Capítulo XLII
Señor – Fred me habla de alguna parte, me doy cuenta que se encuentra detrás de mí.
Sí Fred, ¿qué pasa? – pregunto ansioso, pensando que ese insensato se haya enterado de que estoy celebrando mi cena de compromiso.
¡La cena está lista! – expresa Fred sonriente, en verdad que el hombre está feliz.
Bien Fred, avísale a Cosomo que nos moveremos de aquí y que si aparece Niel ya sabe cómo proseguir – sí, pensaba que ese hombre se aparecería en nuestra fiesta de compromiso.
Sí señor, le aviso, permiso – Fred se retira rápidamente dirigiéndose a las cocinas.
Mi amor, mamá, vamos, la cena está servida… - tomó del brazo a mi madre y de la mano a Candy dirigiéndolas a un apartado del invernadero, de ser por ellas nunca más se moverían del lugar donde se encontraban.
¡Sí, allá los alcanzo! ¡Voy por tus hermanos! – Eleonor después de sonreírle a Candy, se disculpa y va en busca de mis hermanos.
Sí mamá, vamos… – apuro a mi novia que toma mi pañuelo para limpiarse el rostro, nunca creí verla llorando de emoción… por algo.
¿Qué tienes? ¿Dónde está Ni? – pregunta ella preocupada al observar como mis ojos la observan mientras sonrío.
Seguro con Fred, creo que le ha gustado estar con él, hay muchas cosas que tocar – le aseguro, Fred se lo había llevado al control de mando de Cosomo.
¿En serio? Terry – me llama, como me gusta escucharle decir mi nombre.
Dime – contesto viendo por donde la estoy arrastrando.
¿Hoy me harás el amor? – pregunta ella, mi Candy, siempre tan oportuna.
¡Ay señora mía! Usted disfrute y deje de andar tentándome – le advierto con sorna y tocándole varias veces el dorso de la mano, digo, no iba a ser el único al que siempre estuviese a punto de…
¿Funciona? – me pregunta con sonrisa malévola.
No, vamos. Dime ¿te gustó la sorpresa? – intento distraerla, suponiendo que eso fuese posible.
Sí, ¿entrenaste a las luciérnagas? – me pregunta audazmente, si supiera.
Digamos que les ordené y ellas lo hicieron – respondí sonriente.
¿Fueron robots? – me preguntó deteniéndose.
Algo así, espero que me lo tomes en cuenta – sugerí riéndome por el rostro de lo que parece ser no había entendido nada.
¡Por supuesto que te lo tomaré en cuenta! – ella por supuesto, pasó delante mío cuando le indiqué que estábamos por llegar. Pero lo que no se esperaba era que le robaría un beso.
¡Hey ustedes dos! ¡Dejen de besuquearse enfrente de los pobres! – reclamó Anthony rompiendo nuestro momento, Dios que hombrecito más insufrible.
¡Anthony, qué inoportuno eres! – lo reprende el señor William.
¡Ah eres tú! Mira que pensé que ¡no ibas a venir! – exclamé sin ganas, pero con muchas de molestarlo.
Por supuesto que iba a venir, no siempre se casa el que fue el amor de mi vida y que fue mía antes que tuya – Anthony responde y dijo lo último muy cerca de mí.
¡Anthony, vete de aquí y deja de molestarlo! – advirtió William.
¡Papá, es la verdad! – se queja por el golpe que su padre le ha dado en la espalda.
Anda, camina adelante, donde te vea, que pareces un chiquillo. Perdónalo Terry, no intenta parecer… lo siento… - se disculpa y camina detrás de su hijo que se siente empujado.
¡Idiota! – le insulto en mi mente, por supuesto.
¿Estás bien? – me pregunta Candy, observándome mientras ella busca motas inexistentes en la solapa de mi traje. Por supuesto que intentaba tranquilizarme.
No me quiero enojar, quizás si le doy un merecido golpe, lo pensaré mejor – refuto, mi mandíbula se tensa repetidamente.
¿Te molesta que él haya sido mi amante? – pregunta abiertamente cuando coloca sus manos en mi pecho haciendo que voltee hacia ella.
