Capítulo XXXVI

¿Vamos a tener sexo? - preguntó ella tomándole la mano para sobarle las magulladuras de haberla jalado de la muñeca.

No, no tendremos sexo, te haré el amor, pero... no ahorita - susurré y le di un beso.

¡Qué fortuna! ¡Hace tanto tiempo...! - respondió ella, sacando una sonrisa.

Ni tanto, con Anthony hace dos meses - tuve a mal comentar.

Tres, pero me refería así, con éste sentimiento - reconvino ella.

A mí me encantaría hacerte el amor, pero no ocurrirá, recuerdas que nos estamos ¿conociendo...? - murmuré haciendo que ella se riera entre dientes.

¡Qué alivio, me preocupaba! - exclamó ella sacándome una contestación que salió súbitamente.

¡Vaya! Para ser una señora, ¿te preocupaba intimar conmigo? - solté.

Creía que era yo quién me preocupaba por la edad - comentó volteando el rostro.

Lo siento, no debí decirlo...así, lo siento, Candy, no pensé lo que decía - le dije, disculpándome y era en serio, no lo había pensado.

¡Eres un asno, Grandchester! - susurra Anthony.

Lo siento Eleonor, mi hijo no pensaba en lo que decía... - William quiso justificar su gran bocota cuando Eleonor se hizo para atrás en el pasillo y pensando que se sentía ofendida.

No te preocupes, también estoy de acuerdo, ¡eres un asno Terry! - respondió Eleonor observando que su hijo no tomaba ciertas precauciones.

¡Quizás deberíamos reconsiderarlo! - Candy se levantó y al hacerlo cayó sobre el sillón al sentirse mareada.

¡Fue algo que no pensé...! ¡Quédate quieta...! - le ordené al verla que se tambaleaba interrumpiendo mi monólogo de disculpas.

¡Tú no te metas! - contestó Candy sintiendo que no era ella.

¿Qué cosa? - le pregunté enojándome.

Nada, creo que es hora de que me vaya a comer... - dijo Candy, sosteniéndose sobre el sillón haciendo los brazos hacia atrás.

¿Por qué? - le pregunté cuando de pronto se puso lívida.

Estoy viendo doble... - aseguró ella abriendo y cerrando los ojos rápidamente.

¡Fredich...! - tuve que llamarlo.

¡Aléjense todos de aquí! ¡Ya voy! - avisó el psiquiatra puesto que los demás no debían estar allí ¿Qué pasa? - preguntó cuando entró a la biblioteca.

Ve doble... - respondí como no quedándonos de otra.

Necesita azúcar, no ha comido en dos días ¡qué esperabas! Eleonor, puede traer un refresco, algo de fruta, es por eso que ella come fruta con granola y miel, necesita el azúcar... - Fredich indignado dio órdenes mientras me regañaba.

¡Ah esa era la razón! ¡Lo siento! - me disculpé por asno.

Cierra los ojos, pequeña... - pidió Fredich.

Me sentiré bien cuando coma, necesito azúcar... - resolvió Candy, cuando comenzó a ponerse somnolienta.

¡Aquí está el jugo! - Eleonor se lo dio a Fredich haciendo que ella lo tomara por sorbos.

¡Tómalo querida, despacio...! - Fredich se lo dio, posicionándolo en los labios y ayudándola con la cabeza.

De pronto sentí cómo era jalado por el brazo por mi madre y sacado de la biblioteca por una furiosa Eleonor.

¡Sí sigues siendo inoportuno, seguiremos aquí y no nos iremos nunca! - mi madre me reprendió aventándome.

Lo siento madre, se me fue el tiempo - me disculpé admitiendo que no me acordaba que ella no había ingerido alimentos en dos días.

Pues procura que coma cuando lo necesite, que duerma cuando lo necesite y luego le quitas el tiempo en... ¡quién sabe qué! - mi madre en realidad estaba enojada, me alzaba la voz con ¿indignación?

¡Se me olvido que no comió! ¡No es para tanto! - quise disfrazarlo.

