Capítulo XXXVIII
¡La violó... ! ¿Nos vamos? - le pregunté después de soltarle una cruda verdad.
¡Ah, sí vamos! - Alfred se limitó a contestar, saliendo detrás de mí.
¡Sí, me pasé! ¡Lo admito! No debí contarle a Jones lo que Niel le había hecho a Candice, le di al pobre hombre en qué pensar, pero la declaración de mi novia me hizo reflexionar, ahora, pensando en su tranquilidad debía de ponerme a buscar un psiquiatra mientras me dirigía a la zona de seguridad. No había nadie ahí por lo que coloqué las manos en la baranda esperando a que viera a alguien.
Si quieres puedo conectarte con un amigo que es psiquiatra - escuché ofrecer detrás de mí.
Gracias, sería bueno tener a alguno - respondí sin mirarlo ni siquiera de reojo.
De nada, luego te veo, debo de encargarme de la seguridad - Alfred se fue de ahí sin mirar atrás.
Sí claro, pasa. Fred - llamé a mi fiel chofer.
¿Terry, se le ofrece algo? - preguntó él atento como siempre.
Sí, necesito... - me interrumpí a tiempo.
Sí - inquirió un poco más.
Necesito...vigila a la señora durante la prueba, por favor - le pedí que más bien sonó a súplica.
Con gusto Terry, permiso - Fred obedeció y colgó el celular.
Era justo, Candice tenía a un enorme equipo de seguridad a su cuidado, eso tendría que bastar para irme a dar un baño, comer algo y descansar mientras ella se ponía en peligro. Caminé con dirección a la mansión y observé que una linda señora se encontraba ahí desayunando, me acerqué a saludar con cautela.
¡Buenos días! Usted debe ser la señora Jones - supuse de atenta manera.
Sí y ¿usted es...? - quiso saber la señorita que ahí se encontraba pinchando un trozo de melón chino.
Terrence Grandchester, para servirle - me presenté al momento que me sentaba cómodamente en la silla contigua.
Mucho gusto señor Grandchester, espero que ya haya conocido a mi esposo - auguró la joven, sacándome de mi error.
Sí, están en lo de las pruebas - supuse que era esposa de Carnati aunque no sé como una mujer como ella podría ser esposa de ese hombre.
¿Usted no se quedó a ver...? Son interesantes, ¡la señora Andley es muy valiente! - responde ella, sabiendo que al parecer conocía a mi novia.
¡Sí lo es, Candice siempre ha sido así, intrépida! - exclamé con júbilo.
Pobre de su esposo, el mío no toleraría esos comportamientos - confiesa emocionada haciéndome ver que no es la esposa de Carnati.
¿Por qué lo dice? - cuestiono.
Porque así es, mi esposo tiende al control en exceso y al acoso... - refiere ella haciéndome reír.
Ya veo, creo que todos los hombres que tenemos dinero somos así... - asumo de pronto.
Al parecer sí - ella admite y sonríe de vuelta acabándose el plato de fruta.
¡Usted parece tan joven! - refiero.
Lo soy, tengo 25 años y una niña pequeña de un año - explica tomando un poco de jugo.
¡Felicitaciones! - la felicito por la pequeña y me hace recordar a mi pequeño.
Gracias, ¿de qué ríe? - cuestiona cuando mi sonrisa es visible.
No me reía por nada en especial, solo tuve un pensamiento hermoso - afirmé sonriendo demasiado.
Sobre ¿qué? - curiosa me pregunta.
Sobre mi novia, ¡cómo quisiera que fuese como usted... tan linda y agradable! - refiero y decido inventar esa parte, decirle que mi esposa sueña el futuro sonaría como una locura.
¿No lo es...? - pregunta ella queriendo saber más.
No, ha pasado más días en un hospital atreviéndose a cualquier peligro, no mide las consecuencias de sus deportes... - trato de explicar.
Eso suena a Candice... ¿Ella es su novia? - pregunta sin poder creérselo.
Sí, lo es y será la futura madre de mis hijos - aseguro con todas las letras de lo que ello significa.
¡Perdón por lo que dije, no lo sabía...! - ella quiso interrumpirse.
No se preocupe, no me ofendí - le aseguré para tranquilizarla ya que momentos antes había escupido el café con semejante noticia.
Bien, sabe... nuestra vida juntos fue algo muy extraño, la vida que mi esposo tuvo desde que nació hasta que me conoció fue muy difícil, adoraba el control y el acoso, creo que ese lo desarrolló conmigo, de algo sí estoy segura, tuvimos el noviazgo si así se le puede llamar más corto de lo que jamás pensé en mi vida, lo conocí a los 23 y me casé como dos o tres meses después... Pero su vida lo sobrepasaba y yo no entendía nada de lo que él había sufrido hasta que lo confronté, me dijo la verdad a cuenta gotas y lo apoyé porque lo amaba, pero... - se interrumpió buscando las palabras correctas.
