Capítulo L
Inicio del flashback
Candice, ¿a dónde vas? - le pregunto, no sé a dónde se dirigía tan aprisa.
Al sanitario, en un momento vuelvo... - responde ella, ¿bailando?
Bien - asiento y con la mirada le digo a Fred que vaya con ella.
Señora... - la nombra cuando se dirige hacia ella
¿También al baño, Fred? – pregunta conmocionada, seguramente ni se acordaba que Fred la seguiría a cualquier parte.
A todos lados señora, ya se lo dije – advierte Fred muy serio, siguiendo mis órdenes por supuesto.
No me queda de otra, ¿verdad? – preguntó ella, sabía que Fred la seguiría hasta el fin del mundo, si lo necesitara.
No señora Grandchester, la espero – se apostó al lado de la puerta del sanitario de damas y no se separó de allí.
Por supuesto – contestó resoplando.
Media hora después…
¿Señora Grandchester? – Fred habló con firmeza, ya que media hora era demasiado. Temió lo peor, que se desmayara por ejemplo y él afuera esperándole.
Fred, ¿qué haces aquí? – le preguntó ella cuando llegó hasta él por detrás suyo.
Señora...pero, ¿cómo? – Fred estaba preocupado, no había salido de los sanitarios, él la hubiese visto.
Pase a tu lado, ¿qué? ¿No me viste? – cuestiona divertida por el rostro del guardaespaldas.
Por supuesto que no la vi, ¿a dónde fue? – pregunta él enérgico, no se movió de allí, ¿cómo le hizo para salir?
Fui por algo que necesitaremos en una hora más o menos – refiere ella, por supuesto que no iba a decir nada.
¿Qué cosa? – Fred quiso saber, pero pronto aprendería que a Candice no iba a sacarle nada, de nada.
Ya te enterarás, pero creo que debo confesar algo... he conversado con Niel – comienza a explicar y se detiene cuando ve la mirada asustada de Fred.
¿Cuándo? ¿Dónde? – exige saberlo.
En este baño, hace 10 minutos más o menos... – responde ella sin cuidado.
¿Se atrevió a hacerle algo? – cuestiona de nueva cuenta.
No, claro que no. Nikopolidis tiene ciertas habilidades que nosotros no le conocemos, sabías, es un gran negociador – refiere ella cuando lo ve detrás de Fred.
¡Hola Fred! – saluda Nikopolidis.
Señor Nikopolidis, ya se me había olvidado que estaba aquí – suelta el guardaespaldas, que no sabe si está molesto o preocupado.
¡Cielos! Veo que ya le dijiste – dice Nikopolidis preocupado.
Te dije que se iba a quedar mudo – refiere Candice que se cuelga del brazo del griego.
Ya lo veo, creo que Mirabel ya está avisada – informa Nikopolidis a Candice.
¿Le decimos? – pregunta ella al griego.
Sí, pero si tu marido se entera, ¡te va a matar! – suelta Nikopolidis, observando que si Fred pudiera correría para avisarle a Terrence.
¿Qué sucede? – quiso saber Fred.
Mirabel quiere hacer la víbora de la mar… – suelta Candice, espera desviar la información para Fred, ella espera que no se cuelgue de la lámpara como lo haría Terrence.
¿Qué es eso? – Fred cuestiona extrañado.
Una tradición mexicana que en las bodas es para tirar a la novia… – comienza a explicar Candice de nueva cuenta.
Y al novio … - completa Nikopolidis.
Sí, también a él – afirma Candice sin más.
Señor, ¿por qué no le decimos a Terry? – refiere Fred, si se entera no sólo mataría a su esposa, a él también.
¡Porque lo mataría! – suelta Candice.
Sí, por eso – asiente Nikopolidis, a ella quizás la perdonaran, pero a él.
Y después lo invitamos al funeral – bromea ella.
El del novio...nosotros nos entendemos... – resuelve decir Nikopolidis. Dirás a Terry que Niel se dirigirá a la pista y Mirabel le está platicando lo de la víbora, entonces él... nos iremos al helicóptero – comienza a explicar lo del helicóptero, pero al intentar esconder información, Fred lo único que entiende es que deben de ayudar porque Candice, Terry, Nikopolidis y él huirán en el helicóptero.
