Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Esta historia es de mi completa autoría y no permito que sea publicado en otra plataforma ni bajo otro seudónimo que no sea el de Euyin en Fanfiction y LaEscritoraDeprimida en Wattpad.
No busco romantizar ningún tipo de comportamiento violento, relaciones entre menores y mayores de edad, ni pretendo denigrar ninguna profesión. Sabemos que este tipo de cosas pasan y son más comunes de lo que nos gustaría aceptar. No quiero minimizar ninguna conducta únicamente porque el mayor de edad es una mujer. Por favor tómenselo como lo que es: FICCIÓN. Lo aquí escrito no representan los valores que tengo y tampoco la de mis lectores.
Busco abordar la trama desde el estado mental y emocional de los protagonistas, resaltando la vida que han tenido y cómo esto contribuyó para que ambos terminaran en este tipo de relación. No escribo esto por morbo, ni intentando normalizar/romantizar este tipo de relaciones (x1000). Todo será tratado con cierta crudeza y realismo, las situaciones y consecuencias que deriven de la relación tendrá mucho que ver con el contexto psicológico de cada uno de los protagonistas.
Habrá, en su mayoría, sólo lime, pero no descarto que haya una que otra escena sexual explicita. Así que discreción, por favor y si esto no es lo que quieren leer entonces son libres de abandonar la lectura aquí mismo.
Sé y también creo que todos deberíamos saber que la responsabilidad recae siempre (y por completo) en el adulto sin importar qué haya hecho el menor para "propiciar" la situación. No buscaré minimizar esto, ni argumentar que fue el menor de edad en cuestión quien hizo que la relación comenzara, pues la responsabilidad de decir "NO" es SIEMPRE del mayor de edad.
En esta historia habrá una relación entre un menor de edad y una mayor de edad, así como escenas de violencia psicológica, verbal y sexual -mutuas- que pueden resultar incómodas de leer para algunas personas.
Lo único que sé de psicología es lo que he aprendido yendo a terapia e investigando, así que es probable que encuentren errores. Por favor recuerden que no intento denigrar ninguna profesión y tampoco intento hacerme pasar como una psicoterapeuta.
Por otro lado, creo firmemente que no existe persona que sea completamente buena o completamente mala, así que les aseguro que van a odiar a nuestros protagonistas y a veces también sentirán empatía por ellos o hasta tomarán bandos, pero no esperen que uno actúe siempre como víctima o como un victimario. Ambos tendrán carencias emocionales que los harán actuar de formas que podrían resultarnos incómodas.
Finalmente, y aunque creo que no hace falta la aclaración, Sarada no existe en este universo.
ULTIMA OPORTUNIDAD PARA DEJAR DE LEER.
A quienes continuarán la lectura:
¡GRACIAS!
Entre Girasoles y Cerezos
Capítulo I
Sonrisas Forzadas
Mebuki Haruno, su madre, siempre le dijo que debía convertirse en una cirujana, una cardióloga u oncóloga y aludía a su inteligencia, su esfuerzo y dedicación argumentando que ella podía ser mucho más que sólo una simple consejera.
— No seré una simple consejera, mamá, soy una psicoterapeuta infantil y voy a proteger las infancias— explicaba, siendo tan paciente como se lo permitían sus estribos.
— ¿Proteger a las infancias? ¡Para eso existe la especialidad de pediatría! ¡Ahí sí que las protegerías! — la retaba Mebuki. — Tanto sacrificio que hicimos pagándote las colegiaturas para que acabes dando consejos a gente loca… incluso si querías tratar con locos debiste haberte especializado en psiquiatría. ¡La medicina va tan bien contigo, hija! ¡Oh, espero esto no sea un error!
— Mamá, ya es tarde para arrepentirse. No sé si lo recuerdas, pero acabo de graduarme.
— Mebuki, ya deja a la niña en paz— intervino Kizashi— Nuestra hija será siempre la mejor en lo que sea que haga, ya lo verás, luego de este empleo ella podrá conseguir un puesto en el Hospital de Salud Mental de Konoha. Es el más prestigioso e importante del país, sólo los mejores laboran ahí y mi hija es la mejor. Ese es su lugar.