Pero... su pasado es difícil de eliminar... - acerté como me sucedía con Candice.
Sí, su pasado es parte de él y no todos lo comprenden - me aseguró sabiendo que ella necesitó mucha paciencia y sobretodo mucho amor.
¡Oh sí, sí que entiendo cómo es eso! - le aseguré sabiendo que ella no era la única que estaba luchando contra los demonios de nuestras parejas.
Después de la fructífera conversación con la controversial señora Jones, me fui a bañar en tina, para luego cambiarme de ropa y dormir, el detalle fue que no dormí gran cosa, tan sólo un par de horas, sino muchas, muchas horas y cuando me desperté salí de mi habitación, esperando encontrarla por algún lado, pero no la veía por ningún lado, todos estaban en el comedor menos ella.
¡Buenas noches! - saludé animosamente.
¡Buenas noches! Terry, ¿quieres cenar? - me preguntó Marcello cuando me vio llegar del lado de la biblioteca.
¿Dónde está Candice? - cuestioné, por la comida me preocuparía después.
La señora Andley está en su habitación, indispuesta - me aseguró Fred levantándose.
¿Sucedió algo? - quise saber observando como todos se miraban entre sí.
¡No, exactamente... sólo está indispuesta! - aseguró el padre de Marcello.
La iré a ver - respondí saliendo de allí.
Bien, espero que esté bien - gritó Marcello sin lograr detenerme.
¡Sí, gracias! - agradecí cortésmente y desaparecí de allí.
¿Indispuesta ella? Lo dudaba un poco, ¿qué podría hacer que estuviese indispuesta? No se me ocurría algo, al menos que se lastimara un tobillo o algo así. Toqué y nadie contestó... así que abrí la puerta y asomarme.
Candice - le llamé desde la puerta entreabierta.
¡Mmmhhh! - emitió un gemido.
¿Qué tienes? - pregunté entrando y cerrando la puerta.
Me duele, ¿qué haces aqui? - preguntó enterrando la cabeza en la almohada.
¿Qué te duele? - pregunto sin entenderla.
El vientre - respondió atinadamente.
¿Te lastimaste? - cuestioné.
¡Vaya no lo había pensado así! Entonces cada mes me quejaré de lastimarme... - sonríe ella ante la ocurrencia.
¡Ahhh es eso! ¿Puedo hacer algo para aliviarlo? - me ofrecí sin conocimiento sobre qué hacer en una situación así.
Ya me tomé un litro de té de canela aunque... - se interrumpió ante una idea.
Aunque... - insistí en que me la dijera.
El sexo puede aliviarlo... - respondió sonriéndome.
Piense en otra cosa, eso no sucederá... - le aseguré indicándole que esa no era una buena idea.
¡Sólo decía, no creo que eso sea lo único que tú puedes hacer y no quieras hacerlo, por lo demás estaré tirada por unos días aquí! - aseguró sin más.
¡Hasta que por fin te mantendré quieta! - exclamé emocionada.
¡Disfrútalo! Son los únicos días en los que me tendrás quieta... - refirió concretamente.
¡Eso es bueno, te tendré para mí! Si ya hubiésemos hecho el amor, cielos te tendría desnuda en mi cama - le aseguré cuando me acosté a su lado.
La demencia ¿se pega? - me preguntó.
Bueno no desnuda, sólo aqui conmigo - reiteré aunque de distinta forma.
Estás conmigo, así que es lo mismo - aseguró ella calentándose con mi cuerpo.
¿Tienes sueño? - pregunté.
Un poco, ¿me abrazas? - me preguntó.
¿Ya comiste? - volví al ataque.
¡No! - respondió quejándose nuevamente.
Tampoco yo - admití.
Cuando despierte lo haré... - me aseguró.
Bien, cuando te duermas iré y luego te traeré algo para que comas - expliqué y ella se acomodó.
Candice durmió enseguida y cuando vi que se encontraba en coma, la dejé recargada en su almohada, me levanté y salí con rumbo a la cocina, comí lo que alguien me había dejado allí, mientras lo hacía pensaba en cómo quitarle ese dolor de encima, pero no, no podía hacerlo, creo que dormiría con ella, al menos mi calor le calmaría la molestia. Terminé de comer y le preparé cantidades industriales de fruta, que llevé en una bandeja, junto a la granola y la miel. Algo como lo que siempre comía, en mis manos la bandeja se encontraba cuando fue interceptado por el señor Jones.
¿Candice se encuentra mejor? - cuestionó Alfred.
Está un poco molesta, sólo es eso, le llevo algo de comer - aseguro.
¿Sólo... fruta? - cuestiona al ver el contenido pobre de mí bandeja.
Sólo fruta - afirmo chasqueando la lengua.
Pensé que era el único que estaba preocupado por la comida de mi esposa, ella creo que come más - exclama Alfred burlándose de mi novia.
Candice tiene buen apetito, esto es para mantener su azúcar en los niveles saludables - explico sin mucho ánimo.