Y en sí, ¿a dónde se dirigirá Niel? – cuestiona, es algo que no entiende.
Al helicóptero... – suelta Nikopolidis.
Señora, no puede exponerse así, ni a usted ni a su hijo – refuta Fred, que obviamente no está de acuerdo.
Hijos… - refiere Candice sonriéndole en demasía.
Sí también a Ni – afirma Candice.
Se imagina, Terry la va a matar cuando se entere y de paso a mí por solaparla – la reprende, por supuesto que no le importa.
No me entiendes Fred, Ni, André y Andrea... – suelta Candice con gran alegría.
Espere, espere, ¿cómo sabe? – por supuesto que Fred quería saberlo.
Es una historia para otro momento… - resolvió no contarla, si ya había visto a Andrea, pero lo que no pudo explicar era sí hablaba de la antigua Andrea de la nueva Andrea.
Bien, ¿cómo sabe que él irá al helicóptero? – prefiere averiguarlo después y urge las otras partes del plan.
Por esto, óyelo cuando estés solo – Nikopolidis entrega un casete que saca del bolsillo de su frac.
Bien, temo preguntar. ¿Tiene un arma...? – pregunta acongojado.
La tendré en su momento… - explica ella, sabía que Nikopolidis le daría una en su momento.
¿Segura? – Fred pregunta ansioso, obviamente que la que ella tenía ya estaba difunta, de eso se había asegurado él personalmente.
Sí y si sucede algo debes prometerme que salvarás a Terry – le pidió optimista.
¡Cielos no, a usted! – rebatió alejándose momentáneamente de ella.
Tienes que aceptar Fred, porque si no en este mismo momento te sedaré y no despertarás hasta mañana – decidió amenazarlo.
¿Qué dice? ¡No se atreverá! – reprochó Fred cuando ella sacaba de un bolsillo del saco de Nikopolidis una jeringa con algún liquido dentro de ella.
¡Pruébame! La jeringa Nikopolidis – ella la pidió, pero en sí ya la estaba sacando.
Está bien, está bien, pero no estoy de acuerdo – refutó Fred, lo cual la hizo sonreír.
No importa, te quiero Fred... pero no se lo digas y menos en público – pide ella abrazándolo.
¡Ay señora...! ¡Qué voy hacer con usted! – suelta Fred incapaz de creer lo que le ha hecho prometer.
Ya ves, te dije que no la necesitaríamos – dice triunfalmente devolviéndole la jeringa una vez tapada.
Por si las dudas, siempre debemos tener un plan B – admite Nikopolidis. Ok, luego los veo – se despide el griego saludando al aire.
¿Está usted segura de lo que hace? – Fred le pregunta a Candice tomándole las manos.
Por supuesto, crearemos una distracción, ¡cuetes! – exclama ella.
¿Cuetes? – pregunta animado, que era eso de cuetes.
Sí, ¡pum, pum, pum! ¡De colores y brillantes! – Candice parece más emocionada.
¿Fuegos artificiales? – cuestiona Fred, está que no puede creérselo.
Sí, muchos, me encantan, lo malo es que no los disfrutaremos Fred – refiere ella con lastimosa honestidad.
Lo sé, pero ¿cuetes? – sonrió agarrándose la nariz y riendo al mismo tiempo.
Muchos, que explotan al igual que el sonido de las armas y quizás tengamos suerte – suelta con optimismo.
¿Qué va hacer señora? – cuestiona Fred, ya que la ultima frase la dijo con emoción, una a la cual le tendría miedo siempre.
Lo mataré... con esto – saca una mini arma de la entrepierna, donde se escondía una pequeña funda.
Pero buscarán y se darán cuenta que es suya – Fred se sorprende y exclama espantado.
No, está pertenece a Niko. Así que técnicamente será en defensa propia – explica ella sin entrar en detalles.
¿Cuándo lo planeó? – Fred quiso saber.
