Capítulo LIV
Después de una noche entretenida entre Candice y Terry, al día siguiente como a medio día…
¡Hola! ¿Dónde están todos? – pregunto al no oír el barullo que el anuncio de la comida en la mansión de Leandro siempre tiene.
¡Hola...! Salieron… - me contesta Benedetti entre bocados de un sándwich que en esos momentos estaba comiendo.
¿A dónde? – pregunto de nueva cuenta, siento que evade el tema.
¡Mmmh…! – me dice, pero juro que no le estoy entendiendo.
He preguntado a dónde – vuelvo a insistir.
Cualquier cosa que te diga no te va a gustar, pero fue decisión de Candice – refiere viéndome de reojo.
¿Qué quieres decir? – cuestiono, pero presiento que lo que viene no me va a gustar mucho.
Leandro, George y Candice se fueron a Grecia… - soltó antes de comerse otro bocado.
¡A Grecia! ¿Por qué? ¿Para qué? – pregunto, pero estoy seguro de que le grité.
Porque... bueno no sé exactamente ¿por qué? – me dice intentando no reírse mientras me encargo de realizar una llamada al griego sinvergüenza.
Bueno – le llamo. ¡Regresa con mi esposa en este momento! – le advierto, era obvio que no estaba bromeando.
No podemos Terry… - me dice cortante y jadeando.
¿Por qué no? – quería saber lo que él quería decirme.
Porque Candice no ha dormido en 24 horas, esta estresada, gritando y muy pero muy enojada… - al parecer se detiene, sin ponerme mucha atención.
¿Qué sucedió? – sí, quería entender o al menos tratar de hacerlo.
Es largo de contar... – refiere él cuando dejé de oírlo.
Señor ahí viene el joven Anthony – escucho la voz de George.
Te tengo que dejar Terry, Candice necesitará un referee para que no ataque a nadie – me dice y luego oigo que comienza a pedir permiso entre una multitud.
George – lo llamé por el teléfono.
¡Hola señor...! – me dice George confundido.
¿Qué te crees, George? – le reclamo.
Diga que pude alcanzarlos... si no se hubieran ido sin mí – me dice en tono juguetón.
¿Por qué no ha dormido? – le preguntó desesperado.
Malestares del embarazo durante el vuelo - refiere George demasiado informativo.
¿Por qué está enojada? ¿Por qué está Anthony allí? ¿Por qué está estresada? – insisto, paciencia es lo que menos tengo.
Está enojada porque Cromo Resplandor ha sido encontrada y está por venderse. Esta estresada porque según sus contratos ninguna mariposa se puede vender o subastar; Anthony está mediando la negociación, pero no dejará que Cromo Resplandor se venda y está gritando porque el que compró la pieza exige que se la dé, pero ya no se puede – explica enumerando las respuestas.
¿Por qué? – cuestiono más tranquilo.
Esta en Roma… - me dice como no quedándole de otra.
¿La trasladó? – le pregunté casi riéndome, si eso es característico de ella.
Sí – suelta George riéndose.
No entiendo, ¿quién es Cromo Resplandor? – pregunto.
Debes estar bromeando, ¿apareció Cromo Resplandor, George? – me quita el teléfono y le cuestiona a George.
Sí, en Grecia, en una subasta… - informa George.
¿Cuánto alcanzó? – pregunta Benedetti curioso.
Seis millones de euros – informa mi mano derecha.
¿Qué cosa? – pero Benedetti estaba que no podía creerlo.
Espere, parece que ha sucedido algo – le dice a Benedetti alejando un poco el teléfono.
¡No vayas a colgarme! – le prohíbo que lo haga.
¡No señor! – inevitablemente se oía el ruido de George corriendo.
Ya le dije que, aunque quisiera devolvérsela, que eso ni en sus sueños sucederá, no puedo devolverla, ni está aquí ni en el país – se oye la voz alta de Candice y es que mi esposa cuenta con una de las voces más escandalosas del planeta, decir que no eran gritos era poco.
