Reina de corazones

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N/A: Este capítulo es un poco homenaje a Perla Shumajer. ¡Espero que os guste!

*Por cierto, al pasar el texto de mi ordenador a la página tuve un problema y se quedaron muchas palabras juntas. Ya no aguanto más correcciones, así que si veis un porque que debería ser un por qué o algo parecido, es eso. Sorry...


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Draco estaba hastiado de aquella conversación. La clara luz de la mañana entraba por un ventanal y le hacía pensar al rubio en el tiempo perdido de forma miserable en estupideces que en realidad no le importaban. Llevaba media hora hablando con Zabini, quien insistía en su absurdo plan para traer de vuelta a Dolores Umbridge como directora. "Y yo bastante tengo con lo mío", pensaba el rubio.

-¿Así que eres un cobarde? ¿No te importa que esos malditos dumbledorianos se salgan con la suya después de lo que le han hecho a tu padre?

-¡No soy ningún cobarde! —exclamó un indignado Draco.

-¡Entonces demuéstralo!

-¡No tengo nada que demostrar! ¡Y si me permites mi opinión, te diré que tu idea es la mayor tontería que he escuchado nunca después de aquella vez en la que mi tía quiso organizar un baile para emparejar a la serpiente del Señor Tenebroso con un macho de su rango!

-¿De qué estabais hablando? —dijo Harry apareciendo casualmente tras una esquina.

-¡Nada que a ti te importe, chusma dumbledoriana! Sigue tu camino y no nos molestes, mestizo —dijo Zabini.

-Sé que estabais hablando de Voldemort, os he escuchado, ¡mortífagos!—dijo Harry señalándolos con el dedo.

-Vaya, parece que San Potter quiere pelea. Lo que me extraña es que no te hayas traído al traidor Weasley ni a tu amiga la sangre sucia ¡seguramente estará muy ocupada aliviando el aburrimiento de tu novia! —dijo Draco con altivez.

-¡Retira eso! —exclamó Harry sacando la varita.

-¿Quieres que midamos nuestras varitas, Potter? —preguntó Draco sacando la suya.

-¡Cuando quieras y donde quieras!

-¿Podría ser en un lugar en el que no nos vayan a castigar a todos por vuestra culpa? ¡No sé, podríais ir a mediros las varitas al bosque, donde no nos salpiquéis a los demás!

-¿Tú no estabas deseando rebelarte contra la tiranía dumbledoriana? ¡Ahora es tu turno de demostrar tu compromiso, amigo Zabini! —exclamó Draco burlándose del slytherin.

Unos pasos resonaron por el corredor y los chicos guardaron de momento sus varitas en las túnicas. Tonks apareció con una ceja alzada y cara de pocos amigos.

-Faltaba tiempo para que aparecieses tú también a meter las narices en nuestros asuntos —comentó Draco.

-No ha hecho falta que me esforzase mucho: habéis gritado tanto que os he escuchado desde el pasillo de al lado. Bueno, qué: ¿otra vez dando problemas? ¿No es así, primo? —dijo la aurora ignorando a los otros chicos y clavando la mirada en el rubio.

La bruja entrecerró los ojos por un momento, y Harry pensó que a veces Tonks no parecía tan inocente. En aquél momento había creído ver un brillo extraño en sus ojos oscuros, y el mago tuvo un escalofrío.

-¿Por qué no le preguntas a Potter? ¡Ha sido él quien ha venido a molestarnos!

-Normalmente suele ser al revés la cosa ¿no es así primo?

-Tonks, Malfoy tiene razón: él no estaba haciendo nada, solo estábamos hablando.

La metamorfomaga escudriñó a Harry como intentando adivinar si mentía. El chico pensó que era demasiado obvio que aquél día se había levantado con ganas de castigar a algún slytherin o arrastrarlo hasta el despacho del director, y al encontrar a su primo había decidido desquitarse con él. Debía ser duro para ella que le hubiesen asignado aquél trabajo de "poli de guardería", pero Malfoy no tenía la culpa de aquello. De pronto se acordó de que los aurores podían usar la legilimancia, y empezó a estudiar las antiguas piedras de aquellos muros con gran concentración.

