kagome fingió una sonrisa, lo que le faltaba.

- Buenos días Matsuda- pronunció secó Hoyo.

Kouga no le devolvió el saludo, en su lugar lo miró con desdén, le ignoró y se concentró en la muchacha.

- Mi hermosa Kagome, ¡te he extrañado tanto! ¿Me has echado de menos también? — el joven atleta se abalanzó sobre la chica para tomarle las manos y llevárselas a su pecho mientras la tomaba por la cintura para acercarla a su cuerpo.

- Este... Este... - balbuceo la joven evidentemente incómoda.

Al percatarse que Matsuda invadía el espacio personal de Kagome, Akitoki se armó de valor.

- No es correcto abordar de esa manera a las mujeres Matsuda— dijo con molestia.

- Nadie pidió tu opinión Hoyo- lo miró de reojo con rencor para después dirigirse a la linda muchacha- ¿Te molesta esta muestra de afecto hermosa Kagome?

- Sí Kouga- contestó segura- no somos pareja y este gesto se podría malinterpretar- se removió en medio del agarre del muchacho.

El apuesto joven trago duro y soltó a regañadientes a la joven.

- Lamento si te hice pasar un mal rato preciosa- le sonrió galantemente.

- Trata de que no vuelva a pasar por favor- dijo seria antes de dirigirse a Akitoki- Te agradezco la atención y la fruta Hoyo, puedo arreglármelas por mi cuenta de ahora en adelante- guiñó un ojo- ¡Qué tengas un lindo día! - y le regaló la sonrisa más pura y sincera que tenía.

El pobre Hoyo casi se desmaya ante aquel gesto de agradecimiento, el corazón le latió a mil por hora, cada día se convencía más que Kagome Higurashi era la mujer ideal para ser la madre de sus hijos. Le sonrió de vuelta mientras se despedía y continuaba su camino hacia los vestidores puesto que tenía clase de deportes.

Matsuda se cruzó de brazos evidentemente irritado, ¡ese idiota de Hoyo! Era evidente que no saldría de la contienda por el corazón de Kagome tan fácilmente.

- ¿Quieres que te acompañe hasta tu salón linda? — pregunto mustio intentando de resarcir el error.

- Agradezco el ofrecimiento, pero no, gracias- respondió la joven.

- Algo puede pasarte de aquí al edificio B. Por favor, permíteme escoltarte - intento tomarla del brazo, pero Kagome no se lo permitió.

- Estamos en la escuela Kouga, nada malo va a pasarme, por favor no insistas- intentó sonar amable, aunque no lo consiguió del todo.

El muchacho de ojos azules desistió de su ofrecimiento, no le era ajeno que cuando Kagome decía que no, era no y punto. Así que habría que volver a ganarse su favor de otro modo.

- Tienes razón en estar molesta. Lamento haber sido invasivo- pronunció con pesar- No soporto que me odies Kagome.

- No te odio Kouga - suspiró cansada- sólo que no me gusta que te tomes atribuciones que no te corresponden. Tampoco me agrada que seas grosero con los otros chicos que también son amigos míos- sus labios se fruncieron levemente-fuiste muy grosero con Hoyo.

- Esta bien, está bien, prometo no volver a hacerlo- colocó su palma derecha sobre el corazón- ¿Me perdonas?

La muchacha relajo su expresión mientras asentía con la cabeza.

- Ya que volvemos a hacer tan amigos como siempre, ¿permitirías que los muchachos y yo almorzáramos contigo y tus amigas durante el receso?

Kagome analizó su respuesta, después de todo Kouga siempre había sido un buen amigo, solo que a veces había que marcarle ciertos límites. Ya había prometido no volver a atosigarla, así que...

- Esta bien- contestó sonriendo amable- Nos vemos al rato- se despidió mientras caminaba a su siguiente clase.

En cuanto se fue, las facciones de Matsuda volvieron a tornarse dudas, definitivamente algo pasaba con Kagome, nunca había mostrado molestia o incomodidad cuando la abrazaba o sujetaba sus manos. Eso no le gustaba para nada, tan sólo esperaba que este cambio tan repentino no tuviera que ver con el imbécil de Hoyo, o peor aún con el pobre diablo de InuYasha.


Se encontraba exageradamente ansioso. Podríamos decir que se hallaba en una total explosión de agitación. Tanta era su euforia que, incluso, había olvidado su inusual incidente con Kouga en la primera hora de la mañana de clases junto con las noticias sobre su fructífero interrogatorio durante la cena.

