Rosie suspiró, dejándose caer en la cama de espaldas, con los brazos extendidos y su mirada fija en el techo. Había terminado finalmente de desempacar su ropa y pertenencias, así que después de eso se cambió, usando unos jeans, tenis negros, una blusa blanca con una rosa impresa en el pecho y una chaqueta roja.

Ella podía escuchar las voces fuera de la habitación y el sonido de muebles moviéndose de un lado a otro, con los gritos ocasionales de Nora diciendo que ella quería la cama superior y nadie la movería de ahí, a Rosie le pareció graciosa la perorata de Nora y como le decía a Oscar que debería dormir en la otra cama superior. Con eso, Rosie supuso que la habitación de invitados tenía literas.

La idea la hizo fruncir el entrecejo, ¿el cuarto de invitados siempre tuvo literas? Aún mejor, ¿por qué repentinamente pensaba en eso?

—¿Rosie? —Rosie salió de sus vacilaciones, levantando su cabeza y mirando hacia la puerta, identificó de inmediato que Weiss era quien estaba del otro lado —¿Puedo pasar? —le preguntó.

—Adelante, Weiss —le dijo Rosie, levantándose de un salto de la cama y parándose en medio de la habitación. La puerta fue abierta por Weiss, quien ingresó a la habitación vistiendo un conjunto de ropa más cómodo, un vestido sencillo hasta las rodillas de color celeste y zapatos de igual color, su cabello trenzado de la misma forma que antes. Rosie también notó que llevaba una maleta en su brazo.

—Espero no te moleste que me quede aquí —le dice Weiss con una suave sonrisa, caminando hacia la cama vacía y colocando su maleta sobre ésta.

—Para nada, ¡me alegra que seamos compañeras de cuarto, Weiss! —le dice Rosie con bastante entusiasmo, inconsciente en primer plano de su repentina emoción, cuando finalmente cae en la cuenta, sus mejillas se vuelven color rojo y desvía la mirada, nerviosa —. Bueno, igual espero no te incomode compartir cuarto conmigo... —murmuró, maldiciéndose mentalmente, ¿por qué dijo eso? Volvió a mirar a su compañera de reojo.

Weiss le sonrió con cariño, y Rosie no pudo evitar sentir alivio por eso —. Bueno, mientras respetes mi lado de la habitación... —le dice, una sonrisa jugetona adornando sus labios.

Rosie se rió —. Tranquila, señorita Schnee, no me involucraré con su lado de la habitación —le dijo, sin poder evitar seguir el hilo de la broma de Weiss. Fue raro, eso se sintió como un ¿deja vú? O algo así, como si hubiera sucedido, pero en otras circunstancias. Rosie sintió una punzada de dolor en la cabeza, mordiéndose el labio inferior.

—¿Ru...? —Rosie miró a Weiss de inmediato, notando que ella apretó la mandíbula con fuerza, haciendo que la de ojos plateados sintiera pesado su corazón, sabía que también para ellos era un proceso, adaptarse —¿Todo en orden, Rosie? —corrigió Weiss rápidamente, volviendo a mostrar una sonrisa.

—Si, solo sentí una pequeña punzada en la cabeza, nada de que preocuparse —respondió Rosie, más apresurada de lo que le hubiera gustado escucharse.

—Bien —aceptó Weiss, mostrando que no presionaría con el tema, y Rosie se lo agradeció en silencio. El rechinar de la puerta atrajó la atención de ambas, notando que se abría. Rosie observó como un pequeño corgi negro entraba la habitación, una sonrisa se dibujó en sus labios y sus ojos brillaron emocionados, ¡tenían un perro!

El perro la observó fijamente, y Rosie se quedó muy quieta, observándolo también. Entonces, el perro ladró y rápidamente corrió hasta donde estaba ella, subiéndosele encima de un salto, ante lo repentino del salto y por el impulso del canino, Rosie cayó al suelo sentada, con el perro entre sus brazos el cual lamía su rostro, haciéndola reír constantemente.

—¡Hey, hola, chico! —le dijo ella entre risas, sintiéndose cómoda con el canino en sus brazos y con su contacto tan familiar. Rosie percibió como Weiss se colocó de cuclillas a su lado, su mano acariciando la cabeza del animal.

—Su nombre es Zwei —le comentó Weiss con una sonrisa —¿Quién es un buen chico? —le preguntó al perro, haciéndole mimos.

—Es tan lindo —chilló Rosie, abrazándolo contra su pecho mientras él seguía sin dejar de lamer su rostro, emitiendo pequeños chillidos ocasionales.