¡Pero ya la pagué! – responde alguien en inglés.
Se la pagó a un ladrón, reclámele a él – aclara ella, ya que no estaba dispuesta a conceder lo que le solicitaban.
¿Cree que usted puede ganarme? – le dice irónicamente, pero estaba claro que aquel hombre no conocía a mi esposa.
Y usted, ¿cree que no puedo? Anthony puedes mostrarle copia del contrato de compra venta. La señora Cristell exige que se le devuelva – le contesta, cielos si fuera hombre ya le estuvieran dando de golpes y ese rubiecito, ¡no iba a hacer nada!
¡Esto deberá de resolverlo la policía! – la amenazó.
Pues no creo que puedan...pero usted es libre de hacer lo que se le venga en gana – le responde ella en un idioma raro, entre español e inglés.
¡Candice cállate! – le pide Anthony.
¡Nada de cállate, quien se cree que es...! – comienza ella a protestar y seguramente a hacer berrinche, como que la conozco.
Pero de pronto, se oyeron gritos de sorpresa y un ruido sordo.
¡Candice! ¡Candice, despierta! ¡Un médico, un médico! – de pronto una mujer comenzó a pedir ayuda.
Señor debo dejarlo, la señora se desmayó… - me dice y termina cortando la comunicación.
¡Ni te atrevas! – pero ya no obtuve respuesta.
Minutos después George me habló y logré escuchar algo…
¡Mi amor despierta! - oí de pronto, parecía ser la voz de Anthony.
Permiso – pidió George.
George, ¿quién dijo eso? – pregunté, si ya sabía que era el rubiecito, pero soy un poco masoquista, supongo.
Ya sabe usted quién… – suelta George.
¡Por qué no estoy allí! – solté el teléfono, bueno lo admito, lo aventé y Benedetti lo tomó muy cerca de la puerta de la cocina.
Le mando la ubicación señor, voy con la señora al hospital – me grita cerrando el celular.
¡Gracias, hey tú, vamos! ¡Candice se desmayó! – le digo a Benedetti mientras corro a mi habitación a empacar.
Horas después…
¿Dónde está? – le pregunto a Leandro cuando lo veo en el pasillo dando de vueltas.
En su habitación, está mejor – refiere él. ¡No la vayas a despertar! – me pide.
Sí claro – eso fue lo único que quise contestar.
Tiene un gran problema… - suspira Leandro cuando ve a Benedetti.
¡Es celoso! ¿Qué esperabas? – refiere el galeno haciendo reír a los presentes.
¡No él! ¡Ella! – pero Leandro en sí se refería a que Candice iba a tener muchos problemas.
¡Cielos! - fue ahí que comprendieron a qué se refería.
Pasaron las horas y un hombre se acercaba a buscar a una persona determinada.
¿Quién es usted? – preguntó George al ver que el hombre se asomaba a la habitación de Candice.
Mi nombre es Zhen Chiu, soy la persona que compró Cromo Resplandor en la subasta, ella la robó y tiene que devolverla – esto hizo que los demás lo rodeáramos.
Ella no la va a devolver, si no quiere devolverla – soltó Benedetti, que sabía más del robo de Cromo Resplandor.
¡Usted qué sabe! ¡Es una ladrona! – alza la voz, deja que lo oiga Candice y su voz será la de un simple ratoncito.
George... ¿puedes darle la carpeta que te di? – pide Anthony.
Claro, tome usted – George estiró la mano con el contrato en la cláusula específica.
Sí, ve usted el contrato, el artículo 7, cláusula 13 es que, si alguien vende la mariposa, le será repuesto el costo total con transporte al diseñador o sea a ella o en automático la empresa Lirium recogerá la mariposa y la enviará a su lugar de origen – comenta Anthony.
¡Eso... debiera ella de verlo con el vendedor! – reclama el señor Zhen.
Adjunto también, el archivo de la persona que se robó la mariposa y la está vendiendo, así que ella tiene razón, no tiene el dinero y tampoco la mariposa – resuelve Leandro enojado.