Hace 5 minutos... pero vamos, si no encontraremos a Terry colgado de la lámpara – Candice lo apuró.
Terry ya se estaba preocupando por su tardanza…
¿Dónde andabas? – le pregunté cuando la vi aparecer detrás de unos arbustos.
Con mis papás, ya sabes mil recomendaciones – me respondió muy calmada, observando como Fred se colocaba a un metro de nosotros.
Ya te extrañaba, ¿bailamos? – cuestiono, quería estar cerca de ella. Además, los demás están haciendo lo mismo.
Sí, señor controlador – dice ella, si lo era y un poco.
En este día, sí, soy controlador y además los amo – la beso ante su ocurrencia.
Fin del flashback
¿Se van sin mí? – se oye una voz de entre los tronidos de los cuetes.
¿Qué haces aquí imbécil? – quiero saber, estoy verdaderamente sorprendido por su presencia y lo primero que hago es meter a Candice al helicóptero, la recibe al parecer el guardaespaldas de Nikopolidis.
¡Terry, váyanse, me quedo aquí! – refiere Nikopolidis, observando que Candice tropieza con el largo del vestido y se sostiene del patín de aterrizaje.
Es nuestra oportunidad de matarlo, debemos aprovecharla – grito entre el ruido de las aspas, del motor, de los cuetes… el ruido es demasiado y apenas oigo a Nikopolidis.
¿A dónde vas golfa? – Niel me ataja a mi y a Nikopolidis, agarrando a Candice de un pie, asustándonos de muerte por la estrategia de evasión.
¿Quieres saber? – ella se medio sienta en el patín de aterrizaje y se sostiene de la mano de Christos.
Si quiero… - Niel le contesta lamiéndose los labios.
Voy hacerlo mío, como no lo hice contigo – le echa en cara con lo cual se gana una bofetada cuando la insulta.
¡Perra, descarada! – exclama Niel jalándola del pie. Debíamos tener cuidado con él, podría tirarla.
¡Yo que tu Niel, no haría eso! – advierte Anthony que se presenta con otro hombre y con William.
Anthony, William, ¿qué hacen aquí?
Sergereiv te reconoció en el aeropuerto y te vino siguiendo, así que aquí nos tienes – explica Anthony.
Terry es hora de irnos, el helicóptero es blindado, así que no te preocupes, estaremos a salvo – me grita Nikopolidis, haciendo que caminemos hacia el helicóptero.
¡Bien, vámonos! – respondo esperando que, con algún movimiento del helicóptero, él la suelte.
¡Anthony, no ves que se va a ir! – Niel intenta meter envidia en Anthony.
¡No me importa! – Anthony se ríe para contestarle burlonamente.
William soy tu sobrino – reclama Niel, pero se da cuenta que nadie lo va ayudar.
¡Eres un bastardo...! – le llama en ruso.
Y tú Terry, ¿te gusta ser plato de segunda mesa? – me cuestiona Niel, pero no me agrada que haya atentado contra mi esposa.
No lo escuches, Terry – pide Candice, como que me conoce.
Terry, Niko ¿puedes jalarlo? ¡Sólo a ti te hace caso! – le pide Candice a Nikopolidis, el diminutivo ni lo noté.
¡Vamos Terry! – el griego me jala y ambos subimos al helicóptero.
¡Te irás, pero sin ella! – dice Niel y ahora la toma de los pies con ambas manos, jalándola.
¡Candice no, sujétate! – y ahora son tres pares de manos las que están sujetando a Candice. Exclamo con un gran susto y veo que Fred viene hacia nosotros.
Niko, el arma – Candice pide al griego un arma.
Toma – y él muy solicito se la da.
Ya la tengo, despega – Candice grita a Christos que despegue.
¡Candice! – todos se alarman de que ella esté colgada y que el helicóptero comience a despegar.
¡Que despeguen con un demonio! ¡Por una maldita vez hazme caso, Terry! – solicita ella cuando Fred saca el arma, ella apunta y se oyen dos disparos. ¡Ahora Fred! – le dice algo a Fred y ambos disparan.