No, lo que me molesta es que piense que hayas sido de él, eso es lo que me molesta – recapitulo.
Terry, deja de pensar en eso porque no soy ni de él ni tuya… pero tú, si eres mío – exclama, haciendo que sonría. Sí, Candy es así, feminista.
Sí mi amor, soy tuyo. Mi amor – lo admito, solo quiero ser suyo, al momento que camina delante mío, le llamo.
Dime – responde mientras sigue caminando.
¿Me das un beso? – le pregunto.
¿Sólo un beso? – cuestiona ella de vuelta.
Candice… - le advierto.
Está bien, solo un beso, gruñón – se vuelve y me planta un lento y antojable beso que con los minutos se vuelve más ardiente, eso sí que no, no me obligará a que la tome aquí, en medio del parque.
Candice sí que sabía cómo inquietarme y más cómo hacer que me olvidara de Anthony, sólo un muy largo y profundo beso hizo que mi noche estrellada se hiciera realidad. Candice me tomó de la mano y juntos caminamos al lugar de la cena, que no era para sorprenderse.
Después de unos minutos…
Es bonito – suelta Candy, siempre saliéndose de la conversación inicial.
¿Qué cosa? – le pregunto al no entenderle.
Mi anillo, entiendo que ésta soy yo, que éste eres tú, pero el granate… - señala cada piedra del anillo.
Es André – suelto sonriendo por lo bajo.
¿Rojo? – cuestiona sin entenderlo.
Sí, rojo y grande, mi más grande orgullo – respondo, como si fuera un Grandchester.
¡Qué presumido! – exclama ella sonriendo y brincando por las losas que llevan hacia la entrada de donde sería la cena.
Sí mi amor, ¡ya me urge verlo! ¡Me has contado tanto de él! – expreso emocionado.
Solo te he dicho lo que sé, nada más eso – afirma tajante, como si hablara de cualquier cosa.
¡Es demasiado, quisiera verlo…! – expresé sin el más mínimo cuidado.
Por el momento, tenemos invitados, así que los veremos más tarde… - advierte ella, esperando lograr su objetivo.
Tienes razón, es que cuando me lo imagino me siento tan bien que se me olvida que no te tocaré hasta después de la boda… - suspiro acongojado.
Ya te dije que no me guardes respeto… – intenta hacer que cambie de opinión.
Ni hablar preciosa, ¿cenamos? – le digo cuando llegamos hasta la entrada.
Sí, Terry ¿qué hacemos aquí? – me pregunta cuando la jaló a una entrada privada, siempre me encanta darle sorpresas, esta no se la espera.
¡Espera y verás! – advierto cuando abro una especie de cortina.
¡No es cierto! ¡Mamá, papá, hermanas! – exclama emocionada, nunca la había visto así, al menos no gritando de emoción.
¡Pensé que no iba a gustarle la idea! – se acerca Benedetti que sonríe ante tanto grito.
Yo también, pero mi madre pensó que no era justo para ellos que no supieran lo de su compromiso – respondí ante la socarrona sonrisa de Benedetti.
Candice, ¡qué hermosa estás! – expresa su padre, abrazándola, llevaba mucho tiempo sin verla y era una realidad, él la había extrañado.
Gracias papá – respondió y sin más le abrazó, sin soltar una lágrima.
Has estado desaparecida por casi tres años – reclama él. ¿Dónde andabas? – pregunta su padre, atento a su respuesta.
Enferma papá, tuve algunas complicaciones médicas, pero ahora estoy bien – Candy trataba de evitar el tema a toda costa, de eso hablaría con ella más tarde.
¡Qué bueno hija! Felicitaciones por tu matrimonio, ya era hora de que reaccionaras – la reprendió y Candy se limitó a sonreír.
¡Papá! – Candy hizo lo mismo.
Deja de molestar a la niña, ¡eres hermosa! – su madre se la llevó lejos de él.
Como tú mamá, como tú – Candy definitivamente no está hecha para los halagos.
