Capítulo XXXIII
Acepto ser tu esposa, Terry - respondió Candice en un susurro, eso debía doler demasiado.
¡Candy! - exclamé yendo hasta donde ella se encontraba postrada.
¡Candy! - mencionaron ambos médicos tomándole los signos, Paula no lo soportó, comenzó a llorar y colocó la mano de Candice en su mejilla, sabiendo que ella la reconocería.
Paula... no llores... me duele la espalda - refirió la rubia.
Has estado en coma por dos años preciosa, no crees que has descansado suficiente... - la reprendió Benedetti.
¿Dos años? ¡Demasiado..., demasiado...! Ya debe tener entonces dos años, ¿verdad? - preguntó ella confusa.
¿Quién? - cuestionó Benedetti.
Andrea, ¿quién más? Ella ya no es una bebé... - comentó Candy.
Candy... Andrea está... - Benedetti comenzó a titubear.
Calla Benedetti... ¿por qué piensas que está aquí? - pregunté ameno observando cómo Benedetti guardaba silencio.
Porque es tan pequeña...era pequeña... muy pequeña. No fui la culpable, no quise que muriera... - respondió Candice cerrando los ojos y por segunda vez la había visto llorar y eso era... era muy doloroso.
No fue tu culpa... - respondí asegurándoselo.
Él lo hizo, aborté por su culpa…¡por qué no me deja tranquila! - rebatió con lo obvio.
Me has dicho que aceptas ser mi esposa... - intenté hacer de éste asunto una broma.
Lo sé y no estoy loca... - me aseguró.
Bien, eso me ha puesto muy contento, sabes... hasta hace unos meses pensaba meterme de monje... - seguí con la broma.
Perderías tu tiempo aunque también deberías no perder más tiempo, ¡dos años, vaya son muchos! - ahora era ella quien se burlaba.
¡De aqui a los hijos! - sugerí de no sé donde, quizás en medio broma y medio en serio.
Hey, no cantes victoria antes de tiempo, puedo arrepentirme... - confesó muy segura, me sorprendió en realidad.
Siempre podrás hacerlo y llevarme contigo en el camino, no podría vivir sin ti y me temo que lo sabes... - me soplé a mí mismo, haciendo que los cabellos de mi frente cambiaran de lugar.
Ahora lo sé, si has perdido la cabeza para esperarme por dos años, por supuesto que lo sé. Y ¿tus negocios? - intentó desviarse.
Van bien, trasladé mi oficina muy cerca de aqui - referí dándome la vuelta, el otro lado de la cama era donde menos había conexiones.
¿Qué tan cerca? - quiso saber
¡Vaya muy cerca! - referí a sabiendas que no iba a responderle a tiempo.
¿Mis padres y mis hermanas? - cuestionó dándose cuenta que si para mí dos años eran horribles, para ellos estaría horrible.
A decir verdad, creo que Fred los ha mantenido al tanto, pero no les ha contado esto...lo del coma, todos bien... como siempre - respondí tratando de no revelar nada.
Nadie de mis hermanas se ha ¿casado? - cuestionó lo que podría ser obvio.
Sí, bueno, no casado, Mirabel se ha comprometido, creo que ella sospecha esto... piensa que algo te pasa - respondí de inmediato.
Me lo supongo... ¿qué hay de todos...? ¿De ti? - preguntó ella, le preocupaba que esos dos años no había hecho nada.
Todos siguieron con sus vidas y yo, pues bien dentro de lo que cabe, sólo he echado a perder mi vida personal y nada mas - le conté esperando que ella sonriera, pero no sucedió así.
Esas ojeras Terry, no se supone que bien ¿es bueno? - cuestionó mirándome y de pronto las lágrimas no quisieron detenerse. ¡Mil veces te dije que te alejaras y que no quería hacerte daño! - me dijo, eso fue sorprendente.
Dije que dentro de lo que cabe - respondí como si nada.
Pues no cupo muy bien por lo visto...¿podré levantarme? - preguntó ansiosa.
