Prólogo
Mušḫuššu
'¿Quién aceptará a / ahora?'
En un bosque ubicado en alguna parte de Nueva Zelanda, había nacido hace 10 minutos.
Hace ocho, dio sus primeros pasos.
Hace cinco, emprendió su primer vuelo.
La libertad que sentía con el aire que golpeaba todo su cuerpo era extraordinaria.
No sabía por qué, pero se sentía libre de una gran cantidad de pesos que alguna vez estuvieron sobre su espalda y amenazaban con aplastarlo.
Extraño, considerando que era algo así como un recién nacido.
Poco le importó, así que siguió con su vuelo hasta ir más allá del mar cercano.
... ... ...
... ... ...
Podía reconocer este lugar, era la Isla de Pascua. Su mente le dijo eso al ver las icónicas estatuas gigantes con forma de cabeza conocidas como Moais.
Hizo lo más parecido a una risa que le permitía su cuerpo, aunque sonaba más a una tos muy fea.
Fue gracias a eso que se dio cuenta de lo que había asustado.
Más bien, a quién había asustado.
Investigándolo, descubrió que detrás de uno de los Moais se escondía... ¿Un gato negro?
Una gata negra más exactamente.
La miro con curiosidad, preguntándose qué hacía en este lugar a la par que podía sentir algo extraño en el felino, pero no podía identificarlo.
Su garra se movió hacía el gato, no para amenazar, sino que lo hizo de forma juguetona.
La criatura se sorprendido cuando su gesto fue respondido.
Hizo lo mismo en el lado opuesto y la gata le siguió. Acto que irritó un poco a la criatura, por lo que en venganza por considerar que le estaba imitando, inhalo y soltó bastante aire como para hacer que la gata se tambaleara.
El ser alado de colores que no existían en la naturaleza hizo lo más que tenía a una risa para exasperación de la gata negra.
En respuesta, la gata negra le soltó un ponzoñoso maullido y salió corriendo a una roca cercana, como si le desafiará a perseguirla. Ante esto, el ser antinatural estaba encantado como un perro que iba tras la pelota de tenis que le arrojó su dueño.
Tanta era su felicidad que no captó el perturbador e inesperado acontecimiento que estaba ocasionando él mismo o con más exactitud, su cuerpo.
De su espalda donde estaban esas alas de gárgola, surgieron una delgadas, largas y esqueléticas manos cubiertas de una suerte de slime que no caía, además de tener un color excéntrico.
Rojo intenso y verde esmeralda.
... ... ...
... ... ...
—Y bien, ¿qué descubriste?
El cielo nocturno ahora estaba sobre la Isla de Pascua que no solo era iluminada por la gran luna llena, si no también por una serie de 4 colores que se movían por los alrededores de la isla como presencias visibles pero que no podían tocar nada.
Le Fay Pendragon había llegado hace relativamente poco para interrogar a Kuroka sobre el más reciente descubrimiento de su grupo, algo que había llamado el interés de Vali.
El peliplateado se había despertado sudoroso, entre asustado e intrigado lo que ya era toda una rareza para un tipo que poco mostraba sus emociones.
Fue así que a máxima velocidad, llevó a uno de los miembros de su grupo —Kuroka Tojo en este caso—para recopilar información sobre la anomalía en la Isla de Pascua que había intrigado al portador de Albion.
—Bueno... podemos decir que sacamos el premio gordo —con una sonrisa astuta plasmada en el rostro, Kuroka señaló al ser que se ocultaba tras una pequeña colina.
Le Fay Pendragon sintió que su garganta se secaba.
Sin ojos, con cuerpo de reptil, dos pares de largas garras de distintos colores, alas inmensas de un color no natural y una constitución que parecía tanto solida como gelatinosa.
—¿Un dragón...?
Parte 1
—¡¿Por qué estás cosas aguantan tanto?!
Issei salió de su trance cuando el grito de Silvia se hizo sonar en todo el campo de batalla.
Aquí estaba frente a él, la mujer que había intentado matarlo, que lo engañó, que manipuló sus sentimientos. Era un trago amargo para el chico fanático de los pechos que no pudiera reclamarle una vez más, que no pudiera confrontarla en ese mismo instante.