Bien, me temo que llevo esto... para platicar un buen rato - admitió cuando se distinguió un látigo y champaña junto a dos copas.
¡Que descanse, señor Jones! - sonreí y me limité a irme hacia el departamento.
¡Igualmente, señor Grandchester! - me deseó encaminándose a la suya.
Cuando llegué Candice no estaba en la cama, sino en la tina con agua hirviendo, dejé la bandeja sobre una mesita y me dirigí al baño.
¡Hola, es un sauna! - exclamé al sentir el exorbitante calor que había allí.
No, pero parece, el calor me quita el dolor... - explica ella, echándose agua hirviendo al parecer, pero del filtro.
Me lo supuse, ¿tanto? - exclamé cuando sentí el agua que había allí.
Sí, ¿quieres meterte? Digo si no te da... - comenzó con lo mismo que ya había comentado con el beso.
Porque habría de dármelo, además después de eso si quieres me doy un baño más en forma y todo arreglado - respondí mientras me desnudaba.
Bueno, espera voy por una toalla - decidí tomarla antes de que ella dijese algo.
Bien - bueno al parecer ella lo que menos quería era discutir.
Candice - la llamé cuando regresé, ya que se había recargado sobre la tina.
¡Mmmhh! - respondió sin mirarme.
Hazte hacia adelante, me pondré detrás de ti; bien, espero que no te lastime - le sugerí.
¡No lo harás! De todo tengo ganas menos de hacerte burla por tu cuerpo - me aseguró.
Bien, eso me agrada escuchar. Sabes estuve pensando sobre tu propuesta - referí.
¿Cuál de todas? Te he hecho muchas en estos días - respondió con tranquilidad.
La de ver a un psiquiatra - le dije como si se tratara de cualquier cosa.
¿En serio? - Candice no podía creerlo.
Sí mi amor, quizás me quite toda esta manía de controlarlo todo. Sabes, me da la impresión de que el señor Jones es medio masoquista - le conté para que se divirtiera un poco.
¿Por qué lo dices? - ella intentaba seguir con las noticia.
Llevaba un látigo en las manos, unas copas y champaña - le terminé de contar.
Cielos, bien por ellos, ah de ser divertido - aseguró risueñamente.
¿Cómo eras de niña? - pregunté curiosa.
Solitaria, mis hermanas fueron pequeñas en la adolescencia, así que siempre me la pasaba en actividades dentro de casa y ¿tú? - me explicó ella.
En actividades extracurriculares, mi padre siempre quiso que nosotros tuviéramos lo que él no, mi padre no siempre fue rico - le conté, ahí estaba contándole a ella lo que ni siquiera mi madre sabía, era ella, ella era la elegida por mi corazón.
Todo fue mejor cuando me metí a un grupo de danza, el baile era la salvación a mi soledad y además viajaba mucho, eso también me gustaba...quizás algún día... - se quedó pensativa.
No te culpes por dedicarte a eso, tú no tuviste la culpa de que ese maldito hombre hiciera, eso - le aseguré observándola, viendo cómo era que ella tenía cierta culpa, no debía sentir eso, ella no era la culpable.
No hablemos de eso, por favor - me pidió y yo no hice nada más que cumplir su pedimento.
¿De qué hablamos, entonces? - le pregunté.
¿De qué me amas? - ahora era ella quién lo decía.
¿Eso es lo único que quieres oír, entonces? - pregunté.
Sí eso, es lo único que quiero oír... - sonrió besándome improvisadamente.
¡Vaya qué fácil eres! - si quería hablar de otras cosas quien era yo para contrariarla asi que me dedique a embromarla por un rato. Conque uno de nosotros sea el complicado, con eso nos debe bastar - respondí con ahínco
¡Complicado...! ¡No soy complicada! Además tú tienes la culpa - Candice nunca cambiaría ella siempre que no estaba de acuerdo con algo, rebatía.
Sí lo sé, pero para eso hay una solución - le dije observándola.
¡Ah sí! ¿Cuál es? - ella fue la que quiso saber.
Pues... ¡que te cases conmigo...! - resolví, el miedo al matrimonio y al compromiso no era ya miedo, al fin del camino había encontrado a la mujer que compartiría mi vida y mi futuro hijo.
¡Perdón! - exclamó ella casi sonriente.
Eso, que te cases conmigo... - volví a decirle.
Terrence Grandchester, ¿me estas pidiendo matrimonio en una tina de baño? - preguntó riéndose.
Sí, te estoy pidiendo matrimonio en ésta tina de baño - hice hincapié.
¡Qué poco romántico eres! - me tachó de práctico.
¿Qué me respondes...? - le urgí.
¿Lo puedo pensar? - preguntó ella quitándole la emoción al momento.
Puedes pensarlo lo que quieras y no es que me moleste, pero tenerte así es toda una tentación, seguimos en agua caliente y pronto a envejecernos - resolví antes de que me dieran ganas de ahorcarla por atreverse siquiera a pensar que no le convenía.