Pero... – el señor Zhen intentó decir algo, pero Benedetti lo sacó de allí rápidamente.
Lo siento señor Zhen, no podemos complacerlo, por cierto, si me disculpa, tengo que ver a la señora Candice... - le dice Benedetti sin tomarlo en cuenta y entra a la habitación.
¡Esta sedada, otra vez! – le reclamo.
¡Y el bebé, también! – me aclara.
¿Qué te dijo el médico? – cuestionó, creo que tengo el rostro de completa frustración.
¡Bien por el momento, la señora debe descansar y alimentarse oportunamente, debe recordárselo! – refiere su médico que entró sin tocar.
¡Terry, llegaste! – me dijo Anthony, que al entrar se sorprendió.
Y no gracias a ti, ¿cómo se enteró? – le pregunté a Leandro que venía detrás de él.
Vio un recordatorio en mi computadora y la reconoció, Cristell está enterándose de todo recientemente. El señor Zhen no va a quitar el dedo del renglón eh, quiere la mariposa... – informó Leandro con preocupación.
Lo bueno es que no conoce la bóveda, ni la casa de Candice o de Cristell – suelta Anthony haciendo que lo amenace con la mirada.
¡Genial, no le des ideas...! – le reclamo. Por cierto, aún no entiendo ¿qué sucede con esa mariposa? – pregunto a todos y todos se ven entre ellos.
¿Benedetti no te lo dijo...? – cuestionó Anthony sonriendo.
Nadie te lo va a contar Terry, eso te lo debe contar ella – refiere Leandro.
Joven Anthony – George entra sin llamar a la puerta. Tenemos problemas y graves... – refiere mi hombre de confianza.
¿Con qué cosa? – el rubio se acerca rápidamente cuando ve un sobre entre las manos de George. ¡Vaya! Nos demandaron y para esto tengo que citar a mi padre aquí – nos dice sin levantar los ojos de la hoja extendida.
¡Pues cítalo! – referimos todos.
¡Y Niel! - cierto, se nos había olvidado ese hombre, que, aunque estaba encarcelado en Italia podría tener a alguien espiándonos.
Cierto, si se entera tendremos problemas, él no podrá hacer nada, pero puede contactar a gente que lo haga – declaró George, molesto por esa situación de la cual no podíamos salir.
Sí, cita a William y antes de eso a tus abogados – refiero, bueno más bien sonó como a orden.
¡Cielos! – Leandro no pudo evitar decirlo.
¿Qué es lo que quieren? – le pregunto al rubiecito.
La mariposa, por supuesto – suelta Cristell que asomaba la cabeza en esos momentos.
¡No... no te la lleves...no! – de pronto, Candice comienza a soñar y grita histérica, nos habíamos olvidado de en donde estábamos.
¡Candice, despierta, despierta...! – y cuando lo hace, Benedetti pide un calmante. ¡Un calmante, enfermera, por favor! – solicita él.
¡No Terry, no dejes que se la lleven por favor, no lo permitas! – pero la enfermera no conoce a Candy y cuando ella intenta inyectarla para administrarle el calmante, comienza a bajar de la cama, por lo que me acerco para controlarla.
¡Cálmate, por favor! – la tomo de las manos y la levanto para colocarla en la cama mientras la enfermera se acerca para inyectarla.
¡Cromo, no se la lleven...! Albert… - y su voz se va apagando, quedándose profundamente dormida.
¿Qué haces tú aquí? – pregunta Benedetti enojado.
Tratando de que no se lleven a Cromo Resplandor, ¿qué más puede hacer el ex esposo? – nos dice él viendo con amor a mi esposa. Había que admitirlo, él todavía la amaba… aunque fuese mía… Este bueno, yo era suyo de hecho, pero no lo iba a admitir delante de ellos.
Pues ¿por qué es tan importante? – mal atino a preguntar.
Representa la violación… - dice Albert de pronto.