No, no era porque el [Clan] al que pertenecía, su Clan hermano y el resto de sus amigos estaban siendo atacados por golems excesivamente resistentes, para nada. Era porque sabía que ese chico iba a desaprobar sus acciones y él no quería eso.
Ni siquiera había pasado un mes y el joven conocido como Kamijou Touma ya había tenido un gran impacto en él. Diablos, si ya lo sentía como un amigo de toda la vida.
... ... ...
... ... ...
Tsuchimikado Motoharu y Aogami Pierce estaban pasando el día en el arcade del centro comercial local de Kuoh.
En ese momento se encontraban jugando un simple juegos de peleas como excusa para lanzarse todo tipo de insultos dignos de una suspensión escolar, fue ahí mismo cuando ambos sintieron una corriente eléctrica correr por sus cuerpos seguida de una terrible ola de escalofríos como si un cosechador de almas estuviera respirando en sus nucas.
—... Tsuchimikado...
—¿Si... Aogami?
—Una fuerza más allá de mi comprensión me obliga a formular la pregunta... ¿puede la Enfermedad de Kami-yan evolucionar en una escala que no habíamos previsto antes?
—... La humanidad estará condenada si algo así sucede.
... ... ...
... ... ...
«Por alguna motivo tengo el impulso de golpear a alguien por pensar cosas estúpidas en un momento tan tenso», fue el pensamiento simultaneo de Koneko e Issei aunque con diferentes objetivos: el chico quería golpear a esos dos integrantes de la Fuerza Delta y la [Torre] al propio Issei.
Lástima que ni uno ni el otro podía hacerlo, tenían algo más serio con lo que lidiar.
—Tch, esto es jodidamente incómodo por tu culpa —se quejó Mittel que pasaba al lado de Issei para clavar su lanza de luz en el golem que Itsuwa y Tsubaki estaban combatiendo.
Raynare tuvo la decencia de parecer apenada y no responder con algo cortante como lo haría en cualquier otro momento, solamente se concentró en aturdir a los golems con lanzas de luz o con las cadenas que podía producir con su magia.
Por otro lado, Rias Gremory también estaba en conflicto. Al igual que como Issei se sentía, ella también tenía la tentación de olvidarse de los Golems y atacar directamente al Angel Caído para borrarla de la faz de la tierra cumpliendo lo que aquel chico le impidió la otra noche.
Normalmente, podría haberlo hecho imponiendo su autoridad sobre el dominio que le pertenecía (Kuoh) y como este Angel Caído había cometido múltiples crímenes en este. Si algo la retenía, si algo congelaba sus acciones a mitad del caminos... era un recuerdo.
«Rias...»
Fue el momento en que Kamijou Touma le habló como si no hubiera diferencias entre ellos y le extendió su mano para estrecharla. Ni siquiera un día y por sus acciones, se dio cuenta que el chico la consideraba a ella y a su [Clan] como buenos amigos y aliados confiables.
—Realmente eres un estúpido, no me sorprende que se lleven bien —dijo la heredera de Gremory con una sonrisa a la par que pensaba en su estimado [Peón].
Desde la distancia, Grayfia se dedicaba a observar el comportamiento de Rias para posteriormente reportarlo a Sirzechs y que con base a esto, el diablo que portaba el titulo de Lucifer decidiera su próximo curso de acción.
Tenía que confesar que su rendimiento era lo esperado pero... bastante pobre si Rias realmente quería enfrentarse a él y librarse del compromiso. Por otro lado, el [Clan Sitri], el suyo y 3 miembros de la Iglesia Anglicana se estaban enfrentando a estos enemigos desconocidos y no habían hecho una gran diferencia para igualar el campo de batalla.
Con su propia llegada, habían recibido como refuerzos a dos Ángeles Caídos, dos Santas, una ex demonio callejera... y aún así...
—Los Golems... se siguen haciendo más fuertes —murmuró para si misma, inconsciente de que cierta hada alias ex diosa mágica llegó a escucharle.
