Capítulo XXXIX
Era una aparición, el gran William Albert Andley estaba parado en el quicio del gran ventanal y preocupado, nadie ni en mis más locos sueños podría imaginármelo, pero eso sí, sólo la veía a ella y yo me encontraba seguramente ausente.
¿Albert, no estás muerto? - cuestioné sin poder creérmelo.
Lo estaba, pero no cuando Niel anda cerca - responde él calmándose un poco, entrando a mi habitación haciendo que me levantase de pronto.
¿Qué quieres decir con eso? ¿Te moriste o no...? - quise saber.
Todos debían pensarlo aunque no me gustara, así podría atrapar a Niel, pero apareciste en su vida y ha soñado con un hijo de ambos - al parecer eso le dolía más que Niel la lastimara. su respuesta fue más un reclamo.
Con Andrea también lo hizo - lo supuse.
No, Andrea fue deseada por mí, pero no por ella, sólo hice que sucediera y ya ves ese malnacido la mató y no pude hacer nada, no lo vi venir - respondió, su rostro se notaba triste.
¿Ferrel también está vivo? - comenté irónicamente.
No, mi tío tenía una enfermedad terminal, él si murió y cuando se enteró de todo lo que hizo Niel, lo despojó de su inmensa fortuna... - respondió con amargura.
Y se la dio a ella... - terminé de decirlo como si eso fuera una buena respuesta.
Y se la dejó a ella junto con todos los problemas de los que padecemos ahora - respondió como con algo parecido al odio.
¿Por qué inventaste que moriste? - aún no me había quedado claro eso.
Porque a Niel le causaba envidia que fuéramos felices a pesar de él - respondió con pena.
Supiste lo de ellos, de Anthony y ella - se me ocurrían preguntas sin sentido y muy tontas.
Sí... mi hermano se enamoró de ella desde el aeropuerto, pero ella sólo se enamoró de él por mi ausencia - refirió el rubio pensando que el haber admitido lo de Anthony era porque ella aún amaba su recuerdo.
¿La amabas? - por qué insistía tanto.
La amo más que a mi vida, por eso debía de desaparecer - respondió disimulando una sonrisa.
¿Los Rocco? - insistí.
Aportan una gran ayuda cuando la ven, ella tiene en que entretenerse, así estaba planeado... - Albert se interrumpió en esa somera explicación.
¿Qué quieres decir? ¿Sabías lo de los Rocco y no se lo dijiste? - le reclamé.
No era conveniente, debería ser tan intrépida para poder salvarse de un ataque de Niel - comenta Albert.
¡La última vez casi la viola! - exclamé sin entenderlo.
¡Pero no pasó! Dimitri murió en su intento por salvarla - respondió con preocupación, ésta conversación parecería más bien una entrevista.
¿Cuántas muertes más se tolerarán...? - pregunté alzando la voz.
Siempre estaré a su cuidado aún a pesar de que no te agrade, deja de preocuparte también por Paolo... - sugiere sonriente.
Espera... ¿cómo sabes que estábamos aquí? - quise saber.
Los seguí, he vivido en muchos lados gracias a ella, nunca está en un lugar para siempre - eso extrañamente sonó como una amenaza.
Y ¿a Paolo también lo contrataste? - cuestioné irónico.
No, esa obra de caridad es de ella, el muchacho es joven y la ayuda mucho con mis perros - me suelta dándome un golpe extremo a mi autoestima.
¿La camada es tuya? - le preguntó sorprendido.
Por supuesto, adoro a los animales y ella simplemente conserva ese lazo que aún la une a mí - trata de explicar, pero no lo entiendo, nuca lo entenderé.
¿Te ama? - preguntó con inseguridad.
Ahora lo hace contigo - esa respuesta no me la esperaba, me dio una gran tranquilidad.
Me lo ha dicho... - respondo sonriendo.
Debes de creerle, lo dice en verdad aunque también la fastidies con el control, siempre te amará y hará todo lo posible porque así sea - me asegura de una u otra forma.
¿Qué quieres decir? - preguntó sacándome de balance.
Que nunca dudes que lo hace en contra de ella misma, siempre tendrá una pelea interna entre decírtelo y aceptarlo, de eso hablo - me recomienda.
Candy está bien, la bala sólo le rozó el hígado, estará bien en unos días - le informo a Albert.