—Así que Zwei ya te encontró —dice Yang con una sonrisa, recargada en el marco de la puerta con Blake a su lado, mirando a Yang. Rosie solo asintió, poniéndose de pie sin soltar al canino.

—Taiyang está sirviendo los panqueques, ¿vienen? —les dijo Blake al dúo rojo y blanco. Ambas asintieron y se dirigieron a la puerta para seguir a la pareja.

—Eres tan esponjosito —chilló Rosie, acariciando su nariz contra la de Zwei, el cual seguía encantado en sus brazos.

Al bajar, Rosie dejó a Zwei en el suelo, dándole una última caricia a su cabeza solo para que después el perro se dirigiera a la cocina por su cuenta, Rosie supuso, que iría a pedir comida o algo así, se encogió de hombros y siguió a Yang y Weiss, Blake también se había desvíado a la cocina.

Cuando llegaron al comedor, notó de inmediato que Nora ya estaba sentado en la mesa, llevaba unos shorts blancos y una blusa rosa puesta, cruzada de piernas en la silla mientras devoraba una pila de panqueques, la chica la saludó con la mano, a lo que Rosie con una sonrisa le devolvió el saludo, y después se sentó en la silla a su lado. Jaune estaba a la izquierda de Nora, vistiendo un pantalón y camisa negros, comiendo más calmadamente su ración de panqueques. Rosie miró a los demás espacios en la mesa, los que iban frente a Nora y Jaune estaban vacíos, así que supuso que Ren y Oscar estaban en la planta de arriba o en la cocina, y Weiss tomó el asiento frente a ella. Yang se sentó en la cabecera de su derecha, no había notado que la rubia llevaba unos shorts marrones y una blusa blanca, con un corazón amarillo en el pecho. Cuando Yang notó que la observaba, le dio una sonrisa, solo para después volver a mirar en dirección a la cocina.

Blake, Ren y Oscar llegaron al comedor con platos con raciones de panqueques preparados. Blake llegó con Yang, entregándole un plato cubierto de jarabe, ambas se sonrieron con dulzura, y después la fauno tomó asiento en la otra cabecera de la mesa, acomodando el vestido sencillo de color negro que vestía actualmente. Ren le entregó un plato a Weiss, quien con un "gracias" en voz baja, tomó el plato y Ren se sentó a su derecha, él parecía no haber cambiado mucho su vestimenta, unos pantalones blancos y una blusa color verde. Al final, Oscar se acercó a Rosie, él vestía una blusa blanca y unos shorts verdes. Él terminó entregándole un plato con panqueques cubiertos de fresas, y Rosie sonrió con felicidad, sintiendo su corazón acelerarse mientras tomaba el plato y tomaba una fresa para llevarla a su boca. Rosie chilló, cerrando sus ojos, fascinada con el sabor, amaba las fresas, y amó demasiado que sus panqueques las tuvieran. Ella abrió sus ojos, solo para sentir que el rostro se le calentaba al tener la atención de todos sobre ella, le sonreían con cariño, y Rosie sonrió nerviosa ante la atención repentina, hundiéndose un poco en su asiento y comenzando a comer. Escuchó como Yang rió en voz baja, pero la rubia ya estaba concentrada en su plato de panqueques al igual que el resto. Rosie volvió a elevar la mirada, recorriendo la mesa y mirando a cada uno de los que estaban ahí.

Otra vez ese sentimiento de pertenencia y de lejanía había vuelto, Rosie bajó la mirada a sus panqueques, sus ojos con un brillo de tristeza, pero sonriendo.

[...]

Qrow suspiró, estirando sus brazos sobre su cabeza, dejando que los últimos rastros de sueño dejaran de nublar su mente. Se había quedado dormido en el sillón después de la hora de la cena, los niños durmieron más temprano de lo que normalmente lo hacían, claramente habían estado cansados.

Sus ojos se dirigieron a la repisa del televisor, observando la foto del equipo RWBY en el portarretratos. Soltó una risa silenciosa, centrando su mirada en la más joven del grupo. Si tan solo el tiempo se hubiera detenido ahí, vivir una vida escolar, crecer y graduarse de la academia, ojalá todas esas cosas las hubiera tenido Ruby, y no perder su adolescencia en una guerra, arriesgándose constantemente en el frente, sin poder detenerse porque no estaba en su naturaleza, los dioses saben que Ruby siempre fue tan perseverante y terca como Summer, mirando siempre hacia adelante y haciendo lo necesario para mantener a todos de pie.

La expresión de Qrow se agrió, recargó sus codos sobre sus piernas y enterró el rostro entre sus manos, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas.

