Capítulo LVI

¡Chiu, Chiu... responde! – increpa su padre sin entenderlo.

Nikopolidis, tenemos un problema – informa George desde un radio.

¿Cuál? – pregunta él atento.

¡El joven Zhen Chiu, está aquí! – informa George observando los ojos de un asustado Chiu.

¿Qué has dicho? – grita el griego que no puede creérselo.

¡Lo que has oído, vamos! – le dice a Leandro mientras empuja a Chiu hacia la finca.

¿Ya vio a Candice con Terry? – cuestiona en clave morse.

¿Por qué no se lo preguntamos? – refiere George que llega ante Albert y Leandro, que cuando ve al joven Chiu se enfada más.

Pero antes comunicarme con William y con el señor Chiu en tripartita – solicita Leandro a George.

Buenas tardes William – Leandro saluda desesperado.

Leandro ¿cómo estás? – saluda William de forma normal. Señor Zhen, buenas tardes – William se extraña por la aparición abrupta del joven Chiu.

Buenas tardes… - el joven saluda sin ánimos.

En presencia del señor Andley vamos a amonestar su pedido… - le informa Leandro, que molesto activa la multimedia tripartita.

¿Qué ha sucedido? – pregunta el señor Gu.

Su hijo Chui está con nosotros – informa Nikopolidis.

¿Qué cosa? Pero ¿cómo te atreves? – le pregunta en mandarín su padre.

¿Cómo está Candice? – cuestiona William.

Sedada hasta hace unas horas – informa Leandro que no para de dar de vueltas.

¡Cielo santo! ¿Qué hace su hijo allá, señor Zhen? – pregunta William.

No lo sé, quizás pueda explicarlo, ¿en qué va lo de la amonestación? – pregunta el señor Gu dudoso.

En tiempos...no le ocurre nada a los materiales de su pedido. Lo que vamos hacer con su hijo es lo siguiente, la seguridad de la señora Andley es primordial, así que tendremos a su hijo aquí, no podemos dejar que se filtre en dónde está la señora por ningún motivo, sus pertenencias estarán custodiadas e incomunicado, sólo podrá hablar con él una vez por semana, se le dirá la hora y el día. Por lo demás tendrá la seguridad de que no se le maltratará de ningún modo – explica Leandro.

Bien, ¿puedo hablar con él? – cuestionó el señor Gu.

Por supuesto, ¡George tráelo aquí! – le pidió a mi mano derecha.

Chui ¿qué haces allá? Te dije que regresarás. ¿Estás bien? – preguntó él.

Sí, lo siento papá – Chiu pide disculpas a su padre.

Eres muy terco, ¿qué has averiguado? – sin embargo, el señor Zhen también está intrigado por todo lo que ellos le han informado.

La señora está bien y solo la vi unos minutos en la playa... con alguien, otro hombre que no vimos en Atenas – le dice Chiu.

Bueno, no presiones hijo, sabes ¿cuánto tiempo estarás ahí? – cuestiona su padre.

Sólo me dijeron que cuatro meses – responde Chiu.

Bueno, pues creo que tendrás que quedarte un tiempo por allá y no hagas otra cosa que estar ahí y quedarte quieto – le pide encarecidamente el señor Gu a su hijo.

Sí papá, lo siento – vuelve a repetirlo.

Bueno señor Zhen, nos despedimos y estaremos en contacto – Leandro corta la comunicación.

Gracias y hasta pronto – refiere el señor Gu que también corta la comunicación, al igual que William.

¿Cómo está Candice? – pregunta Leandro a Benedetti.

Somnolienta – responde el médico observando como aquellos dos siguen parados en la playa.

Hay noticias para ella... – dice Leandro.

¿Cuáles? – cuestionan George y Benedetti.

Mañana llega Ni… - Leandro se sonríe.

¿Qué cosa? – preguntan ambos hombres.

Lo traerá Anthony – refiere ya que él se ofreció a ir por él.

Pues bueno soldadito Ni estará de vacaciones – suelta Benedetti.

¿Soldadito? – ahora los enrarecidos eran otros.

Sí, ya lo verán – dice Benedetti.

¡Hola Candice! ¿Cómo te sientes? – le pregunta Benedetti a la rubia que la ve acostada sobre mi hombro Terry.

¿Eso contesta a tu pregunta? – responde ella por el largo bostezo que suelta. ¿Qué hace el señor Zhen aquí? – pregunta ella extrañada cuando ve al joven chino al lado de George.

