Era una noche lluviosa, los truenos resonaban agresivamente en el cielo, estruendosos sonidos que estremecían el cuerpo. La figura de una mujer con una capa roja andrajosa, con la capucha sobre su cabeza, se encontraba sentada en el barro. La mitad de su rostro estaba oculto por una cortina de cabello negro que se tintaba en rojo en las puntas. El agua de la lluvia corría por su rostro pálido, mezclándose con sus propias lágrimas. Sus manos estaban enterradas en el barro, encajando sus dedos en la tierra, como si estuviera aferrándose, en un intento desesperado por encontrar un anclaje y no hundirse. El pecho le dolía, todo dolía. Era como estar bajo el agua, intentando nadar a la superficie y fracasar constantemente, hasta que lo único que queda es parar de luchar... Quizás debió dejar de luchar hace mucho tiempo.
Ruby abrió sus ojos abruptamente, mirando hacia el techo de su dormitorio en Beacon. Su frente estaba bañada en sudor y sus ojos llenos de lágrimas, inmediatamente se sentó en su cama, restregando sus manos contra sus ojos para deshacerse de la acuosidad de sus ojos. Maldijo en silencio, detestando a las sombras de sus sueños que eran tan difíciles de tolerar en ocasiones.
Deslizó con cautela las sábanas que formaban una carpa alrededor de su cama y que servían para darle privacidad, mirando del otro lado a Yang. La vista logró calmar un poco su mente nublada por las sombras de sus sueños, sonriendo con alivio al ver a su hermana profundamente dormida. Sus ojos se deslizaron rápidamente a la cama debajo de Yang, notando a Blake durmiendo en una posición mucho más cómoda con la que se había ido a dormir.
Ruby tomó una ligera respiración, los restos de aquel sueño habían desaparecido casi por completo, sintiendo un poco más de confianza. Al final bajó de su cama en un rápido y calculado movimiento, mirando de reojo que el despertador marcaba las cinco de la mañana. Definitivamente ya no volvería a dormir, así que se dirigió al armario, obteniendo unos leggings negros que sabía, no usó en su estadía en Beacon. Así, consiguió una blusa roja que fácilmente podría ser ideal para su ida al gimnasio, consiguió los tenis negros que había traído como extras en su equipaje. Al menos lo había hecho.
Se dirigió directo al baño, donde se cambió rápidamente, dejando su muda de pijama en el cesto de ropa. Tomó su pergamino del escritorio y salió silenciosamente de la habitación. Ruby estaba agradecida de haber aprobado la técnica de sigilo de Blake, Ren y Qrow, punto para ellos. Sonrió tristemente al pensar en ello, caminando por los solitarios pasillos del edificio de dormitorios de la escuela. Hace tantos años que había corrido por esos pasillos para llegar a clases, que se sentía verdaderamente nostálgico pasar de nuevo por ese lugar.
Sacudió su cabeza bruscamente, debía concentrarse en que su primer objetivo, el cual era llegar a los casilleros para obtener a Crescent Rose, llegar al gimnasio, hacer calentamiento y hacer unos cuantos movimientos con su vieja amiga. Esperaba que no estuviera tan entorpecida solo por haber cambiado de cuerpo.
[...]
Ruby realizó una serie de ejercicios de calentamiento alrededor de veinte minutos, alternando entre estiramientos, abdominales, sentadillas y trotes alrededor del gimnasio, había una ligera capa de sudor en todo su cuerpo. Sin duda, la transición de un cuerpo más desarrollado a uno de una joven de quince años, si bien, era notorio, se compensaba por mucho que tenía alta resistencia cuando era la Ruby de quince años. Resistencia que claramente necesitó siempre para moverse con tanta agilidad con Crescent Rose.
Hablando de su vieja compañera, Ruby finalmente dirigió su atención a su arma, la cual había depositado en un banco junto a su pergamino, una botella de agua potable y una toalla limpia. La joven rosa sostuvo a Crescent en sus manos, equilibrando el peso en sus brazos una vez más, como lo había hecho cuando la sacó del casillero. En parte, esto era por el hecho de que su Crescent Rose era de un calibre más pesado que su versión de Beacon por las mejoras constantes que realizó a lo largo de los años. El material de la hoja, el refinamiento del mecanismo, la cámara de polvo y su tamaño, todo esto llevó a que su Crescent Rose tuvieran un peso exacto que iba acorde a su complexión y movimientos conforme más adulta se hacía.
