Capítulo LVII
¡Ustedes que se meten! – exclama Candice enfadada.
¿Quieres ser pobre? – pregunta Anthony.
Unas cuantas manos… - suelta Leandro, pero efectivamente él no sabe con quién se mete, ella hará que lo despilfarre todo.
Siiiií, te adoro Leandro – le dice Candice abrazándolo.
¡Veamos cuánto aguantas! – suelta Albert haciendo reír a los demás.
Jajajaja… - todos se ríen haciendo que Leandro los vea raro.
Dos horas después…
¡Soy pobre! – Leandro se queja lastimosamente.
¡Te dijimos que no! ¡Ella es una vaga! – rebatió Benedetti.
Tuve un buen maestro, yo que culpa... – afirma Candice recogiendo el montón de euros que se encontraba delante de ella.
¿Quién? – quiso saber Leandro, observando su billetera.
Ferrell, ¿quién más? – confiesa Anthony que se burlaba del rostro compungido del griego.
¡Mmmh! ¡Pero te divertiste! – exclama con un poco de emoción.
¡Siiií! – terminó confesando porque de eso no tenían duda al contar los cientos de euros que ya tenía en sus manos.
Más tarde, el griego se encontraba en su oficina cuando el joven Zhen entraba en ella.
Señor Nikopolidis, ¿por qué deja la señora Andley se salga con la suya siempre? – cuestiona él extrañado.
Hay que siempre tenerla entretenida, sin duda ella estuviera haciendo otras actividades más peligrosas si así lo quisiera, pero su esposo teme por su seguridad y con actividades tan básicas, la tiene controlada – informa Nikopolidis adivinando hacia donde iba la pregunta.
Pero su esposo...como que convive con muchos hombres – refuta el chico.
Bueno George es su guardaespaldas, su esposo, Benedetti es su médico, William su suegro, yo soy amigo de su esposo y de ella, Anthony su cuñado, Albert su ex esposo...bueno, ¡podríamos seguir con la lista que es inmensa! – le informa el griego enfatizando lo de inmensa.
Candice te busca un buen mozo joven, alto, fuerte y por el cual Terry siempre se pone celoso – le informa Anthony.
¿Paolo? Hace días que no lo veo – responde ella sonrojándose.
Guarf, guarf, guarf – la jauría comienza a reunirse en los pies de su dueña.
¡Mami los cachorros están aquí! Llenos de tierra… - dice Ni, observando las patitas que han dejado en su camino.
¿Qué cosa? Niños, ¿cómo están? Ya tiene días que no los veo – afirma ella.
¡Leandro! – Terry al oír los ladridos llega rápidamente y reprende a Leandro.
Yo, ¿qué? – se queja él.
¡Va a pasar lo mismo de Maine! – Terry enfadado mira a los demás.
¡Déjenme ver con William! – pero Leandro intenta mediar las cosas, esto no era Maine, no estaba Niel y tampoco era para preocuparse.
¿Sólo ellos? – intenta saber cuándo verá a sus niñas.
A Mo y a Glo las enviarán por paracaídas – afirma Paolo. Cierto Leandro – cuestiona el chico.
Sí, me dijeron que lanzarán una bengala – afirma él.
Con la llegada de Mo y Glo, los días fueron más activos, Leandro comenzó a idear actividades más tranquilas hasta que un embarazo de cinco meses comenzó a notarse en Candice. Zhen Chui también lo notó, supo por qué la cuidaban tanto y por qué la trasladaron a un lugar de descanso. Un día, estaban buscando materiales por vía videoconferencia, resultaba que en Israel encontró lo que ella quería y trozos de ese material le llegaron en una caja además de otros materiales traídos por Leandro en una escapada a Italia.
¡Esto es todo! – dice Leandro colocando la caja número diecisiete delante de ella.
Perdón por hacerte venir con tanto cachivache – suelta Candice.
¿En qué puedo ayudarte? ¡Ah, por cierto, toma! – Leandro le extiende una mascarilla de policarbonato.
¿Qué es? – pero ella nunca había usado algo como esto, sólo en las fábricas.
Una máscara, recuerda que estas embarazada… - obvio la pregunta.
¡Está bien! – y ella no tuvo más remedio que ponérsela, sabía que si no lo hacía él no la dejaría en paz.
Candice – la llamó cuando ella comenzó a sacar herramientas de una de las cajas.
Dime – ella contestó distraídamente.
¿Cuándo se dio cuenta de tu embarazo el señor Zhen? – pregunta Leandro, sacando un cartucho de herramientas.
¿Por qué la pregunta? – pero Candice pareció no haber oído nada acerca de ello.