Nos siguió y, por lo tanto, lo tendremos aquí – comenta Leandro emocionado.

¡Yupi! – suelta Candice fingiendo que se emociona haciendo sonreír a los demás.

¡Te da emoción, lo sé! – comenta Leandro ironizando la situación.

Será chismosito Zhen, dirás – le dice Candice soltando una risotada por el mote.

Jajaja – los demás no pudieron evitarlo e hicieron lo mismo.

Bueno, entonces hay que comer – invita Benedetti ansiando principalmente a la rubia.

Rumiare comida, ¿puedo saltármela? Tengo mucho sueño – refiere la rubia.

¡Noooo! – gritan más de uno.

¡Ya entendí! Rumiaré mi comida entonces – suelta sin muchos ánimos.

Vamos – dice Leandro entrando a la casa para sentarse mientras la servidumbre comienza a colocar comidas especiales para Candice. Espero que le guste la comida griega – les dice a los demás.

¿Por qué ella no come lo mismo? – refiere Chiu viendo las caras que hace la rubia cuando le ponen la comida enfrente.

Porque está a dieta... – aclara Benedetti.

¡Me matas de hambre querrás decir! – protesta la rubia sin ánimos de discutir.

No digas eso señora bonita – le dice el griego. Mi papel en esta historia es alimentarte adecuadamente – le acaricia la mano y ella se limita a descomponerse, esa comida de conejo no le gusta.

¡Tú y el doctor no me quieren! – retira la mano y finge llorar.

Te tenemos una sorpresa y mañana llegará corriendo – informa Benedetti sin límites de lo que debería decir.

¿Cuál? – ella quiere saber.

¡Ya verás! – le dice Leandro quien se ríe mientras corta un poco de carne.

Nunca me dicen... – suelta el tenedor y los veo con mirada triste.

¡Te va a gustar! – dice George emocionado. Ni era un lindo niño.

Es alto, rubio, joven y fuerte y ay dios parece un Adonis y… - dice Candice divertida.

¡Candice no estamos hablando de Anthony! – refiere Benedetti.

Yo no hablo de Anthony – Candice aclara.

¿Entonces? – quisieron saber.

De Nickolai – aclara ella mientras toma un poco de sopa.

¿Cómo sabes? – quiso saber Chiu.

Esa sí que sería una sorpresa, apenas vi a Anthony, ¿recuerdan? – comenta ella entusiasmada y sonriente.

¡Nos atraparon! – refiere el griego soltando una carcajada.

Aunque esa descripción es perfecta para Anthony ¡y qué hombre! – Candice lo dice sin recordar que estoy presente.

¡Candice! – por supuesto la reprendo.

¡Jajaja celoso! – me recrimina Leandro.

¡No estoy pintado! –pido respeto y más porque sé que ese hombre la hizo suya antes que yo.

No mi amor, no estás pintado, también eres guapo – recapitula la rubia.

Y fuerte… - agrega Leandro.

Y geniudo… - dice Benedetti.

Ya, ya, no exageren, qué va a decir él, no nos entiende... – menciona Candice, preocupado por Chiu.

¡Cómo no, ya tiene el traductor! – confesa Benedetti y todos nos lo quedamos viendo.

¡Leandro! – lo reprendo.

¿Qué? No podemos dejarlo fuera de las conversaciones, es de mala educación… - explica.

¿Y desde cuando te preocupas por eso? – le aviento un trozo de pan.

El señor Zhen sólo oirá lo que debe de oír, por lo demás no te preocupes – refiere él interceptando el proyectil.

¡Mmmh! – contesto, la verdad no sabía qué contestar, pero no me había gustado. Cada quién estaba en lo suyo y seguimos comiendo en silencio.

Más tarde…

Señor Nikopolidis… - lo llama Chiu cuando vio que no había nadie en casa.

Dígame señor Zhen – responde él viendo hacia la playa.

¿Usted es el esposo de la señora Andley? – cuestiona sacando de concentración de Leandro.

No, aunque me encantaría serlo, lástima que nos la ganaron… - responde él, desgraciadamente a Leandro ya se le había pegado lo cómico de Candice.

¿Nos? – repitió esa palabra.

Sí claro, nos, él tuvo la culpa - señala hacia la pareja que está jugando voleibol en la playa.

¿Y quién, es él?

No puedo decírselo, pero él era su destino – confiesa.

Bien – a Chiu no le queda de otra más que decir eso.