Sakura sonrió con los ojos llorosos y abrazó a sus padres luego de cerrar la maleta.
— No los decepcionaré— aseguró, limpiándose las lágrimas antes de que alguna se derramara. — Sólo serán seis meses, luego de este tiempo regresaré y el empleo será mío. La directora Tsunade Senju dijo que mi currículo sería perfecto agregando seis meses de experiencia más en el área que quiero. La próxima vez que nos veamos tendré un sueldo competitivo y entonces yo podré ser el sostén de la casa y tú, padre no tendrás que preocuparte más y podrás descansar.
— Oh, hija, no debes preocuparte por eso— murmuró Kizashi— yo aún soy fuerte…
— ¿Fuerte? Tu padre se queja todas las noches de que le duelen las rodillas y la espalda. Él no puede trabajar por más tiempo, ahora es viejo…
— Mebuki…— dijo el hombre en tono de advertencia, logrando que la mujer le mirara con fastidio.
— Si Sakura hubiese estudiado medicina ya estaría atendiéndote, no como esos médicos buenos para nada que te dan medicina costosa que no podemos pagar. Ojalá y consigas el empleo en cuanto regreses.
— Así será— aseguró, con el corazón estrujándose dentro de su pecho.
Su padre Kizashi había trabajado toda la vida para darle lo mejor. Llegó a tener dos empleos, llegaba siempre cansado a casa y aun así tenía tiempo para jugar con una pequeña Sakura Haruno. Lo que más deseaba era tener el empleo en el prestigioso hospital mental, de ese modo podía lograr que su padre dejara el trabajo y entonces ella podría pagarle todo lo que él hizo por ella y por su madre.
Cerró la cajuela del auto, abrazó a sus padres y arrancó, dejando tras de sí una nube de polvo y un montón de promesas.
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Caminó detrás de la señora Chiyo, quien era la encargada de la Casa de Acogida para Niñas y Niños de Kyoshi. Se trataba de una mujer mayor, llena de arrugas y con el cabello blanco, daba la impresión de ser una mujer de carácter fuerte y poca paciencia, pero al hablar lo hacía con un tono de voz amable y dulce. Se presentó en su oficina y hablaron por unos momentos antes de que la mujer anciana la invitara a conocer el lugar.
La Casa de Acogida estaba entre las montañas, en un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad de Kyodai y rodeado por un brillante campo de girasoles. Sakura pensó que era un hermoso lugar para los niños, pero no lo dijo en voz alta porque los niños deberían poder estar con una familia y no en un orfanato.
— Orfanato es una palabra desagradable para muchos, tan sólo de escucharla transmite una vibra oscura; Casa de acogida, en cambio, es esperanzador— explicó Chiyo y ella asintió en silencio—. Nos mantenemos gracias a las donaciones de la gente y a los voluntarios como usted, señorita Haruno.
— Sakura, llámeme Sakura, por favor.
La anciana asintió.
— Lady Tsunade envía a todos los que quieren conseguir un empleo en su hospital a hacer voluntariado aquí antes de contratarlos. Todos quieren trabajar en su hospital, así que sabe que quienes vienen hacen un excelente trabajo con nuestros niños, ya que quieren engrosar sus currículos. Tsunade Senju creció aquí ¿lo sabía? Ella fue una de nuestras niñas y nunca salió del sistema, pero suele decir que nunca se sintió como una huérfana. Somos una gran familia. Ella viene a visitarnos de vez en cuando— murmuró, mientras avanzaban por la propiedad a fin de que ella se familiarizara con el sitio.
El lugar daba la impresión de ser una granja, no sólo por la gran extensión de terreno sino también por las gallinas que corrían de un lado a otro. Olía a mierda de caballo, así que intuyó que debían tener una vaca. La casa de acogida intentaba ser tan autosuficiente como les fuera posible.
