Capítulo XLV
¿Qué sucede, Terry? ¿Por qué estas así? - le pregunto es que es raro que él me pida perdón por algo que ni siquiera entiendo.
Porque pensé muchas cosas, unas me las dijo mi madre cuando estábamos en Mane y tu voz chistosa, otras cuando me pasé esos dos años sin ti. ¡No sé cómo pude resistir eso! ¡No sé cómo pude no perder la fe de que quisieras regresar conmigo! Te amaba en ese momento y ahora, ahora estas aquí y me entregaste tu corazón y tu alma y yo sólo quiero poseerte, yo solo quiero sentir que me perteneces… no quiero pensar sólo en lo físico, pero me duele verte a veces tan cansada o que duermes mucho, pienso que sólo te quiero para mí, para mis necesidades… no quiero tratarte como un objeto de satisfacción, quiero sentirte, que tus brazos me rodeen, que tu cuerpo me cobije, quiero…no sé, no puedo expresarlo… - Candy me abraza al sentir mi rostro en su pecho…
Quieres sentirte amado Terry y eso lo sé, pero no estás tan equivocado… algo que es diferente en mí de todas las demás, son las sensaciones, lo que te doy es eso, no sólo es sexo y deseo y pasión, si me amas debes sentir que trasciende cuando hacemos el amor, debes sentir que tu alma viaja a través de las sensaciones - se explica, ¿es lo que me merezco?
Perdóname, mi madre me reprendió esa vez porque no te di de comer, quería vengarme por cómo te reías con Fredich, creo que nunca sabré si estaba enamorado de ti… - declaro, estaba celoso y qué.
Lo estaba…, pero no como hombre y yo le amaba como a ti, pero el destino me lo quitó y bueno, con él aprendí a ser más yo, más como siempre debí ser, no como me escondía de los demás para ser lo que ellos querían ver – me explica detenidamente.
¿Entonces? – le pregunto animosamente.
¿Entonces? – quiere saber a lo que me refiero.
Yo pregunté primero Candy… - refiero. Que te parece si ¡te pones traje de baño y nos asoleamos! – le sugiero, creo que si le gusta andar desnuda.
Nos asolearemos como lagartijas e iguanas – suelta Candy, creo que nunca entenderé el raro humor de mi novia.
Sí – lo acepto quizás me modele el traje de baño diminuto que no deja nada a la imaginación.
Bien voy por el bloqueador y nos ponemos cómodos – sugiere además de ponerse el traje de baño.
Bien – lo acepto.
Tiempo después…
Terry – ella me llama cuando se encuentra asoleándose en un camastro.
Dime – respondo animosamente.
Te amo mucho… - me soltó, ¡Dios cuántas veces quise escucharlo!
Yo también, linda… - me limito a sonreír y a besarla, la amo demasiado, creo que más que a mí mismo.
Ahorita vengo… - pero Candy acostumbrada a romper el momento entra al departamento, sin entender por qué lo hace.
Sí, ella era mi prometida, a veces tan… y después tan… creo que nunca la llegaría a entender, al menos nadie, pero nadie, ni la hormiga me había preparado para lo que la planeación de la boda me demostraría, eso sí, ella nunca cambió a una Bridezilla, una simpática anécdota que me había comentado cuando vimos las flores, fue la única cosa en la que nos pusimos e acuerdo, pero eso sí, de que le cambió el carácter, le cambió el carácter. Esa tarde, nos la pasamos entre juegos y lectura, tirados en el sol hasta que en la noche nos metimos al jacuzzi, mi prometida tan blanca ella, quedó como camarón y luego parecía merengue, esas recetas de la abuela no dejaban que me divirtiera, no podía ni tocarla hasta que ya muy entrada la madrugada sentí como colocaba la mano en mi falo atolondrado y después tuvimos que cambiar las sábanas de la cama, ya que quedó embadurnada de leche de magnesia.
Después del baño, estaba cocinando cuando salió de la misma forma que la vez anterior, desnuda y con el cabello chorreándole. Me miró y salió por el ventanal de la alberca.
¡Me incitas sabes! – le suelto haciéndola sonreír.
Lo sé, pero mira sigo roja – me demuestra que sigue siendo un camarón rojo.
Él también – lo señalo a él.
¡Hey! – ella me reprende.
Jajaja bien, vamos a ver ¿por qué sales así? – la reprendo, algo tengo que decir para no hacérselo ahí.
Porque estoy secando mi cabello – me lo muestra chorreando de agua.
