Capitulo XLIV

La cena fue de lo más amena, la verdad es que Ni y Benedetti parece que congenian mucho, me pregunté si alguna vez lo haría de la misma forma cuando estaba pensando en eso, Candy interrumpía mis pensamientos.

¡Hola! – me saludó ella con la mano.

Perdón, estaba pensando en otra cosa – respondí y sí que lo estaba haciendo.

Te decía que tu mamá me habló… hoy en la mañana… – Candy me contaba emocionada, otra cosa que me pareció extraordinaria.

¡Ah sí! – me sorprendí, pero no era para nada raro, desde que la hice abuela con Ni, ellas dos siempre se comunicaban. ¿Para qué? - debía aparentar que se me hacía raro.

Bueno, habló más con Evarina, dice que tenemos una cita mañana con los diseñadores del vestido, que mi madre y ella ya se pusieron de acuerdo para ir conmigo – me comenta tomando un poco de agua.

¡También quiero verlo! – y sí, quería comprarle un vestido que no me costase trabajo quitar, conociendo a mi madre lo elegiría con cuello alto de preferencia y cientos de botoncitos por todos lados.

No creo que tu mamá quiera que lo veas… - respondió impresionada por mi declaración.

¿Por qué no? ¡Le preguntaré! – si lo iba hacer, mi madre no me impediría verlo.

Yo quiero escuchar eso… - ella se rio por mi declaración y siguió con la conversación que llevaba Ni con Benedetti.

De pronto se escuchó el sonido del teléfono.

Señora – Evarina se colocó cerca de ella, llamándola.

Sí, Evarina – ella se recargó en el respaldo y respondió atenta.

La señora Eleonor Grandchester, le habla por teléfono – le avisó y dio el teléfono.

¡Gracias Evarina! ¡Hola Eleonor, estamos cenando! ¿Tu gustas? – le ofreció como era su costumbre.

No gracias hija, pero si molesto vuelvo a llamar… – Eleonor dio la opción.

¡No te preocupes, estás en altavoz! – explicó Candy mientras las demás se encontraban atentos a lo que decía el teléfono.

¡Hola Terry! Creo que para estas alturas ambos se han mudado – confiesa sonriente.

Sí mamá, Candy me lo ha dicho esta tarde, espero que sus cosas estén en mi clóset – pregunté o más bien afirmé.

Todo está en su lugar, tuve que guardar algunas cosas en otra habitación, tienes ya mucha ropa -lo sabía, de un tiempo para acá había comprado una cantidad innombrable de ropa que pareciera que vivía en otros lugares.

Sí mamá, está bien. Por cierto, Candy me dijo que iremos con el diseñador del vestido – no esperaba que todos escucharan mi compra irracional y preferí cambiar de tema.

¿Iremos? ¡Por supuesto que tú no irás, jovencito, es de mala suerte que veas el vestido! – obvio, que se negó.

Pero ¡quiero ir! – rebatí como niño pequeño.

No me importa, tu papel es que vayas con el sastre para tu traje y ya después las verás en su casa o donde quiera que se estén quedando.

¿No ganaré esta vez? – pregunté haciendo mi rabieta.

¡Nooooo! – respondieron todos en coro.

¡Vaya, todos contra mí! - rebatí, sí quería ir, pero por supuesto que mi madre no me dejaría ni echar un vistazo.

Siempre… - respondieron de igual forma.

Bueno Candy, hijo, buen provecho – Eleonor se despidió y colgó después de despedirse.

¡Hasta pronto! – ella y yo nos despedimos.

Adiós abuelita – respondió Ni haciendo que Candy voltease a verme.

¿Ya te dice así, mamá? - automáticamente le pregunté dada la sorpresa que Candy se llevó.

Yo se lo pedí, le pedí que me dijera abuelita, eso es lo que seremos, buenas noches – Eleonor se despidió.

Buenas noches – respondimos todo menos Ni porque sintió la pesada mirada de su madre.

¡Bien, ya tenemos una abuelita! – terminé diciendo y viendo como Candy ponía el mentón sobre sus manos.