¡No puede ser cierto! – y cómo ella quiere conservar esa cosa.
Toc, toc
¿La señora Candice Andley está en esta habitación? – se oye una voz haciéndonos voltear hacia la puerta.
¿Qué se le ofrece? – pregunta Leandro mientras me empuja hacia la cama, dándole la espalda a la puerta, donde George hace lo mismo.
Vengo a dejar un citatorio para la señora Andley – informa el hombre por lo que intuimos que es un abogado.
Me permite – Anthony se adelanta y extiende la mano para recoger el sobre que le ofrecen.
Están notificados… - menciona el abogado y sale.
Creo que, si debemos traer a William, ¿alguien puede avisarle? – pregunta Benedetti al leer los papeles.
Mientras con los Zhen…
¿Qué pasa Chiu? Desde ayer estás pensativo… - cuestiona Zhen Gu desde el otro lado de la llamada virtual.
Viste la mariposa que te envié ayer a tu teléfono – menciona Chiu.
Sí, ¿qué sucede con ella? – vuelve a preguntarle.
Era de hecho tu regalo de cumpleaños, pero en la subasta resultó que el vendedor la robó y ahora no tengo el dinero ni la mariposa – resuelve contar Chiu a su padre.
¿Por qué? – pregunta el señor Zhen cuando observa a su hijo furioso.
Por esto, te envié a tu correo electrónico el contrato, lee el artículo 7, cláusula 13... – le pide Chiu a su padre.
Es decir, que la diseñadora la tiene. ¿En dónde? – pregunta su padre que no entiende de qué le habla Chiu.
No tengo ni idea... – refiere Chiu.
¿La investigaste? – pero su padre no entiende todo el contexto que su propio hijo ignora.
Sí, pero no hay nada que todos no sepan, tenemos que averiguar más – termina diciendo Chiu y es que la información de Candice esta muy bien guardada por la familia Andley.
Y ella, ¿dónde está? ¿Cuánto te costó? – cuestiona un tanto enfadado ya.
Esta en el hospital en Atenas y en estos momentos ya debe estar notificada.
Seis millones de euros – le informa a su padre.
Chiu, ¿intentaste obtener una cita primero? – refiere el señor Zhen.
Sí, su abogado se niega a una cita ya que en el contrato eso dice – le informa su hijo.
Haz una cita con William Andley por mí, veremos qué explicación nos dan – resuelve el señor Zhen enojado.
Buenas tardes, ¿el señor William Andley? – llama a los teléfonos que se encuentran en la pagina de La Farfalla, que es el nombre de la empresa de Candice.
Buenas tardes, ¿quién le busca? – pregunta la secretaria.
Mi nombre es Zhen Chiu. Quisiera solicitar una cita con el señor Andley – responde Chiu.
En un momento se lo comunico – refiere la secretaria y se oye la música de espera en el teléfono.
Gracias – Chiu se queda en espera y de pronto la voz de William aparece.
Buenos días está hablando con William Andley, ¿con quién tengo el gusto? – cuestiona William.
Mi nombre es Zhen Chiu, soy la persona que adquirió la mariposa de la subasta en Atenas, Grecia – dice Chiu sorprendiendo a William, para esa hora Anthony ya le había informado que tenia que presentarse en Atenas en los próximos días.
Ya veo, mire estaré en Atenas mañana por la noche, ¿quiere usted una cita para pasado mañana? – le pregunta William atento.
Por supuesto, dígame a qué hora y en qué lugar lo puedo ver – Chiu acepta y anota los datos que William le va a proporcionar.
¿Conoce usted Estia Boutique Apartaments? – cuestiona William.
Sí – acepta Chiu.
Estaremos en el piso 2, lo veo a las 10:00 de la mañana – refiere William.
Por supuesto, ahí lo veo – Chiu acepta y cuelga. Listo, papá, ya tenemos cita – le informa a su padre.
Dos días después, los Zhen llegaron donde se encontraba William junto con Anthony, Albert y Benedetti.