Siempre has sido la hija más independiente – reconoció su madre por la falta de comunicación.
Porque soy 14 años más grande que ella, no porque no quiera que me consientan – recalcó ella, ganándose una reprimenda de parte de su hermana.
¡Hermanita, si tú supieras! – Mirabel me dice emocionada por su situación.
Que te vas a casar en siete meses… - suelta mi novia, haciendo que su hermana se sorprenda y quede sin habla.
¿Cómo supiste? – preguntó sin salir de su asombro, Candy se acercó bastante a ella y pasándole un brazo por la espalda la jaló para secretearse con ella.
Luego nos ponemos al tanto, les voy a presentar a… - Candy se interrumpió cuando soltaron una risita, en verdad que no quiero enterarme de lo que platicaban.
Terry, muchacho ¿cómo le hiciste? Dinos tu secreto – mi padre se acercó a él, tomándole la mano y con la otra dándole un golpe en el brazo.
¿Para qué? – quise saberlo, aunque ya sabía a qué se refería.
Para convencerla por supuesto, ¡es tan terca! – advirtieron todos haciéndome reír.
Créanme que lo sé, pero su hija me ha pedido a nivel nacional que me case con ella – respondí escuetamente.
¿Estabas drogada? – todos le preguntaron, volteando a verla.
Te voy a matar – me advierte, sonriendo. ¿Por qué se lo dices? – esto no me está gustando, esa sonrisa es de burla.
Porque así se los voy a enseñar, sí Fred lo tiene grabado – le digo, ganándome un puño de su parte.
No me caes bien – comenta haciendo que me doble de la risa. Cada día me doy cuenta de una nueva faceta.
A mí sí, mi amor y aún tengo más sorpresas – le digo esperando que no refunfuñe por ninguna de ellas.
A ver cuñado, dime ¿la drogaste? – Mirabel también me preguntó muy en secreto.
No para nada – respondí ganándome un beso al otro lado de la habitación.
Señor – Fred entró sigilosamente y lo sentí detrás de mí.
Me permiten, si Fred – me acerqué a él.
Ya está lista la cena, señor – me informó de nueva cuenta, recordando que no deberíamos de demorarnos más.
Comienza a servir Fred, por favor – le pido y me reúno con Candy.
Sí señor – acata la orden.
Pasemos a cenar, ya habrá tiempo para que conversemos – animo a los demás, dejando que se adelanten.
Me debes todos los detalles – aclara Mirabel.
Por supuesto, ven amor – la tomé de la cintura para besarla cuando veo que los demás se retiran de allí.
Vamos, ¿qué hay de cenar? – mi novia siempre saliéndose por la tangente.
Te gustará, he visto lo que comes y lo considero insuficiente, por eso te preparamos… cocina mexicana – le conté animosamente.
¡No es cierto! ¡Um qué rico! – Candy, Candy, nunca cambiará.
Eres una golosa, mi amor – le dije, haciendo que aquella hermosa mujer, cambiara a una muy diferente, una que no conocía.
Jajajaj un poco, hace tanto tiempo que no como mi comida – responde ella.
La cena transcurrió sin contratiempos, todos estaban muy felices por nosotros, justo cuando sus hermanas se llevaron a Candy para platicar con ella, la llamó Archie. Comenzando el baile, mi madre nos llevó hacia las afueras.
Alguien que nos diga ¿dónde está Candice? – solicitó una voz en el fondo del invernadero.
Aquí – ella alzó la mano, los Rocco estaban riéndose con ella.
Linda Candice, ven aquí. Como es tradición, la familia Grandchester te dará la bienvenida a la familia – anunció Eleonor sonriente.
Sí, espérenme, voy y vengo – advirtió Candice.
Terry, ¿dónde estás? – mi madre debía hacerlo, ¿hoy?
Fred, quedamos en que no lo haríamos, no firmaré un contrato prenupcial – advertí claramente a mi madre.
Lo sé, ella tampoco lo hará y sabes que no necesita hacerlo – respondió mi madre cuando llegue hasta ella, de la misma manera.