Si quieres puedes salir, báñate y ahorita te alcanzo - resolvió ella mientras se disponía a quedarse un poco más en la tina.
Bien, gracias - respondí aceptando su ofrecimiento, saliendo y dirigiéndome a colocarme debajo de la regadera.
Pensé que iba a mirar cómo salía de allí y me dirigía a la regadera, pero no, sólo se hizo hacia atrás y recargó la cabeza en el filo de la tina, descansándola, dormitando un buen rato, después de terminar el baño, salí de su habitación en bata y me dirigí a la mía a cambiarme, para luego, regresar a donde ella que ya había salido y se estaba cepillando el cabello aun enredada en una toalla.
Dejaste el baño muy caliente, casi me quemo. ¿Pasa algo? - preguntó cuando me vio por el espejo y detuvo la acción del cepillo sobre su ensortijado cabello.
No, no pasa nada, sólo quiero verte - respondí emocionado de que algún día esa acción fuese la que todos los días vería.
Quieres verme ¿qué? ¿Cómo me cambio de ropa? - sugirió ella.
Sí, como te cambias... - respondí admirando sus movimientos y observando como iba por su cambio de ropa para dormir.
Como me cambio... de ropa, ¡vaya eres raro! ¿Lo sabías? ¿Cuántas mujeres has visto así? ¡Millares! - respondió ella, millares era un tanto exagerado.
No tantas, además les daba su espacio y tu maternidad te dio una silueta hermosa, por eso quiero verte - respondí como si nada, sin pensar en lo que le decía porque yo consideraba que el haber sido madre había torneado su cuerpo y le había dado esa bien formada figura.
¡Que linda forma de decirme gorda...! - enfadada se quita las toallas, se seca el cuerpo con otra toalla y se enfunda en una blusa de tirantes y una panty normal. Para después meterse en el baño y al cabo de unos dos minutos salir, por lo que deduzco que se estaba colocando la toalla protectora.
¡No estás gorda, eres hermosa así como eres! Ven a dormir... - le pido sabiendo que decirle que es hermosa con esa figura, lo iba muy posiblemente a tomar a mal.
Me voy a poner mi pijama... - reitera yendo al closet por un pantalón.
¡Así quédate, en camiseta y panty, te ves bella! - reitero haciendo que vea el pantalón y a mí.
Bien... así me quedaré; pero luego no te quejes si me sucede un accidente - advierte dirigiéndose a la cama y levantando las cobijas se mete quedándose pensativa.
Ya sé que no usas tampones... si sucede un accidente nos limitaremos a asearnos y a lavar nuestras propias sábanas y ¡todo listo! - respondo como si eso fuera nada.
Bien - responde sonriendo, siempre tendría una respuesta para todas sus locas ideas.
¿Y tu cabello? - pregunte al verlo impregnado de agua.
Mi cabello, nada, sólo me falta secarlo y usualmente lo hago afuera en el balcón, pero si salgo así... ¡me dará pena! - responde tocándose las mejillas.
Bien esperaremos a que se te seque, por lo mientras come, que últimamente no te has alimentado mucho que digamos - la reprendo, la amaré mucho, pero su reticencia a comer sanamente es algo que me causaría mucho desgaste con el tiempo.
Todo eso, no te parece que es mucho? - me reclama haciendo algunas muecas.
Lo que quieras, lo otro lo llevare cuando hayas cenado... - reitero sabiendo que se lo acabará.
Después de un rato en el que disfrute de verla comer, se lo comió todo como lo había augurado.
Bien, ya comiste... - la felicito quitándole la bandeja y colocándola en la mesita donde antes había sido colocada.
Si ya lo hice - asiente ella dejándose caer en la almohada y acariciándose entre el estomago y el vientre.
Ven, ven aquí, recuéstate aquí conmigo - le señalo el brazo que tengo libre haciendo que ella y su perfumado cabello estén cerca de mí.
Bueno, ya estoy aqui. ¿Sabes que Fredich morirá pronto? - de pronto me hizo una pregunta.
Me lo dijo Benedetti en Mane, ¡sí, lo sé! Creo y tengo miedo de que eso te afecte más de lo que quieres hacerme creer... - respondí mirándola y viendo que así era, ella retiro la mirada y volvió a recostarse.
Es uno de mis mejores amigos, ¡lo extrañaré tanto...! - me confesó suspirando.
Yo no sabría qué hacer si hubieras muerto en Mane... - confesé de repente. Le pedí a Dios que vivieras para mí porque te amaba - seguí contándole.
¿De verdad? - preguntó emocionada.
Sí y él me lo concedió. Y aquí te tengo, a mi lado y quizás si me porto bien contigo pronto seremos tres - confesé a sabiendas que me lo iba a rebatir.
Ni tan pronto, deja de ponerme a criar... desde que salimos de Mane no he visto a Anthony, Benedetti ¿no te dijo algo? - ahí estaba, ella siempre me rebatía todo, pero decidió cambiar de tema rápidamente.
