Un sofoco chocó contra el pecho de Kakashi, se extendió hasta su garganta y las yemas de sus dedos. Sakura descansaba con los ojos abiertos en su asiento trasero, sus iris verdes se reflejaron cuando la luz de la calle le iluminó el rostro tras la ventana. Su pecho se elevaba y bajaba en un vaivén lento. Eso tranquilizó al hombre. Echó un vistazo a los lados de las calles para cerciorarse de que estaba solo y entró al coche a tomar entre sus brazos el cuerpo de Sakura. Ella no se resistió, sus mejillas terminaron descansando en los hombros de él y Kakashi la sostuvo con ambos brazos bajo sus muslos.

Deslizó su mano izquierda en sus pantalones oscuros de vestir y sacó las llaves de la puerta principal, entró con recelo a pesar de vivir solo y encendió el foco al fondo del pasillo cerca de la puerta trasera junto a la cocina. La iluminación sería apropiada y no lastimaría los ojos de Sakura. Pasó junto a la sala de estar donde anteriormente la muchacha había descansado pero esta vez no lo sintió como una opción, una extraña y profunda preocupación le venía torturando con pensamientos intrusivos desde que la vio en la playa junto a Sasuke. Subió las escaleras pasando por el cuarto de servicio y su estudio hasta su habitación.

Sakura permanecía relajada, a veces él sentía un suspiro golpearle en los lóbulos de sus orejas y moverle el cabello, cerró la puerta tras él.

El calor de la habitación hizo que Sakura se removiera en sus brazos, Kakashi la sostuvo aún más fuerte, una de sus manos subió a través de su espalda hasta sus omoplatos y la mantuvo en su lugar para evitar que se cayera. No esperó más, la recostó sobre el edredón gris y beige. Se tomó un tiempo extra para acomodar la cabeza de Sakura sobre una suave almohada blanca con bordes ondulados grises.

Los ojos de él chocaron con los ojos de ella, con lo poco que la lámpara de su escritorio lograba iluminar. Le notó la mascara de pestañas y un poco de delineador escurrido en sus ojos.

Junto a la cama había un buró pequeño con dos compartimentos, uno al aire libre donde Kakashi apiló varios libros y el segundo, un cajón que abrió luego de acercar la silla de su escritorio hasta la cama, junto a la muchacha. Del cajón sacó unas toallitas húmedas, enrolló la punta de su dedo bajo una y se volvió de nuevo a la muchacha.

Comenzó con unos toques leves en los párpados de sus ojos para limpiarle el maquillaje, cambió la posición de su dedo a un área limpia de la toallita y prosiguió con la mascara de pestañas. Paró, de pronto, le pareció ver un par de lágrimas viajar hacia el lado derecho de su mejilla. Se apartó por unos instantes, no solo el cuerpo, sus ojos negros se encogieron por un breve instante.

Cinco semanas atrás Kakashi por primera vez en todo el ciclo escolar le prestó atención a Sakura, porque justamente, el destello de una de sus lágrimas durante clases lo introdujo al silencioso sufrimiento que Sakura experimentaba en el momento. Los dedos de Kakashi se fruncieron sobre la almohada ante el recuerdo, las yemas se hundieron en la tela.

Todo en su vida había ido relativamente bien, él y Kurenai habían hecho a cierto modo las paces luego de encontrársela en la capital del continente y tres semanas después ella le visitaba dispuesta a darle una segunda oportunidad. Pero no estaba tranquilo, las lágrimas de Sakura y los roces de Kurenai lo tenían como un perro sediento, confundido, mareado.

Se controló por tres semanas, dejó que Sakura procesara el dolor que experimentaba tras ver hacia la ventana, un suceso que el ignoraba. Pero el proceso lo tuvo que parar porque Sakura no estaba procesando el dolor para seguir adelante, se alimentaba de este.

—La vida amorosa de estos niños es más complicada que la de uno —escuchó a Jiraiya resoplar luego de dejar caer una pila de libros sobre su escritorio—. Parece que hay un triángulo amoroso entre una de tus estudiantes y dos de mis estudiantes.

Fue entonces cuando Kakashi lo supo y fue entonces cuando decidió parar el hábito auto-destructivo que Sakura hizo parte de su rutina. Sintió apropiado hacerla tomar riendas de su realidad, devolverle los pies a la tierra y que ella titubeara en el proceso de que estaba en el aula de clases y no allá abajo, viendo lo que sea que sus ojos esmeralda veían. No quería saberlo.

La mano de Sakura le tomó de las piernas, eso sacudió a Kakashi de sus recuerdos y se volteó a verla, los ojos de la muchacha divagaban silenciosos en el cuarto. Él acarició su mano y la acomodó de nuevo sobre la cama, se inclinó otra vez a limpiarle el rostro, las lágrimas ya se habían secado.

