Capítulo XLIX
¡Estás lista! – pregunta mi padre cuando todos salieron de esa pequeña habitación.
Sí papá, ¿ya es hora? – dice Candy, creo que está más nerviosa que yo.
Pues vamos, tú a mi izquierda, tranquila hija, esto es mero formalismo, ya pasaste por esto antes – le recuerda su padre.
Sí, lo sé. Fred ¿qué hace aquí? – pregunta ella cuando lo ve aparecer a su lado.
Recuerde que debo estar cerca de usted – refiere un poco contrariado, por qué mi hombre de confianza aparenta inconformidad.
¿Hasta en este momento? – preguntó ella.
Sí, en cualquier momento – afirma él con cara de hastío.
Silencio, ya va a comenzar. Hija ya sabes, pasos pequeños y sin titubear, ¿de acuerdo? – dice su padre ansioso porque la marcha nupcial estaba por comenzar.
Sí pa' – responde ella con cariño.
Usted y yo tenemos que hablar de esto – Fred le murmura al oído.
Silencio – pide su padre.
Todo era un bullicio, cuando de pronto se escuchó la marcha nupcial y se abrieron las puertas de la entrada de la capilla que hasta ese entonces había estado cerrada, allí se encontraba, mi prometida caminando hacia mí, al lado de su padre. Estaba miedosa, miraba a todos lados, buscándolo, quizás pensaba que él estaría en la boda, con tanta gente sería imposible que se apareciera por allí, pero yo había hecho lo mismo y no encontré nada. De un momento a otro mi suegro se detuvo, el sacerdote que ya había llegado al altar, se dio la vuelta y cuando ella lo hubo hecho, agachó la mirada y su padre le dio la vuelta.
¡Ya has hecho esto, Candy! – la tomó de los hombros y le dio un apretoncito ¡Sabes qué hacer de aquí en adelante! – sonrió y pareciera que ella muy difícilmente afirmaba que así era.
S…í, sí papá, es que estoy muy nerviosa – respondió ante esa emoción que demostraba en ese momento.
No pasa nada – la tranquilizó cuando le daba palmaditas en su mano.
¿Quién entrega a esta mujer? – preguntó el padre interrumpiéndoles.
Alphonse White, padre – contestó mi suegro. Espero que sepas hacerla muy feliz y que seas el definitivo – me dice mi suegro muy sonriente.
¡Papá, ya oíste lo que dijo mamá! – le amenaza Candice.
Lo seré Alphonse, lo soy de hecho – le contesto, evidenciando que no es una molestia para mí.
No, espera, aún no se levanta – me reprende, impidiendo que levantara el velo y por lo mismo me sonríe.
¿Quién desposa a esta mujer? – cuestiona el padre
Terrence Grandchester, padre – respondo.
Desde este momento y para siempre, honraré el lugar que me ha concedido, la cuidaré y amaré todo lo que Dios nos dé de vida juntos, se lo prometo – afirmo mas para la tranquilidad de su padre que para la mía.
Eso espero Terrence, felicidades a ambos – afirma mi suegro haciéndome sonreír.
¡Hola! – exclama ella más con nerviosismo que con sentimiento.
¡Hola, te ves hermosa! – confieso haciéndola sonreír
Gracias y tú muy apuesto – me dice, nerviosa y tragando saliva.
Te he extrañado, no te he visto en seis horas – confieso, la quería ver a cada segundo.
Yo tampoco, te amo, sabes – confiesa ella, se ve tan graciosa aparentando tener seguridad, de seguro cuando no me dejaron verla estaba echa un manojo de nervios, la vi por la puerta.
También te amo linda… – le sonrió y nos damos media vuelta observando como el sacerdote dice.
Muy amados: nos hemos reunido en la presencia de Dios para bendecir y ser testigos de la unión entre este hombre y esta mujer en Santo Matrimonio. Dios estableció en la creación el vínculo y pacto matrimonial, nuestro Señor Jesucristo honró esta forma de vida con su presencia. Es la voluntad de Dios que la unión de esposo y esposa en corazón, cuerpo y mente sea para gozo mutuo; para la ayuda y el consuelo que cada uno se dé, tanto en la prosperidad como en la adversidad; cuando Dios lo disponga, para la procreación de los hijos y su formación en el conocimiento y amor del Señor. Por tanto, el matrimonio no debe emprenderse inconsiderada o ligeramente, sino con reverencia, deliberación y de acuerdo con los propósitos para los cuales Dios lo instituyó – rememoró la liturgia.
