La alarma de su celular retumbó dolorosamente en su cráneo por la mañana. Un sofoco invadía desde su estómago hasta su garganta, le costó moverse en busca del celular. Aunque no tenía la visión borrosa de algún modo su cerebro no procesaba las imágenes de sus ojos y tardó en volver a la realidad. Soltó un gruñido cuando logró desactivar la alarma, el sonido aún hacía eco en su cabeza, uno que la estrujaba. Con dificultad se levantó del suelo. Otro quejido brotó de sus labios, un quejido que arrastró por varios segundos. Encontró el uniforme del día anterior desperdigado en el suelo y volvió a ponérselo, echó desodorante en spray sobre la ropa e hizo varias gárgaras de enjuague bucal.
Arrastraba sus pies descontenta de camino a la escuela, algo abrumada. Sostenía con fuerza la caja de almuerzo que debía a Sasori. No iba a mentir, una parte de ella estaba aterrada por encontrarse con Ino. Era una extraña ansiedad, quería confrontarla y al mismo tiempo el escenario que se le dibujaba en su cabeza la aterraba. Terminaría por eludir cualquier situación social que los involucraran a ambos.
El bachillerato estaba en el punto mas alto de la isla principal, Sakura tuvo que tomar un tranvía. El pequeño vehículo de pequeña capacidad batallaba menos que ella al subir la ladera. Además se atrasarse algunos minutos a propósito, por primera vez a Sakura agradeció que el tranvía hiciera paradas pequeñas cada tanto, pues las calles aledañas rodeaban la escuela. Era un lugar pequeño, comunal, de poca materia prima; peces, sal y tierras raras cerca del volcán inactivo en la segunda isla.
Respiró profundo cuando entró al lugar, era un lugar simple, los jardínes pequeños rodeaban las instalaciones; las oficinas de los profesores, la biblioteca, la dirección, una cafetería mediocre y una clínica básica. Tras el primer edificio estaba un segundo patio dividido en secciones deportivas, una de baloncesto y otra de tenis, luego algunas jardineras con árboles. Frente a estos estaban las aulas, el edificio largo de tres pisos, cada uno para sus respectivos años. En el primer piso estaban los novatos, los recién salidos de la secundaria. Sakura y Sasuke salieron cuando ya iban en segundo año, ambos tenían una leve idea de quienes eran para el otro y cuando Sasuke dio el primer paso Sakura vivió los mejores y peores cuatro meses de su vida. Cuando ella lo descubría con su mirada sobre ella, él sonreía con la uña del meñique entre sus dientes. Era su hábito de morderse las uñas y lo que le parecía grotesco en cualquier otro chico, en Sasuke la imagen se tornaba atractiva.
Se las arregló para pasar desapercibida las primeras tres horas de clases, se escurrió hasta el segundo piso discretamente y logró llegar a su aula sin problemas. Cuando la campana anunció el primer receso, Sakura se descubrió soltando una exhalación liberadora. Le tomó un esfuerzo monumental no mirar por la ventana, pero lo logró.
Salió al largo balcón del segundo piso donde varios estudiantes caminaban de un lado a otro, se asomó por el barandal sin suerte, el cabello rojo de Sasori no se veía por ningún lado. Buscarlo en las aulas sería una perdida de tiempo, no sabía si lo encontraría y honestamente no quería deambular por ahí inadvertida. Esperaría pacientemente y así lo hizo. A los minutos ella lo vio acompañado de Deidara, tomaba de una botella de agua y ambos se dirigían a las escaleras del edificio.
—¡Sasori! —gritó ella en lo alto con las manos extendidas, las sacudió animada.
Cuando él levantó el rostro en busca de ella, Sakura enseñó la caja de almuerzo en el aire.
El muchacho llegó con la respiración agitada.
—Ok ya estoy aquí —resopló, se recargó unos segundos en sus rodillas y después se irguió.