Haciendo que Niel la suelte, Fred la ayuda a subir por completo y cuando estamos a un metro del suelo la metemos y cerramos la puerta de la cabina de mando.
Niel se encontraba en el pasto quejándose de dolor, las dos balas y una tercera que nadie vio de dónde vino le había producido que se quedara sin un ojo, un hombre de Cosomo llegó hasta él y lo llevó al hospital fuertemente custodiado.
Mientras en el helicóptero parecía que todos estaban bien, llegaron al aeropuerto y cambiaron a un elegante jet, donde Candice se encontraba desmayada. Le tenía que quitar el vestido, le deshice el peinado y cuando le cambié su hermoso vestido de novia por un pijama que saqué de su equipaje, me di cuenta de que traía una mini funda en la entrepierna, muy cerca del liguero color azul que daría a los chicos después de que se lanzaran los "cuetes". Maldición, mi esposa me estaba ocultando información, pues esto lo arreglaría con aquellos dos; enojado, llegué hasta donde Fred y Nikopolidis descansaban, aventando el arma sobre la gran mesa donde ellos se encontraban.
¿Qué es esto? – pregunté furioso.
¡Ya se dio cuenta! Ni corras Fred, será imposible, el avión no tiene lugar donde esconderse – le advierte divertido al observar como el gran hombre no sabía por dónde salir huyendo.
¡Es un arma de bolsillo! – resuelve el griego no dándole importancia a la funda.
Se lo que es, me pregunto, ¿cómo la obtuvo? – refiero ansioso, no tenía tanta paciencia.
¡Es mía, siempre la cargo! – vuelve el griego a no darle importancia.
¿Por qué la tiene ella? – pregunto muy, pero muy serio.
¡Coincidencia! – el griego intenta sonreír.
¡Maldita sea, Nikopolidis! ¿Qué hicieron? ¿Fred? – ahora le pregunta más a Fred que a mí.
La señora me pidió ayuda en los sanitarios – confiesa el hombre, sé que no es fácil, pero lo hace manteniéndole la mirada.
Debiste negarte Fred, ¿de qué maldito lado estás? – le grito, quien sabe por qué últimamente le grito a mi guardaespaldas, si nunca lo hago. Ah ya sé, también quiere a mi esposa, tan terca que es. ¿Te estoy preguntando? – insisto cuando no obtengo respuestas.
Deja de reñirlo Terry, imagínate por un segundo si Candice lo hubiera dopado, ¿dónde estaríamos nosotros ahora? – pregunta, imaginando lo que hubiera sucedido si Fred no les hubiese ayudado. Serías viudo el día de tu boda – termina la idea por una que no me agrada demasiado.
¿Se atrevió? – cuestioné a Fred.
Sí – responde y guarda silencio. Sí esa es la mujer que creo que es y la amo, aunque sea una loca desquiciada.
Cuando me va a decir lo que pasa y tú Fred debiste contármelo todo – lo reprendo, tanto el como a mí, ella nos maneja como quiere.
Yo quería, pero la señora no me dejó otro camino – replica Fred.
¿Cuándo lo vio? – cuestiono al parecer se han puesto de acuerdo en qué decir.
Habló con ella en los sanitarios – responde el griego.
Hasta ese momento – le pregunté, debían haberlo visto antes.
No, lo vio entre los invitados – respondió el griego, suponía tal vez que solo Fred tenia las respuestas y al ultimo Fred asintió.
¡Por qué no lo vi venir! – di un golpe seco a la mesa. ¿Quién le disparó? – pregunté, ya que solo vi dos armas.
Candice le dio en el hombro, yo en el antebrazo y... – Fred se detuvo.
¿Y? – insistí en que me lo dijeran.
Albert en la cara… - responde Christos que atravesaba el avión desde atrás a donde se encontraban los pilotos.
¡Cielos! Lo tienen resguardado, ¿verdad? - pregunto ansioso.
Sí, Cosomo y de su padre – responden ambos hombres lo que me da una especie de tranquilidad. Mientras sopeso mis acciones con la conducta de Fred, Nikopolidis me da una palmada en el hombro y susurra.