—Jee~ Así que ya te diste cuenta.
Grayfia entró en alerta máxima, saltado desde donde se encontraba a unos metros de distancia. A pesar de alejarse, la desagradable sensación que este recién llegado provocó en su espalda no desapareció.
La lanzas de Mittel y Raynare se destruyeron a mitad de su vuelo.
Vizor dejó de balancear sus largas garras.
Kanzaki, Brunhild, Helga, Index y Itsuwa se pusieron en guardia sin saber porque mientras veían atónitas como esos malditos golems ridículamente resistentes se detenían por la aparición de este ser.
Ambos clanes de demonios no entendieron al inicio lo que estaba pasando pero cuando lo hicieron, las diferencias entre Sona Sitri y Rias Gremory no pudieron ser más visible:
la hermana de Leviathan se mantuvo analítica, fría, mientras que la hermana de Lucifer empezó a hervir en rabia y en un poder de destrucción puro.
—Presidenta... —Issei se arrepentiría de hablar.
La atención de la desconocida se centró en él y en un parpadeo, se le había acercado.
De cercas, pudo contemplarla mejor: un largo cabello rosado tan fino y suave como la seda, piel de porcelana marcada con múltiples tatuajes de símbolos que no podía reconocer, ojos de un rojo muy opaco pero presente y un largo pero delgado vestido púrpura.
Si no fuera por todas las señales de peligro que la presencia de esta mujer transmitía, Issei tendría mil y un pensamientos eróticos en su mente ahora mismo.
—Jeje~ Que chico tan precoz, pero no eres mi tipo. La hermana Lilith tal vez podría gustar de ti, je~
—¿E-eh?
—Oh~ Oiga "señorita destrucción" —el sarcasmo en su voz solo hizo enojar más a Rias—, ¿acaso su [Peón] aquí fue un Incubo en su vida pasada?
«Esta mujer... pretende ser agradable pero hay algo nauseabundo con ella, ¿qué es...?», pensó Sona con frustración.
Notando la obvia hostilidad que todos los presentes le dirigían a su ser, la misteriosa mujer hizo una mueca que mostraba algo cercano a la tristeza. Tal acción se veía extraña en su rostro que durante todo este tiempo tuvo una sonrisa que causaba incomodidad al que la viera provocando lo que se llama Valle Inquietante.
El cambio en su rostro hizo revolver los estómagos de Index, Koneko y Tsubaki.
–Aww~ Me hieren tanto chicos, una chica como yo tiene sentimientos frágiles, ¿saben? Aunque no los culpo, ni siquiera me he presentado y soy tan bella que doy miedo~
—No es necesario que te presentes... Qeteb, hija de la Sanguijuela del Caballo, hermana de la Pestilencia y una Dama Escarlata... —dijo Grayfia tratando de controlar la hostilidad que se filtraba en su voz pero fallando rotundamente.
–Ooh~ veo que sabes mucho sobre mi amada familia. Solo por favor, trata de no referirte a madre por su nombre, odia mucho ese titulo de la sanguijuela, ¿okay~?
Grayfia sabía una cosa; lo que estaba por decir dispararía las alertas en Rias respecto a la protección de un miembro de su [Clan]. Más en específico, sobre Gasper Vladi.
—Supongo que Madre de los Vampiros le queda mejor.
Tal como la [Reina] de Sirzechs lo pensó, los rostros de los integrantes del [Clan Gremory] a excepción de Hyoudou Issei y Asia Argento perdieron todo color y la fuerza que estaban demostrando contra las hordas de Golems pareció nunca haber estado ahí. Ellos no sabían de donde venía el sentimiento que los estaba haciendo sentir más pequeños.
Aún siendo ajenos a los conocimientos que el resto tenían, Issei y Asia estaban recibiendo una sensación desagradable de esta atmósfera y para nada ayudaba la postura defensiva que Kanzaki, Brunhild y Silvia habían tomado o el sudor frío que parecía recorrer los rostros de Mittel y Raynare.