¿Nada más por eso? – le pregunto, razón insuficiente.
Nada más por eso, además somos casi esposos – refiere ella pasando cerca de mí.
Somos esposos, aún no por las cincuenta leyes, pero en el momento que fuiste mía, ya no volverás a ser de nadie – le digo, tengo que defender lo que es mío.
¡Ah! ¿Ya soy tuya? -cuestiona incrédula.
Sí – respondo riéndome por sus muecas.
Y ¿me quieres mucho? – me acerco a ella cuando me abraza.
Sí – respondo mirándola, mi suéter siente todas esas curvas.
Y ¿me amas? – me pregunta.
Sí – le respondo robándole un beso tímido.
Y ¿quieres hacerme el amor otra vez…? – me pregunta más tímida aún. Estoy que no me lo creo, ¿intenta seducirme?
No, primero a comer y ponte esto, al menos no me darás tentación y no seguiré tus bajos instintos – refiero.
Bueno, vamos a comer – suelta ella sentándose en los bancos de la encimera.
Te hice fruta en lo que tengo listo lo demás. ¿Quieres yogurt? – le ofrezco cuando sobre la encimera le coloco un plato con fruta.
Sí y también miel… - ella toma el yogurt y la miel comienza a dejar listones de miel. ¡Ay, ay, ay, me estoy embarrando! – dice ella, pero no lo tomo en cuenta, sé lo que está haciendo.
No me harás verte…- le advierto cuando comienza a chupar su blusa.
Bueno… - ella lo acepta, pero sigue con lo mismo.
¿Qué haces? – ahora sí que levantaré el rostro, ¿qué hace?
Chupando la ropa donde me cayó miel – pero esa mancha estaba en su pezón y cuando termino todo mojado le quedó transparente.
Usted señora me está haciendo trampa - dejo el bowl sobre la encimera y el cuchillo sobre este.
¿Por qué trampa? – me pregunta, sabe lo que hace.
Porque te estas manchando a propósito… - le digo tomando la miel de donde se encuentra y llevándola al piso.
Noooo, de verdad se me está cayendo esto – dice ella, retirando la cuchara que va dejando hilos de miel.
Bien, déjame y coloco esto en el lavabo y ahorita vengo, ahora sí, la miel y tu tienen un asunto pendiente conmigo – le advierto.
¿Cuál asunto pendiente? – me pregunta cuando aparenta que no sabe lo que ha hecho.
¡Ven acuéstate aquí! – la jalo cuando ya me he sentado en el piso.
Estás seguro, estamos en el piso de la cocina… - me dice accediendo.
Será más fácil de limpiar, ahora a callar… - le pido y comienzo a observar sus manchas.
Sí, bien… creo que tendremos que comprar más miel – me dice cuando comienzo a verter la miel sobre sus senos.
¡Jajaja ahí si va a ser difícil limpiar! – me asegura cuando siente lo frío.
Bien, eso es bueno saberlo, pero a ti también te costará trabajo – le aseguro cuando me echo ese mismo tarro en aquel…
¿Por qué lo dices? – cuestiona, sin entenderlo y cuando eso sucede veo hacia abajo y ahora sí que lo entiende.
Ah bueno, espera y verás – le prometo, comenzando a lamerle el busto.
Bien… - ella sorprendida acepta el reto tragando en seco.
Sí, mi ninfa me la estaba poniendo un poco complicada la cosa, si quería excitarme al 200% lo estaba logrando, pero no iba a salir ilesa, así que me vengué, le embadurné también su parte íntima y al penetrarla, mi miembro lleno de miel la embadurnó en su interior, era dulce para que después lo disfrutara, su sabor con la miel, ese sabor suyo y mío al mismo tiempo, ella lo disfrutó, después me levanté y la llevé clavada hasta la ducha y allí quise que lo metiera en su boca y sí, obtuve lo que quería, que ella lo disfrutara mucho. Salimos de la ducha y vi cómo se cambiaba de ropa y cuando terminó hice lo mismo, salimos del departamento en moto, digo se veía medio chistosa que una mujer la manejara, pero como era bien sabido le tenía mucho respeto a la velocidad.
Cuando llegamos a casa, mi madre salió a recibirnos encontrándonos en un apasionado beso y siendo sorprendidos por ella me guiñó un ojo, que a ciencia cierta no supe cómo interpretar. Todos nos recibieron y me enteré de que el vestido era muy bonito, pero nada más, no me dieron más información, me preguntaba también cuántos botones me tocaría abrir, esperando que no fueran demasiados.