¡Ni lo sueñes...! Además que creo que Robs tendrá que venir a darte fisio - sugirió Benedetti.
¿Otra vez? - cuestionó.
No has caminado en dos años, no creo que te puedas levantar ni siquiera gateando, no tienes fuerzas - aseguró Benedetti.
¿Por qué dos años? - se pregunta más para sí.
A los seis meses te quité el respirador y deberías haber despertado, pero como bien sabes, es una de las complicaciones de éste tipo de operaciones... ¡podrías no haberlo hecho! - exclamó Francesco preocupado.
Benedetti... - le advertí audazmente.
Es la realidad Terry, podría haberse dormido todo lo que quisiera y no salir de ese estado nunca, tendríamos que desconectarla y esperar, más tiempo - me aseguró él.
Pero eso no pasó en este caso - referí atento para que él se detuviera.
¡Afortunadamente! - exclamó ella.
Dejémosla descansar, Paula checa los signos cada hora - refiere Benedetti.
Sí, lo haré - acepta ella saliendo de su habitación. Terry déjala descansar - pidió antes de que saliera.
Bien, me despido, te veo en un rato - le dije a ella.
Terry - me llamó justo al legar a la puerta.
Dime... - respondí dándome la vuelta.
Me das ¿un beso...? ¡Sé que no he de saber a muy rico...! - me asegura comenzando a parlotear.
Ya te dije que no me das asco - respondí alzando la ceja.
Esperen par de tórtolos, antes me quisiera retirar y tomen, creo que debes comprar de éstos - Benedetti encontró una laminas dentro de su bolsillo de la bata.
¡Láminas de menta! ¡Wow, buena compra! Toma - dándole gracias a Benedetti, saqué una del envase y se la di a Candy.
Bien, ahora sí - respondió ella sonriente al sentir como se deshacía la lámina en su boca.
Ahora sí - dije al mismo tiempo.
¡Hasta pronto! - se despidió Benedetti.
¡Hasta pronto! - nos despedimos nosotros sonriendo ante la pena de él.
Ambos nos veíamos a los ojos, ambos sentíamos que dos años habían sido suficientes, me acerque a sus ojos, realmente olía demasiado bien, Paula siempre la bañaba por las noches cuando todos dormíamos o eso pensaba ella. Ella vio como me detenía cerca de sus labios, los analizaba, finos y carnosos, deseosos, cuando me detuve los vi, ansiosos como los míos, tenía dos años de no sentirlos y vaya, cómo quería sentirlos de nuevo.
¡Han sido dos años...! - exclamé quizás porque ella quería besarme y mucho.
Bésame tonto... - respondió haciéndome reír.
Inicio del flashback
Hace unos meses, aproximadamente dieciséis, llegó a mis manos una información importante, el informe de Thomas. Thomas se había comunicado conmigo para avisarme que en el curso de la investigación estaba teniendo problemas de puerta cerrada con el ilustre nombre Andley, eran la familia de ella tan persistente para tratar de ocultar todo con referencia a la vida personal y profesional de Candy.
Thomas - contesté reconociendo el numero.
Terry, te envié por paquetería el informe, espero que no tengas sueño, hay mucho que leer. Llegará a Mane en un tiempo - me informó sorprendiéndome.
Espera, ¿cómo sabes? - quise saberlo cuando me colgó sin darme tiempo a refutar.
Cuando llegó, me encontraba delante de mi habitación, entré y saqué la carpeta que Fred dejó horas antes en mi habitación; muchos de sus datos se relacionaban entre sí y otros estaban completamente aislados.
Pensé detenidamente en cada dato y los que había recogido de todos e incluso de Fredich y los Rocco, de todos en sí. Ahí fue que me enteré en gran parte la historia que nadie conocía, el abuelo Rocco no amaba a Pathya como un hombre, la amaba como a una hija y como a la persona que le había dado más vida desde que Ferrel había fallecido. Sin embargo, al padre Rocco era una de las personas que no la toleraba porque pensaba lo mismo que yo hasta hace un par de horas, lo cual era completamente ridículo. También me di cuenta los hombres en los que los sucesos le siguieron a partir de la violación, había los partes médicos conseguidos de ese día, añadidos a los policiales, era claro que Thomas sabía mucho antes esto de las pesquisas de la policía, que coincidían con la versión que manejaba Francesco. Todo me daba vueltas, quería abrazarla, tenerla entre mis brazos.