Itsuwa no comprendía lo que pasaba, solo sabía que era malo, y en cuanto Index... fue ese momento, un muy mal momento, en el que decidió demostrar porque era la biblioteca viviente con 103,000 grimorios en su saber.
—Qeteb, la destrucción y hermana de Deber, la pestilencia.
—Ohhoo~, la chiquilla sabe de lo que habla.
—Ambas primeras hijas de la Madre de los Vampiros, una de las Rameras de Babilonia originales, Dama Escarlata por derecho propio, distribuidora del vino de Sodoma y Gomorra e indirectamente influencia en las enseñanzas del Hombre de la Montaña, Hassan-i-Sabbah.
—¿No es raro que ese viejo fumador de hachís se volviera el principal distribuidor del vino de madre aún sin ser uno de nosotros? Je, los humanos siempre han superado mis expectativas, tan capaces de destruirse unos a otros de tantas formas físicas y morales, es casi orgásmico —por un momento, Qeteb aparento perderse en su propia placer imaginario antes de regresar a la realidad donde estaba frente a dos clanes de demonios que no sentían encajar en esta situación, dos angeles caídos aterrados y tres santas listas para cualquier cosa. Ah, y una demonio peliplateada bastante enojada—. Jeje~, lo siento, estuve postergándolo bastante. Adelante pequeña biblioteca con patas, di ese nombre tan olvidado pero que aterra corazones hoy en día. Un nombre del que solo madre es digna.
Index dudo al inicio creyendo que al menor ruido que produjera su boca, la ancestral vampiresa se lanzaría sobre su yugular. Más que temer por su vida, era consciente de que un ataque así podría activar algo como el Modo John's Pen y no quería para nada conocer los efectos que Dragon's Breath, un ataque mágico con efectos sagrados, tendría sobre los demonios.
No fue hasta que sintió a Othinus tirar de su oreja y asintiéndole que se decidió a hacerlo. Tal vez darle a la vampiresa lo que quería la haría irse, eso dejaría el camino libre para que fuera a ayudar a Touma.
Index encontró su determinación en esa línea de pensamiento.
—... Aluqah.
—¡Bingo! ¡Perfecto! ¡Y...! Y es todo, ya estoy satisfecha, jeje.
La paciencia de Grayfia llegó a su fin y la mujer liberó un aura enorme que casi hace que Sona se desmaye.
—¿Eso fue todo, niña caprichosa? ¿Por eso te atreviste a aparecer?
—¿Oh? No, no, nada de eso señorita "Gremory". Simplemente venía por esta mascota —dijo con inocencia señalando a los golems de materiales exóticos—. Una amiga de madre me pidió que me hiciera cargo... Y ya debería haberlo hecho, no quiero ser regañada, ¿saben? Las cosas como este chico son raras incluso en la tesorería de Isthar.
Kanzaki casi deja caer su espada.
«Acaso esa cosa... ¡¿pertenece a una diosa sumeria?!», la Santa de la Iglesia Anglicana no pudo evitar pensar en una sola cosa, el pensamiento ocuparía su mente por un buen tiempo y ese era GREMLIN.
—Je~
La siguiente acción de Qeteb finalmente hizo entender al [Clan Gremory] y [Clan Sitri] porque se sentían tan minimizados.
Con un chasquido de dedos muy simplón, aquellos golems que tantos problemas les causaron fueron destruidos dejando detrás tan solo lo que se podía asumir eran sus núcleos, mismos que volaron en dirección a la mano de Qeteb donde se fusionaron uno solo.
«Vaya, estos niños piensan que soy... ¿Cómo lo llaman? ¿OP? Ugh, es difícil entender términos modernos»
—Y con eso, supongo que mi negocio aquí termina —para darle veracidad a su declaración, la vampiresa convirtió su cuerpo en una nube oscura donde solo dos ojos y una sonrisa que brillaban en rosa se podían ver—, no volver más plateado el cabello de la señorita "Gremory", jeje.
El aura de Grayfia solo siguió creciendo pero a Qeteb no podía importarle menos, solo le quedaba una cosa por decir e iba dirigida a la otra fémina de cabello plateado que estaba presente.
