Prólogo

Alquimia Setiana.

—Esto no es bueno...

La escena frente a Ollerus y Fiamma era menos que alentadora.

El brazo derecho de Kamijou Touma ya había regresado a la normalidad, el problema era que este parecía inestable. Había un total de cuatro colores danzando en todo el brazo como si quisieran. decidir quien se apoderaría de este.

No ayudaba el hecho de que Astaroth tenía todo el cuerpo del desafortunado chico envuelto en una especie de raíz hecha de cobre y recubierta con pepitas de oro y esmeraldas.

—Asi que esta combinando atributos.

—Las 90 Legiones que comanda, los grandes tesoros que tiene... Tch, es muy similar a lo que, en teoría, hacen seres como Zeus-Anubis e Isis-Urania.

Fiamma se mordió el labio por frustración. Estaba demasiado tentado a usar la Santa Derecha con tal de darle a Touma una oportunidad de liberarse pero también temía que su propio ataque fuera usado en contra de todos los presentes, incluyendo los civiles inconscientes dentro de algunos edificios. Se estaba volviendo paranoico tratando de predecir todo lo que Astaroth podía hacer.

La ventana de oportunidad para un contraataque vino de donde menos lo esperaban.

Tanta concentración tenía Astaroth en atrapar a Kamijou que no se dio cuenta que ella se había puesto de pie y estaba decidida a usar lo último de sus fuerzas en una lanza de luz extremadamente potente.

Así fue como la diosa caída en desgracia fue atravesada por una lanza de luz de Calawana.

No hubo dolor para Astaroth, solo un creciente enojo similar al de un animal salvaje cuando algo se le era negado o su territorio invadido por extraños. Por otro lado, su consciencia interna —Astarte— gritaba de dolor y rabia lógica, lástima que ese lado de ella estaba suprimido.

—Tch, una pena que no los atravesara a ambos.

—Buena broma... —dijo Touma en un intento de negación.

Calawana quería gritarle al chico y despedazarlo lentamente por sus acciones en la iglesia pero cuando trató de dirigirle unas palabras, nada salió de su boca.

Una tremenda fuerza estaba apretando su garganta y no podía hacer nada para hacerla desaparecer. A un ritmo como ese, se le rompería el cuello.

Con nada más que terror grabado en sus ojos, pudo ver a Astaroth frente a ella levantándola como si nada. ¿En qué momento había soltado a Kamijou? ¿Cómo se puso frente a ella y no lo notó hasta que la demonio estaba por matarla?

De la naríz y boca del angel caído empezaron a salir respiraciones inusuales, era un símbolo de su desesperación y el deseo imposible de hacer retroceder al demonio.

—¡...!

Como si se percatara de que el mundo estaba gozando el sufrimiento de Calawana, Astaroth se sacó la lanza de luz y empaló a su creadora con ella.

Solo hubo tres ruidos que Calawana pudo escuchar mientras caía al suelo.

Uno fue su propia respiración con sangre.

El otro fue algo parecido a una burla por parte de Astaroth.

Y por último, el sonido de un puñetazo.

Parte 1

El Clan Gremory, el Clan Sitri y las integrantes de la Iglesia Anglicana finalmente habían empezado a ganar terreno sobre los inusuales Golems que no dejaban de aparecer.

Sona y Rias hacían un excelente dúo a la hora de ir contra ellos, lo mismo para Issei y Saji.

Del otro lado de la batalla, había ocurrido algo que merecería muchos sermones más tarde.

—¡Estás...! ¡Loca si crees que vamos a hacer eso!

—¡Además, no hay tiempo para algo tan complejo!

—¡Itsuwa!

—¡¿Q-qué?! ¡Es cierto! Además, sabes que nunca dejaría que a Index-san le pasara tal cosa otra ves...

La lanza de Itsuwa enviaba a volar las cabezas de los Golems mientras que Kanzaki los convertía en polvo usando simplemente la vaina de su katana.

Entre ellas, estaba Index con una expresión afligida.

