LOS PERSONAJES USADOS EN LA HISTORIA NO ME PERTENECEN, PERO SI LA TRAMA.
Fanfiction del manga Naruto y Naruto Shippuden, ambos pertenecientes a Masashi Kishimoto.
"Pensamiento"
Recuerdo*
- Diálogo -
Ya habían pasado dos meses, el invierno estaba a la vuelta de la esquina, aunque el complejo solía ser muy cálido, el frío invernal no se podía evitar. Los árboles ya casi no tenían hojas, las brisas frescas eran frecuentes y los abrigos de usaban más seguido.
Era extraño, los más pequeños y los más ancianos eran quienes más se abrigaban. Pero no debería sorprenderla, eran miembros del clan Uchiha, y sus ojos no eran su único orgullo, también lo era el fuego que ardía dentro de cada uno de ellos. Entonces las estaciones frescas no era un problema para aquellos de naturaleza de fuego.
Lástima que ella era de naturaleza de agua y tierra, de hecho ella sentía más el frío. Se sentía rara al ser la única mujer joven vestida abrigada, aunque sin exagerar.
Durante los últimos meses, ella ha podido ejecutar sin inconvenientes sus responsabilidades. ¿Saben? Estar rodeada de tanta gente sombría y poco ruidosa, la hace resaltar mucho, aún así, no le costó desenvolverse entre ellos, su alegría y buen humor parece ser bien recibido por ellos. Desde su llegada, los muertos reducieron de manera considerable, tanto así que el lugar ya no es tan tenebroso como cuando llegó por primera vez.
Este último mes, la pelirosa tomó por costumbre pasear por el complejo en sus tiempos libres, la zona médica solía estar vacía, pues sus pacientes tenían heridas leves, la única excepción era cuando los escuadrones de reconocimiento o los de misiones volvían, solían traer siempre a algún heridos, ya sean leves o graves. Ahora la ojijade dejó a un pequeño equipo de capacitación haciendo unas tareas que ellas dejó para cumplir. Era una simple creación de ungüentos y separar correctamente algunas hiervas medicinales por frascos, teóricamente es muy simple de hacer, más aún con las indicaciones que ella dejó.
Ella era una buena maestra, o sus alumnos eran muy buenos poniendo atención. Cuando solía ayudar en las capacitaciones de su aldea, siempre había quienes se distraían o no ponían atención a algunos detalles.
Ni siquiera era mediodía aún y ya se sentía de un excepcional buen humor, casi daba saltitos en su andar. Ahora ella se dirigía a su casa, si, ya se familiarizó con la casa y incluso podía llamarla suya, en estos últimos días, trataba de ayudar a Mina con los quehaceres, incluso se animó a cocinar un par de veces.
Algunas veces se sentía rara por el hecho de que alguien más hacía las tareas de su hogar, por eso es que ella trataba de cumplirlas cuando terminaba su jornada en el sector médico, pero aún así, aprecia la ayuda de su amiga.
Mientras paseaba, saluda con una sonrisa contagiosa a quien se cruzaba en su camino, las personas también devolvía de manera amable su saludo. Notando como decoraban el lugar con tonos cálidos, desde rojo a amarillo, para recibir el invierno. Notando como en algunas calles ya las preparaban para iluminar más con las velas para otorgar luz y calidez.
Ya estando en el recibidor de su casa, suavemente se quita sus sandalias - ¡Mina! - Llama a su amiga. Caminando por el pasillo mientras se dirige a la cocina.
- ¿Qué sucede? - Ante ella, la pelinegra aparece tan sigilosa como un gato.
- Está vez quería preparar el almuerzo. Madara estará ocupado con los entrenamientos, pensé que podría llevarle un bento para que pudieras comer juntos - Tiene una sonrisa nerviosa cuando termina de hablar.
Lleva conviviendo varios meses con Madara, en algún punto ya estarían llevándose bien, ¿No?