—Biblioteca con piernas, sé que nos volveremos a ver. Madre aún tiene que zanjar ese asunto con la sacerdotisa de sangre maldita a la que llamas amiga, jeje~
Como si fuera para hacerla reaccionar a sus palabras, la nube en la que Qeteb se convirtió se desplazó a una velocidad absurda al lado de Index. De esa forma, la vampiresa que representaba a la destrucción se fue pero no sin antes retomar ese asunto que Index creía ya sellado.
Deep Blood.
—¿H-Himega-ami?
Parte 2
Kamijou Touma estaba poniendo todo su ser en resistir el dolor que sentía, y aún así no era suficiente.
Lo que sea que Ishtar-Astaroth había hecho, provocó la aparición de dolorosas venas artificiales de color rojo en el brazo izquierdo de Touma, solo limitadas a ese lugar.
Las venas no paraban de palpitar, como si fueran a reventar. Por eso mismo Touma sentía que su brazo se estaba derritiendo.
El chico no estaba tan lejos de la realidad.
En la amplia mitología Sumeria, estaba el demonio Kingu.
Hijo y amante de Tiamath, Kingu fue asesinado por otros dioses en una revuelta por el poder y de su sangre se formó la arcilla con la que se le dio forma a los seres humanos.
Se dice que por las venas de los humanos corre la sangre de Kingu, arcilla primordial en esencia.
Y era posible quemar está arcilla desde el interior, hacer que retornara a la nada o al propio Kingu.
«¡¿Qué?!»
En un acto desesperado por aliviar el dolor, Touma tocó su brazo izquierdo con el Imagine Breaker solo para descubrir que las venas no retrocedían en lo más mínimo, solo reducían un poco el dolor. Era como un enfrentamiento con Innocentius, Imagine Breaker no podría negarlo por completo ya que este constantemente se regeneraba gracias a las tarjetas rúnicas de Stiyl, lo que solo podía significar que la fuente que hacía correr a la Sangre de Kingu estaba en un lugar externo.
Un problema fundamental con eso era el tiempo. Con Isthar-Astaroth atacando sin parar, Touma no tenía ninguna ventana de oportunidad para buscar una debilidad en la diosa-demonio y explotarla al máximo.
—Je, ¿qué pasa chico? ¿No puedes soportar un poco del verdadero origen de los de tu clase?
—Solo... cállate —Kamijou no tenía ninguna respuesta ingeniosa para su desgracia.
Aunque, entre lo confundida que estaba su mente por el constante dolor... recordó algo.
«¿Dónde están Ollerus y Fiamma?»
Touma maldijo a su mente con distraerse tan solo por un segundo, porque tan solo eso basto para que Ishtar-Astaroth lo abrumara peor que antes.
La Diosa-demonio se le lanzó encima y lo agarró del cuello con sus manos llenas de dedos con afiladas garras negras como las de un ave rapaz. Así fue como empezó a estrangular a Touma que no podía hacer nada por el constante dolor de su brazo izquierdo. Un dolor tan intenso como las llamas del más profundo de los infiernos, listas para explotar en un frenesí y consumir todo a su alrededor.
Sin sentido alguno, Kamijou Touma visualizo la imagen del super volcán de Yellowstone haciendo explosión y envolviendo al mundo en una nube de ceniza que traería el fin de la vida como se le conoce.
Entonces, la situación se invirtió para la diosa sumeria caída en desgracia.
—¡Aaagh! —gritó Ishtar en dolor puro. La diosa demonio enfocó su mirada en la fuente de su dolor y se encontró con la mano izquierda del chico que estaba tratando de matar. Su sorpresa no pudo ser ocultada al ver lo cambiada que estaba la mano izquierda.
Donde antes había piel, uñas y huesos ahora solo quedaba una suerte de masa incandescente pero incolora que intentaba tomar su forma anterior. Lo más preocupante era que parecía estar extendiéndose cada vez que el chico ponía fuerza en su agarra y los leves puñetazos que le daba a Ishtar para que lo soltara.
—A la realidad le encanta conspirar contraaa...!
