XII
Frente a frente
¿A quién no le gustan los viernes? Si es uno de los mejores días de la semana. Desde que somos niños pasamos la mayor parte del tiempo en cuenta regresiva para esta antesala del fin de semana y por consiguiente del descanso. Por lo que no es de extrañar que los alumnos del Tamagawa Academy estuvieran por demás exaltados.
Era sin lugar a dudas un viernes excepcional, con un clima excelente y la mayoría de los adolescentes conversaban sobre lo que harían saliendo de clases o durante el finde.
O bueno, casi todos.
En un salón desocupado, alejado del resto, dos jóvenes charlaban, pero sobre otras situaciones bastante alejadas del ocio y del entretenimiento.
- La pareja de equipo de Kagome es amiga de Taisho- se escuchó que dijo uno de los muchachos.
- ¿Estás seguro? - preguntó en voz apenas audible, pero con seriedad.
Su atractivo rostro se encontraba descompuesto debido al frunce de su ceño. Sus ojos azules, por lo general vivaces se encontraban sombríos.
- Yo mismo la escuché cuando les contó que estaba con Higurashi en el proyecto. Además, se fue con ellos.
Kouga cruzó sus brazos e inclinó su cabeza, cerró sus ojos y meditó lo que acababa de escuchar. Definitivamente los acontecimientos estaban tomando un rumbo que no le gustaban. Sobre todo, porque no los comprendía.
No quedaba de otra que continuar averiguando. No obstante, tenía que ser cuidadoso, no quería granjearse el rencor de Kagome de a gratis.
- Quiero que sigas reuniendo información y me mantengas al tanto de todo.
- ¿Sí sabes que esto ya te costará Matsuda? - el otro muchacho metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y le sonrió con malicia.
- Lo sé y no me interesa- respondió Kouga con decisión- el dinero es lo que menos me importa.
Su interlocutor soltó una carcajada.
- ¡Vaya que Higurashi te trae de un ala! — hizo un gesto de desdén - Es guapa, lo admito. Pero, hombre, hay más mujeres.
- Ella es la única que me interesa- repuso más para el mismo que para su compañero.
- Cómo quieras-el muchacho se encogió de hombros- te mantendré informado de lo que averigüe.
Kouga le dirigió una última mirada antes de abandonar aquella aula vacía. En cuanto abrió la puerta verificó que nadie lo viera, no podía permitir que alguien sospechara que había mandado a seguir a Kagome.
Camino por el pasillo con la cabeza agachada, intentando pasar desapercibido el mayor tiempo posible. Cuando se sintió seguro, volvió a su andar confiado, de vez en cuando saludaba con gestos de mano o alguna sonrisa a las personas con las que se encontraba.
Dentro de él, sabía que no estaba actuando correctamente, que incluso podría pasar por un obsesivo. Pero, realmente estaba enamorado de Higurashi y la sola idea de que fuera de alguien más le atrofiaba el sentido común.
Ahora, también reconocía que estaba actuando un tanto paranoico. Según su informante, Kagome no había tenido contacto con InuYasha desde aquel encuentro fugaz el día martes. Él había pasado el resto de la semana almorzando con ella; y admitía que jamás mencionó algo relacionado con Taisho. Sin embargo, no conseguía olvidar la intensidad de la mirada que la hermosa chica le dirigió a ese imbécil.
Eso era lo que más odiaba, a él jamás le había mirado así. Pese a que se encontraba a una distancia prudente pudo notar ese brillo que nace de la nada cuando alguien captura tu atención y te hipnotiza por un breve espacio de tiempo. Aunque también cabía la posibilidad de estar imaginando cosas que no son.
Nada de esto estaría pasando si Kagome no se estuviera haciendo la difícil. Desde cuando ya debió de haberle dado el sí. Todo el mundo decía que eran el uno para el otro, ¿si el mundo podía verlo, porque ella no? Él era buen mozo, atlético, de buena familia, excelente alumno... Sería capaz de darle el universo entero si ella se lo pedía, entonces ¿por qué siempre que hacía la pregunta encontraba una rotunda negativa?
Eri, la mejor amiga de su amada, le respondió un día aquella pregunta. Dijo que era porque a Kagome le gustaba jugar a hacerse la inalcanzable, pero que sí seguía insistiendo, terminaría por quebrar su vanidad. Sin embargo, ya llevaba un año cortejándola y ¡nada!