Se arrepintió de haberse puesto tacones y un traje de falda y saco. Pisó con cuidado y sin hacer gestos de incomodidad. La mujer explicó que los niños estaban recibiendo clases y que sólo los más pequeños recibían educación ahí, mientras lo mayores asistían a la escuela secundaria del pueblo.
Al centro del extenso terreno había una construcción de dos pisos que lucía antigua y algo lúgubre, lo cual contrastaba con el campo de girasoles y el jardín que transmitía una vibra agradable. La casa era blanca y tenía al menos una docena de ventanas que daban al exterior. En el jardín había césped, árboles y un camino empedrado. Alcanzó a ver algunos juguetes tirados entre el pasto verde.
— Haré un buen trabajo, ya lo verá, hice mis prácticas profesionales en las oficinas de servicios infantiles. Me especialicé en el área de desarrollo infantil…
— Leí tu currículo— musitó Chiyo interrumpiéndola, pero sin querer ser grosera—. Todos estos niños son buenos, pero cada uno viene de un entorno distinto y difícil… los que tienen más suerte fueron puestos en el sistema de adopción apenas nacer, pero los otros… la mayoría viene de familias disfuncionales, ambientes llenos de violencia, drogas y toda clase de abuso. Ellos son nuestra prioridad, aunque pueda sonar egoísta. Los bebés se marchan más rápido que los niños de siete años que han normalizado la violencia y ni hablar de los que pasan de los quince; Las personas no están preparadas para criar problemáticos niños "ajenos", los prefieren pequeños para poder moldearlos.
— ¿Hay mayores aquí? — preguntó con amabilidad y la anciana detuvo el paso.
— Ya los conocerás, los conocerás a todos. Las psicólogas como tu nos vienen muy bien por aquí. Hoy necesito hacer unos ajustes, acomodar los horarios de los niños para que puedan verte y te des abasto. Lady Tsunade nos dijo que llegarían dos jóvenes más— sonrió.
El Centro de Acogida para Niñas y Niños de Kyoshi era una nueva oportunidad en su vida y no podía estar más agradecida por ello. Un voluntariado de seis meses le abriría las puertas al empleo de sus sueños, ganaría experiencia, se rodearía de niños y podría ayudarlos, nada le daba más satisfacción que esto último.
Esa tarde tuvo tiempo para acomodarse en el departamento que sería su hogar durante los siguientes seis meses. Desempacó las maletas, puso una planta que le regaló Kizashi en una mesa junto a la ventana, colocó una foto familiar en el buró a lado de su cama y tendió las cobijas que la protegerían del frío nocturno. Tomó una ducha y caminó descalza hasta sentarse frente a la barra de la cocina para prepararse una taza de té y organizar algunos documentos.
Konoha, sus padres y todos sus problemas quedaron atrás, a cuatro horas y trescientos kilómetros de distancia. Necesitaba un respiro de la vida que llevaba. Al recordar sus nombres sólo podía suspirar, cerrar los ojos e intentar relajarse. Se pasó una mano por el rostro, algo irritada y cansada.
Los adultos no tenían solución, por eso decidió enforcarse en los niños y en formar adultos responsables, con una autoestima saludable...
Despegó la mirada de los documentos y se miró la mano izquierda, justo en el dedo anular y la ausencia de algo le revolvió el estómago. La soltería -la soledad- no iba con ella. Se sintió abrumada y se levantó de la mesa para arrastrar los pies y meterse en la cama.
Sintiéndose sola, lejos de casa y lejos de él se obligó a suspirar y tomarse las cosas con calma. Se tragó una pastilla y se preparó para dormir.
Por la mañana despertó nerviosa y emocionada. Se dio un baño, se recogió el cabello en una coleta alta y se colocó un vestido de tirantes tan largo que casi le cubría las zapatillas deportivas blancas, bajo el vestido se puso una camiseta blanca lisa para cubrir sus hombros y cualquier escote. Quería poder moverse con libertad frente a los pequeños y también quería que al verla pudieran ver a una mujer dulce y maternal, no a una mujer cuadrada y fría.
