El viaje aéreo parecía más largo de lo que Rosie podría haber imaginado que sería. Sabía que la distancia de un reino a otro era obvia, así que no le sorprendió mucho cuando se decidió que debían aparcar por ahora y continuar el viaje muy temprano en la mañana.

Se había acordado una hora, y ahora todos estaban durmiendo, o al menos eso se suponía. Rosie miró a su alrededor, observando a los chicos dormir profundamente amontonados unos contra otros, era... Reconfortante de alguna manera, verlos de aquella manera. Sus ojos pronto viajaron a la cabina, notando un movimiento, y se dio cuenta de que Qrow Branwen parecía seguir despierto.

La curiosidad floreció una vez más, y pasando con cuidado a algunos de los que dormían, ella llegó hasta la cabina, asomando su cabeza en el espacio entre los asientos, mirando al cazador.

—¿Qrow? —lo llamó ella en voz baja y dubitativa. El cazador alejó su mirada del exterior, mirándola con los ojos abiertos de asombro, claramente no la había sentido acercarse.

—¿Qué sucede, niña? ¿Problemas para dormir? —le pregunta el cazador, relajando su postura un poco. Rosie sonríe, sentándose en el asiento del copiloto a su lado.

—No tengo mucho sueño —le dice ella, mirando hacia el exterior —¿Puedo hacerte una pregunta?

—Dispara —le responde Qrow enseguida.

—Cuando esa mujer... Cinder, me estaba atacando, y se pusieron frente a mi —ella volvió a verlo —¿Estabas usando una guadaña? —preguntó con curiosidad. Había estado pensando en eso por un tiempo, teniendo ligeros destellos de recordar que cuando Nora fue por ella, Qrow con el resto estaba entre ellas y Cinder, y él tenía una guadaña que después convirtió en una espada.

Qrow pareció en blanco unos segundos, solo para después sonreírle —. Estás en lo cierto, soy el primer portador de una de las armas más peligrosas y difíciles de Remmant.

—¿Enserio? ¿La más peligrosa y difícil? —pregunta la joven rosa, sus ojos brillando con emoción —. Bueno, eso explicaría porque no pude encontrar nada sobre guadañas mientras leía revistas de armas —agrega.

—¿Sigues con tu obsesión a las armas, pétalo? —le pregunta Qrow con diversión y cariño.

—¡Es que las armas son geniales! —exclama con emoción, solo para después cubrir su boca con ambas manos y mirar hacia atrás a quienes duermen, asustada de haberlos despertado. Cuando estuvo segura de que no había provocado ningún incidente, volvió su mirada a Qrow, quien no había dejado de verla con una sonrisa —. El punto es... —susurra en voz baja, acomodándose de nuevo en su lugar —, que las armas son geniales, la variedad, la originalidad, sus mecanismos y capacidades, ¡son asombrosas! —chilla —. Dijiste que eras el primer portador, dime, ¿quién es el segundo? —le preguntó con ansias, sonriendo emocionada.

—¿Quién crees, pétalo? —le pregunta con diversión, arqueando una ceja y mirándola inquisitivamente.

—¡¿Yo?! —chilla en voz baja, su mirada deslizándose de nuevo hacia atrás, esta vez, en el sitio donde sabe que está su bebé.

—Si, Crescent Rose es la segunda arma más mortal, después de Harbinger —le responde el cazador con cierto orgullo —. En verdad fuiste asombrosa diseñándola.

—¿Yo la hice? —susurra Ruby con asombro, sin poder apartar la mirada de su arma, entonces su entrecejo se frunce, pensativa —. Creo que tiene sentido, no sé cómo, pero desde que Aaron me la entregó, sabía cómo manejarla, su mecanismo y como mantenerla —mira a Qrow, quien la observa atentamente. Entonces, cae en la cuenta de algo más —. Espera, el nombre de mi arma, ¿es Crescent Rose? —pregunta con curiosidad, sintiendo repentinamente un ligero alivio ante la familiaridad del nombre.