¡Dos! – comenta sonriendo.

Tu madre – cierto, lo había olvidado.

Sí, aún no la conoces – sonríe Candy como si se le hubiese olvidado.

¿Me gustará mi abuelita? – Ni de pronto pregunta, asustándonos, siendo cargado por Candy.

No lo sé Ni, tendremos tiempo para conocerla – asegura ella, picándole la nariz. Sabes, ¿dónde está mi madre, Terry? – cuestiona Candy cuando Ni le toma de la mano.

En la mansión, Candy, mi madre al ver tu estado ¡los hospedó allá! – refiero calmándola.

Bien, ¿se quedarán mucho tiempo…? – cuestiona caminando hacia la habitación de Ni.

Un mes, más o menos – refiero al parecer no sabe ni que decir.

Bien, me agrada esa idea… - sonríe y cuando van en el pasillo, Ni se detiene.

¿Mamá, puedo pedir mi postre? – le pregunta Ni, que no ha comido nada de dulce en todo el día.

Si Ni, dile a Evarina que te lo lleve a tu habitación – le dice ella soltándolo y me toma de la mano para despedirse de su hijo.

Gracias mamá, permiso caballeros – cuan perfecto soldadito Ni se despide.

Pasa Ni, mi beso, ¿sucede algo? – el niño le da un sonoro beso a Candy y me pregunta el ¿por qué de mi reacción?

No, nada – no quiero criticarle nada, pero creo que aun no me acostumbro a ser padre de la noche a la mañana. ¿Por qué se fue? Aún es temprano… - refiero sin poderlo evitar.

Los niños después de la cena se van a dormir, bueno en teoría… - refiere Candy, quizás a ella la criaron así.

¿Por qué? – cuestiono, recuerdo que cuando era pequeño jugaba o me leían un cuento.

Porque Ni, juega con sus soldados en lo que se le baja la comida – responde dirigiéndose a la sala.

Ah ya veo, perdón por la intromisión… - si ya decía que no podría ser tan tajante.

¡Te acostumbrarás! – me dice sonriendo.

La cena fue muy amena, nunca pensé que pudiera haber una cena tan despreocupada, pero por lo mismo, mi amigo Benedetti y nosotros dos, platicamos de Flammy, era obligatorio, ya queremos boda, antes que la de nosotros, por supuesto, pero en realidad lo dudo un poco y Benedetti no tenía planes de sentar cabeza.

Bien chicos, buenas noches… - refiere Francesco, despidiéndose de Candy y de mí segundos más tarde.

Buenas noches, Francesco – ahora nos tocó a nosotros dos hacerlo.

Se le ofrece algo más, señora – cuestiona Evarina que al parecer estaba aguardando en la cocina hasta que nos fuéramos a dormir.

No Evarina, ve acostar a Ni y puedes retirarte a descansar – le solicito, ella asiente y va hacer lo que se le pide.

Sí señora, le dejé un poco de fruta sobre la encimera, por si le da hambre… - me recuerda antes de despedirse.

Gracias Evarina, buenas noches – me despido de ella y ahora también de Terry.

Buenas noches, joven Grandchester – cuando ella hace lo mismo, se asoma una sonrisa a Terry.

Buenas noches, Evarina – él se despide y me ve a mi con una gran sonrisa.

Espera, por la mañana no dejes que Ni entre a mi habitación Evarina, Terry vive ahora con nosotros – le digo deteniéndola y quitar el incómodo momento.

Sí señora, le diré que no se levante hasta que llegue por él – ella se voltea y se va.

Gracias Evarina – Candy se despide y comienza a caminar hasta nuestra habitación.

De nada, buenas noches y bienvenido – ella se da la vuelta y hace lo mismo cuando se detiene en la puerta de la habitación de Ni.

Gracias y buenas noches – Terry vuelve a repetirlo.

Vamos, tenemos que bañarnos – Candy me apura para hacerlo.

Y no solo nos bañamos, esa noche le hice el amor de nueva cuenta, creo que nunca me cansaría de eso, justo cuando llegamos al clímax y descansábamos un poco comencé a reírme

¿Qué pasa? – me pregunta Candy.

