Siempre hay un plan B

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N/A: He variado un poco el canon: el que muere en la batalla del Departamento de Misterios es Lupin (yo lo siento, pero es que Sirius me cae mejor). Y Pansy sigue siendo un miserable gusano, tened un poco de paciencia: mejorará. No mucho, pero lo suficiente.


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Draco salió de la Sala de los Menesteres mirando atrás con disimulo. Había conseguido dar esquinazo a Harry una vez más, pero cada vez se le hacía más pesado tener que preocuparse de que ese idiota entrometido no lo descubriera. Y él ya tenía bastantes preocupaciones, pensó el chico.

Acababa de volver de las vacaciones de Navidad, pero su hogar ya no era como lo recordaba. Su padre estaba en Azkaban tras ser capturado durante la batalla del Departamento de Misterios, pero había sido sustituido por su tía. Su condenada tía, la más fiel lugarteniente de Voldemort, que estaba deseando enseñarle saberes oscuros. Él era un buen alumno y ella una magnífica maestra, pero Draco estaba saturado. Quería una tregua, un descanso. "Y también es que ella te intimida", escuchó sonar dentro de su cabeza la débil vocecita a la que tan bien conocía.

Aunque desde luego su tía no era quien más le intimidaba. Voldemort había puesto sus ojos en él para vengarse del fracaso de su padre en la última misión encomendada, y ahora él debía asesinar al anciano director, o su familia sería castigada. Su tía le decía que era un enorme honor del cual debía sentirse orgulloso, y su madre apartaba la mirada para fijarla en el vacío. No era feliz, de hecho estaba en las antípodas de la felicidad, pero no era capaz de hacer ni decir nada. Imaginó cómo sería vivir con ella, solo con ella. Los dos juntos lejos de toda esa mierda, de toda esa maldita basura que les rodeaba. Una lágrima resbaló de sus ojos, pero se la quitó con rapidez. ¿De qué le iba a servir llorar?

Al girar la esquina de un corredor se dio de cara con Harry, que iba con Pansy, su ex. El moreno lo escudriñó con la mirada, sin ningún disimulo, y ella hizo una mueca desdeñosa. No habían acabado muy bien su relación. Pansy tampoco entendía que no estuviese orgulloso de llevar la marca, y lo había llamado cobarde, la muy arpía.

Por suerte sabía que la chica era discreta, y sobre todo, astuta: podía salir con Harry, pero no se iría de la lengua con él. Había muchas cosas en juego. Ella misma había comentado alguna vez que "los novios vienen y van, pero la sangre y la familia se quedan". Podría salir con el elegido, pero ella siempre sería una slytherin. Eso estaba fuera de toda duda, aunque ambos se ignorasen, discutiesen e incluso se insultasen.

-¿Muy ocupado últimamente, Draco? –Dijo Harry, inquisitivo.

-No sabía que mi vida fuese asunto de tu incumbencia, Potter. A no ser que tu furor sexual con las nenas sea una tapadera y que en realidad estés enamorado de mí. En ese caso, lamento decirte que no soy gay, aunque oye, seguro que Pansy puede complacerte: ¡es casi tan masculina como yo! ¡Si tiene hasta bigote! Lástima que le falte otro detalle, pero bueno, seguro que podéis usar la magia para arreglar ese fallo técnico.

-Oye gusano, ¡deja de decir esas cosas, o vamos a tener más que palabras! –Exclamó el gryffindor, apuntándolo con su varita.

-¿Nos vamos, Harry? No me gustaría que llegásemos tarde a la fiesta de Slughorn. Tú también deberías ir a arreglarte, Draco. ¡Ah, cierto, que a ti no te han invitado! Debe ser que ahora que tu padre está en Azkaban ya no le importas a nadie. ¡Debe ser eso! –Comentó Pansy con voz tranquila, fría, y una mueca despectiva.

-Sí, Pansy: tienes razón. Tenemos que darnos prisa. ¡Pero que sepas que te tengo vigilado! ¡Sé que estás tramando algo, y yo me voy a enterar de qué es! -Amenazó Harry, volviéndose de nuevo hacia él.

-Ojalá mi vida fuese tan interesante como tú supones, Harry. Si averiguas qué es lo que estoy tramando, házmelo saber. ¡Me encanta escuchar chismes sobre mí, porque acabo aprendiendo cosas nuevas que ignoraba! Además, viniendo de ti, será una historia tan estrambótica que creo que podré reírme hasta fin de curso. –Comentó Draco con una sonrisa sarcástica.

-Adiós, Draco. Pórtate bien y no des problemas, rubio. –Se despidió Pansy guiñándole un ojo, mientras tironeaba de Harry para llevárselo de allí.