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En el lugar había un comedor largo con más de cuarenta sillas, una cocina en donde tres atareadas mujeres cocinaban en ollas gigantes, un salón con una sola televisión y docenas de juguetes en las estanterías, un cuarto de lavado en donde los niños más grandes ayudaban a colgar la ropa bajo el sol, cuatro habitaciones con una docena de camas cada una y cada habitación se dividía entre niñas pequeñas y niñas de más de seis años, así cómo niños pequeños y niños mayores. Dos salas estaban destinadas para que las profesoras voluntarias educaran a los pequeños, tres más que eran las más pequeñas de todas era en donde se daba terapia psicológica a los niños. En la entrada había un salón inmenso que a veces se llenaba de música y de personas importantes.
La casa nunca estaba en silencio, pero nunca había completa calma. El lugar funcionaba gracias a las personas que se ofrecían a ayudar, desde las psicólogas hasta las cocineras y profesoras, todas eran mujeres recién graduadas con el único propósito de ayudar a los pequeños y a cambio poder engrosar su currículo.
Por las mañanas los niños mayores alimentaban a las gallinas y recolectaban los huevos que servían de alimento y también para vender en el pueblo, mientras tanto otro grupo de niñas tendían las camas y ayudaban a duchar y vestir a los más pequeños. El desayuno, las clases, una hora de ejercicio, un momento para hacer las labores como lavar las sabanas o tallar los pisos, almuerzo, terapia psicológica, un par de horas recreativas más, la cena, poner a los más pequeños a dormir y finalmente esperar la salida del sol para volver a comenzar. Los mayores eran los únicos que salían de la casa de acogida para dirigirse a la escuela secundaria que se encontraba en el pueblo, pero todos volvían puntuales a la misma hora.
Frente a ella había tres mujeres, Ino Yamanaka, Tenten y Sakura Haruno. La primera era rubia, de cabello largo y ojos azules, a simple vista lucía como una zorra, alguien de quien podría creer que se graduó a base de acostarse con sus profesores, parecía algo arrogante y orgullosa; Ten Ten, por otro lado, castaña y de ojos color marrón se veía como una mujer profesional, alguien que seguramente dedicaba mucho esfuerzo en todo lo que hacía, una profesional, vestida pulcramente y con el cabello perfectamente recogido, y finalmente Sakura Haruno, de quien resaltaba su inusual y exótica belleza, cabello largo, ondulado de color rosa, pómulos definidos, nariz fina y puntiaguda, labios gruesos y unos llamativos ojos verdes. Shizune puso los ojos en blanco al ver a la mustia que tenía al frente y asumió que ella era una mezcla de las otras dos.
Las guió dentro de la casa para que conocieran cada sala y les explicó qué se hacía en cada una. Les mostró cuál sería la sala para cada quien, eran lugares reducidos, de apenas dos por dos, dentro no había ninguna decoración, sólo paredes blancas, dos sillones individuales frente a frente y una mesita.
— Pueden decorar el lugar y deberán traer su propio material.
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No hubo más tiempo para conversar ni para conocer a sus colegas, pero escuchó que sus nombres eran Ino Yamanaka y Tenten, apenas pudieron intercambiar un par de palabras antes de tomar cada una su lugar en salas separadas. Iba preparada con una pequeña caja de cartón que contenía algunos objetos para usar como decoración. Colocó un florero sobre la mesita que había al lado del que sería su sillón, colgó un pequeño cuadro en la pared que era muy colorido y encendió una vela aromática.
Una ventana grande iluminaba el sitio. Ató las cortinas para que la luz del día entrara e iluminara el reducido espacio y finalmente tomó asiento en el sillón de color carmín cuyo respaldo era alto. Esperó pacientemente a que entrara el primer niño o niña mientras tomaba su libreta en mano lista para hacer anotaciones.
Sonrió al notar que la puerta comenzaba a abrirse.