No nada, pero si quieres mañana le preguntas - sabia ella que todo acerca de Anthony era un tema punzante entre nosotros y por ellos no le daría mucha explicación.
Sí, eso será bueno. ¡Qué rica está la fruta, gracias por consentirme! - ella agradeció mi buen gesto entendiendo que no quería hablar de ello.
De nada, me agrada hacerlo y lo sabes - respondí dándole un beso en la nuca y tomando la mano que acariciaba su vientre.
Pasado mañana habrá una fiesta aquí de los años 40 y todos serán recibidos de la misma manera que entramos tú y yo, quieres intentarlo sólo, es más divertido si uno va sólo en la cápsula - me cuenta ella..
¡Claro! ¿Es de etiqueta? - pregunto emocionado, ese primer viaje seria inolvidable, pero sentirlo sólo sería estupendo.
Por supuesto, te tengo una sorpresa para ese día, sólo que tendré que llevar peluca porque de esto no hago un chongo decente - respondió con su cabello ensortijado y corto.
Con lo que sea te verás bien, sólo que eres muy vanidosa - le aclaro, algún día su cabello crecería.
¡Un poco, si podría ser! - medito ella tocándose el cabello que aun estaba demasiado corto para su gusto.
Lo bueno es que decías que te iba a sobrar - decidí cambiarle el tema, su cabello ya no estaba, pero eso fue bueno para ella y debía agradecerlo, de pronto mi celular sonó. Bueno, ¡hola mamá! Estoy bien, Candy te manda saludos, ¿qué cosa? ¿En serio? Bien, sí claro, yo le digo, hasta luego mamá - respondí rápidamente y me despedí.
¿Qué cosa? ¿Ya le llegó? - preguntó ella emocionada, al parecer mi madre también estaba encantada por la emoción que había impuesto en la llamada.
¿Por qué no me dijiste que le regalaste una de tus mariposas? - le reclamé.
Quería saber si le gustó, pero veo que sí - respondió ella tocándome el pecho.
¡Está encantada! Se la entregó Cristell y le enseñó fotos, dice que pondrá algo como lo que tiene en su casa - respondí de forma acusatoria.
¡Vaya, lo siento jajaja! - comenzó a reírse, sin preocupaciones, así es como siempre quería verla.
¡Tú y tus ideas! - me levante de pronto sin pensar en que ella caería sobre la pared.
¡Imagínate si le enseñamos la bóveda! - me dijo, dándose la vuelta haciendo que sus senos se juntasen y obtuviera una buena foto de ellos.
¡No te atrevas! - la amenace.
Bien, jajajajaja - volvió a reírse medio levantándose.
¿Te estás burlando? - le pregunte acercándome a ella y llevándola a posicionarme encima de ella.
¡No, sólo que pones una cara! - me respondió haciendo las mismas muecas que utilizaba de la misma manera.
Te ves tan linda cuando respondes eso, ¡te doy miedo! - ahora fue el turno de burlarme a mí.
¡Lo haces a propósito! - me reclamó ofendida. Por cierto, hablando del baile, Paolo es mi pareja de baile sustituto - me suelta como burlándose.
¿No puede ser otra persona? - otra vez ese maldito muchacho.
¡Ángelo! - respondió sin pena.
A menos que lo saques de la cárcel... - respondí sin pensarlo, ¿cuándo aprendería?
¿Lo metiste a la cárcel? - me preguntó, ya le había dado mucha información.
¡No te voy a contestar eso, tendré que soportarlo! - resolví recostándome en la almohada y liberándola.
Baila bastante bien... - me dijo ella.
Yo también bailo bien - le dije mirándola, pero no, ella no lo tomaba como lucha de poderes entre él y yo.
Lo dudo, no de esos bailes y no te voy a contar porque si no ya no sería ninguna sorpresa - me recriminó.
Bien, pero que no se sobrepase - le advierto, si estaba celoso, nunca entendería su relación, al menos no como entendía la de ella y Anthony o la de ella y los Rocco.
Pues lo dudo - puso en duda.
¿Qué es lo que dudas? - lleve su espalda de nueva cuenta a colocarse debajo mio, observando sus labios y queriendo besarla por andarme dando celos.
¡No te diré nada! ¿Me vas a besar? - preguntó ella, ¿cuándo dejaría de romper el momento?
Sí, te voy a besar... - respondí y antes de que dijera otra cosa, tome sus labios.
Terry... - solo eso dijo ella y que bien lo hacía.
Había sido mucha charla y poca acción por lo que decidí besarla y mucho hasta desfallecerla como bien dijo el vulgar de Carnati, nada de sexo, pero sí me daría el permiso de besarla todo lo que yo quisiera.
¿Estás satisfecha? - le pregunté cuando sus ojos eran brillosos.
Muy satisfecha... - respondió de igual manera.
¡Mi amor, te estás durmiendo! Será mejor que me vaya a hacer lo propio - le dije al ver como sus ojos se cerraban.
