Confesiones y confusiones

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"Espero que Neville Longbottom no me declare su profundo amor regalándome la dentadura postiza de su abuela" pensaba Hermione mientras se dirigía a la lechucería, el lugar indicado por el mago para su encuentro. Había logrado con gran dificultad quitarse de encima a los cotillas de su casa, que disfrutaban más de un chisme que de un pastel de caldero, y esperaba que la ocurrencia de Neville de mandarle una notita en pleno comedor y luego citarla en la lechucería no fuese por una tontería del chico.

-Buenas noches, Hermione. ¿Vienes sola?

-Buenas noches. Sí, estoy sola. ¿Qué te pasa, Neville? ¿Qué es tan importante como para que me hayas hecho venir hasta aquí de noche?

-Hermione, sé quién te está enviando las flores, y no quería que pasase más tiempo sin que tú también lo supieses. Pero no quería decírtelo delante de todos, creo que a mí no me hubiese gustado...

-Eso ya da igual —lo cortó Hermione, que no quería tratar ese tema también con Neville.

- ¿Da igual? —repitió incrédulo el muchacho.

-Sí, debe ser alguien que quiere gastarme una broma pesada. No me importa quién sea —dijo Hermione.

-Yo he llegado a la misma conclusión. Es una broma pesada —respondió Neville.

- ¿Ah sí? —preguntó Hermione, que ahora cayó en la cuenta de que se estaba arriesgando a quedarse sin enterarse de lo que Neville hubiese averiguado.

- Claro. ¿Por qué si no Pansy te hubiese estado enviando flores?

Hermione no fue capaz de articular palabra, solo se sentía furiosa de que aquella horrible slytherin le hubiese mentido en la cara. Balbuceó algunas palabras de agradecimiento hacia Neville, que le explicó que se acababa de enterar un rato antes, cuando mientras estaban los dos en la biblioteca esperando que viniese Ron para seguir con la tarea de Snape, la mochila de la chica había caído de la silla, dejando ver una de aquellas flores. El chico se había hecho el despistado fingiendo que leía su libro de Transformaciones, pero había percibido a la perfección la nerviosa mirada de reojo que la morena le lanzó.

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La noche era fría como correspondía a la época del año, pero especialmente bella. La luna estaba casi llena de nuevo y se había abierto paso entre las nubes. Su claridad inundaba el camino por el que Pansy caminaba a orillas del lago, aprovechando los escasos ratos de soledad y libertad que le quedaban tras cumplir con el horario escolar. Estaba muy nerviosa tras el tropiezo que había tenido delante de Longbottom cuando sus flores cayeron al suelo, y necesitaba relajarse un poco. No le había importado perderse la cena, no le cabía nada en el estómago por sus nervios y prefería caminar que comer.

El suave viento levantaba un leve oleaje en el lago, distorsionando así el reflejo lunar y haciéndolo parecer cristales rotos que flotaban sobre el agua. La slytherin se descalzó y metió sus pies en el agua fría como cuchillos de hielo. Se obligó a seguir caminando pese a la gélida sensación. Notaba los afilados guijarros pinchando sus pies, pero siguió avanzando como si el frío y el dolor fuesen un ritual purificador. Se subió las mangas y se echó agua en la cara sintiéndose mejor al momento. Pero algo agitó las aguas cerca de donde ella se encontraba, y Pansy sintió cómo su corazón daba un salto, y de forma instintiva gritó y comenzó a correr hasta llegar a la orilla. Cuando se sintió a salvo se avergonzó de su cobardía: seguro que la sangre sucia no hubiese hecho eso... aunque en realidad Hermione no hubiese sido tan estúpida de meterse en el lago en una noche de febrero, pensó la chica.

El intenso frío la sacó de sus pensamientos de autodesprecio. Lanzó un lumos para encontrar sus zapatos y calcetines y a continuación usó otro hechizo para secarse y entrar en calor.