La sonrisa se desvaneció lentamente de su rostro al ver a un joven alto, de cuerpo delgado y facciones cansinas; Tenía ojos grisáceos y cabello oscuro, aunque los lados de su cabeza estaban afeitados y en esa área su cabello era rubio. Tenía perforaciones en las orejas y la ceja, además de un pequeño tatuaje debajo del ojo izquierdo. Ese no era un niño.
Parpadeó, intentando esbozar una sonrisa amable y levantando ambas cejas.
— Disculpa, joven, creo que te equivocaste de sala— musitó con un tono de voz maternal y sin perder la sonrisa, pensando que quizá podía tratarse de algún trabajador del lugar, pero cayó en cuenta de que no podía ser así.
El muchacho la miró con fastidio.
— ¿Sakura Haruno?
Asintió confundida y observó la hoja que Shizune se había tomado el tiempo de darles, en donde estaba escrito el nombre de los niños a quienes atendería cada una, así como los horarios y algunas breves anotaciones.
— ¿Kawaki?
Que diga que no, que diga que no.
Como respuesta el joven se dejó caer sobre un sillón frente a ella, abrió las piernas cómodamente y cruzó los brazos.
— ¿Podemos acabar con esto rápido?
Se esforzó en dar una sonrisa agradable, aunque en realidad se sentía algo confundida y tenía la sensación de que había arruinado la importante primera impresión. Chiyo ya le había dicho que había adolescentes ahí. Tomó una bocada de aire e intentó volver a empezar.
— Ah, me alegra tenerte aquí y que estés decidido a llevar un proceso terapéutico. Mi nombre es Sakura Haruno, soy psicóloga especializada en…
— No— la interrumpió con gesto desinteresado y frunciendo ligeramente el ceño.
Sakura parpadeó, algo confundida.
— ¿Disculpa?
— No decidí nada, fue Shizune la que me obligó a venir aquí— aclaró con enfado.
— Ya veo, así que no estás aquí por gusto propio, dime ¿hay algún motivo por el que no te agrade venir a terapia? ¿la has tomado antes?
— Estoy cansado— respondió luego de unos segundos, cuando terminó de ver las pelusas que flotaban en el aire y que eran visibles gracias a la luz que entraba por la ventana.
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La mujer escribió algo en la ridícula libreta de flores que llevaba en las manos, mientras asentía y se mordía ligeramente el labio inferior. Ella volvió a dirigirle la mirada y de nuevo apareció otra forzada sonrisa en su rostro.
— ¿Cansado de qué? — inquirió con un tono de voz maternal.
— De las perras como tu— escupió.
Llegó a esa casa de acogida con nueve años, luego de estar en otra desde los cinco y le habían obligado a ver a psicólogas desde que tenía memoria, pero ninguna servía para nada. No confiaba en ellas y no le agradaba que quisieran hacerlo hablar acerca de su patética vida. Las mujeres amaban victimizarlo y sentir lastima por él. Estaba harto de que las personas se lamentaran por él y estaba harto de repetir la misma historia una y otra vez sin ningún resultado.
La señorita Haruno no pareció molesta con la respuesta, sino que continuó esbozando la misma falsa sonrisa de antes y volvió a tomar nota. Puso los ojos en blanco, cansado de estar en presencia de es desagradable mujer que se sentía con el poder de obligarlo a abrir la boca.
— Bueno, entiendo que la terapia pueda ser difícil para muchos— murmuró, dejando la libreta a un lado, cruzando la pierna e inclinándose ligeramente hacia él—. La primera vez que tomé terapia fue a los diecisiete años y fue una experiencia bastante desagradable. Fue con un hombre, así que imagino que ese fue uno de los factores por los que no me sentí muy cómoda ante la idea de hablar de mi misma, de mis padres, mis parejas o… mi vida sexual— dijo con voz suave, logrando llamar su atención—. Sin duda tiene que haber un vínculo entre terapeuta y paciente para que el proceso funcione ¿no crees?