Candy se comportaba distinto con sus hermanas que con sus padres y que conmigo, Benedetti y Flammy se encontraban jugando con los niños y me di cuenta de algo. Todos ellos eran para mí iguales. Mi tarde se hizo amena y ella no despegaba sus ojos de mí, aunque estuviese platicando algo con otra persona. De pronto entró Elisa, mi cuñada y muy descaradamente rozó su asentadera con mi mano y ella lo vio, pero no dijo nada… lo que me faltaba que esa señora se atreviera a declararle la guerra a Candice.
¡Buenas noches! Disculpa Terry, no calculé mi entrada – se disculpó conmigo.
No te preocupes Elisa, toma asiento – le ofrecí sin mirarla, en que estaba pensando Biagio cuando se casó con ella, ah sí, en su grosera figura.
Y ¿cómo va lo de la boda? – me preguntó de pronto.
Bien gracias, Candice – le dije y llamé a mi novia.
Bien Elisa, ya tenemos listas varias cosas, inclusive los avisos de la casona en París… - suelta, de esos no me acordaba.
¿Se irán a París? – pregunta Annie que ha escuchado su declaración.
Sí, tengo una casona allá y bueno hace mucho que no voy – declaro, no tengo ninguna casa en Francia, pero ella no lo sabe.
Señora Elisa, su visita ha llegado – le avisa Marie.
Gracias Marie, hazlo pasar… - ordena Elisa, no soporto que haga eso con mi nana.
Diez minutos más tarde…
¡Buenas noches! – saludó a todos.
¿Qué hace él aquí, Elisa? – le pregunto a mi cuñada que me sonríe.
Es mi invitado, compórtense… - nos reprende Elisa, pero sin tomarla mucho en cuenta.
¡Candy contrólate! – le pido a ella, parece que no quiere estar allí.
Les presento a Nathaniel… - dice Elisa, pero aquel hombre sólo veía a Candy.
Ya lo conozco, permiso – Candy se suelta y soltando esa frase se va al bar que se encuentra en otra habitación.
Sí claro y más tu Candy, ¿verdad? – pero él parece que intenta conocerme a mí.
Candy espera… - la llamo levantándome.
¡Rayos! – en otra habitación encuentro a Candy caminando de un lado a otro.
¿Qué pasa Candy? ¿Cómo que ya lo conoces? - le reclamo, estoy enojado y celoso, otro maldito hombre, ¡no puede ser…!
Es uno de los accionistas de Kolios, pero ¡no sé qué hace aquí! – comenta enojada.
Es amigo de Elisa al parecer, algo de lo que deba enterarme… - le digo, eso sí que no me lo esperaba.
Le gusto… y… - se interrumpió, al parecer le dijo una grosería de la cual no quería enterarme.
¿Y? – insistí.
Y trató de ofrecerme lo mismo que Susana te ofreció a ti – me respondió, asegurándome que no era un buen hombre.
¿Cómo se atreve? – claro que no lo quería en mi casa, así que me levanté para sacarlo.
Terry, espera… - Candy me jaló oportunamente.
¿Quieres que nos vayamos? – le ofrezco, ella está a punto de llorar.
No tengo por qué huir de él, a menos que tú te sientas incómodo – me dice retirando el rostro del mío.
No mi amor, vamos, regresemos a la sala y ten calma, sígueme la corriente – le propongo, haciéndola que respire y recobre firmeza.
Bien… sabré hacer muy bien mi papel – me dice ella, mi esposa esta loquita.
Sí gracias – eso es lo único que me resta decir cuando comenzamos a caminar.
¡No hay por qué! Marie… - Candy llamó a mi nana.
Sí mi niña – respondió ella con amor, ¿qué ha hecho con mi nana? Si el amor de Marie era yo.
Podrías traer un poco de fruta para Candy- tengo que romper con ese idilio.
Sí mi niño, en un momento – Marie asiente.
Gracias… - mi nana como siempre sonriendo.
Pasa Nathaniel, hace tiempo que no sabía de ti… - Elisa le ofrece asiento.
¡Y yo no sabía que era tu pareja! – exclama Nathaniel.
¡Prometida! – le aclaro, tengo que marcarle el alto.
¡Ah, prometida! ¿No era tu aman… amigo, Anthony Andley? – que ridículo si piensa que no le oí.