—Si, la nombraste incluso cuando solo tenías los planos —le respondió Qrow, emitiendo una suave risa.

Ruby sonríe con cariño y una mirada triste, bajando sus ojos plata a su regazo —. Siempre se sintió extraño, ¿sabes? No tener un nombre para ella. Sentía que lo tenía, pero... Saberlo ahora... —volvió a mirar a Qrow, quien le observaba con preocupación —. Se siente bien —termina con una sonrisa más alegre, logrando tranquilizar al cazador —. Y dime, ¿hay más portadores de guadaña? —pregunta ella, cambiando el tema, o más bien volviendo a retomar lo que ya habían hablado.

—Bueno, solo somos tu y yo manejando la guadaña, pétalo —le responde Qrow, dejando relucir cierto orgullo en su declaración.

Pronto, Qrow comienza a hablarle sobre el mecanismo de Harbinger, y Rosie a veces interviene, adulando, sugiriendo e incluso hablando de Crescent Rose también.

—Por cierto, Qrow —le dice Ruby, obteniendo una mirada curiosa del cazador —. El apodo pétalo... Me gusta —le dice ella con una suave sonrisa —. Es como con el nombre de Crescent Rose, se siente bien —explica, y nota la pequeña conmoción reflejada en los ojos rubíes del hombre, la cual de inmediato desaparece y la mira con cariño.

[...]

Yang despierta temprano, el cabeza de toro está ya en movimiento por lo que deduce que Qrow lo puso en marcha temprano, después de todo, tenía frente a ella a Oscar dormido en el regazo de Nora, quien estaba recargando su cabeza contra el hombro izquierdo de Ren y Jaune tenía su cabeza en el hombro derecho del mismo.

La rubia notó que Weiss dormía contra su hombro derecho y Blake estaba en su regazo. Sonrió con cariño, acomodando con cuidado un mechón descuidado en el rostro de su pareja.

Yang deslizó su mirada de nuevo por el sitio, esperando localizar a su hermana, pero no la encontró por ningún lado, solo a Crescent Rose depositada en el asiento que ha usado. Frunció el entrecejo, confundida y preocupada un poco de no tener a su hermana en su campo de visión.

—¿Yang? —Weiss susurra adormilada, sentándose derecha y frotando su ojo con la palma de su mano —¿Qué pasa?

Yang nota que Blake también se levanta de su regazo, estirando los brazos sobre su cabeza solo para después voltear a verla.

—Ruby —susurró Yang solamente, y eso bastó para que el dúo blanco y negro despabilara, mirando a su alrededor de inmediato, buscando a la más joven de su equipo.

Antes de que Blake o Weiss dijeran algo, Yang se levantó del suelo, caminando hacia la cabina, y las otras dos no tardaron en seguirle los pasos.

Cuando Yang se asomó en la cabina, notó de inmediato a Ruby en el asiento del copiloto, envuelta en una manta gris y totalmente dormida.

—Sigue teniendo la misma energía si no la desgasta en entrenamiento —comenta Qrow con burla y en voz baja, mirando de reojo a la rubia y sus acompañantes.

—¿Se quedó dormida aquí? —preguntó Weiss, acercándose a Ruby y acomodando mejor la manta sobre ella.

—Hablamos unas horas sobre armas hasta que finalmente se rindió por el sueño —comentó Qrow sonriendo.

Yang lo observó detenidamente, sonriendo levemente ante la vista de su tío. Haber creído durante tanto tiempo que perdió a Ruby fue devastador para él, fueron días, meses, que eran un infierno. Ella lo sabía, sus ojos color de los rubíes habían perdido una chispa, había un dolor muy profundo y una culpa que lo había estado comiendo vivo, junto al arrepentimiento de la situación que no lograron resolver antes debido a que la prórroga era hacerlo hasta después de sacar a Salem de su trono. La única razón por la que su tío no se rindió y no se mató volviendo al alcohol, es debido a que Ruby jamás hubiera deseado eso para él, porque ella le hizo jurar en su nombre que no volvería a intentar destruirse de esa manera, porque, por más molesta que pudiera estar con él, aún si tenían sus diferencias en aceptar la bomba que cayó sobre ellos, Ruby jamás hubiera soportado verlo destruirse... No de nuevo.

