Prólogo
Una pequeña ave que cruzaba el cielo
Las clases del martes habían terminado y Issei no podía estar más felíz. Todo el día estuvo asustado, empezando esta mañana porque se encontró a Rias Gremory en su cama, no solo eso, ¡sí no que desnuda!
Fue como el paraíso en el infierno para el joven, todo por sus múltiples dudas pero apaciguado por la vista angelical.
Hoy se la habían dejado libre para que asimilara todas las revelaciónes, como el haber resucitado como Demonio o tener algo llamado Sacred Gear, un poder genial sí le preguntan a el.
Le habían dicho que mañana, con todo más calmado, haría sus primeros Trabajos como Demonio, esa era de las mejores partes para el chico Hyoudo.
Sí se esforzaba lo suficiente, podría llegar a ser un noble, tener su propio clan y un harem, ¡su sueño cumplido!
Otra razón por la que le habían dejado libre más allá de asimilar las cosas era para que hablara con la otra persona que intentó acudir a su rescate, Kamijou Touma...
¿Qué hacía el en ese lugar? Su nueva ama se negó a decirle, le dijo que lo considerará como su primer paso a todas las cosas nuevas que tendría que descubrir por cuenta propia.
—¿Debería sorprenderlo haciendo un Kam*ham*ha?... No, sí pudo repeler a... a...
Los ojos se abrieron en terror absoluto, su corazón casi sale de su pecho y el sudor, no frío, si no congelante le invadió a Issei.
La imagen de su cita preguntadole si quería morir, apuñalandolo sin piedad... Era una herida demasiado fresca en su débil corazón.
... ... ...
... ... ...
—«Su personalidad a cambiado de golpe, ¿qué rayos?»
Después de ayer, Kamijou se estaba tomando un respiro. Día normal, una que otra mordida de Index, la preocupación y amabilidad de Itsuwa, las tonterías de Tsuchimikado y Aogami pero... ¿Y Kanzaki?
En todo el día no se le había visto y cuando lo fue, aparecio en la salida de la academia con sus ropas habituales y arrastró a Touna hacía quien sabe donde. Cuándo el portador de la mala suerte cuestionó que se suponía que estaban haciendo ella respondió algo que fundió todos los circuitos de su cerebro.
—¡Tengamos una cita!
Por el evidente rubor en su rostro y el desenfoque de sus ojos, estaba claro que ella también estaba fundida.
De todo lo que podía pedir con la condición final... ¿Pidió eso?
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⟨—¿Quierés que sea honesto? No sé realmente. Rias-senpai dijo que tenía que ver con Issei-senpai...
—¿Esos dos? Uhm... Debe ser algo muy extraño entonces —en su tono ya no se podía diferenciar del sarcasmo y el veneno en las palabras. Seguía enojada.
—"Sigh", Kanzaki, juro que si guardas esto, puedo cumplir lo que pidas, solo por estas vez te lo pido porque nisiquiera yo sé muy bien de que va todo esto...⟩
... ... ...
... ... ...
Regresamos al presente, poniendo el reflector en ciertas entrometidas y dos idiotas que buscaban ligar de una otra forma.
—Aqui Index-tan, aquí Index-tan, ¿me copias Itsuwa-nee?
—Te copio Index-tan, ¡pero deja de llamarme así por lo que más quieras!
Desde cierta cabina telefónica, la monja come todo y la maga Amakusa espiaban la cita de esos dos, se les había adelantado. Aunque decidieron no contarle nada a Othinus ya que era quien tenía más ventaja, ¿sobre qué? Index aún se preguntaba.
—¿Por qué usan radios si están en el mismo lugar?
Aogami y Tsuchimikado tomaban un café en una cafetería al aire libre junto al lado de la cabina.
El rubio de gafas oscuras de encogió de hombros con la pregunta del peliazul.
—Misterios de la naturaleza —fue su simple respuesta.
Parte 1
Sí Kanzaki tuviera que ser sincera sobre su situación, diría que se sentía como niño en navidad.
El chico Kamijou estaba un poco agotado por las clases de hoy pero mantenía sus ánimos para darle un buen día a su extravagante amiga.
Recorrieron un poco del centro comercial consiguiendo algo dulce de vez en cuando, mirando vitrinas.
Hubo una vitrina en especial que capto la atención de Kanzaki a lo que el tomo una nota mental para una futura sorpresa.
¿Era jugar sucio contra esas 2? Talvez, pero ya no importaba mucho. ¡Aunque lo estaría disfrutando más si no fuera por el asunto secreto de ayer!
—Nos han perdido el rastro, es el momento...
