Capitulo XLI

Desde ese día habían pasado muchas cosas, los regalos para la boda comenzaban a llegar y seguramente había sido obra de mi madre, se estaban acumulando en mi habitación, lo más extraño de todo era que mi novia seguía sin aparecer para mirarlos siquiera. Hacía unos cuantos días en mis constantes visitas a Lacio me di cuenta de que Mo estaba enferma y hoy me tocaría darme mi vuelta para verificar como seguía, a esta hora Paolo seguramente estaba bañando a la camada, pero no lo localizaba y el ruido de los perros tampoco lo escuchaba en el patio contiguo a la entrada del edificio. Últimamente el pent-house de Lacio parecía solitario, lejos estaba de saber que este día no iba a ser todo lo tranquilo de siempre, me encontraba entrando a la sala cuando de pronto la camada pasó por donde caminaba, todos llenos de lodo.

Paolo, Paolo, ¿ya viste a la camada? ¡Está toda sucia! Paolo, ¿dónde estás? – cuestioné al dar un salto hacia atrás cuando vi que un perrito estaba lleno de lodo en un solo flanco.

¡Él no está aquí! – gritó una infantil voz.

¡Santa madre! ¿Quién eres? – pregunté, lo acepto ni por la cabeza me imaginaría que Ni ya había llegado a Lacio, como una hora después lo supe.

¿Quién eres tú? – me preguntó el pequeño.

Busco a Paolo, la jauría está toda sucia – respondí medio sonriente.

Sólo Booster está sucio, los demás no lo están – me respondió preocupado.

¿Quién eres? – el chiquillo no se detendría hasta saber quién era yo, pero yo quería saber quién era él.

No debo hablar con extraños… - respondió evadiéndome de nueva cuenta.

Mi novia vive aquí… - respondí inmediatamente dándome cuenta de que posiblemente su madre era nada menos que Candice, cómo se le parecía, no físicamente claro está.

¡Ella no duerme con hombres! – me gritó de pronto.

Sabes ¿quién es mi novia? – pregunté, iba a averiguarlo tarde o temprano.

No, pero mi mamá no tiene novio, pero si esposo – resolvió confesar.

¿Me podrías decir el nombre de tu madre? – cuestioné, sabia de alguna forma que era terco como lo era Candice.

Маленький, Ni. Perdón ¿quién es usted? – preguntó una chica que buscaba al pequeño.

Mi nombre es Terrence Grandchester – le contesté, ofreciéndole mi mano para saludarla.

¡Oh señor Grandchester! Mi señora no ha llegado aún – me contestó al mismo tiempo que me saludaba.

¿Él es Nikcolai…? – quise saberlo, ya que el niño me miraba constantemente.

Sí, él es Ni… ¿gusta tomar algo? – cuestionó la chica, caminando hacia la sala.

No gracias, sólo avisaba – referí siguiéndola un poco más.

Booster se ensució de lodo en el jardín, Evarina – Ni le comentó rápidamente.

Ve por él para asearlo – Evarina le ordenó cálidamente a Ni acariciándole la cabeza.

Sí, permiso – el pequeño asintió y se retiró de allí con una venia y las manos entrelazadas al frente.

Pasa pequeño – en ese momento recordé que Benedetti me había dicho que el pequeño Ni, era todo un soldadito.

¿A qué hora llegará Candice, Evarina? – le pregunté a Evarina.

Dentro de una media hora señor Grandchester, ¿gusta esperarla? – me preguntó Evarina.

Sí gracias, estaré en su habitación – le respondí atento.

Sí señor Grandchester, espere le han traído una mariposa nueva a la señora, ¿quiere verla? – Evarina me interrumpió cuando me dirigía hacia su habitación, ofreciéndome ir a un sitio que no conocía.

Claro, ¿dónde se encuentra? – cuestioné emocionado.

Ahí en la puerta hay un botón, púlselo dos veces seguidas y se abrirá una compuerta – me indica amenamente.

Gracias – agradecí comenzando a retirarme y pulsando el botón indicado dos veces y lo que vi me dejó pasmado.

Permiso – ella hizo lo mismo y desapareció rápidamente.

Lo que vi en esos momentos me maravilló, aunque a ciencia cierta no sé quién le copió a quién, esa parte del departamento no la conocía, era un atardecer muy bonito y más con la variedad de colores, Cristell no era la única que lo había hecho, la idea definitivamente había sido de mi novia y me parecía increíble.

¿Te gusta? – me preguntó Ni sacándome de mi asombro.