Bien, eso me alegra. Debo irme, si Benedetti me ve aquí me reclamará el aparecer - se excusa saliendo po la gran ventana.
Benedetti, ¿él lo sabía? - pregunto enojado.
Por supuesto, ¿quién crees que me informa lo que pasa con ella? - pregunta esperando una buena reacción de mi parte.
¡Gran amigo! - me meto a la habitación después de seguirlo, enojado.
¡Lo es, créeme que lo es! - Albert lo defendió.
¡No es leal! - le reclamé.
Sí lo es, sólo que tiene diferentes lealtades - me dice, eso no me hace sentir bien.
Ya lo veo - respondo sin voltear a verlo.
Sí te soy leal Terry, pero como antes te lo dije, mi única lealtad cien por ciento, es con ella, finalmente Albert y yo la conocemos mejor que tú y los Rocco. Albert ¿qué haces aquí? - pregunta Benedetti después de una explicación, situación que no me reconforta.
¡Me enteré del ataque y vine a verla! ¡No puedes impedírmelo! - Albert perdió el control.
Sabía que lo ibas hacer... - me soltó.
¿Por qué moriste? - reclamé.
¡Ya te lo dije! - exclama.
Dile la verdad - dice Benedetti indicándome que se debía saber la verdad.
¡No hay ninguna verdad! - pero Albert lo niega rotundamente saliendo de nuestra visión.
Sí la hay y lo sabes aunque te duela - reclama Benedetti.
Porque... te estorbaba a ti - esa información me sorprende demasiado.
¿Cómo dices? - quiero saberlo, esa es una buena noticia.
Que cuando concebimos a Andrea, ella soñó por primera vez contigo y con André, por eso es que debí apartarme de tu camino, no era yo el hombre que esperaba - suelta poco a poco.
¡Saben, no entiendo nada! - exclamo, todas éstas revelaciones eran demasiado increíbles.
Ella debió soñar conmigo y con Andrea, pero no lo hizo, no deseaba a nuestra hija, pero había sido concebida y la tendría aunque no la deseara - siguió contándome.
Pero iba a ser madre, amaba a Andrea - la defendí, ella sufría por su hija.
Eso es algo que nunca sabremos, nadie pudo sacárselo, ni Ferrel pudo. Tenía problemas en ese entonces entre lo que por naturaleza una mujer desarrolla y por la afectación del ataque - Benedetti me lo contó, pero fue Fredich quien me lo explico muy bien.
Lo sé, lo sé... fue más fuerte entonces con Andrea - eso no podría ser cierto.
Era más reciente, sólo eso - me dice Albert.
¡La amaba! - exclamé, yo lo sabía.
Por ser de mí, por ser algo que amaba en ese momento - explicó Albert interrumpiéndome.
Sólo por eso... ¿igual pasará conmigo? - tuve mucho miedo, ¿cuántos maridos esperaba tener en la vida? Muchas preguntas se agolparon en mi mente.
Esa es la buena noticia, no es la primera vez que ha soñado con André - me aseguró Benedetti. ¡Quizás tú seas el último! - comenta soltando una carcajada que aligera la tensión entre nosotros.
¿En serio? ¿Desde cuándo? - eso me interesaba saber.
Desde esa vez sólo que al parecer su mente lo olvida - refiere Benedetti volviendo a su total seriedad.
Bien, vamos a comer algo - invita Benedetti.
¡Tengo que irme! - resuelve Albert.
Ella no despertará, además en la cocina tengo instaladas cámaras - refiero calmadamente.
Bueno, pero sólo una comida - aceptó el rubio.
Las que quieras, ésta casa tiene muchas habitaciones - lo invité.
¿Me estás invitando a quedarme? - preguntó el rubio y vi de quién había aprendido Candy.
¡Quieres hacerlo Albert! - increpé.
¡No voy a robártela! - me lo juró con la mano derecha.
¡Imposible! - me regodeé.
¡Hey ustedes dos a caminar y dejen de ver quién puede más! - Benedetti nos reprendió.
Al parecer nos conoce... - suelto sonriendo.
¡Basta de hablar de Candice! - ordena Benedetti.
Candy - refiero.
Para mí siempre será Candice - responde Benedetti sin notar que lo estamos embromando.