Touma respiro profundo y camino en silencio guiando a la Santa de la Iglesia Anglicana al punto donde presenció todo.
Anduvieron cerca de 28 minutos antes de llegar a aquella fuente, con la enorme diferencia de que sí se podía ver a algunas personas esta vez y no como el domingo en la tarde o lunes en la noche.
—Entonces aquí ocurrió tu trauma.
—¡No fue un trauma! ¡Trauma fue verte a tí apunto de ponerte otravez el traje ese!
La tentación de atacar a Kamijou recorrió a la Santa en igual medida que su sonrojo crecía. Nisiquiera habían empezado a discutir sobre lo de ayer y ya estaban teniendo roces.
Ambos trataron de calmarse, Touma frotando su cabello y Kanzaki haciéndo respiraciones profundas.
Poco antes de comenzar a hablar, Kamijou Touma miro a la distancia dónde hace poco miraba a Hyoudo Issei desangrándose de manera grotesca.
—... Solo dime, ¿qué tan grave es eso que no puedes contar?
—Sí eres razonable en el momento, pues no tanto... Pero como te había dicho, primero necesito ver... Aahh... ¿Cómo avanza el asunto? Supongo.
—Puedo aceptar eso, además... lo de hoy fue suficiente —en lo último de sus palabras, el tono de voz disminuyo tan gradualmente que Kamijou nisiquiera lo noto.
Esta cita fue de alguna manera una disculpa por parte de Kamijou quién no lo penso mucho cuando dijo "cualquier cosa" después de que su charla la tarde anterior llegara a un punto muerto y buscara ofrecerle disculpas por pedirle que guarde esto diciendo que nunca lo haría de no ser necesario.
—No quiero mentirte... igual la pasé bien, así que ambos salimos ganando, ¿verdad?
Oh, no debió voltear a verlo en ese momento. Esa expresión confiada que decía "todo esta bien" y se llenaba de coraje y determinación cuando era necesario... Ahora recordaba porque se había...
Parte 2
—Trabajos de Demonio... Enserio, ¿por qué las cosas no podían ser más simples? —Issei se quejo.
Ahora estaba en un parque descansando, mañana sería otro día en el que podría cuestionar a Kamijou Touma sobre lo que paso exactamente aquella tarde.
Si éramos sinceros, el Soñador del Harem temía en su interior que mirar al Portador de la Mala Suerte afectará a la herida que abrumaria a su corazón durante mucho tiempo.
—No tiene sentido alguno... Aunque Rias-senpai dijo que cuidaría de mi, ¡no esperaba ese tipo de cuidados!
Diversos recuerdos de esta "maravillosa" mañana cruzaron su mente, al igual que los terribles y borrosos recuerdos del segundo ataque en la fuente.
¿Cómo podían perforarle más de una vez el estómago en solo dos días? ¿Era tan descuidado?
—¡¿Eeeh?!
Un delicado y pequeño gritó resono en el parque.
Acercándose a la fuente del sonido, Hyoudo encontro a una chica de más o menos su edad, posiblemente uno o dos años menor vestida con un habito de monja color negro y una cofia/capucha blanca con bordes celestes que dejaban caer sus rubios risos como una cascada de oro y aquellos ojos verdes los hacía resaltar como esmeraldas.
—Ooh, eehh, ¿q-qué hago? —al parecer está monja estaba en un dilema. Sostenía una pequeña ave que seguía tratando de volar pero solo se quedaban en intentos torpes.
Sus verdes ojos estaban clavados en un nido ubicado en una rama que tristemente no podía alcanzar.
—Oye —le llamo Issei desde su espalda.
—¡¿Eeek?! ¡¿Sí?!
—T-tranquila... necesitas ayuda con eso, ¿verdad?
Ella no respondió, solo movió su cabeza tímidamente en señal de aprobación. Issei se estaba quedando embobado por la ternura que transmitía.
—Dejame echarte una mano.
Con toda la delicadeza posible, tomo al ave entre sus manos y trepó por unas pequeñas imperfecciones del trono para alcanzar el nido.
Hyoudo lo consiguió y cuando comenzaba a bajar, sufrió un leve resbalo y un rasguño se marcó en su mano
—¡A-aeh! ¡¿Está bien?! —como si fuera lo más grave del mundo, la monja se acercó a toda velocidad para revisar la mano del muchacho.
No solo tierna, si no que también llena de amabilidad. Nuestro Soñador del Harem sabía solo con esto que a la chica se podía calificar como alguien "amable".
—Jeje, todo esta bien, ¿eehm...?
—Lo siento, no me había presentado, s-soy Asia Argento, un gusto en conocerle... ¿?
—Hyodou Issei, el gusto es mío Argento-san.