Ahora es mi prometida y muy pronto la madre de mi hijo – recalqué haciendo que todos volteen a vernos.
¿Qué cosa? – grita Elisa sin poder creérselo.
¿Están esperando? -preguntaron sus padres.
No, pero quiero un hijo, ¿está mal eso? – debí haber tomado una foto como no se me ocurrió antes.
No claro, bueno, siempre y cuando te acostumbres al acoso de los hombres de Candy… - suelta Nathaniel ganándose un golpe imaginario.
Como tú, por ejemplo, que no representas ningún riesgo para mí… - le aclaró, me tenía que dar mi lugar.
Bueno, no lo decía por mí, aclaro – si como no, como si no conociera a hombres de su tipo.
Pues que raro sabes, Candy me dijo que tú la acosabas y que en un momento de su vida le ofreciste hacerla tu amante – le digo en susurros, no quiero que el padre de Candy me oiga decir tanta sandez.
Bueno, era para bajarle los humos, era lo menos que ella podría hacer – ese mequetrefe se estaba metiendo con mi esposa y eso, eso no se lo permitiría.
Mi niño, aquí está la fruta de Candy – Marie extiende el dulcísimo plato de fruta.
Gracias Marie – agradece ella y comienza a comer.
Siempre comiendo fruta… - rezonga ese hombre que me está colmando de piedritas.
¿Algún problema con ello? – Candy le preguntó, de mala manera.
No ninguno, pero ¿no puedes comer algo más? – le pregunta.
Sólo esto, de momento – responde comiendo un gran trozo de pera.
Mami – se oye la vocecita somnolienta de Ni.
¿Qué pasa, Ni? – ella deja el plato en la mesita de centro y lo atiende, cargándolo.
¿Tienes un hijo? – ahora es momento de que Nathaniel se sorprenda.
Por supuesto, que ¿Elisa no lo sabía? – lo tengo que molestar.
No me lo había dicho, pero entonces ¿eres el padre? – molesto cuestiona.
Lo seré. ¿Pasa algo con Ni? – le pregunto cuando veo que comienza a molestarse.
Tiene sueño, voy a acostarlo… - me dice Candy comenzando a caminar.
Deja que lo haga yo Candy, vamos Ni – mi madre la intercepta y le pide a Alfred que lo cargue.
Gracias Eleonor, ¿seguro que no te molesta? – cuestiona Candice.
Claro que no, vamos Ni – lo anima.
Señora, la cena está servida – avisa Marie a mi madre antes de irse.
En un momento vamos, vamos todos a la mesa… - anima mi madre y ella se dirige a las escaleras.
Candy – la llamo, parece que se ha quedado observando algo.
Sí – ella reacciona y una lágrima sale por sus ojos.
Mírame, ¿qué pasa? ¿Por qué lloras? – me está asustando, todos los demás ya no se encuentran ahí.
¡No lo sé! – parece que está irreconocible.
Estás muy sensible… Candy... Candy. ¡Marie! – le llamo.
Sí señor, ¿qué pasa? Señora, despierte – Marie se agacha y no entiende por que Candy se ha desmayado.
Que nadie se dé cuenta, por favor. Llama a Benedetti – le pido cuando la levanto en vilo.
Sí mi niño, ahora vuelvo. Joven Benedetti podría venir un momento – Marie sale corriendo de la sala cuando me dirijo a mi habitación.
¿Qué pasa Marie? – Benedetti le pregunta.
La señora Candice se desmayó… - le dice y él sale del comedor para ir en su ayuda.
Voy por mi maletín y te alcanzo allá, que nadie se dé cuenta… - le pide a Marie que rápidamente toma el maletín y sube las escaleras de dos en dos.
Sí joven, dicen los señores que pueden comenzar – Marie sabe qué hacer, anima a los invitados y comienza a servir la cena.
Gracias – todos agradecen sin darse cuenta que varios de nosotros ya no estamos más ahí
¿Tan rápido se durmió Ni? – pregunta Marie cuando siente a Eleonor atrás de ella.
Sí, cayó rendido. ¿Dónde están los demás? Marie – le pregunta sacándola del comedor.
En el cuarto de mi niño, la señora se desmayó. Espere señora – Marie inútilmente trata de detener a mi madre.
¿Hace cuánto comió? – pregunta Benedetti.
¡Recién! – afirmé, devoró el azúcar de la fruta de hecho.
Veamos, necesitamos el glucómetro. No es el azúcar… – se quedó pensando cuando marcó con una gota de sangre, el contenido de azúcar.