Aunque las primeras dos semanas fueron incómodas, lograron adaptarse muy bien el uno al otro, tener responsabilidades similares les permitió poder entablar fácilmente conversaciones. Su convivencia fue muy natural sin darse cuenta.
Cada vez que se hacía la hora de dormir, el frío de la noche le daba una excusa para acurrucarse a su lado, incluso intimidar para aumentar su temperatura corporal era algo que ambos podían disfrutar. Todavía le avergüenza ese acto, los sonidos y sensaciones que provoca en ella es algo increíble.
Después de la primeras veces que estuvieron juntos, Sakura descubrió que él no solo tenía una gran resistencia para los combates. Que pena tener que admitir lo mucho que disfrutaba eso.
La ojijade busca en la despensa de la cocina los ingredientes que necesita para el almuerzo. Nunca fue una aficionada a cocinar, pero al menos no lo hace mal, aunque su fue bastante complicado hacerlo las primeras veces, los hornos en este tiempo eran distintos...
Para la receta que eligió necesitaba verduras, arroz y algo de pescado. Lo primero que debía hacer, era abrir la cocina, las paredes se deslizaron para abrir el lugar. La mujer de ojos negros hace una pequeña bola de fuego para prender el horno, entonces una gran llamarada se presenta allí, para mantener ese fuego le pone ramas.
Para describirles como era la cocina, toda tradicional, el horno de piedra estaba clavado en el suelo de tierra, pasando el suelo de madre de la casa, tenía los sartenes y ollas colgados, mesas de madera perfectamente alisadas para poder preparar sin inconvenientes alguna comida. Recordando que las casas tradicionales estaban elevadas sobre la tierra, para mantener la temperatura.
- Gracias, Mina, apartir de aquí puedo hacerlo sola - Con esas palabras, le dejó en claro a su amiga que ahora podía gozar su tiempo libre. La pelinegra asiente y se retira de la cocina.
- ¡Muy bien! Primero lo primero, hervir el agua - Su madre siempre le decía que la comida se hace con amor y buen humor, si eso no se hace así, la comida sale mal.
Pelando y lavando las verduras. Luego de eso, las colocó en recipientes para dejarlas reposar con el agua que había hervido. Debía dejarlas un rato en reposo, así que las cubre para poder hacer arroz, lo primer que hace es lavarlo, luego lo coloca en una olla con agua, le pone sal y de ahí deja que se cocine, supervisando cada dos minutos que no se queme. En los intervalos de tiempo que deja el arroz, prepara los tazones donde dejará la comida.
Los minutos pasan y el arroz ya está listo, entonces saca las verduras del agua y las cortan en rodajas cruzadas, en dos tazones quedan las verduras y en otros dos tazones coloca el arroz. El quinto tazón era una pequeña salsa para bañar las verduras.
La comida está lista, ahora debe buscar un canasto para poder llevarla hasta el hombre, una tarea fácil puesto a que había uno en la cocina, que si bien no sabe cómo llegó ahí, está desde que ella llegó, no hay problema en usarlo. En el canasto puso los tazones, dos pares de palillos, dos vasos y una botella de agua.
Se coloca un abrigo, largo hasta por encima de sus rodillas, y sus sandalias. Con un trote suave, y con cuidado de no tirar el almuerzo, se pasea por el complejo hasta llegar al campo de entrenamiento donde está su esposo.
Ese campo estaba a las afueras del complejo, dónde los árboles secos son parte del paisaje.
Una vez que logra localizarlo con la mirada, busca llamar su atención - ¡Madara! - Mientras aumenta un poco su velocidad, da un pequeño grito para hacerlo voltear. Cuando se posa delante suyo, le sonríe - Pensé que podría traerte el almuerzo, ya que estás ocupado disciplinando a este grupo. Tal vez podríamos comer juntos -
No hay nada de malo querer hacer algo romántico con su marido, ¿Cierto?
