Capítulo XLVI
¡Estúpido! – Candy se enoja y me dice groserías.
¡Esa boca…! ¿Qué dijiste? – quiero saberlo.
Lo que oíste, eres un estúpido y engreído siempre tratando de cuidarme… - ahora fue su turno y creo que me lo merecía.
¡Ven aquí enojona! - quise abrazarla, pero no se dejó, creo que estaba molesta.
¡Que me sueltes! – me gritó audiblemente haciendo que la soltara.
Está bien, me quedo si tú lo haces también… - le pedí, pero ni así estaba contenta.
Mmm – se quejó sentándose y colocando los brazos en jarras cuando mi madre y Benedetti desaparecieron.
Perdóname, me aloca no saber qué es eso, no puedes recordar, ¿dónde lo has visto? – pregunté.
No – refiere levantándose.
¿A dónde vas? – cuestioné.
Al baño – me dijo encerrándose ahí con un portazo, sí que estaba molesta.
Bien, te espero -le dije, pero ni me contestó, me pasaba en ocasiones que quería cuidarla hasta de la mosca.
Señor – Fred me llamó y contesté con cautela.
Sí Fred, ¿qué pasa? – pregunté.
Es una bomba señor, el señor Cosomo está tratando de desactivarla – me informó.
Es de Niel, Terry, ese es un huevo Fabergé, bueno una copia, es de Niel que todos se alejen – dijo Candy cuando salió y se replegó a la esquina de mi habitación entre los paquetes de la boda, escondiéndose detrás de ellos, recogiendo las piernas.
¡Candy, relájate! ¿Está en un lugar seguro? – quise saber, mientras me colocaba al lado de mi prometida.
Sí, no se preocupe señor, pero será mejor que se queden aquí, pueden estar en los derredores - refirió Fred.
Tienes razón Fred, me informas lo que suceda – suelto colgando.
Sí Terry, en cuanto sepa algo, se lo haré saber – Fred responde y también corta la comunicación.
¿Qué pasa? – cuestiona Candy temerosa.
Vamos a cenar mi amor… - la animo levantándola y acompañándola hasta la puerta.
Sí, vamos, es una alegría cenar con ese mequetrefe – confiesa, sonriendo sale de mi recámara. ¿Algún día haremos el amor aquí? – pregunta de pronto.
Candy – la llamó y ella se regresa a donde estoy yo.
Dime – responde.
¿Me amas? – le pregunto cuando llega hasta a mí.
Te amo Terry – responde abrazándome.
¿Me das un beso? – me pide ahora un beso.
Después, porque seguro aquí nos quedamos – refiere ella, jalándome y sacándome una sonrisa.
Vamos pues – no me quedó de otra que decir eso.
Hijo, ¿todo bien? – nos preguntó mi madre cuando bajábamos las escaleras.
Sí, el pie aún me duele, pero bien – refiere Candy cuando ve que Nathaniel se asoma.
¿Te caíste? – pregunta ese hombre.
Sí ya sabes que soy un poco torpe, Nathaniel – explica Candy cojeando ya en el comedor.
Elisa me contaba que se van a casar en tres meses… - suelta Nathaniel en italiano.
Elisa es muy informativa, ¿verdad Terry? – contesta Candy.
Pues sí algo, pero cuéntanos Nathaniel ¿cómo la conociste? – pregunto, quiero saber la historia.
Elisa trabaja en la oficina de Kolios – responde él, quería saber de Candy no de Elisa.
Ah ya veo – respondo cuando soy interrumpido por Fred
Señor -me llama mi fiel amigo cuando me entrega una boleta.
¿Qué pasa Fred? Veamos… la policía, ¿qué hace aquí la policía? Me permiten ahorita vuelvo – solicito levantándome.
Señor lo siento, nos fue imposible no llamarlos, pero no interferirán con la cena, están entrando por el otro lado – refiere Fred sonriéndole.
Bien Fred, no es tu culpa. Me mantienes informado por favor – pido, sé que esto es difícil y más en esta noche cuando todos estamos en casa.