Bien, ¿entonces? – apuré la respuesta.
Anda hijo, es tradición familiar – Eleonor debió de haberme pedido mi opinión.
¿De qué se trata todo esto? – preguntó Candy ansiosamente.
De que no habrá cena de pedida de compromiso si no hacemos esto… así – y tuve que contarle.
¿Algo de lo que tenga que preocuparme? - Candy susurró.
En realidad, no, será divertido, vamos mi madre nos espera – la tomé de la mano y la jalé.
Terry, ya has pasado por este paso mucho tiempo, cuatro veces para ser exactos, así que ya sabes que hacer, ¿verdad? – la curiosidad de Candy era infinita y no todo lo sabía, dado que estábamos presentes, pero desaparecíamos pronto.
¿Es necesario mamá? ¡Me la vas asustar! – dije haciendo que los ojos de Candy fueran enormes.
Sí, es necesario – advirtió ella.
¿De qué hablan? – Candy la nerviosa apareció.
Comencemos, síganme – nos dijo a ambos y se fue rápidamente.
Mi madre no abandonaría la causa, delante de nosotros se encontraba mi madre, mis hermanos con sus esposas, William y los padres de Candice
¿Te gustó la comida? – le pregunté a Candice, tratando de tranquilizarla.
Sí, me encantó, pero todo fue tan rápido – aseguró.
Sí, todo fue rápido y para qué tener dinero si no se usa sabiamente – respondí atento.
Bien dicho, eso también lo dirás después, espero que no te de un infarto cuando me la pase comprando – me advirtió divertida.
Te aseguro que así, no será – aseguré determinado.
Por cierto, quiero que me digas algo… pero primero ven te tengo una sorpresa – le dije, todos los que iban delante de nosotros, desaparecieron de nuestra vista y eso fue lo que ella se dio cuenta cuando alzó la vista. De pronto le tapé la vista con una mano y comenzamos a caminar.
Esto es ¿necesario? – preguntó ansiosa.
Por supuesto que es necesario… - respondí.
La llevé a un lugar decorado con naturaleza ancestral, era una especie de invernadero cubierto por lindas flores, de colores e iluminado por la luz de la luna, todo era hermoso, esperaba que se le hiciera conocido, comencé a caminar hacia el centro del invernadero y allí entre todas esas flores se encontraba un lecho con dosel, cubierto de seda y gasa, en colores pastel y en medio de éste, ropa de dormir, una charola con té y frutas. Destapé sus ojos.
¿Te gusta? – le pregunté abrazándola por detrás y besándole la mejilla.
Sí mi amor, pero pensé que… - ella por supuesto tenia que romper el momento.
Lo medité una noche y quise probar mi suerte… - aseguré, sabiendo que Candy no era del todo romántica.
Sí quiero – afirmó entonada.
Sí quieres, ¿qué? – le pregunté.
Quiero hacer el amor contigo, Terry – respondió ella, ¡sonrojándose! ¿No era cierto?
¿Estás segura? – quería confirmación.
Tú… ¿estás seguro? – quiso saber.
Muy seguro, pero si no quieres, no hay problema – resolví dejarlo por la paz.
Terry – me llamó lo más rápido que pudo.
Sí – respondí.
Hazme tuya, por favor – otra vez por favor, me pregunto si a Anthony se lo pediría de la misma forma, no es tan seguro que mis pensamientos vayan por ahí.
Ven, primero vamos por lo primero, toma esto y cámbiate, yo haré lo mismo – sí, ya habíamos llegado al lecho y tomando la ropa de dormir, la extendí para asegurarle que lo que pensaba iba a ocurrir.
Pero nos quitaremos todo… - suelta Candy, la romántica.
Lo sé, pero lo haremos de una forma… diferente – respondo atento.
Bien – me responde y se retira a cambiarse detrás de un biombo colocado anteriormente.
Sí Candy se había tomado su tiempo, mi madre, hermanos, cuñadas, William y los padres de Candy encendieron unas velas que se encontraban colgadas a unos seis metros del lecho. Todos estaban sonrientes, he de decir que mis suegros tenían una cara de contrariados, al parecer ellos pensaban que Candy y yo, ya teníamos intimidad, pero no era así. Con los pasos de Candy, me sacó de mis pensamientos y nerviosa dio un traspié.