Interceptar Hechizos era lo más podía hacer en momentos así y no estaba funcionando, la hacía sentir inútil y ella no quería eso. Quería ayudar a resolver esto, a que ningún civil saliera herido y traer de regreso a Touma.

Desesperada, había hecho una sugerencia que se merecía un muy buen y largo sermón.

Usar el Modo John's Pen.

Por tan absurda declaración fue que Othinus se separó de Rias y empezó a hacer el intento de jalar una mejilla de la monja plateada.

—¿Eres idiota? ¿No sabes que también los atacarías a ellos en el proceso?

—Lo sé pero, yo... quiero ayudar. Esto es malo, muy malo y sabemos bien quién saldrá herido al final y tampoco quiero eso porque me enojaré con él...

—¿...?

Othinus alzó una ceja sin entender el razonamiento de Index. Ella la notó y procedió a decirle al menos un poco.

—No sé cómo esto lo involucra a él y no quiero saberlo, simplemente hay gente más calificada. Mira a Kanzaki, Rias o incluso Fiamma y Ollerus que no sé a donde fueron... Él no tiene la obligación de ir al frente y salir lastimado...

—... Tienes razón, no la tiene. Pero creo que has vivido con él el tiempo suficiente para saber que no importa cuánto se lo digas, no te hará caso.

—Si, supongo que al final 'Kamijou Touma' se define por eso.

El énfasis en el nombre de ese chico no paso desapercibido para quienes lo conocían bien, sabían que Index se había referido a la perdida de memoria de Touma.

—Hay algo que puedes hacer, tiene que ver con alquimia y puedes adaptarlo a tu intercepción.

La monja que podía comer sin parar miró de re ojo a los Golems aparentemente infinitos. ¿De qué estaba hablando Othinus?

Era cierto, estaban hechos de metales y piedras preciosas pero eso era todo. Para realizar transmutaciones alquimicas con esos metales era necesario todo un equipo de instrumentos y hechizos complejos.

Al menos que...

—MDS, EERFS.

El Golem sobre que Index tenía puesta su mirada pareció ser empujado en dirección al sur por una fuerza invisible mientras un agujero se abría en su pecho por un calor inusual.

—AHFSH.

Habiendola notado, el Golem corrió hacía la monja como si fuera un toro enojado. En el transcurso de la carrera, el magnífico acero del que estaba hecho empezó a cambiar a acero oxidado.

Kanzaki se había detenido para observar mejor el fenómeno milagroso que Index estaba haciendo. Pronto notó que una banca pública cercana empezaba a cambiar.

La banca, hecha de un hierro viejo y oxidado, empezó a volverse un majestuoso acero que parecía forjado por herreros de leyenda.

«Esta cambiando las propiedades de los minerales así como los mueve a donde estén sus semejantes. ¿Cómo? ¿Líneas de Ley? Podría ser, pero eso no explica cómo hizo que el calor perforara el pecho de uno de ellos»

—¡Agh!

El oxidado golem nunca llegó a tocar a Index gracias a Koneko quien se sorprendió al destruirlo de un solo puñetazo.

Lo que Index estaba haciendo no era algo del todo original, solo Othinus era consciente de eso. En realidad era algo bastante simple debido a la naturaleza caótica de la alquimia y la facilidad con la que cualquier cosa podía desestabilizar los procesos relacionados.

Similar a la monja de cabello plateado, Asia se encontraba frustrada queriendo hacer más, cosa que por el momento no le era posible.

Su resurrección como demonio había sido hace tan solo unas horas y su [Twilight Healing] no tenía algo así como una segunda forma para realizar ofensivas, ni siquiera defensiva.

Al inicio se le ordenó curar a los pocos civiles que habían salido heridos antes de que ambos clanes y las chicas de Inglaterra fueran conscientes de los Golems. Una vez cumplió con la tarea, Rias le ordenó curar a los miembros de ambos clanes en caso de emergencia.

