Cuando el río suena
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Espero que no me odiéis por haber tardado tanto en actualizar y que os guste este capítulo. También estoy pensando si en el futuro el fic no va a pasar a M, pero por ahora sigue como está. Le dedico el capítulo a Jota. Cid por el entusiasmo mostrado con esta historia. En serio, si he actualizado es en parte gracias a ella.
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Hermione miró de nuevo la rama de pequeñas flores moradas que había encontrado en su mochila. Cuatro florecillas de cinco pétalos cada una, con los estambres y centros de un amarillo intenso. No despedían demasiado olor, pero no importaba: la planta era muy bonita.
La joven bruja sintió compasión por aquella rama arrancada. No merecía haber sido usada como una broma hacia ella. Porque eso era de lo que se trataba, sin duda alguna debía ser una broma.
-¡Hermione, parece que eres el crush de alguien! –dijo Pansy Parkinson con la burla en su mirada.
-Déjame en paz –respondió Hermione tirando a la papelera de la clase de DCAO la ramita.
Tras esto ocupó su lugar habitual junto a Ron. Harry no era bienvenido con ellos y tampoco podía sentarse con los slytherin, así que se mantuvo junto a otros gryffindors entre los que estaba Neville. A lo lejos Hermione escuchó la risa de aquella odiosa slytherin. Al parecer Zabini y ella lo estaban pasando bien.
La chica suspiró. No era de su incumbencia lo que aquella víbora hiciera o dijese. Miró hacia donde se encontraba Harry, espiando qué hacía él, y lo sorprendió con la vista fija en Draco, cómo no. El rubio hablaba sin parar a aquella idiota de Daphne, pero ella parecía ausente. Pansy y Zabini rieron de nuevo, y los azules ojos de la slytherin se dirigieron hacia ella.
Hermione dio un brinco. No esperaba ver esa mirada venenosa en la cara de la bruja. Ella siempre había pensado que Pansy y Daphne eran amigas, y por otra parte, hasta donde ella sabía Daphne siempre había sido la buena chica, al menos dentro de los parámetros de Slytherin. Sin embargo ahí estaba mirando a Pansy como si deseara destrozarla con sus propias manos.
La gryffindor apartó la vista con rapidez. Su corazón había empezado a latir muy rápido y no quería ser descubierta percatándose de algo que no debía haber visto. Al fin y al cabo aquello no le importaba, seguramente el padre de Pansy tendría más dinero que el de Daphne y de ahí toda la envidia y el drama. Cosas de los de Slytherin. Allá ellos.
Hermione olvidó pronto aquello cuando Snape hizo su entrada en el aula, con la capa ondeando tras de sí y dando un portazo al cerrar la puerta. Llevaba varios tomos de aspecto antiguo en las manos y la amargura pintada en su rostro, aunque eso no era ninguna novedad.
-¡A ver, hatajo de inútiles, entregadme los ensayos que teníais que traer para hoy!
Snape recogió los deberes, hojeando por encima algunos de los trabajos.
-¡Sois el peor grupo que he tenido nunca! ¡No sé qué va a ser de vosotros el día de mañana, panda de vagos! –gruñó el profesor.
Nadie le prestó demasiada atención. Los de Gryffindor ya estaba acostumbrado a los exabruptos del profesor, y los de Slytherin no se daban por aludidos. Todos lo miraron intentando poner una expresión seria mientras en su fuero interno pensaban cada uno en sus problemas. Un par de alumnos incluso se atrevieron a seguir cuchicheando en voz baja sobre algún asunto más importante para ellos que la eterna furia de Snape.
-¡Veo que os importa un rábano vuestro futuro, que por desgracia es el del mundo mágico! Muy bien, no me dais otra opción: ¡voy a tener que deshacer los grupitos y formar otros nuevos!
Al escuchar esto, las caras de los alumnos empezaron a mostrar preocupación: Hermione miró a Ron con aprensión, Harry a Draco con recelo, y Pansy al frente con indiferencia: tenía problemas mayores que las tonterías de aquél profesor, se dijo la chica.
Hermione no retuvo la mayoría de los componentes de los grupos que formó Snape, solo que a ella le tocó con Daphne y Zabini, a Ron con Pansy y Longbottom, y a Harry con Draco y Millicent. A partir de aquél momento se sentarían juntos en clase de DCAO y deberían hacer un trabajo para dentro de tres semanas sobre Magia Defensiva. Los cambios empezarían sobre la marcha, así que entre suspiros la joven bruja se sentó junto a sus dos nuevos compañeros.