En ese entonces, cuando la conocí, no quería saberlo, ahora menos, notablemente eran celos, si mucho de eso, pero no todo, quería tenerla para mí no compartida con los afectos de ocho hombres: Niel (el peor de todos), Albert, Anthony, Ferrel, el abuelo Marcello, el padre Marcello y Marcello Rocco, Benedetti y yo. De todos ellos, prefería solamente que fuese el único que la recibiera en mis brazos para amarla más que a mi vida. En esos momentos se oyó un toque en la puerta.
Volví al gran fajo de hojas, parecía verdaderamente interminable. Había nacido en México en el 80, a los cuatro años era hija única, Mirabel nació diez años más tarde, por lo que ahora tenía 24, Sondra tenía 20, Clara 19 y Cloribel 16. Candy tenía un posgrado en Ingeniería Administrativa y su profesión era ingeniero en alimentos; Mirabel, Sondra, Clara y Cloribel, eran doctora, psicóloga, contadora y la última quería estudiar medicina.
Sus padres son administradores y tienen empleos en el gobierno. Sus actividades de esas había como tres hojas, me pregunté en esos momentos si no le gustaba pasar tiempo en casa hasta que encontré una hoja con pláticas de una de sus amigas:
"Como Candy siempre dice: Es mejor siempre estar fuera que en la casa absorbiéndome el seso y sola"
Sola durante catorce años, debió de haber sido difícil.
"Pat dijo una vez: lo mejor que puedes hacer es no tener tiempo para pensar y sí para sonreír, ese día había muerto su abuelo"
Había anécdotas:
Un día tomó una de las decisiones importantes, no la haría sufrir, pero si a ella, tomó a Mo entre sus brazos y la sostuvo como si fuese un bebé, le susurró a la oreja, le daba besitos en sus mejillas, tomándose cada una de sus lágrimas. Mo sabía lo que eso significaba, rogó con la mirada que no lo hiciera, ella quería seguir a su lado, pero la parte humana de su corazón sabía que no era lo correcto, hacerla sufrir de más no era la parte animal de ella. La tomó entre sus manos y la introdujo a la mesa de curación, ahí la durmieron mientras sus miradas se cruzaban, Mo sin ganas de irse y ella también. Después de darle el último aguijonazo le tomaron los signos vitales, declarándola muerta. Para Candy era la misma parte del corazón cuando se muere una persona, la cargó pensando los recuerdos de toda su vida, sus travesuras, su compañía y finalmente agradeció sus infinitos cuidados cuando enfermaba y los agradeció con un buen corazón y una hora de lágrimas por su ida; pero lo más importante es que ella está en una casa donde la han tratado como ella es…la casa de Ferrel.
Fin del flashback
Candy sostuvo un poco su rostro y tomé sus labios entre los míos, comenzando a tocarlos para después profundizar el beso, de pronto ella era voraz, naturalmente era esperado, había pasado ya bastante tiempo.
Espera, espera... tienes que descansar - protesté separándome.
¡Aguafiestas! - declaró molesta.
Te veo en un rato... - le dije, saliendo de allí.
Llegó el otro día y Paula estaba molesta, salía de la habitación de Candy un poco llorosa.
¡Tú! ¡A ver si le das de comer, está insoportable! - me soltó, señalándome con el índice.
Pero dime, ¿qué pasó? - quise saber.
¡Que te cuente ella! - respondió apresurándose a salir inmediatamente.
Pero Paula... ¿qué le pasa? - le pregunté a Candy cuando me dirigí y llegué a su habitación.
¡Ah eres tú! ¿Qué quieres? - soltó Candy, sin reconocerla.