Se pregunta porqué no le pidió también curar a Kanzaki, Index e Itsuwa pero al verlas en acción, supo que simplemente no lo necesitarían.

—¡Asia, ve con Index! ¡Los Golems no pueden acercarse a ella!

No supo desde donde venía la voz de Issei pero asintió, podía ver que la monja glotona estaba en un lugar que permitía una buena vista de la batalla. En caso de que alguien fuera herido, podría verlo desde ahí y atenderlo lo más rápido posible.

Estaba tan concentrada en llegar a Index que ni siquiera vió lo que estaba apareciendo a sus espaldas.

—¡Asia! —gritó Issei en pánico. Le imploró a sus piernas ir más rápido y forzó sus brazos al no parar de golpear a los Golems que se le interponían.

No lo permitiría.

Asia no saldría herida otra vez, no mientras él estuviera aquí.

—¡¿...?!

Apenas hubo tiempo de reacción para que Issei pudiera atrapar a Asia en un abrazo protector porque segundos después, un puño verde brillante impactó al portador del Boosted Gear.

Todo el cuerpo del chico quedó entumecido de tal forma que ni siquiera sintió todo lo que le golpeaba al rodar por el suelo. No había quedado inconsciente pero mañana iba a despertar realmente adolorido.

—Ya enserio, ¿quién nos esta jugando esta broma? —preguntó Tsubaki aparentemente a nadie.

De una pila de Golems destrozados, surgió uno de mayor tamaño con la forma de un minotauro y recubierto de escamas verdes como jade. Su cabeza estaba coronada por cuernos azulea cuyo resplandor hacía parecer que estaban envueltos en llamas.

Con una exhalación que dejó escapar todo su vapor, el Minotauro artificial inicio su carrera contra la primera persona que vió y esa persona era Sona.

Haciendo su mejor esfuerzo para que Sona pudiera realizar un contraataque poderoso y no uno apresurado que apenas le daría la ventana de oportunidad para hacerse a un lado, Koneko puso toda su fuerza en ambas piernas mientras se lanzaba horizontalmente.

Si el tipo de persona que era, Kanzaki tampoco se iba a quedar de brazos cruzados.

Viendo que no tenía razones para mantenerse al márgen, sacó su espada de la vaina.

La espada empezó a brillar con una luz azulada muy similar a un aura. Por supuesto, la Santa no usaría su ataque más poderoso contra el Golem, eso podría hacerle daño a algún civil inconsciente que no hubieran visto.

De todas formas no era necesario el ataque más fuerte.

—ECDCEPH, CADMM.

Si bien la intención de Index era desviar el agua bendita de Itsuwa hacia la espada de Kanzaki para darle un elemento de purificación superior, no pudo preveer que eso de alguna forma afectaría al Golem.

—¿Eh? —fue lo único que Koneko pudo pronunciar al acercarse.

Impactó contra el pecho de la criatura y usando la oportunidad, lo agarró por los cuernos para estrellarlo en el suelo.

Al verlo más de cerca, pudo ver que desde su cuello salía una cantidad extraordinaria de vapor como si engranajes estuvieran siendo forzados.

—¡Koneko-chan!

Saliendo del trance, la [Torre] pudo ver a Issei corriendo hacía ella con la cara pálida. Se veía igual a cuando se lanzó para salvar a Asia.

Lástima que esta vez no llegó a tiempo.

Con un movimiento errático, el Golem levantó la cabeza de forma que sus cuernos apuntaran al estómago de la joven peli blanca.

—¡...!

Inhumano era la única palabra que tenía para describir el dolor.

Apostaba que los Demonios sentían este mismo dolor al ser heridos por una lanza de luz.

¿Quién iba a pensar que eso sería su salvación?

—¿¡Ghu?!

Aparentando confusión y indignación, el Golem cuyos cuernos ahora estaban manchados de rojo fue alejados de la [Torre] por tres lanzas de luz que impactaron en su brazo derecho e izquierda así como en la pierna izquierda.

Su visión estaba borrosa en el momento en que Issei la atrapó pero si Koneko pudo distinguir algo, fue el miedo y rabia grabados en el rostro del chico.