Bien - lo acepto, con tal de no discutir con él.
¿Qué hay de comer? - quiso saber Albert.
Aún no hago nada, pero pueden picar botana, los entretendrá un rato - explica Benedetti, extendiendo un plato con jamones y quesos que saca del refrigerador.
¿Seguro que estará bien? - preguntó el rubio.
Sí, cuando salimos accioné la seguridad - conté y me dispuse a comer lo que se encontraba encima de la barra.
¡Bien, hagamos de comer! - sugiere Benedetti comenzando a sacar aditamentos tanto de la alacena como del refrigerador.
Sí, vamos...bueno nosotros te echamos porras - lo animé y al último sólo me quedó animarlo.
Horas después estábamos amenamente platicando cuando Fred llegó de improviso.
Señor... - se interrumpió Fred.
¿Qué pasa Fred? - quise saber sin verlo, por lo que él se acercó a mi oído para informarme.
Hay alguien por los alrededores - informó saliendo de la cocina y asegurándola. Después timbró mi celular y siguió dándome información.
¿Alguien que conozcamos? - pregunté enrarecido.
¡No lo sé señor! - se oía del otro lado que iba corriendo.
¿Ya llegó Cosomo? - me levanté en el acto.
Apenas llegó al aeropuerto hacia unas horas, no debe de tardar en llegar al puerto - contesta Fred jadeando.
Entonces ¿no es él? - pregunto sin entenderlo.
¿Qué sucede Terry? - pregunta Benedetti preocupado por mi semblante.
Asegura la casa, alguien ronda allá afuera - respondo, no más bien se lo ordeno, Albert se levanta al escuchar eso, está esperando algún movimiento en falso de quien quiera que esté ahí.
¿Lo conocemos? - pregunta Albert.
Eso es lo malo, parece que Fred no logra ver quién es - respondo agazapado y palmeando tres veces para que se apaguen las luces.
Somos muchos los que conocemos ésta casa - refiere Benedetti. Puede ser cualquiera - termina de decírmelo y eso yo lo sabía.
Lo sé, por eso no quería que nadie viniera... - le reclamé ante su famosa idea de presionar a Candy, meses anteriores.
¡Esperen! Si Candy está herida alguien conocido debe ser... - deduce Benedetti sin importarle mi molestia.
¡Fredich! - exclamamos los tres.
Fred - lo llamo ya que parece que no ha colgado.
Terry... - responde.
Seguramente es Fredich, ve a buscarlo - le ordeno y me corta la comunicación después de despedirse.
Sí Terry, enseguida - Fred cuelga.
Pasó media hora y Fred no regresaba, Albert creyó haber oído un disparo y luego nada. Pasaba el tiempo hasta que entró una llamada a mi celular
Señor... Fredich está muerto, tiene una bala en la cabeza - informó mi chofer apesumbrado.
¿Donde estás Fred? Dime ¿qué pasa? - insisto en que me lo diga.
¡Escondiéndome! Tengo una herida en la pierna, asegure a la señora, Niel anda por los alrededores, Cosomo llegara pronto - me informa con la voz entrecortada lo que me hace pensar que esa herida en la pierna puede que no sea totalmente cierta, quizás le haya dado en el torso.
¿Qué sucede Terry? - me pregunta Albert encarándome.
Tenemos que darnos prisa, toma Benedetti, Albert toma una para ti también - sin hacerle el menor caso, corro a la parte de abajo de la alacena y saco tres armas, las reviso, les doy un cartucho de municiones y les pongo el seguro.
Sí, vamos - ellos se quedan viéndome, pero al final la aceptan.
¿Estás seguro de que es Niel? - me pregunta Benedetti.
Fred dice que sí, Cosomo no se atrevería a dispararle a él y no hay otra persona que desee entrar a la casa por la fuerza - explico dirigiéndome de espaldas a la puerta principal.
¿Cómo llegó Niel? - pregunta Albert desconcertado.
No lo sabemos, a alguien debió seguir - en ésta ocasión no quería decir si era a Albert o a mí a quien siguió.
Nos repartiremos por la casa, no se preocupen por Candy, estará segura en mi habitación. Bien, Benedetti allá arriba, buscaré a Fred afuera y Albert aquí abajo, ¿preguntas? - ordene y cuestioné al mismo tiempo, ante sus negativas, salí mientras ellos hacían lo que se les había ordenado.