La luna rielaba sobre el agua que estaba otra vez tranquila, como antes de que algo la asustase allí dentro. Pansy tuvo un vago pensamiento sobre la insignificancia de las personas frente a la naturaleza, y después volvió a sentirse idiota por ser tan poco original. Mas lo cierto es que le encantaba aquel lugar, lo consideraba su escondite secreto en aquél horrible colegio.

Tal vez algún día podría pedirle a Hermione que fuese allí con ella, al fin y al cabo, soñar era gratis, se dijo Pansy encogiéndose de hombros y emprendiendo el camino de regreso al colegio. La luna estaba demasiado alta, y eso significaba que era tarde. No quería que la pillasen merodeando por los pasillos de noche y tener problemas otra vez... la vida se había vuelto muy complicada desde que Dolores Umbridge se fue de allí, se dijo la chica.

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Mientras tanto, en la sala común de Gryffindor, la pareja más feliz de todo Hogwarts sometía a un minucioso interrogatorio a Hermione.

- ¿Entonces estás segura de que no te gusta Neville? —preguntó Ginny—. Porque parecías triste cuando nos has contado que él no parecía querer salir contigo...

- Te aseguro que no quería salir conmigo. Y no, no me gusta —dijo Hermione suspirando.

- Claro, tú pegas más con Tonks. Además, que Neville es gay, mi radar gay me lo dice.

- ¡Vaya eso es nuevo! ¡Pensé que los únicos que te decían cosas eran los Nargles! —comentó burlona Ginny.

-Y los Nargles también me lo dicen. Además, ¡que Neville se enrolla muy mal, Hermione! Me acuerdo de que el año pasado, antes de empezar con Ginny, me lié un par de veces con él y fue un todo mal.

- ¿Te liaste con Neville? —preguntaron al unisono Hermione y Ginny.

- Unas cuantas veces solo —dijo Luna.

- No me lo habías contado —dijo Ginny un poco resentida.

- No es tan importante ¿o sí? —meditó Luna—. Tú tampoco me has contado si estuviste con alguien antes que conmigo.

- ¿Y qué quería Longbottom? —preguntó Ginny volviendo la cabeza con rapidez hacia Hermione.

- Quería emmm... quería quejarse de Pansy. Al parecer no ha hecho su parte del trabajo, o algo así. No me enteré bien, me dolía un poco la cabeza.

- Estará muy ocupada mirando a ver cuál es el próximo al que va a zumbarse como para hacer lo que le corresponde —comentó Ginny con malicia.

- O la próxima. Mi gaydar me dice que a Pansy también le gustan las chicas —comentó Luna.

- ¿Ahora es el gaydar? —preguntó Hermione con sorna.

- ¿Podría estar con Millicent? ¡Siempre están tan juntas! —dijo Luna ignorando a Hermione.

- Podría ser —comentó Ginny. Hacen buena pareja ahora que lo pienso: una es más mala que hecha de encargo y la otra más tonta y más bruta que un troll.

- No hacen buena pareja para nada —comentó Hermione tal vez con demasiada pasión.

- ¿Y eso, Hermione? —preguntó Luna mirándola fijamente con sus ojos azules.

- Eso mismo digo ¡no me digas que te gusta esa! —exclamó Ginny.

- ¡No me gusta Pansy! ¡Por favor, si es odiosa! ¡Y, además, que no me gustan las mujeres!

- Sí, mucho mejor Tonks, Hermi —siguió Luna. Es muy amable ¡y tan graciosa y valiente!

- ¡Oye! ¿Tengo que preocuparme, Luna? —preguntó Ginny.

- ¡Solo comento, solo comento!

- Esto es incómodo, chicas... mejor os dejo para que habléis de vuestras cosas ¿vale?

- ¡De ninguna manera, no escaparás de nosotras! —dijo Ginny pasando su brazo por encima del hombro de Hermione.