-Por esta vez te has librado, primo. Pero anda con ojo: te estoy vigilando —dijo la bruja amonestando con el dedo antes de darse la vuelta, tropezar, y desaparecer por donde había venido.

-¿Por qué no me has delatado, Potter?

-No hubiese sido justo. Ella venía a por ti. Y yo no quiero que una aurora me resuelva mis problemas... así que el duelo sigue en pie: dime dónde y cuándo.

-Eres agotador, Potter. En fin, ya que tanto lo deseas, que sea mañana. A las 8 de la noche junto al sauce boxeador. Crabbe y Goyle serán mis padrinos, tú también puedes llevar a quien quieras.

-Muy bien. Hasta mañana si no nos cruzamos antes. ¡Ve con cuidado, que la pasma te tiene fichado!

Draco puso cara de no comprender lo último que Potter había dicho, pero se despidió haciendo un leve gesto con la mano mientras miraba alejarse al moreno, que al no delatarlo se había ganado esa tarde su respeto.

-¡Parece que el mestizo no es ningún gallina! ¿Y tú? ¿Tienes lo que hay que tener como para ayudarme con lo mío? —preguntó Zabini.

-¿Nunca os cansáis, verdad? ¡Todos sois extenuantes! —dijo Draco moviendo la cabeza.

-¿Sí o no?

-Me encantaría decirte que sí solo para que te callases, pero no puedo, sencillamente no puedo. Busca a otro para tu infantil vendetta —dijo Draco antes de marcharse, dejando a Zabini con la palabra en la boca y los puños apretados.

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La simple estrategia de Pansy de esperar en silencio a que pasase la tormenta parecía estar dando resultados: aquella tarde Zabini —el más homófobo de los slytherins— le había pedido su ayuda para un absurdo plan con la idea de traer de vuelta a Dolores Umbridge de directora. Ella sabía de sobra que el chico hubiese preferido a Draco, —que de una forma muy sensata se había negado a participar en aquel disparate—, pero la chica no podía desaprovechar la oportunidad de volver a ganar popularidad entre los de su casa.

Y había algo más que la tenía muy feliz: estaba casi, casi segura de que Hermione había empezado a fijarse en ella. Ya se había percatado varias veces de que la chica le lanzaba miradas furtivas y enseguida volvía la cabeza cuando la slytherin se giraba. A veces la miraba con una pequeña sonrisa y otras con las cejas hacia abajo como un cachorrito triste. Un par de veces le pareció que estaba enfadada, pero el caso es que la miraba. De eso estaba segura.

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Por su parte, Hermione había seguido recibiendo sus flores y aunque ya no las recogía para no convertirse en blanco de burlas, en secreto se alegraba de encontrárselas en cualquier lugar todos los días. Puede que todo aquello fuera una tomadura de pelo, pero al menos era divertida. Y después de todo, puede que fuese algo más.

Pansy le había dicho que no tenía nada que ver con aquello, aunque de las palabras de aquella serpiente no parecía muy prudente fiarse. Al pensar que Pansy podía haberle mentido en su cara la chica se sentía de forma indudable bastante enfadada, pero también sentía algo más. Hermione no sabía identificar ese sentimiento ni creía que pensar acerca de aquello fuese útil o beneficioso para nadie, pero eso no hacía que aquello se desvaneciese ni mucho menos: al contrario, día a día parecía ir a más.

Tampoco sabía cómo encajar la súbita amabilidad de la slytherin, que aun con un brillo burlón en la mirada le cedía el paso cuando se encontraban en el pasillo y hasta la había defendido de otra slytherin el día anterior. No es que ella necesitase eso, pero había sido un detalle bonito. Bonito y extraño viniendo de la chica que tanto se había esforzado por molestarla desde el primer curso.