Estaba que no se la creía, Sango le había enviado un mensaje en la tercera hora. Leía un fragmento en voz alta de El tren nocturno de la Vía Láctea de Kenji Miyazawa cuando sintió que su teléfono vibraba en el bolsillo de su pantalón. Inquieto cómo era, apresuró la lectura para poder volver a su asiento y revisar que era lo que le había llegado.

"Mira lo que me encontré" rezaba el texto junto con la captura de pantalla donde aparecía el nombre de Higurashi Kagome y debajo la leyenda que decía contacto.

"Pásamelo Sango" escribió con rapidez, teniendo cuidado de que el profesor en turno no lo pillará.

Un emoji de una carita enseñando la lengua fue lo que recibió por respuesta.

"¡Keh! No juegues Sango"

Emoji de carita pensando.

"Deja de estar de tonta y envíame el número de contacto"

Emoji de mono tapándose los ojos.

¡Si será...! Estampó su mano contra su cara en un claro indicio de pura frustración, cómo le gustaba a su amiga hacerse la interesante y en el proceso hacerle perder la poca paciencia que poseía. Pero ya la obligaría de alguna forma a entregarle ese número de teléfono a cualquier precio o dejaba de llamarse InuYasha Taisho.

"Déjate de tonterías y dame el número de Kagome" envió junto con un emoticón de carita enojada.

Sticker de "No mi ciela" junto con cinco caritas llorando de risa.

Contuvo un gruñido de furia, no podía permitir que le sacaran de nueva cuenta del salón.

"¡Vete a la mierda Sango!" escribió en un arrebato de coraje excarcelado, cortando tajantemente la conversación mientras aventaba el móvil sobre el pupitre.

Llevo ambas manos al costado de su cabeza, apretando con fuerza su cabello. Sentía que se lo llevaba el carajo. El amor y todo el cúmulo de sentimientos que conlleva, amigos míos, causa una cantidad de reacciones insospechadas.

Después de haber descargado su molestia en contra de su amiga, sus ánimos comenzaron a descender considerablemente. Si lo pensaba con detenimiento, sabía claramente que, aunque Sango le hubiese pasado el número telefónico, él no se atrevería a llamarle ni a enviarle un mensaje. ¿Qué podría decirle, sin que pareciera un stalker o un depravado?

También le molestaba el hecho de que sus amigos fueran tan poco considerados con sus sentimientos. No obstante, si lo pensaba seriamente, jamás les había contado del todo la verdad. Ellos sabían que Kagome le gustaba mucho, pero no les confesó que con el pasar del tiempo su corazón ya no puso freno y terminó ligándolo a un sentimiento.

Se preguntarán entonces (como lo hizo Kouga en el capítulo anterior) como fue que nuestro querido amigo conoció a la bella joven y en qué momento la flecha de cupido le atravesó por completo el corazón. Así que pónganse cómodos, que se los contaré.

Recuerdo aquel día, como si fuera hoy. Fue si no me equivoco, una mañana a principios del ciclo escolar. Eran las 10:30 de la mañana y tanto Miroku como él esperaban afuera del salón de cómputo a Sango, que terminaba su clase.

InuYasha jugaba con su teléfono móvil, soltando de vez en cuando un improperio cuando alguna jugada no salía como él esperaba. Miroku repasaba el vocabulario de su clase de inglés. De pronto, se hizo el barullo; se escuchó el abrir de la puerta y varios jóvenes comenzaron a salir del salón.

Miroku dirigió su mirada hacia las escaleras por donde comenzaban a descender los primeros estudiantes que habían abandonado el aula, en busca del rostro de su amiga. InuYasha permanecía absorto en el celular. Poco a poco fueron bajando más y más adolescentes, pero no había rastro alguno de Sango.

- InuYasha, envíale un mensaje a Sango. Ya se tardó- pidió Miroku en lo que se paraba de puntas para verificar si venía o no la muchacha.

- ¡Keh! ¿Yo por qué? - gruñó - estoy en algo importante.

- Yo lo haría, pero... - suspiró desolado-Olvide mi móvil en casa.

InuYasha se pasó por el arco del triunfo el lamento de Miroku, no obstante, miró de reojo la hora en el reloj de muñeca de su amigo, tenía razón, ya era tarde. Si Sango se demoraba un poco más no alcanzaría budín de chocolate en la cafetería. Sacudió su cabeza para volver a concentrarse, no podía distraerse pensando en comida, el juego, el récord mensual, su reputación en internet eran más importantes que un vaso de natilla. Sus ojos sobre la pantalla, un gruñido salido de su estómago y entonces…

- ¡Mierda! ¡Mil veces mierda! — gritó Taisho tras haber perdido la partida.