Ishtar no había terminado de hablar cuando otro dolor que apenas y aguantaba la asaltó, solo que esta vez fue en toda la parte derecha de su mandíbula. Sus ojos pronto enfocaron un sigiloso y poderoso puño derecho extendido.
Kamijou Touma se había librado de las garras de Ishtar-Astaroth distrayéndola con su mano izquierda ahora contaminada con Sangre de Kingu, pero su contraataque vino desde su propio poder, desde una mano derecha con un poco de poder especial llamado Imagine Breaker.
—Sendero siniestro y diestro... ¡Eres una maldita broma, ¿sabes?!
Con un grito de guerra, alas escamosas aparecieron en la espalda de Ishtar-Astaroth para acto seguido cargar contra Touma. La diosa demonio no contaba con la rápida reacción del chico.
—¡¿Qu-?!
No había tomado nada de altura de vuelo cuando sus alas desaparecieron y el culpable era Kamijou Touma que agarraba con fuerza el hombro de Ishtar. Detrás de esa fuerza física habia algo que la diosa demonio solo podía identificar como enojo.
—¡No sé cómo llegaste aquí, quién eres o que buscas conmigo, pero lo siento! ¡Tengo gente con la que volver, así que debo destruir esa ilusión tuya sobre matarme o algo así!
«Ah... la historia se repite»
Era Ishtar era imprudente, fue diosa cuyos caprichos siempre se cumplían y cuando no, bueno, digamos que enviaba toros gigantes.
Astaroth es un demonio sin propósito, uno cuya ambición nunca ha llegado más allá de una imagen vista en las alucinaciones de su condena eterna.
En este momento, ella era ambas, era Ishtar-Astaroth... y sus ambiciones, caprichos y el deseo puro que aún albergaba su corazón pero desconocía, acababan de ser rechazados por este simple chico, el culpable de su presencia en este lugar llamado Kuoh, en Japón.
«No... no puedo culparlo», en sus ojos, esos pozos rojos que no reflejaban más que una intención distorsionaba y marchita, hubo dos colores: rojo como rubí y un intenso verde azulado. «Esto es culpa de esa paradoja, del mušḫuššu...»
Entonces todo se volvió oscuro para ambos.
... ... ...
... ... ...
El ex candidato a Dios Mágico y el antiguo líder del Asiento a la Derecha de Dios habían sido enviados a volar cuando Ishtar-Astaroth realizó el máximo ataque con el que contaba en el momento pero eso no era suficiente para impedirles regresar y confrontar a la diosa-demonio junto a Kamijou Touma.
Como siempre, algo más surgió, como si la situación no fuera ya bastante mala.
—Vamos... tienen que estar bien —quien haya dicho esas palabras, tenía un voz angelical como para que cualquier hombre cayera ante ella.
Alzando la vista, Fiamma contempló a la dueña de tan majestuosa voz; una mujer con una fina piel oscura, largo cabello oscuro trenzado, un vestido blanco que dejaba expuestas varías partes de su vierte y sus brazos. En sus manos portaba curiosos objetos de metal, ambos siendo símbolos de su poder.
Fue por esos objetos que Fiamma supo a quién estaba viendo...
Ella era Innana, la auténtica hermana de Ereshkigal, consorte de Dummuzi, la luz oscura que abrió las puertas más allá de Babilonia.
—Me alegro que ambos estén bien, me disculpo por las molestias que les haya causado.
—... Es todo un honor, Innana —Ollerus trató de saludar pero le era difícil, esta "mujer", si así se le podía llamar, transmitía tanta calma con su voz, su presencia como tal era tranquilizadora. Y en esa tranquilidad se encontraba una desagradable sensación de inseguridad.
—He escuchado de ti, ex candidato a Díos Mágico. Dummuzi envía sus saludos.
—Si, lo hace...
En un intento de abandonar la incomoda platica, Ollerus dirigió una mirada desesperada a Fiamma quien a pesar de ser un despistado, pudo captar lo que trataba de decir.
—Nos honra con su presencia, Innana. ¿A qué se debe su aparición, si no es mucho el atrevimiento preguntar?