¡No sé si lo entiendas! Tiene unos días que despertó del coma y después casi se muere, ¿qué pretendes? ¡Tenerla en constante estrés! ¡Tenerla medicada todo el tiempo! ¡Tenerla muriéndose! Pues si tú puedes con ese cargo de conciencia, será mejor que te quemes el corazón, Terrence - me dijo haciéndome sentir el más perfecto imbécil.

¡Mamá...! - quise protestar.

¡Nada de mamá! ¡Sé responsable de ella! Si no, mejor déjala libre o ¡qué mejor, déjala con Anthony! Te aseguro que a él no se le olvidarán esas cositas que al parecer a ti no te importan - mi madre sabía dónde debía darme para hacerme daño.

¡Jamás! - contesté de repente.

¡Pues responsabilízate por alguien más que por ti mismo! - mi madre, mi madre me dejó hablando sólo cuando con mirada angelical entró a la biblioteca mientras ella estaba que hervía por dentro.

¡Cielo santo! - solté porque hacía mucho que mi madre no me reñía, cuando abrí los ojos vi que la puerta se abría para dejar entrar a William.

¡Deje de reñirlo! - William le susurró a mi madre, sacándola de control.

¿Puedes llevarla a su cama? - de pronto, Fredich salió y me pidió un favor.

Sí, claro - respondí de inmediato.

¡Haz lo que te ordenan, para variar! - me soltó mi madre, vaya no sabía qué contestar.

¡Ya voy para allá! - rezongué como si le hiciera entender que no era un niño para que me sermoneara.

¡De lujo, Eleonor! - William la felicitó.

Se lo merece, a veces se comporta como un niño - atinó mi madre a decir, éste enojo me costaría muy caro.

Todos los hombres enamorados y controladores lo somos... un poco - William quiso aligerar el momento embromándola.

¿Estará bien? - Eleonor quiso saber, así que le preguntó a Fredich.

Después de alimentarla y descansar por lo que resta del día lo estará, no se preocupe - Fredich se encontró con Benedetti y después les contestó a más de uno.

Candy comió mucho y cuando casi terminó con esa gran cantidad de comida, se quedó dormida, así que descansó toda la tarde y la noche y la mañana hasta la tarde del día siguiente que abrió los ojos, se iba a voltear cuando me vio ahí observándola.

¿Desde cuándo estás aquí? - cuestionó bostezando.

Desde ayer en la tarde, sólo he comido un poco y dormido mucho, contigo... aquí - respondí sonriente.

Gracias por cuidarme - eso era lo que yo quería disfrutar, de ella sin armadura.

Siempre lo haré y más cuando me porto mal contigo... - acepté que así era.

Tu madre debe haberte reñido mucho - aseguró.

Algo, sí. Me hizo pensar en cosas como control y protección - se escuchaba tan extraño de mí.

Tus temas favoritos - susurró Candy.

Sí con otro ángulo, uno más conveniente - respondí acercándome a ella.

¿De verdad? ¿Qué haces? - me preguntó incómoda.

Voy a besarte... - respondo sonriendo.

Estás demente, no te lo permito - me respondió y detuvo al mismo tiempo.

Yo me lavé los dientes... - mentí un poco.

Pero yo no, después de día y medio, eso no es limpio - ella comenzó a ponerme trabas, era tonto que me dijera eso.

¡No me das asco! - rebatí.

Pero no me gusta, así que mejor será que me vaya a lavar los dientes - me dijo, comenzándose a levantar.

Claro que no, ven - le cambié el lugar. Vamos a comer, mi madre te preparó un caldo y estuvo conservándolo caliente, ¡aquí está! - le acerqué un plato de comida sobre una mesita de servicio.

¡Mmmm qué rico, amo a tu madre! - respondió cuando probó el primer bocado.

¡Lo sabe, créeme! - respondí dándole un beso con la mirada.

Así pasaron las semanas, Candy se estaba recuperando tan rápido que sentía que mis días con ella variaban demasiado entre nuestros caracteres, una pequeña diferencia era una gran revolución de dimes y diretes, pero de que la conocí, la conocí un poco más cada día hasta que mis obligaciones y mi querida familia me obligó a regresar a Roma, la empresa no podía esperar mi indefinido regreso por lo que tuve que obligarme a devolverme después de casi dos años y medio de ausencia. Roma me recibió con la instalación médica de Candice a la mansión, donde la recluí de nueva cuenta ahí donde todo comenzó para nosotros o al menos la parte más importante. Al menos hasta que Benedetti le diera de alta.