Así que Yang estaba tranquila, notando como su tío había recuperado esa chispa que se había ido con Ruby el día que desapareció y la dieron por fallecida en acción.

Taiyang, su padre, también sufrió mucho. Cuando ella tuvo que darle la noticia, lo vio desmoronarse justo frente a sus ojos mientras sostenía la capa roja de su hermana en sus manos. La última vez que su padre la vio, había una ligera tensión entre ellos por la bomba que estalló repentinamente en la familia, y Yang sabe que su padre se arrepintió en todo este tiempo de no haber abrazado un poco más a Ruby, de haber pospuesto aquella plática por más tiempo, porque eso fue lo que no tuvieron, porque la pequeña Rose planeó ser el sacrificio para salvar a todos. Y Taiyang ha luchado por bastante tiempo en seguir adelante, porque ella lo necesita y porque Ruby lo hubiera odiado si se rendía una vez más, como lo había hecho en el pasado.

Habló con él por el pergamino, justo antes de partir en el cabeza de toro y cuando Ruby estaba dentro del mismo para evitar que la chica escuchara y explicárselo con mucha más calma y cuidado. Sabía que no era una noticia que se pudiera dar por llamada, pero dada la situación, y el hecho de que debían evitar que Taiyang abordara a Ruby abruptamente como ella misma lo había hecho, llevó a la rubia a hablar con su padre, intentando explicarle con sumo cuidado que Ruby estaba viva, pero que no tenía memorias y que le explicaría mucho mejor todo cuando se vieran.

—Así que armas, ¿eh? —Yang susurra con diversión, rompiendo el hilo de sus pensamientos.

—Por supuesto, Ruby no puede perder su amor por las armas —murmuró Weiss, rodando los ojos, pero sonriendo. Blake se rió suavemente, mirando a Ruby con cariño.

—¿Estaremos llegando pronto a Patch? —pregunta Weiss, mirando hacia el frente.

—Solo serán unas horas más, princesa de hielo —le responde Qrow.

—¿Aterrizarás el cabeza de toro en los terrenos de nuestra casa? —le pregunta Yang con diversión, recordando que la vez que su tío hizo eso, su padre casi lo asesinaba.

Qrow se rió —. Nope, pero lo haré cerca, cómo en ese claro del bosque cerca de la casa —le dijo jugetonamente, haciéndola sonreír aún más.

—Papá volverá a maldecirte —dijo Yang con notoria diversión ante el panorama próximo.

[...]

Rosie bostezó, abriendo sus ojos y sentándose rectamente en el asiento, mientras los últimos rastros de sueño se iban y dejaban de nublar su mente. Ella miró hacia su izquierda, notando que Oscar es quien tenía el mando ahora.

—Hola —lo saluda ella en voz baja y una sonrisa nerviosa, quitándose la manta de encima para después peinar su cabello con sus dedos.

Oscar la mira por el rabillo del ojo, sonriéndole —. Hey, Rosie —le devuelve el saludo.

Ella vuelve la mirada hacia la ventana, notando que el sol estaba en lo más alto —. Wow, ¿ya es tarde? —pregunta con asombro, y escucha la suave risa de Oscar, la cual provoca que su estómago se revuelva agitado de forma extraña, sonrojándose un poco por la pena.

—Bueno, te has perdido el almuerzo —le informa Oscar con diversión, y Rosie no puede evitar gemir con frustración mientras hace un puchero.

—Maldición —susurra, cruzándose de brazos y hundiéndose en su asiento.

Oscar se ríe —. Si Yang te escuchara maldecir, ya se hubiera desmayado —murmuró sin perder el tono juguetón en su voz.