Se negaba aceptar que otro fuera el dueño del corazón de Kagome, además Eri (de nueva cuenta) le había dicho que era a él por quien la linda chica sentía algo especial, que la misma Higurashi se lo confesó en una pijamada. No podía dudar de las palabras de "la mejor amiga". Aunque tampoco podía negar que el último mes Kagome estaba cambiada, seguía igual de amable y generosa; no obstante, la notaba un tanto incomoda y algo alejada del grupo de amigos. Ya no salía con ellos al centro comercial al salir de clases, ni los fines de semana iba con ellos en bola al cine o al parque de diversiones, era como si buscará de alguna manera alejarse un poco, cada día, más de ellos.
- ¡Hi! - le saludo de repente una voz femenina demasiado conocida, lo que lo obligó a detenerse.
- Hola Eri- respondió por instinto.
- ¿Te sucede algo Kouga? — para la joven no pasó desapercibido el tono apagado de su voz.
- No, es solo que repaso unas fórmulas que debo aprender de matemáticas.
- ¡Oh! A mí también me cuesta un poco de trabajo esa materia- se acercó a él mientras enredaba su dedo índice en un mechón de su cabello- ¿qué te parece si estudiamos juntos en las tardes?
A Matsuda le sorprendió la repentina invitación, además parecía que la chica ¿le coqueteaba?
La joven al notar el desconcierto del muchacho, dejó aquel juego con su cabello y le sonrió mustia.
- Sería aquí en la biblioteca-encogió sus hombros- ¿qué cosas te estabas imaginando Kouga? — sus ojos castaños brillaron con malicia.
- Nada, nada- se apresuró a negar Kouga, sus mejillas se sonrojaron debido a la vergüenza de pensar que la amiga de Kagome tenía otras intenciones con él, se aclaró la garganta antes de continuar- Entonces, ¿Kagome vendrá también a estudiar con nosotros?
Eri disimulo su incomodidad cuando escuchó que Matsuda preguntó por su amiga con una amplia sonrisa.
- Gome no podrá estar con nosotros- respondió sin perder la acartonada sonrisa - Estará ocupada en el proyecto de la profesora Midoriko.
Kouga no pudo evitar la sorpresa ante aquella noticia, le parecía demasiado prematuro ya que el proyecto había sido asignado apenas ese miércoles. Sin embargo, su mente maquiavélica vio la oportunidad de obtener información extra si pasaba tiempo con Eri.
- Ah, ya veo- artículo como si no le diera importancia - Entonces... ¿Nos vemos hoy en la biblioteca?
— ¡Claro! — respondió la chica esta vez con genuina alegría- Te veo ahí a las tres.
Apenas si pudo concentrarse en las clases. Por un instante le pasó la loca idea de no asistir al colegio con la firme intención de prepararse física y mentalmente. Sin embargo, desecho esa opción rápidamente, ya que su padre e incluso Sesshumaru estarían atosigándolo con preguntas que él no deseaba responder. Así que, pese al insomnio que los nervios le provocaron la noche anterior, se levantó, baño y alistó para irse al instituto.
Toda la mañana el paso preso de la ansiedad y con un nudo permanente en el estómago. A duras penas desayuno, ya que la comida y el agua apenas si le pasaban.
Para su fortuna sus amigos se abstuvieron de hacer cualquier tipo de comentario incómodo o cargado de burla. Tanto Sango como Miroku sabían que el ánimo de InuYasha no estaba para bollos y para evitar que se echara para atrás, lo mejor era guardar silencio.
En cuanto la chicharra de salida sonó, salió como alma que lleva el diablo. Ni siquiera se tomó la molestia de despedirse de Miroku, tampoco es cómo que a su amigo le importase mucho, sabía que el día de hoy era importante.
De camino a su casa pasó al centro de la ciudad para comprar los materiales que Sango le había dicho que necesitaría para el proyecto. Esa sería su excusa para estar yendo a su casa cuando Kagome estuviera trabajando con ella.
Miró la hora en su smartphone, estaba con el tiempo justo como para pasar rápidamente a su casa a cambiarse de ropa y pasarse el desodorante encima.
