Capítulo XLIII
Llegue justo a tiempo – dice Benedetti, la verdad no sé qué hacia allí.
¿Qué haces Benedetti? – le pregunta Candice.
Vamos, necesitas calmarte… - Benedetti le toma la mano y la sostiene para después hacerlo de los brazos.
¡Él es el que necesita tu ayuda! ¡Sólo quiero que me dejen sola! – grita Candice, no entiendo lo que pasa.
¿Qué pasa? – pregunto sin entender nada.
Terry ve a la sala, yo la tranquilizo… - me pide él, casi obedeciéndolo.
Pero… - increpo, sin saber por qué rayos estoy haciéndolo.
Anda, deja que la controle – me pidió cuando Candice comenzó a zafarse de su agarre.
¡Y tú doctorcete de cuarta… déjame en paz! – le gritó a ella.
¡Candy ya estate quieta o me veré en la necesidad de sedarte, pórtate bien! – le pide abrazándola fuertemente.
Horas más tarde…
¿Qué pasó allá? – le pregunté cuando vi que salía de la habitación de Candice.
Problemas de comportamiento, hablé con Paula, ella no está tomando eso, sólo las tiene ahí porque las tomaba cuando ella y Anthony tenían relaciones… por precaución – responde Benedetti, observándome.
¿Qué me ves? – cuestiono enfadado.
Nada Terry, sólo me pregunto si tendrás la paciencia para que ella se abra, quizás quieras platicar con Albert… - me sugiere dudando un poco de su propuesta.
Es incómodo, además ella no quiere verlo… - respondo cualquier incoherencia.
Lo sé, pero yo no hablé de ella, sino de ti – sugiere de nueva cuenta.
Ayer que estábamos a punto de hacer el amor era tan… diferente y ahora… - solté sin recato alguno, no creía ni la más mínima idea de que él no supiera de sus contactos con Albert y Anthony.
Desgraciadamente para todos, Candy es una niña en esos menesteres… tenle paciencia – me pidió él, como en una súplica.
Se la tengo, pero no sé, ¿por qué este cambio de actitud? – cuestiono, le juraba que no entendía por qué.
Terry… - Candy me llamó atenta.
¿Qué pasa? – le contesté muy serio, mirando de reojo como ella se acercaba y como su médico se retiraba silenciosamente.
¡Me perdonas! – ella hizo algo que nunca me espere. ¡No sé qué me pasó! ¡No era para tanto! ¡Perdóname! – ella se encontraba arrodillada pidiendo perdón, algo no estaba bien.
No Candy, levántate, sólo no te entiendo, a veces quisiera dejar todo por la paz y devolverte tu libertad – respondí, quise que sintiera lo que estaba sintiendo en ese tiempo, pero tampoco me esperaba lo que contestaría.
¡Quizás eso sea lo mejor! ¡Estoy dañando tu cordura, lamento hacerte perder dos años de tu vida! – ella se estaba rindiendo, en mi cara, ¿qué era lo que se pensaba?
Candy, ¿ya no me amas? – quería que me lo dijera, que ella me lo dijera a la cara.
Sí, pero siempre soy así y no quiero serlo, pero no puedo evitarlo… - al menos me amaba, se veía como si estuviese castigándola por algo.
¿Por qué eres así, conmigo? – le pregunté, observando si había motas en mi camisa.
No sé por qué soy así conmigo misma, entenderé si el que no me ama eres tú… - no podía creerlo, Candice no tenía veinte años para… claro, Candice es una niña… o adolescente más bien.
¡Con locura Candy! ¡Quiero hacerte mía cada mañana! No sólo en el aspecto carnal, quisiera impregnarte en mi piel y así no olvidar que me tienes muy enamorado – si ella quería comportarse así, yo también podría usarlo.
¡Terry, que cursi! – me dijo ella cuando tomándola de los brazos la levanté para abrazarla.
Me estoy volviendo cursi por ti mi amor - ¡bingo! Ese era el modo para Candice.
¡Hey ustedes dos, dense un tiempo! – soltó Benedetti, justo cuando la besaba. Ni llegó con Eleonor y Fred – terminó por decir y desaparecer de allí.