¿Qué haces? – pregunto sin entenderlo, ya que estaba sacando una liga y un tubo para sacar sangre.
Tomándole una muestra de sangre, aún es muy pronto para saber si está embarazada, pero pudiera ser – comentó cuando el tubo comenzaba a llenarse.
¿Cómo sabes que está teniendo relaciones? - pregunté por curiosidad.
Lo intuyo – respondió más bien por no darme ideas.
Bien, Marie tome, mande esto a esta dirección con Fred y dígale que espere los resultados – refiere Benedetti metiendo ambos tubos a una cajita.
Sí señor, enseguida – Marie asiente y sale de la habitación.
¿Qué tiene? – pregunté, Benedetti no sabía qué decir, quizás era producto de una impresión que recibió.
No lo sabemos, debemos hacerla reaccionar. Las sales Eleonor – le pide a mi madre cuando entra a la habitación.
¿Será seguro? – preguntó Eleonor dudosa.
Claro, bueno alcohol será lo mejor… - deja la botellita sobre la cómoda y del maletín saca unas torundas alcoholizadas cuando mi madre lo mira con desaprobación.
Terry… ¿cuántos días ustedes han… mantenido relaciones? – pregunta mirándome, esto es incómodo.
Tres…. – terminé diciendo al bajar el rostro.
Es muy pronto, anda démosle las sales – y volviendo a tomar el frasco que dejó en la cómoda, lo abre para pasarlo por debajo de la nariz de Candy.
Candy… ¿qué pasa? – cuestiono, que apenas y logra despertar.
¿Qué me pasó? ¿Dónde estoy? – parece que ella no puede enfocar nada y a nadie.
¡Te desmayaste! ¿Por qué? - me dirijo hasta ella que intenta rascarse los ojos.
No estoy embarazada, ¿verdad? – pregunta Candy.
No… pero ¿viste algo…? ¿Te hicieron algo? ¿Qué comiste? – cuestiono inquieto.
Nada… sólo de pronto se me borró la luz- ella comienza a recordar.
No entiendo, ¿cuántas veces? – cuestionó su médico.
¡Benedetti! – lo reprendo esa es mi intimidad.
Doce… - responde ella sin recato.
¡Candy! – ahora la reprendo a ella.
¡Acostúmbrate! – ambos son ahora los que me reprenden.
¡Nunca lo haré…! ¿No estarás pensando que está embarazada o sí? – cuestiono eso es algo como demasiado pronto.
Es muy pronto… - lo dice y lo sé.
Por cierto, antes de que me desmayara vi un regalo allá abajo que se me hizo tan conocido… - refiere, esperando que recordase más.
¡Ah, ya te despertaste! ¿Qué pasa? – dice mi madre que ni cuenta me había dado que había salido.
Me llego un regalo – pregunté, primero debíamos saber qué era.
Ah sí, Marie lo recibió hoy en la mañana – cuenta mi madre.
¿Dónde está? – cuestioné rápidamente, levantándome.
¡No espera Terry, no vayas! – Candy me detuvo, lo que menos quería es que ella reaccionara de esa manera.
¿Pesa? - me quedé helado cuando mi madre contestó, lo que me contestó.
Sí Terry, mucho, dos personas lo vinieron a dejar – me aseguró mi madre.
¿Por qué se te hace conocido? – preguntó Benedetti.
La manufactura, la he visto en otro lugar… - Candy trata de recordar en dónde es que la vio.
Fred – lo llamé por medio del celular.
Sí señor – respondió desde la cocina.
Allá abajo está un regalo… - inicié diciéndole.
Con líneas doradas y azules – refirió mi madre.
Ya oyó, sáquelo e intente abrirlo – indico con cautela
Puede ser una bomba… tenga mucho cuidado – dice mi madre.
Debemos de averiguarlo y acá adentro llamaría mucho la atención. Fred, apúrate. Mamá baja a la cena y tú Benedetti acompáñala, tengo que ir con Fred – doy órdenes y comienzo a caminar hacia la puerta.
Yo voy contigo… - se ofrece Candy, pero apenas y puede ponerse en pie.
No, tú te quedas aquí y no me obligues a atarte a la cama – refiero, aunque creo que le grité.
Terry… no lo hagas, déjame ayudarte – pide Candy.
¡Dije que no! -Dios esto ya no me había pasado, yo no soy así.
¡Estúpido!
Continuará…