Buenos días señor Zhen – saluda William tomando la mano de Chiu.
Lo presento, él es mi padre Zhen Gu – Chiu atento hace las presentaciones.
Buenos días, tomen asiento... – ofrece William en un perfecto inglés.
Perdón, los demás ya llegaron señor Andley – William vio hacia donde se encontraba Madeleine.
Hazlos pasar Madelaine – solicita y la secretaria se despide sin antes dejar entrar a Anthony, Albert y Benedetti.
Sí señor enseguida, señores - ofrece Madeleine abriendo la puerta y cerrándola apenas hubieron entrado.
Chicos pasen – solicita William y uno a uno se sientan en la sala.
Les presento a Zhen Chiu y Zhen Gu – dice William y uno a uno se levantan para saludad a ambos señores Zhen.
Buenas tardes – saludan.
El es Anthony Andley, Francesco Benedetti y Albert Andley – pero William también hace lo mismo.
Micho gusto – dicen cada vez que aprietan las manos en son de saludo.
Siéntese chicos – William los invita.
Hemos venido a solicitar la entrega del artículo que se subastó – refiere Chiu apresurado.
Me temo decirle que no se puede entregar, Lirium, la empresa que se encarga de la recuperación de este producto desde hace 3 años, la ha enviado a resguardo por un año... así que no podemos dársela en el dado caso de que existiera la posibilidad de que se la diéramos – informa William determinante.
¿No hay posibilidad? – cuestiona el señor Zhen Gu.
No – contestan los cuatro hombres.
¿Qué es usted de la señora Andley? – pregunta el señor Gu a Albert.
Su ex esposo – contesta, por supuesto que el señor Gu ya había buscado información de la empresa de Candy.
Creo que debería de controlar más a su ex mujer, debería ser obediente ante tanto caballero con el que convive – suelta el señor Gu mordaz.
¿Controlar a Candice? ¡Ni en sueños, nadie puede hacerlo…! – responde Albert sonriendo y casi soltando una risita al ver el rostro disgustado de los Zhen.
¡Pues haga que ese sueño se haga realidad! – insiste.
¿Mi ex esposa, controlarse? ¡Imposible…! Creo que usted señor Zhen está acostumbrado a que las mujeres hagan lo que usted quiere, mi ex esposa no es de aquel tipo de mujeres – comenta Albert y observa que la negativa los hace enfadar más.
Puedo preguntar ¿por qué? – pero el señor Gu vuelve a insistir.
Sólo puedo devolverle su dinero y darle a la persona que se la vendió – William vuelve a tomar la palabra.
¿Qué quiere decir? – cuestiona Chiu.
¿George podrías traer a Jerome? – le pide William a George por el intercomunicador.
Sí señor, señor... – le habla cuando la puerta se abre y aparece un francés esposado.
Mire quién trajo el aire, ¿usted es Jerome Prusent, no? – pregunta Albert usando las mismas palabras que Candice utilizó cuando tuvo la des fortuna de conocerlo.
Si, pero no he hecho nada malo – rebate el hombre esposado.
¡Nada, solo vender algo que no es tuyo! – Albert se levanta y lo encara, empujándolo hacia Zhen Gu.
¡Silencio! La señora Andley está indispuesta en estos momentos, pero esta llave es de un banco que tiene los 6 millones de euros que pagó por el producto y este es el hombre al que debe reclamar el haber vendido un artículo robado – le dice William extendiéndole un sobre con la llave.
¿No hay posibilidad de que la señora Andley reconsidere? – cuestiona Chiu.
No, mi ex esposa no puede devolvérsela – advierte con cautela que pretenden insistir.
¿Puedo platicar con ella? – insiste el señor Zhen Gu.
En estos momentos no está bien de salud… - comienza a informar William sintiendo que ya es repetitivo.
¡Pero hace unos días la vi muy bien! – resuelve decir Chiu.
Ella...está en el hospital, el médico le ha recomendado descanso – refiere Albert observando a Benedetti.