Después de los dos años que estuvo en coma, el tiempo fue en realidad muy largo en relación a lo que la tuve en casa, conmigo y muy segura. Su recuperación fue tan rápida, tanto que en menos de dos meses ya nos estábamos despidiendo de Mane y de mi casa en Roma un mes después, ella decidió moverse a Lacio donde su trabajo volvería a ocuparle la mayoría del tiempo y nosotros continuábamos viendo cuando ella podía. En esos tres meses hubo más peleas que reconciliaciones, su silencio, vaya, ese como me mataba como bien lo había dicho Anthony, era lo que más me descontrolaba. Y no sólo sufría yo como había pensado, ella también lo hacía, en silencio, pero no se dejaba doblegar y eso era demasiado en ocasiones para mí, ella lo resolvía de otra forma, durmiendo me limitaba a besarla en la frente y observaba cómo las lágrimas de entre sus sueños salían sin césar y eso hacía que a mí me doliera mucho más. Sabía de alguna forma que ella estaba triste y deprimida, pero no pedía ayuda, me contentaba con leer su reporte y no encontraba nada, ninguna pista por saber que era lo que le sucedía.

Candy se fue de la mansión al cumplir los tres meses, bien cuidada y alimentada y mejor de salud, que pareciera que su operación de cerebro no había sucedido. Al incorporarme al trabajo, su alejamiento se hizo más notorio, nos limitábamos a las conversaciones por las noches y de vez en cuando durante el día.

Durante unos días no supe de ella más que tenía ir con Marcello Rocco padre a un trabajo cerca de Lacio y nada más. Esa misma mañana en la cual me dijo que iba a faltar, uno de los guardaespaldas, subordinado del señor Cosomo, le avisó a Fred que ella se estaba alistando con otra persona a salir un día antes de lo acordado.

Señor debo comunicarle que un auto deportivo se acaba de estacionar frente al departamento de la señora Candice - contó Fred al ser avisado.

¿Un auto deportivo? ¿De verdad? ¿Es hombre el que está saliendo? - cuestioné, mujer lo dudaba que fuera ya que mi novia era un poco extraña para las amistades femeninas.

Sí, hombre joven, rubio y muy atlético - respondió Fred describiéndomelo y no se me hacía para nada conocido.

¿Qué tan atlético? - cuestioné dudoso.

Físicoculturista, Terry - informó Fred.

Bien iré para allá en el único auto que tengo... - resolví de pronto, no quedándome de otra.

Terry... le recuerdo que no le gusta la velocidad - aseguró Fred.

Tendré que tolerarlo, ¿me llamarás si salen antes de que llegue? - le pregunté a Fred.

Sí, Terry - Fred lo aceptó.

Bien - respondí ante su medio renuencia y colgué el teléfono.

Al colgar, medito un poco, no debo ir, debo confiar, me recuesto y me dispongo a dormir. ¿Por qué le hago caso a mi cerebro? Sin duda me levanto de la cama como un resorte, me visto, tomo algo ligero de la cocina y voy por las llaves del Camaro, lo sacó y mi penoso 60 km/h les da risa a todos, pero en la ciudad no debo de usar altas velocidades... hay que ser responsables. Tiempo después comienzo a preocuparme, Fred no ha llamado y cuando llego, me estaciono en la esquina de su departamento sin verlo, a los pocos minutos Fred me toca la ventana, asustándome de muerte.

Terry - me llamó Fred de pronto.

¿Qué ha sucedido Fred? - quise saber, no veía nada y a nadie en la acera, sólo un auto.

La señora sacó algunos arreglos y unos porta trajes - respondió mi chofer muy atento al departamento de Candy.

¿Se va de viaje? - cuestioné inquieto.

No lo sé señor...pero la vi distinta con un chongo y grandes aretes - me respondió extrañado.

Bien, gracias Fred - le agradecí sin entender nada, debía haberme quedado en mi casa, que hago aquí.

De nada, me voy a casa - respondió con la mirada en el departamento.