¿Perdón? – pregunté distraído.

¿Que si te gusta la nueva mariposa? – cuestionó de nueva cuenta el chiquillo.

¿Cuál es? – quise saberlo, no salía de la belleza de una cuando veía otra y otra.

Esa, la que se ve verde, por allá – me señaló una pequeña mariposa que se encontraba cerca del gran ventanal.

Es… - quise saberlo.

¡Se llama André y será mi hermano! – comentó él emocionado.

André, ¿cómo sabes que se llamará así…? – le tenía que preguntar.

Porque esos son los colores del aura de André, por eso… - afirmó rápidamente.

¿Tú eres Ni? – ahora era hora de que él me lo platicara.

Sí, mi nombre es Nickolai Andley – respondió él con orgullo, al menos esa era una razón más para pensar que este chiquillo era totalmente parecido a mi novia, ¡qué horror!

Me lo imaginaba. ¿Está Andrea aquí? – le pregunté sentándome en una esquina del ventanal.

Sí, es ella – respondió y señaló al mismo tiempo, dirigiendo la mirada hacia ella.

¡Es muy hermosa! – dije y eso era una verdad innegable.

Justo el único rosa que le gusta a mi madre – me contó Ni sentándose a mi lado.

Y ¿cómo es ella? – quería saber qué opinión tenía de Candice.

Es buena… - refirió el pequeño.

Y bonita – agregué sin darme cuenta de que estaba hablando en voz alta.

Sí también bonita – Ni sonrió al repetirlo.

¿Es cariñosa? – le pregunté, ahora parecía serlo, pero cuando la conocí no parecía serlo.

No siempre, pero si es cariñosa – admitió enfáticamente.

¿Es enojona? – al parecer Ni se parecía tanto a ella que cuestionándolo sabría más que pidiéndole que hablase de ella.

Es triste… a veces – respondió algo diferente a lo preguntado.

¡Se pone triste! ¡¿Por qué? – pensé, obviamente, así como Candice Ni no me iba a soltar nada… o al menos eso pensé.

¡Por su niñez, fue difícil…! – sin embargo, el pequeño se le salió esa información. Obviamente que no esperaba que me lo contase o a lo mejor ella le dijo eso para no mortificarlo con la verdad.

Sabes, haces la misma cara que ella cuando está seria – le dije cuando al hacer una mueca me la recordó.

Estamos conflictuados… - me corrigió.

¿Conflictuados? – cuestioné sacándome una sonrisa.

Sí, pensativos – agregó.

Bien, ¿qué más me cuentas? – le cuestioné como si fuésemos los más grandes amigos.

¿Tú quién eres? – me preguntó sin pena alguna.

Me llamo Terry – le contesto.

¡Tú eres su papá! – exclama fascinado.

¿De quién? – tonta pregunta, sé que me está preguntando.

¡Tú eres el papá de André! – exclama de nueva cuenta.

¿Cómo sabes que soy su papá? – quiero saberlo.

Ella me lo ha contado todo, la otra vez, cuando lloraba, la encontré tirada en el baño… - comenzó a relatarme sin tener el más mínimo cuidado de los acontecimientos pasados.

¿Por que estaba tirada en el baño? – pregunté calmado, pero lejos estaba de sentirla.

Durmió ahí, tenía marcada la alfombra del baño en la mejilla – me contó, enseñándome la forma de la alfombra sobre la mejilla.

Quizás se quedó dormida… - solté solidariamente.

Eso me dijo, que no me asustara – terminó de informar, aunque a ciencia cierta no lo había hecho del todo. Han sido mis mejores vacaciones, ¡han sido locas! – gritó emocionado y se levantó, saltando, es ahí que ahora le creo a Benedetti.

¿Te divertiste? – le pregunté sonriendo un poco.

Sí, me divertí mucho, hicimos cosas que nunca me imaginé que ella haría, ¡es una miedosa! – exclama con júbilo.

Créeme que lo sé y ¿qué más Ni? – le pido que lo haga, ella esto no me lo diría ni, aunque estuviera en peligro de muerte.

Sabes… a veces pienso que mi madre me engaña… - suelta de repente.

¿Por qué lo dices? – pregunto sin entenderlo, pensé que estábamos hablando de sus vacaciones y me cambió su conversación a otra.

Mi tío Niel… cuando él está cerca se asusta mucho, pero dice que no lo hace… - confiesa.

¿Ha estado cerca, últimamente? – cuestiono mirándolo.