Sakura extendió la caja del almuerzo, sus dedos deshicieron el nudo de la tela violeta y la caja con cara de gato emergió de ésta. Vio en Sasori una mueca divertida, ella se cohibió, él tomó la caja y la abrió.
—Son uvas, un sándwich de atún e hígado —se adelantó Sakura de puntillas junto a él, señalando cada alimento. Le vino una arcada cuando mencionó el hígado y se llevó una de sus manos a la boca—. Y, no traje cubiertos perdón.
—¿Te sientes bien? —notó Sasori la mueca de disgusto y los ojos hinchados de Sakura.
Ella asintió, cuando vio que eso no era suficiente para calmar a Sasori extendió una sonrisa.
—Solo es falta de sueño, no te preocupes.
Sasori dio un mordisco a uno de los sándwiches, se recargó de espaldas en el barandal con el codo flexionado. Después con sus dedos hurgó las pequeñas piezas de hígado, cuando se los llevó a la boca hizo un sonido alegre y agudo.
—Tienes razón —dijo complacido, se chupó el dedo pulgar y prosiguió—, es mejor que la cafetería. Lástima que solo hice el trato por tres cajas de comida.
Sakura bufó divertida.
—No te preocupes, te traeré algunos bocadillos regularmente.
—Eso espero —musitó él entre dientes masticando.
—No puedo creer que te gustara la comida de la cafetería —se burló, Sakura sacó su lengua en modo de asco. Su cuerpo se inclinó al de él para darle un leve empujón con los dedos de su mano. Cuando hubo echo esto entrevió a Sasuke en las jardineras por accidente. Su presencia la tomó por sorpresa tanto, que se dio cuenta que había logrado relajarse por algunos segundos antes de volver a ponerse alerta sin previo aviso. Se giró un poco hacia Sasori y los mismos dedos que lo habían empujado segundos atrás los usó para aferrarse a las mangas de su camisa. Un hormigueo la invadió desde la punta de su cabeza hasta los pies, la piel de sus brazos se erizó también. Tuvo un impulso de mirarle de nuevo, se cerciorarse de que él se había percatado de su existencia y la miraba, pero era una ilusión vaga, estaba consciente de que Sasuke mostraba una total indiferencia y ésta se había hecho más fuerte en medio de los labios de otra mujer. Sakura se hizo pequeña, recargó su cabeza en el hombro de Sasori y suspiró para luego morderse los labios en espera de que esas sensaciones la abandonaran.
—Te pido que me perdones —musitó ella a Sasori.
Sintió como Sasori también soltaba un largo suspiro.
—No te culpes por el pasado, creo que ambos no supimos como afrontar esa etapa.
—Pero, es que… fui egoísta, siento que te abandoné cuando más necesitabas de mi amistad.
—Pero no hablarnos fue algo bueno, yo quería estar solo, Sakura. Te hubiera odiado si hubieses insistido en comunicarnos —Sintió la barbilla de Sasori recargarse en su cabello—. Necesitaba soledad para sanar, soledad para entender mi futuro —se movió, ahora sus mejillas descansaban sobre su cabeza—. No existe "el hubiera", Sakura. Y me hace feliz que nuestra amistad es propia, a su manera. Con su propio mundo y ritmo. Mas vale tarde que nunca ¿No?
Sakura se despegó de él por unos instantes y le vio directamente.
—Vaya —dijo ella—. Eso sonó tan… maduro.
Sasori rió.
—veo muchas películas.
—Te fuiste a vivir con tu abuelita ¿no? —preguntó Sakura con más confianza.
Él asintió luego de comerse una de las uvas. Se hizo un breve silencio antes de que la campana sonara otra vez.
—Me comeré el resto en el salón —avisó Sasori que se alejaba por el pasillo hasta su aula al otro extremó del piso.
—Me lo devuelves después de clases —dijo ella alzando la voz.
Sasori asintió antes de desaparecer por el umbral de la puerta.