El resto de la clase transcurrió sin incidentes. Hermione y sus dos nuevos compañeros quedaron al día siguiente después de clase en la biblioteca para hacer su tarea, no sin que antes Zabini dijese en voz baja que iba a hablar con Dumbledore en persona para asegurarse de que todo volviese a la normalidad. Daphne y Hermione se miraron, encogiéndose ambas de hombros: ninguna de las dos confiaba en que aquello fuese a servir para nada.
Hermione fue la última en abandonar el aula, y mirando a todas partes para asegurarse de no ser vista recogió la flor de la basura y la guardó de nuevo en su mochila. Apenas se había estropeado: la flor era muy dura además de hermosa. La chica abandonó el lugar apresurada, pues no quería llegar tarde a la siguiente clase.
Como suele ocurrir, tras aquél día vino otro más. Hermione había guardado la flor prensándola en una novela muggle de su baúl y ya casi se había olvidado del asunto, cuando aquella mañana en el comedor una lechuza desconocida le había traído delante de todos los alumnos y profesores otra rama exactamente igual. Hermione se había puesto roja hasta las orejas y había deseado que se la tragase la tierra, pero se había vuelto a guardar la flor.
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-He visto estas flores antes: crecen en un prado cerca del colegio, a la orilla del lago –dijo Tonks acercándosela a la nariz.
-¿Entonces cualquiera ha podido cogerlas? –preguntó una ansiosa Hermione.
-Parece que sí. Pero Hermione, creo que te estás montando una novela con todo esto. Si me pidieras mi opinión, yo te diría que al menos esperases otro día más antes de empezar a fantasear. Podría ser cualquier cosa, qué se yo… –dijo Ginny, dejando la frase sin terminar.
-Podría ser una broma de los nargles –afirmó Luna con gran seriedad continuando la frase de su novia.
Ginny la miró con ternura y la besó en la mejilla antes de volver la vista a Hermione con una sonrisa de disculpa. Luna sonrió de forma algo extraña y se levantó de su asiento para sentarse en el regazo de la pelirroja y besarla por sorpresa en la boca. Ginny abrió los ojos con pánico mientras la escurridiza mano de Luna se deslizaba por debajo de su falda. Terminando apresuradamente el beso murmuró "aquí no, Luna, aquí no". La rubia se retiró alicaída, pero Ginny la consoló acariciando su pelo y ambas soltaron una risita antes de darse un último pico. La pelirroja tenía la cara de un color que rivalizaba con el de su pelo y miraba sus pies bastante avergonzada, pero Luna estaba fresca como una lechuga sin despegar sus inocentes y a la vez descarados ojos de ella.
Hagrid se aclaró la garganta bastante incómodo y les ofreció rellenar sus tazas de té, aunque solo Tonks aceptó.
Hermione suspiró con fastidio. Le caía bien Luna, pero si ya era difícil de soportar antes, ahora como apasionada novia de su amiga se había convertido en un tormento. Además, verlas así de juntas la ponía más nerviosa de lo que podía explicar con palabras.
-¿Y tienes alguna sospecha sobre quién ha sido? –preguntó Ron.
-Para nada, en absoluto –mintió Hermione.
-Algo pensarás cuando tantas vueltas le estás dando –dijo Ginny de forma juguetona.
-No sé más que vosotros. Por cierto ¿tenéis hora? He quedado a las cuatro en la biblioteca con Daphne y el otro prenda de Slytherin para hacer el trabajito que nos mandó Snape.
-Pues Hermione, te queda el tiempo justo para llegar si sales corriendo y no paras de correr hasta la biblioteca. Pero tienes que salir ya, justo ahora. No les des motivos a los de Slytherin para armar un problema contra Gryffindor –aconsejó el profesor.
-Espera, Mione. No hay necesidad de que llegues sudada y sin resuello: te acerco en cinco minutos con mi escoba.
-De verdad que no te molestes, Tonks. Puedo llegar a tiempo si me doy prisa –dijo Hermione levantándose con rapidez.
-¡De verdad que no es molestia! Además, tengo que ir a ver de nuevo a McGonagall a las cuatro y media, y me da igual llegar un rato antes. De hecho me viene bien, así me aseguro de no llegar tarde. ¡Así que sube a mi escoba y vámonos! –dijo Tonks guiñándole un ojo.