Saber que le hiciste a Paula... sólo eso - respondí observándola.
Nada, sólo que últimamente todos andan muy sensibles... - refutó evitando sentirse como si todos le echásemos la culpa de ello.
¿Segura? - cuestioné inquieto.
Por supuesto, no soy una inútil como para que me den de comer - exclamó poniendo los brazos en jarras... ¿molesta?
Fred... - llamé a Fred desde mi celular, seguramente desayunaba.
Terry, ¿puedo ayudarte en algo? - contestó con un tono de preocupación.
Trae el desayuno para Candy - le solicité.
Sí, en un momento - aceptó y colgó, a lo cual yo colgué y guardé el teléfono.
Comerás, te ayudo un poco si quieres... - me ofrecí.
Mejor nada... - resolvió chasqueando la lengua.
Sé buena niña o no verás a nadie de tus visitas - la amedrenté.
¿Tengo visitas? - se levantó emocionada.
Sí, nadie sabe ¿cómo se enteraron de que ya despertaste? Pero... creo que Benedetti ya se los habrá dicho... - le informé, cundo los vi llegar mis dos años de absoluta tranquilidad me supieron a gloria, pero desde ese minuto supe que no era mi día.
¿Quiénes vinieron? - preguntó ansiosa, comenzando a quererse levantar.
Anthony, William, Marcello, Fredich, mi madre, los de la última vez... - referí caminando hacia ella para que no hiciese alguna tontería.
Esperas conseguir todo de mí porque ahora sí protestaré - gritó enfurecida porque no la dejaba levantarse.
Entonces dime ¿por qué estás enojada conmigo? ¿Por traerte a Mane? - cuestioné entendiéndolo.
Porque hiciste tu santa voluntad, sin pedirme permiso... - respondió ella arrastrando las últimas palabras.
No estabas en condiciones de tomar decisiones... - respondí caminando hacia el ventanal.
¡Y eso te da el derecho de manejarme como a ti se te da la gana! - levantó la voz nuevamente.
Tu bienestar es mi prioridad y lo sabes... - respondí muy tontamente, cuando iba a aprender.
¿Mi bienestar? ¡Terry por Dios, no sabes cuál es mi bienestar! - espetó.
Sí, tú bienestar es protegerte - debía seguir con esa idea, si no la odiaría.
¡Ese es el tuyo! ¡Tú te sientes bien controlándolo todo! ¡Qué es distinto! - expresó ella.
Buen golpe... - dijo William que se encontraban en el pasillo.
¿Son novios? - cuestionó Paula.
Sí me siento bien si controlo eso, al menos... - acepté que así era.
Y eso es poco decir, desobedeciste las órdenes del médico y poco te importó si moría en el helicóptero... - me regañó, tenía la tentación de que alguien le comentó que así era.
Es un riesgo que tenía que correr... - respondí sabiendo que era una probabilidad.
¡Podría haber muerto y dices que me amas! - ella se atrevió a reclamarme quien sabe qué cosa.
Niel... Niel me atacó en el hangar de Roma... - confesé esperando que esta absurda pelea cesara.
Ves lo que te digo, ¿qué hacías en Roma? - me preguntó, ¿qué me sucedía?
Platiqué con Marcello y me dio esto... - referí abriendo la galería de fotos de mi celular.
Terry... edición especial, no me lo dijo... pero eso, ¡no justifica que hayas hecho tu reverenda gana! - se calmó un poco, pero volvió a la carga.
No pasó nada, era una probabilidad, pero no pasó de ahí - expliqué tomándolo con calma.
¿Esperabas que pasará? - me preguntó.
No lo sé, médico no soy... inicié sin darme cuenta.
Lo que no entiendo es ¿por qué me amas? - cuestionó sin más.
¿Te amo? - le pregunté para hacerla rabiar.
¡Tú lo has dicho, sólo lo repito! - respondió ella enfadándose por mi aparente olvido.
Tú debes de creerlo, si lo dices de esa forma... - la acribillé.
¿Cuál forma? - cuestionó sin entender a lo que me refería.