La cena pasó sin contratiempos y Dios cómo conserve la calma, ese Nathaniel iba a ser otro hombre al que le tenía que poner el alto con mi prometida.
Pues a ver cuando me aceptas un café… - sugiere Nathaniel tomándole la mano a Candy.
No pu… - iba a responder ella cuando quitó la mano de repente.
No puede, estamos haciendo un proyecto juntos – le aseguré enérgico.
Bueno… tengo que irme – dijo Nathaniel, a nadie le interesaba que eso sucediera.
Hasta pronto Nathaniel, un gusto haberte conocido, permiso – me excusé, quería sacarlo de mi casa, pero de otra forma.
Hasta pronto, luego te hablo Elisa – aseguró ese hombre.
Sí gracias, te cuidas. Adiós Candy, Biagio debe estarme esperando – refirió Elisa dado que mi hermano se encontraba en su casa revisando papeles.
¡Y tú, piérdete por ahí! – le dije en un susurro a Candy. La despedí y le dije que iba a la cocina por un vaso de agua. Espera Nathaniel… - le pedí cuando lo intercepté en la reja de la mansión.
¿Sucede algo Terry? – preguntó cuando sintió un fuerte golpe en la mandíbula. ¿Qué te pasa? – volvió a cuestionar al verse tirado en el piso.
Es la primera y la última vez que sucede esto – advertí.
Señor – Fred se acercó rápidamente.
¡Fred, apártate! ¡No te le vuelvas a acercar a mi esposa! ¡Nunca más vuelvas a insinuártele! Y ¡nunca más te atrevas a invitarla a ningún lado! – enumeré mis peticiones
Piensas que puedes protegerla para siempre, acaso no te ha contado que se entregó a Niel estando casada con Albert, ese estúpido Andley le creyó siempre todo y nunca dudo de ella. A Ferrel se le ofrecía, por eso le dejó todo ese dinero, ¿no te lo ha contado? – quiso intrigar en contra de mi mujer, pero tenía más armas que él, la conocía más que él.
Espere señor, esto puedo arreglarlo yo… - se ofreció Fred.
Se ha acostado con todos… menos conmigo, te la ha mama…. – eso era vulgar hasta para mí que soy hombre. Cuando de pronto vi que se acercaba Cosomo.
Terry, no le hagas caso, sabes que no es cierto… Cosomo espere, ahora sí ¡lléveselo! – aseguró Fred, pero aun tenía mucho que decir ese hombre.
Sí reaccionas así, es que ya lo hizo y has pensado que más ha hecho con esa boca, ¡qué delicia…! – siguió presumiendo, al parecer con Anthony nunca se atrevió a hacer estos espectáculos.
¡Malnacido, puedes decir lo que quieras que sé que no es cierto! – respondí cuando le propiné otro golpe y después una patada en el estómago.
¡Terry, detente! Cosomo, puede llevarse a Nathaniel, por favor- le pidió Candy de no sé de dónde salió.
Sí señora, permiso. ¡Andando! - Cosomo tomó a Nathaniel del brazo y lo obligó a caminar.
Eh Candy, espera… cuando él ya no sirva, puedes seguir conmigo antes que todos los demás… yo si quiero hacerte mi pu… - ese hombre me quería sacar de mis casillas, apenas iba a decirlo cuando lo alcancé y no esperaba que hiciera nada. Volví a darle otro golpe, pero no lo tumbé por lo que me golpeo en el hombro lastimándome.
¡Terrry, noooo! Cosomo ¡lléveselo! Fred ¡deténgalo! – Candy ordenó que me apartarán y que Fred me llevara mientras Cosomo se deshace de ese hombre.
¡Déjame que lo voy a tronar! – exclamo, quería despedazarlo.
Nada de tronar, adentro Fred – Candy dio una orden determinante.
¡Benedetti, Benedetti! – Candy una vez los dos se fueron hacer lo que se le había mandado, fue a llamar a Benedetti.
¿Qué pasa? – el médico apenas llamado asistió a su encuentro.