- ¡Hermione es nuestra! —exclamó Luna haciendo lo mismo que su novia, de tal manera que la chica quedó atrapada entre las dos.

La joven bruja alzó los ojos al cielo de forma dramática, deseando que apareciese alguien que la sustituyese como amiga favorita de aquellas dos pesadas. Eran buenas amigas, eran muy leales, a veces eran divertidas... ¡pero eran tan, tan insoportables! Poco se imaginaba entonces Hermione que sus deseos estaban próximos a cumplirse. Tal vez si lo hubiese podido hacer, si lo hubiese podido prever, entonces no hubiese deseado lo mismo.

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A la mañana siguiente Hermione tuvo que correr bastante para llegar al comedor a tiempo de desayunar algo: llevaba varias noches durmiendo mal y se le habían pegado las sábanas. Snape la miró con desdén cuando entró corriendo en aquella enorme sala y Minerva le lanzó un mudo reproche mientras señalaba el lugar en su muñeca derecha en el que habría llevado el reloj si la vieja profesora usase reloj de pulsera.

De todos los días del curso en el que podría haber llegado tarde al desayuno sin consecuencias, al parecer había escogido el peor, pues en vez de estar cada uno a lo suyo, todos guardaban un cierto silencio más o menos respetuoso mientras escuchaban al director. La chica se sonrojó sintiendo por un segundo las miradas clavadas en ella, e intentó sentarse con la mayor rapidez posible que pudiese lograr sin arrastrar la silla ni hacer ruido. Desde la mesa de Slytherin notó la verde mirada burlona de cierta serpiente contemplándola con descaro, pero cuando ella la confrontó la otra volvió los ojos al director, como si no se hubiese percatado de que Hermione también la había mirado a ella.

El pensar en lo terriblemente irritante que era Pansy y en que tenía que hablar con ella con urgencia sobre lo que Neville le había contado, distrajo a la chica del momento presente hasta tal punto de ignorar por completo todo lo que estaba pasando. Al darse cuenta se obligó a atender, y de pronto vio a una joven bruja desconocida sentada tras el director que antes solo había notado en un plano muy secundario. A su lado tenía al sombrero seleccionador. Los presentes movían la boca y hablaban entre sí, pero Hermione se había perdido en sus pensamientos y al volver se sentía como si fuese la única espectadora de una ridícula obra de teatro en un idioma extranjero.

Antes de que a Hermione le diese tiempo hilar algún pensamiento coherente, la joven bruja ya había sido seleccionada para Gryffindor. Toda la mesa aplaudió, y la chica fue a sentarse justo al lado de Hermione mientras Dumbledore daba la ceremonia por concluida.

- ¡Qué curioso costumbro, en Durmstrang todo diferente! —dijo la bruja.

- Enseguida te acostumbrarás a este colegio, ya lo verás —dijo Ginny.

- Ruego a Merlín yo acostumbrar, yo mucho sufro en mi anterior colegio ¡todo el día problemo, mucho problemo a toda hora!

- Pues tranquila, porque has llegado al sitio correcto: aquí nunca pasa nada ¿no es así, George?

- Este colegio es súper tranquilo, un sitio aburridísimo ¡aquí cero problemos! —respondió el otro gemelo mientras intercambiaba una mirada con Fred y los dos disimulaban una risita.

- No sé cómo podéis decir eso con la movida que tenemos con los torposoplos y los nargles —dijo Luna que definitivamente había abandonado la mesa de su casa y ahora era una gryffindor honoraria.

- ¿Qué es un Narglo? —preguntó la chica.

- El Nargle es una criatura que no existe, salvo en la mente de mi novia. Ahí sí, ahí hay de todo —aclaró Ginny.

- Siempre están así, no les hagas caso —dijo Hermione encogiéndose de hombros mientras esquivaba un proyectil de pan disparado por Luna contra la pelirroja como venganza.

Hermione se fijó que la chica no la estaba escuchando, sino que miraba los cubiertos, examinándolos muy cerca de su cara.