Candice White y Terrence Greum, aquí, en la presencia de Dios, les requiero y encargo que, si uno de ustedes conoce alguna razón por la cual no pueden unirse en matrimonio lícitamente y de acuerdo con la Palabra de Dios, lo confiese ahora – pidiera el padre a Candy y a Terry.
No hubo ninguna razón para que no nos uniéramos en matrimonio
Candice White y Terrence Greum Grandchester vienen ahora para enlazar sus vidas en esta santa unión. Si alguno de ustedes puede mostrar causa justa por la cual no puedan casarse lícitamente, dígalo ahora o de aquí en adelante, guardé silencio – preguntó a los presentes y Candice estaba temblando, debía tranquilizarla, así que le apreté la mano.
Ninguno de los dos emitimos respuesta alguna y el padre prosiguió.
Pueden sentarse – solicitó el padre y los demás acatamos su pedimento.
Primera lectura: Génesis 2, 18-24 – comenzó a recitar el señor William en un perfecto español, seguido de otra persona que traducía al italiano.
En aquel día, dijo el señor Dios: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él para que lo ayude". Entonces el señor Dios formó del suelo todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y los llevó ante Adán hombre para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán. Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo. Entonces, el señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y este exclamó: "Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada 'mujer', porque ha sido formada por el hombre". Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
Palabra de Dios – terminó por decir William y persignándose se dirigió a su lugar mientras que la otra persona esperaba a que Marcello Rocco subiera a leer de nueva cuenta.
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Éfeso – comenzó a hablar Marcello Rocco padre en italiano y ahora la otra persona en español.
Hermanos: Practicad el amor a ejemplo de Cristo que nos amó y se entregó por nosotros. Someteos unos a otros por consideración a Cristo.
Las mujeres deben respetar a su marido como al Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la cabeza y el Salvador de la Iglesia que es su Cuerpo.
Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera, las mujeres deben respetar en todo a sus maridos. Maridos, amad a vuestra esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. El la purificó con el bautismo del agua y de la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada.
Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida. Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne.
Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a su Iglesia.
En cuanto a vosotros, cada uno debe amar a su mujer como a sí mismo y la esposa debe respetar a su marido.
Palabra de Dios – de la misma forma el señor Rocco padre se persignó y se dirigió a su asiento.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo – comenzó a leer Archie en italiano para que la otra persona lo dijera en español.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos fariseos y para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?". Él les respondió: "¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer, y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".
Palabra del Señor – terminó por decir Archie y sonriéndole a mi prometida, se dirigió a donde se encontraba su esposa.
Nos ponemos de pie. Candice White, ¿quieres tomar a este hombre como tu esposo para vivir juntos en el pacto del matrimonio; para amarle, confortarle, honrarle y cuidarle, tanto en tiempo de enfermedad como de salud; renunciando a todos los demás. ¿Quieres serle fiel mientras los dos vivan? – preguntó el padre a Candice.
Sí quiero – dijo Candice con una sonrisa en el rostro y creo que no pudo evitarlo, una lágrima rodaba por su mejilla, que quitó con el dorso de su mano.
Terrence Greum, ¿quieres tomar a esta mujer como tu esposa para vivir juntos en el pacto del matrimonio; para amarla, conformarla, honrarla y cuidarla, tanto en tiempo de enfermedad como de salud; renunciando a todas las demás. ¿Quieres serle fiel mientras los dos vivan? – re direccionó la pregunta hacia mí.
Sí quiero – respondí muy contento.
Oremos. Dios bondadoso y eterno, tú nos has creado hombre y mujer a tu propia imagen: Mira con misericordia a este hombre y a esta mujer que vienen a ti pidiendo tu bendición; ayúdales con tu gracia para que con fidelidad verdadera y amor constante honren y guarden las promesas y votos que hacen; por Jesucristo nuestro Salvador, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, un sólo Dios, por los siglos de los siglos – el padre alzó una plegaria.
Amén – respondimos todos los asistentes.
