Capítulo LV

Pero Candice entiende – se escuchó la voz de Anthony detrás de ella.

Si no quiere, en este mismo momento me regreso a la isla, ¡vámonos... al fin que ya tengo lo que por contrato me pertenece! – dice ella con tono de acidez.

Lo siento, debemos irnos... – dijo William una vez que escuchó esa declaración y los demás también se levantaron para irse de allí.

Espere señor Andley, está bien, conseguiremos un traductor de confianza – declara el señor Zhen, que, sorprendido por la actitud de ella, informa molesto.

Pero padre... – intenta el joven Zhen increpar.

Guarda silencio, anda busquemos un traductor español-mandarín – dice en tono bajo el señor Zhen.

Bien – el joven Zhen lo acepta.

Entonces regresaremos en dos horas – informa Zhen Gu.

¿De acuerdo? – insistió el joven Zhen.

Pero William se limitó a despedirse rápidamente e ir detrás de una furiosa Candice.

¡Estás bien! – preguntó Benedetti que vio cómo pasaba furiosa.

¡No quiero hablar de ello! ¿Por qué la gente no comprende que ya no quiero hablar de ello? ¡Maldita sea! – gritó Candice con toda la fuerza que pudo.

¡Esa boca...! – advierto.

¡Puedo hablar como quiera...! – me gritó de nueva cuenta cuando la intenté tomar del brazo. ¡Y tú déjame en paz! – pero ella se zafó de mi agarre.

¡Y yo puedo besarte para que te calles! – la amenazo para acallarla, pero no aprendo.

¡Déjame en paz! – vuelve a gritar, colérica, descontrolada y se toma el vientre.

¡Soy tu esposo! – sin darme cuenta la vuelvo a reprender.

¡Y eso qué! ¡No eres mi dueño! – pero le estoy dando la espalda y no puedo ver lo que sucede. ¡Niko es el único que me entiende! – ella comienza a llorar y de pronto se dobla del dolor.

¡Ya cállense los dos! – Benedetti observa todo en silencio hasta que ella rompe a llorar.

¡Tú que te metes! – ambos no dejamos la pelea y por ello lo callamos.

¡Candice, detente...! – le pide Benedetti que la carga y la lleva a su habitación.

¡No quiero hablar con nadie! – grita y sigue llorando.

Terry, ¿cuándo aprenderás a callarte? ¡No nos estás haciendo las cosas fáciles! – reprende Nikopolidis, lo cual me hizo sentir muy mal.

¡Ya sabe que no me gusta que diga palabrotas! – refuto, pero los llantos de ella ya me están preocupando.

¡Pues aprende a callarte, no ves que la hieres...! – me recrimina William con mirada aguda.

¡Lo siento, es que me saca de mis casillas! – lo confieso y Albert se sonríe.

¡Un lo siento, no servirá de nada, sólo guarda silencio! – me pide Nikopolidis y me limito a rodar los ojos.

Señora bonita... – se acerca Nikopolidis y la toma de la mano. ¿Cómo está? – le pregunta a Benedetti.

No muy bien, su enojo no le ayuda con su embarazo y ella lo sabe – la mira y dos lagrimones salen por sus ojos.

¡Niko, sácame de aquí! – le pide ella haciéndome sentir un completo animal.

¿A dónde quieres ir señora bonita? Hace dos días que saliste del hospital, ¿quieres regresar allí? – le dijo Nikopolidis.

Hay que dejarla que se tranquilice, si sigue con este enojo veremos qué hacer, ¿de acuerdo? – dice Benedetti que le está tomando la presión.

Sí – Niko lo acepta y observa como ella cambia de posición.

¡Y tú mantente alejado! – me dice Anthony, que disfruta el actuar de ella.

Es que no quiero hablar de ello… - y siguió llorando.

Entonces le explicaré al señor Zhen sobre tu estado de salud y él entenderá – refiere Nikopolidis.

Pero... – Anthony quiso decir algo y nadie dejó que decidiera lo contrario.

¡Estás segura conmigo! – Nikopolidis se estaba preocupando.