No, creo que está enclaustrado en su casa… no le digas a mi mamá que estuve escuchando detrás de la puerta de nueva cuenta… - me pide preocupado.

No se lo diré, pero me contarás si escuchas algo del tío Niel, ¿verdad? – ahora es mi turno de pedirle un favor implícito.

¡Sí, además me caíste bien! – responde dándome un leve golpe en la espalda.

¡Y tú a mí! – confieso. ¿Tardará tu mamá? – quiero saberlo.

Nickolai Andley Tollentino, ¿dónde estás? – de pronto Candice lo llama.

¡Hola Candice! – me asombra la poca familiaridad que hay entre ellos.

¡Aquí estás! Ya viste ¿cómo dejaste a Booster? – le pregunta acariciándole la barbilla.

Sí mamá… Candice, pero no fue culpa mía, todos se salieron y ya no pude controlarlos – responde él un poco preocupado.

Bueno, ande con Evarina y que te ayude a meterlos a las jaulas – le ordena de pronto, sonriendo por su confesión.

Pero sería descortés que lo dejáramos sólo ¿no lo crees? – indica él con la mirada hacia la esquina donde me encuentro.

¿A quién mi niño? – pregunta ella siendo jalada por Ni hasta donde me encuentro.

¡A él! – refiere cuando me asomó un poco dirigiendo la mirada hacia la puerta.

¡Hola! – la saludo con un guiño.

¿Terry? – pregunta ella sorprendida.

¡No, el payasito de nieve! – intento hacerle una broma.

¿Has adelgazado? – me devuelve el cuestionamiento sacándome una pregunta que nada tiene que ver con el tal payasito de nieve que no existe.

¡Qué simpática! – refiero haciéndola reír.

¿Qué haces aquí? – me pregunta.

Nada, bueno vine a ver a Mo, ha estado enferma. Pero estaba viendo esa mariposa, Evarina me dijo que podía pasar – me justifico por la intromisión.

Claro, dice que apenas me la trajeron, ¿te gusta? – me pregunta directamente, como esperando la contestación.

¡Es hermosa! – respondo.

¡Es André…! – me confiesa, eso es alfo que ya sabía.

¿En verdad? ¿Has platicado con él…? – infiero.

¡Sí, he platicado con él! – me lo cuenta sin tapujos.

Y ¿qué te ha dicho? – cuestiono sacándola de concentración.

Que, ¿cuándo lo harás realidad? – me contesta queriéndome sacar a relucir que yo no quiero hacerlo realidad.

Pues eso si que no lo sé, no pones mucho empeño en ello – le respondo medio reclamándole.

Tú no quieres hacerme el amor… - se justifica yéndose por ese camino.

¿Quién dice que no quiero? Tú te quieres saltar todas las reglas que tú pusiste – le reclamo, ella me impuso no tocarla y ahora me cumple o me deja como estaba.

¿Desde cuándo me haces caso? – me preguntó.

¡Desde que me pediste a nivel nacional o mundial que me casara contigo! – respondo sonriendo y sacándole lo primero que se le vino a la mente.

¡Mera formalidad, ya te había dicho que sí! – se justificó.

Si te lo pedí antes es porque si quería casarme contigo… mi madre está recibiendo regalos de boda en la mansión y ya son demasiados… - me quejo.

¡Aún no me das el anillo! – se queja con aparente gusto.

Y ¿cómo se lo voy a dar? Sino he tenido el gusto de verte – le reprocho, de querer lo quiero hacer desde que andaba con Rocco, pero ella que no pone de su parte.

Cierto… buen punto – ella acepta que así ha sido, sentándose a mi lado.

¿Cuándo le ponemos fecha a la boda? Ya tenemos algunos adelantos… - le suelto acostándome sobre el piso y ella imitándome recarga su barbilla sobre mi pecho y el dorso de su mano.

Ah sí, ¿cómo cuáles? – me pregunta cuando se siente más cómoda.

Mi frac, los mejores diseñadores para el vestido que ya está pagado. Mi madre te espera con la selección de todo lo demás…. – le confieso haciéndola sonreír y protestar por el pago del vestido.

¡Yo quiero pagarlo…! - protesta inevitablemente.

El vestido le toca al novio, así que no repeles – le advierto, le he ganado, la costumbre es la costumbre y ese dinero será bien gastado.

Espera, espera, respira… que tu madre ¿qué? – muy tarde se acordó de lo otro que le había dicho.

Que mi madre quiere ser la madrina principal – explico.