Pero llegará en unas horas aquí... si quiere puede volver y que ella misma le explique ¿por qué no puede devolverla? – le dice Benedetti a los Zhen ganándose las miradas reprobatorias de todos.
¡Bien, la esperaremos! – pero los Zhen le tomaron la palabra.
Madelaine – a William no le quedo de otra que llamar a su secretaria.
Sí señor – ella abrió el intercomunicador.
¿Puedes venir? – preguntó William, cerrando el intercomunicador.
Sí – de un momento a otro apareció de inmediato abriendo la puerta.
Madeleine, puedes llevar a los señores al apartamento siguiente e instalarlos – solicita William. Si gustan algo, Madeleine puede atenderlos – le dice el William.
Unas horas más tarde…
¡No quiero estar en la habitación, quiero respirar pajaritos! – rebate Candice enojándose mientras la reprende Terry, todavía enojado.
¡Eso lo hubieras pensado antes! – la regaño de nueva cuenta.
¡Terry deja de molestarla! – me solicita Leandro que últimamente la consiente más.
Bien… - me limito a ya no discutir con ella.
¿Me puedes dejar aquí, por favor? – le pide a Leandro.
Está bien Mariposita, pero primero quiero que comas frutas, ¿se te antoja? – le ofrece a sabiendas que ella diría que sí.
Sí – Candice responde afirmativamente.
¡Lo sabía! Me esperas, ¿verdad? – cuestiona Leandro a Candice.
Siiii – responde Candice.
¿Cómo te sientes respirando pajaritos? - cuestiono.
¡Bien, ya Terry, ya me regañaste dos días! – dice ella al ver que su esposo quería reprenderla.
Y ¿por qué estamos hablando español eh mi amor? – le pregunto
Porque no quiero pensar en otro idioma – me dice con flojera.
¿Tienes sueño? – pregunto viendo que se le cierran los ojos.
¡No, sólo es pereza! – me confiesa descaradamente.
Mariposita, Madeleine te va a traer tu fruta – le dice Leandro.
Ahora, ¿me puedes explicar que sucede con esa mariposa? – pregunto que nadie me lo ha querido decir, solo que quiera conservarla por la violación, no me deja claro que tenga ánimos para conservarla.
Fue la primera que hice y Cristell la resguarda – me dice sin muchas ganas de querer recordarlo.
Sí, pero ¿por qué no accedes a venderla? – le pregunto porque aun no lo entiendo.
No puedo. Cromo Resplandor es el resultado de toda la ira y toda mi resistencia cuando sucedió lo de Niel – me dice y yo veo como su rostro pasa de pereza a ser nostálgico.
Y todas tus lágrimas… - añade Anthony que apareció en ese momento.
Y todo mi odio, a veces me preguntaba qué significaba el estarla haciendo, pero... nunca le encontré respuesta, creo que esas eran ganas de martirizarme – y la nostalgia de Candice paso a lagrimas que rodaban en sus mejillas.
¡Ven mariposita, come...necesitas recuperar fuerzas! – Leandro le da de comer, creo que aun no me ha bastado verla llorar, ella simplemente no puede olvidarlo y ahora creo que nunca lo hará.
Vamos Candice, no llores... no debí haber preguntado – le digo, como quisiera que ese suceso no hubiese sucedido nunca o al menos no a ella.
¿Por qué todavía me duele? ¿Alguna vez lo voy a poder olvidar? – me pregunta cuando sus manos tapan su rostro y llora amargamente.
¡Deja el pasado atrás...! ¡Suéltalo! – le digo, pero esas palabras no suenan a como yo quería que sonaran, lo cual hacen que ella llore más y no menos.
¿Qué le pasa a la Mariposita más llorona de este mundo? – cuestiona una voz cariñosa detrás de nosotros.
Suegro... William – Candice trata de enfocarlo.
Puedes seguir llamándome suegro, sobre todo si Rocco no está por aquí, ¿qué tienes? – pregunta William levantándome para darle un asiento cerca de mi esposa que esta inconsolable.