Deslizó las yemas de sus dedos índice y medio desde la sien hasta la barbilla trayéndose consigo algo de polvo y corrector. Al final tomó una última toallita húmeda para limpiarle los labios. Aparto unas hebras de cabello que tenía en medio del rostro gracias al brillo labial y trató de limpiarlos con gentileza. El tono rosado del labial no hacía mucha diferencia, Kakashi notó que los labios de Sakura eran aún más sonrosados de cerca y tuvo un impulso. Uno que lo aturdió, un impulso que le rasgó el interior. El aroma de fresas del labial le incitaba a probarlo, un estremecimiento en su espalda y un ansía que le nació en la boca le dejó atónito por varios segundos antes de que se apartara a tirar en el cesto de basura las toallitas usadas.

Se limpió unas espesas lágrimas una vez que impulsó la silla hacia el escritorio y se quedó ahí inmóvil. Nunca jamás se imaginó estar en una situación así, se mordió los nudillos de uno de sus dedos que le cruzaban el rostro avergonzado. Siempre tuvo una vida amorosa tranquila, socialmente aceptable, pero esto que sentía, esto que le rasgaba tenía que pararlo.

Kurenai estuvo con él por dos años y todo para que al final él titubeara en el altar, después ella le perdonaba y le daba una segunda oportunidad. Pero Sakura se adueñaba de la poca sanidad que le quedaba en tan solo cinco semanas. Él treinta y tres. Ella casi Dieciocho. Y lo peor es que era su estudiante.

Una maldita lágrima a través de las blancas mejillas de ella durante clases fue suficiente para que Kakashi viera mas allá del velo de maestro-estudiante hasta la humanidad e individualidad que Sakura profesaba. Una inmadurez que sacaba a Kakashi de sus casillas y una extraña forma de expresión emocional que el carecía formaron un nudo sobre sus ojos, sobre su corazón, sobre sus pensamientos, sobre sus sentimientos. El apretón de aquella cuerda imaginaria fue de improviso, no gradual. Una parte de Kakashi aceptó la asfixia de estos nuevos sentimientos y otra luchaba por liberarse. Hace cinco semanas hubiera podido darle una respuesta a Kurenai, un "Si, después de todo este tiempo, toda esta espera, resultó que tu serías mi esposa" y hoy Kakashi solo lograba gritarle internamente a Kurenai "Eres la tortura que mi padre me dejó luego de morir".

De reojo miró la hora en su reloj de escritorio, las tres de la mañana. Encendió el ventilador de techo. Se tranquilizó cuando vio a Sakura caer dormida minutos después, parecía que la droga por fin la dejaba descansar. Se talló el rostro y se deshizo de su camisa de botones y manga larga frente al closet luego se puso encima una camiseta de algodón, suave, ligera. No tardó mucho en el sillón de la sala de estar porque cada que el cuerpo se le rendía se sueño se volvía a levantar con un respingo de preocupación, regresó al cuarto y dormitó junto a su escritorio. Temía que Sakura vomitara y fuera incapaz de levantarse para expulsar el líquido. A las seis de la mañana Kakashi cayó rendido sobre su escritorio.

Sakura abrió los ojos unas horas después. Se pasó la mano por el rostro hasta el cabello desorientada con una jaqueca fuerte. Bajó los ojos en busca de un vaso de agua y solo se pudo topar con la figura encorvada sobre el escritorio de su profesor. Eso la levantó como. resorte de la cama y se descubrió vestida con la misma ropa del día anterior, sus sandalias permanecían bien acomodadas junto a la cama. Sacó su celular y revisó la hora, 9 de la mañana, sintió un alivio al no ver ningún mensaje o llamada perdida. Trató de no hacer ruido al salir de la habitación y se asomó por la rendija de la puerta antes de salir. No era posible, los vecinos de la casa de enfrente estaban recibiendo familia. Tuvo que volverse al pasillo de la casa. Escuchó pasos en el segundo piso, pronto la figura de Kakashi bajar como rayo tras las escaleras. Paró en secó cuando ambos se vieron a cada extremo del pasillo.

—Creí que te habías ido —habló él.

—Debo irme —contestó ella.

Él asintió aferrándose al pasamanos expectante a verla salir por la puerta.

—¿Pasa algo? —preguntó el por fin cuando minutos después ella no se movió.

—Hay gente afuera.

Él volvió a asentir, bajó el último escalón.

—Trata de recomponerte un poco mientras esperamos a que las personas se vayan ¿te parece?

—Está bien —se acercó a Kakashi a la barra de la cocina— No recuerdo que pasó anoche.

Kakashi no tenía problema de decirle la verdad, de no ser por un detalle o dos. Pero mencionar el hecho de que Sakura estaba al cuidado de Sasuke reavivaría los sentimientos de ella, la esperanza y eso cortaría la conexión que lo mantenía junto a ella como imán.

