Una nave se deslizó suavemente por el hangar de la cuarta luna de Yavin. Rey se detuvo cuando la rampa tocó el suelo y un hombre joven descendió de ella, con una espesa barba ensortijada y con el cabello llegándole a la altura del cuello, cuyas puntas estaban onduladas.
El recién llegado apoyó su mochila de viaje en el suelo para recibir el abrazo de su madre.
—Bienvenido de vuelta, Han. Te sentí cuando atravesaste la atmosfera.
—Hola, mamá. Me alegra estar de vuelta.

Cuando se separaron, Rey notó que Han era el único que había bajado de la nave.
—¿Vergere? —preguntó por la fosh, ya que recordaba que ella había acompañado a su hijo por su viaje por la galaxia.
—Vergere se unió a la Fuerza hace un año—asintió pero no estaba triste—Ya estaba muy mayor, se fue en paz.
—¿Estas bien?
—Sí, estoy bien. Solo un poco cansado pero me alegra verte ¿Dónde está papá?
—Él está en Chandrila como instructor de vuelo.
Han se acomodó la mochila de viaje al hombro, luego reanudó su camino junto con su madre al templo donde estarían el resto de los maestros Jedi. El joven hombre contó su experiencia y de lo que aprendió de diferentes culturas de adeptos a la Fuerza, como los Fallanasi, los Aing—Tii, los sabios Baran Do.
Han estaba sorprendido de lo rápido que se habían asentado en Yavin IV, saludó a algunas caras conocidas, vio a niños reunidos en un círculo mientras Karr explicaba un poco de historia galáctica, a Gawyn levitando algunas piedras ante las miradas sorpresivas de algunos pequeños Jedi.

En el templo Jedi, vio a Jacen, Finn y Jannah, quienes se acercaron a saludarlo. Una vez que tomaron asiento, Han contó su experiencia en aquellos mundos, pero decidió omitir las habilidades que aprendió, no necesitaban saberlo.
—Entonces ¿ha sido esclarecedor? —preguntó Finn.
—Sí, muy buenos puntos de vista sobre la Fuerza. Siento que he encontrado lo que buscaba, el verdadero significado de la Fuerza. Pero ¿Dónde está Shara?
—Ella está en una misión—contestó Jannah mirando a Rey.
—Ella y su escuadrón están buscando una solución sobre un problema limítrofe ente Koboth y Trian—exclamó Jacen.
—Bueno, creo que es hora de ponerme al día con los problemas de la galaxia ¿Cómo hicieron con los esclavos?
—Aún están debatiendo sobre eso—exclamó Jannah—Con varias simulaciones de como extirpar los chips en los cerebros, no han tenido muchos resultados. Es una pena pero los grysk modeladores que se han quedado, están trabajando en eso.
—¿Han quedado grysk?
—Algunos, viven en aldeas en los puntos lejanos de la galaxia. Son civiles y modeladoras. No suponen un peligro pero aún así…enviamos patrullas para vigilarlos y protegerlos de posibles agresores—dijo Finn.
—Bueno, pensé que todos se irían con Sekot—exclamó Han pero no estaba decepcionado—¿Qué ha pasado con los soldados que se rindieron? Sé que ellos no tenían autorización para irse.
—Bueno, ellos aún están en una prisión construida para ellos. Nadie sabe su ubicación, solo los altos mandos de la AG. Sé que el antiguo maestro Bélico y Silliq están ahí, cumpliendo perpetua.
—Es bueno escucharlo—exclamó Han—Pero estoy interesado por el problema de Koboth y Trian ¿Cómo es eso?
Entonces Rey resumió el problema de ambos mundos, que Shara estaba ahí pero no recibía un mensaje de ella, entonces están asumiendo que aún no habían encontrado una solución. Han se puso de pie.
—Si no es problema, me gustaría ir ahí a ayudarla. Con los consejos que recibí de los sabios Baran Do o de los Aing—Tii, puedo ayudarles.

Jacen miró a Jannah y esta a Finn, Rey parecía meditar la propuesta de su hijo hasta que asintió.
—Es una buena idea. Pero recuerda que no debe haber enfrentamientos, queremos evitar eso a toda costa.
—Descuida, mamá. Los ayudaré.
Han se inclinó respetuosamente, se despidió de los presentes y salió del templo. Pero antes de irse al hangar, decidió pasarse por la vieja cabaña para arreglarse un poco.


