Plantas carnívoras

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N/A: Sé que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que actualicé, pero bueno, en medio ha habido una pandemia, una mudanza, y varios infortunios más. Espero que os guste el episodio, y que os alegre saber que he empezado con el siguiente. ¡Un saludo, y nos leemos!

Por cierto, el nombre del capítulo es por una canción, como dato innecesario.


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Hasta la serpiente más astuta puede cometer un error, y el error que cometió Pansy Parkinson fue confiar en Daphne Greengrass. Ellas habían sido amigas desde siempre, pero en el anterior curso se habían distanciado y Pansy había preferido la compañía de Millicent. No le habían faltado motivos, pensaba ella. No obstante, seguía extrañándola.

Pero una tarde, tras reafirmar que ninguna de las dos soportaba a Luna, decidieron hacerle una jugarreta juntas. Una vez más fueron descubiertas por Tonks, que informó a la profesora McGonagall de las fechorías de ambas chicas, tras lo cual fueron de nuevo castigadas.

-Le cosería la boca a esa chivata –dijo Pansy mientras sacaba brillo a un viejo trofeo.

-Es casi una bastarda, creo que su madre se casó estando embarazada. Por eso se casó tan joven con un sangre sucia, peleándose de paso con su familia. Y mira cómo ha salido la tal Tonks ¡es peor que una traidora de sangre normal! ¡Es incluso peor que una Weasley! –respondió Daphne.

¡Y además una maldita metomentodo! ¡Mierda, ya me rompí una uña por su culpa! ¡Los muggles son lo peor, es indignante que nos obliguen a limpiar como ellos! ¡Pero peores son quienes los defienden! –se quejó Pansy.

-Completamente de acuerdo. Solo espera, porque las cosas no se van a quedar así. ¡Se van a enterar todos esos traidores cuando ganemos la guerra!

-¡Habla más bajo, Daphne! ¡Todo este colegio está lleno de chusma dumbledoriana!

-No tienes que recordarme eso porque no se me olvida. No cuando nos lo restriegan día a día por la cara. ¿Se cansarán alguna vez esos cretinos de lamerles las botas a los muggles? ¡Es desesperante tener que escondernos así cuando nosotros somos fuertes y poderosos y ellos casi no llegan ni a la categoría de humanos!

-Así son las cosas. Mi padre también está muy harto de la situación. Pero bueno, yo también estoy muy harta de mi padre, así que en realidad me da igual. Yo solo quisiera que me dejaran todos en paz.

-¡Se me olvidaba que estaba hablando con la novia de El Elegido! –comentó con malicia la rubia.

-¿Qué tiene eso que ver? ¿Te crees que por estar saliendo con él se me va a olvidar quién soy?

-Espero que no lo hagas. Siempre te he tenido mucha estima, pero si te convirtieses en una traidora no te volvería a mirar a la cara –advirtió Daphne.

-De todas formas últimamente ya no me tienes en tanta estima como antes, mi querida Daphne.

-¡Eso no es verdad! ¡Eres tú la que te has alejado de mí! Si no, mírate: ¿con quién vas ahora a todas partes? ¡No es conmigo, sino con esa gorda de Millicent!

-¡Eso solo es porque el año pasado tú me intentaste levantar a Draco! –gritó Pansy.

-¡Mentira! ¡Quitarle el novio a una amiga! ¿Cómo eres siquiera capaz de pensarlo? ¡Yo jamás haría una cosa así! –se defendió Daphne, con cara de tristeza e indignación y una mano sobre el pecho, mientras la morena la miraba con ironía y una ceja alzada.

-¡Daphne de mi vida, que no me he caído de un guindo! ¡A mí no me engañas con esa carita de niña buena!

Daphne resopló con fastidio y se encogió de hombros. Al momento su expresión triste se desvaneció, dejando paso a una de hastío y frialdad.

-Tú y yo sabemos que Millicent es ahora tu mejor amiga porque es gorda, tonta, y desagradable. No te gusta competir, quieres ser siempre la reina y que todo sea fácil y te venga rodado. ¡Me parece muy cómodo por tu parte, qué quieres que te diga!

-¡Eso no es verdad! ¡Me gusta Millicent porque es leal y discreta! ¡Sé que a ella puedo contarle un secreto o simplemente pasar tiempo con ella sin tener que estar vigilando en todo momento mis espaldas por si me cae una puñalada! –se defendió Pansy.

-¿Cuándo te he hecho algo malo yo? –preguntó Daphne indignada.

-No me hagas hablar, anda.

-No, en serio. ¡Dime algo que yo te haya hecho! ¡Una sola cosa que sea real y no un invento tuyo!

Pansy la miró por un momento y volvió la cabeza para seguir lustrando otro trofeo de quidditch. Daphne tenía razón. Todo lo que tenía contra ella eran sospechas, nunca había podido descubrir nada. Quizá se estuviese volviendo paranoica, quizá tuviese razón la rubia cuando afirmaba que el verdadero motivo por el que se había apartado de su lado era por envidia. Porque eso era lo que había querido decir, eso era lo que estaba oculto tras sus palabras.

-¿Y bien, Pansy?

-¿Qué quieres de mí? –preguntó hosca, mirándola desde abajo con expresión ceñuda.