Él parece sorprendido de verla llegar - No esperaba que vinieras, pero con gusto podemos almorzar juntos - Da una media vuelta para ver a los jóvenes entrenando - ¡¿A eso le llamaron entrenar?! ¡Empiecen de nuevo! - Su voz fuerte y grave sonó autoritaria sobre los presentes. De vuelta su mirada va a ella - Ven, sígueme -
Sin salir del campo visual de sus alumnos, por así decirlo, se sienta debajo de un árbol con pocas hojas naranjas y rojas, estando cerca podría seguir supervisando que hicieran lo que ordenó.
Del canasto saca una manta de cuadros rojo y blanco, la agita hacia arriba y cae sobre el suelo, con la suerte de su lado el viento se ausentó y pudo caer lisa sobre el pasto opaco. Ella se sentó primero, con sus talones debajo de su trasero, él se sentó seguido, con una rodilla arriba, delante de su pierna tirada, su postura relajada. Lentamente, la mujer coloca los tazones correspondientes a cada uno, luego los vasos, seguido de sacar la botella de agua y por último los palillos.
- Buen provecho - La pelirosa le sonríe al pelinegro. Ambos comen tranquilamente, pero cada tanto, la disimulada mirada jade lo observa, a la expectativa sobre su opinión de la comida. Lo bueno es que le quedó bien, solo que espera que él le diga algo al respecto.
No fue complicado para el patriarca Uchiha darse cuenta de sus miradas secretas, se da cuenta que quizás ella espera algún elogio. Su madre hacía eso cuando le llevaba comida especialmente a su padre. Aunque no entiende exactamente el fin de eso, sí la hace feliz lo hará, ella hace su esfuerzo, por supuesto que lo retribuirá.
- Está rico - Y el arroz de sus palillos ingresa a su boca cuando terminar de decirlo. Nota que su esposa voltea el rostro, puede verla sonreír y sus mejillas coloradas. Que su alegría provenga de un gesto tan simple como un elogio, es tierno en cierto modo, realmente parecía esperarlo con ansias.
En silencio, terminaron de comer. Al mismo tiempo, Madara vigilaba al grupo de futuros guerreros. Sakura rápidamente trata de ordenar los utensilios sucios, los apila y coloca de vuelta al canasto. Con algo de sigilo, se acerca a él y se apoya en su hombros, no sabe exactamente porque lo hizo, solo se le ocurrió. Quizás le pareció romántico y una parte de ella no pudo evitarlo hacerlo.
Durante el resto del día hubo tranquilidad, el mayor herido que llegó de una misión fue un brazo roto. Cuando cayó la noche, por primera vez, su seducción fue dulce, Madara trató de evitar ser brusco y Sakura fue más cooperativa, fue una noche muy larga y placentera.
Una semana más tarde, ellos estaban haciendo un recorrido completo en los pueblos dentro del territorio de su clan y bajo la protección del mismo, dicho viaje con el fin de presentarla oficialmente como su matriarca. Solo debían supervisar y cerrar tratos con aquellas aldeas.
La primera que visitaron fue la de los herreros, fueron recibidos por el líder, un hombre que rodeaba los 30 años, de pelo castaño y piel muy bronceada, una cicatriz de una vieja quemadura resalta en su rostro. Se dirigió a ellos con miedo y con un cuidadoso miedo.
Cuando le preguntó la razón de eso a su esposo, su respuesta no pareció sorprenderla - ¿Quién crees que le hizo esa cicatriz? Jugó con fuego y se quemó -
- ¿Por qué le hiciste eso? -
- Había que ponerlo en su lugar - El ojinegro notó la mirada jade de reproche que había en la mujer, no había sido una razón suficiente para ella - Tú carácter es tan malo como el mío, así que no me mires de esa forma - La mujer solo rodó los ojos en respuesta.
Llegar a la casa del jefe de esa aldea fue rápido, hablaron del pedido de armas que habitualmente hacen. Si bien hay herreros en el clan, ellos no pueden hacer cientos de armas siendo tan pocos. Hablaron también de algunos bandidos que rondaban en el pueblo a veces, quienes fueron apoyados por la suerte al asaltarlos cuando los escuadrones disminuyeron por la boda, dicho contratiempo retrasó la producción de un cargamento.