—Yuuma...

Parte 2

—¡Tienes que estar jodiendo!

Raynare, Mittel y Vizor corrían a toda velocidad detrás de Grayfia Lucifuge.

En un giro de eventos para las chicas, Azazel les había enviado un mensaje indicando que la [Reina] de Sircherzs Lucifer solicitaba de su presencia con alta urgencia.

Cuando la vieron, supieron que tenían que estar quietas y escuchar atentamente porque la mirada de la mujer solo podía describirse de una forma: la de una madre muy, muy enojada.

Fue con rapidez y elegancia que les explicó la situación inesperada de Kuoh y que su castigo de servir a Kamijou Touma iniciaría más pronto de lo esperado.

Lo único positivo que podían ver en esto, era que al menos no debían de usar esos trajes de mucama porque se les permitió vestirse para la pelea.

Claro, asumiendo que a trajes de cuero tipo Dominatrix se que les podía llamar "trajes de batalla".

Así fue como llegaron aquí, al momento de ver a una rubia y una chica vestida de valquiria masacrar a esos, ¿Golems? Como si fueran algún tipo de juguete terapéutico con el que podían desquitar algún enojo reprimido.

Lo cierto era que Grayfia las comprendía de cierta forma, aunque la forma en que desquitaba su enojo era... diferente.

—¡Jodete Ollerus, juro que te voy matar cuando te encuentre!

—¡Me dejas la mitad, también quiero matarlo!

—¡¿Y qué hay de Fiamma?!

—¡Silvia, a nadie le importa Fiamma!

Ninguna de los Angeles Caídos tenía algo que decir, por un lado podían ver lo fuertes que eran ambas mujeres, por otro lado estaban actuando como idiotas.

Claro que no dirían eso último porque sus instintos de supervivencia les decían que de hacerlo, esas dos mujeres completarían en trabajo del Clan Gremory en aquella Iglesia.

—Oye Bruhilde, esas chicas nos están viendo raro.

—¿Te refieres a las fetichistas del látex que seguro practican BDSM?

—Si, esas. Algo me dice que la única decente es esa mujer de cabello plateado.

Para este punto, Mittel estaba tirada boca abajo mientras se le escuchaba llorar. Vaizor sentía que su cabeza daba vueltas deseando volver en el tiempo y que el Clan Gremory la hubiera matado esa noche.

Raynare parecía la más resignada, como si esto fuera el precio a pagar por su estupidez al caer en el plan de Kokabiel.

Lo cierto es que en su mente había otra cosa.

«Si, debí haber solicitado que mi castigo fuera la investigación de Sacred Gears. Donaseek, bastardo afortunado...»

Viendo que no tenían tiempo para quedarse atrapadas en una conversación innecesaria que estaría llena de confusiones, Grayfia intervino.

—Señoritas, por mucho quisiera dejarlas conocerse más, tenemos un lugar a donde ir y es con Rias.

—Whoa, whoa. ¿Rias? ¿Te refieres a Rias Gremory? —la llamada Silvia pregunto con una seriedad salida de la nada.

—¿Cómo sabes de ella...? —Grayfia entrecerró los ojos, empezaban a surgir sospechas sobre estás mujeres.

—Ah, un idiota que conozco se reunió con ella hoy. Los estábamos espiando desde una banca hasta que una mancha negra salió del restaurante llevándose al niño.

—Rias dijo que tenía que ir a un lugar... Debo asumir que era para ver a este sujeto que mencionas.

—Meh, supongo —la mujer de cabello rubio y gafas de aviador bajó la guardia mientras se acercaba amigablemente a Grayfia—. Soy Silvia y la tonta de allá es Brunhild Eiktobel.

—¡Hey, quería presentarme yo misma!

—Pues adelante, házlo... aunque da un poco igual porque ya te presente.

—¡No cuenta!

—¡Cough!

