En el amor y en la guerra

Daphne estaba muy disgustada. Las cosas no habían salido nada bien, y ella no estaba acostumbrada a que eso sucediera. ¿Cómo era posible que Hermione no hubiese ido contando a los cuatro vientos que Pansy estaba enamorada de ella? Al final iba a tener que encargarse ella misma, lo cual era tedioso... y arriesgado.

-Tenemos que hablar dijo Zabini.

-Claro, Blaise. ¿De qué quieres que hablemos? —preguntó Dahpne, pálida de repente al pensar que el chico había descubierto su juego.

-Esto no puede continuar así por más tiempo. ¡Es indignante, vergonzoso! —exclamó el slytherin, más furioso a medida que hablaba.

-Desde luego, claro, tienes razón —concedió la rubia ganando tiempo. Después de todo, tal vez al final no se trataba de eso, gracias a Merlín.

-¡No puede ser que nos obliguen a juntarnos con los de Gryffindor y que esa momia de director lo permita! ¡Esto no hubiese sucedido con Umbridge! —exclamó el muchacho.

-¡Calla, Blaise! ¡Que no nos oigan decir eso o vamos a tener problemas!

-No sé tú, pero yo ya me estoy cansando de estos malditos dumbledorianos —murmuró el chico con enojo.

-¡Todos estamos cansados de esa gentuza, no te quepa duda, Blaise! ¡Pero sabes que no va a durar! Mientras tanto es mejor tener paciencia —murmuró la bruja—. Además, Blaise, míralo por el lado bueno: tienes que reconocer que la sangre sucia sabe lo que se hace. No nos vendrá mal subir un poco nuestras notas ¿no crees?

-Sí, pero el precio es aguantarla. Es una sangre sucia de lo más desagradable, ¡y además invertida! Y encima está muy creída de que es lista ¡como si eso le fuera a servir de algo cuando ganemos la guerra! La verdad, yo no sé a qué juega Snape poniéndola con nosotros. ¿De qué va?

-No lo sé, de verdad que no lo sé. Pero no vayas a liarla, Blaise. Es mejor saber esperar, al final si se tiene paciencia las cosas caen por su propio peso. Lo de que sea sangre sucia no tiene remedio y de lo otro... en realidad no me importa tanto que sea lesbiana, total, a mí no me afecta. Si quiere ser como sus amigas Lunática y esa traidora Weasley, allá ella.

-Pues yo no me pienso quedar de brazos cruzados. ¡No voy a consentir que me pisoteen!

-¿Y qué vas a hacer? Al fin y al cabo fue Snape el que nos mezcló con Gryffindor.

-Contra Snape no voy a ir, pero tal vez pueda hacer algo contra el imbécil de Dumbledore.

-¿Qué estás tramando, Blaise? —preguntó con aprensión la slytherin.

-Todavía no lo tengo muy claro, pero quiero saber si estás conmigo. ¿Lo estás, Daphne?

-Claro, ya sabes que estoy contigo siempre. ¡Estoy contigo en todo! —dijo Daphne sintiéndose de pronto muy desdichada. Aquello no iba a acabar bien, lo presentía... solo esperaba poder escapar del desastre final salvando de paso a Zabini.

OoO

Pansy Parkinson supo que algo pasaba cuando aquél día en clase de Transformaciones nadie se puso a su lado. En la siguiente clase, ella se intentó sentar con otras slytherins, pero le dijeron que no quedaba sitio para ella. A la hora del almuerzo se hizo el silencio cuando ella se sentó junto con los demás en la mesa de Slytherin. Ninguno de sus intentos directos de saber qué ocurría tuvo resultado. "Nada", "tú sabrás" o "te estás imaginando cosas" fueron las únicas respuestas que obtuvo. Al final del día comprendió que había caído en desgracia entre la gente de su casa, pero no sabía por qué.

Ya conocía esa situación, solo que ella nunca había sido la víctima. También sabía que perder los nervios o hacer un espectáculo sería echarse piedras en su propio tejado: la única baza que podía jugar por el momento era mostrar indiferencia.