Todo el colegio estaba lleno de pequeñas huellas de la presencia de la morena: si iba a echarse agua en la cara, allí estaba ella pintándose los labios frente al espejo, y Hermione podía ver que Pansy le sonreía a su reflejo sin volverse a mirarla, lo que la hacía a ella volver la cabeza avergonzada mientras murmuraba un saludo. En clase había dejado de levantar la mano para no verla sonreír de medio lado cada vez que lo hacía. En la biblioteca se encontraba sus libretas olvidadas justo en la zona donde la gryffindor solía sentarse, y así un largo etcétera. En definitiva: era difícil no pensar en Pansy Parkinson.

Pero Pansy le había dicho de una forma muy clara que no estaba interesada en ella, se recordaba a sí misma Hermione de vez en cuando.

¿Por qué no estás interesada en mí, estúpida? Se preguntó aquella tarde Hermione mientras la miraba a lo lejos reírse sola leyendo la revista "Corazón de bruja". Un momento después se dio cuenta de su propio pensamiento y sintió enrojecer su cara hasta la raíz del pelo, mientras salía corriendo de la escena del crimen.

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Apenas había pasado una hora tras el último encuentro con Parkinson, y a Hermione aún no se le había pasado el disgusto de descubrir que de alguna manera se sentía atraída por ella, cuando llegó Crabbe y se sentó junto a Hermione en un banco del patio. Llevaba una margarita cogida entre los dedos índice y pulgar de tal manera que pareciera tener miedo de que le fuese a morder, y olía a un perfume demasiado fuerte.

-Buenas tardes, Hermione —dijo el chico.

-Buenas tardes —respondió Hermione mientras ya estaba pensando una excusa para desaparecer de allí.

-Creo que te gustan las flores —dijo el slytherin.

-¡Para flores estoy yo! —respondió Hermione más para sí misma que respondiendo al chico.

-¿Perdona?

-Nada. Sí, sí, me gustan. Vamos, no están mal. Hay otras cosas que me gustan más, pero las flores están bien.

-Una flor para otra flor —dijo Crabbe ofreciéndole la margarita a una boquiabierta Hermione.

-¿Qué significa esto? —preguntó la chica, que dudaba entre ser descortés y rechazar la flor o no serlo y sentirse comprometida en cierto modo.

-He estado luchando contra la inferioridad de tu rango y contra mis propios sentimientos para confesarte mi profundo amor, Hermione —dijo de manera atropellada el slytherin.

-¿Qué? —dijo Hermione, completamente anonadada y pasándose la mano por la frente. —¿De qué novela de Jane Austen has sacado esa parrafada?

-Lo sé, es increíble ¿verdad? Yo tampoco me creo del todo que me gustes, pero así es. Quiero que estés conmigo y con nadie más. Pero como comprenderás nadie puede saber nada de esto: solo tú y yo —respondió el chico ignorando su pregunta.

-Para el carro, para el carro: ¡ni siquiera me has preguntado si tú me gustas a mí!

Ahora era el turno de asombrarse de Crabbe, que la miró como si acabase de caer en ese detalle.

-¿No te gusto?

-¡No! ¡Es decir, no me siento atraída por ti, no quiero decir que no me gustes como persona! —exclamó Hermione pensando que en realidad tampoco le gustaba como persona, pero no había necesidad de hacer más incómodo el momento.

-Vaya... ¡y yo que pensaba regalarte esto! —dijo Crabbe al tiempo que sacaba un enorme anillo de oro y esmeraldas de su bolsillo.

Hermione ya no sabía qué cara poner. Si no hubiese estado en Hogwarts sino en un instituto muggle hubiese sospechado que le estaban gastando una broma con cámara oculta, pero en el mundo mágico aquello era impensable. ¿Qué esperaba el chico que hiciese ella? ¿Que cayese a sus pies con el brillo de aquella joya? ¿Y de dónde la había sacado? ¿La había tenido oculta todo el curso como arma infalible para conquistar chicas reacias a enamorarse de él? Hermione suspiró y sacudió la cabeza: de todas formas, poco le importaba.