Sí, adelante. Mi amor, ¿qué haces? - pregunté emocionado cuando alzó el teléfono de casa.

¡Hola...Terry! Aquí apilando unas cosas que me llegaron, pero ya no tengo espacio, creo que tendré que ir a Lacio a dejarlas - respondió más para ella que para mí oyéndose un ruido como de tacones de zapatillas.

¿Cuándo te vas? - pregunté curioso como extrañándola.

Mañana, hoy tengo un trabajo de campo con el abuelo Rocco y ya mañana dejaré esto allá - respondió sin ocultar nada.

¿Estarás ocupada? - pregunté a ver qué me decía.

Sí y ¿tú? - cuestionó escuchando otra conversación en el fondo.

Pues yo estoy tirado en un camastro de la alberca - respondí con una gran mentira.

¡Quien como tú, debo de trabajar! - se quejó amargamente.

Entonces ¿cuándo te veré? - quise preguntar.

Mmmmm te llamo cuando regrese ¿de acuerdo? - me preguntó sencillamente.

Sí, te amo - acepté porque no me quedaba de otra.

Yo igual - respondió y colgó.

Me colgó, ¿qué planeará? Minutos después sale con una mini diminuta y zapatos muy altos, bien, estoy celoso, el atlético se me hace conocido, bien, ambos comienzan a discutir sobre quién maneja y resuelven que sea él, da la vuelta para abrir la puerta del copiloto y ella entra haciendo que esa falda suba más de lo ya corta que es, vuelve a dar la vuelta y se sube, la velocidad es buena y cuando se dirigen a una gasolinera pegada a la carretera que va a Lacio, se orillan, ella sale de forma poco convencional del auto y se da la vuelta; él desciende del vehículo, corre por una moto y la alcanza, se despiden con un abrazo mientras unos hombres la insultan o piropean, ella parece no oírlos, con una mano en el aire les enseña el dedo medio y el atlético se queda para hacer frente a los problemas. Pero ella comienza a acelerar dirigiéndose hacia los hombres, parece que les va a chocar y para mi sorpresa hace una maniobra que los esquiva haciendo que se asusten por el encontronazo que nunca llegó y por la maniobra que no se esperaban. ¡Diablos eso no se lo conocía! Volviendo a mis recuerdos de cuando estábamos en Mane, ..."en esa época era temeraria y me gustaba la aventura..."

Después de eso, las llantas de su coche chirrían sobre el pavimento de la carretera rumbo a Lacio, esperando que fuera por demás a 150, me doy cuenta de que su auto no es automático sino estándar y que no va a esa velocidad sino pasado de los 200 km/h, cielos, eso es algo que no me espantaba, ¡tenía terror! Me tocó seguirla, un buen tramo de la carretera a esa velocidad hasta que encontramos tráfico, esperaba sinceramente que disminuyera la velocidad, pero no, sólo surcaba los autos, así que me dispuse a llamar a Fred, tenía que alcanzarla de algún modo.

Fred - alcé el volumen del teléfono que se integró al auto.

Sí, Terry - contestó rápidamente.

Sabes en ¿dónde estoy? - le pregunté a él.

Sí, el gps indica que va a Lacio a 220 km/h, ¿sabe lo que está haciendo? - me cuestionó, sabía que aborrecía la alta velocidad.

Sí, pero delante de mí a 300 m va Candice - reclamé por mi incapacidad por alcanzarla.

¿Quiere que la siga? ¿En helicóptero? - me cuestionó insistente.

Eso mismo te iba a decir, ¿me mantienes informado? - le pedí a él.

Voy a despegar rápido, Terry - me avisó.

Bien, gracias Fred - con eso me despedí colgando el teléfono con un pulso.

Sigo a Candy, que apenas y la distingo, de aquí para adelante es una carretera recta, de un sólo carril en cada dirección, saliendo del tráfico, me apresuro, mi límite son los 240 km/h y de hecho tendré que avanzar a más velocidad, de acuerdo, tendré que hablarlo con ella, con esto como con todo lo demás puede matarse. Le sigo como por 100 metros, muy lejos, cuando de pronto Fred me llama al teléfono del auto.

Sí Fred, estás en el manos libres - le aviso.

