Capítulo LIII

¡Noooo, eso es trampa! ¡Maldita máquina! Ustedes no la están manejándolo, ¿verdad? – le gritó al X-box que tenía delante para después mirar a todos por si alguien la estaba haciendo perder.

¿Qué? ¿Qué sucede? – llegué justo cuando miraba a todos con ojos de odio. Estaba peleándose con todos porque perdía en su juego y por eso gritaba. ¡Qué susto me diste! – le dije, pero por su enojo ni caso me hizo.

Jajaja ¿cómo va a ser trampa Candy? No puedes contra la computadora más bien – refiere Leandro, muriendo de risa. Nadie lo está manejando, ¡sólo tú! – todos extendieron las manos en son de que era ella quién estaba jugando, no los demás y no alguien por ella.

¡Te odio juego del demonio! – le grita, es claro que eso a Candice no se le daba mucho, he de confesar que a mí tampoco se me daba mucho y por supuesto que no me llamaba la atención.

Jajaja no te enfades Candy, el juego es tuyo… puedes jugarlo por mucho tiempo – respondió Leandro.

¡Increíble que no pueda ganar en estos juegos! ¡Definitivamente Luigi no es para mí! ¡Maldito juego, hijo de su Pink Floyd! – expresó cuando volvía a perder y no pasaba del nivel cuatro.

Jajajaja – todos nos comenzamos a reír enojándola aún más.

¡Esa boquita…! - le reclamé, eso era algo que nunca le había podido quitar.

¡Déjala Terry! Es bueno que se enfade de vez en cuando – suelta Benedetti.

¿Cuántas horas lleva pegada al jueguito? – le pregunté, parecía una maniática.

Mmm como tres horas… - me dijo Benedetti.

¿Otras de tus grandes ideas Leandro? ¿Cómo estás? – le pregunto sin ánimos de ofenderlo por los moretones y cortadas en su rostro.

¡Golpeado, pero Candy ya me curó! – intenta sonreírme, aunque creo que ya ni puede.

¡Ah sí! Conque Candice te curó… - suelto mirando a mi esposa, que ni caso me hace.

Deja los celos Terry, espero que nunca descubras lo que significa curaciones de Candice – me advierte Benedetti.

Ella es amorosa… - recordaba en ese momento que mi esposa era muy linda conmigo.

Contigo… pero es como Jack el Destripador para los demás – explica Benedetti muy sonriente.

Deja de viborearme tú, no se supone que eres mi amigo, pero ¿no te dolió, verdad Niko? – le aventó un cojín a Benedetti y le dio un beso a Leandro, eso sí tomándole un brazo.

¡Soy un hombre fuerte! – dijo Nikopolidis sacando a relucir sus bíceps.

Eres un hombre fuerte y guapo además… - confiesa Candice, eso no me pone muy contento.

Candice… - la llamo en advertencia.

Sí, sí ya hombre celoso, pero que te pongas Chukie no hará que Niko deje de ser un hombre fuerte, guapo y sexy – y todavía le agrega muchas más cosas.

Deja de molestarme Candice – le advierto.

¡Y rico! – Leandro le agrega algo más.

¡Sí muy rico, yeeeeiii gané! – ella se levantó y bailó cuando por fin pasó el nivel.

¡Hasta que por fin! – exclamó George que también estaba al pendiente.

Ya era hora, Candy no has pasado de ese nivel desde hace una hora – refuta Leandro evitando reír.

Jajaja – pero a los demás no nos queda más que reírnos ya que era muy gracioso.

Tú, deberías de darme consejos en vez de decirme que no se me dan los videojuegos – pero Candice le reclama.

No se te dan los videojuegos, de hecho – refiere Leandro.

¡No me caen bien, montoneros! – se queja y se sienta a seguir con su juego.

¿Candice puedes venir un momento, por favor? – la llamo atentamente.