El padre puso los anillos de matrimonio sobre su escritura y los bendijo delante de los novios. Mientras Terrence se colocó enfrente de Candice, tomándole la mano derecha.
Bendice, oh Señor, este anillo para que sea signo de los votos por los cuales este hombre y esta mujer se han unido el uno al otro; por Jesucristo nuestro Señor. Amén – dice el padre mientras los bendice.
En el Nombre de Dios, yo, Terrence Greum Grandchester, te recibo a ti, Candice White para ser mi esposa, desde hoy en adelante para tenerte y conservarte, en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe. Este es mi voto solemne – expresé en el momento de hacer mis votos matrimoniales, al menos los oficiales.
Enseguida fue el turno de Candice para decir sus votos:
En el Nombre de Dios, yo, Candice White, te recibo a ti, Terrence Greum Grandchester para ser mi esposo, desde hoy en adelante para tenerte y conservarte, en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe. Este es mi voto solemne – repite ella a punto de llorar de felicidad.
Los padrinos de anillos, por favor – solicita el padre, entonces solicita el padre. Así que la señora Elroy y el señor William entregaron la caja de los anillos, una hermosa caja de cristal y oro, donde se encuentran un par de anillos, la señora Elroy y William toman los anillos y nos los ofrecen mientras el padre los bendice con agua bendita. Bendice, Señor y santifica el amor de estos hijos tuyos, que estos anillos, signo de la fidelidad que se deben, sirvan para recordarles el amor que los une. Por Jesucristo nuestro señor – termina por decir cuando todos contestan.
Amén…
Candice White, te doy este anillo como símbolo de mis votos y con todo lo que soy y con todo lo que tengo, yo te honro, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo – declaro mientras le coloco el anillo en su dedo anular.
Enseguida Candy colocó el anillo en mi dedo anular
Terrence Greum Grandchester te doy este anillo como símbolo de mis votos y con todo lo que soy y con todo lo que tengo, yo te honro, en el Nombre del Padre, y del Hijo y en el Nombre del Espíritu Santo – dijo una Candice completamente emocionada, por fin, estaba uniendo su vida al hombre que tanto amaba.
Hermanos:
Oremos al Señor por estos esposos unidos en matrimonio ante el altar de Dios, para que permanezcan siempre unidos por el amor. A cada intención respondamos: Te lo pedimos, Señor. Por la Santa Iglesia, que es la Esposa y el Cuerpo de Cristo. Oremos al Señor – comienza a decir la liturgia el padre.
Te lo pedimos, Señor – respondieron los asistentes.
Por Candice y Terrence para que sean felices en su vida matrimonial. Oremos al Señor - continua el padre.
Te lo pedimos, Señor – respondieron los asistentes.
Para que sean generosos en la comunicación de la vida y eduquen cristianamente a sus hijos. Oremos al Señor continua el padre
Te lo pedimos, Señor – respondieron los asistentes.
Por los hogares de nuestra Patria: para que reine en ellos la comprensión y la armonía. Oremos al Señor - continua el padre.
Te lo pedimos, Señor – respondieron los asistentes.
Por los novios: para que se preparen seriamente a cumplir su misión matrimonial en la sociedad. Oremos al Señor - continua el padre.
Te lo pedimos, Señor – respondieron los asistentes.
Por todos nosotros: para que seamos fieles a nuestra vocación de consagrar el mundo. Oremos al Señor - continua el padre.
Te lo pedimos, Señor – respondieron los asistentes.
Queridos hermanos: oremos al Señor para que bendiga a esta servidora suya, unida a su esposo con el vínculo de Cristo y haga de ambos un solo corazón.
Señor, tú que hiciste todas las cosas de la nada. Coronaste la creación haciendo al hombre a tu imagen y le diste por compañera inseparable a la mujer, para que ya no fueran dos, sino una sola carne. Así nos enseñasteis que nunca se ha de separar lo que tú has querido unir.
Señor, tu consagraste la vida conyugal por medio de un sacramento tan grande, prefigurando a través del matrimonio la unión entre Cristo y la iglesia - respondieron los asistentes.
Señor, tu unes al hombre y a la mujer y das a esta unión establecida desde el principio, la única bendición que no fue abolida por la pena del pecado original, ni por la condenación del diluvio.