—... Te llamas a ti mismo Fiamma de la Derecha, ¿no es así?
El susodicho asintió lentamente para satisfacción de Inanna.
—Ya deberían de haberlo previsto, pero estoy aquí por eso —dijo la diosa de forma inexpresiva, señalando a un conjunto de arbustos donde a ojos de Fiamma y Ollerus no había absolutamente nada.
Siendo una de las muchas ironías del universo, en ese momento fue que Kamijou Touma y Ishtar-Astaroth salieron a una velocidad frenética del conjunto de arbustos. Es un poco obvio decir que los destrozaron en su trayectoria.
Contrario a lo que Ollerus y Fiamma esperaban, ambos estaban inconscientes y muy mal heridos. Touma era el que estaba en peor estado, cubierto de sudor, gotas de sangre, tierra y maleza, pero al menos respiraba. Eso pudo haber sido un consuelo de no ser porque vieron el estado en el que se encontraba su mano izquierda, cuya condición ahora se había extendido hasta el hombro.
—Sangre de Kingu... —gotas de sudor nervioso bajaron por el rostro de Inanna al identificar el mayor mal que afectaba a Kamijou Touma—. Isthar, ¿qué diablos pretendías hacer...?
Con un poco de pánico en su ser, Inanna buscó en su largo vestido blanco de seda. En el cinturón decorativo de su cadera lo encontró, un círculo que podría servir de brazalete.
Se pinchó el dedo anular con uno de los aretes que tenía puestos y con la sangre de salió dibujó a lo largo del brazalete dando forma a una estrella en espiral cuyas puntas terminaban de forma afilada. Cuando la sangre se asentó, la estrella se volvió una cruz que señalaba los cuatro puntos cardinales.
—No puedo hacer mucho y tampoco me queda más tiempo —Fiamma notó que desde los pies de la diosa se empezaba a extender una clase de superficie plateada al mismo tiempo que cadenas del mismo color se envolvían alrededor del cuerpo de Isthar-Astaroth—. Pero esto debería servir para detener la propagación de la sangre de Kingu y... quién sabe... podría ayudarlo.
Ollerus asintió con seriedad, tomando el brazalete e indicándole a Fiamma que se preparara por cualquier imprevisto para cuando lo pusieran en la muñeca izquierda de Kamijou.
Antes de que ambas desaparecieran, una hermosa y sincera sonrisa apareció en el rostro de Innanna.
«Espero ver como lo usas para tu propio bien, Kamijou Touma. Espero que mi anhelo por tu bien llegué, al menos un poco... Nos volveremos a ver»
... ... ...
... ... ...
—Jejeje... jejejejejejejejejejejejejejejeje.
La voz de Inanna se rompió en una tétrica risa que sonó por los pasillos del oscuro templo al que se había teletransportado junto a su hermanita.
—Oh Ishtar, tal imprudencia, digna de ti. No te culpo, yo apenas y puedo aguantar —Innana dijo eso con un tono muy poco apropiado de ella, tampoco ayudaba la forma en que movía su cuerpo.
"Erótica" sería una palabra bastante adecuada para describirla ahora mismo.
—Sin embargo algo así no puede quedar impune, ¿verdad~? El calabozo te hará entender, jeje.
Parte 3
Kingu, un demonio.
O un dragón.
En algún punto de la historia, los dragones no poseían este nombre, simplemente se les conocía como demonios. Una creencia tan arraigada en el pasado que fue inevitable que esto influenciara a algunos de estos poderosos seres.
Pero ese es tema para otro día.
La verdadera pregunta aquí es: ¿de dónde salieron los dragones?
Si se le preguntaba a alguien de les Grandes Facciones, diría algo como que provenían de El Gran Rojo, Ouroboros o que habían surgido por mera inercia del mundo.
Alguien más sabio simplemente diría que su origen era incierto, que tarde o temprano se descubriría, pero que aún no llegaba ese momento.
Aleister Crowley... lo mejor era no preguntarle tal cosa.
Y entre todos ellos, estaba aquel que lo sabía.
John Dee.