Alema Rar estaba de pie, con la mirada en el horizonte mientras su sable de luz, encendido, miraba el suelo. Aun podía sentir el olor a carne y madera quemada, la humareda se lazaba hacia el cielo celeste. El dolor, que pensaba que se calmaría, no fue así; vio los ojos aterrorizados de sus víctimas aun estaban sellados en su retina. Esperaba que esas imágenes remplazasen al de su hermana, siendo devorada por un vornskr pero se equivocaba. Ahora era otra imagen que volvería en su mente cuando intentase dormir.
—¿Valió la pena?
Se giró hacia la dueña de esa voz que oyó a su espalda, una mujer de ropas Jedi se acercaba lentamente a ella, con los brazos a la espalda. No parecía estar horrorizada, parecía que la escena no la afectaba.
—No lo hizo.
—Sí, lo entiendo—exclamó la mujer—Mi maestro fue asesinado por un grysk. Yo lo vi, me cegué por la ira y maté a ese grysk—contó mientras se ponía al lado de la hembra twi'lek, que aun miraba los cuerpos despedazados de los grysk de la aldea.
—¿La venganza no te calmó, Julissa? —preguntó Alema mirando a la mujer llamada Julissa, quien negó con la cabeza—Entonces ¿Qué hago con este dolor? Meditar no me sirvió. La maestra Skywalker dice lo mismo pero nada me ayudado.
—Skywalker ha fallado como maestra Jedi—exclamó Julissa.
—Pero siento que has logrado la calma—exclamó Alema apagando su arma, Julissa solo sonrió.
—Después de matar a ese grysk, vagué por la galaxia hasta encontrarme con una mística—contó mientras miraba el cielo—Abrió mis ojos y supe de las mentiras de los Jedi. Me habló de la verdadera Fuerza. Curó mis penas y soy una mujer distinta, Alema. Deberías conocerla.
—¿Quién es? ¿Dónde está?
—Te llevaré ante ella. Hannah Moonstone conoce el verdadero camino de la Fuerza y ella sabrá como sanarte. Vamos a Dromund Kaas.
Julissa Lang sonrió luego fue hacia la colina donde habían aterrizado, Alema observó por última vez a los cadáveres grysk y luego siguió a la Jedi.

Dromund Kaas, un planeta pantanoso y de grandes océanos, recibía la visita de la nave estelar, que aterrizaba en el puerto de embarque. Estaban en una de las pocas ciudades habitadas, y sabia muy bien que ningún ser vivo decente iría a este lugar a vivir.
Sentía una presencia del Lado Oscuro, las luces de los edificios alumbraban la oscura noche, la twi'lek siguió a Julissa a la salida del puerto, notando varias miradas de otras especies inteligentes. Mercenarios, piratas, contrabandistas, la peor calaña de la galaxia vivía en la ciudad.