Por eso te pedimos: mira con bondad a esta servidora tuya que después de haberse unido en matrimonio con su esposo implora tu bendición. Concédele el don del amor y de la paz, y la gracia de imitar a aquellas mujeres ejemplares que son alabadas en la Sagrada Escritura.
Que el corazón de su esposo confíe siempre en ella, y reconociéndola como su compañera y coheredera de la vida eterna, la respete y la ame como Cristo ama a la iglesia.
Que la firmeza de la fe y el cumplimiento de tus mandamientos los mantenga íntimamente unidos, y haga de ellos un ejemplo para los demás, de manera que inspirándose en el Evangelio, den a todos buen testimonio de Cristo.
Que sean padres fecundos y de reconocida virtud, y puedan ver a los hijos de sus hijos. Y después una vida larga y feliz, gocen de la paz de los santos en el reino de los cielos.
Amén – respondimos.
Ahora digamos todos juntos la oración que Cristo nos enseñó:
Pater noster, qui es in caelis:
sanctificetur Nomen Tuum;
adveniat Regnum Tuum;
fiat voluntas Tua,
sicut in caelo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a Malo.
Padre nuestro,
que estás en el cielo.
Santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Amén.
Tomen asiento – pide el padre cuando ambas voces se han acallado. Los padrinos de arras por favor – pide el sacerdote, entonces Stear y Patty se acercan, abren la caja de madera bellamente decorada y ambos vuelcan sobre la mano del sacerdote las arras cuando él las bendijo. Bendice Señor y santifica estas arras, signo de los bienes que van a compartir. Por Jesucristo nuestro señor – el padre saca el hisopo del acetre y con agua bendita lo bendice.
Recibe estas arras Candice, como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir – cuando el padre me da las arras, las entrego a Candice, quien coloca las manos para recibirlas.
Después Candice hace lo mismo con Terry
Recibe estas arras Terrence como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir – Candice me las regresa y yo las devuelvo al padre y el padre a Stear y Patty.
Los padrinos de lazo, la madrina de velo, la biblia y rosario y el ramo, por favor – solicitó el padre, haciendo pasar a uno por uno al altar a Fedele y su esposa, a Mirabel, a Karen y Robert y a Paula.
Fedele y Marianne escogieron una caja de cristal cortado para el lazo que también era de cristal cortado, lo sacaron, fue bendecido y después colocado a cada lado de uno de nosotros.
Bendice Señor y santifica este lazo, este velo, esta biblia y este rosario como signo de la unión, la insolubilidad y la fidelidad que debe existir dentro del matrimonio. Por Jesucristo Nuestro Señor - el padre saca el hisopo del acetre y con agua bendita los bendice.
Fedele y Marianne colocaron a cada lado de nosotros el lazo y fueron a sus lugares, mientras Mirabel colocó el velo de la misma manera sonriéndole a Candice y dándole un beso en la mejilla se fue a su lugar; Karen y Robert le dieron a Candice la biblia y el rosario, lo colocaron en la mano para que lo sostuviera.
Las personas que van a comulgar formen una fila a los lados del altar – sugirió el padre indicando que el padre italiano lo asista.
El cuerpo de Cristo – el padre le dio una ostia a Candice.
Amén – respondió ella con aparente tranquilidad.
El cuerpo de Cristo – el padre lo hizo conmigo.
Amén – respondí con mucha felicidad.
Cuando todos pasaron a comulgar. Por indicaciones del padre, los padrinos de cada artículo fueron retirando el velo, el rosario, la biblia y por último el lazo.
De pie – solicitó el padre.
El padre junta nuestras manos y dice.
Puesto que Candice White y Terrence Greum Grandchester se han dado el uno al otro por medio de votos solemnes con la unión de las manos y con la entrega y recepción de anillos, yo los declaro esposo y esposa, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A quienes Dios ha unido, nadie los separe – declaró el padre.
Amén – respondimos y también todos los demás.
Ahora sí, sube el velo – me pidió el padre y así lo hice. Puedes besar a la novia – me dio permiso y por supuesto que lo hice.
No podía creerlo, el velo era el de mi madre, no lo había visto detalladamente, pero ella tenía el rostro completamente lleno de lágrimas, rápidamente la besé con tal anhelo de no haberla visto en seis horas, pero ella estaba que temblaba
¿Candy, qué sucede? ¿Te pasa algo? – le pregunté cuando rompió a llorar.