Sakura anotó lo que pudo de las clases de Kakashi, todo lo que escuchaba lo anotaba así no perdía el hilo de su conversación y se mantenía ocupada fuera de sus problemas emocionales que parecían llevarla a ningún lado.
—Bueno chicos —habló Kakashi. Se incorporó de su escritorio frente a la clase cuando observó su reloj de mano—. Falta poco para el puente de verano, necesitan entregar los resúmenes en estos días. Es todo lo que les pido, los cinco temas en un resumen.
La clase entera soltó quejidos.
—Entonces prefieren un examen —bromeó Kakashi a punto de soltar una carcajada cuando vio a la clase que se retractó enseguida—. Los resúmenes serán parte de su portafolio del semestre, les servirán para los exámenes a fin de año. Pueden retirarse.
Sakura tenía solo cuatro resumenes hechos, le faltaba uno. Tenía que concentrarse y llegar a las vacaciones con las calificaciones decentes, no tan buenas como desearía, pero eso era lo que ella podía proveer, los frutos que ella daba con tanto esfuerzo.
Se escabulló entre los alumnos para llegar hasta Tenten.
—Perdona —llamó ella por detrás. Su mano se posó en el hombro de Tenten. La muchacha en cuestión se deshizo de sus audífonos, paró en seco en el balcón.
—¿Qué pasa, Sakura?
—Me falta un resumen —admitió Sakura que se aferró al asa de su mochila—. Y me preguntaba si me podrías pasar los últimos apuntes…
—Lo siento, no paso tareas sin nada a cambio.
—Lo sé, estoy dispuesta a pagarte.
Tenten satisfecha enarcó una ceja.
Tras Tenten Sakura divisó de reojo el cabello rubio de Ino y el cabello negro de Sasuke juntos. Pero sostuvo la mirada en los ojos castaños de Tenten, tenía que aguantar. Ambos iban en el mismo salón. Se inclinó en busca de su celular.
—Pásame tu número así nos organizamos mejor y me dices lo que te debo.
—Ok —asintió Tenten con la cabeza. Sus dedos se deslizaron fugaces en las teclas, escribió el número que Sakura le dictó.
La mano de Sakura temblaba un poco, era como un quejido atorado en su pecho lo que le inquietaba. Tosió a propósito para sacarse la sensación de encima y anotó el número de Tenten.
Cuando Tenten se hubo marchado Sakura divagó un poco en su lugar, quizás no era bueno estar sola, la soledad aumentaba esas ideas indeseables en su cabeza. No las quería ¿Acaso ella pedía demasiado? ¿Acaso Sasori notaba lo insistente que ella pronto se volvió? Quería estar con él, en su compañía, necesitaba un pilar, una mano, una voz. Quizás ella no había sido el pilar que él necesito 8 años atrás cuando sus padres fallecieron pero ella si lo necesitaba a él ahora, y lo necesitó años atrás. Avanzó por el pasillo hasta el aula de Sasori. No recordaba haber visto el cabello rojizo de Sasori entre la multitud minutos antes así que quizás, solo quizás él seguía en su aula.
Abrió la puerta expectante.
—Sasori... —sus mejillas perdieron color, un latigazo frío le recorrió la espalda. En vez de unos ojos marrones se encontró con unos azabache. La mano de Sakura se aferró a la manilla por instinto.
Sasuke estaba solo sobre el escritorio con la pizarra llena de notas y un libro en mano.
Un hormigueo la abrazó ¿Por qué? ¿Por qué solo ella tenía esta maraña de sensaciones? Su cuerpo parecía estar en una montaña rusa pero Sasuke apenas y levantaba los ojos de su libro. Sus ojos serenos no se apartaban.
—Lo siento —masculló ella al desviar la mirada y cerrar la puerta.
No podría calificarse como un accidente, menos como una coincidencia. Sakura sabía que Sasori y Sasuke también compartían aula. Bajó la primera hilera de escaleras aturdida, Sasuke además sabía que Sasori y ella tuvieron una amistad años atrás.