Mmm tu juega y pasa muchos por mí, regreso – le dice a Leandro, dándole el control y dirigiéndose hacia mí.

Bien – lo acepta y muy fácilmente pasa niveles.

¿Qué pasa? - me dice ella cuando se acerca hasta mí y la aparto de todos.

¿Quieres ponerme celoso? No se supone que tu esposo soy yo – le reclamo, me siento incómodo cuando ella hace eso con Leandro.

¡Ajá! – parece no hacerme caso.

¡Tú eres mía, no de él! – le digo indignado.

¡Ajá! – parece que le importa más el juego que yo.

¿Me estás haciendo caso? – evidentemente no lo estaba haciendo.

¡Ajá! ¿Ya me puedo ir? – me pregunta.

¿Tienes prisa? Por cierto, deja de decir palabrotas – le agarro la barbilla para que me vea.

Ya deberías estar acostumbrado, a veces hablo así – me dice ella.

Mejor utiliza esa boquita para otras cosas… - le digo sonriendo.

Terrence, deja de hacerme proposiciones indecorosas en público – me llama la atención.

Mal pensada, "en quién pan piensa es que hambre tiene…" Con otras cosas me refería a darme un beso… - le digo haciéndola enojar con lo que me gano un pellizco en el estómago.

Ahhh, ok sí. ¿Ya me puedo ir? – me preguntó rápidamente.

Anda ve – admito que su atención ya no estaba en mí.

Jajaja ay Terry, ya deberías de saber que ella no te estaba haciendo caso – refiere Benedetti.

Minutos más tarde vi como Paolo sin ropa corría detrás de unos ciertos perros y por lo tanto, Candice iría detrás de él, como sucedió en ese momento.

¡Yo voy! – gritó ella sacándose la ropa y quedándose con un traje de baño de dos piezas, sí, a mi esposa ya se le notaba el embarazo.

¿A dónde van? – cuestioné.

¡No sé! ¿A dónde van esos dos? – cuestionó Benedetti.

¡A nadar! – dijo Leandro mientras los imitaba.

¡Hola Paolo! – lo saludó Candice.

¡Hola, señora Grandchester! ¿Cómo está? – saludó Paolo a mi esposa.

¿Qué? ¿Ese chico no tiene ropa? – pregunté a George y Benedetti.

Sí tiene, pero van a nadar, ¿lo quieres de traje? – cuestionó espinosamente Benedetti.

¿Estás seguro Benedetti que puede hacer eso? – le pregunté un tanto preocupado.

Por el momento sí, ya después no sé, sería cosa de evaluarlo… - refiere él, de alguna forma es que sé que los demás la cuidan y mucho.

George… - lo invito a cuidarla con mucha emoción.

¡Ya voy Terry…! – responde sacándose la playera para nadar.

Y media hora después…

¿Qué sucede, Terry? ¿Qué buscas? – preguntó Leandro después de darle mil vueltas a los muebles de la cocina.

Leandro ¿tienes algo de picante? Se me han antojado los mangos con chile… - le digo, esto de los antojos era poco tolerable.

Sí claro, arriba de la estufa hay un mueble, donde dice para Candy, ahí están todas esas cosas que compré para ella… - me explica sonriendo.

Bien, gracias. ¿Todo eso compraste? – me sorprendo, salsas de todo tipo, dulces, chocolates y no sé cuántas cosas más.

Sí claro, todo viene de México – Leandro al parecer compró todo eso por internet.

¡Wow! – sí que estaba sorprendido.

Espera Terry, ¿alguna vez has comido eso? – preguntó Benedetti cuando le estaba echando mucha cantidad de las salsas que encontré al mango cortado que tenía en un tazón.

No… - le respondo colocando unas gotas de cada uno.

Entonces será mejor que lo pruebes… – me sugirió.

Bien… - le digo, pero lo pruebo y lo pruebo y nada que pica. ¡Mmm no pica! – resuelvo.