Bien, suerte a todos - deseó Albert y comenzó a rodear la casa.
Una verdad era todo lo que necesitábamos, seguramente Albert no se dio cuenta de que ese hombre lo seguía, pero no era momento de encontrar a un culpable, sólo quise saber lo que haría allí. Conocía mejor la casa que él, eso debía darme una ventaja. Oí a lo lejos pisadas, me aseguré de esconderme cuando pasó delante mío, era Cosomo que me interceptó en la playa muy cerca del ventanal de acceso.
Señor ¿qué sucede? - preguntó el soldado que tenía enfrente.
Fred está herido y Fredich muerto - solté rápidamente.
Ustedes dos busquen a Fred. La señora Andley ¿dónde se encuentra? - ordenó a dos soldados más y al salir corriendo me cuestionó por el paradero de mi novia.
Está en mi habitación - le respondí bajando la guardia y guardando la pistola.
Bien al menos estará bien segura ahí - creo que Cosomo sabía algo de mi habitación, por eso también se quedó tranquilo.
Sí, apaga la red de monitores de esa habitación menos la de mi celular, no quiero que sepa dónde se encuentra - sugerí mientras caminaba a la casa.
¡Sí señor, en seguida! - aceptó y fue corriendo a la sala de controles.
Cosomo - lo llamé a lo lejos haciendo que este interrumpiese su carrera.
Lo quiero vivo de ser posible - ordené y me di la vuelta, él hizo lo mismo.
¡Sí señor..., despliéguense, rápido! - ordenó por medio del radio.
Cuando se había alejado, escuché el crujir de una hoja.
Niel, será mejor que salgas de donde estés, te tengo una sorpresa... - advertí sacando la pistola y replegándome, justo como me había enseñado Cosomo, dos años en espera nos había dado tiempo para prepararnos de cualquier eventualidad.
¡Me la llevaré, Grandchester! - Niel advirtió siseando.
No creo que puedas siquiera encontrarla - lo reté, yo era el único que sabía donde se encontraba en esa casa.
¡Oh sí que lo haré y será para mí! - advirtió burlándose.
¡Eso es lo que tú piensas, enfermo! - mi rubio amigo se apareció, apuntándole en el cuello por la parte de atrás.
Albert, ¿estás... vivo? - cuestionó sorprendido cuando él le rodeó para darse cuenta de quién era.
¡Soy un fantasma...maldito! - respondió con sorna.
¿Estás vivo? ¡Todos estos años has estado vivo! - exclamó enojado Niel.
Para cuidarla de ti, tuve que dejarla para que no la molestaras más - reclamó Albert accionando el arma.
¿Qué harás ahora que él la disfruta? - Niel comenzó a molestar a Albert conmigo.
Él no es problema, ahora él la ama - Albert contestó mecánicamente.
¡Se la vas a dejar! ¡A él y no a mí que soy tu primo! - reclamó Niel observándome con recelo.
Ese chantaje no es para mí, intenta otra cosa - le confiesa Albert sin quitar la vista del arma.
Eres un perdedor como lo es tu hermano, que se acostó con ella - Niel no lo iba a dejar en paz nunca, él lo único que quería era huir de allí, de esa pistola.
No me lastimas con eso Niel - le informó burlón.
Entonces ¿qué te lastima? - preguntó Niel.
A éstas alturas nada, por eso es que me creíste muerto - le confiesa.
¿Por qué todos me quieren quitar lo que es mío? - pregunta derrotado con la mirada al suelo.
¡Candy no es tuya! - le recuerda el rubio.
¡Ella me eligió a mí! - reclama Niel de nueva cuenta.
Creo que esa es una mentira que te has creado, ¡no es tuya! - Albert insistió, finalmente él tenía más información que yo.
Ella no te eligió a ti, ¡tú abusaste de ella! - aseguró Benedetti.
Sí cuando la dejé, ¡ella se fue quien sabe a dónde! - al parecer Niel no escuchó lo que Benedetti le dijo.
¿Estás seguro? - le preguntó Albert.
Sí - respondió dudoso, la mirada del rubio había cambiado de aspecto.
¡Si casi la matas! - exclamó, presionando a Niel.
¡No le hice nada! ¡Sólo le di placer! ¡Ese que tanto quería! - se regordeó.