—¿Haz quedado con Sasori?
Le hablaba, después de 7 meses, le hablaba.
—No, le busqué por mi cuenta -respondió ella de espaldas, incapaz de mirarle esta vez.
—Puedo marcarle, no creo que se haya alejado mu...
—No —contestó ella tajante—. Es decir, no, gracias.
No esperó respuesta, bajó las escaleras con rapidez. Sus pasos apresurados casi la hicieron tropezar cuando en el pasillo alzó el rostro y el cuerpo relajado de Sasuke sobre el barandal seguía mirándole.
"¿Haz pensado en el precio?"
Texteó a Tenten mientras caminaba por la acera hacia su casa. Un mísero resumen, uno que perdió por dejarse llevar por los celos. Si eso eran, celos. No era curiosidad, ya no usaría esa excusa. No le pareció interesante que su mejor amiga se escabullera para encontrarse con su ex-novio, no, lo vio como una escena irreal, una ironía de la vida, un maldito y jodido boomerang de problemas que le estalló en el rostro.
Pagaría el dinero que costara y recibiría el puente de verano, saldría a divertirse de alguna forma a la playa y, bebería alcohol. Quizás hasta conocería un lindo turista que desaparecería al día siguiente dejándole una sensación sofocada en la garganta, como un vómito de desesperación.
El teléfono vibró en sus manos, tenía los dedos encrispados sobre el.
"Si, depende de que tan buena seas para conseguir alcohol".
La imagen de su madre constantemente ebria por la noche la impulsó a mandar un "Está bien". No estaba segura si la selección que su madre "escondía" bajo los cajones de cubiertos era del agrado de adolescentes fiesteros, pero quizás el alcohol cumpliría su objetivo de dejarles mareados o alegres y eso lo compensaría.
"¡Yupi! Te dejo mi dirección ;)" contestó Tenten de inmediato. El resto del mensaje indicaba una dirección a las orillas del este en la primera isla no muy lejos de la escuela seguido de una foto adjunta que tardó largo rato en descargarse, era un letrero de una productora de sal local color amarillo y letras azules con dos gaviotas sobre ellas. Parecía que la familia de Tenten filtraba las sales del mar para consumo humano.
Sakura tuvo calor luego de caminar algunos metros con el sol calándole el rostro y las piernas, metió la mano a una de las bolsas de su mochila en busca de una goma de pelo que no encontró. Esta vez el sol era más fuerte que el viento que golpeaba caliente sobre ella, las gotas de sudor le cosquilleaban las mejillas hasta el cuello, trató de sostener su pelo con su mano izquierda y lo acomodó en su hombro, así parte del cuello respiraría un poco.
La dirección de Tenten estaba ligada a una buena área de restaurantes y bares turísticos, mismos que se comían la vista al mar si uno se encontraba en la acera próxima, a pocos días de las vacaciones de verano la zona diamante como la denominaban los lugareños ya tenían presencia extranjera y la música también se encendía temprano antes del atardecer, los empleados se preparaban para la oleada de clientes que les vendrían pronto. Podría ser entonces, que la familia de Tenten abastecía de sal a los restaurantes de esta zona.
Reconoció el perfil de su profesor en una de las pequeñas palapas ubicadas casi al final de la calle, tenía en mano un refresco de lima y la camisa blanca desabotonada hasta el pecho; no tenía bronceado alguno. Estaba relajado en la sombra con el codo recargado en la barra, se dio cuenta que Kakashi la miraba con los ojos entrecerrados como tratando de enfocar su vista, Sakura no supo si él la había reconocido pues él no tenía los anteojos encima y la luz de su lado de la acera reflejaba fuerte. Ella volvió a acomodarse el cabello hacía el otro hombro y apresuró el paso.