Draco se quedó con media sonrisa en su cara. Pansy era vana y superficial, y como novia había sido un desastre, pero seguía teniendo su punto. Algún día se reconciliarían, al slytherin no le cabía la menor duda. Mientras tanto, bien podía divertirse con Harry. De hecho casi mejor así: que se entretuviesen entre ellos y lo dejasen un rato en paz, que él ya bastante tenía con lo suyo, se dijo una vez más.

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-No es verdad lo que ha dicho, ¿verdad, Harry? –Preguntó Pansy acariciándose su labio superior.

-¡Claro que no! ¡Por supuesto que no soy gay! ¡Ya le gustaría a ese creído que yo anduviese loco por él!

-¡No, idiota! ¡No me refiero a eso! Ya sé que no eres gay. De hecho antes lo pensaría de él que de ti. No, lo que quiero decir es que no tengo bigote, ¿verdad?

-¡Claro que no, tonta! ¡Te lo ha dicho por molestarte! ¡Parece mentira que después de tantos años de ser tan coleguitas y de todo lo que habéis compartido no lo conozcas aún!

-Lo conozco perfectamente, Harry. No como tú a tu amiguita Hermione. ¿Por qué insistes en seguir llevándote bien con ella? ¿No ves que me resulta muy ofensivo? –Preguntó Pansy, aprovechando para volver a la carga con el tema. Ya habían discutido de eso hacía un rato, pero la chica no había quedado satisfecha.

-Mira, Pansy: no voy a dejar que me mangonees. Si tú quieres estar peleada con Draco, allá tú. Pero Hermione y yo hemos sigo los mejores amigos durante seis años. ¡No voy a echar eso a perder por un par de meses que hemos estado saliendo!

-¡Ella no quiere ser tu amiga: lo que quiere es separarnos! ¡No, no me mires así: lo sé! ¡He visto cómo te mira!

-Estás paranoica. ¡De verdad que Hermione no quiere nada! Desde luego que no querría volver conmigo, ¡pero es que ni siquiera ser mi amiga, al menos por ahora!

-Entonces ¿para qué la persigues? ¡Qué ganas de hacer el ridículo, de verdad!

-Solo quiero que ella y yo hablemos. ¡Una conversación de amigos, Pansy, no hace falta que te vuelvas loca!

-Escúchame bien, Potter, porque solo te lo voy a decir una vez. ¡Estás saliendo conmigo y no voy a tolerar que te rías de mí, así que nada de coquetear con Granger haciendo como que eres un buen amigo que se preocupa de que esté triste y sola!

-¿En serio te crees que te pondría los cuernos? Estás loca, de verdad que estás loca. –Dijo Harry, llamándola loca no con deseo de insultarla, sino con idea de describir su estado mental.

-Mira Harry, una cosa te voy a decir: a mí no me vengas con esa basura machista de llamarme loca. ¿Loca de qué? Si fuiste capaz de dejarla a ella por mí, con tanto que la querías, bien eres capaz de cualquier cosa. Y a ella la tengo calada. Con su aire de niña buena, es veneno puro. ¡Sería capaz de hacer lo que fuera para vengarse de mí!

Harry miró a su novia anonadado. Sacudió un par de veces la cabeza, como dándola por imposible.

-Me rindo. No hablaré con ella… por ahora. Anda, Pansyti, vamos a vestirnos para la fiesta, aunque poco me apetece, la verdad… debería estar haciendo otras cosas. –Dijo Harry, con voz apagada y ganas de zanjar el tema. Estas discusiones absurdas con su novia lo desconcentraban de lo que le interesaba: controlar, vigilar los pasos de Draco. Eso era lo primordial, lo que realmente importaba.

Más confusa aún que el chico estaba Pansy. Se le revolvían las tripas solo de pensar que los dos volvían juntos, pero mientras la idea de perder al gryffindor despertaba en ella su instinto territorial y encendía su rabia, el pensar en Hermione besándolo la entristecía. Ya había sentido eso antes, cuando los veía besándose, pero lo había malinterpretado. Entonces había pensado que querría estar en el lugar de Hermione, y besar al elegido, al chico más popular del colegio y de todo el mundo mágico. Ahora se daba cuenta de todo el tiempo se había equivocado: no quería ocupar su lugar, no quería ser ella. Quería tenerla a ella. Todo era una cruel burla del destino, pues obviamente Granger no querría nada con ella, después de haberla acosado, insultado y menospreciado durante años, y por último haberle robado el novio.