-Es muy bonita, pero mi respuesta sigue siendo la misma: podemos ser amigos, si quieres, pero no me atraes. ¡Lo siento!

-Estás un poco creída últimamente ¿no es así, Granger?

-¿Perdón?

-Sí, sí, ¡te crees la reina de corazones! ¡Pues no eres tan guapa, que lo sepas!

-¿Quién te ha dicho que me creo algo? En fin, da igual. Adiós Vincent, ten una buena tarde y eso —dijo Hermione de forma algo estirada.

-¡Que sepas que solo te pedí salir porque perdí una apuesta, sangre sucia! —exclamó Crabbe mientras Hermione se alejaba.

La chica volvió un momento la cabeza para dirigirle una mirada hostil, calibrando si valía la pena contestarle que eso se contradecía con lo que le había pedido antes sobre llevar su relación en secreto. Al final volvió la cara y siguió caminando, decidiendo que no valía la pena seguir hablando con semejante personaje. Total, por lo menos no le había dicho que en realidad sí que quería ser su amigo. Eso hubiese sido peor, se dijo Hermione fingiendo que se rascaba la nariz para tapar con la mano una sonrisa.

Pero las sorpresas no habían terminado aquél día para Hermione, ya que Ron se acercaba con paso decidido, y cogiendo su muñeca la llevó hasta un corredor desierto y silencioso.

-¡Basta Ron! ¡Me vas a arrancar el brazo!

-Te he visto hablando con Crabbe. ¿Qué quería ese?

-¿Para qué quieres saber eso? —preguntó Hermione, temiendo que según lo que dijera Ron fuese a acabar en problemas.

-¿Te estaba molestando ese pedazo de carne con ojos? ¡Porque si te estaba molestando, yo lo reviento!

-Estaba haciendo el imbécil, Ron. No te preocupes: todo está bajo control —dijo Hermione sintiendo que nada estaba bajo control.

Ron pareció más aliviado y le dedicó una sonrisa tímida. Hermione olvidó al momento el enfado que había sentido momentos antes por su actitud. En aquél colegio de locos, Ron era fiable y predecible. No se podía pedir mucho más a una persona, dadas las circunstancias.

-¿Sabes, Hermione? Hay algo que te quiero decir... desde hace mucho tiempo —dijo el muchacho.

-No me asustes Ron, mira que he tenido un día muy raro.

-No te preocupes, no es sobre la guerra ni sobre "el que no debe ser nombrado". Es sobre nosotros, Hermione.

-Justo lo que me temía —murmuró la bruja.

-Hace mucho tiempo que estoy enamorado de ti. No estaba seguro de lo que sentía, pero cuando empezaste a salir con Harry, lo supe. No he sabido qué hacer porque Harry es mi amigo, y no quería hacer algo desleal incluso después de... bueno, tú ya sabes.

-Pues no lo hagas, Ron, vamos a olvidar todo esto, ¿vale?

-Hermione, por favor, déjame hablar. Me ha costado mucho decidirme —dijo Ron con los ojos muy brillantes.

-De acuerdo, Ron —dijo Hermione con un hilo de voz.

-Sé que es demasiado temprano como para que empieces con otra persona. Todo eso lo entiendo, Hermione. Solo quiero que lo sepas, que sepas que soy tu amigo y siempre seré tu amigo, pero que me gustaría ser algo más —dijo el gryffindor mirando los ojos de Hermione como intentando buscar allí alguna pista.

-Ron, yo te quiero mucho, tú lo sabes. Pero no estoy segura de si te quiero del mismo modo en el que tú a mí.

-Yo te esperaré, Hermione. ¡Sé que un día tú también verás que desde el principio hemos estado destinados a estar juntos! ¡Es como si nuestra historia ya estuviese escrita!

Hermione miró al muchacho. Todas esas palabras eran las que ella había deseado escuchar mucho tiempo atrás, pero ahora ya no sabía si seguía sintiendo lo mismo, tras todo lo que había pasado cuando comenzó a salir con Harry un poco de rebote y después de que él la dejara por aquella horrible chica. Aquella chica... aquella chica por la que ella pensaba que sentía algo ¿o había sido todo una ilusión?