¡No, sólo que no puedo creerlo! – esconde su rostro en mi hombro, yo estoy preocupado.
Mi amor, ven, Fred llama a mi madre, que venga – solicito nervioso, no sé si se siente mal.
Estoy bien… - responde Candice en medio de los sollozos.
Estás llorando, ¿algo te duele? ¿El bebé? – me preocupo por su estado.
No, está bien, sólo que me dio sentimiento, eso es todo – responde ella cuando toma mi pañuelo para limpiarse las lágrimas.
Todo está bien, la novia está sensible… - refiere mi madre.
¿Sucede algo, pequeña Candice? – pregunta el abuelo Rocco.
Soy una llorona abuelo Rocco, eso es todo – refiere ella bajando el rostro.
Estás sensible, ven, compongamos ese maquillaje, Fátima ve por la maquillista – solicita contrariando a todos.
Sí señora – afirma Fátima y va por Sandy.
¿Estas enojado conmigo? – pregunta Candice al ver mi semblante.
No, ¿por qué lo dices? – le pregunto, estoy preocupado, no enojado.
Porque no te besé, pero no sé por qué no puedo dejar de llorar – refiere, haciéndome reír.
No mi amor, no te preocupes. Me preocupaba que te doliera algo, que te sintieras mal – informo las situaciones que en verdad me preocupan.
A ver Candice, veamos. No hay nada de que preocuparse, solo unos retoques – Sandy quiso componer su ánimo también.
Gracias Sandy – le sonríe cuando ella le acaricia una mano.
De nada amiga, sólo vamos, sé feliz – le pide a ella.
Lo soy… gracias – Candice afirma.
¿Ya mejor? - le pregunta el padre que comprende por qué Candice se encuentra en ese estado.
Sí padre, ahora ¿en qué no quedamos? – pregunta a Candice haciendo reír a todos los presentes.
En que ibas a besarme… – me quejé.
¡Ah sí! – y entonces ella me sorprendió y me agarró de la nuca y me besó con emoción.
Jajaja – los demás se rieron ante tal acción.
Mi amor – la interrumpí.
Dime – me respondió viéndome a los ojos.
Ese vestido está hermoso, con razón mis queridas mujeres no quisieron enseñármelo, excelente gusto, sólo que tiene un defecto – le dije, si yo notaba muchos defectos.
¿Cual, si yo lo veo hermoso? – ve su largo, sus decorados y no entiende a qué se refiere Terrence.
Tiene 72 botoncitos que estaré harto de desabrochar, ¡te dije que sin botones! – reclamo, no los abriré, los desprenderé o romperé aún no estoy decidido.
Tu madre me dijo que así te gustaban a ti – me dijo, inocentemente, tendré que hablar con mi madre sobre ello.
Luego discutiremos eso, linda costillita – le dije, me dio un beso robado y después nos preparamos para caminar hacia la salida, Paula le dio el ramo y ayudándola a bajar caminamos hacia la salida.
Nos esperaba una gran comitiva, la prensa estaba loca y no se dejaron esperar los centelleantes flashes de las cámaras, la fiesta sería en la mansión y mientras nos sentíamos abrazados y felicitados, Fred me iba comunicando lo que sucedía alrededor de nosotros. Al parecer el muy cobarde de Niel no se había aparecido por ahí. Mi madre había resguardado en una de las cabañas los regalos, eran demasiados y algunos de ellos muy grandes, Candice y yo nos dirigimos hacia el auto, debíamos ir a la mansión, pero antes quería ir con ella a otro lugar.
Ya en el camino a la mansión me fui por otro lado.
Terry la mansión es para el otro lado – dijo Candice, evidentemente íbamos a otro lado y por lo tanto Fred se encontraba detrás de nosotros, nuestro chofer era un soldado encubierto.
Lo sé, quiero platicar algo contigo y en la fiesta será imposible hablarlo. Invité a Nikopolidis a la boda – le confieso.
Imaginé que lo harías – responde ella soltando una carcajada.
La luna de miel será en su país – continuo.
Eso sí que es una sorpresa – me dijo, pero algo me decía que así no era.
¿Verdad? ¡A ver este modelito! – le dije, dándole una vuelta apenas cuando salimos de la limusina.