—Lo dices como si no tuviera... ¿20 años? —murmura dubitativa. Oscar asiente para hacerle saber que acertó en su edad —. Soy mayor de edad, así que puedo maldecir un poco —dice finalmente con una sonrisa.

—Si... Creo que tienes un buen punto —la apoyó Oscar.

—¡Hey, Rosie! —saludó Nora con entusiasmo, asomando su cuerpo entre la abertura de los dos asientos. La de cabellos naranjas sonreía de oreja a oreja, mirándola con rebosante alegría.

—¡Hey, Nora! —la saludó Rosie con el mismo entusiasmo, era demasiado contagioso y acogedor, que de forma inconsciente correspondió de forma rápida. Rosie pronto se percató de ese detalle, notando que fue demasiado natural para ella responder de esa manera cuando hace apenas poco tiempo había actuado un poco más tímida y cuidando su forma de comportarse, la hizo encogerse un poco, temiendo que estuviera fuera de lugar su forma de reaccionar.

—¿Qué tal un delicioso sándwich, chica? —le pregunta Nora sin borrar su sonrisa, extendiendo una bolsa hacia Rosie, incluso pareciendo un poco más feliz de lo que ya estaba.

Rosie asintió, tomando la bolsa que le ofrecía la rebosante chica y abriéndola —¡Gracias, Nora! —tarareo con felicidad, más cómoda por el hecho de que la de ojos aguamarina estaba bien con que ella respondiera con tanta energía. Pronto, sacó el sándwich y no tardó nada en comenzar a comer.

—Oscar, Oscar, Oscar —cantó Nora el nombre del chico, sonriéndole maliciosamente. Rosie notó como él se estremeció, a lo que evitó reírse por eso, de alguna manera le pareció divertido verlo repentinamente tan nervioso —. Dime, querido Oscar, ¿hablaban de algo interesante Rosie y tú? —le preguntó, sus ojos brillaban como si insinuaran algo, ¿el qué?, Rosie no tenía idea alguna, así que solo continuó comiendo mientras los observaba.

—Yo... No, solo hablamos poco —respondió nervioso, sonrojándose un poco. Rosie rió silenciosamente, pareciendole tierna la expresión del chico, Nora sin duda sabía cómo ponerlo con los pelos de punta. Rosie cambió su expresión, haciendo una pequeña mueca, de alguna manera, eso también se sintió familiar.

—¡Nora! —la voz de Yang apareció justo detrás de Rosie, haciendo que saliera de sus vacilaciones y asomarse por el asiento, notando que la rubia se había puesto de pie junto a Nora, pasando su brazo por los hombros de la chica de ojos aguamarina —¿Molestando a Oscar? —le pregunta con diversión, mirando a Oscar con cierta malicia, el chico solo gimió. Yang desvió la mirada hacia Rosie y le sonrió —. Hey, dormilona, has descansado bastante, ¿lista para el día de hoy?

—Hola, Yang —la saludó Rosie con una sonrisa, enrollando la bolsa de la que había tomado su sandwich. Nora de inmediato se la quitó de sus manos.

—¡Almuerzo terminado! —anunció Nora con felicidad, llendo hacia atrás y dejando a los tres en la cabina.

—¡Gracias, Nora! —le gritó Rosie, riendo después ante la velocidad de la chica. La joven pronto volvió la mirada a Yang, quien le miraba con una sonrisa cariñosa —. Y claro, estoy lista para el día de hoy —le responde finalmente a su pregunta.

—Fantástico —le dice Yang, desviando la mirada hacia afuera. Rosie notó los pequeños destellos de tristeza en los ojos lilas de la rubia, sintiendo una pequeña opresión en el pecho. Dirigió su mirada al exterior, para mirar lo que sea que Yang mirara —. Porque estamos por llegar a nuestro destino —susurró Yang, sonriendo brevemente.

Rosie observó como cruzaban la isla de Patch, sus ojos brillaron con asombro, inclinándose hacia el frente para observar mucho mejor el paisaje. Sin percatarse, Yang la observó con cariño.

Ruby estaba por volver a casa.

[...]