Nathaniel provocó a Terry y lo golpeó... ¿puedes curarle los nudillos? Ahorita vengo. Fred, vamos…por el otro lado que no nos vea. Cosomo espere, no lo saque aún – le pidió a Cosomo, impidiendo que saliera.
Minutos después…
¿Tenías que confrontarlo Nathaniel? ¿Todavía no aprendes? Nunca, óyeme muy bien, nunca saldré contigo y nunca más volverás aquí, ¿me entendiste? – advierte la rubia enfurecida.
¡Perra… espera que me libere de este grandulón! – advierte él jalándose de Cosomo.
Suéltelo Cosomo, que vea que esta perra defiende lo suyo con garras y escondiéndome con su tío – le dijo, sorprendiendo tanto a Fred que había vuelto con Cosomo y al mismo Cosomo.
Al menos sé que debí ofrecerte dinero para que lo hicieras conmigo – aseguró Nathaniel dado que al parecer no le había entendido.
Soy más rica que tú y tu dinero no me serviría para nada, Cosomo ¡enséñale el camino! - pide Candy.
¡Esta me la pagarás bruja! – se atreve a ofenderla.
Señora – Fred la detiene, parece que quiere darle una bofetada; pero en realidad ve que tiene un aparato… unos nudillos de acero.
Adelante Fred y toma puede servirte – Candy entiende que Fred puede hacer eso.
Gracias señora – Fred sonríe mientras toma los nudillos.
Vamos, torpe – Fred y Cosomo le dan un golpe en la nuca y lo obligan a caminar.
Espere ¿qué hace? – Nathaniel se queja.
Nunca a una dama se le dice perra y eso lo aprenderás conmigo mequetrefe – asegura Cosomo cuando se escucha que comienzan a golpearlo.
Benedetti me curó las heridas en mi habitación, en realidad no estaba de muchos ánimos, tenía además un golpe en la quijada y para curarme el hombro Benedetti me obligó a quitarme la camisa. Cuando terminó, se despidió y se fue. Minutos después, dormitaba sobre el respaldo del sillón, y entonces vi que ella todavía no llegaba, así que me cambié el pijama, me senté en el borde de la cama y después sentí sus brazos…
¿Estás mejor? – Candy quiso saberlo.
No fue nada Candy… - lo admito.
Solo te magullaste las manos, tienes un hombro lastimado y un gran moretón en la cara te saldrá, debes dejar que luche mis batallas sola – me recomienda cuando me daba besos en los nudillos.
No me dejaste darle su merecido… - aseguré.
¡Yo podía hacerlo…! – refirió sin entenderla.
¿Qué te dijo? – le pregunté.
Que debía ofrecerme dinero para conseguirme, que era una perra… ah sí y bruja. Anda cambie esa cara… - me pidió cuando me robo un beso.
¿Cómo puedes estar tan quieta? – le pregunté mientras salía de la habitación.
¿A dónde vas? – me preguntó preocupada.
A la cocina por un café, ¿quieres uno? – tenía tanta rabia que caminar por ahí me serviría.
No gracias, me daré una ducha y me acostaré, te espero – me aseguró ella, pero bien sabia que no lo iba a cumplir estaba cansada.
Sí mi amor, vuelvo en un momento – le dije y bajé las escaleras. Mamá – la llamé cuando la vi en la sala.
Terry ¿qué te pasó? – mi madre se levantó cuando me vio la venda en el torso.
Me peleé con Nathaniel… - respondí cansinamente.
¿Por qué? – cuestionó sin entenderme.
Insultó, la insultó de hecho y no pude contenerme – confesé. Fred… mamá ¿puedes dejarnos solos? – le pedí a mi madre, luego platicaría con ella.
Sí hijo, pero ¿estás bien? – se aseguró.
Sí mamá, solo me tocó un pelito – respondí, pero no era un pelito.
Permiso – mi madre entendió que no quería hablar por el momento y se disculpó.
Pasa mamá. ¿Qué sucedió Fred? – cuestiono cuando me preparaba mi café.