Al llegar la noche y ver cómo sus compañeras de cuarto se escondían de ella para cambiarse de ropa empezó a sospechar qué pasaba. Se metió en su cama sintiéndose como si la hubiesen pillado haciendo algo repugnante y se esforzó por no llorar. Se suponía que aquello tendría que haber sido liberador, pero para nada era así. No era el momento ni la manera que ella hubiese elegido.

Suspiró y dio una vuelta en su cama sin poder dormir. Sentía tantas ganas de acercarse a la cama de Daphne y preguntarle de nuevo si ella sabía algo... pero su respuesta volvería a ser la misma de antes: "no sé de qué me hablas, Pansy".

No, no tenía sentido hacer eso. Era el momento de ser fría, ya podría tomarse la revancha en el futuro. Ahora debía obligarse a comportarse con normalidad, y hacer todo lo que había estado haciendo últimamente. Cualquier cambio podría levantar sospechas.

OoO

-Pansy —preguntó Harry—. Todo el mundo está diciendo que eres tú la que le envía las flores a Hermione. ¿Es eso verdad?

-¿Por qué me lo preguntas? ¿Estás celoso, Harry? —preguntó Pansy sonriendo traviesa. Se estaba enterando sobre la marcha de hasta dónde habían llegado los rumores, pero lograba mantener el tipo.

-No estoy celoso. Pero no quiero que te rías de mi amiga ¿queda claro?

-Por favor, Harry... tu amiga ¡si Granger ya no te soporta! Sí, vale, le gustaría volver contigo, pero solo para humillarme.

-¡Basta, Pansy! ¡Dime que no es verdad que eres tú la que le está gastando esa broma de mal gusto a Hermione!

-¿Por qué supones que es una broma? ¿No crees que nadie pueda estar interesado en tu ex novia, Harry?

-Si alguien normal quisiese salir con ella, simplemente se lo pediría. Eso es lo que hacen las personas normales, Pansy.

-¡Qué aburrido eres! ¿Qué ha sido del romance? ¿Dónde quedó el misterio? ¿Qué tiene de interesante que un imbécil te pida ir a hacer el pardillo al salón de té de Madame Tudipié?

-Yo te pedí salir así —dijo Harry, picado.

-Pues eso, Harry.

-¿Me acabas de llamar imbécil? —preguntó Harry, a punto de perder los nervios. Aquella chica lo sacaba de quicio en más de un sentido.

-¡Válgame Merlín! ¿No crees que si pensara que eres imbécil ya hubiese cortado contigo?

-¡Calla Pansy! Mira, ahí va Draco con esos dos. ¿Qué estarán tramando?

-Me piro, Potter. Que te aproveche mirarle el culo a mi ex novio —dijo Pansy antes de desaparecer por una esquina del corredor. No tenía tiempo para las tonterías de Harry.

Entonces la vio. Llevaba su flor violeta en la mano, pero esta vez no parecía feliz, sino muy enfadada.

-Tenemos que hablar, Parkinson. ¡Ahora! —dijo agarrándola del brazo.

-¡Tranquila, Granger! Vamos al patio: a esta hora no habrá nadie. Aunque me extraña verte tan sola, ¿dónde te has dejado a tus amigas?

-Cállate Parkinson. ¡Por una vez, cierra la puñetera boca!

-¿Entonces cómo quieres que hablemos?

Hermione resopló desesperada pero no respondió. La condujo en un hosco silencio y sin soltarle el brazo hasta el patio, donde se sentaron en el borde de la fuente.

-¿Qué significa esto? —preguntó Hermione enseñándole la flor.

-Significa que alguien tiene sueños húmedos contigo. O eso o se han estado riendo de ti, claro. Esa es otra opción —dijo Pansy tras acariciarse el mentón como si pensase.

-¡Pansy! ¡Déjate de tonterías! ¿Has sido tú?

-¿Por qué supones que he sido yo? Cuéntame alguna historia interesante, Granger. ¡Este colegio me mata de aburrimiento!

-¡Todo el mundo lo está diciendo!

-¿Qué están diciendo?