Justo cuando te hacia el amor en el jacuzzi y llegamos al clímax juntos, recordé algo que mi madre me dijo una vez – comienzo a contarle.

¡Ah sí! Y ¿qué fue? – Candy no soporta la larga espera y me pregunta.

¡Que me sentiría fenomenal cuando amara a alguien y le hiciera el amor, sentiría una especie de éxtasis! – sigo contando con sorpresa.

Y ¿sucedió? – ella espera oír lo que quiere.

Sí, pero no lo esperaba – admitió.

¿Por qué? – ella extrañada le pregunta.

Porque pensaba que nunca iba a amar a una mujer – confieso y era verdad.

¿Soy yo? Entonces… - sí cuando Candy quería indagar la razón siempre me incitaba a confesársela.

Sí, eres tú, tú eres esa mujer que amo irracionalmente Candy – confieso abiertamente.

¿Irracionalmente? – se pregunta más a sí misma.

Claro, anda tenemos que dormir – y cómo dormir con semejante notición, pero ni ella ni yo pudimos hacerlo tan rápido.

Mi sueño se volvió tan tranquilo que casi me asusta, al pasar de las horas me estaba acostumbrando a sentir el cuerpo de mi novia muy cerca de mí. Cuando despertamos no podía creerlo, ella tenía un seno descubierto muy cerca de mi boca, entonces al abrir un ojo eso me sorprendió y al mismo tiempo comencé a lamerlo primero como si fuese una probada a un helado, con la punta de la lengua y ante mi toque este se erizó, luego lo metí a mi boca y jugué con él, mi mano viajó de su cintura hasta su centro de placer y no pude evitarlo, tenía que hacerla mía, cuando menos lo esperé, mi virilidad sentía que la necesitaba. Dios, me pregunté si alguna vez me cansaría de hacerla mía y sin preocuparme por no estar cerca para poseerla, introduje suavemente mi virilidad, obteniendo un gemido ahogado y la mano que estaba en su centro la llevé hasta su boca, ella apenas y la sintió y comenzó a chuparlo y succionándolo cada vez que la embestía, era glorioso, sentir la succión en dos zonas de mi anatomía era lo mejor, lo que hice fue apresurar mi orgasmo pero al estar succionado mi dedo, hizo que acabara tan pronto que mi liberación no tardó en llegar y eso, eso fue un cúmulo de descubrimientos. Sin querer había descubierto el por qué Albert y Anthony estaban desde que se conocieron más apegados a ella, por qué era que ambos no querían separarse al menos carnalmente de ella. Seguía moviéndome hasta que ella alcanzó otro orgasmo repetido y mi rostro terminó entre sus senos, me encontraba jadeando y recuperándome, me sentí abrazado en todo mi cuerpo, quería conservarme ahí adentro y al hacerlo mi nariz olfateo su sudor, uno que liberaba su sabor de mujer, uno que jamás había querido hasta que ella misma me sacó de mis pensamientos.

¿Qué piensas? – me preguntó cuando aún no nos recuperábamos.

¡En ti, en lo que me estás haciendo sentir! – dije, sí, esa era la forma en que todas mis relaciones deberían de ser, finalmente fue una mujer la que me parió.

¿No lo has sentido con nadie más? ¡No te lo creo! – si Candy no conocía a ningún hombre que confesara el sentirse enamorado porque en realidad lo estaba.

No me he permitido sentirlo con nadie más… creo, antes tenía relaciones sexuales Candice, ahora… - ni yo sabía qué era lo que sentía y menos el poder explicarlo.

¡Es amor Terry, lo sé! – exclamó abrazándome.

Sí es amor, pero… no sé cómo decírtelo…. Temo que si me expreso al preguntarte o compararlo con lo de Anthony o lo de Albert resientas el comentario – confieso, a veces no la entendía.

Adelante, tengo la suficiente madurez como para no hacerlo, dime… - ella quería oírme decirle que le amaba.