Terry, la señora va a 270 km/h. ¡Terry, Terry! - me llamó después de informarme.

¡Aquí estoy y de no muy buen humor! ¿Ya llegó a Lacio? - le pregunté conteniendo mi enojo.

Ya lo pasó de hecho, parece que va a Sezze, pero aún no estoy muy seguro, espere se detuvo en la salida de Lacio, por donde está su departamento, déjeme ver a donde se dirige - pasaron algunos minutos. La señora va a su departamento en Lacio - me informa.

Bien, ¿qué está haciendo? - le pregunté minutos después.

Le indica al portero que hay cosas en su auto y se mete al garaje del edificio. Espere, ¿es en serio? Creo que será mejor que lo llame después cuando haya llegado a donde quiera que vaya - me informa como si no se lo creyera y escondiese algo.

¿Qué pasa Fred? - quiero saberlo, ahora.

Disminuya la velocidad señor... - me pide Fred.

Fred, ¡dime de una maldita vez qué pasa! - exploto, nunca le he gritado a Fred, en mi vida, así que después de este exabrupto me calmé.

La señora está manejando a unas peligrosa velocidad de 240 km/h... - comenzó a decirme.

¡A eso voy Fred, creo que exageras! - respondí en son de burla.

¿En moto...? - cuestionó Fred.

¿Qué cosa? ¿Está demente? ¡Puede matarse...! - exclamé. No podía creerlo, esto era completamente absurdo.

A la Señora Candice no le preocupa señor, espere, está viendo mucho la pantalla, creo que debe parar, si se apresura podrá encontrarla en la fuente de sodas de la carretera saliendo de Lacio, señor... Terry - me informó Fred y de pronto, se detuvo.

Gracias Fred... tristemente tuve que dejarlo ya que Candice estaba acelerando más.

De nada Terry, lo mantendré informado - me aseguró Fred antes de colgarme el teléfono.

¿En que estará pensando? ¡Esta vez si me va a escuchar! - sí claro Terry, ¿a quién engañas? Desde que volvimos de Lacio, sólo se ha dedicado a trabajar y mucho. Apresuro mis 240 km/h y llego a la fuente de sodas, salgo e identifico la única moto estacionada frente a la máquina expendedora de gasolina, veo que es de tanque doble y llenos ambos. Es una moto poco convencional, pero ¿moto? Ella se encuentra tomando lo que parece ser una malteada y al pagar, sale observando lo que le cobraron y de paso le avientan piropos hasta que levanto la vista recargándome en la moto.

¡Cielos, con razón haces esos osos! ¡Casi no tenías gasolina! - le hablaba a la moto.

Buenas tardes, señora Andley - la saludé notando como era sorprendida.

Terry, ¿qué haces aquí? - me preguntó nerviosamente y eso era extraño.

Vine a ver... ¿por qué mentiste? Dijiste que ibas a ver a los Rocco y no a venir a Lacio - le reclamé.

Ya veo, el señor controlador está de visita, pues a eso voy, sólo que no me preguntaste si en la ciudad o en dónde, su finca queda a 15 para allá y 22 para allá - me señaló con una sonrisa burlona, no era controlador, era más bien, cuidadoso por ella. Teníamos meses de no saber en dónde se encontraba Niel.

¿A 240 km/h? - la increpé.

Normal - soltó como si le estuviese hablando de otras cosas menos importantes.

¿En moto? - volví a hacerlo.

Y en auto, es normal para corredores - me informa, colocando la malteada en un bote de basura.

¡Te podrías haber matado! - exclamé con demasiado volumen.

¡Exageras! - me dio un golpecito en el brazo.

¡Voy contigo! - me ofrecí, iba a desaparecer una semana en quién sabe dónde.

¡Estás demente! ¡A poco voy a tu empresa a seguirte! - respondió con elocuencia.

Solo te voy a dejar y te esperaré afuera - aseguré.

¡Eres ridículo y lo sabes! - se preparó a montarse en la moto, enojada. Debí pensarlo.

¿No te vas a ir en moto? - cuestioné alarmada.

Sí, lo haré, si quieres y puedes seguirme... adelante, espero que te diviertas! - ella fue la que me devolvió los golpecitos a mi ser controlador.