¡Maldito Miroku! Pensó, si no le hubiese desconcentrado con toda su palabrería sobre Sango, hubiera conseguido el récord que buscaba desde hace un mes.

Encabronado cómo estaba, le dirigió una mirada molesta a su amigo y comenzó a subir la escalera de dos en dos en busca de la "tarada de Sango" que quién sabe que chingados estaba haciendo, que se tardaba tanto. Iba refunfuñando y soltando improperios por lo bajo cuando Kagome Higurashi apareció en su rango de visión. Bajaba las escaleras con la mochila puesta en la espalda, el cabello oscuro ondeaba suavemente a la par de sus movimientos, sus ojos castaños estaban fijos en la pantalla de su móvil y una dulce sonrisa adornaba sus labios.

Todo el enojo desapareció súbitamente, en su lugar una descarga eléctrica le golpeó fuertemente en el pecho. Le pareció ver la más hermosa de las apariciones. Paso a su lado y aquel aroma floral de su cuerpo se le metió por las fosas nasales, impregnándole todos los sentidos haciéndole sentir mareado. Por puro instinto su cuerpo giro para comprobar de que ella era real y no producto de su imaginación.

Se veía tan linda como un ángel que se quedó estático en el descanso de las escaleras, observando como aquella mujer comenzaba el descenso de las mismas.

Kagome totalmente ajena a lo que estaba provocando tropezó con la orilla de uno de los escalones. Su cuerpo se movió en cámara lenta: su torso se inclinó levemente, sus pies se separaron del piso y sus ojos se abrieron espantados. Hubiese sido una caída aparatosa a no ser porque sintió una mano firme que la sujetó del brazo y le devolvió la estabilidad perdida.

Del susto pasó a la sorpresa cuando dos orbes doradas le contemplaron fijamente. Ambos podían verse reflejados en el iris del otro. InuYasha escuchaba el retumbar de los latidos del corazón de Kagome mezclados con los suyos. Iba a preguntarle si se encontraba bien cuando...

Un potente chillido mezclado con un grito los sacó del momento mágico que pudo haber sido ese encuentro y que finalmente no fue.

En un abrir y cerrar de ojos un grupo de chicas se la arrebataron literalmente de las manos y comenzaron a bombardearla con preguntas sobre su estado de salud. Pudo ver como la chica parpadeo confundida; y a él, las negras pestañas de la joven se le figuraron unas bellas alas de mariposa. Jamás en su vida había visto a una mujer tan hermosa como esa.

La vio partir rodeada de las escandalosas adolescentes en lo que les sonreía y les decía que estaba bien, que solo fue el susto.

El corazón se le estrujo cuando ella no reparó en él. No fue ni para darle las gracias y aquello lejos de molestarle (como habría sido lo obvio) le entristeció. En otra circunstancia hubiese recriminado su falta de educación e incluso hubiese soltado una que otra injuria en su contra a viva voz. Sin embargo, se quedó ahí, de pie; permitiendo que el castaño de esos ojos se le clavara en lo más profundo, anhelando volver a contemplarse en ellos.

Más eso nunca jamás sucedió.

Un rato después un sopapo en su cabeza lo sacó del encanto y lo devolvió a la realidad.

- ¡Hey tú! —le llamó Sango- ¿Qué haces aquí parado como bobo?

- ¡Sango baka! - exclamó con furia mientras cerraba su puño en forma de amenaza.

- Ya, ya ya-dijo su amiga-bájale tres rayas a tu intensidad- con su mano derecha le despeino aún más la cabellera oscura.

- ¡¿Dónde estabas?!¿¡Porqué tardaste tanto?!

- ¡Que tierno! Me extrañabas tanto que viniste a buscarme-canturreo con burla y se llevó sus manos al pecho - Quien diría que al final si eres buena bestia.

- ¡Estas pendeja! —soltó - Si vine por ti es porque el imbécil de Miroku parece que no puede respirar si no estás.

Sango se carcajeó divertida. InuYasha arqueo una ceja.

- Ok, ok. - dijo cuándo se le pasó el lapso de risa-Lo importante es que ya estoy aquí - lo tomo del brazo- Ya malhumorado, no estés de grumpy, vamos a almorzar.

Se reunieron con Miroku y la vida continuó como si aquel episodio no hubiese sucedido. InuYasha olvido aquel encuentro y Kagome mucho más. Sin embargo, la vida tiene sus caminos para encontrar a los que están destinados.