Gracias – respondió Candice, avergonzada.
Mamá, mira lo que Fred me compró hoy en la mañana – tuve que dejarla ir, finalmente Ni había llegado.
¡Qué bonito! ¿Cómo se dice? – preguntó Candice a Ni.
Gracias Fred, ¡me encantó tu regalo! – responde Ni, sintiendo que era algo super maravilloso.
De nada pequeño, es un gusto que así haya sido – responde Fred, observando la sonrisa del niño.
Fred no me lo mal acostumbres, Ni, no recibe regalos sino hace algo antes, Evarina ¿puedes llevarlo a su habitación, por favor? – ordena Candice y advierte a Fred, lo que lo hace sonreír.
Sí señora, permiso – ambos, Evarina y Fred respondieron al mismo tiempo.
¿Te quedas a cenar, Francesco? – cuestionó Candice, como si nada, al parecer él si sabía cómo manejarla.
Por supuesto, ¿Evarina hará la cena? – cuestionó rápidamente.
Sí, preparará tu platillo favorito… - sonrió ella.
Bien – Benedetti lo aceptó y se dirigió a su habitación, no sabía que tuviese una
Ven Terry, tengo que platicar contigo… - me dijo ella, tomándome de la mano y jalándome hacia algún lado de la terraza.
Ahora no quiero platicar, será mejor que me vaya – no tenia que poner todos mis deseos, mi cuñada me dijo hay que darse a desear…
¡No te estoy preguntando, ven… sígueme! – claro que a ella eso no le iba a importar. Cuando Albert y yo concebimos por error a Andrea, digo por error porque ella no estaba planeada, lo hicimos debajo de un manto de estrellas, la bóveda fue nuestro refugio. Sabes ¿por qué hice este mariposario? – cuestionó ella sonriente.
No – solté sin pena, pensaba que a ella le gustaba ponerse en peligro.
Porque alguna vez quise encontrar al hombre que me amara sin importar lo que planeara para deshacerme de él, entonces tenemos justo nueve horas para la cena, el camino libre, Francesco se encargara de Ni y tú y yo disfrutaremos de este tiempo juntos… - me dijo ella abrazándome por el cuello.
¿Qué haremos? – pregunté como si no entendiera lo que yo quería…anoche.
Lo que tú quieras… platicar, comer, jugar, admirarlas o que me hagas el amor – respondió caminando hacia una salida que no había visto anteriormente.
¿Podemos estar desnudos? – quise tantear el terreno, obviamente.
Sí – respondió.
¿Toqueteándonos? – volví a preguntar.
Sí – afirmó.
¿Sin hacer lo otro? – cuestioné profusamente interesado.
Sí – volvió a contestar afirmativamente.
¿A todo lo que te diga, responderás que sí? – cuestioné.
Sí mi amor, a todo – respondió muy sonriente.
¡Qué interesante! – admití que así era.
Quiero que dejes de colgarlas... en la bóveda – solicité o más bien ordené.
No abuses, dije aquí, no en todos lados – contestó desanimándome.
Sólo probaba…mmm que bien hueles… ¿cuándo lo preparaste? – pregunté cuando porque nunca vi que lo hiciera.
Ayer en la noche, antes de que me pusiera a leer – respondió como si nada y al salir por esa puerta que nunca vi, salimos a una especie de jacuzzi.
¡Ah con razón andabas de aquí para allá! – razoné en voz alta.
Sí, por cierto, hablé con Albert… - que fácil forma tenía de salirse por la tangente.
Y eso fue todo lo que quise escuchar, la tomé de la cintura y la llevé hasta la pared, ella emitió un gemido, no es que el tema "Albert" me pusiera de malas, si no que ella no contaba con que ya no quería seguir hablando, por supuesto que menos de él, su mirada era de sorpresa y segundos después ella tomó mis labios y yo, yo sólo me dejé llevar. Iba a romper la promesa de no tocarla… lo de anoche sería diferente por dos razones: uno porque era tradición familiar y otro porque ella se lo merecía, me había coaccionado hasta el cansancio.