¿Te gustó? – preguntó ella emocionada.
¡Mucho, qué buen gusto! - refiero, excelente gusto diría yo.
A mí me encantó, a ti también, eso fue bueno entonces – aseguró ella.
A mí me gustó más bien cómo te ves tú en él – comenté seduciendo a mi esposa.
¡Eres un coqueto! – me sonrió y me dio una cachetada fingida.
¡Te amo mi pequeña costillita! – le dije, haciéndola reír cuando la levanté por los aires.
¡Te amo media costilla, simpática por cierto! – y ella por supuesto me contestó así. Y muy sinceramente, me dio mucho gusto el beso que recibí después de su confesión.
La ceremonia fue muy larga, creo que con los matrimonios de mis hermanos ya debería estar acostumbrado, ahora quería que se alargara, eso sí, para verla cuán sonriente era ella. La celebración en la mansión fue excelsa, los medios de comunicación estaban maravillados con lo fastuosa que fue la boda por la iglesia y la mansión estaba repleta de los regalos para nosotros, justo después del banquete comenzamos a bailar una canción y cuando unieron sus labios comenzamos a platicar
¿Eres feliz? – me preguntó Candice, mirándome a los ojos.
Sí, como nunca lo he sido, y ¿tú? – respondí sincero, siempre debía serlo y más con ella.
Sí, te amo Terry. Vi que no tomaste mucho vino en la cena – me comentó ella.
Debo estar consciente por si algo sucede – le aseguré cuando la besé sorpresivamente.
Con un ejército de hombres lo dudo, creo que aquí hay muchos hombres... – me sonrió sin atreverse a decirme que se refería a los guardaespaldas.
Lo sé, debía estar seguro – refiero casi sin moverme.
Hoy si te perdono que seas controlador, amor – me dice haciendo que me de un intento de risa.
No pensaba pedirte autorización, hoy debes concederme muchas cosas – le dije sugerentemente.
Bien, te lo concedo. ¿Qué te dijo Nikopolidis? – le encantaba cambiar de conversación.
Que enviará su regalo a Lacio – le respondí dándole más besos.
Y ¿no te dijo que nos dio? – me pregunto entre ellos.
¡No, que era una sorpresa! – respondí, sabía que quería alargar la conversación.
¡Vaya, bien...! – respondió dejando caer su cabeza en mi hombro.
Sabes, me gustó mucho la lectura de la costilla – le saco de repente.
En serio, nunca imaginé que fueras hacer la boda en dos idiomas y ¿qué hay con la costilla? – cuestionó inquieta como ella era.
Fue idea de Marie, sé que eres la linda costillita a la que más amo – le declaro.
Dale muchos abrazos por ser considerada, ¡ay Terry tú y tus cosas! – me dice dándome un golpe en el hombro que me hace reír.
Quisiera robarte para morderte esa costillita – le aseguro.
No podemos, hay que bailar hasta que ya no sintamos los pies – me dice, lo que me hace sentir raro.
¿Por qué? – pregunto ya que no lo entiendo.
Con lo que costó esta boda y tan sólo el traje de novia, tendríamos muchas, muchas mariposas, ¿te imaginas? – y sí le brillan los ojos.
Te lo dije, fue un dinero muy bien gastado, por cierto, qué traes debajo del vestido, ni pareciera que trajeras ropa interior – le pregunto intrigado.
Terry – llama mi atención.
¿Qué cosa? – le pregunto.
¡Ya lo averiguarás! – confiesa haciéndome reirá, todo por chismoso.
Bueno y ¿cómo se ha sentido mi bebé? – debería de cambiar de platica entonces y así lo hice.
Bien, me dieron náuseas en la mañana, pero tu madre me dio galletas y té, este va a ser el único embarazo eh Terry, no creo poder hacerlo de nuevo – me dice, pero eso cree ella.
Aún eres joven... – le digo.
Tú eres el joven...yo sólo no lo recuerdo... – me dice comenzando a reírse.
Eres la mujer que espere conocer durante mucho tiempo Candice – le confieso, creo que se lo he dicho muchas veces ya.
Lo sé, también te esperé por mucho tiempo, aunque... me perdonas por haberme entregado a Anthony... solo quería no sentirme... – se interrumpió cuando mi dedo índice fue colocado sobre sus labios.