Estoy sensible supongo… - sonrío ante la mención del abuelo Rocco.
Debieras estar contenta, mucho muy contenta, ya recuperaste a Cromo... – la felicita y para ella el señor William siempre ha sido el padre que no tiene cerca.
Pensé que nunca la vería otra vez… - Candice admite.
Bien, vamos mariposita, come – dice él tomando el cuenco de fruta y el tenedor para darle un trozo de melón.
Una hora más tarde…
Madeleine – William llama a su secretaria.
Sí señor – contesta Madeleine cuando se encuentra ante Candice que yace dormida sobre el diván del jardín.
La señora Candice se quedó dormida en el balcón, no la despierte, necesita descansar... – le pide y se retira de allí, también me he quedado dormido.
Sí señor, los vigilo, ¿van ustedes a salir? – cuestiona Madeleine.
No, pero estaremos ocupados con el asunto de la subasta, George se quedará a cargo de su vigilancia, pero si algo se le ofrece… - William da indicaciones generales.
Sí señor, yo me encargo – Madeleine se adelanta y todos se retiran de allí cuando William me despierta para resolver el problema de la demanda.
Tiempo después...
George, tengo hambre – dice Candice cuando se despierta y estirándose se encuentra con la mirada de George.
Voy por su comida – el guardaespaldas se levanta, deja el periódico que tiene en las manos y se aleja.
¡Hola! – saluda un hombre a una somnolienta Candice.
¡Hola...! – saluda ella.
Mi nombre es Zhen Gu – el padre de Chiu se presenta ante la rubia mujer.
¡Hola, soy Candice Andley! – ella hace lo mismo e intenta desperezarse.
Si quiere puede venir a comer conmigo – el señor Gu intenta platicar con ella sin la presencia de nadie.
No puedo comer su comida, estoy a dieta, pero gracias – pero ella al no conocerlo se levanta para irse y disculparse cual chica desconfiada que es.
Mariposita... – le habla Francesco en italiano.
Francesco. George fue por mi comida – le dice en italiano a Francesco.
Vamos, tu esposo te quiere ver comer – me anima y aleja del señor Gu.
Bien... hasta luego – Candice se despide en inglés haciendo que el señor Gu se sorprenda por ese atrevimiento.
¡Hola suegro! – Candice lo saluda.
¡Hola! Después crees que pueda ver a los Zhen – pregunto, ahora nadie sabe cómo va a reaccionar.
Si no se enoja sí pueden platicar con ellos, pero bien sabes que no se le da ser amable todo el tiempo – confiesa su médico.
Yo la acompaño – me presto a la explicación.
No Terry tú te quedas aquí, al igual que Leandro y George, nadie debe saber sus apellidos por si tenemos que sacarla del país – refiere Anthony.
No estoy de acuerdo, pero tienen razón – admito que nosotros tres podríamos movernos más fácilmente por los aeropuertos que los Andley.
¿Qué tanto me miran? – cuestiona Candice que de pronto todos se le quedan mirando.
Nada – respondemos todos, pero creo que no nos cree mucho.
Francesco suéltalo, ¿a qué hora es la reunión con los Zhen que están aquí al lado? – cuestiona cuando nuestros rostros enrojecen de vergüenza.
¡Les dije, nos atrapó! – confiesa Benedetti sacándonos la sonrisa de inmediato.
Más tarde
Buenas tardes, tomen asiento – invita Benedetti a los Zhen.
Les presento a Candice Andley, a los demás ya nos conocen – refiere Benedetti que se limitó a presentar a Candice como Andley.
Buenas tardes... soy Zhen Chui y mi padre es Zhen Gu – ambos hombres le ofrecen la mano para saludarla y ella lo hace de mala gana.
¡Ajá! - Candice suelta.
¡Candice! – le advierte Albert.
Momentos antes...
Mira padre, encontré una colección en Italia de estas mariposas... – refiere Chiu enseñándole la compañía "La Farfalla".