Sonrojándote y con ese candor... - sonreí ante el rostro impávido que puso.
¡No sé de qué me hablas! - ella volteó el rostro.
Dime que no me amas... al menos que me quieras como a Anthony - quise picarla un poco.
¿Anthony? ¡No... no te quiero como a Anthony...! - exclamó indignada.
Entonces no como a Anthony... - repetí esa información.
¡No, sólo distinto! - refirió Candy esperando que toda esa discusión fuese menos alucinativa.
Distinto ¿de qué? - quise saber o simplemente molestarla.
¡Escúpelo Candice! - exclamó Fredich.
Te quiero como... a ti... - respondió Candice, bajando el rostro.
Y ¿eso es bueno? - le pregunté con entusiasmo.
No lo sé, lo supongo, creo que sí... - ella comienza a rotar suposiciones.
Sabes, quizás debo pedirte una disculpa... - referí cayendo en cuenta de que no debería de darle lo que ella quería.
¿Por qué? - preguntó ella de repente.
Por traerte a Mane, sin tu permiso... - ese quizás era el buen camino hacia lo que yo esperaba hacer.
Estabas paranoico... - respondió entusiasmada.
¿Me disculpas...? - le pregunté.
¡Me confundes...! - espetó.
¡Son unos niños...! - exclamó Eleonor.
Candy es una niña... - refirió Fredich sabiendo que las palabras e ideas salían de ella.
¡Dímelo Candy! - la reprendí.
¿Qué cosa? - cuestionó ella, sacándola aparentemente de sus pensamientos.
Dime que me amas, pero porque lo haces... - sugiero, ella debería de admitirlo.
¿Es pregunta? - cuestionó confusa.
No... - respondí dirigiéndome a ella y colocándome a su altura.
¿Por qué me miras así? - me preguntó sabiendo que sólo faltaba un poco para romper esa coraza que ponía siempre que quería fastidiarme.
Espero tu respuesta... - solté mirándola.
¿Me vas a besar? - me preguntó extrañada y al mismo tiempo lamiendo sus labios y mirándome profundamente.
Estoy fumando la pipa de la paz contigo... - le dije, dándole un beso corto.
¿Me dejarás de proteger hasta porque me dé la gripa...? - cuestionó juguetonamente.
Lo intentaré... - respondí dándole otro beso más largo.
Y si ¿me pica un mosco? - ella comenzó a juguetear.
¡Lo mato...! - resolví todo.
¡No hagas eso! ¿Qué culpa tiene el mosco? - me dio un manazo en el brazo.
Candice, tenemos que sellar el acuerdo... ¡Dime que me amas! - le insistí volviéndola a besar.
¿Tú lo haces? - tuvo que preguntarme.
¡Te amo preciosa! Más de lo que quisiera admitir. ¿Por qué sonríes? - cuestioné como burla.
Porque me quieres besar... - soltó ella, burlándose.
Te quiero besar porque te amo y ¿tu? - respondí acomodándome a su lado.
Yo... - duda.
Tú... - le insistí.
Yo... - volvió a dudarlo.
Tú... - le insistí de nueva cuenta.
¡Te amo, Terry! - respondió entusiasmada.
¡Por fin, ya era hora de que se lo dijera! - respondió William.
Ahí estaba esa era la confrontación que ella necesitaba, sabía que guardaba muchos secretos y ahora es que entendía cuál era la paciencia de la que hablaba Albert. Ese beso me supo celestial, ella por primera vez se dejó llevar por lo que su corazón sentía mientras ignoraba la fiesta y algarabía que afuera había, nuestro beso, duró lo que nosotros queríamos que durara hasta que comenzó a darme pequeños besos
¡Tengo miedo! ¿Alguna vez has tenido novias? - me preguntó sin más.
No últimamente, pero ésta vez me daré el tiempo para tenerla... - respondí entusiasmado.
¡Qué honor! - Candy se sintió por esa última frase.
¡No quise decirlo así! - me disculpé.