Finjiendo toser, Grayfia llamó la atención de ambas mujeres. Al centrar su mirada en la [Reina] de Sircherzs, ambas palidecieron.

El hecho de que no decía nada solo hacía peor las cosas, hacía crecer esa "aura de madre" mucho más. Sentían que en cualquier momento empezaría a regañarlas y sus intentos de supervivencia les decían que eso no era algo por lo que quisieran pasar.

—Hmm... Veo que ya están prestando atención. Soy Grayfia y estoy aquí en apoyo de la señorita Gremory debido a una situación inesperada con el señor Kamijou —señaló a las Ángeles Caídas que estaba detrás de ella—. Han venido en apoyo, mi pregunta es, ¿ustedes también nos ayudarían? No dudo de mi fuerza ni de la de ellas, pero es una situación de la que se posee poca información.

Silvia y Bruhilde se miraron una fracción de segundo antes de volver a mirar fijamente a Grayfia.

—Meh, vamos —dijeron al mismo tiempo.

Parte 3

—Je... Jeje.. jejejejejejejejejeje.

La habitación era desconocida para todos, incluso los miembros de más alto rango.

Ahí, en esa habitación cuyas paredes estaban llenas de sangre y pinturas vegetales secas, se dibujaban varías series de símbolos que iba desde runas, pentagramas, pentaculos, el Qliphoth y la Kabbalah, una mujer se reía locamente mientras su cabello se revolvía en el aire como si tuviera mente propia.

Esos rizos rubios eran... exóticos. En la parte que caía por la nuca, dejaban ver un paisaje desconocido, extraterrestre. Era como mirar hacía el espacio exterior pero a la vez alguien había cambiado aquella oscuridad infinita por colores psicodélicos.

—Veo que... estás haciendo movimientos —le dijo a un cráneo teñido de rojo que estaba en el centro de algo similar a un altar diseñado para restringir.

El cráneo escuchó sus palabras y pronto de sus ojos y boca empezó a salir un líquido rojo y morado que no era sangre.

Era vino.

—Sí... ¿es... algún problemas para ti, la Ramera que recorre el Abismo?

Ese apodo puso de muy mal humor a Lola Stuart o como era más apropiado llamarla en ese momento.

El Gran Demonio Coronzon, la representación de la Dispersión y mitad femenina del 333.

—¿Qué? ¿Aún me tienes envidia? Cariño, no es mi culpa ser una Dama Escarlata, puedes culpar a esa niña estúpida de Aluqah.

—No metas... a esa alcohólica en esto, sabes... bien de lo que habló...

Hubo algo en el rostro de Coronzon, algo que nunca debió estar ahí.

Duda.

—No puedo creer que aún lo estés buscando, ¿cuando entenderás que no está ahí?

—Cuando te demuestre que estoy en lo correcto —de forma anti natural, el cráneo formó lo mas cercano a una sonrisa —. Será mejor que vigiles a Algol, Coronzon. Nunca se sabe que puedes encontrarte en las acciones de la Gorgona de Perseo.

Al momento, el cráneo inició una auto combustión que lo rodeó por completo en un paranormal fuego rosado.

—Incluso para los demonios esto es ir muy lejos, Lilith...

... ... ...

... ... ...

La cabeza de la paloma cayó inerte, esto debió haber marcado su final.

Lamentablemente no lo hizo.

El cuerpo si cabeza se levantó como si nada, listo para ser comandado por su maestro.

—Quiero que las encuentres y me guíes a ellas, Nefthis y Niang-Niang son mi boleto para acercarme a eso.

El cuerpo obedeció y pronto se elevó en el cielo, yendo más allá del atardecer que cubría Londres. No iba negar que ver un atardecer así desde la cima del Big Ben era hermoso.

—Un poco más y las atraparé a ustedes también... Será que mejor que se preparen Dion, Moina y Leah.

Su rencor hacía esas mujeres y al hombre que lo destruyó no iba quedar en nada.

Samuel Liddell Macgregor Mathers iba a obtener su venganza.