¡Niko, Niko! – Candice entra llamándolo.

¿Qué pasa señora Bonita? – le pregunta ansioso.

¡André tiene hambre de helado! – le confiesa.

Serán antojos… - recalca.

Sí, también – afirma mi esposa divertida por el semblante del griego.

André, ¿quién es André? – se pregunta Chiu, pero esa pregunta tampoco fue contestada, ya que tanto Candice como él, entraron a la cocina y asaltaron el refrigerador.

Al otro día…

¡Mamá, mamá! – entra corriendo Nickolai.

¡Ni, cuando llegaste, abrázame! – le pide ella apenas pudiéndose mover.

¡Estas más gorda! – suelta el pequeño mientras trata de cerrar el abrazo.

¡Gracias ni por recordármelo! – exclama ella quejándose.

Jajaja – lo cual hizo reír a todos.

Por cierto, ¿dónde está el hombre rubio, alto y fuerte que te trajo? – quiere saber ya que Anthony no había entrado.

¡Ahí viene con mi equipaje! – señala el niño indicando que venía detrás de él.

¡Ahí te hablan... hombre alto y rubio! – refiere Benedetti en son de burla.

Este es el equipaje de Ni... – coloca dos grandes maletas una detrás de otra con el logotipo de la empresa de Candice.

¿Te vas a quedar? – cuestiona Candice feliz de verlo ahí.

Sí, unos días. ¿Podré abrazarte? – pregunta Anthony con añoranza.

Aprovecha que el hombre celoso no está aquí – acepta ella y ese abrazo le recordó a él que alguna vez había recibido abrazos más íntimos de su parte.

Ni ven abraza a mamá – pero era tiempo de despertar y ante el incomodo silencio, Anthony le pide a Ni que abrace a su madre.

¡Te extrañé mucho, mami! – confiesa el niño con delicadeza.

Yo también mi niño... ¿cómo va la escuela? – pregunta Candice.

Bien, pero ¿podría ir a la escuela cerca de casa? – pregunta de pronto Ni y Benedetti piensa que esa pregunta no ha llegado en buen momento.

Cuando vayas en secundaria podrás ir a escuela cerca de casa, Ferrel pagó toda tu primaria y no podemos echar a perder ese dinero, ¿de acuerdo? – explica Candice.

Pues que vaya él, no quiero ir a la primaria allí, te extraño y no puedo verte – pero el niño está a punto de hacerle perder la paciencia a la rubia.

¡Nickolai Ferrell Tolentino vete a tu habitación! – Candice lo manda a su habitación.

¡Pero mamá! – Ni no puede dejar esta discusión y protesta.

Nada, vete a tu habitación y piensa en lo que me acabas de decir – refiere Candice ya que no cree que deba admitir este comportamiento.

¡Sí Candice, lo siento, pero también soy tu hijo, no sólo André, yo también cuento! – reclama el niño haciendo ver que la necesita a ella no a la educación fuera de casa.

¿Qué oí? – pero Candice no puede tolerarlo.

¡Nada! – grita, desesperado.

¿Qué esperas para irte entonces...? – le dice Candice con mirada asesina.

¿Alguien dirá algo? – pregunta Chiu en inglés.

Nadie puede decir nada, es mejor no meterse, ni su marido lo hace – explica Benedetti que expectantes observan el comportamiento de Ni que agarra su mochila y se va a su habitación.

¡Puedo ir con él! – Benedetti intenta acercarse a Ni.

¡No, no muevan ni un dedo! – pero Candice advierte que nadie se acercará a esa habitación.

¡Dejen que se le pase…! - Leandro recomienda dejándola sola y los demás hicieron lo mismo.

¿Quién es Ferrel? – pregunta Chiu.

El primer esposo de Candice… - informa Benedetti soltando un suspiro y masajeándose las sienes.

Esa es una larga historia para luego ser contada – llega Anthony hasta donde se encuentran los hombres que salieron despavoridos de donde Candice se sentó.

Bueno, vamos... Candice a dormir – le pido, oí la discusión, pero no me quise meter, así que mejor llegué en silencio hasta la sala. La conozco y no va a querer irse enojada.

¡No quiero dormir! – responde alzando la voz.

Bueno vamos a caminar, entonces – le ofrezco.

Bien – acepta y la dejo pasar, esta de un humor de perros. Así que la dejó que camine un poco más y luego la alcanzo.

Anda Terry, camina... – me urge.