—Bueno, podemos trabajar de nuevo en ello, vieja amiga—no pudo evitar decírselo a su arma con una pequeña sonrisa, comenzando a caminar hacia una de las áreas limpias del gimnasio donde los alumnos podía calentar (y solo hacer calentamiento) movimientos con sus armas. Ella tomó una bocanada de aire, cerró sus ojos, ambas manos en la forma aún compacta de su arma, sus dedos se movían suavemente, sintiendo la textura, intentando relacionar su memoria muscular de 29 años para usar a la Crescent de sus 15 años—. Okay...—susurró la rosa, dejando que su mano izquierda se dirigiera al accionador, desplegando su arma a su modo de guadaña. Sin abrir sus ojos, sus manos se deslizaron por el largo mango, acomodándose con familiaridad en sus posiciones, manteniendo su guadaña en sentido horizontal. Una vez más, jugó un poco con su peso, balanceando a su vieja amiga de arriba abajo. Pronto, sus manos agarraron con más firmeza, y en un rápido movimiento, hizo girar la guadaña en sus manos. Primero hizo un rápido swing repentino con la mayor presión en el brazo derecho, usando su izquierdo como el soporte, su equilibrio se perdió un momento, la velocidad del swing fue acorde a su complexión de 29 años, pero chocó con su cuerpo actual. Negó con la cabeza, sus párpados cerrados con fuerza, concentrándose para hacer otro swing, esta vez bajando su intensidad. Una vez más, ahora decide mover sus pies, en suaves movimientos que la llevan a dar un pausado giro en conjunto con un nuevo swing, sus párpados dejan de cerrarse con fuerza, relajándose mientras se deja llevar por un próximo swing, girando con sus pies un poco más rápido. Lo hace una y otra vez, permitiendo que su memoria muscular de 29 años se adapte a Crescent Rose.
No, ahora era más baja, debería dejar su guadaña en su medida actual. Si, puede aumentar la velocidad de giro y combinarlo con ese swing que le gustaba hacer. No, debía equilibrar el peso actual y cambiar de manos, no tener una sola dominante. Si, podía realizar esos cortes. Si, podía actualizar a Crescent Rose con las mejoras que se suponía, le haría en el transcurso de un año.
Cuando su ritmo comienza a ser cada vez más rápido, abrió sus ojos, concentrándose en la guadaña en sus manos, realizando los movimientos a su vez, jugando con los movimientos de sus pies. Ruby llegó a un momento constante, donde mantiene el mismo ritmo en sus swing y sus labios apenas se curvan en una sonrisa, cuando se vuelve fácil mantener esa velocidad constantemente, como lo haría.
Finalmente decide que ha tenido suficiente, deteniéndose en seco, sus ojos se mantienen unos instantes en Crescent Rose, solo para después volverla a su modo portátil—. Bien —susurra para si misma, girándose y caminando hacia su banca, depositando a Crescent en ella y tomando su botella de agua, tomando rápidamente del contenido. Una vez sació su sed, Ruby miró su pergamino, notando que marcaba las seis con cuarenta minutos. Hizo una mueca, tenía otro asunto que debía atender.
Ruby se alejó del banco a unos cuantos pies de distancia y se sentó en el suelo. Cruzando sus piernas, relajó sus brazos y descansó sus manos sobre sus muslos, cerrando lentamente sus ojos. Realizó una serie de respiraciones, encargándose de despejar lo mayormente posible su mente.
—No hay cadenas que te restrigan, eres infinito en el tiempo y la distancia—Ruby sintió como su aura comenzaba a manifestarse, contorneándose en su cuerpo con familiaridad —, prevaleces en la adversidad y la desesperanza, tomas mis pesares y mi corazón proteges—la fluctuación de su aura cambió. El flujo que era suave terminó fortaleciéndose con calma, acoplándose al cuerpo que debía proteger—, naces de mi alma, me elevas por encima de todo y me conviertes en un modelo de virtud y gloria... Así que jamás olvidarás protegerme—su aura aumentó considerablemente, bailando a su alrededor como una suave caricia de aire en la piel. Ruby se permitió sonreír, esa era su aura, tranquilamente mezclada con su aura de quince años, aumentando sus reservas. Afilada, pero refinada, como fue desarrollándola con el paso de los años con la ayuda de sus mentores.
Ruby abrió sus ojos, manteniendo aún su aura activa a su alrededor, con calma, proyectó su aura externamente a su alrededor, ampliando poco a poco su rango. Barrió lentamente la totalidad del gimnasio, extendiéndose al exterior de éste y rozando tanto los pasillos como el área verde del otro segmento. Se detuvo en cierto rango, procurando no estirar demasiado su aura y no agotarla demasiado, o en caso más extremo, romperla. Después de hacer aquel barrido, donde no había captado ninguna presencia que pudiera dirigirse al gimnasio o estar cerca, proyectó su aura devuelta hacia si misma, esta vez a una velocidad más rápida, pero moderada, a como lo había hecho para exteriorizarla en primer lugar. Cuando su aura volvió y dejó de manifestarse como un manto rojo en su cuerpo, Ruby se descompensó un poco, respirando entrecortadamente mientras su cuerpo se estremecía.