¿Recuerdas algo de esa noche? - cuestionó Marcello.
¡Sólo recuerdo cómo me rogaba que la hiciera mía! - respondió él como si eres recuerdo fuese muy vívido.
¡Estabas borracho! - aseguramos más de uno.
Sólo me tomé una tres copas y bueno un par de pastillitas para relajarme - refiere Niel, nadie sabía que se había drogado.
¿Estabas drogado? - no pude soportarlo, no podía que ese malnacido se haya drogado y que la haya dañado a ese nivel. Me fui en contra de él, levantándolo y estrellándolo en la pared de la casa.
¿Por qué tanto escándalo? ¡Por quererme sentir bien! - él no se había dado cuenta de la confesión que hizo.
¡Porque la desfiguraste desgraciado! - detrás de nosotros se apareció la voz ronca de William Andley, sorprendiéndonos.
¡Tío William! ¿Qué haces aqui? ¡Tú le avisaste! - Niel le reclama a Benedetti.
No, yo no le avisé a nadie, ellos llegaron siguiéndote a ti - exclamó Albert, su padre no podía creerlo.
¡Albert... eres tú! ¡No estás muerto! - se hizo hacia atrás y nada de lo demás era suficiente ya.
No papá, pero no es tiempo para mis explicaciones - advirtió mientras comenzaba a apretar el cuello de ese vil hombre.
¡Alto ahí! - de pronto Niel logró zafarse y comenzaba a correr desorientado.
¿Piensas dispararme inútil? - gritó Niel viendo como otra arma había salido de pronto.
¿Pareceré inútil si te doy un disparo en la cabeza? - le preguntó imitando la acción y asustándolo de muerte.
¡Calma Rocco, lo que menos queremos es que alguien más muera ésta noche! - lo tranquilicé.
¿Alguien más? ¿A qué te refieres? - todos nos sorprendimos al oír esas preguntas. Candy esperaba a que alguien dijera algo.
Niel... le disparó en la cabeza a Fredich... - respondió Benedetti con cautela.
¡No es cierto! ¡No es cierto! ¡Qué hiciste imbécil! ¡Qué hiciste! - gritó enloquecida, agarrándose la cabeza, no podía creer que su alma gemela estuviese muerto, no le cabía en la cabeza, poco a poco cayó semi inconsciente.
Ya estaba prácticamente muerto, sólo lo adelante un poco, ¿por qué tanto problema? - preguntó sin entender la gravedad del asunto.
Ella, ella va a enloquecer, la hemos perdido... - Benedetti se agachó a su altura, sus ojos tiraban lágrimas, no parpadeaba, estaba en shock.
¡Es sólo un amigo más! - expresó y William se acercó a darle una bofetada.
¡Es su alma gemela estúpido, podremos perderla! - le informó William y ahí fue que lo entendí. La vez que la vi en una llamada en la madrugada era él. Era Fredich con quien hablaba.
¡Esta aquí en algún lado! - Niel se burló de esa información.
Perderla psicológicamente ¡imbécil! - Benedetti lo reprendió.
Él fue una pieza importante para su rehabilitación - comentó William.
Me hubieran dicho que no lo matara, pero ya ven, nadie me dice nada - respondió tontamente.
Creo que no llegaste a la repartición de cerebros... - aseguró el rubio con certeza.
¡Albert! - lo reprendió su padre.
¿Es en serio? Primero la violas, luego casi la matas y ahora la quieres volver loca! ¡Cretino! - Albert no pudo contenerse comenzó a golpearlo, pero fue detenido por su padre.
Te faltó lo de Andrea - Marcello también quería aportar algo.
Sí por supuesto, matar a Andrea - resopló el rubio.
¡Ella fue la que se cayó! - aseguró Niel.
¡Mataste a mi hija! - Candy salió de su silencio para voltear a ver el reclamo de Albert. Ellos dos se miraron y Candice soltó un grito que espantó a todos, comenzando a llorar.
¡Mereces que te matemos, finalmente somos cuatro contra ti! - anunció Benedetti.
Cinco - respondió Albert, tomaba en cuenta que él no estaba excluido.
Seis - anuncio Anthony que llegaba de pronto.
Siete - era Marcello Rocco padre
¿Cuándo llegaron? - cuestionó William.