No, quédate y sígueme besando hasta que me duerma - pidió ella como niña pequeña.
Bien, me quedaré aqui, ven, te abrazaré - y así lo hice, la abracé y seguí besándola.
Gracias - respondió entre besos que cada vez se cerraban mas que se abrían.
De nada mi amor - apenas le hube dado el último beso y se quedó profundamente dormida.
Candy últimamente podría decir que dormía bien, pero era mucho esperar, esa noche no sería tan buena ni para mí ni para ella y pronto descubriría por qué.
Me estaba dando una de las tantas vueltas cuando sentí un espacio frío a mi lado, estiré el brazo, dándome cuenta de que Candy no se encontraba al lado mío y fue ahí que abrí lentamente los ojos, todo estaba borroso y poco a poco fui adaptándome a la oscuridad, estiré mi otro brazo y me di cuenta de que Candice estaba hincada cerca de la ventana, agarrándose con una mano el torso y con la otra un arma con silenciador, probablemente la que había usado en México. No entendía y lo primero que hice fue rodar hacia un lado para caer al piso, junto a ella y resguardarme en algún lado, tomando de paso mi celular.
Fred - le llamé por celular.
Terry, ¿qué pasa? - al tercer timbre se levantó y contestó la llamada o eso supongo.
Ven rápido a la habitación de Candy, tiene un arma, entren con precaución y si tienen un dardo tranquilizante mejor - juro que no sé ni en qué estaba pensando.
Señor, vamos rápido a la habitación de la señora Candice, tiene un arma - Fred se levanta de la cama de un brinco y corre hacia la habitación de Marcello. Toca y al abrirse ésta le da el mensaje de Terry.
¿Qué cosa? - preguntan los tres Rocco.
Lo que oye, Terry está agazapado en... no sé dónde esté agazapado, tenemos que ir en su ayuda - responde Fred caminando o más bien corriendo hasta la habitación de la rubia.
Marcello despierta... Marcello - su padre lo va a zarandear para que despierte y se lo lleva jalándolo de un brazo.
¿Qué sucede por qué tanto ruido? - cuestiona él sin entender de qué se trata todo ese alboroto.
¡Candice tiene un arma y Terry está con ella! - informa su padre.
¿Hay heridos? - pregunta Benedetti.
¡No lo sé! - exclamó Fred.
¿Por dónde Fred? - cuestionaron los Rocco.
Por aquí! - respondió hincándose y caminando sobre las puntas de sus pies, entrando cautelosamente.
Toc, toc
Pasen - susurró Candy con un hilo de voz.
Señora Candice ¿dónde está? ¿Puedo prender la luz? - le preguntó Fred, sacando la pistola que aun tenía en su funda y que se encontraba alrededor de sus brazos.
¡No, él está por aquí! - respondió ella y de pronto Candy cae al piso quejándose ruidosamente.
¿Quién él? - Fred que apenas y logra verla.
¡Niel, está aquí! En la oscuridad, le disparé recién, debe estar herido... - respondió observando que una mancha oscura manchaba su mano.
Fred busca a Terry en el piso, toma, ten unos lentes térmicos, así lo encontraras más rápido - Benedetti le da a Fred unos lentes térmicos y le pide que busque a su patrón.
Sí - Fred asiente y se coloca los lentes, después localiza a Terry y a un lado, una figura que sangra, Fred advierte que seguramente es Candy. Señor, creo que la señora está herida - susurra él a Benedetti.
¡Candice, ven aquí! - pidió Benedetti en voz alta.
¡No, no se muevan, puede hacerles daño! - Terry advirtió si en realidad saber que ella no estaba en condiciones de moverse.
¡No, ya lo tenemos! Lo hemos agarrado, ya se lo llevan, ve, la puerta se va abrir y saldrán con él... - Marcello y su padre se llevan a esa persona y abren la puerta, quien en realidad es Alfred. Candice voltea el rostro y ve que es cierto.
¡Ya lo encontré, señor! - refiere Fred al ver que efectivamente está en el piso y acostada.
¡Fred llévatelo! ¡Ahora! - lo obliga y se retira a la puerta cerrándola una vez que los Rocco salieron.
Venga señora Candice - pide Fred estirando la mano.
¿Qué sucede, Fred? Yo estoy bien... - se quedó ahí la frase y después comenzó a algo que parecía queja. ¡Ayyy, me duele! - ella se quiso levantar, pero el dolor hizo que se quedara donde se encontraba y en la misma posición.
Fred, ¿no hay nadie además de Candy y Terry? - cuestionó Benedetti.
¡No señor, solo ellos dos! - dice él.
¡Aprisa, Marcello! - grita Benedetti. Prende la luz Fred - Benedetti camina hasta donde ella se encuentra. ¡Mi maletín, rápido...! ¡Candice, Candice.. aguanta! - solicita el galeno asustado, una gran mancha roja se expandía en el torso y en la camiseta de ella.
¿Qué sucede? - quise saber, pero entre la figura de Fred y Benedetti era imposible la visibilidad.