Creo que tienen que hablar, ¡no seas duro con él! – el griego recomienda y se retira.
Señor… - intenta decir algo en su defensa.
¿Qué pasó con el Terry? – intento bromear con él.
Lo siento señor… Terry, sé que actué en favor de la señora, pero... – se interrumpe.
Para la próxima tenme la confianza de que no me volveré loco si me informas que pasa – le pido, el griego metiche tenia razón, no me hubiese gustado ser viudo en este día.
La señora lo ama y me obligó a prometerle que lo salvaría a usted por sobre de ella – refiere un poco aliviado.
¡Cielos, que terca que es! – puse los dos puños cerrados sobre la mesa, admitiendo que mi esposa era una sonsacadora y sobre todo rejega.
Sí, permiso, por cierto, óigalo cuando quiera – Fred me extiende un casete.
¿Qué pasa? ¿Qué es eso? – le pregunto a él, no entiendo de lo que habla.
Nikopolidis hizo un trato con Niel, ¿quiere saber de qué se trata… averígüelo y guárdelo muy bien! – Fred se despide y se va a sentar en el sillón que le corresponde mientras le señala un equipo donde puede oírlo.
De la grabación…
¿Qué cambiada estás? Más guapa que de costumbre, ¿qué te has hecho? – pregunta Niel impidiendo que salga del sanitario.
¿Qué haces aquí? – pregunta Candice.
Vine a ver lo deliciosa que se puso la novia – confiesa con labia.
¡Como siempre tan asqueroso! – responde ella.
Eso no me dijiste cuando me probaste – confiesa él alucinando con seguridad.
¡O mejor dicho cuando abusaste de mí! – refiere ella suspirando.
¡No abusé de ti! Candice – la llama.
¡Cielos! Como sea, dame permiso – me imagino que se acerca a ella. Le solicita que la deje pasar.
Se que te gustará ser mi amante… - le dice Niel, haciendo que ella se enoje.
¡En tus sueños Niel! – exclama asustada, pero solo alguien como yo se daría cuenta.
Eh perdón, ¿qué hace usted aquí señorita? Es el baño de hombres… - exclama un señor muy cerca de ahí.
El de mujeres de hecho… - Candice afirma que es el de mujeres.
¿En verdad? Perdone, entonces...caballero, ¿qué hace usted aquí? – pregunta a Niel, que lo saca de balance.
Creo que también me confundí – afirma él.
Entonces nos retiramos – dice el griego haciendo pasar delante suyo a Niel.
Sí... por supuesto vamos, me dio gusto verte - le saluda Niel a Candice.
Christos, ayuda a la señora Grandchester... esta muy nerviosa – cuando pasa por delante de su guardaespaldas, en griego le dice que auxilie a mi esposa.
Sí señor, señora se encuentra bien – le pregunta Christos.
S..í estoy bien, ¡cielos no, ya se fue! – pregunta con voz temblorosa.
Sí, no se preocupe yo la cuidaré – la sienta en un sillón y la tranquiliza.
¡Maldito! Como se atrevió a hacerle esto el día de su boda, pero ya me las pagará. ¿Cómo lo grabaron? ¿Candice lo hizo? Cuando dejara ese hombre de molestarla – pregunté cuando un vaso que se encontraba en la mesa se estrelló en la pared del avión.
Mientras viva... nunca... – contestó una somnolienta rubia.
¡Candice! – corrí hasta ella.
Estoy bien...bueno un poco nerviosa de hecho... – intenta sonreír, pero no creo que esté muy bien.
Tomemos un té, vamos – le ofrezco sentarse. ¿Cuándo tendrás confianza en mí? – le pregunto sentándola en mis piernas.
Sí te tengo confianza, sólo quería darte un día inolvidable y ya ves, no lo logré – cuenta ella con pesadez.
Era ya de por sí un día inolvidable, sólo teniéndote a ti conmigo – confieso animado. ¿A qué hora lo viste? – quiero averiguar algo.
Entre los invitados… antes de la ceremonia – me contesta, adormilada.