¡No hagas ruido! – en cualquier momento nos descubrirían.
Esta habitación tiene paredes aislamiento acústico, así que no te preocupes – comentó alegre.
Eso se escucha muy bien – y lo era, era la mejor noticia que pudiera haberme dado.
Candy caminó un poco y al abrirse la bata descubrí lo que tenía guardado para mí, el camisón que le había regalado mi madre anteanoche en la cena y sólo eso, la hermosa silueta de mi hada me sacaba de concentración; de pronto se escuchó el chasquido de sus dedos y las persianas del ventanal comenzaron a cerrarse, la música de fondo comenzó a escucharse, el trinar y cántico de algunos pajarillos, el revoloteo de alas, fue algo que no pararía de escuchar en ningún momento, pensé que la música era continua y repetitiva, pero no, esa pieza resultó. Ella volvió a tronar los dedos y aparecieron luces de filamento óptico, era precioso admirar a las mariposas, me asombré al ver detrás de mí, lo que sucedía y cuando me di cuenta, el camisón de mi ninfa se encontraba tirado en el lugar donde la había dejado anteriormente.
La busqué con la mirada, pero nada, dónde podría esconderse en tan pequeño espacio, eso sí que no lo sabía. Cuando de pronto sentí unas manos recorrer mi cuerpo y rodearlo, la tenía frente a mí, con el cabello suelto ocultándole sus pechos, ella comenzó a quitarme la camisa para luego seguir con la playera y cuando terminó con ello, bajó hasta uno y el otro, los calcetines, el pantalón del traje y por último el bóxer, dejándome desnudo y cuando eso pasó, ella comenzó a besarme los dedos, luego los dorsos de la manos y las palmas acunaron su rostro, al tiempo que me miraba a los ojos, tocaba mi abdomen y mis brazos, yo hacía lo mismo tratando de contener la urgencia de hacerla mía, de pronto una voz se oyó en el fondo… ella comenzó a besarme, haciéndome suyo, sintiendo el roce de sus pezones en mi pecho resistiendo el abrazarla con toda mi fuerza y seguía besándome cada centímetro de piel con delicadeza y yo seguía disfrutando de esa inocente caricia.
Terry… Terry…Terry… Terry – mencionó, con un amor y anhelo como siempre quise que una mujer lo hiciera.
Sólo era mi nombre, sólo mi nombre dicho por ella, cuando mi hada llegó a mi abdomen me sentí extasiado, escuché como el ventanal derecho se abría y se escuchaba agua… Candy me tomó de la mano y me condujo hacia la salida, por un pasillo llegamos a una especie de solar y me dijo al oído…
Hay dos escalones – me avisó a tiempo.
Titubeante sentí el borde de la escalera y bajé dos escalones, como me había dicho para después sentir la cálida agua en la que me estaban introduciendo, decidí abrir los ojos cuando ella me besó y sí, era un jacuzzi, privado, muy privado y entonces ella me siguió besando, preferí cerrar los ojos de nueva cuenta, retiró su cabello de sobre sus senos y se pegó a mi pecho, Dios, la sentí totalmente desnuda y a mi casi se me sale el alma del cuerpo, ahora sé lo que encantó a Anthony o a Albert, pero esto era diferente y yo seguí besándola, acariciándola y ella gemía y el agua salpicaba y rebotaba entre las paredes del jacuzzi. Ella emitió un gemido ahogado cuando le toqué su centro, sabía de alguna forma que tenía que prepararla, una parte de mí comenzaba a despertarse, levantándose como un asta, hambrienta y sedienta. Quería hacerla mía, pero ella quería jugar, así que pegó más su pecho en el mío y me tomó una mano para dirigirla hacia su seno, para que lo tocara y me sentí en la gloria, no podía evitarlo, mi boca dejó sus labios y chupé su pezón, lo mordí, jugué con este un rato y luego ella comenzó a gemir más.