- ¿Pasa algo?

- Nada, nada. En mi país limpiar cubertería antes de poner en mesa, pero no importante. Diferencias culturales ¡nada importante!

Hermione miró sus propios cubiertos que estaban limpios, y luego buscó a Ginny con la mirada, pero la pelirroja estaba muy ocupada sacándole la lengua a Luna mientras esta se ponía los dedos en los oídos. A decir verdad, todos estaban centrados en sus asuntos y nadie parecía haberse dado cuenta del comentario. La bruja decidió no darle importancia: probablemente algún elfo se había despistado y le había servido a la chica nueva unos cubiertos mal fregados. Había tenido mala suerte para ser su primer desayuno en Hogwarts.

- Por cierto, no nos hemos presentado aún: yo soy Hermione, la rubia es Luna, de Ravenclaw aunque siempre se siente aquí, los pelirrojos son los Weasley, el moreno de las gafas es Harry Potter, y a los demás ya los irás conociendo. ¿Y tú cómo te llamas?

- Tú saberías si no llegar tarde —dijo de modo cantarín la bruja—. Me llamo Darina.

- Encantada, —dijo Hermione de un modo un poco seco.

- Tengo presentimiento de que nosotras muy buenas amigas. Pasa bizcoche, Mione.

Hermione le pasó el bizcocho un poco asombrada de que sin haberse ella presentado así ya estuviese la otra llamándola "Mione", pero lo dejó pasar y obedeció a Darina que puso cara de haber comido algo repugnante cuando se metió el trozo de bizcocho en la boca.

- ¿Qué pasa? ¿no te gusta? —preguntó Hermione.

- ¡Esto no bueno para comer! ¡Yo escuchar que británicos no saber cocinar, pero no pensar verdad!

-Vaya... bueno, si no te gusta déjalo ahí. Hay muchas cosas más para comer.

- ¡Es tan fácil hacer bizcoche! ¡Huevo, leche, harino, manteco, azúcar! ¡Imposible mal hecho! ¡Imposible!

- No lo sé, no sé cocinar. Imagino que no será tan fácil como tú dices —respondió Hermione un poco picada.

- ¿No sabes cocinar? ¿Cómo puedes tú vivir cuando no tener elfos sirvientes?

Hermione primero se sintió avergonzada y luego resopló irritada. Deseaba estar sola, pero la chica insistía en hablarle de trivialidades salpimentadas con quejas. Ella no se atrevía a rechazarla, pues era consciente de que Darina acababa de llegar al país, así que intentaba ser amable y darle conversación deseando mientras tanto que se la llevara volando un hipogrifo. A ella misma, a Darina no le deseaba ningún mal, solo que se callase un rato.

Por suerte ya acababa la hora del desayuno, aunque las clases no la libraron de ella: durante aquella mañana Hermione aprendió todo sobre su vida, su ciudad de origen, y lo mucho que había sufrido en la vida al ser una joven bruja hija de muggles. Ron había comentado el increíble parecido que existía entre ella y Darina, a lo que Hermione había respondido que no se parecían absolutamente en nada. Tras eso todo había ido mal: Darina había puesto cara de pena, Ron la había llamado borde, y Harry, que ese día en particular se había sentado con ellos y no con la víbora de ojos verdes, había comentado que ya le valía ser así de fría y antipática. También se había enterado del duelo que aquella tarde tendrían Draco y Harry cuando el muchacho le había pedido que lo acompañase aquella tarde junto con Ron.

Estaba tan furiosa con ellos que no encontraba palabras para expresar sus sentimientos, con Harry por las rencillas que habían tenido y por ser un necio que siempre andaba detrás de Draco inventándose problemas —como si no tuvieran bastante con los reales— y con ambos chicos por suponer que el hecho de ser mujeres y nacidas de muggles hacía que dos personas fuesen iguales ¡y encima después enfadarse con ella por decir la verdad!