Hace unos momentos, ¿dónde está ella? - preguntó Anthony.
Aquí... - la mano de Benedetti sobresalió entre todos los presentes.
Señor - me dice Fred, con breves llamados.
¿Qué sucede? - pregunto.
Cosomo y sus hombres tienen en la mira al señor Leagan, dé la orden cuando esté listo - refiere colgando y al guardar mi celular.
¿Qué sucede? - preguntó Niel al ver que me había quedado esperando a los demás.
Que si ésta vez no mueres, es porque de verdad tenemos mala suerte, bajen sus armas... - sugiero mientras los demás las bajaban.
¡Pues no moriré! - asegura Niel.
Espero que te veas el cuerpo, muchos están apuntándote con mira infrarroja, haces algo y te mueres - sugiero haciendo que él se viera las miras rojas sobre su cuerpo, cientos de ella y más la que se dirigía al corazón.
¡Solo quiero verla! - grita y pide.
¿Para qué? - pregunta una persona que no esperábamos que lo hiciera. Había llegado el máximo defensor de Candice, el Abuelo Rocco.
Sólo la tuve una vez y se fue con ese - Niel señaló a Albert, quien sonrió ante esa mención.
¡Casi la matas! - exclama el abuelo Rocco.
¡No es cierto, no le hice nada! - vuelve a su misma cantaleta. Era en verdad que el cerebro drogado de Niel haya borrado tal acción malvada.
A esto le llamas... nada - William sacó un sobre y de ahí unas fotos, sí, las fotos de Candice, esas que yo tenía en un libro en mi recamara, escondido de miradas curiosas. William sacó una, de cuando fueron tomadas en el hospital, la agarró con los dedos y la botó en el pecho de él.
¿Quién es? - Niel solo la vio, esas imágenes eran horrendas.
Es ella, ¡así la dejaste! - respondió William, todos lo miramos y después la foto que tenía en las manos volver a recordar, volver al pasado, todos volvían al pasado una vez más.
¡No es cierto, yo... yo no fui! ¡No es ella! ¡No es ella! ¡No pude haber hecho esto! - Niel con esa simple foto se había quebrado, se quebró su alma por primer vez.
Sí, es ella. ¡Así la dejaste! - todos dijimos más o menos lo mismo.
¡Santo Dios! ¡Yo no pude hacerlo! ¡No pude! ¡No pude! ¡Yo no fui! ¡Tío, tío, yo no fui! - Niel soltó la foto y se replegó, luego cayendo en conciencia se dirigió a William y agarrándolo de los hombros le decía que no había hecho eso.
Sí lo hizo joven Niel, no le dejaste rostro, la sometimos a 22 cirugías, la golpeaste tanto que la desfiguraste, le quitaste los pezones a mordidas, la cortaste... - Benedetti comenzó a enlistar lo más importante, él que lo soportó todo, él que había visto algo más que su cuerpo, él, que vio como el alma pura de Candice se convirtió en piezas rotas y en una mujer tan envejecida por dentro como por fuera.
¡No, no es cierto, alguien más le hizo eso! - Niel seguía negándolo.
No, fuiste tú, de verdad que fuiste tú - William era la primera vez que le golpeaba a alguien, William le dio un golpe duro a su sobrino.
Candice...¡por eso me odia! ¿Es por eso? - cuestiona a todos, sin que nadie lo haga, volver al pasado duele demasiado.
Sí, fue por eso - responde Candy, sacando algo de debajo de la blusa y tomándonos a todos por sorpresa. Fue por eso y porque no supe como amar a otra persona... - alza el arma a la altura de su cabeza, justo en el frente, haciendo que los demás nos demos cuenta de que la va a usar.
¡Candy! - todos la llamamos, pero no le prestamos atención.
Candy baja esa arma - pide el abuelo Rocco pero parece no oírnos.
¡No me mates! - pide Niel viendo como el rostro de Candy es ausente, está en otro lado, quizás en un recuerdo o en algo que a ella le falta.
¿Qué haces aquí, Niel? - cuestiona de pronto, dándonos cuenta que para ella todo comienza de nuevo.
¡Candy, no me mates! ¡No sé por qué hice eso! ¡Te lo juro! ¡Te juro que no lo sé! - Niel comienza a rogar.