Pocas veces habíamos hablado de esto y supe por Fredich que debía de incitarla como un hombre y no porque no supiera como se le incita a uno, Fredich decía que a ella le gustaba la adrenalina y entonces intenté probar con las endorfinas, mi hada estaba muy excitada, sus pezones eran más oscuros y duros y pronto comenzó a querer adelantarse, pero no la dejé, seguí torturándola con sus senos, comiéndome cada uno de ellos o estrujándolos delicadamente con mis manos. Mi virilidad estaba a tope, por lo que no la iba a tomar en el agua, de la cintura la saqué de ahí y tomando mi virilidad la dirigí sobre su entrada mientras la besaba, ella se recostó en el pasto esperando algo, pero yo quería hacerlo a mi manera, era la primera vez que lo hacía sin protección… quería sentirla, me urgía, pero debía esperar, comencé a friccionar mi punta sobre su entrada haciéndola estremecer.
Terry – me ansió.
Pronto, preciosa – respondí para solo introducirlo un poco, en espera.
Seguí besándola, seguí acariciándola, haciendo que ella llegara al éxtasis justo cuando empujé con fuerza, sí, lo había logrado, mi hada convulsionó sus paredes alrededor de mi miembro y fue una delicia, entonces comencé a moverme muy lentamente, sabía por ella, que era multiorgásmica y quería probarla de cualquier forma, así que muy pronto al sentir mis movimientos comenzó a poner de su parte, sí, le estaba haciendo el amor a la mujer que amaba más que a mi vida; los besos eran cadenciosos, a la par que las embestidas, intenté levantarla, pero ella arqueó la espalda y abrió más las piernas dándome total acceso a ella, definitivamente quería que la poseyera. Ella tomó de a un lado de nosotros, dos latas y las abrió, colocó una al lado de su cabeza y la otra en su pecho.
Tómala con tus manos… – me pidió entre jadeos.
Así lo hice, puse una mano en una lata mientras ella colocaba los pies en el paso y con la otra mano coloqué un poco de esa grasa y después froté ambas manos para luego comenzar a jugar con sus senos, de alguna manera tenía que quitarle a mis manos el exceso de grasa y luego sin pensármelo todo fue grandioso, ella comenzó a llevarme a sensaciones nuevas, hizo que lamiera cada seno y esa interesante grasa o lo que yo pensaba que lo era, se volvía polvito alcoholizado y así fue como me llevó a un mayor éxtasis.
Parecía que Candy no quería moverse de ahí, ella estaba disfrutando al máximo, tan concentrada que pensé que no podía ser cierto, Candy era y seguiría siendo despistada y distraída por toda su vida, ¿cómo era que pudiese estar concentrada? Por ello decidí darle lo que quería, comencé a moverme más rápido, sus senos se movían al mismo tiempo que mis embestidas y luego ya no pude controlarlo más, no sé si era por el alcohol o por desearla tanto.
¡Candy…! - susurré apenas con un susurro.
Sí mi amor, aquí te cobijaré… – respondió ella entre gemidos por la fuerza con la que empujaba.
¡Dios Santo! ¡No podía ser cierto! ¡No podía ser ella…! Sentía una especie de éxtasis desconocido para mí, no sabía si eran sus gritos de liberación, la forma como pronunciaba mi nombre o el sentir como sus convulsiones me apretaban… quizás era porque en esta ocasión no había una barrera que me lo impidiera como con otras mujeres, mi corazón se enardecía con cada gemido y con cada sollozo de su parte… espera, ¿sollozo? ¿Candy estaba llorando? Alcé la vista para darme cuenta que con el suave temblor que yo le producía también se encontraba con una lágrima que en esos momentos caía y mi corazón se estrujaba de pensar que la había lastimado, pero no, no era un quejido de dolor, eso hizo que pensara… ¡era ella, era ella la mujer que había esperado! Esa que algún día hacia unos cuantos años mi madre había dicho, cómo olvidarlo, cómo olvidarlo ahora que mi corazón lo sentía. Y… eso me dejó caer sobre su pecho, con el último aliento que logré contener ya que al mismo tiempo que mi virilidad vaciaba mi semilla dentro de ella, no dejaba de extasiarse, era poco creíble, digo… los hombres damos por hecho que tan sólo el coito es lo único que nos da placer y no, por supuesto que eso era más que una creencia y sí, ella terminó después de mí y a mí me dejó más que extasiado ya que a punto de llegar a su clímax, Candy me exigió que la embistiera de nueva cuenta y así lo hice hasta que juntos llegamos a la cúspide de esa gran montaña de sensaciones. Pero ¿cómo es que puedo hacer eso? Yo nunca…bueno, nunca dejé que una mujer me erotizara y esto fue sensacional. Ella no era la primera mujer que tenía, ni tampoco la primera relación sexual que terminaba, entonces por qué pude embestirla cuando ya había llegado a mi liberación, eso era algo que no entendía.