Aquel que descifro la "lengua de los ángeles" llegó a verlo una vez, llegó a ver a Vovin.
Al Dragón.
Y entonces lo supo.
Lo dragones eran la contradicción del mundo.
Para que el universo existiera, primero tuvo que haber nada más que una singularidad que explotó con violencia inimaginable.
De la tranquila singularidad, a la violencia de un universo recién nacido.
Si la vida quería seguir desarrollándose, entonces tenía que haber muerte.
Para que los héroes hicieran el bien, tenía que existir la maldad absoluta.
Donde había luz se crearían sombras.
Estas eran constantes que seguían presentes en el mundo.
Y si era así... ¿dónde estaba Vovin, el Dragón en si?
Alguien hizo una sonrisa ante esa pregunta.
Ese alguien sostenía una gran piedra negra que tenía a una serpiente de color verde envolviéndose alrededor como si la resguardara.
—Alfa y Omega, extremos unidos en el Pléroma que ocasionas... pero para eso, para nacer, tienes que destruir un mundo, ¿o acaso ya lo hiciste?
Su sonrisa solo siguió creciendo.
—¿Quién es el Demiurgo aquí? ¿Es Vovin? ¿O acaso eres tú, Abraxas?
Anna Sprengel tan solo hizo esa pregunta a los cielos de donde se encontraba. Y como respuesta, los cielos retumbaron al liberar un aguacero.
... ... ...
... ... ...
El sol se había puesto en Londres.
Solo otra noche como cualquier otra, o al menos eso pensaría el ciudadano promedio.
En un bar de mala muerte inquietamente vacío, ciertos individuos de dudosa moralidad se habían reunido.
—Hmm, entonces, ¿quieres mantener un bajo perfil hasta que podamos cumplir con el objetivo de Kioto?
—Claro, y también cumpliremos con nuestra parte del trato.
—Je, por supuesto. Sé que ustedes son más que suficientes... así que por lo que haré por su sagrada misión...
El vampiro se relamió los labios en anhelo.
—Ustedes tendrán que sacar a Deep Blood de su escondite y traerla ante mí.
Cao Cao de la Facción de los Héroes estaba "satisfecho" con esa propuesta.
Conclusión
Luz de Irkalla.
Isthar sentía que todo alrededor de ella se distorsionaba en una tela de colores psicodélicos. Si era por el agotamiento que ocasionado por el castigo del calabozo o por el dolor infernal que aún sentía gracias al contacto directo con Imagine Breaker, no importaba, Inanna la había enviado a buscar a alguien para que se pusiera al día.
—Así que aquí estas...
Sentada en medio de grandes cajones llenos de vinos de todo el mundo, estaba su "asesora" en este gran y confuso plan que seguía sin comprender del todo.
—Hola querida, ¿cómo has estado?
Geshtinanna, una diosa del vino.
Y la hermana de Dummuzi.
... ... ...
... ... ...
—Es una completa pena pero hiciste buen trabajo, hija mía.
—¿Lo crees madre? Solo retrase nuestro encuentro destinado con él...
—No te preocupes, de todas formas aún no es el momento. Kokabiel aún esta moviendo sus hilos en las sombras y los Católicos ya han puesto sus ojos en Kuoh con la conversión de Asia Argento al [Clan Gremory]
—Ahora que lo mencionas madre... —la hija mayor, la menos entusiasta, finalmente habló—. Los Católicos ya han decidido que agentes enviar.
—¿Oh?
—Irina Shidou y Xenovia Quarta son sus nombres...
—Je... Realmente son buenas para la recolección de información, hijas mías.
La familia de tres bebió una copa de vino al mismo tiempo.
—Después de todo... saber que Vovin es una de las cosas más allá de Imagine Breaker ya es un gran logro.
Aluqah, la Madre de los Vampiros, estiró la mano hacía su más grande anhelo.
Fun fact: el título de este capítulo fue escrito en Enoquiano.
Fun fact 2.0: Todo este desastre se desató porque Kalawana cortó la mano derecha, eh. En el siguiente capítulo verán lo que pasó con ella.