-Piensa en lo que te he dicho, ¿vale? No te pido más, solo que lo pienses.

-Lo pensaré, Ron. Solo dame un poco de tiempo ¿de acuerdo?

-Y otra cosa más, Mione: toma esto —dijo el chico sacando de su bolsillo un abrelatas con una figurita de Dumbledore como mango.

-¡Me encanta, Ron! —dijo Hermione tomando en sus manos el extraño regalo. ¿Pero y esto? ¿De dónde lo has sacado?

-Lo vi en Hogsmeade y lo compré para ti. Sabía que te iba a gustar. ¡Yo me he comprado otro igual!

-Muchas gracias, Ron. La verdad es que no sé si le daré mucho uso, pero es gracioso. Míralo, con sus barbas y su túnica, ¡es que es él en pequeñito!

-Siento no haber podido darte algo más valioso, pero me alegra que te haya gustado. Y bueno... ¡ya que nos llaman dumbledorianos que sea por algo!

Si Hermione Granger pensaba que su día de extraños encuentros había acabado al despedirse de Ron estaba muy equivocada. Hacía rato que ya había anochecido y faltaba poco para la cena cuando alguien le tocó el hombro mientras estaba estudiando en la biblioteca.

-Ey, Mione. ¿Qué tal lo llevas, guapa? ¿Tienes tiempo para una aurora aburrida, o me esfumo y te dejo que sigas estudiando?

-Para ti siempre tengo tiempo, Tonks —dijo Hermione cerrando su tarea y guardándola en la mochila. —¿Vamos fuera? No quiero que la vieja urraca de la bibliotecaria me ponga en su lista negra.

-¡Cómo lo sabes, Mione! ¡Tienes calado a todo el mundo! —dijo Tonks mientras salía del recinto, le guiñaba un ojo a la gryffindor y escupía su chicle en una papelera. El esfuerzo de hacer tantas cosas a la vez fue demasiado para ella y se dio con el marco de la puerta en toda la cara, pero Hermione no se sorprendió demasiado: ser torpe era parte del encanto de la metamorfomaga.

Aquella tarde parecía especialmente atractiva a pesar del leve enrojecimiento de la zona de su cara recién accidentada: se había maquillado los ojos con abundante delineador negro, que se difuminaba con una sombra de ojos verde a juego con el color de ojos elegido para aquél día. Su pelo era tan rojo como el de Ginny y caía en bucles rizados sobre sus hombros, y también se había pintado las uñas de un morado brillante. Pero por debajo de todos esos pequeños cambios superficiales era perfectamente reconocible.

-Te has puesto muy guapa para ir a ver a McGonagall —dijo Hermione cuando se sentaron en dos sillas de un aula vacía por cuya ventana abierta se podía ver la luna llena reflejarse en las oscuras aguas del lago.

-¿Y quién te ha dicho que he venido a ver a McGonagall? —respondió sonriendo la aurora.

-Como no estás patrullando Hogwarts, pensé que venías a informarla de algo.

-Terminé ya mi turno y me he pasado a saludarte. Tenía ganas de verte a ti, Mione. Eres más entretenida que la vieja gata, y bastante más agradable de mirar.

Hermione volvió la cara para mirarla. La metamorfomaga le sonreía. La chica le devolvió una sonrisa que incluso ella notó tirante, y Tonks puso cara de perrito triste.

-Ey, no quería molestarte. ¡Era solo un comentario! Eres divertida y muy guapa, hablando de una manera completamente objetiva.

-No importa, emmm gracias, supongo. ¡Bueno, parece que se está quedando muy buena noche! —dijo Hermione deseando cambiar de tema—. "Si alguien me ofrece otro regalo absurdo o me dice que quiere ser mi novio o novia o lo que sea, voy a acabar en la enfermería con una crisis nerviosa".