Antes de finalizar la reunión, la nueva matriarca Uchiha se ofreció a tratar los heridos que podían tener en la aldea.
Pese a que era temprano, les ofrecieron unos bocadillos para pasar el tiempo mientras esperaban a que los heridos fuesen amontonados en un solo lugar, en este caso, la casa del líder.
Un joven forjador se le acercó a Madara para preguntarle sobre algunos detalles en la armas, mientras Sakura trataba a su primer paciente. Era normal en ella curar a las personas, el usual tirón de chakra que sentía cuando sus manos brillaban con verde, lo curioso de esta vez fue un pequeño detalle...
Su ninjutsu parpadeó.
Eso no debe pasar, estuvo entrenando para hacer un jutsu de curación perfecto, un desliz era algo bastante malo, pero desde que llegó sentía su chakra titilar, para recomponer el sello, pero esa es la primera vez que le ocurre algo así mientras ejecuta un jutsu.
Desde luego supo que rehacer el Byakugou no In iba a tomar tiempo, vacío tres años de reservas de chakra en dos días, sus tirones de energía ahora eran más fuertes y recurrentes. Y tuvo miedo, su trabajo duro se iría por la borda sí el jutsu prohibido desaparecía, tanto que le costó dominarlo.
Aún con ese pequeño momento de pánico, no le impidió seguir sanando a los lugareños y tratarlos con amabilidad. En la tarde por fin terminó.
Iban hospedarse en esa aldea hoy, a la mañana siguiente se irían al próximo pueblo. Aunque solo se quedarían un día, le brindaron un casa para pasar la noche.
- Lamentamos no poder ofrecer una casa más lujosa para nuestro señor y su esposa, esperamos que puedan aceptar nuestra humilde morada. Les aseguro que tiene todo lo que necesitan - El jefe del pueblo con un tono de voz aterrado, con el miedo de recibir alguna otra cicatriz.
En lugar de permitirle responder a su compañero de vida, ella se adelanta a responder - Es perfecta. Muchas gracias, señor, es un gesto muy amable de su parte - Aliviado totalmente de la respuesta, con una reverencia se despide de ellos, tratando de huir.
Seguido de la huida del jefe, algunos pobladores se acercaron a su casa con comida, como muestra de agradecimiento por haber curado a los enfermos y heridos. El hombre Uchiha solo se quedó al lado de la mujer por formalidad, esperando que la gente a su alrededor dejara de adular a la pelirosa como un ángel.
Cuando el grupo se dispersó, la pareja finalmente pudo ingresar a la casa, con algunos bentos de comida en las manos. Lo primero que hicieron fue ir a la mesa y allí dejar la comida, deberían comer antes de que se enfríe.
Lo primero que hizo fue poner un tazón de sus y una toalla, para lavarse la manos. Como doctora, agarró la costumbre de lavar siempre sus manos.
Con cuidado, esparció sobre las mesa los platos. Tranquilos fueron cenando, desde que se casaron, a él se le hizo costumbre comer los alimentos que ella deja de lado, en su mayoría fueron los amargos y picantes. Otra cosa que notó de ella, es que no come más de dos platos, se alimenta solo con lo justo.
Pequeñas platicas nunca faltaron, resulta que la ojijade también es una gran conversadora y siempre logra hablar de algo.
Antes de ir dormir, ambos se bañaron. Luego de un rato, ambos estaban en una especie de tina de madera, con agua que calentó personalmente Madara. Ella lo estaba abrazando, sus cuerpos presionados, la desnudes de los dos oculta por el agua que suelta vapor. Era uno de los momentos donde la pelirosa estaba en silencio, relajada.
El pelinegro estaba apoyado en la tina y su mujer descansaba en su torso. Para sorpresa de la femenina, él inició una conversación.
- ¿Sabes algo? Para ser una kunuichi eres muy llamativa - Sus ojos están cerrados, todavía disfrutando del agua caliente.
- ¿Qué? - Realmente no entendía a qué venía ese comentario.