Cuando bajó las escaleras hacia la arena se quitó los zapatos deportivos y las calcetas. Tenten descansaba sobre una hamaca con el cabello recogido en bombones, vestida con un traje de baño de dos piezas verde. Era una casa tropical en comparación a la suya que se escondía en un vecindario de estilo más metropolitano sobre una colina.
Una sonrisa se extendió en el rostro de Tenten, no era una sonrisa de bienvenida, estaba claro, si no una sonrisa satisfecha que haría alguna persona cerrando un trato.
—Los apuntes están en la mesa —habló Tenten volviéndose a su hamaca, hizo un ademán flojo y desinteresado con la mano hacia atrás. Su libreta descansaba abierta sobre una mesilla de madera junto a la entrada.
No había sillas por ningún lado así que tomó la libreta de Tenten y se tiró al suelo con las piernas cruzadas en mariposa, luego sacó su libreta de la mochila y un bolígrafo de tinta negra. En una pierna tenía los apuntes abiertos y en la otra recargaba su libreta para poder escribir.
Era nada más y menos que los apuntes de los orígenes del sindicalismo que Kakashi le había sacado en cara el otro día, se extendían por al menos cuatro páginas sin contar las gráficas que el tipo gustaba de pedir para los portafolios. Los pasó de manera desordenada a la libreta, de todos modos los resúmenes que Kakashi pedía eran pasados sobre hojas en blanco.
Luego de una hora Tenten se levantó de la hamaca, Sakura sintió sus ojos encima.
—Ya acabé —repuso Sakura. Guardó las cosas rápido y devolvió la libreta en la mesa—. Muchas gracias.
Le dolía la mano, en especial uno de los nudillos de su dedo medio donde recargaba el bolígrafo.
Hubo silencio por un rato, Tenten se había levantado a cerrar la libreta sobre la mesilla y se había girado a revisar su celular dando la espalda a Sakura.
—¿Cuándo quieres que te de el alcoh…?
En segundos tenía a Tenten encima tapándole la boca, la chica soltó un largo "shhh" en el trayecto.
—Ya te mandaré yo un mensaje —susurró con una chispa de ansiedad en los ojos.
Sakura asintió, Tenten la imitó a forma de dejar en claro el mensaje y Sakura volvió a asentir tranquilizando a Tenten. Sakura luego hizo una seña como si un cierre invisible le cerrara la boca y levantó el pulgar. A Tenten no le dio gracia alguna, claro, si es que ese era el objetivo.
Sakura tomó sus zapatos deportivos entre los dedos, ambos tenían las calcetas hechas ovillo dentro de las puntas. Regresó a la acera, descalza. El suelo estaba que ardía en las plantas de sus pies pero no hizo intento por ponerse el calzado, la resaca ya no la tenía encima, el cuerpo ya no le dolía así que apresuró el paso por donde vino, la hilera de restaurantes y bares pronto apareció a su lado derecho, la música electrónica estaba mas fuerte que antes y había mas carros aparcados.
Kakashi no se había movido de lugar, seguía en la misma palapa pero esta vez estaba acompañado por una mujer. El profesor no era tan viejo, aceptó Sakura para sus adentros. Era un adulto, sí. Pero no era de extrañar que aún tenía edad para divertirse en esos lugares. Su incapacidad de haberse quitado la ropa que usó en la escuela como un detalle para la chica en la cita era quizás el único signo que Sakura notó propia de la vida de trabajo de un adulto. No criticó más, recordó que aquel día ella había hecho algo peor, se había puesto el mismo uniforme de todo el día anterior y enmascaró el hedor con más desodorante. Aún con la música fuerte, Sakura logró escuchar la carcajada de Kakashi cuando ella dobló a la izquierda.
La carcajada se quedó en ella, más como un comparativo. No pudo evitar relacionar la voz de su profesor con la de Sasuke aunque, luego de un largo recorrido a sus memorias no recordaba haber hecho reír a Sasuke más allá de un resople divertido.