¡Te amo Candy! – susurré cuando estábamos laxos.
Yo también te amo, Terry… - respondió ella sonriente, acomodándose frente a mí, entrelazando una pierna con las mías.
¡Soy feliz mi amor, tú me haces feliz…! - confieso.
Sí Terry, yo también soy feliz, contigo – ahora sabía por qué Fredich le llamaba cuando no pensaba tanto.
Candy – la llamé.
Mmmm – respondió un ¿qué?
¿Estamos seguros? Nadie puede vernos aquí… ¿desnudos…? - comenté preocupado, observando hacia todos lados.
No, estamos seguros – respondió ella sin moverse.
¿No te estás cuidando? – cuestioné minutos después.
No. Si lo estuviese haciendo… te enojarías – respondió sonriendo.
Mucho, si lo que quiero es dejarte embarazada, no que me lo prohíbas – afirmo, ¡cuánto me conoce! ¡Eso sí que me da miedo!
Eso no es prohibírtelo, además no creas que va a pegar tan rápido... – suelta en su muy mal hablado español. Tendré que retomar mis clases de español… ya casi no me acuerdo de nada.
¡Quién sabe, quizás con una vez no, pero con unas cuantas más, sí! – afirmó con una risotada de su parte.
¿Preocupado? – cuestionó cuando todo se quedó en silencio.
No, para nada – solté, por supuesto que estaba preocupado, pero no por mi desempeño en ese ámbito sino en… Niel.
Bien, entonces te dejaré que hagas la tarea – ¿se atrevió a darme permiso?
Vaya, primera vez que una mujer me da permiso de hacer la tarea – y yo me limité a embromarla para seguir con un beso en el cuello.
¡Qué chistosito! Bueno ven vamos, nademos un poco – pidió cuando se soltó de mi agarre.
Sabías que te ves muy bien así – respondí cuando aún no me levantaba.
Sólo para tus ojos – respondió sonrojada, mi casi esposa se sonrojaba cuando habíamos recién hecho el amor, ¡increíble!
¿Sólo mis ojos? ¿Qué hay de mis manos? ¿Mi boca? ¿Mis labios? ¿Mis dientes? Y de ¿él? – enumeré cuando ella se metía al jacuzzi.
Enserio ¿piensas en todo? – preguntó colocándose delante mío.
Por supuesto que en todo. ¿Por qué te ríes? – pregunté amable.
¡Porque estás loquito! – me aclaró y tendió la mano rápidamente, antes de que dijera otra cosa.
Sí, Candy y yo nos conocimos mucho esa tarde, ya en la noche, cuando faltaba media hora para la cena, estábamos completamente vestidos, bañados y recostados en el piso del mariposario, contándonos cualquier tontería que se nos ocurriera. Ese fue el día más importante para los dos, Evarina abrió la puerta y se asomó, preguntándole si ya servía la cena.
¡Hola, señora! – saludó a Candy.
¿Qué pasa Evarina? – preguntó ella volteando a verla.
La cena esta lista – cuenta y espera.
¿Dónde está Ni, Evarina? – al fin madre, pregunta por su hijo.
Esta en su habitación, viendo televisión, señora – contesta Evarina.
Bien, alístalo y llama a Benedetti, iremos en seguida – ordena y segundos después oye cerrar la puerta.
Sí señora, permiso – se va y nos deja en silencio.
Bueno, se nos ha acabado el tiempo, tenemos que regresar a la realidad – comenta ella con un suspiro.