¡Eres un estúpido Terry! - refirió Benedetti soltando un improperio casi ininteligible.
Me refiero a que antes tenía amantes y muchas, pero ahora he cambiado de idea, quiero ser monógamo y es contigo con quien quiero estar, ¿me entiendes? Te amo y no te dejaré ir, tendremos muchos hijos... - le aseguré dejando mi imaginación en pleno vuelo.
Espera, espera... ¿quién ha hablado de hijos? No quieras correr antes de caminar... - se negó rotundamente, debí de callarme la boca antes de alucinar.
¡Es italiano! - espetó Eleonor.
Bien, primero nos conoceremos - mencioné.
Para eso es el noviazgo, así que sí, nos conoceremos - me aseguró ella.
Bien - asentí.
Seguiré con mis trabajos - aseguró emocionada.
Lo de Rocco, sí - se lo prohibí.
Lo de Rocco, Kolios y las mariposas - ella retomó el camino de las no imposiciones.
¡Esa no, sobre mi cadáver! - refuté.
Pues adelántate al panteón - respondió en español.
Háblame en italiano, el español aún no le entiendo - la recriminé ganándome una mirada retadora.
¡Inténtalo! - volvió a hacerlo.
Las colgarás en mi presencia... - le dije.
¡No, las colgaré cuando se me dé la gana! - me advirtió.
Fred te acompañará y te enseñará cómo hacerlo de forma segura... - le di una mejor opción.
Bien - ella aceptó.
Saldré sola a otro de mis trabajos - decidió.
Ni se te ocurra - le advertí.
Lo haré - y poco le importó.
¿Por qué sola? - cuestioné.
Las ideas para escribir no salen lavando los trastes... - me contó.
¿Me avisarás? - le pregunté.
Cuando se me ocurra... - respondió tajante.
¡Candy, no estás siendo justa! - le reclamé.
Tú no me avisarías si fueras a ponerme más guardias de lo que William o Anthony tiene o ¿sí? - respondió Candice molesta.
Ahí lo tienes Terry - soltó Anthony.
Bien, no sé, no me has dicho que me amas... - solté el anzuelo.
¡Ya te lo dije! - respondió alzando la voz.
Lo quiero escuchar, muchas veces - respondí anhelando.
Pues aprende a retenerlo, además ¿cómo puedes amarme estando rapada? - se quejó.
¡Ya crecerá tu cabello, tontita! - le aseguré.
Apoyo la moción - respondieron todos.
Dile que lo amas mil veces, nada pierdes - Fredich le dijo al micrófono que ella tenía en el oído.
Te amo, Terry - respondió con trabajos.
Sé cursi - Fredich repitió esa... condición.
Date la oportunidad, querida - Eleonor y William también lo dijeron casi al mismo tiempo.
¿Desde cuándo? ¡Seguro que desde que me conociste! - quise saber, asegurándoselo.
¡Me caías gordo! - ella fue la que me aseguró.
¿Desde cuándo? - pregunté.
Cuando me trajiste a Mo y a Glo... mi mejor medicina - aseguró animosamente.
¡Y cuando te besé! ¿Ya lo sabías? - pregunté molesto.
Sí y ya había terminado con Anthony... - me contó.
Entonces ¿por qué me dijiste que no lo habías hecho? - pregunté sin más.
Porque quise... ¿por qué pones esa cara? Además sé que Susana seguía yéndote a ver - me aseguró sin entender cómo se había enterado.
¿Cómo...? - no entendía nada.
Ella me lo dijo, en un día de campo con los Rocco. Susana, es nieta del abuelo Rocco - respondió sin más, volviendo el rostro a la ventana.
¿Me contaras...? - pregunté.
¿Es necesario? - devolvió el cuestionamiento.
No, creo que no - debía dejarlo, no quería saber nada que viniesen de ellos, de los Rocco, por el momento, al menos.
Sí esa reunión la recuerdo, la corriste por sus comentarios... - susurró Marcello que de un momento a otro, llegó junto con su abuelo y su padre.
Continuará...