Nada señor, sabe… la señora Candy le servirá mucho en los negocios… - infiere él limpiándose las manos con una servilleta.
¿Por qué lo dices? – cuestiono.
Porque los mejores perros, son los que sacan las garras y no desgarran carne, señor – Dios Santo, qué iba hacer, Candy ya le había pegado sus dichos a Fred.
Espera, espera, ¿qué quieres decir? – quise saber, no entendía.
Mañana lo sabrá señor, sólo déjeme decirle una cosa… si usted no se casa con la señora, avísenos, de pronto, uno de nosotros dos lo hará… - me aseguró y se despidió.
¡Fred! – lo reprendí.
Permiso señor, ¡buenas noches! – salió de ahí sonriendo.
¡Ay cielos, qué habrás hecho Candy! – me preguntaba cuando me tomaba mi café y me quedé observando el jardín.
Cuando regresé, mi novia andaba cepillándose los dientes… tarareaba una canción y cuando me vio se enjuagó.
Te tengo una sorpresa… estoy loquita… - me aseguró sonriendo de sobre manera.
Dime algo que no sepa, ¡a dormir! – le ordené.
Terry – me llamó cuando se metió a la cama.
Dime – le contesté.
Me abrazas, ¿puedes? – me preguntó rápidamente.
Por supuesto preciosa, anda a dormir – como pude lo hice y nos quedamos profundamente dormidos.
Había pasado tres semanas, entre los arreglos de la boda. Muy temprano mi novia se despertó y al parecer se cambió rápido, preparó un pastel y colocó una cámara a mi lado, en la almohada se encontraba una caja y cuando me desperté ella estaba agachada, pero salía rápidamente sin darme tiempo a llamarla, estiré la mano y me tropecé con la cajita, la cual hizo que me levantara tan rápido que por poco me caigo.
Abrí la caja y ahí vi la prueba de embarazo de Candy… dos rayitas azules… no podría creerlo, como pude logré salir de la cama y comencé a buscarla, encontrándola al pie de la escalera
¡Dime que es así! – le dije.
Sí… es así, ¡estoy embarazada! – gritó de la emoción.
Gracias, gracias, gracias…. – de la emoción la cargué dándole vueltas.
¡Terry bájame, me mareo…! – aseguró mientras ponía cara de asco.
Te amo Candy, te amo mucho – la besé después de decirle eso.
¿Qué pasa? ¿Por qué tanto ruido? - preguntó mi madre.
¡Serás abuela mamá, serás abuela, Candy está embarazada! – exclamé a mi madre.
¿Es cierto eso? – le preguntó a Candy.
Hasta que por fin le dijiste… - Benedetti que no sabia que se encontraba en casa, soltó esa información.
¿Ya sabías que estabas embarazada? – le pregunté a ella.
Lo intuía, pero hace una semana André puso su mano en mi mejilla y al mismo tiempo tú me besaste, la sensación se me quedó y tuve que hacer ambas pruebas. Dieron positivas, ¡estamos embarazados! – ver a Candy emocionada era muy raro.
Sí, no puedo esperar a que lo sepa Ni – refiero, el chico iba a brincar de la felicidad.
Pero está en el colegio – advirtió, cierto.
Cierto, aun así, lo sabrá – me aseguraré de ello, le enviaré un correo, por algún lado dejé la dirección.
Bueno, anda vámonos a Lacio quiero tenerte para mí – le dije muy bajito.
No, no, no ustedes dos los quiero en la biblioteca – ordenó Benedetti.
Pero… - intenté de que cambiaran de opinión.
Anden – Benedetti nos señala la habitación en la que nos esperaba.
No nos queda de otra, vamos – refiere Candy.
Bien – ambos como corderos fuimos a dónde nos indicaban.
Debemos ser cautelosos, el primer trimestre deben de cuidarlo… toma, abre este sobre, son los resultados de tus exámenes del día de la bomba. Vamos ¡ábranlo! – Benedetti se los da y ellos se sorprenden con los resultados.
¡No puede ser cierto! – ambos nos quedamos estupefactos.