La manija de la puerta estaba con seguro, no podía entrar a su casa. Se revolvió en su sitio y luego sacó su celular de su mochila. El timbre del teléfono de su casa sonó, tras un largo rato nadie le contestó. Se acercó a una de las ventanas en vano, porque no lograba ver nada adentro. Las luces estaban apagadas además de que por dentro esa misma ventana tenía una cortina delgada.
Volvió a marcar pero esta vez al celular de su madre.
Ring.
Se mordió el labio. Dobló sus dedos descalzos sobre el otro pie.
Ring.
Observó a su al rededor, al resto de las casas. No era un vecindario ajetreado porque la mayoría de las familias tenían hijos ya mayores.
Ring.
Sakura se había alejado un poco de la casa, quiso tener la esperanza de que la luz de alguno de los cuartos estuviera prendida y solo era cuestión de tiempo de que su madre en su estupor alcohólico escuchara alguno de los teléfonos. Pero nada.
Ring.
La llamada había terminado.
Maldijo para sus adentros y aunque fue capaz de decirse así misma palabras hirientes no pudo pronunciar alguna contra su madre, nada más que justificaciones. Se recargaba en una de sus piernas, rato después se recargaba en la otra. El cielo se estaba empezando a tornar naranja. Esperó por mucho rato con las teclas del celular entre los dedos moviéndose entre sus contactos restantes. Ino. Sasuke. Tenten.
Ninguno parecía ser buena alternativa, tampoco había pedido el contacto de Sasori a quien realmente necesitaba en este momento. Tenía el cabello cerca de la nuca húmedo. Quería bañarse y poner el uniforme en la lavadora.
No era la primera vez que su madre hacía esto y esas veces Sakura acudía a Ino y ahora no sabía a quién acudir. El frío del anochecer la obligó a abrazarse así misma, no imaginaba quedarse en el porche hasta la mañana siguiente porque honestamente no sabía siquiera si su madre regresaría para entonces.
Pensó en Tenten, la había sentido tosca, algo distante y claramente en su mundo. Pero no tenía opción, era capaz de darle una botella de alcohol extra si la dejaba dormir en su casa. No tenía nada que perder.
Esta vez estaba trotando en la acera, tenía que subir hasta la escuela y luego bajar en la calle próxima hasta la zona diamante. Algunos vecindarios estaban bien iluminados y tenían personas afuera en sus porches lo que le daba paz. Tampoco podía evitar mirar sobre el hombro para cerciorarse de que nadie la seguía. Cuando escuchó la música y vio que la zona no estaba desierta sintió un peso abandonarle los hombros. Pasó cerca de un grupo de jóvenes que charlaban amistosamente junto a un carro estacionado, uno de ellos dio un paso hacia atrás.
—¡Mierda! —gritó Sakura. El muchacho había pisado uno de sus pies descalzos, justo en la uña del dedo gordo.
—¡Disculpa! —Respondió el muchacho que se giró rápido y puso una de sus manos en el hombro de ella—. ¿Estás bien? ¿Puedes caminar?
Sakura asintió, tenía las mejillas rojas, sus labios entre abiertos, trataba de aspirar aire entre dientes para disimular el torrente de dolor frío que le subía hasta la rodilla. Se apoyó en el brazo que el muchacho extendió hacia ella para levantarse. Después revisaría su pie, se estaba haciendo tarde y necesitaba llegar cuanto antes. Sakura apretó los labios e hizo una leve sonrisa al muchacho dejando en claro que estaba bien, el grupo de amigos se tragó el cuento y volvieron a su conversación sin más preguntas.
Caminó algunos pasos más aunque con una leve cojera. Cuando dobló la esquina hacía la derecha, cayó de rodillas. El dolor le había subido como un latigazo, no pudo sostenerse más, usó una de sus manos para abrazarse la pierna que le dolía.
Se dejó llevar por la música tan solo para respirar antes de retomar el camino. Dejó salir un leve sofoco de aire acompañado de un sonido gutural ahogado. Alzó sus ojos al cielo para cerciorarse de que en efecto ya era de noche.