Luna y Ginny se miraron e intercambiaron una risita. Hermione las miró con cara de pocos amigos y les hizo un explícito gesto con el índice sobre su cuello, lo que hizo que las otras se riesen más todavía.
-¿Vamos? –preguntó la metamorfomaga, impacientándose. Ya la estaba esperando en el umbral de la cabaña del profesor con la escoba en mano, y miró por un momento extrañada a la pareja de chicas como preguntándose de qué se reirían, pero luego se encogió de hombros y decidió no darle importancia.
-Tienes que agarrarte muy fuerte ¿vale, Mione? No quiero ni pensar en que te vayas a caer.
-Lo creas o no, no es la primera vez que monto en escoba. ¿Serías tan pesada si fuese Harry?
-Vale, Mione, siento haberte ofendido –dijo Tonks riendo–. ¿Por cierto… de qué se ríen esas dos?
Hermione parpadeó al ver el suelo desaparecer bajo sus pies y de manera inconsciente se agarró con más fuerza a Tonks, que se volvió para guiñarle un ojo de nuevo.
-Tranquila, enseguida llegamos –le dijo sonriendo.
-Estoy tranquila.
-Lo sé. No es la primera vez que vuelas en escoba. Se nota que no te dan miedo las alturas.
-No lo es –replicó muy seria Hermione, preguntándose si la aurora estaba siendo irónica.
Situada a su espalda solo veía su pelo castaño, que aquél día llevaba largo y suelto, haciéndole cosquillas en la nariz. Tonks olía al cuero de su chaqueta, a tabaco, y a desodorante. También había otro olor indefinido por debajo de estos que Hermione supuso que era su propio aroma. A la chica no le resultó molesto, era dulce con un punto amargo, y en conjunto resultaba… agradable. De pronto notó que tenía dos dedos de la mano derecha apretando uno de sus pechos. Tonks no le había dicho nada, y ella quitó la mano con rapidez, para enseguida volver a colocarla un poco más abajo. La escoba se movió a causa del respingo de Hermione, que tomó aire. Tenía las manos sudadas, aunque por suerte la aurora no lo notaría bajo su gruesa chaqueta.
-¿Mione, estás bien?
-Puede que no me gusten del todo las alturas, Tonks.
La metamorfomaga se volvió para mirarla por un momento. Tonks por entero era cambiante, nada era en ella igual que un momento antes. En aquellos ojos que ante ella estaban variando del castaño al azul grisáceo había creído leer una mirada de burla, pero ahora solo veía amabilidad. Hermione por un momento dudó si eso había existido o solo lo había imaginado, y entonces la aurora volvió el rostro y un mechón de su pelo rosa le golpeó la cara, enredándose con su propio pelo. Cuando Hermione logró quitárselo de encima sin usar las manos vio ante ella el castillo, que se hacía más y más grande a medida que descendían. Al parecer iban a aterrizar en un punto entre los invernaderos y los campos de entrenamiento, vacíos a aquella hora salvo por un pequeño grupo de alumnos que parecían hormiguitas vistos desde las alturas. El corazón de Hermione, que se había tranquilizado un poco tras el incidente de la mano empezó a latir con más violencia al darse cuenta de que eran slytherins que se estaban acercando al castillo.
-¿Te viene bien que te deje por aquí, Mione? He pensado que ya que estoy puedo ir a ver a la vieja Sprout, seguro que se alegra de verme –dijo Tonks antes de romper a reír.
-¡Ella que creía que ya se había librado de ti y vuelves para chincharla! –dijo Hermione, siguiéndole la corriente.
-No sé qué concepto tienes de mí. Tengo que hacerle una pregunta profesional. Para un caso. Cosas serias. Cosas de aurores, Mione –contestó Tonks con voz seria y el ceño fruncido mientras ponían los pies en el suelo.
Hermione se quedó un poco cortada. Al parecer había metido la pata con Tonks, y todo aquello además en presencia de los slytherins que cada vez estaban más cerca. Entre ellos estaban Millicent Bulstrode y Pansy Parkinson, con su nariz chata y sus ojos de un intenso color verde, que en vez de mirarla con altivez como eran lo habitual en ellos, parecían de repente muy curiosos y brillantes. Pansy iba a acercarse aún más, advirtió la estudiante con recelo.