Cuando creyó perderla la primera vez, que cayó junto a Yang a un abismo cuando la evacuación de Atlas a Vacuo fue interrumpida por Cinder y Neo, sintió como el suelo a sus pies se había desmoronado, no tenía un apoyo, nada en que sostenerse, Winter le dio la noticia y el sintió el más grande de los remordimientos, una ira ardiente contra su persona, porque debió estar ahí para protegerlas y no lo estuvo. Y dolió tanto, se sintió entumecido por bastante tiempo, hundido en el remordimiento, una parte de su corazón había muerto nuevamente, tal como había pasado con Summer. Y casi recae en el alcohol de nuevo, fue tan tentador caer una vez más en el, rendirse, ceder, quizás, si no hubiera sido por el sermón de Nora, tan furiosa porque él quería rendirse, que siguió, con el apoyo constante de Robyn y Winter, recordándole que el resto de los chicos lo necesitaban, ya que ellos se habían propuesto continuar por sus amigos.

Y cuando RWBY y Jaune volvieron, todo se estabilizó en su mundo. A la primera persona que se encontró, fue Yang, a quien abrazó con fuerza, aliviado de saber que no era una ilusión, que había vuelto. Ella lloró, diciéndole que estaban bien y todos habían vuelto a salvo. Cuando esas palabras se acentaron en su cabeza, le preguntó a Yang de inmediato dónde estaba Ruby, pero una ráfaga familiar de pétalos se acercó a ellos y se reformó a su lado, Ruby se aferró a su brazo, sonriéndole a Qrow con lágrimas en los ojos, y la típica pregunta que le hacía siempre que se volvían a ver salió de sus labios.

"¿Me extrañaste?", Le había preguntado Ruby con dulzura, y Qrow la abrazó con fuerza, respondiendo casi desesperado que sí. La idea de no escucharla reír, no verla sonreír de nuevo, perder a su pequeña niña, lo mataba muy lentamente, pensar que la había perdido fue horrible, así que la abrazó durante largo tiempo, derramando lágrimas mientras ella le daba palmadas en la espalda, como cuando era pequeña, quizás Ruby no lo recordaría, pero ella solía hacer eso mucho para él, cuando era más pequeña y se sentía angustiado de estar cerca, pero Summer siempre lo calmó, diciéndole que no pasaría nada malo si la tomaba en brazos por un rato, y la pequeña Ruby, como si compartiera la misma idea de su madre, le daba palmaditas en la espalda.

Una vez eso pasó, una nueva plática surgió entre ellos, Ruby se había quedado a solas con él, jugando nerviosa con sus manos, sin saber cómo comenzar lo que quería decir, hasta que lo soltó.

"Por favor, si algún día yo no vuelvo, por favor, no vuelvas al alcohol", le pidió Ruby a modo de súplica, sus ojos llenos de lágrimas mientras le sostenía las manos. "Robyn me contó acerca de que... Casi te rendías, que estabas por volver a eso, y yo no quiero que eso pase", la voz de Ruby sonó muy pequeña, temblorosa. "Promete, en mi nombre, que aún si algún día me pierdes a mi, o a Yang, no volverás al alcohol, no soporto pensar que mi persona favorita volviera a ese oscuro lugar, ¿si?" Él la abrazó con fuerza, si tan solo pudiera borrar esos recuerdos que ella tiene, de lo mal que el alcohol lo llegó a dejar, solo porque era su mecanismo de defensa para toda la mierda que sucedió antes, por las mentiras y verdades a medias con las que aún carga hasta la actualidad... Lo borraría, todo para quitarle ese miedo. Y él se lo prometió.

Qrow aprieta la mandíbula con fuerza, derramando algunas lágrimas.

Después de eso, volvió a perderla, y fue mucho peor, porque las cosas entre ellos se habían tornado tensas en el último mes, cuando la bomba simplemente estalló y tuvieron que acordar que no hablarían de eso hasta que la situación con Salem al menos se calmara. Jamás llegó ese día.

Cuando Yang le dijo que habían perdido a Ruby, se sintió entumecido, igual que la primera vez, igual que con Summer. Era como si el tiempo se hubiera detenido, ahogado en remordimientos, con ese familiar dolor en el pecho, todo cayéndose a pedazos.

Su sonrisa, su risa, su voz, sus ojos brillantes y alentadores, su compartido amor por las armas, sus bromas, sus abrazos... No volvería a tener nada de eso, porque la había perdido, y todo decía que definitivamente lo había hecho, la sangre manchando el sitio, sin un cuerpo.