Esa es chamoy, esa no pica. La de la izquierda es picosa – refiere cuando su vista se dirige a una que se llama "La Valentina".

¡Mmmh si pica! ¿Cómo le gusta esto? – me quejé cuando tomé agua como desesperado.

Pónsela a la fruta y deja de quejarte – me dice. Por supuesto que no sabía lo que hacía.

¡Mmmh qué rico! -dije cuando probé un poco de eso.

¡Tus antojos, Terry! – sonrió Benedetti cuando me vio comerme la fruta rápidamente.

Y ya en la noche, Candice y yo estábamos abrazados y descansando.

Candice… - la llamo.

¡Mmmh! – me medio responde.

¿No estás dormida? – cuestioné, ella fácilmente se quedaba dormida.

No, solo cerré los ojos esperando a que me dieras mi sesión de besitos – refiere ella, sonriendo ligeramente.

¿Quieres sesión de besitos consentidores marca ACME? – sólo ella me obligaba a sacar mis dotes cursis.

Sí – confesó abiertamente y quebrándose su voz.

¿Qué tienes? – le pregunto cuando me bajo a la altura de su rostro.

¡Estoy triste…! – me confiesa.

A ver, ven aquí, mi amor ¿por qué estás triste? – le preguntó abrazándola.

¡No sé, solo estoy triste! – y cómo odio verla llorar.

¡No llores amor, ven, cuéntame! – le digo lo más tranquilamente que puedo.

No tengo nada… - me dice.

¿No tienes nada? – cuestiono, mi esposa siempre queriendo no preocuparme y me dedico a besarla con más ahínco.

Nop – bajando la mirada e intenta no llorar más, pero después de un suspiro sé que no lo quiere hacer más audible. ¿Qué ricos besitos, Terry hazme el amor, por favor? – me suplicó, de alguna forma sabía que ella no lo suplicaría si no lo necesitara, pero, aunque no lo suplicara, le haría el amor para apaciguar su tristeza.

Bien – sí, le hice el amor repetidamente esa noche hasta que se durmió, pero por alguna razón yo no podía dormir, así que salí por el ventanal de nuestra habitación y caminé hacia la playa.

Terry, te pensé durmiendo… - de pronto se apareció Benedetti, dándome un susto de muerte.

No puedo dormir, Candice está triste… - le informé cuando me senté en la arena viendo como el mar se alzaba en fuertes olas.

Terry no te preocupes, cuando una persona como ella se pone triste sólo haz lo que te pide, son sus cambios de humor por el embarazo. ¿Le hiciste el amor? – me preguntó con toda desfachatez, obviamente que no le iba a decir nada.

¡Mmm, qué te importa…! – le lancé una conchita que encontré cerca de donde me encontraba sentado.

¿Eso fue un sí? – cuestionó atento.

Claro que fue un sí, si tu esposa está triste y te pide que le hagas el amor, tú no lo harías para que se sintiera mejor – confesé, de cualquier modo para Benedetti no era un secreto que manteníamos relaciones sexuales frecuentes, así que para qué mentir.

¡Definitivamente sí! – respondió Benedetti admirado por mi pensar.

¡Pues ahí tienes…! - quise que quitara la vista de mí, así que mejor le di lo que quería.

¿Cómo te la has pasado, Terry? – Benedetti sabia lo que estaba haciendo así que decidió cambiar el tema.

Muy bien, al menos tranquilo, mi esposa ha tenido mucho ejercicio, está feliz… a excepción de hoy, pero por lo demás normal… - admití, Leandro era tan consentidor con ella, que me daba mucho gusto el haberlo conocido.

¿Tienes que regresar a Roma? – me preguntó apesumbrado.

Sí, pero creo que lo haremos antes de que Candice no pueda viajar – le informo.

¿Algo te preocupa? – Mickael pensaba que el tono de mi voz era extraño.

Sí – lo admití.

¿Qué cosa? – cuestionó atento.