Hermione desvió la mirada de nuevo hacia Tonks, que ahora la miraba con malicia y una sonrisa traviesa. La chica rio de forma nerviosa y Tonks también lo hizo. Ella también parecía incómoda de repente, y le golpeó el hombro de forma amistosa.
-Era broma, Mione. Soy un poco troll a veces ¿sabes? No te pongas tan seria.
-No te preocupes, Tonks. Solo estoy nerviosa por las clases, y bueno, por todo en general.
- Vaya, te entiendo. Oye, Mione, espero que te vaya bien con tus cosas, y que averigües quién es el tipo de las flores. O bueno, o la tipa ¡por si acaso yo no he sido, eh! –dijo Tonks levantando las manos con aire de inocencia. Hermione sintió que la sangre subía a sus mejillas: la aurora hablaba demasiado alto.
-Claro, Tonks. Gracias por alargarme. Ahora tengo que irme o voy a llegar tarde.
-Por supuesto, Mione. Ya nos vemos por ahí ¿vale? ¡O si no cualquier día volvemos a dar un paseo con chupito de whisky de fuego incluido!
-¡Sí a todo! ¡Nos vemos! –Exclamó Hermione dándose la vuelta con rapidez para no hacer más incómodo el momento ni sentir la mirada de Pansy sobre ellas. Anduvo un rato hasta desaparecer de la escena, para correr en cuanto ya no podían verla: quería alejarse de allí y de todos aquellos ojos que la miraban. Hizo una pequeña parada en los lavabos para refrescarse un poco. En realidad no tenía tiempo para aquello, pero necesitaba echarse agua fría en la cara.
Cuando llegó a la biblioteca ya estaba sentada allí Daphne, que apenas alzó una ceja al verla.
-Buenas tardes, Granger. Son las cuatro y dos minutos.
-Buenas tardes –dijo Hermione sin disculparse. – ¿Esperamos a Zabini, o nos ponemos a trabajar?
-Blaise no va a poder llegar hasta las cuatro y media. Ha ido a hablar con Dumbledore tal y como prometió. Pienso que sería poco considerado empezar sin él ¿no crees, Granger?
Hermione se había quedado sin palabras. Había hecho un incómodo –en todos los sentidos– viaje en escoba para llegar solo dos minutos tarde, dos minutos que le habían sido reprochados antes incluso de que le diese tiempo a sentarse, pero ahora había que esperar media hora a que el puñetero Zabini se dignase a aparecer porque sería una cosa muy grosera empezar sin él. Pero no tenía ganas de discutir, así que se limitó a decir que vale, que okey a todo, y sin mirar a Daphne sacó la tarea de Transformaciones del día siguiente y se dispuso a hacerla.
-¿Vas a ignorarme durante media hora, Granger?
-No es nada personal, Greengrass, pero no me sobra el tiempo como para perderlo. Te sugiero que hagas lo mismo y adelantes tarea mientras esperamos a tu colega.
-Pensé… pensé que… no sé, tal vez podríamos charlar un rato –dijo Daphne con voz insegura.
Hermione alzó la cabeza y suspiró. Estaba de mal humor y no pensaba que hubiese ningún tema del que pudiese hablar con la rubia, pero le sabía mal decepcionarla.
-¿De qué quieres que hablemos? –preguntó la gryffindor cerrando la libreta que acababa de abrir.
-Creo que alguien te está enviando flores –dijo traviesa la slytherin.
-Ah. Eso.
-Sí, chica, eso. No seas tan siesa y quita esa cara de mártir. El papel de víctima no te queda bien, si me permites mi opinión.
-¿De qué vas, Greengrass? ¿Te crees que puedes opinar sobre mí? Que chismorrees a mis espaldas me da igual, pero a mí déjame en paz.
La bibliotecaria chistó y miró con desaprobación a las chicas. Hermione volvió a suspirar abriendo de nuevo su libreta.
-¿Y qué tal si te digo que puede que sepa quién te está enviando las flores, Granger?
-¿Y qué tal si te digo que me da igual? –respondió Hermione. Pero la rubia había despertado su curiosidad.
-¿Te da igual?
-Me lo vas a decir: lo estás deseando –dijo Hermione sonriendo de medio lado.
-No tengo pruebas de nada, Granger.
-Pero tampoco dudas, al parecer.