Es que me estuvo preguntando, ¿por qué no le dijimos? – confesó el griego.
No había nada que informarle – respondió ella de la misma manera que la anterior pregunta.
Exacto – admitió Leandro.
Pero creo que fue una noche que estábamos descansando en el balcón de mi habitación, Terry quiso recargarse en el vientre y ahí debió habernos visto. ¡Terry lo descubrió! ¿Algo te preocupa? – cuestionó atento.
Cada que se comunica con su padre le dice cosas escondidas en las frases – le dice a Candice.
¿Cómo qué? – ahora es que le pone atención.
¿Cómo está la señora Andley? – le pregunta su padre y él responde. Cual dama que cuida a sus cachorros – termina la oración.
Y eso, ¿qué significa? – pregunta ella viendo como el griego la observa con adoración.
¡Qué tienes hijos! – suelta el griego sonriendo, sin duda Candice pecaba de distraída.
Ni y André – Candice murmura.
Espero que no des molestias hijo – advierte su padre.
No más de las que tiene su esposo, aquí habemos muchos hombres – contesta el joven Chui.
¡Vaya, los doramas dicen que los hombres chinos son muy celosos! ¿Crees que sean así? – le pregunta ella poniendo ambas manos debajo de su mentón y haciendo una mueca que le saca una sonrisa a Leandro.
Pues no le gusta mucho que convivas con Paolo – afirma el griego.
Pero es tan pequeño, además Terry se siente igual, ¿ya lo sabe? – pregunta si sé esto.
¿Estás demente? – le devuelve la pregunta y ella mueve la cabeza hacia los lados, decirme que otro hombre pregunta por mi esposa no es una buena idea.
Sí bueno... y tú, ¿no eres celoso? – pero Candice intenta hacer sentir bien al griego.
Siiií...pero eres mi amiga, si fueras mi esposa te encerraría en tu habitación hasta que dieras a luz de ser posible y eso lo pensaría mil veces, las mujeres embarazadas son bellas, después son más bellas – confiesa Leandro sin disimulo.
Soñar no cuesta nada, ¿por qué no te declaraste antes? – vuelve a cuestionar.
Porque tú señor marcó su raya antes que lo hiciera, por eso, aunque… - Leandro se detiene.
Aunque, ¿qué? – pero Candice no va a dejar ir esa confesión.
Me gusta cuidarte y ver a tu camaleón cambiar de color cuando te hago reír, cuando te consiento y todas esas cosas que he tramado estos meses – cambia la confesión por otra menos comprometedora.
¿Mi camaleón? ¡Dirás mi león! – le responde haciéndolo que detenga una sonrisa.
También – pero él no se aguanta la risa.
Leandro, ¿me amas? – Candice lo mira, ella quiere saber hasta donde han llegado sus sentimientos.
Bueno, ¿por dónde empezamos? – pero Leandro desvía la conversación a una más segura.
Encontré un material en Israel, ¿cómo le hago para comprarlo? – pregunta ella al ver que Leandro se ha salido por la tangente.
Mientras en el comedor…
¿Dónde andan Leandro y Candice? – cuestiona Benedetti.
En la oficina de Leandro, trabajan en su mariposa – confiesa Anthony observando al joven Zhen.
Bien, pues ¿quién quiere ir a pescar? – dice Benedetti.
¡Yo! – George se apunta inmediatamente.
¡También yo! – dice Paolo.
Solo déjenme encargar algo y ya después nos vamos – dice Benedetti que se dirige a la cocina donde se encontraba Anthea, la cocinera preparando algunos enseres.
Dígale a Leandro y Candice que estaremos por allá navegando y pescando – avisa Benedetti y salen de allí.
Sí señor – la cocinera afirma y se dirige al refrigerador.
Chicos, vamos, Terry ¿no vas? – Benedetti me invita a irme.
Claro, crees que sea seguro dejar a aquellos trabajando – pregunto, el trabajo de Candice solía ser muy peligroso.
Por supuesto, ¿quieres ser esclavo y aburrirte un montón? – pero el médico la conocía muy bien y era él, el que más se parecía a Candice.
Me has convencido, vamos – afirmo mientras sonrío del cómo habla.
Horas más tarde…
Candice, ¿sabías si los chicos iban a algún lado? – le pregunta cuando el griego se asoma y no ve a nadie.
No, pero Anthea debe saber algo, vamos – le contesta Candice y ambos comienzan a caminar hacia la cocina.
Bien. ¡Hola Anthea! ¿Sabes dónde andan los demás? – cuestiona Leandro.