Parte 4

Astaroth tuvo que retroceder unos cuantos pasos. No por la fuerza del golpe, si no por la sorpresa.

Habían pasado milenios desde que fue golpeada de esa forma, nada más ni nada menos que por el hombre que alguna vez amo.

Lo odiaba tanto a ese hombre.

Algo que nadie, ni siquiera ella sabía, era que ese golpe había sido una llamada para ese otro lado.

Más allá de Astaroth, más allá de Astarte... Estaba Ishtar.

—¡Gilgamesh!

Ollerus, Touma y Fiamma retrocedíeron por instinto al escuchar a Astaroth gritar tan salvajemente. Fue tal el grado que los oídos de los tres varones empezaron a doler.

—¿A qué viene esto? —preguntó Touma.

—No es el momento de contar mitos largos así que solo puedo decirte, que Ishtar tuvo una relación tensa con ese rey estúpido —contestó Fiamma limpiandose la sangre del oído derecho.

Cuando Touma volvió a centrar su atención en la demonio que había salido de la nada, vió que era diferente.

Su piel era gris, como una gárgola. Los ojos ahora eran totalmente negros mientras que su cabello recogido con una tiara escarlata se revolvía con salvajismo.

¡Tú!

Sin esperar más, se lanzó hacia Touma con sus afiladas uñas en una posición ideal para penetrar el pecho del chico.

Lo mejor que pudo hacer fue agacharse al ir de frente para intentar despistar. No sabía por qué, pero sospechaba que otro golpe no sería una buena idea.

—¡Sal de aquí! —gritó Ollerus.

El ex candidato a Dios Mágico arrojó dos cadenas plateadas a Astaroth. Ambas se enredaron en los brazos de la diosa caída pero tal cosa no limitó su movilidad, simplemente la enfureció más.

¡Estoy cansada de ustedes, tanto de ti como de ti!

Fiamma se sorprendió de ser señalado junto a Ollerus. Fue por culpa de esa sorpresa que no notó lo que estaba pasando con la cruz de su collar.

La cruz se invirtió y cuando menos lo vio venir, explotó en una onda reconocible por un humo negro que trasportaba piedras preciosas. Por lógica, los dos fueron envíados lejos.

—¡Oigan ustedes-! —Touma ni siquiera tuvo tiempo de preguntarles si estaban bien cuando un dolor agonizante en su hombro derecho lo paralizó.

Su sangre se heló, sentía que algo estaba ahí, más allá de ese doler.

Lo que sea que fuera, ya no era consciente de si mismo. Solo algo perdido en una función antigua que se le dió por sus crímenes.

Al recuperar un poco los sentidos, se encontró con que la causa del dolor era que Astaroth lo había mordido y de su boca estaba dejando caer algo como agua teñida de escarlata al igual que la tiara que llevaba.

—¡Agh!

Enojado, se giró agarrando, con sus pocas fuerzas, a Astaroth por los hombros le acertó un fuerte cabezazo así como un puñetazo en el estómago para alejarse.

—Esto se siente horrible... —dijo Touma agarrándose el hombro y notando que de alguna forma el líquido se estaba filtrando por su piel.

Astaroth lo miró con una sonrisa y solo dijo una cosa.

Kingu.

Conclusión

La Reina Oscura/Daath.

—Hermanas, no hay que ser impacientes.

—¡Pero él-¡

Imponiendo su autoridad, la mujer que solo estaba vestida por un velo rojo muy transparente se levantó de su trono de forma sonora.

El resto de presentes se encogieron al sentir su presencia, era imponente cuando quería.

—Debemos esperar. Cuando menos lo piensen, estaremos rozando la tierra prometida en el Mar Muerto y finalmente, el Dragón sacará su cabeza de Daath.

—Aunque la duda sigue —habló la mujer a su lado—. ¿Quién lo montará? ¿Acaso será Babalon?

La mujer del trono saboreó su superioridad, era embriagadora. Amaba reinar de forma tan déspota sobre sus "hijas".

—¿O acaso serás tú... Naamah?