Que voy hacer contigo mi amor, eres tan terca y esa boquita deberías usarla para darme un beso, no para decir palabrotas – la reprendo.
¡Terry, ya dices palabrotas, jajajaja! – intenta carcajearse, pero ni eso puede.
Te amo tonta, debes decirme lo que suceda con ese hombre, siempre, ¿me lo prometes? – le pido encarecidamente.
Y si no estás a la mano, ¿qué debo hacer? – me pregunta.
Ponerte a salvo esposa mía – la besé, zanjando el tema.
Candice se encontraba totalmente agotada, así que la llevé a la cama, la acosté y me recosté a su lado, quedándonos dormidos profundamente, cuando de pronto, la oí llorar
¡No, no, déjame, déjame! – oí un chillido, Candice pataleando y dando de golpes por doquier.
¡Candice, Candice despierta! – abrió un ojo o eso creí ver.
Su llanto rompió mi corazón, definitivamente mi esposa era valiente. Pero estos acontecimientos afectaban su frágil condición sentimental
Toc Toc
Pase – doy el acceso a Nikopolidis, saliendo de la habitación.
¿Qué pasa? – me pregunta
Ha tenido una pesadilla – le contestó saliendo de la habitación.
¿Está mejor? – me preguntó Nikopolidis.
No, sigue llorando, hay que dejarla que se desahogue – refiero, ni sé a veces como ayudarla.
¡Tan así...! - exclamó preocupado.
A mí también me preocupa, espera – pido antes de alzar el teléfono. ¡Hola! – saludo a quien quiera que me esté hablando.
¡Terry! ¿Dónde están? ¿Están bien? – me cuestiona Benedetti.
Sí, volamos a nuestra luna de miel, ¿qué ha pasado por allá? – pregunté ansioso.
Cosomo tiene a Niel, si preguntas por esa persona. Le dispararon… - me informa lo que ya sé.
¡Ya lo sé! – reitero.
Espera, ¿es Candice? ¿Qué le pasa? – me pregunta cuando la oye llorar desgarradoramente.
Tuvo una pesadilla – le informo como si no fuera nada.
¿Ya salió? – me pregunta histérico.
¿Cómo que si ya salió? – pregunto algo que no sé a qué se refiere.
Sí, que si ya salió de la pesadilla – Benedetti quiere saber.
No lo sé, medio abrió los ojos y comenzó a sollozar – informé sin entender el por qué gritaba.
¿Dónde estás tú, Terry? – me cuestiona, desesperado.
En los asientos… - sin terminar de decir que, descansando, le escucho decirme.
¡Regresa con ella! ¡Puede sofocarse! ¡Nunca...escúchame bien, nunca debes dejarla sola! ¡Seguramente no ha salido de la pesadilla! – me grita cuando me siento obligado a ir con ella.
Voy, Fred – lo llamó haciendo que los tres entremos a la habitación.
Señor, ¿qué hago? ¡Se está poniendo azul! - me informa Fred cuando le ve los labios y el griego enciende la luz.
No ha salido Terry, aprisa ponle mascarilla – me dice Benedetti
¿Cómo la despierto? - sí claro lo haré lo más rápido posible, de debajo de la cama saqué una maleta y de ahí una gran caja de suministros médicos, armé el respirador y coloqué la mascarilla sobre su boca.
Háblale, háblale que oiga tu voz – me indica Benedetti, más bien me urge.
¡Candice despierta, despierta! – le pedí zarandeándola.
Vamos Candice, vuelve – le pidió Fred como si nada le pasara y aun así, no despertaba.
¡No despierta! – le grito al teléfono.
¡Cielos, Terry! ¿Cómo se te ocurre no avisarme cuando te fuiste? – me cuestiona enfadado. Él enfadado y yo histérico, no hacíamos uno.
¿Qué hago? ¡Benedetti! – lo llamó, la verdad dejé de oírlo.
¿Qué pasa? – preguntó Christos.
Es Candice, tuvo una pesadilla y no sale... – explicamos a gritos, el griego, Fred y yo.
Aprisa, su corazón late muy aprisa, abrázala... – me sugirió y lo hice, lo hice sin esperar a que me lo repitiera.