Bueno… - Candice seguía en llanto y decidieron sacarnos a todos de la habitación, quedándose sólo Benedetti.

Toc toc

Buenas tardes se encuentra el señor Zhen – le pregunta Nikopolidis a Mailin, la secretaria del señor Zhen.

¿Quién lo busca? – le pregunta ella al hombre parado frente a ella.

Leandro Nikopolidis – le informa el griego sonriéndole.

Adelante. Señor lo busca en señor Nikopolidis – refiere la secretaria cuando le ofrece a Leandro a sentarse.

Gracias Mailin, puedes retirarte – le ordena su jefe. Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? – cuestionó el señor Zhen.

Sé que acordamos un traductor y sé que le extrañará mi visita, pero la señora Andley no puede conversar con usted en este y futuros momentos... – Leandro comienza a explicarse.

¿Qué quiere decir con eso? – cuestiono Zhen Gu.

La salud de la señora empeora y si no se establece deberemos llevarla a su lugar de descanso – continua el griego.

¿Se encuentra bien? – cuestiona el señor Zhen por la información recibida.

No, eso le está preocupando a su familia, por lo que ella me pidió que le leyera una nota, ya que es un tanto reacia a hablar con cualquiera de nosotros menos conmigo – continua el griego, abriendo una carta que tiene entre las manos y comenzando a leer.

Buenas tardes...mi nombre es Candice Andley y soy la artista de La cueva de las mariposas. Hice Cromo Resplandor hace 6 años como la liberación de un suceso que marcó mi juventud y mi destino en la vida. A la edad de 23 años mi destino se cruzó con un hombre que me hizo daño y luego la familia que me acogió me recuperó de una inmensa agonía que nunca esperé superar. Así que cuando comencé a crear mis mariposas, la intención y el material surgió en una visita a Asia donde encontré el material de Cromo Resplandor, esa mariposa en especial mezcla los sentimientos que en ese momento tenía, donde veía un rayo de esperanza, así es por ese motivo que no puedo...no puedo ni podré vender ninguna mariposa después de que los dueños originales las compren, por eso serán recuperadas y llevadas con sus hermanas. Espero...en verdad espero que usted entienda esta situación... para mí es difícil, muy difícil venderlas porque representan una persona o un recuerdo que logré recuperar en mi pasado...

Candice Andley

Entiendo... entonces quiero tener una de sus mariposas, si no me la devolverá y tampoco creo que quiera darme otra a cambio de esa, le propongo que haga una nueva – sugiere el señor Zhen.

Pero crear una...es difícil y más con el estado de salud de la señora Andley – refiere Leandro. Mire, hagamos esto, tenga, con este patrón y estos colores puede iluminarla, cuando la tenga désela al señor William Andley y él se encargará de que Candice la fabrique para después ser entregada por Anthony Andley – pero siendo un hombre de negocios, le ofrece una solución.

Bueno, trato hecho – el señor Zhen admite que Leandro y Candice no tienen nada en común por lo que es mejor tratarlo como un negocio.

Anthony le hará entrega del contrato una vez que sea autorizada la confección, usted será informado entonces... – refiere él buscando las tarjetas de Anthony y de William para el señor Zhen.

Estamos de acuerdo, gracias – agradece el señor Zhen quien se levanta de su asiento y extiende la mano para despedirse.

De acuerdo... – Nikopolidis hace lo mismo.

Mientras en una habitación cercana…

Vamos Candice, necesitas descansar – le pide Benedetti.

Me falta el aire... – pero Candice entra en un estado de salud para considerar y comienza a sofocarse.

Candice, Candice permiso... Benedetti, aprisa… ¿qué esperas? – le grito esperando que actúe.

¿Qué pasó? – pregunta Nikopolidis cuando todos estamos corriendo.

No sé, comenzó a faltarle el aire – declara Benedetti cuando se prepara para darle oxígeno, pero debido al color de Candice, Nikopolidis comienza a darle respiración de boca a boca.

Candice, aguanta – le pide Benedetti.