A esas alturas Daphne había ganado por completo la atención de Hermione, que ahora la escuchaba con los ojos brillantes, las mejillas encendidas, y disimulando una sonrisa.
-Tienes que prometerme que no vas a decir que yo fui quien te lo contó.
Hermione estuvo a punto de mandarla al diablo, pero al final accedió. Ya había mordido el anzuelo, y solo quería confirmar sus sospechas. Es posible que Daphne, siendo amiga de la víbora de Pansy, supiese algo.
-Creo que hay cierta chica muy interesada en ti, Granger.
-¿Qué? –preguntó Hermione sin poder disimular su disgusto y sorpresa. Hermione había pensado todo el tiempo que ya le había llegado a Harry la hora del arrepentimiento, pero que aún le faltaba valor para decírselo a la cara.
-¿No te lo esperabas, Granger? Esas cosas pasan. A veces pasan. ¿Nunca te ha pasado a ti?
Hermione sintió sus mejillas arder. Recordó llena de vergüenza el viaje en escoba y su mano rozando el pecho de Tonks. También recordó las risitas de Luna y Ginny. Y por último las recordó a ellas, esos momentos en los que se besaban, esas manos de Luna trepando por los muslos de Ginny. Tragó saliva y apretó los puños.
-¿Y quién es, según tú?
- La conoces bien, Granger.
-¿Me lo vas a decir, o no?
-Recuerda: yo no te he dicho nada. Es Pansy.
-¿Pansy? ¿Qué Pansy? ¿De verdad la conozco? ¿Está en otro curso? –preguntó Hermione, desconcertada.
-¡Pansy Parkinson, Granger! –dijo la rubia resoplando.
-¿Qué dices? ¿Esa Pansy? ¡Eso no tiene ningún sentido!
-¿Ah, no? ¿Nunca te has dado cuenta de cómo te mira?
-¡Cómo me va a mirar! ¡Me mira con odio, como ella mira a la gente!
-Te mira como si fueses la última cerveza de mantequilla en el desierto. ¡Incluso tú deberías haberte dado cuenta de eso!
-Esto es surrealista.
-¿Surrequé? ¿Qué dices, Granger? ¡Si hablas en muggle las personas no te entendemos!
-A ver. Tú eres su amiga. Suponiendo que sea verdad y no me estés contando un cuento ni estés flipando ¿por qué me lo cuentas? ¿Te lo ha pedido ella?
-Pansy nunca me pediría ayuda con algo así. Demasiado orgullo, ya sabes.
-¡Pero si me ha quitado el novio!
-¡Un novio florero que no quiere para nada! ¡A ella le gustas tú!
-Bueno, pues a mí ella no me gusta. ¡Si ha estado acosándome desde primero!
-Para disimular.
-Espera, espera ¿Me estás diciendo que le gusto desde primero?
-¡Señorita Granger, haga el favor de bajar la voz! ¡Que no se lo tenga que volver a repetir! –exclamó Madame Pince.
-¿Me estás diciendo que le gusto desde primero? –preguntó de nuevo Hermione, esta vez susurrando.
-Quién sabe, tal vez de forma inconsciente. Pero ella no se ha dado cuenta de que siente algo por ti hasta hace poco.
-¿Y cómo lo sabes, te lo ha dicho ella? –preguntó la gryffindor.
-Sí, me lo ha dicho ella. No con esas palabras, pero sí me lo ha dicho.
-¿Qué te ha dicho? –preguntó Hermione tras un momento de mirar a los ojos a la rubia.
-No creo que quieras saberlo. Pansy puede ser muy cerda cuando quiere.
Hermione se cubrió la cara con las manos, pero tras un segundo miró a Daphne entre sus dedos.
-Dime qué te ha dicho. No se lo diré a nadie.
-¿Me lo prometes?
-No le diré a nadie las palabras exactas, ni que me lo has contado tú.
-Lo de que a ella le gustas tampoco lo puedes contar –advirtió Daphne.
-¡Eh, no habíamos quedado en eso! –protestó Hermione.
-Bueno, al menos sé discreta, ¿vale?
Sí, sí, seré discreta. ¿Qué te dijo?