No obstante, decidió que acompañaría a Harry a su absurdo duelo junto con Ron. Estaba visto que no podía tener ni una tarde tranquila, pensó la chica, y el que Pansy se cruzase pavoneándose en su camino no hizo más que confirmarle sus sospechas.

- ¿Te diviertes, Hermione? ¡Veo que tienes una nueva amiga! —dijo la Slytherin, socarrona.

- ¡Contigo quería yo hablar! —dijo Hermione cogiéndola del brazo y apartándola.

- Creo que vamos a tener una de nuestras conversaciones ¿no es así?

Hermione respiró hondo para no gritarle en público y siguió caminando.

- Sabes, esto de que me lleves a la fuerza deja de ser excitante si lo repites muchas veces. Vas a tener que inventarte juegos nuevos, Granger —dijo Pansy en un tono susurrante que puso a Hermione bastante más nerviosa de lo que podía intentar disimular.

- ¿Por qué me has estado enviando las flores? ¡Y no te molestes en mentir, lo sé todo! —le gritó Hermione soltándola de pronto y encarándose con ella. Apenas habían llegado a los campos de Entrenamiento y la gryffindor no estaba segura de que no apareciera nadie por allí en cualquier momento, pero Pansy la estaba sacando de quicio.

- Supongo que ese idiota de Longbottom te habrá ido con el cuento. ¡Lo que él vio no prueba nada! —dijo la slytherin.

- Él no me ha contado nada, y de todas formas eso no importa: el caso es que lo sé todo, y también sé que me mentiste en la cara la última vez que te pregunté. ¿Por qué eres así? ¿Qué ganas haciendo todo esto? ¿Por qué te burlas de mí? —dijo Hermione pensando por un momento que tal vez Pansy llevara razón en que no tenía pruebas para acusarla y al momento siguiente que no se iba a dejar manipular por esa víbora: ella sabía que tenía razón y que había sido Pansy. La cuestión ya no era quién, ahora era por qué.

- ¿Crees que me he estado burlando de ti?

Hermione no dijo nada y se quedó mirando sus ojos verdes como un lago de aguas turbias que no dejaban entrever qué había en el fondo. Por supuesto que estaba enfadada, pero ese sentimiento se desvanecía entre el miedo y la expectación.

- Claro que te has estado burlando de mí —respondió Hermione con voz temblorosa.

- No irás a llorar ¿verdad, Granger? —preguntó Pansy con una cierta crueldad, y de pronto otra oleada de ira invadió a Hermione, que se sintió terriblemente humillada y la apuntó con la varita.

- Baja eso. No lo necesitas conmigo, Hermione.

- Dime la verdad —exigió la gryffindor.

- ¿Quieres la verdad? Pues baja la varita.

Hermione bajó la varita con lentitud mientras no le quitaba la vista de encima a Pansy, que avanzó hacia ella despacio para no intimidarla. Hermione no se movió y Pansy colocó una mano sobre su hombro, y entonces antes de que le diese tiempo a apartarse, atacó como una serpiente y la besó en la boca aprovechando su sorpresa para meter la lengua entre sus labios.

Los labios de Pansy eran suaves y cálidos y el tacto dominante de su mano sobre el hombro de Hermione le resultó extrañamente reconfortante. Pansy había cerrado los ojos, pero Hermione no y la contempló por un momento antes de responder a su beso con ferocidad, dándole la vuelta y apoyándola contra la pared. Pansy se dejó hacer solo distrayéndose por un momento para soltar una risita y tomar aire. Las manos de Hermione recorrieron el cuerpo de la slytherin: sus brazos delgados y su cintura estrecha, deteniéndose ahí dubitativos mientras las manos de Pansy seguían sobre sus hombros. Pansy abrió por fin sus grandes ojos y tomó aire, besándola breve y suavemente en los labios dos veces más. A Hermione le pareció que su mirada era especialmente alegre y llena de vida en ese momento, como un bosque en primavera. Tenía los labios húmedos y las mejillas más sonrosadas de lo habitual, pero le dirigió una sonrisa de autosuficiencia que a la gryffindor no le gustó en absoluto, volviendo así a encender su rabia.