¡La han herido... avisen a los guardias! ¡Que alguien me ayude! ¡Está perdiendo mucha sangre y aseguren la casa! - el médico dio órdenes a diestra y siniestra colocando una mano en la mancha y de pronto Candy lo vio con una mirada llena de miedo y asiendo más la pistola a su cuerpo.
¿Qué sucede Marcello? - pregunta su padre que no entiende nada.
Han atacado a Candice... - corta la frase al ver que Benedetti le pide su maletín.
¿Qué cosa? - el padre de Marcello se quedó impactado con la noticia.
Segundos después la alarma se había encendido, pronto todos estaban aquí, asegurándose, buscando entre los jardines hasta que encontraron a una persona herida.
¡Llévenselo! - ordenaron los guardias de Marcello.
¿Quién fue? - preguntó él por radio.
Carnati... - refieren los guardias que anteriormente habían golpeado.
¿Qué cosa? - preguntaron ambos hombres.
Carnati está herido en el hombro - respondieron del otro lado.
¿Cómo está la señora Candy? - preguntaron por el radio.
¡No lo sé! Lo desconozco, todo está sucediendo adentro - refiere Marcello.
Vamos a verla - sugirió el padre de Marcello cuando salía Fred junto con Terry.
¿Cómo está ella? - preguntó el padre de Marcello.
Perdió mucha sangre, la están transfundiendo - refirió Terry.
¿Se disparó ella sola o si la atacaron? - preguntó Marcello para aclarar la presencia de Carnati en los jardines.
La policía aún no llega, pero esa alarma los alertará. Al parecer si la hirieron, ¿nadie vio la identidad de ese hombre? - expresó Marcello que contaba lo que por el radio le avisaron.
No, nadie... - responde su padre.
¡Mi novia está allí, herida y ustedes no tienen alguna explicación! ¡No lo entiendo! ¡No entiendo ¿por qué estoy afuera?! - pregunto eso, pegándole a la puerta.
¡Porque no ayudas, por eso! - respondió Benedetti una vez que salió.
¿Cómo está? - preguntaron más de uno.
Estable, pero perdió mucha sangre, ¿quién es O+? - cuestiona Benedetti parando en seco a Terry.
Yo soy O+ - responde Fred.
¿Alguna enfermedad de importancia? - pregunta de nuevo el médico ahí presente.
Ninguna, pero puedo someterme a cualquier examen si usted lo requiere - responde Fred ofreciéndose para cualquier cosa que quisiera.
De acuerdo - asiente Benedetti indicándole a Fred que lo siga después de pedirle a alguien más lo que solicitaba.
¿Alguien más? - preguntó y del otro lado del radio contestaron.
Yo soy Universal - afirmó con voz muy grave.
Venga también usted, pregunten con todos los demás. Necesitamos esa sangre o alguien debe ir a Lacio por unas cuantas bolsas - solicitó a todos allí.
En helicóptero, yo voy - el padre de Marcello se ofreció y fue rápidamente al helipuerto de la propiedad.
¿Dónde está herida? - pregunté con astucia.
En un costado, muy cerca del hígado, pero no lo lastimó - responde Benedetti con cautela.
¿Puedo verla? - solicitó Terry.
Sí, sólo no la hagas hablar y por favor, no te asustes por lo del piso - me advirtió.
¡Santo Dios! ¿Qué había pasado aquí? Despidiéndome de Benedetti que rápidamente se rascó la frente, entré a la habitación, al verla ahí, con otra herida, ¡Dios, cuánto más podría ella soportar! De pronto Benedetti y Fred entraron, lo arrinconaron, sin emitir palabra alguna, se quitó el saco y remangó la camisa, dispuesto a donar sangre, sólo faltaba que alguien le picara el brazo y sacara lo que necesitaba. Sin verlo, pisé una barra, no, no era una barra sino el arma de Candy, con un kleneex la tomé y la dejé lejos de ahí cuando percibí una gran mancha de sangre embarrada, pisadas por doquier, pies de todos los que aqui estuvieron marcados de sangre, sangre en las sábanas, en el colchón, en la ropa de cama, en Candy y ella muy pálida, demasiado pálida. Caminé hacia ella, tratando de no pisar la sangre, pero era imposible, rodeo la cama, del otro lado y tomando su mano, fría, pálida, estoy sufriendo por ella, estoy apesumbrado. Coloqué mi mejilla en su mano, sintiéndola, acariciándola con ella, no podía soportarlo, no podía verla nuevamente en un hospital y menos en una cama. La mañana había llegado
Toc, toc
¡Buenos días! - saludaron un par de mucamas.
¡Buenos días, venimos a limpiar! - advirtió una mucama.
Adelante - Benedetti las hizo pasar.
Las mucamas hicieron su trabajo hasta que les tocó limpiarla a ella y la cama, al parecer sabían lo que hacían, mientras terminaban saqué a Fred de allí
Prepara el helicóptero, nos la llevamos a Mane - ordene a Fred cuando me acerque a él.