Removió todo su guardarropa hasta dar con un par de vaqueros decentes (es decir no manchados ni rotos) y tuvo que conformarse con una playera de cuello redondo color rojo para completar el outfit, ya que era la única digna que encontró. Cepillo su sedosa cabellera oscura y se perfumo. Dio un último vistazo al espejo mientras lanzaba un suspiró cansado, ya que lo que se reflejaba no era propiamente lo que él deseaba ver. Así que haciendo de tripas corazón bajó las escaleras, tomó la bolsa con materiales y dirigió una mirada fugaz tanto a la sala y cocina de la casa para asegurarse que nadie estaba antes de emprender la graciosa huida.
- ¡Taidama! — exclamó Sango
- Okaerinasai- escucharon que una voz amable contestaba.
Al cabo de unos segundos delante de ellas apareció una mujer de edad avanzada que vestía holgadamente, para Kagome no pasó desapercibido el parche en uno de los ojos. Agachó la cabeza ruborizada ante su imprudencia.
- Buenas tardes señora - dijo inclinándose en una respetuosa reverencia- Gracias por recibirme en su casa, he traído esto- sus brazos extendieron un refractario de cristal.
La anciana Kaede recibió la vianda y sonrió.
- No te hubieras molestado – dijo- Adelante, pasa.
Kagome se descalzo un tanto cohibida por llegar a un lugar totalmente ajeno, se colocó las pantuflas que Sango le ofreció y caminó detrás de ella en todo momento.
- ¿Comerán ahora o más tarde? — preguntó la anciana mujer desde el umbral de lo que parecía ser la cocina.
- Al rato nana, iniciaremos con el trabajo primero- contestó Sango mientras que con una seña le indicaba a Kagome que dejará su mochila en uno de los sillones.
- Estaré en mi habitación entonces - le dirigió una mirada profunda a su nieta- Quiero que me avises cuando vayan a comer Sango, no quiero trucos ¿entendido?
— Sí nana- respondió con un dejó leve de fastidio.
Kagome que había observado toda la conversación desde el inicio, le pareció de lo más adorable que la abuelita de Bushida se preocupara así por ella. Reconocía que su abuelo tenía gestos similares por ellos, y que, al igual que su compañera los pasaban por alto. Así que ver esas atenciones desde afuera le hizo darse cuenta de lo poco considerada que era ella con su propio abuelo.
- Entonces... ¿Por dónde quieres empezar? - escuchó qué su compañera dijo de pronto.
- Pues te parece bien si comenzamos por la parte teórica.
- Sí, está perfecto... ¡Por Kami! — la jovencita se incorporó de un salto- ¿pero ¿dónde están mis modales? No te he ofrecido ni un vaso con agua.
- No... No te preocupes, estoy...
- ¡¿Cómo que no!? La caminata del colegio a la casa fue un tanto larga y hace calor- Bushida tembló ligeramente-Nana me matará si no soy buena anfitriona. Espérame aquí voy por una jarra de limonada y continuamos.
Ni tiempo le dio de responder a Kagome, para cuando la hermosa chica iba a pronunciar algo, Sango ya se encontraba en la cocina.
No era propio de ella, pero su naturaleza indagadora le dio el impulso para inspeccionar con la mirada la estancia en la que estaba.
Era un lugar amplio, con ventanales que dejaban entrar la luz a raudales, de paredes blancas que hacían un match perfecto con los sillones azul marino. En el centro una mesa baja de madera amplia y empotrada a la pared de enfrente la televisión, vio que debajo había un mueble largo con muchas fotografías. En las paredes se apreciaban colgadas varias condecoraciones y medallas militares enmarcadas. Recordó entonces que su abuelo le había comentado que por lo general las personas apellidadas Bushida eran de linaje militar.
Su curiosidad pudo más que su prudencia y en vista de que su compañera no regresaba, se incorporó para contemplar una por una las fotografías del mueble debajo del televisor. La mayoría eran familiares, donde todos sonreían y se mostraban felices, salvo una que mostraba a un hombre alto y fornido con uniforme militar; Kagome supuso que ese debía ser el padre de Sango. Siguió recorriendo las fotos, en algunas se encontraba su compañera de niña junto con un niño, que quizás fuera su hermano, ya que aparecía junto con ella, el padre y la abuelita. De pronto se topó con una imagen diferente al resto; en ella se podía ver a Bushida de más o menos su edad actual junto con dos muchachos, el primero tenía los ojos azules, cabello corto y oscuro con una pequeña coleta detrás y la sostenía con familiaridad por los hombros, a lado izquierdo y recargando su espalda en la joven estaba el otro chico con cara de pocos amigos, larga cabellera oscura y de unos ojos color dorado intenso. La mano de Kagome tembló mientras sostenía el portarretrato, ese chico de la fotografía era...