Levantó una ceja y analizó a la mujer que tenía delante. No tuvo ningún reparo en recorrerla con la mirada desde los pies a la cabeza. Se tomó su tiempo, deteniéndose en algunas zonas para mirar con mayor atención los detalles y miró los ojos de la terapeuta cuando ésta se agachó ligeramente, como buscando llamar su atención y obligándolo a mirarla a los ojos.
— Sí…— respondió por fin, removiéndose incómodamente en su lugar y desviando la mirada.
— Puedes hablarme de lo que quieras, este espacio es seguro, nada de lo que digas saldrá de aquí y nadie va a juzgarte. Tus emociones son válidas, el enojo, la incomodidad, vergüenza, no hay nada de malo con ello…
— ¿Y si dijera que quiero matarte? — la interrumpió, regresando la mirada a ella y frunciendo el entrecejo, acomodándose en el sillón e irguiendo la espalda. — ¿Entonces dirías algo?
La señorita Haruno parpadeó un par de veces y la sonrisa falsa se volvió difícil de mantener.
— Bueno…— suspiró—, si así fuera, entonces indudablemente iría al departamento de policía. Toda conducta que ponga en riesgo tu vida o la de alguien más debe ser reportada, Kawaki, por la seguridad de todos. Aunque, también es verdad que hay una gran diferencia entre desear y hacer. Desear llevar a cabo una conducta ilegal no tiene nada de malo, pero llevarla a cabo… No tengas miedo en tratar un tema así, confío en ti, Kawaki y espero que también tú lo hagas.
No se sintió intimidada. Los adolescentes eran naturalmente huraños y difíciles de tratar.
El muchacho no parecía cómodo estando ahí, sino enfadado y a la defensiva. Trató de comprenderlo, era un chico mayor que seguramente ya no sería adoptado y sólo él sabía lo mucho que había sufrido antes de llegar ahí y lo mucho que probablemente todavía sufría.
— ¿Confiar en ti? — cuestionó con un tono de voz irritado y ofendido, como si ella hubiera insinuado algo desagradable acerca suyo— Ni siquiera te conozco y quieres que te cuente mi vida.
— Puedes contarme lo que quieras— asintió con amabilidad. — Pero si para hacerlo tienes que conocerme, entonces me presento: Soy Sakura Haruno, puedes llamarme sólo Sakura, tengo veinticuatro años, me gradué en la universidad de Konoha como licenciada en psicología e hice una maestría en psicoterapia infantil y para adolescentes…
El muchacho de ojos grises sólo pudo parecer más fastidiado. Chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco.
— Sakura…— la llamó, logrando que la mujer se quedara en silencio— ¿no eres consciente de lo predecible que eres? Sólo hace falta darte un vistazo rápido. Noté que tienes las uñas echas un asco, además, en tu mano izquierda justo en el dedo anular hay una marca. Había un anillo ahí ¿te divorciaste? ¿Es eso lo que hace que te muerdas las uñas?
La aludida pareció sorprendida en primera instancia, pero inmediatamente sonrió como si lo dicho le causara gracia y volvió a tomar la libreta para hacer anotaciones.
— Eres muy observador, pero no, no me divorcié…
— Y tu ridículo vestido, ni siquiera le quitaste la etiqueta— los ojos verdes de Sakura se dirigieron a la etiqueta del vestido— Es nuevo ¿A quién quieres engañar luciendo como una señora recatada y no como la ramera que seguramente eres? ¿Cómo fue que te graduaste? ¿Abriendo las piernas o mamando vergas?
Tocó una fibra sensible. La sonrisa en los labios de Sakura desapareció de forma violenta y su mirada dejó de parecer amable. Kawaki esbozó una sonrisa. Hacía lo mismo con todas sus terapeutas. Se aseguraba de que no quisieran volver a verlo y sólo así Shizune y la vieja Chiyo dejaban de joderlo, pero traían a una nueva cada cierto tiempo.
» Las mujeres como tu estudiando psicología son patéticas ¿Quién abusó de ti, tu tío o tu abuelo? Debes creer que a todos nos pasó lo mismo que a ti, pero no es así… debo decir que no los culpo, seguramente te lo merecías— se rió, inclinándose hacía el frente y observando gustoso el repentino gesto sombrío de la mujer—. Adivina qué, no vas a salvar a nadie porque no pudiste salvarte ni siquiera a ti misma.