Bien, cuando tenía relaciones sexuales con Susana, todo era ardor y posiciones, pasión, pero nada como esto, cuando la penetraba era más para acallar un cuerpo que un alma… ¿me entiendes? – intenté explicarle lo que para mí era difícil de entender.

Era sexo físico… ¿no fue lo mismo tu primera vez con Susana como lo fue conmigo? – me pregunta, al parecer se regodeaba.

No, fue muy diferente. Fue más compenetrado, a mí me importa cómo te hago sentir, me explico. No solo me satisfago a mí mismo, sino que me preocupa que te lastime… - confieso, sí esa fue una parte de lo que Fredich me contó.

¡No me harás daño! Cuando algo sea de riesgo, te avisaré, no te preocupes…estamos yendo a mi ritmo – me confesó cuando de pronto me dio un largo beso.

Bueno, siendo así… - me dijo, levantándose totalmente desnuda y colocándose una bata encima para luego entrar al closet.

Siendo así, lo dejaremos para otro tiempo, me llaman los deberes de mamá, solo tengo una duda… me voy así o así – me dijo, provocándome del pijama que tenía en la mano o abriéndose la bata donde se encontraba desnuda.

Con ropa mi vida, pero no te pongas ropa interior, así mantendré mi visión entrenada… - le advierto con una sonrisa.

Tu visión entrenada, bueno…. ¡Vamos visión entrenada, si quieres báñate que iré a levantar a Ni! – me dice ella a sabiendas que no sé de lo que habla.

Bien – asiento, sonriendo.

¡Deja de mirarme! – me grita, pero realmente no puedo mientras se viste.

¡No puedo…! ¡Quiero hacerte mía! – le confieso con mirada lobuna.

Te espero abajo… - decide terminar con mis deseos.

Mejor arriba – enfatizo.

¡Terry! – me reprende y sale.

Ya está bien me iré a bañar – corto toda aspiración.

Bueno… te veo pronto – dice ella en el aire cuando ha cerrado la puerta.

Bien – respondo metiéndome a la regadera.

¡Cielo Santo! Creo que ahora sí que estoy perdido, estoy enamorado de una ninfa, ¡tengo problemas! Media hora más tarde, me estaba poniendo las mancuernillas, también debía de trabajar y pronto vendría Fred por mí. Cuando de pronto entra Candice y comienza a desnudarse.

Ni y Benedetti fueron por un helado. ¿Vas a ir a trabajar? – me pregunta al verla pasar detrás de mí.

Sí, tengo que arreglar lo de la oficina aquí, ¿tienes algún espacio? – pregunté como de por casualidad.

Claro, en la biblioteca hay un espacio mucho más grande que una oficina, si quieres que Evarina te lo muestre en lo que me baño – me dice dejando la ropa en algún lugar que no es el bote de la ropa sucia.

Bien, yo le digo adiós señora Grandchester – le doy un beso y me voy o al menos eso intento.

Aún no… ande y recuerda que hoy no estaré en casa, tú debes ir a lo del traje – me recuerda asomándose por la puerta.

Bien, espero que el vestido sea sexy… - le recomiendo.

¡Ah no lo sé, con estas curvas veo un poco difícil que sea sexy! – me dice, como si siempre no lo hiciera, vestidos pequeños es lo que más tiene.

Algo encontrarás, tampoco quiero que te sientas incómoda – le digo, sé que probablemente le importará más lo que digan los demás que lo que yo quiero.

Bien, veré ¡qué podemos hacer…! ¡Que te vaya bien! – me desea, pero eso me suena mas a si sueña con ello.

Hasta la noche – le digo.

Hasta la noche – me responde abriendo la regadera.

Y como salió disparada al baño, no pude evitar ver que sus pezones por el frío se endurecieron y qué diablos, la oficina podía esperar, así que me desnudé a rayo luz, entré al baño, observé cómo el agua caliente caía en su cuello y cuando se pasó las manos sobre los senos y después sobre los flancos de su abdomen, mis manos entraron en acción y abrazándole con las manos los senos, la penetré a lo que ella respingo.