El timbre de la puerta sonó y ella se apresuró a dejar la foto en su lugar y a sentarse donde Sango la había dejado. Espero por unos segundos a que su compañera apareciera para ir a abrir la puerta, pero no sucedió, en su lugar el timbre volvió a sonar, esta vez insistentemente.
- Higurashi podrías ayudarme a abrir la puerta por favor - escuchó que su compañera le decía - Aproveche para preparar unos snacks y tengo las manos hechas un lío- la vio asomarse con las manos llenas de algo que parecía ser queso derretido.
La muchacha titubeó un poco, no le parecía correcto ser ella quien abriera la puerta, sería más prudente decirle a la anciana, pero no sabía dónde encontrarla. Dudo unos instantes más, sin embargo, el timbre sonaba más y más fuerte. Así que con todo el aplomo que tenía se fue directo a abrir la puerta.
- ¡Vaya! Pensé que no abrirías nunca, tonta- escuchó que el visitante decía.
La voz cargada de molestia le sonó familiar...
Entreabrió más la puerta y frente a ella se encontró con el dueño de los hermosos ojos cual rayos de sol que la habían tenido cautivada desde el martes y que aparecía en la fotografía junto con Bushida.
InuYasha quedo paralizado de pies a cabeza por completo. En parte horrorizado por la brusquedad de sus palabras anteriores y porque definitivamente no esperaba ver tan sublime aparición así tan de repente.
¡Y es que Kagome no podía verse más hermosa! Los cabellos le caían en cascada sobre los hombros, los labios ligeramente entreabiertos, las mejillas sonrojadas y sus ojos castaños que brillaban a causa del desconcierto.
Ella, no estaba mucho mejor. Sentía su garganta reseca incapaz de emitir sonido alguno y aunque pudiera, estaba consciente de que no sabría que decirle. Algo en su interior le decía que ya había visto a ese chico desde mucho antes del martes, pero no recordaba dónde ni cuándo. Sin proponérselo su mirada comenzó un escaneo rápido del hombre que estaba frente de ella y sus pómulos se tiñeron suavemente de rojo cuando cayó en cuenta de que viéndolo así de cerca era un joven atractivo de facciones fuertes, alto y bien constituido.
Estuvieron así un largo rato, mirándose fijamente, el uno a la otra, incapaces de moverse o emitir sonido alguno. Fue Sango quien al no escuchar algún saludo o la puerta cerrarse quien los sacó de tal apuro.
- ¿InuYasha? — miró a su amigo y después a la otra muchacha - ¿Qué hacen los dos ahí parados?
- Lo siento, yo... - reaccionó Kagome, pero fue incapaz de hilar un argumento convincente.
- ¡Keh! —soltó InuYasha sin amabilidad en cuanto la vio, se sentía increíblemente enojado de que le hubiera roto el encanto contemplativo en el que estaban - yo solo vine a dejarte las porquerías que me pediste- y dejó caer la bolsa de las compras contra el piso.
Esa acción tuvo la virtud de desencantar a Kagome, ¿qué se creía ese tipo? No iba a venir hacerle una grosería a su compañera, por lo menos en su presencia no se lo iba a permitir.
- ¡Oye! — exclamó mientras su ceño se fruncía y colocaba ambas manos sobre su cintura-Esas no son formas de entregar un pedido, ¡discúlpate con Bushida!
Tanto Sango como InuYasha abrieron los ojos enormemente por la sorpresa de ver al dulce encanto transformarse en pantera.
- Higurashi, no es necesario- dijo tímidamente Sango.
- ¡Claro que lo es! — gimió indignada - Este tipo viene, toca a tu puerta, me llama tonta sin conocerme y te avienta las cosas, ¿pues quien le da el derecho de tratarnos así?
- ¡Un momento! — exclamó Taisho- En ningún momento te llame tonta.
- ¡Claro que sí! - argumento la linda chica- Cuando abrí la puerta dijiste con tu voz de macho-imitó una voz grave— "vaya, hasta que abres, tonta".