El coche azul frente a ella que le tapaba la vista a los restaurantes parpadeó. Primero vio el cabello plateado y después el rostro de Kakashi con la vista hacía los bares, sostenía las llaves en una mano pero no parecía despedirse.
El hombre paró en seco cuando notó a la muchacha hecha un ovillo en la esquina, tras segundos de examinarla la reconoció.
—¿Sakura?
Su cuerpo se inclinó a ella, reposó una rodilla en el suelo. Sus ojos se movieron de arriba a abajo.
—¡Estás sangrando! —Sakura no tenía palabras para responder. Solo le miró y le sintió cuando sus manos sostuvieron su pie izquierdo.
Emanaba un olor a licor y colonia mezcladas. Otro latigazo de dolor la invadió cuando Kakashi tocó con las yemas de sus dedos el área de su dedo que ya comenzaba a hincharse.
—¿Te duele? —preguntó él lo suficientemente cerca para que la música no opacara su voz. Sakura asintió, se giró hacia él para toparse con la línea de su quijada, sus ojos verdes después siguieron una gota de sudor que brotaba desde detrás de su oreja hasta su clavícula—. Debería llevarte al médico —prosiguió él luego de inspeccionar con cuidado.
—No —musitó Sakura. El halo de aire que salió al pronunciar estas palabras golpearon el cuello de Kakashi—. Solo quiero irme a dormir —rogó.
—Está bien, te llevaré a tu casa.
—No —contestó Sakura aún mas fuerte, su mano apretó la de él—. No hay nadie en casa —aclaró y una leve risa dolorosa le brotó.
Kakashi suspiró. Era obvio para Sakura ver en su expresión preocupada una pregunta que tenía en la punta de la lengua ¿Y tus amigos? Pero Kakashi no prosiguió con las preguntas, se levantó y abrió la puerta trasera.
—¿Crees poder levantarte? —preguntó después de poner su brazo bajo el de ella.
—No, me duele mucho.
Kakashi subió las mangas de su camisa hasta la altura del codo y escurrió uno de sus brazos bajo las rodillas de Sakura y la alzó sin esfuerzo. Ella acomodó la mochila y los zapatos en su regazo y por un momento se arrulló en el cuerpo cálido de Kakashi. Le pareció incluso sentir un latido de su corazón. Pero el dolor a este punto la tenía cansada y no estaba segura. Kakashi la acomodó en el asiento trasero con delicadeza, su cuerpo cruzaba el de ella al momento de poner el cinturón de seguridad. Le vio cerrar la puerta, rodear el carro y volver a la barra donde la misma mujer que había visto en la tarde le esperaba sentada. Un ligero rubor invadió el rostro de Sakura, tanto de vergüenza por haber arruinado la cita de su profesor como por una leve satisfacción de ver a alguien ponerla a ella como prioridad. No sabía cual de aquellas sensaciones la invadía más. Aceptó ambas. Les vio intercambiar palabras por un rato, el hábito de Kakashi de hacer ademanes con las manos ocupadas también fue evidente. Se despidieron con un beso en la mejilla, Kakashi pues, parecía que dejaba algo atrás, se pasó la mano por el cabello y le dio un último vistazo a la mujer por encima del hombro antes de meterse al coche. Su colonia invadió el auto, se giró levemente para cerciorarse de Sakura y encendió el auto.
Sakura no prestó atención al camino, sus ojos solo observaron la carretera moverse como en un bucle; pasto, lámpara, pasto, lámpara. Debió haberse quedado dormida porque cuando abrió los ojos Kakashi ya había estacionado frente a su casa.