—Quizás debí esperar para hacer eso—lloriqueó entre dientes,sacudiendo su cabeza para eliminar la ligera neblina que se estaba apoderando de su mente debido al cansancio—. Vamos, Ruby, tienes que hacer esto ahora y no oxidarte—se dijo a sí misma, sacudiendo su cuerpo también y volviendo a enderezar su espalda—. Falta poco. Solo un poco.
Volvió a cerrar sus ojos, volvió a realizar el ejercicio de respiración, volviendo a aquel espacio libre de todo pensamiento, relajando su cuerpo y su mente.
"Cuando sientas que te has desconectado de él, cierra tus ojos y enfócate", una voz familiar suena con calma en las paredes de su mente, "mantente en aquel espacio en tu mente, infinito y lejos de todo tiempo, jamás dejes que perturbe tus pensamientos", Ruby se sintió rodeada de una paz blanca, sentada en medio de una habitación hecha de suave algodón, "una puerta frente a ti es dibujada, detrás de ella se encuentra lo que por derecho te pertenece desde el nacimiento", en aquella habitación, una puerta con tallado de rosas plateadas se dibujó frente a ella. Ruby se puso de pie, extendiendo su mano hacia el pomo de la puerta, acariciándolo con sus dedos, "la vida es sagrada, merece ser protegida y resguardada. Eres capaz de brindar luz en las tinieblas. La preservación es una extensión de la creación, así que puedes abrir la puerta y brindar protección. Claro en la distancia, libre de la muerte". Ruby giró el pomo de la puerta lentamente, un chasquido sonó, y pronto la puerta comenzó a abrirse. Una luz blanca y cálida emergió del interior, iluminando toda la habitación.
La figura de Ruby, sentada en el medio del gimnasio se estremeció un poco, y luego, lentamente comenzó a abrir sus ojos, los cuáles brillaban suavemente en plateado. La rosa percibió su visión volviéndose plata, sintiendo esa energía familiar y cálida en sus ojos. Cerró sus ojos de nuevo, tomando una larga respiración de aire, y un segundo después, abrió sus ojos de nuevo, ese brillo y aquella sensación que viene cuando activa sus ojos plateados se desvaneció.
La portadora de la guadaña sonrió—. Funcionó, María—susurró con dulce y nostálgica alegría, recordando a su antigua mentora con cariño.
Repentinamente, una fuerte punzada de dolor golpeó su cabeza, haciéndola rechinar los dientes con brusquedad y llevar sus manos hacia su cabeza—¡Maldita sea!—gruñó dolorosamente. Había olvidado que cuando activó sus ojos, fue en una situación de estrés que la llevó a estar en coma por casi una semana, ella era la Ruby de quince años ahora, claramente despertar el don de los ojos plateados tendría repercusiones, y ahora notó que fue mala idea realizar su sesión de conexión con su "regalo" en medio de un gimnasio. Imprudente, por decirlo menos.
Resopló molesta, frunciendo un poco los labios mientras esperaba que el dolor de cabeza al menos comenzara a aminorar. En caso de no ser así, tendría que volver a su dormitorio y no continuar con su siguiente paso hasta dentro de varias horas más. Lo cuál no quería, ya que aplazarlo por mucho tiempo podría tener repercusiones serias en su cuerpo, y entonces, ¿comó les explica a sus amigos y conocidos la razón por la que se siente hecha una mierda? Ni idea de donde sacaría una respuesta elaborada, si de por sí, sabía que volvería hecha polvo al dormitorio y eso generaría preguntas, no tiene ni idea de como lo manejaría si eso se vuelve algo más serio.
Cuando el dolor comenzó a ceder un poco hasta ser un dolor sordo, Ruby cerró sus ojos y se concentró lo mejor que pudo. Fue como si todo se detuviera un instante, como si no existiera el tiempo y espacio. Delicadamente se enfocó en su núcleo, su alma. Vasta e infinita, el alma de una persona no tiene un principio o un final, es una entidad que jamás podrás medir o terminar de entender, y siempre aprenderías cosas nuevas de ella.
La joven cazadora se concentró en las energías fluctuantes que rondaban en su ser. Primero se encontró con invierno, fue un ligero escalofrío en su alma, estremeciéndola con familiaridad. Siguió verano, chirriante de emoción, la rozó con enorme alegría. Y luego primavera, fue como si la abrazara cálidamente, reconociéndola con cariño. Al último estuvo otoño, fue como rozar llamas atenuadas, cesando muy lentamente de una antigua combustión.