Sango estaba al borde de un colapso, ¡ese InuYasha! ¡¿Qué tenía en la cabeza?! ¡¿Acaso popo?!
— ¡No te lo decía a ti! — gritó - Pensé que era esta - señaló a Bushida- la que abría la puerta, si a alguien le dije tonta es a Sango.
Kagome se llevó sus manos al pecho y sus ojos brillaron con furia.
- ¡Peor aún! ¡Cómo te atreves a decirle esta y tonta a una chica! ¡Y encima le avientas las cosas! — Kagome estaba fuera de sí, como era posible que en pleno siglo XXI existieran retrógrados como ese y que aparte Sango lo permitiera- ¡No te irás de aquí hasta que te disculpes con Bushida!
- ¡Keh! —gruñó - ¡Estás loca mujer!
- ¡Ahora me dices loca! ¡Discúlpate!
- ¡No!
—¡Discúlpate!
—¡Ya te dije que no!
Sango veía aquel intercambio de estira y afloja como si se tratase de un partido de ping pong, definitivamente no había sido el inicio ideal que se había forjado en su imaginación, no quedaba más que detenerlos y tratar de salvar la situación lo más que se pudiera.
- ¡Se quieren callar los dos! - vocifero lo más fuerte que pudo justo en el momento en que InuYasha se negaba por enésima vez al pedido de disculpas de Kagome.
En cuanto el silencio se hizo presente, la chica continuó hablando.
- Porque no nos calmamos todos, dejamos de hacer desfiguros aquí afuera, entramos a la casa y aclaramos este mal entendido - Sango hablaba con paciencia disfrazada, esto no pasó desapercibido por los otros dos así que obedecieron.
Primero entró Kagome, seguida por Sango y por último InuYasha que tuvo que recoger la bolsa de materiales del suelo después del pellizco en el brazo que le dio su amiga por lo bajo.
En cuanto estuvieron los tres sentados en la sala, la situación no mejoró mucho. Se sentía una tensión tan grande que podía cortarse con un cuchillo.
—Verás Higurashi - inicio Sango- No espero que comprendas del todo está poco inusual interacción que tenemos InuYasha y yo- elevó su dedo índice para acallar a la joven que amenazaba con volver a sublevarse- Como sabrás yo no tengo amigas y así siempre ha sido desde mi niñez- suspiró - pero Kami me bendijo con dos grandes amigos, que son como dos hermanos para mí, el primero es Miroku, a quien algún día tal vez conozcas y el segundo - miró a InuYasha con complicidad - Es este remedo de bestia peluda que tienes sentado frente a ti.
Tanto Taisho como Bushida comenzaron a reír. Kagome primero se sorprendió para después avergonzarse, ¡Pero, qué tonta había sido! Ellos se llevaban del modo brusco en el que se tratan y hablan los hombres. ¡Qué horror! Definitivamente si debió parecer una loca.
- Te pido una disculpa, yo no sabía-dijo con seriedad Higurashi mientras se incorporaba de su asiento-lamento haber provocado tal escándalo Bushida, lo mejor será que me retire- su rostro se encontraba totalmente encendido después de descubrir que había hecho todo un papelón.
- No, no, espera - la voz de InuYasha la detuvo- Acepto que no me comporte de la mejor manera - él también se levantó del sofá - ustedes deben trabajar en su proyecto, el que debe irse soy yo.
¡No bueno! Pensó Sango, ahora vendrá la hora de las eternas disculpas.
- Yo creo que nadie debe irse- concilio Bushida- Si ya se disculparon ambos porque no mejor los presentó como dios manda y todos tan amigos como siempre.
- Por mi está bien- pronunció en medio de una exhalación Kagome.
- Lo mismo – respondió escuetamente InuYasha ante la petición, aunque internamente estaba que se moría de los nervios.
¡Por Kami! Debió decidirse por alguna presentación por más burda que fuera, ¿ahora que iba a decirle? Sintió como súbitamente las palmas de sus manos se llenaron de pequeñas gotas de sudor. ¡Mierda!
- Bien, entonces... - Sango se colocó en medio de Higurashi y su amigo, quienes se colocaron de frente para hacer las presentaciones- adelante.
- Soy Higurashi Kagome y es un placer conocerte – inclinó levemente su cabeza, tras sentirse menos tensa pudo regalarle una de esas sublimes sonrisas por las que medio instituto moría por tener.