Sí, se fueron a pescar los señores, pero no creo que demoren – Anthea le informa a su patrón y después se retira.
¡Anthea, Anthea…! ¿Dónde está mi padre? – pregunta una niña que corre hacia la cocinera.
Señorita Cassie, ya llegó, tu padre está en la cocina, tiene visitas… - ella la apura y le susurra esto.
Anthea, ¿crees que tarde? ¡Ya lo quiero ver! – apura Cassie.
Pero primero debes asearte y cambiarte, no estás acalorada – Anthea sabe que no debe interrumpir a su alteza por lo que la lleva a su habitación para que se refresque y mude de ropa.
Bien… - la niña dice cuando sabe que no la dejará ver a su padre tan rápidamente como ella lo esperaba.
Paciencia mi niña, vamos, ¿qué quieres cenar? – le pregunta Anthea a Cassie.
Parece que Cassie ha llegado… - Leandro informa a mi esposa.
¿Me vas a contestar? – pero si pensaba que distraer a Candice iba a servir de algo para que no le contestara, estaba equivocado.
¿Qué cosa? – Leandro estaba decidido a hacerse el loco.
¡Leandro! – grita Candice llamando su atención.
¿Para qué quieres saberlo? – él decide irse por las ramas.
¡Para inflar mi ego! – sonríe ella haciendo muecas.
Jajajaja ¡vas a parecer cerdito! – Leandro desea bromear más de la cuenta.
¡Ni así se me va a olvidar, grosero! – suelta ella y se voltea para buscar otra cosa.
Sé que no se te va a olvidar, pero así me darás tiempo de saber lo que debo de contestar, Nikopolidis quítate las ideas románticas de la cabeza, de cualquier forma, no puedes obtenerla – se auto regaña.
¡Señorita Mariposa! – exclama Cassie emocionada.
¡Hola Cassie! ¿Cómo estás? – pregunta Candice, admirando la emoción de la niña.
Bien, gracias – responde Candice.
Señora si me lo permite, le daré de merendar a Cassie y regreso – informa Anthea.
Por supuesto – Candice asiente. Ella se pone a trabajar y Leandro sale por una puerta cuando se encierra en su habitación.
Benedetti y los demás llegan, él pregunta por Leandro y Cassie que juega con Candice mientras se dirige a la habitación del griego que se encuentra recargado sobre el pórtico de su habitación, perdido en sus pensamientos.
¿Qué pasa Leandro? Has estado aquí toda la tarde – Benedetti se acerca y le dice de ello.
No quiero entrar, ya se ha dormido mi hija – afirma, pero en realidad su hija esta jugando con Candice y sus perritos.
No, anda con los perritos de Candice, pero no estas así por tu hija, ¿qué pasó con Candice? – pregunta directamente.
¿Con Candice? Nada – Benedetti era como Candice, podía ver a través de sus ojos y lo que menos quería era que viera que la amaba desde el primer día que la conoció.
¿Seguro? Porque la ves como borrego morido – suelta el galeno haciéndolo sonreír.
Es mi amiga – responde escueto, no quería entrar en detalles.
Eso decía yo y veme aquí – afirma Benedetti que se recuerda de la misma manera.
Tengo problemas con Candice… - medio le contó.
Te has enamorado… - Benedetti no lo puede resistir.
No… es que… no sé – pero Leandro no sabe ni que contestar.
¡O sea sí, vamos admítelo! - le pide Benedetti que le da un codazo.
¡Cielos, ni sé! – pero el griego no quiere admitirlo.
No tiene nada de malo que la ames, pero sí que la codicies – advierte el galeno.
¡No quiero quitársela! – era absurdo, bueno un poco de eso había.
Eso es muy claro, Candice tiene esa especie de carácter que hace a todos felices, sólo que hay una sola persona que puede controlarla – el médico le cuenta.
Terry… - afirma Leandro, que ya lo sabe.
Sí, dentro de sus discusiones, él sabe mucho de sus alter egos, tú no podrías con su diversidad de caracteres. Tú solo le conoces uno y espero que no le conozcas los demás – refiere Benedetti, no quería asustarlo, pero debía tener cuidado.
A que se refería con que pasará lo de Maine – cuestiona algo que quedó en el aire.
Es una isla que Terry compró hace unos años, ahí vivimos con Candice cuando recién la opere, por su seguridad, pero William trajo a todos consigo y el último en llegar fue Niel, que la atacó y mató lo que más amaba, él era su alma gemela y la perdimos, estábamos preocupados y Terry la amaba más que a nada, pero para que ella pudiera estar con él como lo esta ahora, ella tuvo que renacer y literalmente lo hizo. Candice volvió a ser la chica que conoció Albert a los 23, antes de que toda esta pesadilla sucediera – Benedetti no entró en muchos detalles de lo ocurrido en Mane.