¿Sucede algo? – pregunta William asustándose al ver sobre la cama a Candice y que le están dando respiración de boca a boca mientras Benedetti prepara el tanque y la mascarilla.

Debemos atenderla, permiso Leandro – dice Benedetti cuando coloca la mascarilla en el rostro de Candice, haciendo que Leandro se retire de allí.

Tiempo después...

¿A dónde van? – cuestiona Anthony.

Tenemos que irnos, hay que regresar a la isla... – refiere Benedetti que tiene entre sus brazos a Candice, desmayada. Detrás de él todos los demás.

Vamos – apura Albert.

Al otro día

Señor William Andley – pregunta alguien cuando el señor William recoge sus pertenencias de la habitación donde se encuentra.

Sí, ah señor Zhen, ¿cómo está? – cuestiona William apurado.

Bien, vengo a ultimar detalles, pero antes a preguntar ¿cómo está la señora Andley? – cuestionó el señor Zhen.

¡Muy mal, tuvo que ser trasladada a su lugar de descanso! – informó William triste.

¿Quiere decir que no está aquí? – cuestiono Zhen Gu.

No, lamento que tenga inconvenientes, pero por el momento mi nuera no se encuentra bien de salud y estos problemas no son buenos para ella, por lo que todo será por medio de nosotros dos. Madeleine le tomará sus datos y estaremos en contacto con usted – le informa William.

Gracias – el señor Zhen se despide.

Señor Zhen – la secretaria le llama.

Mailin, avise a mi hijo que nos vamos – solicita el señor Gu.

Él no está en el hotel señor Zhen – informa Mailin.

¿En dónde está? – cuestiona mientras ve todas las cosas que tiene que empacar.

No lo sé, sólo me dijo que lo llamaría desde donde estuviera... – confiesa Mailin.

Bien... – le dice él.

Ring ring

Hijo, ¿dónde estás? – le pregunta cuando lo llama por teléfono celular.

¡Perdido! – comenta harto.

¿Cómo dices? – cuestiona el señor Gu.

Varado en un aeropuerto – confiesa Chiu.

¿En donde exactamente? – pregunta su padre.

En Italia... ¡los perdí papá! – refiere él azotando algo.

¿A quiénes? – cuestionó el señor Gu.

A la señora Andley, venía siguiéndolos, pero han tomado y cambiado de aeropuerto 4 veces... no sé a dónde se fueron – confiesa observando todos los lugares que hay allí.

¿Y qué haces persiguiéndolos? – cuestiona su padre.

Son sospechosos, ¿no te parece? – cuestiona Chiu.

¡Regresa de inmediato! La señora Andley está grave de salud y tú haciendo tus conjeturas extrañas – el señor Gu le alza la voz por teléfono, lo que hace que su hijo lo aleje de su oído.

Sólo averiguo algo y regreso... espera papá ya los vi, luego regreso… - grita extasiado y cuelga.

Más tarde en la isla

¡Por fin llegamos! – dice Albert.

¿Como esta Candice? – cuestiono, todo el vuelo hacia aquí estuve inquieto.

No muy bien, tuve que sedarla... – refiere Benedetti.

¿Sedarla? ¿Por qué? – quiero saberlo.

Tiene que descansar ya que la hiciste enojar… - y vuelve el reclamo, Albert con sus risas burlonas y Benedetti con sus incesantes regaños.

¿Cuánto más me van a regañar? – le pregunto cansado de esa actitud.

Lo que sea necesario para que lo entiendas – le confiesa él.

¡Ya lo entendí! – le digo, no me cae muy en gracia estos reclamos.

Pues eso esperamos… - refiere Nikopolidis.

Voy a salir a dar un paseo. George te encargo a Candice – le pido cuando ya estaba afuera.

Sí señor – refiere mi mano derecha.

Espera te acompaño – dice Albert que no puedo quitármelo de encima y me limito a caminar.

Muy cerca de ahí…

Buenas tardes... – saludó el joven Chiu a un griego.

Buenas tardes... – saludó el vecino de Leandro.

¿Hay alguna finca de los señores Andley, por aquí? – cuestiona atento y a punto de desfallecer por el calor.