Acepto y no es que me moleste, pero ese modelito no te parece que está... ¿corto? - ahí voy, yo y mi bocota.

No y ¿a ti? - respondió subiéndose provocativamente en la moto.

A mí me encanta, pero para que andes en casa, no afuera - admití, no, celos no, ahorita no.

¿Qué pena? Voy a una fiesta, no a misa... ¡me voy! - responde y se arranca.

Te sigo - le grito.

¡Suerte! - me desea.

Y eso fue todo, al subirse me doy cuenta que la falda no lo es sino que es un short, haciéndome reír y al emparejarme.

¡Te ves muy bien así! - le digo cuando me le emparejo.

Así ¿cómo? - me pregunta ella disminuyendo la velocidad.

Así, montada en moto - diciéndole le sonrío.

Gracias - me agradeció sonrojándose y enviándome un beso. Te amo Terry... - me dice antes de acelerar.

Eso me saca de mi juego y me mete al de ella, si quiere distraerme lo ha conseguido, va adelante de mí por unos doce kilómetros, espero que Fred la siga, él intercepta mi auto y me pasa la señal de gps donde da vuelta y así la sigo, aminora la velocidad lo que me da por alcanzarla hasta que se detiene en medio de la carretera.

¿Sucede algo? - pregunté cuando llegué hasta donde se encontraba.

No por supuesto, te esperaba - resolvió decirme haciéndose hacia adelante en el asiento de la moto.

¿Para qué? - quise saber.

Recuerdas que te dije que ¡si me alcanzabas tendrías mucha suerte! - me sonrió ella señalándome mi nuevo lugar, detrás de ella en la moto.

Sí - emocionado casi salí del Camaro para colocarme donde ella me había indicado.

¡Pues espero que no te dé un sincope! - refirió sin entenderla del todo.

¿Por qué lo dices? - le pregunté.

No te espantes, aquellos hombres que ves ahí son los de seguridad, sal del auto, alguien más lo llevará por ti y sube conmigo - me invitó a subirme detrás de ella.

Bien - acepté saliendo del Camaro y comencé a salir montarme en la parte trasera de la moto, soltando un suspiro, yo era el que debería estar adelante.

Buenas tardes, mi nombre es Candice Andley y él es mi novio, Terrence Grandchester - Candy hizo las presentaciones ante los guardias.

Señorita, ¿puede quitarse las gafas? - sin saludarla, uno de los guardias le pidió quitarse las gafas y ella accedió.

Sí claro - Candy aceptó y rápidamente colocó el rostro.

Bien, le escanearemos la vista, no le dolerá ni le lastimará - asegura el guardia leyéndole las corneas para identificarla.

Gracias - cuando terminó y salió su nombre en el identificador, lo retiró. Candice agradeció por ello y se colocó un casco, pero cuando iba a amarrar la cinta, se acordó que no traía casco y me lo pasó.

Estoy en desacuerdo - protesté, pero poco le importó.

Póngaselo señor, usted no sabe a lo que se enfrenta, podría romperse el cuello. Adelante, déjelos pasar, señora conoce el reglamento ¿verdad? - le pregunta otro guardia cuando nos pone un chip en el brazo, que poco a poco dejamos de sentir el dolor de esa zona.

Sí, gracias - ella aceptó levantando los pies y descansándolos en los pedales.

Su auto será llevado por nuestro personal al estacionamiento privado - le informaron.

Gracias, listo - agradeció y me preguntó.

¿Me va a doler? - tragando en seco, traté de pasarlo despreocupado.

No creo, pero tampoco exageres, no es necesario que beses el piso, ¿de acuerdo? - me suelta mofándose.

No se preocupe señor, ella es la mejor conductora que han visto mis ojos, ¡bienvenida! - la saludaron y eso me hizo sentir más pánico.

Gracias, perdonen ¿ya saben que viene él? - cuestionó encendiendo la moto.

Sí, las cámaras de video lo han visto desde Lacio... - aseguró el guardia.

Bien, gracias. ¡Agárrate de donde puedas, menos de la parte de atrás de la moto! - advirtió.