Ven mi amor, ¿estas nerviosa? – le pregunté, por supuesto que lo estaba.
Un poco – ella lo acepta dudosa.
Tanto para mí como para ti, debe ser natural – le informo tranquilizándola.
Lo sé, pero… eres tan bello – sino fuese Candy la que me lo dice, no me lo creería.
Como tú mi amor, algún día seré grande para ti – me asegura.
Te amo, Terry – ella se acerca y comienza a besarme mientras que los demás colocan las velas en las lianas de donde las agarraron y las sueltan para que comiencen a moverse mientras se alejan. Ahí es que comienza a oírse una música de chelo.
Te amo, Candice – le confieso, mientras profundizo el beso.
Yo esperaba que ese momento fuese el mejor de todos cuando de pronto siento que gime, aunque más bien parecía que tuviese dolor y todo se vuelve un caos. Cosomo llega hasta nosotros con todos los demás, cargados de radios y buscándola.
Candy, Candy ¿dónde estás? – le pregunté repetidamente, dentro del bosque.
Ya la encontré, ahí… - señaló Anthony rápidamente, la figura ebria de Candy pasaba delante de nosotros, entre los árboles.
Terry, ¿no me digas que le diste alcohol? – cuestionó William, enojado.
No, está mal del riñón, ¿lo recuerdas? – me defendí.
Entonces, ¿qué sucede? – volvió al ataque.
¿Qué hiciste animal? – me reclama Rocco.
¡Yo no hice nada! – le contesto en la misma entonación.
Entonces ¿por qué está así? – me reclama, eso es precisamente lo que no sé, cuando llega Benedetti.
Benedetti ¡revísala! – le ordeno cuando ha sido capturada por Fred y Cosomo.
¡Ah ya veo! Niel debe andar cerca – me asegura sin aun hacerle nada.
¿Por qué lo dices? – quiero saber.
Un dardo con alcohol, por eso – me lo enseña y yo maldigo a ese hombre.
¡Maldición! Ese hombre… todo iba tan bien – exclamo levantándome y estrellando un florero al piso y dando ordenes a todos. Fred y Cosomo vengan conmigo, Benedetti llévala a su departamento y procura que nadie los siga. Dile a mi madre que se lleve a Ni a mi mansión, espero poder llegar por él mañana, por favor. Vamos – los dos hombres y los hombres de Cosomo nos siguieron que repartidos peinamos todo ese lugar sin encontrar a nadie, si niel había estado ahí, ya no se encontraba más. ¡Te odio, Niel Leagan! – exclamé aventando tiros al cielo.
Pasaron unos días y Candy ya se encontraba repuesta y trabajando.
¿Qué haces, Candy? – pregunto viéndola que esta absorta en un libro.
Leo, lectura ligera – responde, sin levantar la mirada.
¿Estás leyendo la de las sombras? – le preguntó al acercarme para darle un beso.
Sí, necesito pensar en una escena y no tengo ideas – responde metiéndose un gajo de naranja en la boca.
Ese es el trabajo que me dijiste que harías sin que yo te siguiera – le pregunto a Candy.
Sí, nunca debes interrumpirme – responde sin despegar los ojos de su lectura.
¿Ni, aunque tiemble? – cuestionó.
No – responde escueta.
¿Ni, aunque haya tormenta? – vuelvo a preguntar.
No – responde lo que me hace reír.
Y si ¿quiero hacerte mía? – pregunto, quizás ahora levante la mirada.
No – y responde de la misma manera.
Vaya, tendremos problemas con eso – resuelvo.
Tú los tendrás, yo estaré ocupada – responde pasando la vuelta a las páginas.
Definitivamente no me darás tregua con esto – intuyo en voz alta.
No – responde metiéndose otro gajo de naranja.
Estuve preocupado… - tenia que decírselo, en realidad estábamos besándonos cuando salió de mis brazos en ropa de dormir corriendo como loca, no sabía que había sucedido.