Voy, vamos – la tomo de la mano. ¿Qué pasa? ¿Por qué, reaccionaste así con Ni? – le pregunto cuando no detenemos en el pórtico.

También lo extraño, pero me da miedo que algo le haga Niel o que lo haga otra persona, ¡no lo soportaría! – me confiesa, sé que su preocupación por Niel siempre ha estado ahí.

Pero tienes que hablarlo con él, él siente que no lo quieres contigo – le digo, sé que ella también lo sabe, pero no quiere hablar con él.

¿Cómo crees? Tiene que aprender… - Candice se escuda en las enseñanzas de Ferrel.

No, no, no, Candice, tiene 8 años, parece un soldado – le hago ver que un niño no puede militarizarse.

¡Yo no lo crié así, fue Ferrel! – menciona ella.

Y quién dice que tenías que seguir el mismo patrón, disfrútalo sin darle órdenes del ejército – reclamo por el bien de Ni.

¡Mmmh! – pero obvio que a ella no le agrada mi reclamo.

¡Inténtalo! – la empujo para que vaya a hablar con su hijo.

Y ¿cómo me acerco? – pero ella, vaya no sabe cómo hacerlo.

Eso es fácil, Benedetti acerca a Ni aquí a la playa y déjalo accidentalmente por aquí – le pido a Benedetti por teléfono.

¿Qué sucede? – pregunta Chiu cuando ve que Benedetti va por el niño.

Vea esto señor Zhen, es algo que nadie sabrá cómo saldrá – le dice Benedetti.

Candice… - Ni la llama temeroso.

¡Hola Ni! Sabes que te quiero mucho, eres el niño que nunca esperé tener… - dice Candice, sincerándose con el pequeño.

No quise decir eso ma... Candice – Ni del miedo a que ella se enojara, corrige a tiempo.

Soy tu mami y tú eres mi pequeño Ni – lo toma de los hombros y lo abraza.

Mami, ¿si me quieres? – pregunta el chico con cautela.

Sí te quiero mi niño, ¿me perdonas? – pregunta ella a sabiendas que Ni tenía en parte su carácter.

No tengo que perdonarte, te quiero mucho, mami – el niño le da un beso en la mejilla a Candice y se queda abrazándola.

No me hagas mucho caso, ¡tu mami está loquita! – afirma ella.

Su mami si está loquita – exclama Leandro.

Jajaja que te oiga – advierte Benedetti.

¡Ya era hora! – comento asustándolos a todos.

¡Eres bueno Terry! – todos lo felicitan.

¡Ya se cuál es su lado flaco! Al menos ya no será un soldadito, es un niño... – refiero, si no pobre André, eso me preocupaba.

¡Como ella...! – se burla Leandro.

¡Cierto, como ella! – pero lo admito, eso es cierto.

Jajaja – esto hizo reír a los muchachos.

¿De qué se ríen? – cuestiona Leandro.

De su esposa… - me señala Benedetti.

¿Qué tiene? – les pregunto, pero creo que nadie quiere decir nada.

Jajaja nada, perdón, pero tenemos que irnos a dormir, no puedes dejarla allá afuera... – me recuerdan y lo sé.

Ya sé, hay que darle chance estar con sus niños – lo admito, esas palabras domingueras de mi esposa ya se me están pegado.

Vamos – Leandro y Benedetti se llevan a Anthony, George y Chiu para darme mi espacio.

Buenas noches, chamacos – les deseo y todos se limitan a alzar una mano en son de buenas noches.

Son señores – suelta Ni.

¡Yo nooo! – dice Chiu.

¡Tú qué! – ni lo tomo en cuenta.

¿Qué onda Candice? – la despedida de los señores se vio interrumpida por la rubia.

¿De qué hablan? – pregunta ella.

Nada, del gato de Benedetti… - claro que le echamos la culpa a otro porque decirle que la viboreamos no le va a agradar.

¿Tienes gato? – comenta ella atleta y esto hace que…

Jajaja – soltemos la carcajada.

¡No es cierto! – pero nos cae en la mentira.

Jaja no es cierto, vamos Candice a dormir que ya es tarde – apuro, pero creo que nada de tarde.

¿Tarde? – los demás ven que la luz del día aún está afuera.

Sí, tarde... mamá se tiene que cuidar para André – refiero, la verdad quería hacer el amor con Candice, pero nadie me estaba ayudando.

No podemos ir a dormir, ¡aguafiestas! Al ratito voy, Niko me va a dar una sorpresa – me dice cuando se siente jalada por el niño.