InuYasha en automático cayó de nueva cuenta ante el embrujo de los encantos de la chica. Sintió que la voz no le salía y carraspeo un par de veces, antes de atreverse a presentarse.
- Yo soy Taisho InuYasha...
No pudo continuar con la presentación porque el sonido seco de cosas cayéndose lo interrumpió. Tanto él como Sango volvieron el rostro para encontrarse con una Kirara que se paseaba entre las fotografías tirándolas en el proceso.
- Taisho- balbuceo casi inaudible Kagome ajena a los destrozos de la gatita y con la mirada fija en InuYasha.
N/A: ¡Mil, mil disculpas! Lamentó tanto el retraso, pero ahora sí la vida adulta me la puso complicada. No recuerdo sí se los comenté, pero estoy estudiando una maestría y este cuatrimestre tengo una profesora que es muy estricta y me ha pedido trabajos prácticamente semanales. Pero ya estoy aquí, nuestros protagonistas ya se vieron y aunque no fue el mejor inicio, nos dejan muchas cosas interesantes en que pensar.
Estoy eternamente agradecida con quienes se sumaron a seguir la historia y a quienes me regalan un review, por lo que paso a contestarlos.
Annie Perez: Ya se vieron, aunque InuYasha es un poco despistado en eso de conquistar, esperemos que con los buenos consejos de Sango y Miroku logre su objetivo jejeje 😉. ¡Mil gracias por leer!
Xio046: ¡Mil disculpas por la demora! Pero, llego el ansiado encuentro y creo que si sucedieron cosas bastante interesantes por aquí 😉. ¡Mil gracias por leer!
Guesst: Sango es un encanto y pues sí se aprovechó un poco de la desesperación de InuYasha jajaja, pero pues ya que lo va a tener metido en su casa, era justo que la ayude 😁. ¡Mil gracias por leer!
Sarai: ¡Muchas gracias por tus palabras y mil más por esperar esta actualización! Espero hayas disfrutado del capítulo y pues InuYasha le pone empeño, pero como que luego le da miedito y se nos quiere echar para atrás jeje. ¡Mil gracias por leer! 😊.
Elaine: ¡Muchas gracias por tu review! Saber que me leen en otros idiomas me da muchos ánimos para continuar escribiendo. Espero hayas disfrutado el capítulo de hoy. ¡Mil gracias por leer! 😊.
Manu: ¡Mi querido amigo! Agradezco tu preocupación, pero ahora sí ni leer fics, ni ver Ranma ni Fairy Tail. Esto de la maestría me tiene a full, mis vacaciones ni parecen vacaciones 😞, ando como loca leyendo los libros que me dejan y redactando trabajos, por eso ni editar había podido este capítulo. En cuanto esté más desahogada prometo leer y comentar cada capítulo de tu fic de Fairy Tail.
En cuanto a la entrevista a Rumiko, supongo que si sería raro que si Kikyo reviviera se hiciera amiga de Kagome, al final uno no se vuelve amigo de su ex y su actual pareja (a menos que tengan hijos en común, pero pues no es el caso).
Sobre mi fic del trío, cuando te escribí que se me ocurrían cosas perversas no me refería a que Kikyo o Kagome fueran villanas, más bien a cosas de perversiones sexuales jajajaja. Me imagino ese fic muy erótico, pero como te dije debe estar excelentemente argumentado y por el momento no tengo mucho tiempo como para estructurarlo como se merece, pero algún día saldrá la luz y serás el primero en saberlo.
Me alegra mucho que estés volviendo a escribir y sigas haciendo ships poco convencionales, de eso se trata la creatividad, es bueno muchas veces expandir los horizontes, además que ese es tu estilo, te gusta ver al mundo arder jajajaja. ¡Cuidate mucho Manu! Te mando un fuerte abrazo y nos seguimos leyendo 😊.
Ahora sí me despido, muchas gracias por el apoyo a la historia, por sus comentarios y por sus me encanta ❤️. De verdad, mil gracias. Aviso que es muy probable que no este actualizando con regularidad y el día establecido, pero trataré de hacerlo conforme vaya teniendo huequitos de tiempo libre. ¡Cuídense mucho! Les mando muchos abrazos y buenas vibras. 😊❤️