¡No puede estar hablando en serio! Se supone que es la mejor amiga de la novia… - recuerda ella, Paula estaba muy ilusionada con esa idea.

¿Paula? – infiero porque es la única amiga que le conozco.

Puede ser…la verdad no me he detenido a checar eso – miente como si fuera posible eso.

¿Te sientes bien? – cuestiono observándola un poco desvelada.

¡Me siento feliz! – lo admite y eso me hace más feliz.

¿Me amas? – le pregunto, quiero escucharlo de nueva cuenta.

Sí, te amo Terry – admite sonrosada.

Pues prepárate porque nos iremos a Grecia de luna de miel – le informo y de verdad que no me esperaba su respuesta.

¡Estás loco, no iré a Grecia! – exclamó levantándose o al menos lo intentó.

Es un regalo, unas vacaciones a Grecia ofrecimiento de Nikopolidis – la detuve y regresó al piso donde la recargué en sobre mi brazo.

¿En serio? – preguntó cuestionando que dijera la verdad.

¡Sí, tenemos que ir no podemos desairarlo! – mentí un poco, Nikopolidis me había invitado, pero no era verdad que era por la boda.

¡Qué casualidad! – enfatizó ella. ¿Me vas a besar? – pregunta cuando me levanto a verla y me acerco a su rostro, apenas unos milímetros cerca.

¿Tú qué crees? – cuestiono, mordiendo su labio inferior.

Terry… - me interrumpe en el momento en el que iba a comenzar a besarla.

Dime – responde ahogando un suspiro.

Niel… no está en la cárcel… - suelto, sin ser pregunta.

¿Cómo sabes eso? - preguntó ella desconcentrada.

William me lo dijo, que lo tienen en una especie de casa de seguridad, pero que no es la cárcel – le informo echándole la culpa a William y no a Ni.

¿Temes por ello? – pregunto ella como buscando información en su mente.

No y ¿tú? – le regreso la pregunta.

No, mi memoria está en paz – refiere sacándome una sonrisa.

Eso es bueno saberlo – suspira aliviada.

Sí que lo es… Terry – me llama, no me deja disfrutarla como yo quiero.

Dime – respondo.

¡Casémonos en seis meses! – propone de pronto.

¿Seis meses? ¡Es mucho! – protesto, esta no me la ganará.

No cuando soy la única que prepararé la boda… - refiere, si sé que los hombres nos hacemos pato como ella dice con eso de las bodas, pero caramba, esta vez seré diferente, quiero disfrutar de ella preparando algo, algo que sea para ambos.

¿Quién dice que sólo tú la prepararás? – cuestiono haciéndolo parecer incongruente.

Bueno tu madre y yo y quizás mi madre quiera aportar, no sé – resopla intentando levantarse, pero se lo impido.

No mi amor, los dos prepararemos la boda – afirmo sobre ello.

¿Estás hablando en serio? – eso la saca de sus pensamientos, cualquiera que estos fueran.

¡Dos meses! – le propongo.

¡Ni loca! – repela acomodándose mejor.

Bueno, ¡tres meses! – vuelvo al ataque.

¡Dirán que estoy embarazada! – se justifica, lo que los demás digan me vale un reverendo pepino, aunque…

¡Qué se haga realidad! – imploro al cielo.

Está bien, tres meses, pero ni uno más – termina aceptando ante la idea de querer hacerla madre.

Bueno, mi amor, es hora de irme – le informo tratando de levantarme, pero no me lo permite.

¿A dónde te vas? – cuestiona impresionada por mi pronta salida.

A mi casa, debo descansar que mañana saldré de viaje – le informo, rodándome para levantarme.

¿Te demorarás? – inquieta se levanta.

No lo creo, un par de días si acaso – refiero comenzando a pensar mil cosas que hacer.

Bien, te veré después entonces… - suelta ella triste viéndome caminar por el pasillo que hacia la salida.

Bien, te llamo cuando regrese – le digo, dándome la vuelta y tomándola de la cintura, le doy un beso profundo y me voy de su departamento.

Bien – ella se queda desconcertada por el beso dado y al cerrar la puerta, sonrío.

Ya afuera del complejo donde Candice vive, tomo el celular y le llamo a mi asistente.

Bueno, Nympha – la llamo rápidamente.

Señor, ¿se le ofrece algo? – me pregunta Nympha preocupada.

No te asustes, puedes tomar nota, tengo que encargarte algunas cosas – le aseguro notablemente, su supone que se divierta no que se preocupe.

Sí señor… - obedece.