No puedes llevártela! - desgraciadamente también Marcello lo había escuchado.
¿Quieres ver que si puedo... Fred? - mire a mi amigo y le ordene a mi chofer.
Lo siento señor Rocco, debo seguir órdenes - refirió Fred a sabiendas que él tenia razón.
¡No puedes, está herida! - expresó el padre de Marcello en desacuerdo.
Candy no puede quedarse aquí, estará más segura en Mane - sugerí, esto estaba otra vez fuera de control.
¿Por qué te la quieres llevar? - preguntó Marcello.
¡Porque no pondré en peligro a mi mujer y a mi hijo, por eso! - respondí como si fuera la verdad.
¿Qué cosa dices? - preguntaron los Rocco.
Que Candy está embarazada y no correré el riesgo de perderlos, a ambos, Fred llama al helicóptero, creo poder dejar aquí el auto y la moto - respondí abruptamente, tranquilizándome.
Un guardia los dejara en tu casa, no te preocupes por eso
Fred ve por los perros de Candice, guárdalos en sus maletas, también los llevaremos, ¿vienes o llamo a Paula? - le pregunté a Benedetti.
¡Voy por supuesto! - aceptó él con desgana.
Bien, empaca, te veo dentro de una hora - ordené.
Sí señor - Benedetti aceptó pero sabía que callado no se iba a quedar.
El helicóptero llega en media hora - aviso Fred en contra de los Rocco.
Bien, vamos, monta guardia en su habitación, vístela con pijama, que te ayuden las mucamas y tenla lista, Benedetti vendrá en un rato - le dije con ahínco.
¡Sí señor, enseguida! - aceptó él de pronto.
Está listo el helicóptero y la camada también, podemos irnos ya - refiere Fred.
Bien, vamos... Fred - lo seguí junto con Benedetti.
Sí señor, Benedetti ¿debemos transportarla en camilla? - pregunté sin importarme todo lo que los otros decían.
Sí, en eso estoy. Vámonos - los demás se nos quedaron viendo mientras la camilla, la camada, Mo y Glo, Benedetti, Fred y yo nos íbamos de la Gran Fortaleza, como Candy le había llamado.
Y es así como Candy, Benedetti, Fred y yo nos mudamos a Mane, sabiendo de alguna manera que ellos estarían seguros, sobretodo ella. Así que apenas la metimos, me despedí de los demás, asegurándome que nadie nos seguía y nos dirigimos hacia Mane, avisándole a los distintos gobiernos para surcar sus cielos, llegando dieciocho horas más tarde por los trasbordos. Estaba exhausto, durante el vuelo la transfundimos con la sangre de Fred.
Candy mejoró y cuando llegamos a la isla, apenas la bajamos, la coloqué en mi habitación, si acepto que exageré, blindar mi habitación fue demasiado, pero la seguridad ante todo era mejor que seguir agujereando a la que iba ser mi esposa.
De camino a Mane...
¿Está embarazada? - me preguntó Benedetti.
¿Eres Benedetti? - cuestioné dejándolo sorprendido.
¡Bien jugado...! - me felicitó haciéndome reír.
Lo sé, hace dos días, casi tres le pedí que fuera mi esposa - le conté.
En serio y ¿qué te contestó...? - Benedetti quiso creer.
Nada... aún, estábamos en la tina, pero espero que lo haga pronto, en teoría lo haría mañana o algo así... yo esperaba que lo hiciera mañana - respondí con tristeza.
Le pediste matrimonio en una tina de baño, ¡qué poco romántico! Bien, tendremos que esperar - resolvió él dándome unas palmadas en mi espalda.
Ya estás como ella, sabes que nunca la agarro con la defensa baja y en ese momento si estaba así, tenía que aprovechar, del romanticismo me preocuparé después - respondo haciendo que mis manos se vayan a la nuca y me estire.
A la mañana siguiente no había despertado, me quede aquí, sentado y después pasé a la cama viéndola como seguía inmóvil, ¡no lo soportaba más! No quería soportarlo más, era suficiente, ya no quería verla postrada en una cama, si no corriendo libre hacia mis brazos; era demasiado, demasiado para soportar, demasiado... Siento como si ella no fuera a despertar más, salió una lágrima y después otra y después ya no pude soportarlo, comencé a llorar amargamente, dejando salir toda la impotencia, todo lo que sentía en ese momento, hasta que llegó un final, quizás había soportado muchas cosas. Cuando de pronto escuché un ruido y vi hacia la ventana que daba a la playa, ahi un hombre estaba observándola con ansia por hablar con ella.
Hola Terry, no está muerta ¿verdad? - me pregunto directamente entrando rápidamente y posicionándose en el pie de la cama.
¿Quién es usted señor? ¿Qué quiere aqui? - estaba espantado de muerte, que hacia ese hombre ahí.
Mi nombre es... Albert Andley, Terry...
Continuará...