-Me dijo que sentía cosas al verte y al pensar en ti. Que a veces cuando discutíais tenía gana de besarte y meterte la lengua hasta la garganta. Que era una pena que fueses una sangre sucia de gryffindor en vez de una chica normal de slytherin, porque no podíais pasar tiempo juntas. Y que una vez había soñado que te desnudaba porque quería ver si tus tetas eran tan redonditas y suaves como parecían bajo la ropa, y entonces…
-Vale, vale, ya basta –dijo Hermione retorciéndose las manos. Las tenía otra vez frías y sudadas, como en la escoba con Tonks.
-El caso es que ella me cuenta eso y al poco tiempo empiezas a recibir flores de alguien desconocido. ¿No te parece mucha casualidad?
-No creo que sea ella. No puede ser ella. ¡A mí al menos no me gusta ella, te lo aseguro! –dijo Hermione, pasándose la mano por el pelo.
-¡Habla más bajo! Y mejor vamos a cambiar de tema. Mira quién viene por ahí –dijo Daphne señalando con disimulo a Zabini, que acababa de entrar en la biblioteca y las buscaba con la mirada en la zona acordada.
Hermione revolvió entre sus libros y libretas e intentó tranquilizarse para cuando llegase Zabini. El chico se sentó sin disculparse por su retraso y solo comentó que no había nada que hacer respecto a lo de Snape. Empezaron por fin el trabajo, desorganizados y de mal humor. La gryffindor estaba más perturbada por lo que le había dicho la slytherin de lo que ella hubiese querido admitir, y constantemente se preguntaba si podría ser ella, para luego después responderse que no, que era Harry. Tenía que ser Harry. Lo otro ni siquiera tenía sentido.
Daphne contempló a Hermione mientras ella y Zabini discutían sobre diferentes maneras de trabajar: Hermione era partidaria de consultar varios libros, anotar las ideas interesantes en un papel en sucio y luego con esa base elaborar un texto entre los tres citando las fuentes consultadas al final y añadiendo notas a pie de página, pero Zabini opinaba que aquello era una pérdida de tiempo, pues ya habían encontrado un libro del que podían copiar directamente. Zabini preguntaba a Hermione si acaso se creía que sabía más que el libro, y ella lo acusaba de plagiario y se negaba a suspender o bajar su nota por culpa de su pereza.
Todo había sido fácil. Muy fácil. Hermione Granger sería muy estudiosa, ¡pero era tan ingenua! Ahora iría repitiendo por ahí la historia que ella le había contado, que no tardaría extenderse. Cuando Pansy se enterase Daphne lo negaría y Pansy la tomaría con Hermione. Contra ella no habría nada, ninguna prueba que la relacionara con aquello. A Daphne casi le daba pena la sangre sucia. Casi.
No tenía nada personal contra aquella hija de muggles, pero era perfecta para hacer de cabeza de turco. Para la opinión general de los slytherin, Hermione era lesbiana, lo que la hacía ideal para cuando llegase el momento de darle la vuelta a todo y acusarla a ella de haber propagado el chisme.
Y es que Daphne venía de un mundo en el que las mentiras podían convertirse en verdades si se repetían con cierta frecuencia. Lo que había empezado como una manera de difamar a una chica que no les era simpática –la homosexualidad no estaba bien vista entre los magos de sangre pura, ya que mantener los linajes de sangre era primordial– se había acabado convirtiendo en lo real para ellos. El hecho de que la propia Granger pareciese no darse cuenta de aquello insistiendo en salir con chicos no importaba. Hermione Granger era tan lesbiana como sus desagradables amigas Weasley y Lunática.
Primero había sido Hermione, y ahora le había tocado el turno a Pansy, la cual curiosamente había tenido mucho que ver con los chismes en su contra. Daphne sabía que aquella era una jugada sucia, y en parte lo sentía por ambas chicas. Sabía que les iba a crear problemas.
Aunque tenía que ser así, se dijo la rubia. Cuando todo estallase, unos dirían que sí y otros que no, pero la idea general sería que algo de verdad había en las murmuraciones. Y si había algo que Blaise no soportaba era a los gays. Era algo tan exagerado que llegaba a ser ridículo, incluso para los slytherin, pero él era así.
Pero Daphne lo quería tal y como era. Lo quería para ella. No iba a permitir que Pansy se le adelantase, de ninguna manera. Ella ya había tenido a Draco y ahora tenía a Potter. Cuando se hartase del gryffindor tendría a otro –posiblemente un hufflepuff, que eran menos exigentes que los slytherin–. En cualquier caso, no a él. Blaise Zabini era para ella, pensó Daphne.