Ruby se concentró, la magia de las doncellas y el poder de los ojos plateados entraban muy fácilmente en conflicto, chocando entre sí y teniendo la posibilidad de hacer estragos en su cuerpo si no establecía un equilibrio prontamente. Era díficil mantener el poder de cuatro doncellas en un solo cuerpo, ni siquiera entiende como es que Cinder quería tal magia desbordante en su cuerpo siendo tan inestable como era, aunque bueno, ella misma también tenía (y tiene) sus propias batallas en ese aspecto.
Sumando esa dificultad a su poder natural derivado del Dios de la luz, ciertamente consistía en un reto mantener un equilibrio entre la magia de doncella y el poder de los ojos plateados. Pero la fuerza de voluntad, la terquedad y perseverancia que tenía eran algo de lo que ha estado orgullosa (darle las gracias a su familia y amigos que siempre le taladraron eso en su tonta cabeza).
Ruby pronto se encontró en medio de una extensa pradera, hermosamente verde y brillante, llena de vegetación vivaz y reconfortante. Sus ojos se dirigieron al cielo, notando una división de colores que se extendían al infinito, una mitad, era de un color plateado brillando con intensidad, después parecía haber una larga e infinita línea oscura que separaba ese color de cielo con los otros colores. La otra mitad era una serie de colores, un naranja casi rojizo se entrelazaba a un amarillo brillante, el cual a su vez se enlazaba a un suave color azul cielo y por último a un hermoso color rosa, creando un bello espectáculo a la vista.
Ruby sonrió suavemente, mirando fijamente la división tácita que claramente separaba a la magia de las doncellas del poder de la luz—. Los cinco son parte de mi, pueden convivir en armonía, tenemos el control... Tengo el control—susurró con suavidad, la línea divisora comenzó a desvanecerse, permitiendo que las energías se juntaran. Tentativamente se mezclaron—, infinito en la distancia y el tiempo, en mi alma encuentra equilibrio y consuelo, la muerte no es el final sino el encuentro—una hermosa aurora boreal se desbordó en el cielo en combinación de las cinco energías juntas, el fondo se volvió una noche estrellada dejando una vista perfecta en aquel prado.
Ruby cerró sus ojos, y cuando volvió a abrirlos, se encontraba en el gimnasio una vez más. Sonrió cansadamente, sentía que su cuerpo estaba hecho de plomo, pero había valido todo si eso significaba mantener el equilibrio que necesitaba en su alma.
A duras penas decidió levantarse del suelo, sintiendo sus piernas como gelatinas y su estómago revuelto, sacudió suavemente su cabeza, luchando con las náuseas entrantes, iba a caer en su cama totalmente muerta, no sin antes de darse un baño, ni loca se metería a la cama sin darse un baño. Tomó la toalla que había traído y se limpió el rostro, arrojando después el objeto en su hombro izquierdo.
Recogió sus cosas del banco, mirando en su pergamino que marcaba las siete con trienta y respló, su equipo se despertaría a las ocho. Bueno, caería en coma una vez tocara la cama, así que se saltaría la sesión de preguntas y respuestas. Dejando eso de lado, comenzó a caminar en dirección al dormitorio, lamentablemente apenas tenía fuerzas para trasladarse hacia allí, así que se llevaría a Crescent con ella, ya después la devolvería a su casillero.
Mientras caminaba por los pasillos, notó a algunos alumnos en los pasillos, dirigiéndose al gimnasio que ella había abandonado, algunos la miraron de reojo o le dieron saludos corteses, los cuales correspondió con el más breve de los asentimientos y una pequeña sonrisa. La Ruby de 15 años no solía hacer eso o lo haría actualmente, ella fue socialmente incómoda y nerviosa con las personas que no conocía, pero su mentalidad ya no era esa, y la Ruby de 29 años interactuó con muchas personas a lo largo de su vida, teniendo que desenvolverse con personas menores y mayores a ella por igual, así que no, esto no era nada.
Cuando finalmente llegó a su habitación, depositó a Crescent a un lado del armario, cuidadosamente recargada y en un sitio que sabía, su amada no corría el riesgo de ser atropellada por sus compañeras de equipo, se quitó los tenis y los depositó también en ese mismo sitio. Dejó la botella de agua y su pergamino encima del escritorio, después volvió al armario para sacar una muda de ropa, tomando unos pantalones oscuros y una blusa blanca junto a una chaqueta roja con capucha, tomó unas prendas para usar debajo y después cerró silenciosamente, solo para dirigirse al baño inmediatamente y encerrarse.
Ni siquiera tardó demasiado, bañándose rápidamente y saliendo del baño oliendo a fresas, su cabello mojado y goteando agua al piso, lo ignoró, sus ojos estaban por cerrarse ya que bañarse le provocó mucho más cansancio del que tenía, así que, como pudo, se subió a la cama, evitando que la cama chirriara cuando finalmente se acomodaba. Lo último que supo, es que escuchó un pitido a la lejanía cuando la oscuridad la tragó.