Terry… pensé que te ibas a la oficina – dijo después de mi atrevimiento.

La oficina la puedo arreglar por teléfono, esto no y me gusta más estar contigo, ¿alguna queja? – le pregunté, creo que no le gustaba lo que le estaba haciendo a ella.

¡Aaahh, no ninguna! – apenas logró decirlo con un quejido.

Esa fue una queja – le dije, embistiéndola de nueva cuenta.

Pero no de inconformidad, ya tenías puesto el traje… - reprocha.

¡Ni me lo recuerdes, debemos buscar las mancuernillas, salieron volando! – exclamo enfatizándolo.

¿En serio? – me preguntó, claro que era en serio.

Sí, me gusta hacerte el amor en la ducha – confieso, esto suele ser más excitante.

Ya lo vi… - responde sonriente.

Lo sentiste, Candice… - la llamé enfáticamente.

¡Terryyy! – dio un sonoro grito.

Vaya me estaba haciendo experto en esto, mi futura esposa era más ardiente que cuando me di cuenta de que ella se había dado vuelta y ahora me recibía más cálida, comenzó a besarme y profundizamos los besos mientras el agua seguía cayendo, después cerró la llave y comenzó a vaciar shampoo en mi mano, luego puso en la otra mano la esponja y me señaló que la enjabonase, pero yo me negué, coloqué la esponja sobre un arnés que tenía en el baño y comencé a enjabonarla con mis manos, pasando por cada centímetro de piel, sintiéndola hasta que llegué a su parte íntima, ahí fue donde me detuvo y se dio la vuelta para darme un jabón neutro.

¿Por qué? ¿No? – le pregunté.

Los jabones con perfume me irritan – confiesa entre jadeos.

Bien y ahora ¿qué hago? – pregunto, sin saber por qué me dio ese jabón.

Tomé el jabón y comencé a esparcírmelo en las manos como me indicó, luego lo coloqué en su mano y ella lo dejo en una especie de contenedor para luego pedirme que me hincara, entonces se hizo hacia atrás y se sentó en una especie de asiento, luego me enseñó, con el dedo índice toqué su clítoris y luego con los demás dedos los pliegues, para asearla y cuando llegué a la entrada de su parte íntima, me detuvo.

¡Aquí no, solo por fuera! – me indicó.

Bien, tenía que aprender, nunca había hecho esto y por alguna razón y por sus antecedentes quise hacerlo, lo admito, quería tocarle hasta el último vestigio de piel libre. Después tomó una regadera y me la dio, ¡Dios Santo, fue tan erótico! Ver como el jabón se deslizaba entre sus pliegues y como ella se pasaba los dedos, encendió más mi libido y pronto quise penetrarla, pero no lo haría, mi madre la estaba esperando, así que la levanté y dándole una última mirada se salió de la regadera. Lo que no me esperaba era que se diera la vuelta, se agachara y tocándose ella, me devolviera el favor…

Que ha… ¡Ahhhhh! – eso no me lo esperaba.

No te vas a ir hasta que esto baje… - responde ella volviendo a su trabajo, aunque sea de momento.

Sí, mi futura esposa salía de la habitación y de pronto, me vi completamente desnudo y con una sonrisa boba, simplemente me había enamorado. Mi día fue de lo más relajante, arreglé que Nympha me mandara con Fred algunas cosas para mi oficina, le pedí a Evarina que me mostrara la habitación que me dijo Candice que había, mayor fue mi sorpresa cuando la vi y comprendí lo que ella dijo de la biblioteca en el Chalet, vaya suponía que esa era su gran biblioteca, muchos tomos, más que los de mi padre, me preguntaba si había leído todos, me limité a sentarme en el gran escritorio que tenía detrás un enorme sillón y comencé a ver cómo es que los había alineado, sin darme cuenta que mi cita con el sastre era dentro de dos horas, quedándome profundamente dormido hasta que ella llegó.

¡Terry, Terry…! – Candice me estaba moviendo.

¡Mmmhhh! – respondí.

¿Te dormiste? – era obvio mi amor, era más bien como una expresión.