-Quiero que seamos amigas, como antes. Que confíes en mí, y hacer cosas juntas, como ayer cuando le escondimos sus mugrosas zapatillas a la tonta de Lovegood y ella se creyó que se las había llevado alguna criatura imaginaria –comentó Daphne riendo.

-Estuvo bien –concedió Pansy–. Pero una cosa es ser tu cómplice en una broma y otra es que te abra mi corazón.

-Sabes que soy la única que puede entenderte. Hay cosas de tu familia que nunca le has contado a otra que no sea yo porque la gente pensaría que son mentira, que te las estás inventando para llamar la atención. Pero yo sé que son verdad. Yo también sé las cosas que pasan de puertas para adentro en una familia de los Sagrados Veintiocho. ¿Cómo sigue el animal de tu padre?

-Ahí sigue, siendo una bestia, como siempre. No se ha tomado muy bien el que Draco y yo hayamos terminado ¡y eso que no sabe aún lo de Potter! Me ha dicho que me va a matar si deshonro a la familia. Puede parecer una frase hecha, pero no lo es. Aunque se le olvida que me ha enseñado a ser tan mala como él, y también se le olvida que ya no tengo diez años.

-¿Y tu madre?

-No sé de ella desde hace un año. Mi padre movió los hilos para que el Wizengamot le retirase el derecho a visitarme tras su divorcio. Dijeron que era una mala influencia para mí porque hacía que yo no lo quisiese a él.

-Eso ya lo sabía. Pero ella se las apañaba para verte a escondidas ¿verdad?

-Le dije que no volviese más. Tuve miedo de que mi padre le llegase a hacer un daño irreversible, y le dije que no la quería y que no volviese a molestarme. Se lo dije por su bien, pero fingí que la odiaba. Y no volvió. Ni siquiera sé si sigue viva.

-¿Así que estás sola con él?

-Sí, pero no por mucho tiempo. A finales del curso que viene seré mayor de edad, y reclamaré el dinero que mi abuela me dejó. No podrá mangonearme más. Mientras tanto solo me quedan otras vacaciones de verano con él. No digo que vayan a ser agradables, pero sobreviviré. Será un verano horrible, pero será el último verano de mi vida que lo soportaré.

-¡Pero si discutes con él te quedarás sin su herencia! Tienes que aceptar que es tu padre y que va a seguir siéndolo, Pansy –reconvino Daphne con aire preocupado.

-Eso no va a pasar, sé bien cuáles son los límites. Comprenderás que no he aguantado tanta mierda para ahora quedarme con unos knuts –dijo Pansy suspirando con cinismo–. Sé que nunca me libraré de él, pero él también sabe que una vez que yo tenga mi propio dinero ya no podrá amargarme la vida como ahora.

Pansy no le había contado toda la verdad a su antigua amiga. No es que le hubiese mentido, pero se había ahorrado parte de la historia. Su madre nunca se hubiese separado de ella: dijese lo que dijese el Wizengamot ella desobedecería y se aparecería para visitar a su hija, pero Pansy la echó diciéndole que dejase de fingir: se había enterado de que ella no era su hija biológica, sino solo el fruto de una aventura de su padre con alguna otra mujer desconocida. Se lo escupió con rabia a la que consideraba su madre, para librarla así de la amenaza de su progenitor, y cuando ya estaba sola en su cuarto lloró. Pero era mejor así, era mejor para su querida madre estar lejos de ella. Así no podrían volver a usar a Pansy Parkinson para volver a hacerle daño, se dijo la chica.

Por un momento miró a los ojos de su amiga, calibrando la posibilidad de contarle toda la historia, pero algo la hizo echarse atrás. Si ella era hija de una mujer desconocida, significaba que su pureza de sangre estaba en entredicho. Era mucho mejor para todos fingir que no lo sabía, que nunca había llegado a enterarse.

Daphne la abrazó por sorpresa mientras ella aún pensaba en su madre. La cara de preocupación de su amiga parecía genuina, y ella apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos, con su fino pelo rubio cosquilleándole la nariz. Pensó en que tenía suerte de tener una amiga que la comprendiese, ella que no merecía nada.

-¿Y con Potter qué tal? ¿Vais en serio? –preguntó la rubia con una repentina voz alegre, como si quisiese cambiar de tema.

-No lo creo. No lo veo muy enamorado, y la verdad es que yo tampoco lo estoy. Ha sido un poco… decepcionante.

-Entiendo –dijo Daphne, con cara de no entender nada–. ¿Te gusta alguien más? –Preguntó sorprendida la rubia, con cara de haber entendido de repente algo.

-Zabini –contestó Pansy para no tener que decir la verdad, pues la pregunta a quemarropa la había cogido desprevenida.

Daphne se quedó helada, pero no dijo nada. Intentó una sonrisa, y cuando iba a hablar fue interrumpida por una puerta que se abría dejando ver a Snape en todo su esplendor, con su capa negra que ondeaba un poco, acompañando así sus bruscos movimientos.

-Podéis volver a vuestra sala común. He dialogado con la profesora McGonagall sobre la conveniencia de castigar a dos alumnas de mi casa sin consultarme primero, y por esta vez quedáis libres del castigo, ¡pero que no se vuelva a repetir un ataque contra una ravenclaw o me obligaréis a tomar cartas en el asunto!

Daphne y Pansy no hablaron más ese día. La presencia de Snape había interrumpido un momento quizá demasiado íntimo para ser cómodo, y las dos fingieron que aquello no había ocurrido.