- ¡Me has besado a la fuerza, cretina! —le gritó Hermione dándole un empujón para alejarla de su cuerpo.

- Sí. Y te ha encantado, no seas hipócrita. ¡Reconoce eso al menos! —respondió Pansy.

Hermione no supo qué había pasado hasta que ya estaba todo hecho, pero de pronto había abofeteado a Pansy dos veces y se había dado la vuelta para hacer una retirada lo más digna posible, aunque Pansy no pensaba quedarse callada ante este ultraje.

- ¿Qué haces maldita loca? —le gritó fuera de sí con voz aguda.

- Es lo que te mereces —respondió Hermione volviéndose a medias para contestarle.

- ¡Pégame todo lo que quieras, pero eso no va a cambiar el que me hayas besado! —exclamó entonces Pansy —tras pensar un segundo con qué mortificarla— gritando con toda la fuerza de sus pulmones.

- ¡Te odio, Pansy Parkinson! —le gritó Hermione antes de decidir que la dignidad estaba sobrevalorada y empezar a correr.

Quería alejarse de allí lo más rápido posible, además se estaban formado unas nubes muy oscuras en el cielo que aconsejaban ponerse a cubierto.

Pansy pensó en responder que ella también la odiaba, pero se vio incapaz. Desde luego que no era la primera vez que se gritaban cosas parecidas, pero cada vez le costaba más hacerlo. Y más todavía después de haberla besado. Notó humedad en su cara y pensó que ya había empezado a llover hasta que se percató de que eran sus propias lágrimas. Comenzó a sentirse arrepentida: había sido una estupidez fruto de su impulsividad besarla, y probablemente había sido otra estupidez toda la idea de las flores.

Todo había empezado como una forma de animar a Hermione y una disculpa secreta por haberle hecho daño, pero aquello se le había ido completamente de las manos al ver cómo la chica realmente estaba ilusionada con aquello, a pesar de que las murmuraciones la apuntaban a ella, Pansy Parkinson, como sospechosa número uno. El pensar que Hermione podría estar contenta de recibir flores de su mano había sido como cortarse con el filo de su propia espada, ahora se daba cuenta de que era ella la que había perdido por completo en aquel juego. Debía haber parado la primera vez que Hermione la encaró, pero se engañó a sí misma para seguir con aquella idiotez.

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Hermione llevaba ya un buen rato intentando estudiar en la biblioteca cuando desistió. No podía concentrarse y era inútil que lo intentara. Necesitaba contarle a alguien lo que había pasado, alguien que le pudiese aconsejar sobre el caos que tenía en la cabeza. Pero repasó mentalmente las opciones que tenía y decidió que tal vez debería guardarse para sí misma lo ocurrido. Guardó los libros en su mochila y se dispuso a dar un paseo. Las ideas siempre venían más rápido cuando los pies se movían, se dijo la chica.

Por un lado, estaba claro que sentía algo por aquella desagradable slytherin. Eso la convertía en ¿lesbiana? ¿bisexual? Daba igual, ese era el menor de sus problemas. Podría haber sentido algo por Angelina o por cualquier otra chica, incluso la misma Tonks sería más apropiada a pesar de la diferencia de edad entre ellas. Pero Pansy... Pansy no era en absoluto "aceptable". Se dijo que era irónico, ya que había deseado mucho aquello. Había fantaseado tanto con aquello, y ahora que lo tenía lo consideraba inadecuado. Por otra parte, el que Pansy la hubiese besado no significaba nada por su parte. Aquello podía seguir siendo algún tipo de broma o una demostración de poder. No había sido algo precisamente romántico.