Niel apareció, ¿verdad? – me preguntó, a sabiendas que ella no recordaba mucho.
Eso creemos, estabas ebria y lo que le sigue – le aseguro muy sonriente de solo acordarme que nuestra entrega de amor, la primera, fue un fracaso.
Creo que no me cae bien el alcohol – responde volviendo a su lectura.
Para nada, pero Cosomo no logró encontrarlo, lanzó esto a una de tus piernas – le muestro el dardo que tengo en una cajita del escritorio.
¡Vaya! Pensaba que me atacaría – resuelve ella sacándola de concentración y cerrando el libro que leía hasta ese momento.
Candy – la llamé.
Dime – respondió viendo lo que había puesto en el respaldo del sillón.
Ponme atención – le pedí que me hiciera caso.
¿Qué pasa? – me miró atenta.
Quería que sucediera – respondo, afirmándolo.
Lo sé, pero siempre nos interrumpen – comenta ella molesta con plena intención de regresar al libro.
Eso parece – lo acepté colocando mi mano sobre el libro. Candy – la llamé quitándole el libro.
Mmmm – me mira y no sabe qué es lo que estoy pensando.
¿A dónde dejaste a Ni? – le pregunto.
¡Si yo no lo tengo y tú tampoco lo tienes, entonces Eleonor se ha de estar divirtiendo! – exclama ella divertida por el hecho de que ellos estarán divirtiéndose de lo lindo.
Sí, ¿cómo lo sabes? – cuestioné curioso.
Lo supuse, Fred no tiene una casa a la cual llegar que no sea la tuya – respondió normalmente. ¿Cómo me bajaste la borrachera? – preguntó de pronto.
Pregúntale a Benedetti, no sé qué te dio – respondo sentándome cerca de ella.
Ah bien, pero entonces ¿qué harás? – preguntó ella.
¿Cuándo? – cuestiono sin entenderla.
¿Ahorita? – me pregunta, sabiendo que quiere hacerlo realidad.
¿Seducirte? – repregunto.
¡No, no, no, estoy trabajando! – dice ella quitándome el libro de las manos.
Lo sé, pero también sé que tengo sueño – le contesto desinflándole las ganas de seducirme.
Mas tardó Candy en dormirse que yo lo hiciera, por lo que ella al quedarse dormida, comencé a buscar algunas cosas en su clóset hasta que me topé con un neceser negro, lo abrí y vi algunas pastillas. Me vestí y encargué a Candy con Evarina, tomé su auto y salí en busca de Benedetti que se había quedado en un hotel cercano a Lacio, por si Candy necesitaba algo.
¡Hola, Terry! – me saluda Benedetti.
Hola, me puedes decir ¿qué es esto? – pregunto atento.
Mmm ¡te va a matar! Si descubre que lo has encontrado – responde solo con ver lo que mi mano contiene.
Son lo que me imagino… - sugiero.
Sí, anticonceptivos y post day – responde, dándose la vuelta.
¿Toma anticonceptivos? – le pregunto incrédulo.
Los tomó un tiempo… creo – responde, sin darle importancia.
¿Creo? – cuestiona, cómo es posible que siendo su médico no lo sepa.
Yo no era, ni soy su médico ginecólogo… - advierte Benedetti.
¿Quién lo era? – quise saberlo.
No lo sé, ella no habla de eso, con nadie – me responde sin verme.
Me estás diciendo que toma esto y no sabes ¿quién es el médico? – le pregunto.
Exactamente, parece que no sabes que Candy esconde información – chasquea la lengua una vez me lo ha dicho todo.
No quiero que tome esto cuando esté conmigo – le grito, como si él me hiciera caso.
Eso debes platicarlo con ella, no conmigo. Si te preocupa que te contagie de algo, estás seguro, ella se hace estudios constantes y periódicos – me asegura mordiendo un emparedado.
Eso es bueno saberlo, pero no me preocupa, alguno está vencido – quizás se le haya olvidado tirarlos.