No, nunca podría tener a Granger. Pero si no era para ella, no sería para nadie más. De ninguna manera lo iba a consentir. Pansy sabía que eso sí podía hacerlo. Sabía que tenía muchos recursos para alcanzar ese plan B, y pensaba usarlos todos. "Siempre hay un plan B", se dijo para consolarse a sí misma. "Siempre queda un maldito plan B".

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Hermione pensaba que lo que le estaba pasando era lo peor que podría ocurrirle. Había perdido no solo a su novio sino a su mejor amigo, pues incluso en el caso de que ella estuviese dispuesta a perdonarlo, Pansy no le permitiría tener el mismo tipo de relación con Harry que antes de que pasase nada. Lo sabía: era ese tipo de chica.

Iba cabizbaja rumiando todo en su cabeza de vuelta del despacho de Minerva McGonagall. La profesora estaba descontenta del bajón que había dado en su asignatura y la había citado para una tutoría. "Sé que estás pasando por un mal momento, pero tus estudios son lo primero. Hablaremos de esto a las cinco: te espero", le había dicho la vieja profesora.

Media hora había estado hablando con ella. Los regaños no se habían hecho esperar. Era imperdonable que echase a perder su expediente académico por un desengaño amoroso. Ella valía mucho más que eso. Hermione Granger, la mejor bruja de su generación, no se podía permitir un momento de debilidad. Las palabras de McGonagall no habían sido esas, pero eso era lo que a la chica le había parecido entender.

Al parecer no era la única que estaba sumida en sus pensamientos, pues estuvo a punto de chocarse con Tonks, que iba casi corriendo en dirección contraria.

-¡Hermione! ¡Contigo quería yo hablar! Por cierto, perdona y eso, casi te atropello. Es que verás, soy un desastre de persona, una verdadera basura, y llego tarde a una cita con Minerva. ¿Me esperas, Mione? Voy a tardar muy poco, es un informe rutinario. –Dijo Tonks mientras la arrastraba del brazo hasta un asiento, indicándole con gestos que se quedara ahí.

-Vale, tranqui, de aquí no me moveré. ¡No tardes, no quiero quedarme sin cenar por esperarte!

-En cero coma me tienes de vuelta. Quédate ahí. –Decía la metamorfomaga mientras andaba hacia atrás para no perder contacto visual con ella. Al final tropezó, hizo un gesto de dolor, se frotó el tobillo y comenzó a andar de un modo más normal, aunque giró un par de veces la cabeza para ver si la chica se había movido. Quince minutos más tarde, escuchó una carrera seguida de un frenazo, y ante ella apareció de nuevo Tonks, respirando casi sin resuello.

-Te dije que no me iba a ir, Tonks.

-No quería hacerte esperar tampoco. Sé que estás ocupada, y no quería que me odiases por robarte tiempo para estudiar.

Hermione se encogió de hombros. –No tengo ganas de estudiar hoy. –Dijo la chica con voz apática.

-¿Qué tal si te vienes conmigo un rato afuera y charlamos? Tengo una petaca con whisky de fuego. Sé que aún no tienes diecisiete años, pero ¡qué demonios! Un par de tragos no van a matarte ¿verdad?

-No tienes que hacer esto, Tonks. No tienes que intentar animarme ni nada parecido, aunque te lo agradezco muchísimo.

Tonks pareció un poco sorprendida y algo dolida. –No hago esto solo por intentar animarte, Hermione. De verdad que me apetece echar un rato contigo. Quién sabe, a lo mejor hasta acabas animándome tú a mí.

-¿Estás mal? –Preguntó Hermione, algo sorprendida. No se imaginaba que alguien con un carácter tan alegre como Tonks pudiese tener días malos. Era verdad que últimamente no veía su pelo tan colorido como siempre, sino de un desvaído color marrón, pero no había pensado nada especial hasta ese momento.

-Bueno, Hermione… me voy apañando. Pero es verdad que he tenido épocas más felices. La muerte de Remus… en fin. Él y yo no éramos nada, quiero decir, solo amigos. Pero aun así ha sido difícil.

La metamorfomaga se encogió de hombros, en un gesto con el que quería quitarle importancia a un sentimiento. No lo consiguió. La joven aurora era muy transparente, pensó la gryffindor.

-Lo peor es soportar a Sirius. –Siguió diciendo Tonks. –Él está mucho más deprimido que yo, y me hunde el ánimo hasta el subsuelo. Es duro no poder mostrarme triste delante de él para no ponerlo peor, y a la vez tener que soportar su mal humor y sus salidas de tono. Todos los demás han ido poniendo excusas para no aguantarlo, bueno, ya sé que Harry de sobra querría animarlo, pero está en Hogwarts… el caso es que al final me lo estoy cargando yo sola. Y no puedo más. Casi siento que Bellatrix no me matase a mí. –Comentó la bruja pasándose la mano por la frente mientras intentaba sonreír para quitarle hierro a lo que acababa de decir.