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Azotó la puerta tras de sí y se detuvo en seco al toparse de frente con Shizune. Puso los ojos en blanco, listo para ser reprendido, mientras se metía las manos a los bolsillos.
— Lo hiciste otra vez ¿no es así?
— No fui tan malo, ésta no lloró— murmuró, rodeando el cuerpo de la morena para seguir su camino.
— Si sigues así nunca vas a salir de aquí.
Sonrió con amargura, pero sonrió.
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No sabía cómo debía sentirse. Estaba preparada para ese tipo de situaciones, pero sin duda Kawaki se le fue de las manos, era duro y no temía ser grosero. Se miró las manos y apreció en silencio sus uñas mordisqueadas. Apretó los puños.
La puerta se abrió y se encontró con un pequeño.
Se obligó a sonreír de nuevo y fue así con los siguientes cinco niños. Salió de la sala con el trasero adolorido luego de pasar horas sentada, únicamente removiéndose en el incómodo sillón de color carmín.
Los niños que atendió luego de Kawaki fueron amables y trabajar con ellos fue una experiencia agradable para ambas partes, debió salir de ahí sintiéndose afortunada, pero no fue así. Estaba incómoda y algo en el pecho le dolía.
Shizune parecía amable a simple vista, pero era estricta. Al terminar fue a verla, quería hablarle acerca de Kawaki, pero ella la miró como si ya supiera lo que iba a decirle y se dirigió a ella de forma dura:
— Si no puedes con esto, entonces márchate, hay muchas personas que quieren la oportunidad que tú tienes— le dijo, sin siquiera dejarla pronunciar palabra.
Asintió en silencio y giró sobre sus talones. Se dijo que no permitiría que los cuarenta minutos pasados a lado de ese joven arruinara el resto de su día y los siguientes seis meses.
Al salir se encontró con Ino y Tenten quienes parecían demasiado emocionadas, así que aceptó cuando le ofrecieron ir por un par de cervezas a un bar cerca de ahí para conocerse mejor.
— ¿No es emocionante? ¡Lo de hoy ha sido la experiencia más gratificante que he tenido en mi vida! — exclamó la castaña.
La rubia se rió y asintió, mientras Sakura permaneció en silencio, apenas esbozando una sonrisa. Quizá no estaba lista para estar a trescientos kilómetros de casa y de él… Tuvo el impulso de mirarse la mano izquierda, pero se resistió.
— Incluso si no me quedo con el empleo en el Hospital de Konoha, estaría feliz por el simple hecho de haber estado en este lugar, es decir, todos esos niños son tan lindos y poder ayudarlos… ¡ah! Fue por esto que me desvelé durante cuatro años.
— ¿Escuchaste que Shizune es pareja de Tsunade?
— ¿Si no te quedas con el empleo? — parpadeó confundida, interrumpiendo el rumbo de la conversación.
Ino Yamanaka bajó el tarro que tenía en la mano y la miró como si fuera obvio.
— Bueno, no creerás que todas las personas que vienen a vivir a este pueblucho se quedan con un lugar ¿no? Quiero decir que esto sirve sólo como experiencia, sólo los mejores pueden trabajar en el hospital de la doctora Tsunade.
— Seremos las mejores que hayan pisado ese lugar, chicas, ya lo verán, las tres tendremos un empleo— asintió Tenten con una sonrisa en el rostro, ya algo ruborizada luego de beberse dos botellas de licor.
— Yo pensé que…
Las dos mujeres continuaron hablando y soltando carcajadas sin alcanzar a escucharla. Dio un sorbo a la botella y no hizo gestos.
Recordó las promesas que le hizo a sus padres y las palabras de éstos.