Gracias – después de agradecerle por interrumpirla en lo que hace, le doy la lista de cosas que me gustaría que consiguiera a más tardar… para mañana.

Horas más tarde…, en presencia de Fred y de mi madre.

¡Hola amor! – la saludo cuando escucho que del otro lado de la línea se oyen susurros como si cantara algo.

¡Hola Terry! ¿Qué pasa? ¿Como te va de viaje? – me preguntó, observando una cosa, que no me puso atención.

Muy bien, mi trato se cerró… - le confieso, si Nympha ya tenía todo a la orden.

¡Qué bueno! ¡Felicidades! – me felicitó, al parecer le cantaba a Ni.

Sí, gracias. Candice… - la llamé por su nombre.

¿Qué pasa? – cuestionó.

Mi madre quiere cenar contigo mañana por la noche, ¿puedes? – le pregunté a sabiendas que se preocuparía por el pequeño Ni.

Por supuesto, veré con quién dejo a Ni – me asegura.

Puedes llevarlo contigo, ve de vestido formal – le informo dándole una opción.

Tendré que salir a comprar uno decente – refiere haciéndome sonreír, mi madre me dice que ella lo comprará.

Mi madre me mandó un mensaje, dice que ella te está enviando el vestido en estos momentos – refiere escuchando que Eleonor habla con una casa de modas.

Gracias, ¿sabe mi talla? – pregunta sorprendida.

Sí mi amor – refiero y intenta reírse.

Dale las gracias de mi parte – ella agradeciendo, imposible.

Entonces le llamaré para confirmar, como a eso de las 8, ¿estará bien? – la cito a una hora determinada.

Estaré ahí en punto de las ocho – me dice, apuntándolo en su celular.

Espera… Fred irá por ti a esa hora – se me ocurre, porque ella piensa que será en la mansión y no en el parque.

Bien, lo esperaré – accede gustosa.

Gracias bonita – le agradezco, ella sabe que me despido de muy mala gana.

Gracias Terry, que duermas bien – me desea y cuelga.

Adiós – hago lo mismo y cuelgo.

¿Qué te dijo? – pregunta mi madre.

Que Fred puede pasar por ella a las ocho – refiero contento.

Bien Terry, iré por ella a esa hora – asegura Fred y se despide.

Sí Fred, ¡estoy muy nervioso! – aseguro y mi madre me sonríe.

¡Calma hijo, todo saldrá bien! – me asegura ahora mi madre.

Sí mamá, soy un hombre muy afortunado… - confieso.

Al otro día en la noche ya todo estaba armado. Fred fue por Candice y Ni, que lo saluda cuando el vigilante del edificio toca a su puerta para avisarle que se encuentra esperándola abajo.

Buenas noches, señora Andley – saluda Fred.

¡Hola Fred! Saluda Ni – ella anima al niño a que salude a Fred.

Jovencito – Fred estira la mano para saludarlo.

Nickolai Andley Tollentino, señor – él la acepta y al mismo tiempo se presenta.

Fred… mucho gusto y muy correcto – él se presenta también y agradece la forma en que lo hace.

Gracias – Ni se sonríe con él y mira a Candice.

¿Nos vamos? – cuestiona Fred, al ver que ninguno se mueve.

¡Sí, vámonos! – ahora el emocionado niño se adelanta para abrir la puerta a su madre.

¿Cómo has estado, Fred? – mientras el pequeño Ni lo hace, Candice le pregunta a Fred por su bienestar.

Bien señora, ¿usted? – Fred comienza a platicar amenamente con Fred.

También bien, volviendo a nacer… - le sonríe ante esa expresión.

Me da gusto, señora – Fred parece pasárselo bien cuando ambos platican.

Todo el camino Candice y Ni van platicando con Fred, sobre las cosas que él ha visto y el niño maravillado le pregunta sobre todas ellas. Cuando de pronto Ni pregunta.

¿Ya mero llegamos?

Fred, éste no es el camino a la mansión – Candice no se había dado cuenta, pero sí, ese no era el camino a la mansión.

Lo sé señorita, la señora Eleonor decidió de última hora cambiar el lugar de la cena – refiere Fred tratando de sonar muy serio.

Bien, afortunadamente vengo contigo, si no, no sabría qué hacer – suelta Candy haciendo sonreír a mi mano derecha.

Vamos, es por aquí… ¡oh no! Creo que se me olvidó el chal de la señora Eleonor, Nickolai vas conmigo al coche por él – le pregunta al pequeño.

Sí, le acompaño – el chico accede y de regreso al auto le toma la mano.