¡Niel escapó de ir a la cárcel! – le solté sin la mayor precaución.

¿Terry, es eso cierto? – increpó Francesco.

Sí, Cosomo no tuvo la culpa… - aclaré, el hombre no sabía ni por donde había llegado la información y el asalto de Nathaniel.

¿Entonces? – pero Benedetti estaba intranquilo.

Nathaniel ayudó a Niel a escapar – le dije con cautela.

¿Elisa? – de pronto cuestionó el nombre de una persona que pensaríamos que no era capaz de matar una mosca, pero en definitiva sí que lo había logrado.

Sí, también, creo que se vengó de mi familia por lo de Biagio – resuelto a decirle a mi mejor amigo que mi esposa sufría por la cabeza hueca de mi ex cuñada, era poco decir. Nunca nos imaginamos qué tan difícil era hacer eso para ella.

¡El divorcio…! - Francesco dijo sin poder creérselo aún.

Sí – lo admití. Bien es hora de dormirnos, vamos, buenas noches y que descanses – me despedí y cuando entré a la habitación Candice se encontraba recargada en la pared y sentada, lo que se me hizo extraño.

Tú también Terry, buenas noches – de igual manera se despidió.

¿Qué pasa Candice? ¿Te sientes mal…? – le pregunté pensando que por eso estaba a medio levantar.

¿Por qué te fuiste? – me preguntó adormilada.

Fui a tomar aire puro, no podía dormir. ¿Tuviste una pesadilla? Duerme mi amor, debes descansar – y poco a poco se durmió y decidí que tenía que hacer lo mismo que ella.

Al otro día, Candice y yo nos encontrábamos comiendo fruta con chile y limón, ella estaba contándome no se que cosa, pero el que Niel haya escapado me tenía en otro planeta.

¡Terry, Terry, hazme caso! – me gritó para sacarme de mis pensamientos.

Perdón, ¿me decías? – le pregunté.

No me estás haciendo caso, mejor me voy con Niko, él al menos me presta atención… - comentó enfurruñada.

Espera, sí, no te escuché, estaba pensando en algunas cosas – confieso, de loco le digo que me preocupaba Niel.

¿En qué estabas pensando? – me preguntó, tan así me habré visto.

¡En tí… mi amor, en que más! En todo lo que ha pasado desde que te conocí… confesé atrayéndola hasta donde me encontraba.

¿Arrepentido? – me preguntó.

No, sólo que, si no te hubiera conocido no me hubiera casado nunca, te estuve esperando por mucho tiempo. Aunque tengas esa boquita que siempre dice palabrotas y que seas así como eres… - ella me sonrió ante la mención de palabrotas.

Y ¿cómo soy? – quiso saber.

La mujer más linda y sexy que me va a dar un hijo, eres mi Candice – le dije besándola.

¿Y solo por que te daré un hijo es que me quieres? – cuestionó ella un poco triste.

¡Te amo por ser tú, mi vida! – declaré, últimamente el estado de humor de mi esposa era muy frágil, así que debía de hacerle entender que la amaba por ella y ya después por obsequiarme a André.

¡Te amo Terry! – me dijo jalándome hacia la cama con ella.

¡Te amo preciosa! – le dije entre besos.

Me haces cosquillas… - se quejó cuando comencé a morderle las mejillas.

¡Me encanta tenerte sólo para mí! ¿Sabes? – le comenté.

Me encanta que me prestes atención, me haces sentirme amada – y ella seguía confesándose.

Te amo mucho linda y también lo amo a él – le di un beso en la boca y luego en el vientre.

Yo los amo a todos… a ti, a André y a Ni – y ella seguía en su fase amorosa.

Gracias mi amor – y así terminamos amándonos una vez más.

Terry – me llamó.

Dime – le contesté mirando como se sonrojaba.

Hazme el amor – me pidió.

¡A tus órdenes preciosa! – y después le obedecí sin ánimos de contradecirla.

Continuará…