¡Cof cof cof! – comenzó a toser.
¡Ya reaccionó! ¿Cómo sabías? – le pregunté a Christos.
No preguntes, pronto llegaremos a casa, nosotros les avisamos – refiere Christos, jalando a Nikopolidis y llevándoselo de allí.
Gracias – agradecí infinitamente. ¡Dios, que susto! – exclamé atontado y a punto de llorar.
Permiso – Fred al verme al rostro, entendió y se retiró. Yo me derrumbé instantáneamente, llorando como un bebé en su pecho de mi atontada esposa.
Una hora después llegábamos a la mansión de Nikopolidis y estábamos por entrar a su casa, esperaba cargar a mi esposa, pero Fred no me lo permitió y terminó cargándola él. La recostó sobre nuestra suite nupcial y ella y yo nos quedamos a oscuras, seguía siendo de noche cuando de pronto sentí una mano acariciando mi cabello.
Terry – me llamó y acaricio el cabello.
¡Mi amor, Dios casi te pierdo! – la abracé, así como estaba, recostada.
¡Lo maté, dime que lo maté! – me agarró de los hombros preguntándome por ese imbécil.
No, pero está herido y Cosomo lo tiene – le informé a lo cual él sonrió.
¡Dios santo! ¿Por qué no lo maté? ¿Por qué no me libré de él? – comenzó a gritar.
Ssshhh tranquila - la atraje hacia mí y comencé a pasar la mano en su espalda para tranquilizarla.
¡No...lo maté...! ¡Terry no lo ma...! – ya no dijo más ya que se durmió.
¿Como esta? – me preguntó Fred, ya que escuchó los gritos.
Se quedó dormida – le dije, sin verlo realmente. Después de unos segundos se fue.
¡Vaya noche de bodas! – me dijo Nikopolidis.
Hace unos meses me dio mi noche de bodas, así que no me quejo... ¿Ella lo planeó? – le pregunté por lo de Niel.
En parte… - admitió, seguramente para ella era fácil hacerlo. ¿Cuántas veces lo había hecho?
Esta noche no será una de sus anécdotas favoritas, hablé con Benedetti – me informó, atento a mi reacción.
Y llega mañana me imagino – terminé por decirlo, sí, fue insensato salir sin Benedetti, pero Niel se había presentado antes de lo previsto y ya no hubo tiempo para avisarle.
A primera hora, alguien debe hacer su trabajo y nadie mejor que él – refiere el griego medio tranquilo.
Eso dice siempre – y era verdad, siempre lo decía.
¿Qué piensas Terry? – me pregunta cuando me ve un poco intranquilo.
Quería matarla por exponerse así, pero logramos algo – refiero y sí que quería matarla, pero dormida estará mejor.
¿Qué cosa? – me pregunta el griego.
Que Cosomo lo tenga en su poder, eso, al menos me dará el gusto de golpearlo hasta que sienta el dolor que estoy sintiendo – argumento y no me importa la sonrisa sardónica que tiene en este momento.
A dormir pues, más tarde será otro día – él comprende y me anima a ir a dormir.
Al otro día…
Terry y ¿Candice? – me preguntó cuando colocaba la ropa sucia en un cesto.
En el sanitario, no se ha sentido bien por la mañana – refiero, a sabiendas que los mareos y el estomago no la dejaban sola ni un momento.
Perdone, podría traernos té y galletas... Espero que me entienda – suelto al ver a una mucama acercarse.
Lo entiendo señor, en un momento se lo traigo – informa la mucama.
Gracias. ¿Qué pasa Terry? – me pregunta, pero el griego sonriendo indica con la mirada a la mucama que obedezca y ella se retira.
¡Estoy harto! – alzó la voz, sin recordarme que mi esposa es ahora amiga del sanitario.
¿De qué cosa en específico? – pregunta nuevamente.
De ayer, de hoy, de su estadía, de todo... y de mí, de sentirme así. ¡Inútil, no hice nada! – me maldije inmediatamente por ello.