Bien, estoy más que gustosamente agarrado - le informé cuando la tenía abrazada fuertemente, sintiéndola toda sin estar a la defensiva y oliendo el aroma de su cabello.

Cuando te diga, vas a poner tus manos sobre mis muslos y así los vas a dejar, ¿de acuerdo? - me dio instrucciones.

¿Para qué? - quise saber.

Ya lo verás, ¿preparado? - me preguntó y débilmente quise decir sí aunque lo dudaba mucho.

Sí - contesté y baje la víscera del casco.

De un momento a otro, sabía ¿qué iba a suceder? Quizás este sería el último día de mi vida, que junto a ella no sería un sacrificio. Antes de arrancar la moto, ella se colocó una gafas que a los lados tenían un botoncito, haciendo que se obscurecieran y ya no me prestó más atención. Se persignó, la imité y comenzó a andar chirriando las llantas de la moto, una luces de colores enmarcaron nuestro camino, corriendo se oyó un sonido, como una alarma y la moto se levantó en una sola llanta, con nosotros dos arriba de ella, la senda era recta y entonces sentí la mano izquierda de ella sobre la mía, quitándola de su cintura y colocando la base de la mía en el pliegue de su muslo, la imité con la otra mano. Se oyó otra alarma y volvió a repetir la misma acción pero dirigiéndome más a antes de la rodilla, ella también se estiró hasta tocar con las palmas el inicio de los manubrios, después se agachó y al escucharse la tercera alarma me jaló hacia adelante y la moto comenzó a destrozarse o eso era lo que pensaba, frente a nosotros se encontraba una especie de puerto y las puertas al abrirse hicieron que la parte de adelante de la moto se transformara convirtiéndose en la punta de un misil, de pronto y sin notarlo caímos al agua, antes de eso, de los flancos salió una especie de armadura, el asiento nos catapultó hacia adelante y observé como ella metía la cabeza como si estuviéramos esquiando, así que la imité y de pronto nos envolvió una cápsula y la armadura completó la forma de misil que teníamos desde un principio, esto era ¡grandioso! De pronto se escuchó una voz.

¿Cómo ves la mejoría de la cápsula? - se oyó una voz dentro de la cápsula.

Así está mejor, muy cómodo, sólo que Terry pesa menos que yo, tengo su miembro lastimándome - informó haciendo que me sonrojara por el problema.

Vaya, si le metemos más material puede pesar más y sería recalcularlo todo - respondió alguien de las bocinas cercanas a su boca.

Veamos, ¿estás cómodo? - me preguntó asestándome unos golpecitos con el trasero.

Lo siento, creo que tengo un inconveniente - respondí tan quedo como me fue posible, era claro que esa parte de mi anatomía se encontraba muy contenta de estar incómoda.

Es por el cambio brusco, además es tu primera vez. Marcello, ¿tu padre está por aquí? - preguntó ella sonriendo ante mi comentario.

Sí, aquí está conmigo - Marcello se alejó del micrófono mientras se lo pasaba a su padre.

¿Cómo ve los cambios? El material es más ligero ¿verdad? - cuestionó Marcello Padre.

¿Cómo sentiste el empuje? - preguntó los mejoramientos técnicos.

Creo que alguien puede platicar mejor con usted, voy llegando, alguien puede ayudarme a salir, soy la que está abajo - solicitó cuando a la vista se encontraba una zona obscura.

Sí, Marcello te ayudará, los muchachos no están a ésta hora - aseguró Marcello padre.

Bien, gracias - respondió ella.

¿Qué haces con Marcello? - pregunté discreto y sin darle tanta importancia.

Esto, pero con su papá, está interesado en un parque que está al lado de su finca y que tendrá éste juego como atracción principal, ¿qué pensabas que hacia? - me preguntó enfadada.

En realidad no tenía ninguna referencia, pero estaba celoso de que pasabas mucho tiempo con los tres - referí como defensa, una que se estaba yendo al traste.

¡Ay Terry, tienes que tener confianza, mira como él si lo hace! - refirió ella, observando al sur de mi anatomía.

Jajajaja es un bribón, además te amo más que él - increpé sintiendo que era así.

¡Pronto verás que no! - aseguró ella.

Eso es lo que tú crees, mira que yo... - comencé a retarla.