-¡No puede ser que esto te haga gracia, maldita sea! —exclamó Hermione.

-Créeme si te digo que no tengo ni idea de lo que la gente está diciendo. Esto es como lo de los cuernos, el interesado suele ser el último en enterarse... ¡Oh, vaya, qué comentario tan desafortunado! —dijo Pansy llevándose las manos a la boca.

-Eres lo peor. ¡Encima te jactas de lo que hiciste!

-En el amor y en la guerra todo vale, Granger. ¿No conocías el dicho?

-Me parece una tontería propia de gente sin moral.

-¡Ahora sí que me has destrozado! ¡No, de verdad! ¿Piensas que no tengo moral? ¡Te juro que estoy a punto de llorar! —se burló la slytherin.

-¡No sé ni por qué hablo contigo! —exclamó Hermione desesperada.

-¿Porque quieres saber algo y crees que yo puedo ayudarte con eso?

-A ver —dijo Hermione intentando ignorar el tono burlón de la slytherin—. He escuchado de todo: que te has estado riendo de mí... o lo otro. Pero todos coinciden en que me has estado enviando las flores. Y cuando lo decían una o dos personas lo ignoré, ¡pero ahora ya es imposible!

-¿Y qué es lo otro, Hermione? —preguntó Pansy—. Fingía una sonrisa sarcástica, pero sentía latir su corazón de forma acelerada y tenía las manos sudorosas.

-Pues... a ver... esto es muy incómodo. Yo no lo digo, ¿vale? De hecho me lo han contado varias veces ya, y no lo he ido repitiendo por ahí. Pero te lo pregunto a ti: creo que es lo más honesto.

-¡Habla de una vez, Granger! ¡Me sacas de quicio!

-No. Responde primero: ¿me has estado enviando tú las flores?

-Yo te contesto a eso y tú me cuentas qué andan diciendo por ahí ¡no puede ser que me vayas a dejar con la intriga!

-Vale, tú primero, Parkinson.

-De eso nada: tú primero.

Se miraron a los ojos unos segundos. Los ojos verdes de la slytherin ni siquiera parpadearon mientras se clavaban en los de Hermione. Al final la chica suspiró y apartó la mirada.

-Vale, Parkinson. Pero promete que luego tú me vas a decir la verdad.

-Prometido, Granger—dijo Pansy cruzando los dedos a su espalda.

-Pues dicen... que eres lesbiana...

-Ajá —dijo Pansy animándola a continuar.

-Y que sientes algo por mí.

-Vaya, qué incómodo todo. Pues no me gustas, Hermione, de hecho me caes mal. ¡No pongas esa cara! ¡Eres una buena chica y tal, seguro que la aurora esa de Hufflepuff estaría encantada de hacerte un favor! Entre las dos os podéis consolar...

-Deja a Tonks fuera de esto ¿quieres? —cortó una molesta Hermione—. Entonces... ¿no es verdad nada de lo que dicen?

-No, no te he enviando las puñeteras flores. ¿Decepcionada, granger?

Hermione la miró por unos segundos a los ojos. No sabía por qué, pero en vez de estar aliviada se sintió triste.

-Te agradecería que no repitieras lo que voy a contarte, aunque la verdad es que hasta ahora parece que has sido bastante discreta —añadió Pansy tras pensárselo un segundo.

-Desembucha de una vez, Parkinson.

-No soy lesbiana, Granger. Pero sí bisexual. Y tengo una sorpresa: todo Slytherin opina eso mismo de ti. Que eres lesbiana o bisexual, aunque hay más partidarios de lo primero que de lo segundo.

-¿Qué? ¿En qué momento he sido yo lesbiana? —preguntó Hermione. Para ella era la primera noticia de que según los de Slytherin ella se sentía atraída por las chicas.

-Tú sabrás, Granger. Algo habrás hecho si todo el mundo está tan seguro ¿no es así? Pero oye, yo soy la última persona que te juzgaría.

-¡Me da igual lo que tú pienses de mí! ¡Además, ni que ser homosexual fuese malo!

-Yo no he dicho que lo sea. Solo es incómodo si vives rodeada de homófobos. Pero ya te digo que conmigo no tienes que disimular, Granger. Me lo puedes contar.