Son hermosas... – el señor Gu queda asombrado ya que esas mariposas se parecen mucho a Cromo.
¿Crees que sean la colección de alguien? – cuestiona Chiu.
No sé, pero quizás sea la hora de desistir por Cromo Resplandor – sugiere el hombre.
Será mejor que no lo pienses, vamos a ver, ¿por qué no la quiere vender? Ya luego decidimos – ofrece Chiu.
En la reunión
¡Pórtate bien! – advierte Anthony en español.
¡Lo estoy haciendo! – responde Candice, pero lejos está de hacerlo.
Como ya sabrán la señora Andley no va a devolver la mariposa, solo se limitará a devolver los 6 mi de euros y a Jerome, el ladrón que se la llevó para que hagan lo pertinente – comienza a explicar William.
¿Entonces de la mariposa, nada? – insisten los hombres Zhen.
No, como ustedes ya saben la señora no es la actual poseedora de la mariposa, pero dadas las circunstancias la empresa que se encarga de su traslado la ha llevado tan pronto a aparecido a su lugar de origen – Albert informa de esto.
¿Qué es? – Chiu quiere saber el lugar.
Se queda a resguardo de la familia Andley – menciona William de tajo.
Quisiera pedir una explicación a la señora Andley – solicita el señor Gu.
No puede... ella no habla chino – dice William.
¿Inglés? – sugiere el señor Gu.
Me da flojera hablar en inglés... ¡next! – advierte la rubia mujer ya molesta ante la insistencia.
Debe ser en español… - pero William sabe a lo que ella se refiere.
¿Qué ha dicho? – el señor Gu quiere saber de lo que Candice ha sugerido.
¡Nada! – pero ella no quiere aclararlo y William prefiere negar la respuesta.
¿Por qué no he de hablar mi idioma nativo? Si quieren que sea en español, si no nada y no hablaré de esto con el hijo y mi esposo debe estar presente, así como Cristell y Benedetti – declara Candice.
Pero Candice, ¡sé razonable! – solicita William.
¡Tradúzcalo! – solicita ella.
La señora pide que sea en su idioma nativo… -comienza a explicar William.
Estos son negocios, el idioma oficial es el inglés cuando ninguna de las dos partes habla el idioma del otro – refuta el señor Gu.
Lo siento, artículo 2, apartado 7, todos los contratos se celebrarán en idioma español, así lo dice – informa Anthony.
No cambiaré de opinión, Benedetti tradúcelo, la empresa es mexicana, la dueña es mexicana y mi idioma es el español, ¿por qué carajos no voy hablar mi idioma en mi empresa y con mi producto? Si usted señor de pacotilla quiere una explicación lo va a tener que hacer a mi modo – Candice ya estaba muy enojada y Benedetti lo dijo tal cual ella iba gritándolo.
Pero esto es una falta de respeto – se quejaron los Zhen.
Falta de respeto, ustedes son los que no respetan mi producto y tienen la osadía de pedirme una explicación, sobre qué quieren la explicación, se hace como lo quiero o temo que van a olvidar que yo les quiera dar una explicación. Falta de respeto a mí… - Candice cruza los brazos por delante y enojada contesta, al parecer van a conocer a mi esposa.
Pero señor Andley…. La actitud de la señora no es de una empresaria formal – comenzó a decir Chiu.
¿Empresaria formal? ¡Me importa un rábano lo que usted, piense… idiota! – y sí esa era la verdadera empresaria, solo que ellos no la conocían
Señor Andley… - los señores Zhen iban a refutar cuando vieron que Candice se levantó y se dirigía a la puerta.
¡Candice! – la llamó William.
¿Qué? – se detuvo y volteó.
Reconsidere… - volviendo a insistir.
¡Tómenlo o déjenlo! – saliendo por la puerta y azotándola dejándonos a todos sonriendo, ella era una mujer tan diferente a todas que eso era enojo, típico de su personalidad, pero los Zhen se quedaron de piedra con la actitud de Candice.
Continuará…