Vamos, en un momento regresamos, usted adelántese – le dice Fred, sintiendo que ella no caminará si no es con él, pero al final accede.

Gracias Fred – Candice le agradece y comienza a caminar.

¡Fíjese por dónde camina! – le grita Fred al ver que llega a un camino empedrado.

Sí, gracias – agradece sin voltear mientras Fred y Ni se escurren por otro lado para llegar al lago.

Candice caminaba en medio de un oscuro parque cuando de pronto luces tintineantes aparecieron con cada paso que daba y más adelante comenzaron a aparecer y parpadear huellas, a lo largo de un camino que le indicaban por dónde debían seguir, Candice caminaba atenta a lo que aparecía delante de ella y cuando llegó al final de éste, se topó con la orilla del lago o al menos eso parecía, a la par de ella, las personas que caminaban por ahí se detenían al ver que comenzaban a tocar música y al otro lado del lago salían luces; era un vals, algo conocido por ella, sonrió y observó que aparecía al fondo sobre una especie de pantalla el lago de su país, en tres colores y pronto apareció Italia y ella sonrió cuando apareció una linda mujer de alas plateadas que volaba de México a Italia y caía accidentalmente en Roma, sobándose la cabeza cuando se levantó, al descender la esperaba un deslumbrante caballero de plateada armadura que bajó del Coliseo romano y comenzó a caminar hacia el hada de las alas plateadas.

El gallardo caballero sonrió, se presentó con una venia al hada y tomando su mano la encaminó a su castillo para después llamar a todas las haditas del bosque que concurrían a una celebración y luego de un momento a otro a los lados del lago había velas, muchas y tintineantes, que quisieron decir algo, pero que se les prohibió. De pronto unas luciérnagas salieron naturalmente y comenzaron a iluminar esa oscuridad, se conglomeraron en el centro y unas luces formaron algunas palabras, al parecer contando una historia:

Cuando te conocí era muy desdichado y vacío, cuando te conocí no conocía el amor, cuando te conocí no sabía lo que era anhelar un alma, cuando te conocí no sabía que era amar a una mujer, cuando te conocí no sabía que era pertenecerle a una mujer y cuando te conocí, supe que ese día no volvería a ser el corazón de nadie… ¿Candice, aceptas casarte conmigo?

Candice veía aún al frente, con los ojos nublados por las lágrimas, intentando no llorar cuando de pronto aparecí vestido de blanco, esperando al lado de ella, hincado y con un anillo en una cajita rosa mexicano donde se encontraba un anillo formado por tres corazones; un zafiro, el mío; una esmeralda, la de ella y un granate el de nuestro pequeño André.

Candice no puede creerlo, me ve a su lado y no dice nada, la miro detenidamente cuando le sonrío y segundos después ella se echa a mis brazos, rodeándome el cuello y besándome el alma, esa de la que nunca dejaré que se vaya y de la que nunca la dejaré separarse, cobijándola en mi pecho y entre mis brazos.

De pronto, todos rompen el silencio que nos acobija con aplausos, hombres y mujeres los ven extasiados, a punto de llorar porque nuestro amor parece sentirse en el aire.

Sí, acepto – me susurra al oído.

Te amo preciosa – respondo cuando ella me sorprende al besarme.

Te amo Terry, ¿cómo sabías? No entiendo, ¿por qué estás aquí? – me cuestiona en evidente sorpresa.

Es lo único que se me ocurrió cuando me dijiste que sólo esperarías tres meses – le reitero que era muy poco tiempo para todo.

¡Me encantó mi amor! ¡Qué cursi eres! – me dice, al parecer me insultó un poco.

Leí Terry el Castor Malhumorado, así que la cursi ¡eres tú! – le devuelvo el insulto a ella, ya que su libro me dio una gran idea.

¿De verdad? ¿Todo? – me pregunta, a sabiendas que para darle luces, un lago y luciérnagas es porque llegué hasta el final.

Eso me dio una idea… - afirmé como buen Grandchester.

Ya veo, fue buena idea entonces. Eleonor – ella asintió, al parecer le había gustado todo, pero… de pronto mi madre se acerca muy sonriente y la felicita. Candice se levanta y se acerca a ella.

Felicidades Candice – dice Eleonor.

Gracias – ella muy contenta la abraza y por fin decidí, al verlas juntas abrazándose y muy felices, estar rodeado de las mujeres más hermosas en mi pequeño mundo: mi nana, mi madre y mi futura esposa.

Continuará…