- No solo tu apariencia, tu chakra y tu personalidad son muy llamativos. No necesitas mucho tiempo para encantar a la gente, mira este lugar, en un día hiciste que todos te adoren - Está vez abrió los ojos, la mirada obsidiana y la mirada jade se conectaron.
- Eso no es para tanto, solo estaban agradecidos -
- ¿Alguna vez sentiste curiosidad por saber cómo se siente tu chakra? - Ella asiente, esperando su respuesta - Se siente cálido y apasionado. Tu chakra es muy hipnótico y magnético -
Fue una forma hermosa de halagar la.
- Eso fue hermoso - La emociona que le haya dicho algo tan bonito, está tan feliz, tanto que incluso se atreve a brincar para besar sus labios. Le corresponde rápidamente sin dudar.
Eso es algo que le gusta de ella, su pasión y su expresividad, siempre puede leerla con solo mirar su rostro. Por supuesto, es algo que va a guardar para si mismo.
Y esa fue la primera vez que Sakura inició su contacto, tanto que se atrevió a sentarse en él, aún estando en la tina, el agua quemaba su piel cuando hacía fricción contra sus partes íntimas. Luego de minutos de besarse y frotarse, por fin de unen y ella se movió de arriba a abajo.
Aunque se tardaron en el baño, eso no les impidió lograr conciliar el sueño cuando se acostaron a dormir. Relajada totalmente, la pelirosa durmió profunda y plácidamente, el pelinegro por otro lado, como bien shinobi de alto rango, durmió con la guardia en alto, no era su complejo, por eso no debía confiarse completamente.
Fue una noche tranquila.
Después de partir de ese pueblo, fueron al próximo, sin tomarle mucho tiempo para llegar. En el segundo pueblo que visitaron, era sastre. Allí se confeccionaba para hacer que las armaduras sean cómodas y ropa para los miembros de su clan, haciendo sus túnica oscuras y sus kimonos.
El joven jefe de la aldea y su madre viuda les dieron la bienvenida. Tal parece que se esmeraron por recibirlos...
Como si fuese un festival, se los recibió con alegría y música - Por favor, mí lord, acepte nuestro recibimiento como y regalos por su boda - Había una tres mujeres, con vestimentas típicas de criadas, paradas delante suyo con tres objetos. La primera tenía un pequeño espejo con adornos de plata al rededor, la segunda tenía una capa negra masculina, y la tercera tenía una botella de cristal con sake dentro.
- Permítame explicar nuestros regalos, mí señor - la anciana viuda hace un paso al frente para dirigirse al Uchiha - Este espejo proviene del tesoro real del país del Fuego, es para ella, esta capa fue hecha especialmente para resistir las altas temperaturas de su poder, es para usted, y está botella de sake es uno de los mejores, fue añejado durante algunos años para mejorar su sabor, es para los dos -
- ¡Son regalos preciosos! ¡Muchas gracias! - Encantada con los obsequios, la mujer pelirosa se apresura a responder. Seguido de un asentimiento cortés de su acompañante pelinegro.
Siendo guiados a través del pueblito por madre e hijo, cabe aclarar que todas las decoraciones para recibirlos las alegraron, en los meses que la pasó en el complejo, notó que no eran muy aficionados de las fiestas y sus festivales son más sagrados que celebraciones. No es malo disfrutar de una pequeña fiestita.
Una pequeña reunión bastó para que sus asuntos rápidamente llegarán a un acuerdo. Sus exportaciones de tela no eran un problema complicado.
Al terminar su deber con la aldea, Sakura le insistió a Madara para quedarse a la celebración. Resulta que también era el cumpleaños de la madre del jefe. Instrumentos de cuerdas y vientos sonaban por doquier, papel picado flotando en el aire, las decoraciones brillantes, las personas divirtiéndose y bailando. No pudo resistir el impulso de unirse...