Sí lo sé, nos espera una cena – comento de la misma manera.
Me voy a ir a cambiar, ¿no harás lo mismo? – cuestiona sonriente.
No tengo ropa aquí – manifiesto, debí traer algunas prendas.
Ven te compré algo, revisa el clóset de mi habitación – me responde metiéndose al baño.
No quiero nada que pertenezca a Anthony ni a Albert – advierto.
No seas quisquilloso, busca, por ahí puedes ver si hay toallas de baño… - me pidió mientras ella se encontraba en el baño quitándose el pantalón de mezclilla.
Por supuesto. ¿Candy? – la llamé cuando me di cuenta de que tenía mi ropa en su clóset.
Dime – me respondió asomándose por la puerta.
¿Qué hacen mis cosas aquí? – le pregunté, asombrado. Ella era la que me estaba invitando a mudarme y yo que se lo quería pedir la otra semana, ¡me ganó!
Lo mismo que hacen mis cosas allá, en tu casa, ¡nos mudamos! – respondió y volvió a meterse ahora peleándose con la liga del cabello.
¿Nos mudamos? ¿Ambos? – cuestioné sabiendo que la respuesta tenía que ser afirmativa.
Sí, ambos, así que ahora vives conmigo – respondió cuando pasó de largo al lado de su vestidor en panty solamente.
¿Así de fácil? – pregunté.
Claro, vives conmigo y cuando Ni no esté, viviré aquí los fines de semana y entre semana contigo – respondió poniéndose una faldita que era muy larga para mi gusto.
Me agrada que hayas pensando en mudarnos los dos – le dije y eso era totalmente cierto, digo me ganó la idea.
¡Espero me aguantes! – sonrió haciendo una mueca de travesura.
Algo muy novedoso… ¿nos bañaremos juntos, hoy? – tenía que preguntar.
Al rato, cuando le cante a Ni, por supuesto – respondió, al parecer en cuanto a la preferencia entre su hijo y yo, siempre perdería, sería su hijo el que me ganara.
Y ¿dormiremos juntos? – quería solo saber qué pensaba hacer con el niño.
¿Sólo dormiremos? – me preguntó traviesa cuando se ponía el sostén.
¡Esa idea me gusta más…! - reconocí abiertamente.
Vamos que estoy hambrienta, ¿tú no? – ella se volvió a darme un beso mientras comenzaba a recogerse el cabello en un moño.
Pero de ti – respondí haciéndola sonreír.
Mamá ¿también te puedo comer? – se oyó una vocecita cuestionar mi impertinencia y ella me regalaba un: te lo dije.
Ni, vamos al comedor. Creo que debes ser un poco más cuidadoso con lo que dices, pecamos de buen oído – me advirtió con mirada asesina.
Ni te meterá en aprietos – Benedetti casi me mata del susto cuando me lo dijo, estaba detrás de mí.
¡Seré más discreto…! – respondí al ver que Benedetti se burlaba a mis costillas
Trata – dijo y se sonrió, cómo era posible que él estuviese ahí, tan tarde y además tenía la sensación de que él sabía lo que había sucedido entre nosotros.
Al final de todos los tiempos el amor de mi vida me había entregado algo más que su cuerpo, mi alma y la suya se habían encontrado en un sinfín de tribulaciones, a lo lejos ella se sentaba y después su hijo, Ni saludaba a Evarina y al mismo tiempo Benedetti me decía.
No lo esperabas, ¿verdad Terry? – cuestionó Benedetti colocándose al lado mío.
¿Qué cosa? – quise saberlo.
Que a los 34 años fueras un hombre de familia, con una prometida, un hijo, una bandada de perros y… - Benedetti no terminó.
No, no me lo esperaba, pensé que nunca lo lograría y si te refieres a un acosador de una vez te informo que si es necesario lo mataré. Por otro lado, creo que estoy enamorado, por primera vez me he enamorado… - lo acepté, después de todo era cierto.
¡Felicidades Terry, enhorabuena! – nunca esperé de Benedetti un abrazo fraternal, pero sí, era algo que experimentaría muy frecuentemente.
Continuará…