¿Andley? No ningún norteamericano vive por aquí... todos somos griegos – refiere el vecino.

¿Griegos? ¿Vive entonces un señor Nikopolidis por aquí? – cuestionó de nueva cuenta.

Sí claro, es la finca que está en la playa, si quiere lo acompaño – se ofrece a llevarlo a la finca de Leandro.

Señora Bonita, ¿quieres ir a caminar a la playa? – ofrece Leandro.

Sí, pero aún tengo sueño y ¿Terry? – Candice pregunta por su esposo.

Anda por allá con Albert, muy enojado, todos lo hemos regañado, pero ¿no crees que también tienes la culpa? – cuestionó Leandro viéndola a los ojos.

Quiere gobernarme – responde ella mirando hacia abajo.

Es protector, todos lo somos a nuestra manera... – le confiesa Nikopolidis haciendola reir.

¡Magnates! – y ella le sigue la broma.

¡Así somos! Si hubieras aceptado ser mi esposa...quizás hubiera sido ¡el peor de todos! – le asegura a ella.

Ni que lo digas, gracias por la advertencia, por eso eres mi amigo – ella sonríe mientras Leandro se sonroja.

Y afuera…

De aquí, se va por esa vereda y justo detrás de las rocas se encuentra la finca de Leandro – el vecino del griego le explica a Chiu cómo llegar a la finca de Leandro.

Gracias –Chiu agradece y se inclina para despedirse.

De nada – el griego se retira caminando por el camino por el que minutos antes habían llegado.

Mira quien viene allí – me dice Albert.

¡Hola! – saluda Candice a los dos hombres.

¡Mmmh! – pero no me encantaba en estos momentos que me hablara siquiera.

Bueno Benedetti aquí sobramos – refiere Albert, llevándose al médico allí.

Lo siento – Candice le pide disculpas para luego intentar besarlo, pero me quito de ahí porque no quiero ni hablar con ella y sé que, si me besa, doblaré las manos… otra vez.

¿Qué quieres aquí? ¿No deberías estar descansando? – le pregunto cuando siento sus manos alrededor de mi cuello y su cuerpo pegado al mío, en definitiva, quiere usar su sensualidad en mi contra.

¿No quieres? – pregunto ella mordiéndome y besándome la barbilla.

¿Tu sí? – pero como era de esperarse no iba a ser tan débil. No quieras usar tu sensualidad en mi contra, ya que Leandro parece ser el que te entiende mejor, por qué no vas a pedirle a él que te haga el amor – me pasé, lo sé, pero si su esposo era yo ¿por qué siempre era a Leandro a quien llamaba?

Pero Terry… - Candice sabía que estaba enojado y entonces me alcanzó para besarme demandantemente y yo… cielos, no pude resistirme. ¿En verdad quieres que Leandro sea el que me haga el amor? – me preguntó.

Quiero ver si se atreve – declaro tomando sus carnosos labios y besándola ferozmente. Me enerva que digas groserías – declaro entre besos.

No me gusta hablar de lo que me pasó, es mi carácter supongo – me dice, pero se me hace extraño el tono que usa en estos momentos.

¿Me perdonas? – le pregunto cargándola hasta que el agua nos cubre un poco más de la cintura, la verdad es que no resisto no tomarla allí.

Sí, tú también a mí – me pide cuando introduzco las manos en su pantaloncillo y lo retiro para introducirme en ella. Estas entregas me han sorprendido mucho de mi carácter.

¡Hey tórtolos, no se alejen mucho! – de pronto oímos un grito de Leandro sin saber que estamos intimando en ese momento. Tengo cosas de las cuales ocuparme que estarles prestando atención.

Bueno... – Chiu habla en susurros al teléfono.

¿Por qué hablas en susurros? – cuestionó su padre.

Encontré a la señora Andley… - refiere él.

Y eso ¿qué tiene que ver? ¡Regresa de una vez! – ordena el señor Gu.

¿Qué hace usted aquí? – cuestiona una voz grave detrás del joven Chiu.

Continuará…