Cuatro meses después del incidente de las escaleras, nuestro protagonista volvió a toparse con la mujer que le robaría la cordura, esta vez durante el torneo estudiantil de invierno.

No tuvo contacto con ella directamente, pero vio su participación con el equipo de arquería. Se veía como la diosa que era, con el temple sereno, la mirada sagaz y aquel sonrojo natural en las mejillas producto del frío invernal. Sus ojos dorados seguían cada uno de los movimientos que ejecutaba con gracia. La vio tomar la flecha del carcaj, colocarla en el arco, fijar el objetivo y cuando la flecha atravesó certeramente la diana, hizo exactamente lo mismo en su adolescente corazón.

Desde ese día ya no tuvo paz, como si de un tipo de suerte se tratará comenzó a encontrarse a Kagome hasta en la sopa. Su corazón ya pudo negar lo inevitable y el resto amigos míos es de lo que trata esta historia.


N/A: ¡Hola! Espero que se encuentren muy bien. Si me tardé un poco en actualizar fue porque quise regalarles un mini momento InuKag y tuve que restructurar el capítulo.

Sobre las mandarinas, ese tipo de fruta que aquí en México hasta nos damos el lujo de molerla a palazos en las piñatas, suele ser muy cara en los países asiáticos, porque se producen en invernaderos o son productos de importación.

Después de este breviario cultural paso a agradecer a los que me hicieron el honor de agregar como favorito y darle seguir a esta historia. Ahora paso a contestar los amables reviews que se toman la molestia de escribir y enviarme.

Carli89: Prometo que pronto ya estarán frente a frente los protagonistas de la historia. En cuanto a Koga, sí es algo intenso y definitivamente será un problema, este capítulo lo corroboró XD. No te doy más spoiler porque si no le quito sustancia a la trama 😉. ¡Cuídate mucho! Y mil gracias por leer 😊.

Annie Perez: ¡Sí! El plan ya está en marcha, ya pronto comenzarán a interactuar, veremos que tal les va 😉. ¡Cuídate mucho! Mil gracias por leer 😊.

Guest: Ya pronto se juntarán lo prometo, bueno, se verán y comenzarán a conocerse. Chile es maravilloso, hace como 10 años estuve en ese país, fui a un festival de teatro y me encantó. Algún día volveré, porque es magnífico. ¡Cuídate mucho! Mil gracias por leer 😊.

Xio040: ¡Qué linda! Agradezco mucho que te guste la historia, así que espero que este capítulo también te haya gustado mucho. ¡Cuídate mucho! Mil gracias por leer 😊.

Manu: ¡Hola! En realidad, soy amiga jeje. El seudónimo de Beu significa Luna en zapoteco y la R es la inicial de mi segundo apellido. Sí, los reviews de los invitados se tardan ese tiempo porque tuve una situación desagradable de hate cuando regresé a escribir fics (no fue en este fandom, todos aquí han sido muy amables y maravillosos) fue en el de Shaman King y lo peor es que el hate no era por mi o mis historias, si no por con quien interactuaba. En fin, pasando a cosas más agradables, podré ponerme al corriente con Ranma hasta finales de julio que es cuando comienzan mis vacaciones, pero prometo que lo veré concienzudamente. Sobre el fic que me recomendaste, lo sigo y lo leo, Doratina es genial y su fic también; me encanta como le dio ese matiz de fuerza y dulzura a Moroha, le hizo tanta justicia como personaje, ya que en Yashahime no estuvo bien aprovechada hasta casi al final de la segunda temporada, al inicio me molestaba mucho que la pusieran como desahogo cómico.

Yashahime como anime tiene un argumento hecho con los pies, una historia que tenía mucha tela de donde cortar, la desperdiciaron totalmente, personajes incluidos. He leído el manga que Shiina realiza sobre las Yashahime y me gusta un millón de veces más que el anime, aunque existan personas que digan que da fan service.

Sobre que otros animes he visto a parte de InuYasha y Shaman King… vi Sakura Card Captor (incluidos los de Clear Card), Dragon Ball (hasta GT), Ijiranaide, Nagatoro-san (moría de risa con cada capítulo y espero con ansias la temporada 2) Tokyo Revengers (uff, fue una explosión en mi mente este anime) y actualmente muero de amor con Spy x Family.

No te prometo nada con el trio jajaja, pero si algo he aprendido en esta vida es a no decir yo nunca.

Es un gusto como siempre leerte y contestar tus reviws ¡Cuídate mucho Manu! Mil gracias por leer 😊


Ahora sí me despido, que tengan una semana maravillosa y nos vemos el próximo martes. ¡Abrazos fuertes! 😊