-¿Para qué quieres que te lo cuente, si tú ya estás segura?

-Yo te lo he contado.

-No soy lesbiana, Pansy. Estoy segura de que no soy lesbiana.

-Entonces... ¿Nunca sentiste nada por ninguna chica? —preguntó Pansy.

-¡Déjame en paz! ¡Ya te he dicho que no!

-Qué mentirosa eres. ¡Y luego hablas de moralidad!

Hermione sintió deseos de tirarle un puñado de tierra a los ojos. Era tan ofensiva, tan abiertamente hiriente... siempre deseando señalar los defectos ajenos, descargar un golpe bajo, o burlarse de alguien. Era agotador hablar con ella.

-Entonces... ¿no has sido tú quien me ha estado enviando flores?

-¿Te hubiese gustado que fuese yo? Si tanto insistes, te puedo regalar esta flor —dijo Pansy arrancando una flor amarilla que crecía entre las piedras y ofreciéndosela, burlona.

-¡Te odio! —dijo Hermione golpeando su mano y viendo la florecilla caer al suelo.

-El sentimiento es mutuo, Granger. Aunque reconozco que los tienes muy bien puestos por haber venido a preguntármelo en persona —dijo la slytherin.

-Tú hubieses mandado a Millicent con el recado.

-Puede ser. Reconozco que es más mi estilo.

-Eres detestable, Parkinson.

-Y tú muy irritante. E hipócrita. ¡Me echas en cara que según tú no tengo valor para decir las cosas a la cara y luego desprecias mi flor! ¿Qué pasa, no es tan bonita como las que te envía tu admirador secreto? ¿Y si fuera Snape? Yo que tú aceptaría mi flor, al menos sabes de quién viene —dijo Pansy divertida.

Hermione la miró asombrada. Había recogido la flor amarilla del suelo y se la estaba ofreciendo de nuevo. Aunque todo el tiempo había estado burlándose de ella, ahora había visto algo distinto en sus ojos.

-Vamos, cógela. ¡No me dejes con la flor en la mano como una tonta!

-¿Qué se supone que me estás mirando? —preguntó Hermione tras coger la flor muerta de vergüenza y guardársela en un bolsillo.

-Pues te estaba mirando a ti. Puede que seas molesta de escuchar, pero eres agradable de ver.

-Antes has dicho que no te gusto —dijo Hermione apenas con un hilo de voz.

Pansy respondió con una carcajada para luego quedarse seria y mirarla a los ojos. Hermione sintió cómo se le atascaba la respiración, mientras la slytherin echaba mano de todas sus dotes interpretativas para disimular que en ese momento ella también tenía miedo.

-Le das demasiada importancia a lo que la gente va diciendo por ahí. Que si se comenta por ahí, que si fulano dice, si mengano opina... y te diré una cosa, Hermione: las personas mienten. A veces mienten, y otras hablan por hablar. También suelen hacer cosas que no tienen demasiado sentido. Deberías tomártelo todo como una diversión ¡al final todo esto es un teatro! ¡Disfruta de tus flores y no le des más vueltas al tema!

Hermione movió la cabeza desesperada: nunca iba a sacar nada en claro de Pansy, estaba tan metida en su mundo de falsedad que ni siquiera le interesaba ya la verdad sobre nada. Se fue sin mirar atrás mientras la morena sentía que en esa última parrafada había sido más sincera con la gryffindor que en toda la conversación anterior.

"En en el amor y en la guerra todo vale, Hermione" murmuró mirando el lugar por el que la otra bruja había desaparecido. ¿Se decepcionó Hermione cuando ella le había dicho que no le había estado enviando las flores? Pansy estaba segura de que así había sido.

A veces las dos cosas se podían parecer mucho ya que ninguna tenía demasiado sentido —pensó la bruja—. Se había arriesgado demasiado en aquella conversación con la sangre sucia, pero sentía que ver las caras que había ido poniendo y sobre todo ese momento en el que, avergonzada, había cogido su flor... aquello había valido la pena.