Ssshhh ya llegan - ella me obligó a callar, dándome un codazo en las costillas.

Buenas tardes Candice, Terrence - saludó Marcello.

Buenas tardes, ya los liberamos, ruédate hacia la derecha Terrence. Sera mejor para ti que te mantengas sentado sobre ésta baranda - señaló Marcello padre y haciendo que me rodara con su ayuda es que me quedé sentado.

Gracias - agradecí después de ello.

¡Terrence Grandchester, el controlador! - susurró Candy al pasar por mi lado.

Deja que aprenda mejor y no lo tomará de buena manera - susurró Marcello padre burlándose de Terry.

Bien, lista, el tensor de aquí está mejor ¿no te lo parece? A mi padre no le ha gustado el nuevo modelo, de verdad espera que se modifique y embellezca más - informó Marcello.

Sí, eso quiere, pero tiene que ver que lo bonito es más caro, ¡tiene que ser funcional! - aseguró su padre.

Candice querida, ¿cuánto tiempo sin verte? - la saludó el abuelo Marcello.

No tanto, recuerde que estuvo en Mane - asegura ella, desatándose el cabello que estaba sujeto en un rodete.

Cierto, es que siempre se me hace tan poco el tiempo en que me visitas - se queja el abuelo Rocco.

Bien, veo que es así. Espere, ahí viene su hijo - deduce que el hijo quería platicar con el abuelo Rocco.

¿Cómo ves los adelantos Candice? - se acerca Rocco padre y le pregunta con animo a mi novia, lo que me hace preguntarme si en realidad es de su agrado.

Quedó mejor el modelo ¿no le parece? - Candice respondió rápidamente.

¡Por supuesto que sí! ¿Qué se siente? ¡Dímelo todo! - refirió e insistió Rocco padre.

Mejor que se lo diga Terry, él tuvo mejores resultados - Candy se colgó del brazo del abuelo Rocco y me echó a mí el problema.

Bien - respondió a regañadientes Rocco, el padre.

Vamos querida, te enseñaré algo - el abuelo Rocco se la llevó del brazo.

Mientras Marcello padre me distraía con miles de preguntas técnicas y no tanto, el abuelo Rocco se llevaba a Candice hacia el lado de la finca, nosotros los seguíamos, pero mucho más lentos, al llegar a un balcón que estaba cubierto de flores de bastantes colores, en las paredes habían enredaderas madre selva y en las ventanas se encontraban escritas dos iniciales PR, me pregunté qué significarían.

Pathya y Rocco... - menciona Marcello que llegó unos minutos más tarde.

¿Qué has dicho? - increpé nervioso distrayendo a su padre.

Esas iniciales de los cristales quieren decir Candice Rocco - volvió a comentar Marcello. ¡Oye suéltame! - exclamó cuando lo agarré de la playera alzándolo de una vez.

¡No! ¡Repíteme lo que dijiste! - le insistí Candice Rocco, nunca, ella nunca lo sería.

¡Suéltame! - exclamó en voz alta.

¡Repítelo! - le insistí.

Ella y mi abuelo crearon éste jardín, ¡suéltame, Terry! - me solicitó y tuve que soltarlo.

¡No puedes hablar en serio! - comenté alzando la voz.

Sí que lo es - anunciaron unas voces al fondo, eran Candy y el Abuelo Rocco.

Continuará...

Aclaraciones para Yen:

Esta historia no es la principal, la principal es la de Candy, está sólo tiene los acontecimientos que sucedieron con Terry y aún le falta.

Cuando Albert tenía 26 se casó con Candy, no estamos hablando de Terry, de hecho ahí tiene el letrero de Flash Back, la escena revive una secuencia con Albert y no con Terry, Terry sólo los vio en una reunión no es el quién lo vive.

Los perritos Glo y Mo son distintos de la jauría que tiene en Lacio.

Terry aquí tiene 32 porque es el mayor, Archie es de los peques. Candy es mayor que él y ya han pasado tres años es decir que Terry tiene 35 y Candy unos 34 y tres años después 37, más o menos, no le he puesto las edades de ella porque vienen en la otra novela

En el capítulo 21 Candy estaba viviendo un sueño, tenía una pesadilla.