¡Porque eres un malnacido! Por eso, ¿por qué mataste a Andrea? ¿Por qué mataste a Ferrel? - Candy cuestiona soltando lágrimas y reprimiéndolas.
¡Yo no los maté! ¡Cometí errores! Pero no sé ¿por qué lo hice? Yo no sabía que Fredich era tu soporte - Niel dijo muchas cosas sacando de nueva cuenta lo de Fredich. Todos nos miramos y cerramos los ojos, Candy pasaría por ese dolor de nuevo.
¡Calla imbécil! - ahora fue Rocco padre quién se dio cuenta de lo que sucedía, Niel había cometido un error, que ahora podría costarle la vida.
¿Qué quieres decir? ¿Qué le ha pasado a Fredich? - pregunta dándole un golpe con la cacha en la frente, tirándolo en medio de un quejido.
¡Nada querida! - el abuelo Rocco trató de distraerla.
¡Déjenme! - ella se volteó sin perder de vista Niel, amenazándonos a todos con el arma. ¿Qué le ha hecho éste a Fredich? - ahora nos pregunta a todos.
Lo mató, le disparó en la cabeza - suelta William, quizás eso amortiguara sus acciones.
¡Fredich! ¡No! ¡Noooooo, no, no! ¡No puede ser cierto! ¡Nooooooo, déjenme verlo! Déjenme! - Candy corrió hacia él, pero fue detenida por Anthony.
¡Ya está muerto, ya no puedes hacer nada! - le dijo Anthony, ella no paraba de luchar por ser liberada.
¡Está... muerto, no puede ser, no es cierto, es una broma! - exclamó dejándose caer aún con el arma en la mano.
¡Ven mi amor! - decido ayudarla a levantarse, pero me lo impide.
Tú, tú tienes la culpa, ¿qué hace el aquí? - Candy se soltó y me lo reprochó. No podía decirle que realmente no era mi culpa sino de Benedetti.
¡Candy! - Anthony la reprendió.
Espera, Terry - William me detuvo, iba a decirle lo qué pensaba.
Candice ¿qué crees que estás haciendo? - le preguntó Anthony.
¡Él se ha ido! - respondió contestándole.
Pero sucede que tú estás viva y además no puedes romper su futuro - soltó haciendo que entrara en razón.
¿De qué hablas? - cuestiona Candy sin entenderlo.
Recuerda a André. Candy, ¿lo recuerdas? - preguntó Albert esperando que su mente quisiera salir del shock emocional en el que estaba.
Candy, baja el arma... - pidió el abuelo Rocco colocándose a su lado.
Candy, dame el arma - pidio Anthony.
¡No... no quiero sufrir más! - ella se retrajo y segundos despues soltaba llanto descontrolado.
¡No vas a sufrir más, solo reacciona y dame el arma! - la reprendió Albert tratando de quitarle el arma, pero ella reaccionó mal y empujó a todos los que estaban cerca haciendo que trastabillasen.
¡Aléjense! - cuando se hubo librado de ellos tomó el arma y volvio a colocarla en la frente de Niel.
Benedetti, tenemos que hacer algo, ella no va a soltar el arma - le dije en voz baja.
¿Qué crees que estás haciendo, tonta? - Anthony le preguntó con una voz seria, él haría que dejase el arma.
Anthony - su padre lo llamó.
Cariño ¿qué haces? - de pronto mi madre apareció detrás de mí.
Mamá... mamá... - ella la llamó cariñosamente, Candy necesitaba un carácter dulce en estos momentos.
¿Qué haces aquí madre? - susurré por lo bajo.
Ayudando ¿no ves? ¡Ven aquí, ven pequeña! - insistió Eleonor, pensando que Candy daría el arma cuando llegase con ella.
¡Tomen el arma! - ordenó Albert y cuando todos peleábamos con ella por el arma, ella extendió la otra mano donde tenía un arma pequeña y con la que le queríamos quitar dio un paso a un lado, donde se encontraba Niel deteniéndolo.
¿A dónde vas cretino? - Candy le apuntó nuevamente, haciendo que nosotros nos alejáramos por el intento fallido.
¡No Candy, nooooooo! - de un momento a otro en un descuido Candy movió la mano donde tenía el revólver y después... nadie se esperaba lo que sucedió.
Bang, bang
Continuará...