Mmm no, todos caducan en dos años y éste tiene 5 pastillas menos – afirma y sigue comiendo.
Está ¿tomándolas? – me exalto.
Sí, bueno…muy probablemente – refiere él volviendo a la comida.
No es necesario, tú sabes como soy, si resulta embarazada me haré cargo de André y ella lo sabe – digo lo primero que me viene a la mente, pero si ella sabe que tendremos a André como primer hijo.
Quizás sea Paula… - suelta.
¿Su doctora? – cuestiono.
Probablemente – suelta tomando un poco de leche.
Bien, vamos al departamento – informo.
Sera mejor que no, tú no sabes cómo se pone cuando abusan de su confianza, prepárate para una buena pelea – me advierte.
¿Por qué lo dices? – pregunto.
Recuerdas en ¿dónde? ¿Cómo estaba colocado? Y entre ¿qué encontraste este neceser? – me pregunta y yo que voy a saber.
Sí, creo, ¡da igual! ¿Cómo es eso? – no entendía de lo que hablaba.
Pues espero que te de igual cuando te visite el dragón – se mofa de mí.
¿Qué es eso Benedetti? – pregunto ignorando de qué me habla.
Ella es el dragón – me mira y se va riendo.
¡Exageras, hombre! – exclamo, no creo que Candy tenga tan exagerado su carácter.
Eso es lo que vas a ver – me advierte tomando su saco y enfilándose al baño para asearse y acompañarme a casa.
Mientras en el departamento de Candy…
¡Evarina! – Candy llamó a su mucama.
Sí señora – respondió al acudir con ella.
¿Tomaste mi neceser de medicamentos? – preguntó enfadada.
No señora, todo lo dejé como usted lo puso – respondió ella intimidada.
Gracias Evarina. ¿Terry? – me llamó al verme entrar.
Dime – respondí sin verla a los ojos, justo cuando Benedetti jalaba a Evarina a la cocina.
¿Estuviste esculcando mis cosas? – me gritó apenas la miré.
Buscaba una frazada cuando me topé con una bolsa cuadrada negra – respondí lo primero que me vino a la mente.
Y viste ¿qué eran? – cuestionó roja.
No, sólo lo dejé ahí donde estaban, ¿por qué? – por qué no se me quita la manía de querer saber algo que ya sé.
¿Entre los camisones? Terry, no me gusta que se metan con mis cosas, tú tienes tus secretos y yo los míos, deja de estarte entrometiendo con mis cosas – resolvió alejándose de ahí.
Pues ¿qué hay ahí eh? – preguntó.
¡Nada que te importe! – responde ella furiosa.
Candice no necesitas ser grosera conmigo – reclamo, quién me manda.
¡No soy grosera, eres un metiche! – se queja y al entrar a su habitación azota la puerta.
Mejor me voy antes de que digas algo de lo que ambos nos arrepintamos – resuelvo decirle sin darme cuenta que me ha lanzado una pelota.
¡Eso es lo mejor que puedes hacer, no quiero verte por el momento! – me grita cuando veo que la pelota viene hacia mi rostro, afortunadamente logro esquivarla.
Sabes Candy, ¿cómo quieres que André nazca si te tomas esas pastillas? – se las enseño en la mano que tengo libre.
¡Eres un cretino! – Candy se abalanza hacia mí y me da tremenda bofetada. ¿Qué te crees? ¡Eh! ¿Qué derecho crees que tienes de prohibirme que las tome? Pues pierdes el tiempo… - Candy enfadada se dio la vuelta y al oírme quejarme volvió a atacarme.
Candy, ¿qué te pasa? – le reclamé tomando la mejilla con mi mano derecha.
¡Lo que me pasa es que me quieres gobernar! – el dragón había hecho presencia y justo cuando estaba por asestarme otro golpe…
Continuará…
Hola chicas, espero que no se hayan olvidado de Terry, regresando con un super capítulo y yendo hacia la recta final y sobre todo ya reestablecida, les doy las gracias a las chicas que esperaron la continuación de esta historia. Gracias por ello, a leer chicas.