-Hace una noche estupenda, parece mentira el buen tiempo que tenemos si pensamos que estamos en invierno... sería una pena desperdiciar una noche así ¿quién sabe cuándo volverá a haber otra igual? —dijo Tonks mirando a la chica con una mal fingida inocencia.

-¿Qué propones? —preguntó Hermione cruzando los brazos de forma defensiva.

-Nada demasiado loco: que te subas en mi escoba y volemos a Hogsmeade, y entonces te doy la mano y nos aparecemos en una fiesta de vampiros colegas míos. Allí nadie nos conoce para irle con el cuento a los profesores, ¡y además son vegetarianos! ¡No te van a pedir un sorbito de sangre, tranquila! Prometo tenerte de vuelta antes de la hora de acostarte, y también te prometo que conmigo vas a estar más segura que con tu madre. ¿Qué me dices?

-¿Saltándote el orden y la ley? —comentó Hermione con sorna.

-Cariño, yo soy el orden y la ley. Puedo hacer lo que me salga de las narices, sobre todo si nadie me pilla —respondió la aurora guiñándole de nuevo un ojo—. Podemos hacer lo que nos salga de las narices, corrijo.

-¡Sabía que ibas a decir eso!

-Y yo sabía que tú me ibas a decir que lo sabías. Bueno, qué. ¿Sí o no? ¡Dime que sí!

-Pero Tonks... —protestó Hermione débilmente.

-¡Dime que sí, dime que sí, dime que sí!

-Si te dijera que sí sentaría un precedente terrible. ¡Miedo me da pensar qué podría ser lo próximo que se te ocurriera! Además, vampiros vegetarianos... Tonks, reconoce que me estás tomando el pelo.

-Yo nunca te tomaría el pelo. Además, Hermione ¡hay luna llena! ¡El castillo de mi colega el vampiro está impresionante en las noches de plenilunio! ¡Y tiene una piscina de bolas en el salón del billar! ¿Hace cuánto que no te has metido en una piscina de bolas? ¿No te apetece hacer algo loco por una vez? Si te rajas esta noche, cuando veas la luna a través de la ventana con tus compañeras de cuarto roncando de fondo... te vas a arrepentir muchísimo. Y nadie lo sabrá. Solo tú, yo, y unos simpáticos vampiros. ¡Será nuestro secreto!

-¿Qué te pasa esta noche, Tonks? ¿Le has estado dando al trinqui? —preguntó Hermione haciendo el gesto de beber.

-No me he tomado ni una cerveza, Mione. Solo me apetecía ir a esa fiesta contigo... pero ya veo que no te atreves a hacerlo.

-No voy a caer en eso, Tonks. No creas que por ser gryffindor soy tan manipulable.

-Tsss. ¡No solo eres guapa y divertida sino además lista! ¿Tal vez demasiado lista? —dijo Tonks mirándola con los ojos entrecerrados y media sonrisa.

-Tampoco va a funcionar lo de hacerme la pelota —comentó la gryffindor riendo—. Venga, dime qué te traes entre manos y tal vez —digo solo tal vez— te diga que sí.

-¡No me propongo nada distinto de lo que te he dicho! ¿Por qué crees eso? Si tuviese algo especial entre manos te lo comentaría.

-¡Vamos Tonks, que no me he caído de un guindo!

-Está bien. Ni para ti ni para mí. Como veo que no quieres ¿qué te parece si quedas conmigo el próximo sábado? Sé que os lo van a dar libre para que vayáis a Hogsmeade. Sería solo un ratito, no quiero acapararte. ¿Tal vez unas cervezas de mantequilla a las cuatro?

-Vale, eso era. Me has propuesto el disparate de la fiesta vampírica para que me vea obligada a decirte que sí a esto ¿verdad? —preguntó Hermione sintiéndose muy aguda por haber descubierto el juego de Tonks—. Eh, un momento... ¿me estás proponiendo una cita?

Tonks se había puesto más roja que su pelo, que estaba empezando a desteñirse empezando por las raíces. Empezó a boquear buscando algo que decir mientras se retorcía las manos.