Hermione no dijo nada, y la abrazó en silencio con cierta timidez. Sabía que a Tonks le encantaba el contacto físico, pero a ella le daba un poco de pudor. Sin embargo, se había quedado sin palabras y esa le pareció una buena opción.

Al instante Tonks le echó los brazos al cuello y la apretó como si llevase años sin que nadie la tocara. Hermione abrió mucho los ojos, un poco asombrada ante tanta efusividad. Con espanto vio como la horrible Millicent, que pasaba por aquél corredor, se quedaba mirándolas un momento antes de seguir su camino. Millicent por sí misma era una tipa desagradable y bruta, pero además era la mejor amiga de Pansy. Seguro que no tardaría en irle con el invento de que se estaba liando con la aurora para que ella se lo contase a Harry. Después Hermione pensó que daba igual. Ya no eran nada. Que pensase lo que le diera la gana, se dijo a sí misma respondiendo al abrazo de Tonks con la misma intensidad.

-Gracias, Mione. De verdad que me hacía falta desahogarme. Aunque creo que ha sido un poco injusto para ti: tú también tienes tus problemas.

-No te disculpes, Tonks. ¿Por qué no nos acercamos a darle las buenas noches a Hagrid y hablamos por el camino de ida y vuelta? Aquí hay demasiada gentuza pululando por los pasillos.

-Ah, ¿lo dices por algo? La verdad es que no me he dado cuenta de nada, Mione. Pero ya sabes que si alguien te molesta, tú solo dímelo.

-Todo está bien, Tonks. Vamos a estirar un poco las piernas y a tomar el aire, nos vendrá bien a las dos. ¡Y si me ofreces un par de tragos de tu maravillosa petaca, no te los voy a rechazar!

Hicieron el camino de ida y vuelta hacia la cabaña del profesor, que se quedó un poco sorprendido con la visita de buenas noches. Tonks fue contándole a Hermione historias sobre cómo a veces sacaba a pasear a Sirius transformado en Canuto, ya que seguía siendo un fugitivo de Azkaban. Por lo visto Canuto era un perro muy travieso que la llevaba poco menos que arrastrada por Londres. Él quería ir sin cadena, por supuesto, pero la metamorfomaga era firme en eso: no quería tener problemas con alguna autoridad muggle. Luego cuando volvían a Grimmauld Place ella le enseñaba su mano casi desollada, y él, todavía en su forma perruna, se las apañaba para ser perdonado echando sus patas por los hombros de su sobrina y dándole lametones en la cara.

-El muy sinvergüenza siempre consigue lo que quiere. ¡Es un maldito bribón! –Dijo Tonks riendo, tras dar un buen trago de su petaca y ofrecérsela a Hermione. La joven bruja pensó que los Black eran realmente muy extraños, pero se abstuvo de hacer comentarios.

El whisky estaba muy fuerte, pero venía bien para entrar en calor. Aquella noche de enero, con el campo nevado y un cielo despejado iluminado por la luna llena, era muy fría. Tonks le echó el brazo por los hombros y se los frotó en un gesto cariñoso.

-¿Vas bien, Hermione? ¿Quieres mi capa? ¡No quiero que Minerva me acuse de haberte hecho enfermar!

-¡Yo tampoco quiero que el Ministerio me reproche haber causado la baja médica de una de sus auroras! Además, con el hechizo que me has lanzado voy bastante calentita. No te preocupes, Tonks, y muchas gracias de todas formas.

-De nada, Mione. Es mi obligación preocuparme. Se supone que debo cuidar de vosotros y todo eso.

-¿Y quién cuida de ti? –Preguntó Hermione riendo.

-Eso digo yo. Yo también soy una niña y quiero que me cuiden. ¡La vida no es justa! –Contestó la joven aurora en el mismo tono.

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Muchas gracias por las reseñas. Pensé que había contestado las que puedo contestar, pero resulta que soy una escoria humana y se me ha olvidado una. Ahora lo haré, más vale tarde que nunca. Y a los dos guest: Sí, Pansy es lo peor. Hace gracia porque es un personaje de ficción, en la vida real la tendríamos en nuestra lista negra. Y guest 2: Tonks es la mejor en todo, hasta cuando es un maldito desastre ¿hay alguna duda de eso? *emoticono que guiña un ojo*