La tomó de nuevo en sus brazos, tras él el auto volvió a parpadear luces, tenía el seguro activado. Sakura en la oscuridad del porche de Kakashi reconoció el sonido de las llaves y una puerta de madera rechinar levemente cuando se abrió. Por un segundo tuvo el pensamiento de que quizás esto la salvaría de hacer los resúmenes aburridos que le esperaban mañana y sonrió. Ella con el rostro en el pecho de él reconoció la sala, la ventana tenía las cortinas abiertas y la luz de la lampara de la calle iluminaba de manera decente, él la acostó en el sillón, tomó su mochila roja y la acomodó bajo ella en el suelo.
Sakura observó su figura silenciosa pasearse de un lado a otro, escuchó también el swtich del pasillo, la luz alcanzó a iluminar hasta sus pies, el resto de la sala pendía solo de la luz exterior. La casa era de dos pisos, pensó ella, pues escuchó sus pasos en escaleras, cuando bajó tenía en mano una sabana y en la otra alcohol y algodón.
—Creo que tenemos que desinfectar ese dedo —indicó él con un tono serio. No le estaba pidiendo permiso, tampoco buscaba ser cuidadoso con sus palabras, era una orden. Movió uno de los sillones individuales hasta acercarse a los pies de Sakura, luego en una rodilla acomodó el pie lastimado.
El alcohol estaba frío, Sakura recibió la sensación con un respingo, Kakashi le limpiaba el talón y la planta del pie antes de tocar la herida y la anticipación la hizo erguirse levemente en sus codos para mirar por si misma la ruta que el algodón tomaba entre sus dedos.
—¿Lista? —Kakashi había tirado el algodón anterior y ahora tomaba entre sus dedos uno nuevo. Lo empapaba del Alcohol y lo exprimía entre sus dedos en el suelo.
Sakura negó con la cabeza y se tapó los ojos.
Sintió el ardor hasta la garganta. Sakura se quejó, un gemido salió de sus labios a pesar de su hábito de aguantarse las expresiones de dolor.
—Ya no, profesor. —rogó.
—Tendrás una infección si no te limpio, Sakura —el tono serio no dejaba su voz. La situación hubiese sido un poco más alentadora si él al menos expresara algo de burla. Pero su rostro estaba serio y dedicado. Pasó un algodón nuevo al rededor de la uña. Sakura jadeó otra vez, crispó sus pies y sintió una pequeña lágrima brotarle—. Tranquila —susurró Kakashi— Ahora puedo ver mejor la herida —la tranquilizó—. Con algunos antibióticos y calzado abierto los próximos días estarás bien.
Él tomó los algodones sucios y los metió a una bolsa vacía que amarró luego acercó la sabana a ella.
—Descansa, buenas noches.
Sakura apretó la sabana a su pecho, vio su figura irse, el switch del pasillo sonar otra vez; de nuevo estaba todo oscuro y sus pasos desvanecerse hacía las escaleras.
Y solo así, en la completa solitud lloró. Lloró de rabia y lloró un sentimiento extraño de calidez que peleaba su lugar contra el sentimiento de rabia y abandono. Escondió su rostro en la sabana, cerró los ojos. Se abrazó en la calidez que alguna vez sintió en Sasuke o en Ino, se abrazó en las memorias que ya no la cobijaban. Se abrazó con las visiones de los labios de Ino sobre los de Sasuke. Se abrazó aún con la dolorosa verdad de que el abandono parecía seguirla y sofocarla. Pero también se abrazó en el olor que Kakashi emanaba de su cuello, un hormigueo se extendió en su vientre y se llevó las manos a la boca, una boca que tembló ante tal pensamiento. Recordó la gota de sudor que la llevó hasta sus clavículas y recordó el apretón que sus dedos le dieron a sus piernas para sostenerla ante todos. Alguien se preocupaba por ella, al menos, alguien hoy se había preocupado por ella. No importaba si lo que impulsó a Kakashi fue el instinto de responsabilidad que tenía como profesor no importaba que su preocupación no se debiera a una amistad o algún lazo familiar que les uniera. Agradecía que esa noche no había terminado en el porche de su casa a la expectativa de si su madre llegaría. Se abrazó así hasta dormir.