No pudiste hacer nada porque no sabías nada, Fred ya me contó – oigo de una voz que conocía. Por supuesto que era Benedetti.
Ese es otro problema – refiero, la complicidad de todos con ella.
Fred lo hizo con buena intención, está preocupado hasta triste, diría yo – me dice, Fred triste, ¿por qué?
Mariposita, ¿cómo te sientes? – le dijo a mi esposa, adentro del sanitario.
Me siento perro… - soltó, acurrucándose en el pecho de su médico.
¿Cómo? – preguntó él, riéndose.
Como que a esta edad ya no debería tener náuseas, así me siento – refiriéndose a la edad, de nueva cuenta.
Bueno, los dejo – se despidió Nikopolidis.
Gracias – me limité a agradecérselo. ¿Mi niño te ha dado lata esta mañana? – pregunta Candice saliendo del baño.
Es mi castigo por estresarlo toda la noche… - y sí ella también se culpa por ser tan terca e insensata.
Bueno, al parecer alguien te está castigando… - digo, sin importarme que Benedetti presencie toda esta peleíta.
¡Y no solo él! ¡Tú también lo haces! – me deja caer la ironía.
¡Yo no te he dicho nada! – refutó, no le dije nada por aquella tontería.
Ese es el problema, me pone nerviosa que no me digas: ¡insensata! ¡Maldición Terry! Grítame si es necesario, pero, ¡suéltalo ya! – gritó ella, desesperada.
¡Esa boquita! Estaba preocupado, cuando no salías de la pesadilla – y sí, algo me estaba molestando.
¡Ese maldito hombre es mi pesadilla! ¡Lo odio, créeme! – se detuvo cuando pensó lo que le dije. Pero... espera, dijiste ¿pesadilla? ¿Cuándo tuve la pesadilla? – ahora sí que ponía atención a ello.
Ayer por la noche, ¿no lo recuerdas? – le dije, necesitaba saber qué era lo que recordabas.
No, de hecho... ¿Me tardé mucho tiempo sin respirar? – volvió a preguntarme.
Te estabas poniendo azul... – respondí, cuando una lagrima amenazaba por salir.
Ah, bueno... -dijo de momento. ¡Perdón...! – se levanta corriendo por su celular, ya que cuando dijo la maldición, Benedetti emprendió la retirada.
Candice, ¿segura que te sientes bien? – le cuestioné, se estaba portando rara.
Benedetti, ¿dónde estás? – le habló, de inmediato comenzaron a correr fuera de la casa.
Voy a tu cuarto, necesito hablar contigo, debo hacerte una ecografía – le dice y ella se regresa a nuestra habitación.
Yo estaba pensando en lo mismo...ya lo sabías entonces – le preguntó, ansiosa.
Por eso es que voy para allá – afirma el medico y en unos minutos se encontraba entrando con un equipo de ultra sonido portátil.
¿Qué sucede? – pregunto cuando lo veo entrar.
Benedetti no me contesta porque prepara a Candice o mas bien los dos actúan tan mecánicamente que me han dejado lejos de la situación, me fastidia y cuestiono.
¿Ya pronto terminas? – insisto.
Sí voy en un momento, Terry, Candice se quedó un tiempo sin respirar ayer y le voy hacer un chequeo de rutina – me dice colocándose un par de guantes.
Bien, voy a caminar por ahí – suelto, la verdad en estos momentos estoy harto de toda la situación.
Bueno – asiente y se voltea a ver el aparato.
Tiempo más tarde
No, parece que no hay nada. Te veo muy tranquila – comienza Benedetti a platicar con ella.
¿Verdad? – cuestiona ella.
Espero que me estés diciendo la verdad – dice Benedetti.
Si, esa es la verdad. Voy a buscar a Terry – le contesta no importándole la mirada que le echa.
Me encontraba caminando por ahí cuando comencé a sentir sueño y me recosté en un camastro. Las pocas horas de sueño, me estaban pasando la factura. Pasaron unos minutos creo yo, que sentí como horas… así he de haber sentido el cansancio que ni cuenta me di cuando me quede dormido.
¡Noooo!
Continuará…