¿Quién era su alma gemela? – preguntó Leandro con rencor.
Su nombre era Fredich, su psiquiatra, era ruso y amigo íntimo de Candice – cuenta el medico que no prestaba atención a lo que el griego refería.
Espera, espera, me estas diciendo que el Dr. Tretiakov y Candice, eran doctor y paciente, ¿ella es la famosa "Mariposita"? – Leandro no podía creerlo.
¿Cómo sabes que le decimos así? – cuestiono Benedetti que no cabía en la emoción de saber que alguien más la conocía con ese mote.
No puedo creerlo, no puedo… entonces si la conocí antes… - Leandro corre a un compartimento escondido dentro de su vestidor y saca una especie de libro.
¿Qué cosa dices? – pero Benedetti no podía entender a lo que se refería. ¿Qué es esto? – preguntó Benedetti cuando Leandro colocó el libro delante de sus ojos.
Un álbum de fotos de todas las pacientes de Fredich… dime ¿quién es ella? – cuestiona Leandro, comenzando a abrir el álbum y a hojearlo.
¡No creo que este aquí! – exclamó el médico.
¡Debe estar, son todos sus casos de éxito, debe estar aquí! – el griego lo apuró.
A ver, déjame buscar… - y con esa información el médico quiso averiguarlo.
¡Más adelante…! - sugirió Leandro cuando él se detuvo.
Espera, sí aquí esta… Candice Tollentino… no puedo creerlo – Benedetti se detuvo en la serie de fotos que mostraba el álbum, fotos que ni siquiera el conocía, lo que lo llevó a retirarse de allí.
¡Ella no puede ser Candice… ella es otra persona! – Leandro no podía creerlo, la Candice de la foto no podía ser la persona que convivía con él todos los días.
Leandro, ella es Candice o fue después de tres años de operaciones… - admitió el galeno, sabía que había cosas que quizás había olvidado, pero esas fotos eran las que alguna vez él mismo tomó, con algunas otras, pero en sí esas eran todas.
Sí, ella soy yo y tú ¿cómo tienes ese libro? ¿Él te envió Leandro, dímelo! – Candice gritó asombrando a los dos hombres, pero ese libro lo tenía Niel la última vez que lo vio en Rusia, ¿cómo había llegado hasta sus manos?
Candice, ¡tú no puedes ser ella! – contesta Leandro.
No quiero hablar contigo y dame eso acá – Candice intenta arrebatar groseramente el álbum a Leandro, sin importarle lo que opinara.
¡Es mío, no puedes llevártelo! – pero él lo esconde detrás de sí.
¡Si que puedo! – pero ha olvidado algo, a ella nadie puede decirle que esta mal ni que no puede, aun embarazada podía hacer cualquier cosa.
Candice espera, el Dr. Tretiakov no era quien tú crees – declara Leandro, si ese era otro carácter de Candice, no quería ni conocerlo, pero era demasiado tarde para evitarlo.
No tienes derecho de hablar de ello, te lo prohíbo – lo amenaza, sintiendo que ella no podía hablarle de esa manera.
¡No puedes prohibirme nada! – grita él llamando la atención de los demás.
¿Que sucede? – pregunta Terrence cuando encuentra a Anthony en el pasillo.
Leandro y Candice tienen una pelea – le informa el rubio.
¿Por qué? – pero quiero saberlo todo.
Aun no entiendo, pero guardemos silencio – solicita Anthony.
¡Es mi esposa! – me autoproclamo su señor, pero todos me piden que guarde silencio.
¿Te quieres enterar? – pregunta Anthony.
Bien – lo admito, primero debía chismosear antes de que explotara.
¿Lo conoces? – pregunta Candice, que veía al griego con un sentimiento que parecía haber olvidado.
¡Sí que lo conozco, es más quisiera nunca haberlo conocido! – declara con odio hacia el hombre que claramente sí que conocía.
Era un hombre que cometió errores y que provoco su muerte, pero de eso a que él tiene la culpa de algo, lo dudo – Leandro no entendía que le había dado Fredich a Candice que lo defendía de cualquier insulto que de su boca saliera.
De lo que él murió, mi esposa lo hizo antes… - confesó Leandro.
¿De qué murió tu esposa? – preguntó ella, no quería admitir que ella conocía el pasado de Fredich.
De Hepatitis C… - soltó él, sacando el álbum y botándolo en una esquina de la habitación.
Continuará…