¡Es imposible! – Candy fue la primera que dijo algo.
No, no lo es… así sucedió, solo dejé que lo consolidaran un poco más – aseguró Benedetti.
Ya lo sabías y no nos dijiste – reclamamos.
¡Arruinaría la sorpresa! ¡Entendieron! – cuestionó él.
¡Sí papá, Benedetti! – respondieron con sorna.
Ah y otra cosa, cuida el azúcar y la sal al mínimo – recomienda Benedetti a ella.
¡Guácala! – Candy salió con sus ocurrencias.
Te compadezco… - le digo dándole palmaditas a su brazo.
Mejor dame unos cacahuates…. Me voy, tengo cita con el dentista – dice Candy, saliendo de allí cuando…
La cancelé, no puedes ir con el dentista por el momento – le explica Benedetti.
Bueno… exageras no te parece – dice Candy hundiéndose en el sillón junto a mí.
Vámonos, estos dos quieren estar solos – refiere Benedetti sonriéndose demasiado.
¿Qué te dijo André? – quería saberlo, añoré por primera vez que ella lo conociera y no yo.
Mami, no pudiste cambiarme a mi papi… - refirió carcajeándose.
¡Grosera…! – definitivamente Candy me había dado lecciones de su mal español.
Me dijo que ya te quiere ver… bueno ahora sí, me voy a bañar, tengo cita con Marcello – confiesa dándome un gran beso. Me dice, levantándose y caminando hacia nuestra habitación.
¿Le dirás? – pregunté intentando saber lo que haría.
Seguramente le querrás decir tú – refirió, ¿me estaba invitando?
¿Me estas invitando? – quise saberlo. Sí quería ir.
Voy con Marcello – me lo cantó.
Voy contigo – me uní, quería ver el rostro de los Rocco ante la noticia.
Y ¿tu trabajo? – me preguntó de repente.
Achie y Stear se encargan de ello, ahí que se arreglen… - sí, ellos podrían encargarse de eso por el momento.
Bueno, lo admito, quería presumirles a todos e incluido a Marcello que Candy iba a tener un hijo mío. La venganza estratégica siempre será de lo mejor. Candy salió del baño y luego me metí y salí en cinco minutos, ella ya no estaba en la habitación por lo que intuí que se encontraba abajo. La encontré platicando con Benedetti como si de hermanos se tratase. Por otro lado, no quería interrumpirlos, pero debíamos de ir. Cuando llegamos a la casa de los Rocco, el mayordomo nos invitó a seguirlo al lobby.
Bienvenida, Terry – Marcello la saludó con un beso en la mejilla y a mí me saludó tiernamente, sí claro.
¡Hola Marcello! ¿Cómo estás? – la saludé animadamente.
Bien gracias, mi abuelo está en la biblioteca – le informó Marcello a Candy.
Paso-ella se dejo adentrar hasta donde se encontraba el abuelo Rocco.
Sí adelante – Marcello accedió y él y yo nos quedamos en la sala de estar.
Gracias – agradeció ella y entró a la biblioteca silenciosamente.
¿Cómo han estado? – preguntó Marcello para no hacer mas incomodo el silencio entre los dos.
Bien gracias – respondí sin mucho ánimo.
¡Abuelo! – Candy saludó sacando de su lectura al abuelo Rocco.
¡Mi niña! ¿Cómo estás? Si no vengo a casa de mi nieto nunca irías a verme ¿verdad? – el abuelo Rocco le reclamó.
El abuelo quejumbroso, mis padres le mandan saludos – le dice ella al abuelo Rocco.
Algo te veo de raro… - dijo el abuelo cuando salían de la biblioteca.
Le dices o le digo – me preguntó Candy, sacándome de contexto.
Como quieras… - respondí, la verdad es que no sabía que decir.
Tú… - me instó.
Estamos esperando un hijo – referí, sonriendo.
¿De verdad? – los Rocco se sorprendieron, y mucho.
Sí, es verdad… - me reuní con Candy y dándome un beso lo acepté, mi pequeño André venía en camino.
Continuará…