¿Cuál es? – preguntaron más de uno.

¡Dulces! – exclama ella emocionada.

¡No le des azúcar! – exclamo llamando la atención de todos

¿Por que no? – pregunta ella.

Tú no la tendrás activa en la cama… - pero al terminar de decirlo los demás comienzan bulearme.

¡Terry! – exclama ella o más bien me reprende.

En el buen sentido mi amor, ¡mente cochambrosa! – le toco con el dedo índice en medio de la frente.

¡Muchachos! – ella impaciente los regaña.

¡Jajaja eso fue, vámonos nos están corriendo! – declara Leandro.

¡Hay niños presentes! – Benedetti tapa los oídos de Ni.

Jajajaja oh pues, no hablábamos de esa actividad, ya sabemos que ella es...así – declara Anthony ganándose más risotadas por mi declaración.

Jajaja – y los caballeros no se detienen.

Bueno no..., pero aquí habemos muchos que si lo sabemos – pero ahora el comentario ya se estaba metiendo con la intimidad del güero insípido de Anthony.

Jajaja – y siguen con lo mismo.

Ya vámonos Terry, si no la que tendrá problemas soy yo – pero me empuja antes de que le dé un merecido golpe a ese güerito.

Bien... – le contesto y la tomo de la mano.

¿Siempre son así? – cuestiona un espantado Chiu.

¡Uy no! ¡Siempre son así y más! ¡Ya te acostumbrarás! – refiere Leandro.

Terry, ¿qué tienes? – me pregunta ella al darse cuenta de que cuando llegamos a su habitación no hablo para nada.

Nada… - le contestó.

¿Estas enojado? – me pregunta.

No – pero no le iba a dar material para regañarme.

Como que no te creo, ¿qué culpa tengo de que te agarren de puerquito? – cuestiona.

Ninguna – declaro, pero ese güerito no se iba a librar de una reprimenda.

¡Vamos a dormir! – me dice, finalmente sí, Candice no tiene la culpa de que esos señores se hayan pasado.

¿Cuántos dulces comiste? – pregunto con poca animosidad.

Sólo dos… - me confiesa.

Vamos a dormir pues... – pero mientras Candice dormía como lirón, no pude dormir hasta muy entrada la madrugada.

Al otro día…

¿Dónde anda Candice? – cuestiono al no encontrarla a mí lado.

Fue con Leandro a no sé dónde... – me dice Benedetti que últimamente se ha enamorado de los hielos.

George no has visto a Candice – le pregunto cuando me lo encuentro en el pórtico.

Esta con Ni, Anthony y Leandro jugando en la playa – me dice atento y acalorado.

¡Quédate quieta! ¿Te lastimaste en otro lado? – escucho que Benedetti le pregunta a Candice.

¿Qué pasó? – cuestiono cuando veo a Candice en el piso llorando.

Nada Terry, sólo se dobló el pie, nada de cuidado – explica Benedetti.

¿Seguro? – quiero que me cuente la verdad.

Sí – me responde.

A ver, vamos a llevarte a tu habitación – le digo a mi aun llorosa esposa cuando la cargo para llevarla a la casa.

George una bolsa de hielo – le pido a mi hombre de confianza cuando ve que la llevo en brazos.

Sí – George corre hacía la casa para sacar del refri una bolsa de hielo.

¿Qué pasó? – cuestiona Anthony cuando me ve pasar por la sala con mi esposa en brazos.

Mi mamá se lastimó el pie, pero unos días de descanso la hará volver a las travesuras – afirmó Ni.

Horas más tarde…

¡Quiero salir! – comenzó a gritar Candice momentos más tarde.

¡No puedes! – le advertí volviendo a mi lectura.

¡Déjenme salir! – volvió a gritar cuando vio que nadie le hacía caso.

¡Que no! – y yo volví a decirle que imposible.

¡Leandro...! – lo llama una vez que ve que pasa por ahí.

¿Qué sucede? – pregunta él regresándose por donde venía.

¿Qué crees que sucede? – le pregunto.

¡Está aburrida! – exclama el griego.

Sí, pero ¿qué hacemos? – pregunto, levantándome.

Tráiganla a la biblioteca, tengo una idea – dice Leandro.

¿Qué es esto? – Leandro improvisó una mesa de póker en la biblioteca, pero hay algo que él no sabe.

¡Noche de póker! – declara él fascinado.

Noooo

Continuará…