La tarde transcurrió movida. La matriarca Uchiha iba de un lado a otro, bailando, saltando y jugando, ella fue el faro más brillante de la celebración, su alegría y su buen humor contagiando a todos. Niños pequeños revoloteando a su al rededor por su atención, bailando con algunas mujeres y algunos hombres. Sus caderas se mueven con la música, saltos y giros acompañando.
Ella era un precioso espectáculo de primavera en medio del otoño.
Cuando cayó la noche, el joven jefe les ofreció cobijo en su casa. Su casa era grande, bastante lujosa y moderna para el momento. Lo que más llamó la atención de la mujer fue el baño con aguas termales que tenía esa casa, para su suerte el joven les permitió usarlo sí les apetecía. Noha era su nombre, un joven de 18 años, con el cabello rubio pálido y ojos grises, un lunar encima de su ceja derecha. Era un hombre apuesto y con gracia.
El era un sobrino del Señor Feudal del país de fuego. Muy buen negociador y manipulador.
Al menos pasaron bien la noche ahí, fue bastante cómodo.
Visitar esos pueblos les tomó una semana, un día por cada poblado del territorio. Para Sakura fue tranquilizador llegar al complejo cuando por fin, podía decirle hogar.
Madara estaba revisando unos pergaminos, poniéndose al día con el clan, y es cuando a la pelirosa le pica una repetida curiosidad, una pregunta que ha estado rondando su mente desde hace tiempo.
¿Por qué los Senju y Uchiha no estaban peleando?
Nadie mencionaba algo al respecto sobre el tema, la única razón por la que no se atrevió a preguntar a alguien más fue porque temía alterar el orden y la tranquilidad del lugar. Su corazón no le permitía sembrar la incertidumbre de una guerra próxima en la armonía que habían logrado.
Inconscientemente siendo sigilosa, llega hasta su marido, ella sabe él sintió su presencia. Desde su espalda le da un abrazo, sus brazos delgados rodeando desde su espalda hasta su pecho, sintiendo el cuerpo tonificado de años de lucha bruta que proviene del guerrero delante suyo.
Deteniendo su atención de lo pergaminos espera que ella hable, sabiendo que ella quiere conversar de algo.
- Estoy aquí desde hace meses y nadie ha mencionado el tema con los Senju. ¿Qué ocurrió? ¿No tenían una guerra que continuar? - Trata de sonar dulce al hablar, no quiere sacar a relucir un tema tan delicado. En el fondo siente miedo que al haber mencionado la guerra pueda estallar realmente y que haya un campo de batalla.
Madara solo la mira, la diversión se expande en sus ojos oscuros, levemente se da la vuelta y la atrae hacia él - Lo sabrás cuando lo considere apropiado para ti -
- ¡Soy tú esposa! ¡No se supone que me ocultes cosas, mucho menos sí es por la seguridad del clan! - Aunque elevó un poco la voz, trató de no perder la compostura y su expresión dulce. Lleva tiempo aquí, y con sus responsabilidades, obviamente se encariñó con su puesto y gran parte de los habitantes del complejo, sobretodo los más pequeños.
- No te oculto nada, simplemente aún no es momento de que sepas - Esa respuesta bastó para que el rostro de expresión dulce se tornara en una de fastidio, cruzando sus brazos sobre sus costillas y volteando su rostro. Al notar el rechazo de su mujer, la acerca más a él - No te molestes, solo se paciente -
Titubea un poco antes de volver sus ojos esmeraldas hacia sus ojos obsidiana, fuerza una sonrisa y deposita un beso en sus labios, la pelirosa se marcha con la escusa de diagnosticar a los heridos del escuadrón que había llegado ese mismo día.
Nota de autor:
Adivinen quién será el siguiente miembro del equipo 7 en aparecer...
*Sonidos de tambor*
¡Exacto! Va a ser Sasuke. En lo personal creo que va a ser interesante escribir a un Sasuke que está perdido en el odio y piensa que está solo, estoy ansiosa por escribir sobre cómo se va a sentir al ver su clan vivo. Aunque no sea su tiempo, es su gente.
¿Ustedes cómo creen que se sentirá?