—Te encontré en la playa mientras Sasuke trataba de alzarte. Él intentaba llevarte a casa y me ofrecí a hacerlo.

—¿Sasuke?

Kakashi asintió y le extendió un vaso de agua fría a Sakura, ella le dio un trago que le ayudó un poco a menguar la molestia que el dolor de cabeza le ocasionaba. Frunció el ceño tratando de recordar mas allá de haberle alzado el dedo, más allá de verlo con Ino bailar.

—¿Por qué no estoy en casa?

—No sé, no me pareció adecuado —titubeó Kakashi, ayer en la noche eso sonaba a una razón lógica, pero ahora que tenía que responder realmente esa acción no parecía sostenerse por completo ante las repercusiones morales de su trabajo—. Tu madre podría haberte golpeado de nuevo.

Sakura estuvo de acuerdo con él en el fondo. Pero estar ahí con él la hacía sentir que no era algo apropiado. La primera vez fue una necesidad, no iba a dormir afuera en el porche de su casa, pero esta vez su madre si estaba dentro de casa y de una u otra forma le abriría la puerta. Tampoco había dejado atrás la hostilidad que Kakashi le expresó durante la semana. Las únicas palabras ciertas de su madre era que Kakashi podía perder su trabajo si seguía tomando este tipo de decisiones como si fuera un hermano mayor, no era nada más que un extraño. La primera vez en que ella pisó esta casa había sido durante un momento de angustia, de sentir que estaba abandonada, de que no había amigo alguno a quién acudir. Dejó el vaso sobre la barra, hasta la mitad.

Más que pensar con lógica, la droga la hizo de nuevo recurrir a Kakashi. Apartó la mirada perdida que tenía sobre la barra para mirarlo a él. Él la miraba también, sostenía un vaso de agua entre sus dedos y estaba recargado en la puerta del refrigerador.

—Lamento haberlo molestado tanto durante estos últimos días —suspiró ella, entrelazó nerviosamente sus dedos buscando las palabras adecuadas—. No sé que me pasa. Juré no ser como mi madre y sus vicios pero admito que pude haberme negado a meterme esas pastillas.

Kakashi no respondió, era un gesto de que la escuchaba y que podía proseguir si quería.

—Extraño a mi padre. Extraño los tiempos en que fui feliz con mi familia unida. Y, sobre lo que usted dijo, de verme de aquí a cinco años. Realmente no veo nada.

Él se acercó un poco a la barra a dejar su vaso ahí.

—Yo no tenía pensado ser profesor —confesó él—. Quería ser un terapeuta en la capital del continente para jovenes en detención. Pero mi padre impulsó cierta inclinación a la pedagogía así que terminé estudiando eso y no tuve plaza hasta hace dos años en la isla.

—¿No siente que se pierde de algo?

—No lo sé, pero durante ese tiempo tuve que aceptar que vida es… como un vaivén de olas y me mudé acá luego de que la corriente hizo las suyas. Quizás sea apropiado que veas un futuro fuera de esta isla —los ojos de Kakashi se iluminaron e hizo ademanes con las manos tratando de describir un escenario frente a los ojos de Sakura— Imagina que puedes reinventarte como una persona totalmente completa dentro de tu profesión. Dejar el agobio de la isla para siempre.

Sakura sonrió ante la idea de ahogar su vida pasada tras el ferry que la llevaría hasta el continente. Frunció sus labios después.

—Quizás sea tiempo de que pidas ayuda a tu padre —musitó Kakashi. Su mano izquierda tomó los dedos de Sakura tratando de tranquilizarla. Sonrió un poco, de lado y se apartó—. Hay esperanza de que dejes tu hogar.

—¿Qué va a pasar con mi madre?

—No lo sé. Pero se consciente de que dentro de poco serás una adulta y estarás en tu derecho de tomar tus propias decisiones. Si quieres mi opinión —se atrevió él a decir—, deberás irte a vivir con tu padre dentro del continente.

Un nudo doloroso en el estomago se le formó a Kakashi en el estomago luego de pronunciar esas últimas palabras. No había razón para retener a Sakura dentro de un hogar caótico y de condenarla al sufrimiento solo porque él se estaba apegando sentimentalmente. Alguien tenía que intervenir, alguien tenía que separarles. Sintió el mundo aún venirsele encima cuando Sakura asintió ante su consejo.

—Tiene razón, lo voy a hablar con mi padre durante sus visitas de verano.

Él solo atinó a forzar una sonrisa.

Y forzó otra cuando minutos después Sakura cruzó el umbral de la entrada para irse.

El cuerpo de Kakashi se sintió ligero, soltó una exhalación como si hubiera estado aguantando un objeto pesado por horas e hizo lo que había hecho 9 años atrás frente a su padre. Fingir. Fingir ser lo que no era.