"Nuestra hija será siempre la mejor en lo que sea que haga, ya lo verás, luego de este empleo ella podrá conseguir un puesto en el Hospital de Salud Mental de Konoha"
"Tu padre se queja todas las noches de que le duelen las rodillas y la espalda. Él no puede trabajar por más tiempo, ahora es viejo… "
Ino y Tenten eran bastante agradables, la conexión entre ellas fue rápida, era como si se conocieran de toda la vida. Sakura se sintió fuera de lugar y muy confundida. Las cosas no estaban yendo como pensaba.
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Como castigo Shizune lo obligó a lavar las sabanas que los más pequeños orinaban por la noche. Obedeció sin quejarse y apenas terminó cruzó la cerca que rodeaba la propiedad y caminó entre el campo de girasoles, apresurando el paso, con las mangas de la camisa oscura levantadas hasta los codos luego de haber lavado a mano durante algunas horas.
Ya ni siquiera recordaba a la terapeuta estúpida que le indico que se retirara cuando se cansó de insultarla.
Notó una cabellera oscura sobresaliendo en el campo y se acercó con cautela. Himawari tenía el cabello corto por encima de los hombros, ojos azules y un cuerpo delgado. Iban a la misma escuela, fue ahí donde se conocieron y se veían casi a diario en medio del campo de girasoles, porque sólo ahí era posible estar a solas.
— ¿Qué es todo esto? — preguntó con el entrecejo ligeramente contraído.
La chica levantó la mirada de color azul y sonrió. Kawaki relajó el gesto.
— Un picnic, sé que en tu casa no comen algunas cosas, así que compré algo de comida chatarra y la traje aquí para compartir— musitó amablemente, indicándole que se sentara a su lado y comenzó a sacar algunas golosinas del bolso que llevaba.
— No es mi casa, Himawari, es un orfanato— aclaró con un tono de voz duro que no pareció importarle a la muchacha. — Y no debiste traer nada de esto, tu familia no está pasando por un buen momento…
Ella se lo confesó semanas atrás, la familia Uzumaki estaba pasando por una mala racha económica; su padre Naruto se marchó a la ciudad de Konoha, la capital, buscando un empleo luego de ser despedido del anterior; mientras tanto su madre Hinata, quien ya tenía varios años de haberse graduado, pero sin haber ejercido antes, pidió empleo ahí, en la Casa de Acogida para Niñas y Niños de Kyoshi, pero el resultado era obvio. No lo consiguió.
— Bueno, no haber traído estas cosas hasta acá no habrían hecho que le dieran el empleo a mamá ¿no es cierto? — se rió y Kawaki se sentó a su lado,
— Creí que la vería hoy junto a Shizune, en el orfanato, pero en su lugar había tres mujeres extrañas— confesó, abriendo una lata de coca cola.
— Sé amable con ellas, Kawaki, tu próxima terapeuta podría ser mi madre.
Kawaki miró a Himawari Uzumaki y esbozó una sonrisa.
— Sí, podría.
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Esta apenas es la introducción, lo bueno comienza ahora sí a partir del siguiente capítulo. Espero que no se hayan aburrido con tanta información ;u; Creo que desde ya se nota por dónde va la cosa ¿no?
Honestamente necesitaba un fanfic de esta pareja, pero no encontré nada en el fandom latino, así que me atreví a escribirlo yo misma. No pude resistirme, así que perdón a los que leen mis otros fanfics en proceso porque me tomé unas vacaciones de tres semanas para poder escribir este. Espero que alguien lo lea y no sea yo la única loca que quiere ver a estos dos como pareja ;u;
¿Hay alguien aquí? ¿Les gustó? ¿Le ven potencial a esta shipp y a este fanfic? Por favor, si les gustó interactuen conmigo, agreguen a favoritos, alertas o dejen comentarios uwu
Si nadie me lee seguiré con la historia en mi cabeza y me concentraré en seguir escribiendo las otras que si tienen apoyo ;u; Si alguien me lee sólo quiero aclarar que en este fanfic habrá un poco de KawaHima y SasuSaku uwu
Les quiero mucho y espero que estén muy bien y tengan una linda semana.