Su aroma a rosas se había ido, aquel aroma que fue tanto de ella como de su madre, que al principio fue tan agónico para él soportarlo cuando perdió a Summer, porque Ruby era su reflejo, y fue muy doloroso por un tiempo, intentó alejarse en aquella época, temiendo que su semblanza la dañara, temiendo destruirla y llevarla a la ruina como había pasado con Summer, pero, siempre volvía a ella, el tío genial siempre estuvo para ella y la entrenó, sus ojos suplicantes, pidiéndole que la entrenara en el arte de la guadaña, fue el momento más aterrador de su vida, pero también en dónde se sintió orgulloso, porque ella quería ser su legado, ella una y otra vez, siguiendo sus pasos, intentando que él no se apartara...

Verla viva en ese claro en el bosque, ver esos ojos tan familiares, lo trajeron de vuelta a la vida, sin saber que había estado muerto la mayor parte de esos años sin ella. Ella estaba ahí, mirándolos con una sonrisa tímida, ojos curiosos, dudas a su alrededor. Quería tanto abrazarla, llorar y decirle que lo sentía, que lo perdonara por todo. Yang se adelantó, abrazando a Ruby mientras él yacía en el suelo, mirándola en shock, y después lo notó, algo andaba mal ante la expresión que tenía Ruby en su rostro... Y cuando dijo las palabras, sintió como el corazón se le cayó al estómago, sintiendo enojo y dolor, porque su niña no tenía recuerdos.

—¿Qrow? —él levantó el rostro abruptamente, mirando directamente a Ruby frente él. Ella parecía preocupada y nerviosa, abrazándose a si misma y pareciendo que no sabía que hacer —¿Sucede algo?

Él negó con la cabeza, intentando limpiar las lágrimas de su rostro, lo último que Ruby necesitaba era preocuparse por él cuando ya tenía demasiado en su plato. Cuando estuvo listo para dar una respuesta, Ruby repentinamente se sentó a su lado, rodeándolo con los brazos, abrazándolo. Qrow se estremeció un poco, sorprendido ante la iniciativa de Ruby por abrazarlo, cuando estaba por decirle algo, ella comenzó a darle palmaditas en la espalda y él no pudo evitar que las lágrimas una vez más volvieran, humedeciendo el hombro de Ruby, pero a ella parecía importarle muy poco, continuando su labor. Ese aroma a rosas tan familiar volvió a percibirlo, y le agradece a quien sea que le dio a Ruby el derecho a la vida, a sobrevivir, aún si no tenía sus recuerdos, aún si estuvieron lejos por bastante tiempo, solo lo agradecía, y lo haría hasta morir. Él la abrazó, su mano en la parte posterior de la cabeza de ella, sintiendo entre sus dedos ese familiar cabello, su otro brazo rodeando su espalda, aferrándose a ella.

Se quedaron de esa manera por bastante tiempo, hasta que finalmente Qrow encontró control de si mismo, soltando a Ruby, quien espero paciente a que cobrara la compostura un poco.

—¿Mejor? —le pregunta Ruby, una sonrisa cálida en sus labios, mirándolo con paciencia.

Qrow le sonrió con cariño —. Creo que eso no fue tan cool, ¿no? —le dice a modo de broma, logrando que ella emita una suave risa y ponga los ojos en blanco.

—Si te hace sentir mejor, no le diré a nadie —le dice Ruby, sin perder su sonrisa, pero arqueando una ceja.

—Me parece perfecto, ¿qué quieres a cambio? —le pregunta, siguiéndole la corriente.

Ruby se encoge de hombros —. Lo pensaré.

Qrow ríe un poco —. Dime, pétalo, ¿qué haces despierta tan temprano?

—Oh, eso —dice Ruby, pareciendo que cae en la cuenta de algo y sus ojos van hacia la repisa del televisor, mirando la hora, siete y treinta de la mañana —. Bueno, en Luminas solía despertar temprano, para prepararme para las patrullas y eso, es costumbre —le explica —. Incluso desde antes, más bien la mayor parte del tiempo me he levantado temprano —frunce el entrecejo, pensando en ello.

—Bueno, ya que estamos aquí, ¿que tal si tomamos la cocina antes de que Tai y Ren se despierten y la tomen? —le pregunta.

—Claro, pero te advierto que fuera de huevos revueltos y tostadas, no soy buena con nada más, excepto con los postres, amo cocinar postres, cociné mucho con Sasha —dice ella rápidamente, murmurando emocionada.

—Entonces, hagamos algo bueno, pétalo —le dice Qrow, levantándose de su asiento y esperándola. Ella lo sigue enseguida, ambos entrando al sitio.

[...]