¿Qué pasó? ¿Qué hora es? – pregunté cuando logré enfocarla con la tenue luz de una lámpara.

Las diez de la noche… - resolvió decirme, levantándose.

¡Mi traje! – exclamé casi cayéndome del sillón.

Me llamó el sastre… - resolvió decirme, sonriendo, sabía que lo iba a olvidar.

Iré mañana, bonita biblioteca – la alabo sonriéndole, ahora sé que era verdad lo que me dijo en el chalet.

Gracias, aún no leo esa zona – me señala el librero que se encuentra al lado de la ventana.

¡Eres una come libros! – exclamo con una mueca de horror, lo que la hace reír.

Lo sé, siempre me lo dicen. ¿Por qué te quedaste aquí? – me preguntó hincándose al lado mío.

Es un lugar tranquilo, no pensé que el penthouse pudiera ser tan espacioso… - le dije levantándome y admirando la biblioteca en pleno.

Cuando construyeron este edificio, parece que Ferrel pago más por la exclusividad del diseño, por eso es espacioso – me confiesa admitiendo que era muy en serio que el viejo Ferrel le amaba como una hija para darle todo el espacio que ella se merecía o al menos, eso era lo que ella pensaba.

Bonitos diseños – le dije cuando en las esquinas los decorados se veían.

Gracias, ¿quieres cenar? Parece que Benedetti llevó a Ni a casa de tu madre, eso de la abuelita le está gustando – cuenta Candice, creo que ella debería estar emocionada, pero nada, está molesta.

Se tiene que acostumbrar, mi madre es una buena abuela – le digo, al parecer la idea no es buena, en este momento.

Evarina no está en casa, la mandé a que ayudara a tu madre con Ni, creo que eso de tener a sus dos abuelas en casa, le esta gustando a Ni – refiere Candy.

¿Tenemos la casa para nosotros dos…? – pregunté caminando hacia ella.

¡Solos! – enfatizó en ello. Solitos- volvió a decirme.

Vamos – la apuré. ¿Puedes desnudarte? – le pregunté.

¿Por qué? – preguntó atenta o asustada.

Porque debajo del pijama no traigo nada… - le hice unos ojos de travesura.

Primero vamos a comer y si quieres nos refugiamos en el jacuzzi – me propuso y la idea no parecía tan mala.

¡Me parece una idea estupenda! – admití, tomándole la mano y siguiéndola.

Candice hizo de comer y nos fuimos al jacuzzi donde entre besos y caricias terminamos tendidos y con ropa, bueno, no siempre quería ella hacerme el amor, aunque yo estuviese ardiendo de deseos, de pronto, ella se recostó en mi pecho y nos quedamos dormidos hasta muy entrada la madrugada donde por supuesto al sentir el frío matinal, me levanté y la cargué hasta la cama para cobijarla y seguir durmiendo. Como a eso de las diez de la mañana, me levanté por agua y muy enseguida la vi pasar desnuda delante mío comenzando a servirse fruta, yogurt y granola. Me olvidé que con tanto ejercicio, el azúcar debe estársele acabando, así que comencé a pensar que no debía cansarla tanto-

¿Pasa algo? – me preguntó cuando me quedé un poco triste, mirándola.

¡Soy un tonto, solo eso! – respondo.

¿Por qué? – pregunta ella desconcertada cuando pone encima de la encimera el tazón con fruta.

Debo alimentarte más seguido, no puedo abusar de tu energía – le respondo.

¡Estoy bien! ¡De verdad! ¡Espera, espera… de verdad que estoy bien! – siento como sus brazos se extienden para abrazarme cuando dos lágrimas caen por mis mejillas.

¡No sé qué haría si te perdiera! ¡No sé si podría sobrevivir…! ¡Ni siquiera me atrevo a pensar en eso! – le confieso, abrazándola, como si hubieran pasado más que dos años alejado de ella.

Calma, ten calma. Nada me va a pasar, Benedetti me está poniendo vitaminas y azúcares extras, de verdad que no pasa nada, esto es solo comida – le digo

Perdóname…

Continuará…