-A ver, sí, sería una cita, en el sentido de que estaríamos las dos solas saliendo por ahí. Pero no te agobies, Hermione: no quiero meterte mano ni nada de eso. A no ser que tú quieras, entonces sí quiero. Es decir, no me importaría hacerlo. Pero vamos, que sería dentro de un año, cuando fueses mayor de edad. ¡Ay, no sé que mierda estoy diciendo! —se lamentó Tonks llevándose las manos ala cara.

-Vale, Tonks. Unas cervezas a las cuatro. Como amigas, sin met... sin nada raro ¿vale? —dijo Hermione más para terminar la incómoda conversación y poder huir que por otra cosa.

¿Sí? ¿En serio? ¿De verdad? ¡Muchas gracias por decir que sí! ¡Ya verás que no te vas a arrepentir, lo vamos a pasar genial! —exclamó Tonks abrazándola efusivamente para luego separarse de su cuerpo con lentitud, mirando a Hermione para asegurarse de que no se había sentido incómoda con aquél súbito arrebato de cariño.

-Hasta el sábado, Tonks. ¡Voy al comedor, que pierdo la cena! ¡Adiós!—se despidió Hermione corriendo en cuanto perdió de vista a Tonks. Se alegró de no ver por allí a Luna ni a Ginny... nada más pensar en ellas sintió cómo se le subía la sangre a las mejillas.

"Todo el mundo quiere tema conmigo o si no emparejarme con Tonks, ¡maldita sea! Pero mira por dónde Pansy no, ella pasa de mí: seguro que esa imbécil presumida en toda su vida solo se ha enamorado de sí misma" pensó con rabia Hermione.

-Buenas noches, Mione —dijo Ginny.

-Hola, Hermione ¿qué tal te ha ido el día? —preguntó Luna.

-Un día normal. Aburrido. ¿Y a vosotras?

-¡Mione! ¿Por qué nos mientes? ¡Queremos que nos cuentes lo de Tonks! —protestó Ginny.

-¿Y por qué me preguntáis si ya lo sabéis todo? Por cierto: ¿vampiros vegetarianos? ¿En serio?

-Mira que le dije que era una mierda de idea. Pero nada, ella empeñada, no había quien la sacara de ahí —murmuró Ginny.

-Será cosa de los torposoplos. Creo que a Tonks se le ha metido uno —dijo Luna.

Hermione resopló. No solo eran molestas sino además indiscretas. Si iban a hacer de alcahuetas ella hubiese preferido que no fuese sentadas en la mesa de Gryffindor en el comedor. Estaba deseando mentalmente que se les cayese el pelo y les saliesen verrugas en la nariz cuando Lavender le pasó una nota doblada en la que se podía leer: "para Hermione".

-¡Uyyy Hermione! ¡Una nota! —comentó Ginny.

-¡Ábrela! —dijo Lavender ¡A lo mejor es de Harry que quiere volver contigo!

-No es mía, Brown —apuntó el mencionado mago.

-No sé para qué nadie se molesta en escribir una nota y pasártela cuando sería más fácil decírtelo en voz alta. ¡Así nos enteraríamos más rápido! —comentó Luna.

-Sí, porque dejarla en paz para que tenga un mínimo de privacidad es impensable, ¡una locura! —comentó irónica Angelina.

-Vamos, Angelina, no seas aguafiestas ¡el pueblo quiere saber! ¡El pueblo necesita saber! —dijo Fred.

-Venga, Hermione, no te hagas de rogar ¡esto es como una familia, si hay que partirle la varita a alguien vamos todos a una, y si hay cotilleo pues con más razón! —exclamó George.

Pero Hermione se negó por más que le insistieron: había reconocido la letra de Neville Longbottom. No sabía por qué Neville le pasaría una nota en el comedor en vez de esperar a decirle lo que fuese en persona, pero de ninguna forma iba a permitir que su amigo se convirtiese en blanco de los chismorreos de sus compañeros de casa.