Ssshhh, eso ya no importa ahora, ahora lo importante eres tú y André y cualquier cosa que me digas en estos momentos no será importante, ah y también Ni, por supuesto – le dije a ella, sólo me importaban ellos dos.
Señor – me llama Fred por el audífono que tengo en el oído.
Sí Fred, dime ¿qué pasa? -
Niel se ha movido hacia la pista de baile, todos los guardias cercanos tienen orden de disparar si se acerca a ustedes -
¡Que no disparen! – le pido alejándome de Candice cuando nuestra canción ha terminado y todo el mundo aplaude.
Tienen silenciador – dice Fred.
No importa, ve y dile a la hermana de la señora que se acerque al micrófono anunciando la víbora de la mar, ella sabrá qué hacer, algunas veces las tradiciones no deben de eliminarse – le informo a Fred, augurando que lo entiende.
Espera que te dijo Mirabel – me pregunta Candice, extrañándose cuando me oye hablar de ella.
Nada, tradiciones son tradiciones y esta tradición nos servirá para escapar – le respondo alertándola.
Escapar, ¿por qué? – me pregunta preocupada.
Porque Niel se encuentra entre los invitados – refiero esperando que ella entendiera cuando la voz de los presentadores se escuchó.
Bueno seguimos con las tradiciones amigos, invitamos a las damas a realizar la víbora de la mar, tradición donde la novia lanzará el ramo, así que a todas las damas reúnanse con la novia.
Y sí, todas las damas casadas y solteras, se reunieron en la pista y comenzaron a tomarse de la cintura para que al ritmo de la víbora de la mar intentaran tirar a Candice de dónde los hombres de la familia la tenían sostenida, pero no, las chicas tenían miedo de tirar a la novia, en cambio con los hombres se dio la tan anhelada caída del novio que se sintió levantado por sus hermanos cuando lo llevaban tal cual muerto y después de lanzarlo tres veces al aire, lo dejaron en el piso para ser atrapado por Candice que lo recibía con un beso.
¡Cielos, me sentí morir! – le confieso, lo que tengo que hacer para distraer a ese canalla.
¡Exageras Terrence! – exclama ella carcajeándose.
¡Quién sabe! ¡Otro poco y si me dejan muerto! – me quejo, pero ella no paraba de reír.
Jajaja ¡ay amor y ahora los fuegos artificiales! – gritó emocionada comenzando a caminar hacia una escalinata muy cerca de allí.
¿Fuegos artificiales? – cuestionó Terrence.
Sí, vamos hermana – pasa Mirabel y toma de la mano su hermana.
En un momento vamos, Fred – le indico con la mirada a Fred que se lleve a Mirabel.
Sí señor – el obedece atentamente.
Ven, ya están nuestros equipajes en el helicóptero – le expliqué a Fred por el micro que tenía en la solapa de mi traje, mientras coqueteaba con ella o eso es lo que aparentaba con todos. Candice estaba muy atenta a mis órdenes.
Sí señor, no todos, los demás llegarán en barco – le notificó mientras los invitados caminaban hacia donde los fuegos artificiales se encontraban.
Bien, Candice quiero que vayamos hacia allá, Nikopolidis nos espera en el helicóptero – le explico e indico que la pista donde aterrizó el helicóptero se encuentra un tanto alejado del tumulto.
Bien, ¿no nos vamos a despedir de nadie? – preguntó ella.
No hay tiempo, tenemos que caminar normalmente, así que, si tienes que correr un hombre de confianza de Nikopolidis te va a llevar al helicóptero, ¿entiendes?
Sí y ¿tú? – siempre estaría más preocupada por mí que por ella, qué haría con ella.
Llegaré, no te preocupes – le aseguré, tenía que calmarla a como de lugar.
Bien – ella asintió y comenzamos a caminar hacia el helipuerto.
Así lo hicimos, ambos llegamos tranquilamente al campo y luego comenzamos a caminar hacia donde el helicóptero de Nikopolidis se encontraba, cuando casi llegábamos apareció Nikopolidis, resguardado por soldados de su reino y a continuación nos sentimos atraídos por ellos que entre armas y espadas no subían a este, de pronto una figura se acercó rápidamente en la oscuridad…
Continuará…