En silencio, siguió a Julissa hacia un edificio de aspecto ruinoso, no tenia puertas por lo que fueron directamente a subir las escaleras de permacreto hasta llegar al tercer piso, donde un pasillo ruinoso estaba pobremente iluminado. Avanzaron al fondo del pasillo, en el lado derecho, Julissa tocó la puerta dos veces, luego de dos segundos, otro golpe.
Nadie contestó pero la mujer abrió la puerta e ingresó, Alema vio a una mujer muy alta acercarse, ataviada con ropajes negros. La twi'lek notó que ella usaba dos piernas protésicas, y el sable de luz que estaba en su cinto. El Lado Oscuro era intenso en ella.
—Ella es Alema Rar, maestra—exclamó Julissa Lang inclinando la cabeza—He hablado y mencionado tus enseñanzas. Esta muy interesada en aprender de ti.
Hannah Moonstone se acercó lentamente, mirando a Alema con curiosidad pero ella no retrocedió pero se preguntaba si ella era una Jedi Oscura.
—Puedo sentir la Fuerza en usted—exclamó Alema—Pero es oscura, enfermiza…
—Y tú eres una Jedi ¿verdad?
—Y usted ¿una Jedi Oscura?
Alema vio por el rabillo del ojo de como Julissa bajaba su mano hacia su sable de luz, en cautela, mirando a la twi'lek de piel azul con atención a cualquier movimiento que quiera hacer.
—No soy una Jedi Oscura—exclamó Hannah—Soy Hannah Moonstone, señora de los Sith.
—Es una Maestra Sith—exclamó Julissa, Alema giró para verla cuando notó que sus iris castaños se tornaban amarillos. Pero ella estaba confundida.
—Es imposible, los Sith llevan tiempo muertos. El último fue Darth Sidius…
—Los Sith de Bane, los que seguían la Regla de Dos, están extintos—explicó Moonstone acercándose a la twi'lek—Yo soy de la Tribu Perdida, oculta en un planeta que no mencionaré su nombre. Ahí, entrenamos y estudiamos la Fuerza a nuestro modo. E incluso, nosotros matamos a al científico grysk.
—¿Los grysk llevaron su guerra a su planeta?
—Y ganamos por supuesto—sonrió—Pero cuando te veo…siento mucho dolor y oscuridad en ti ¿Qué te aflige, jovencita?
—Mi hermana. Murió devorada por esas bestias creadas por los grysk y no pude hacer nada. Cada día, cada vez que cierro los ojos, la veo morir. Skywalker me ha dicho que medite pero es inútil. Siento odio, quiero vengarme pero al exterminar esa aldea, no sirvió de mucho.
—Te entiendo—exclamó Moonstone—Los Jedi tienen un concepto errado de como lidiar con la pérdida. Yo puedo enseñarte, ese dolor lo puedes usar como un escudo y como tu fortaleza.
Alema se sentía abandonada por los Jedi, sentía que ellos la entendían pero veía a Moonstone como esperanza para lidiar con su dolor. Tal vez si lo usase como escudo, le sería más fácil vivir.
—Alema, ella me ayudó mucho—exclamó Julissa sonriendo—No busco venganza, el dolor es parte de mí. Me fortalece. Deja que tus cadenas se rompan.

Alema asintió e hincó una rodilla al suelo, Moonstone sonrió complacida al igual que Julissa quien apartó su mano de su sable de luz.
—Me someto a sus enseñanzas, Moonstone, maestra de los Sith.
—Haces bien, Alema Rar. De pie y te enseñaré el Verdadero Camino.


El Ala X aterrizó sin problemas en el hangar del planeta, algunos locales miraban con curiosidad mientras otros estaban en lo suyo. Han abrió la cabina y descendió de ella, cuando sintió a su hermana acercarse a gran velocidad.
—¡Han!
—Shara ¿Cómo estás?
—Bien, supongo—exclamó Shara—Mamá me dijo que estarías aquí pronto y te he estado esperando. Te he extrañado.
Han, ya afeitado y con el cabello corto, asintió mientras su vista fue a la entrada, donde estaba un kobok con elegantes ropas, escoltado por dos soldados.
—Yo también te eché de menos.
—Vamos, todos están en el apartamento pero te presentaré al Líder.

Shara agarró la mano de Han y tiró de él hacia donde estaba el kobok. Han los estudió con la Fuerza, sentía el nerviosismo en él.
—Líder Toggnal, le presento a mi hermano mellizo, Han.
—Bienvenido, Jedi Han—exclamó Toggnal extendiendo su delgada mano—Su hermana me contó un poco de usted.
—Espero que algo bueno—bromeó Han, el kobok que no tenia labios, hizo una mueca a la que el Jedi interpretó como una sonrisa.
—Cosas muy buenas, como su hazaña en la guerra grysk. Los dejaré para que se pongan al día, espero que nos ayude, caballero Jedi.
—Haré lo que pueda.

Shara enroscó su brazo a la de Han y tiró de él nuevamente hacia la salida del hangar donde los esperaba un deslizador. El caballero Jedi se acomodó su mochila de viaje sobre sus rodillas una vez que se sentó.
—Cuéntame lo que has aprendido.

Han empezó a contar su experiencia del viaje mientras el deslizador se ponía en marcha. Al igual que a los maestros, ocultó parcialmente sus nuevas habilidades.
Terminó de contar pero aun estaban en movimiento, entonces decidió mirar las calles al igual que su hermana. Después de varios minutos, el deslizador se detuvo y ambos hermanos bajaron del transporte, el chofer se retiró mientras Shara tiraba de su manga hacia el interior.
Una vez que salió del turboascensor, notó los pisos muy blancos y pulcros, Shara tecleó una clave en un panel y la puerta se deslizó hacia arriba con un chasquido.

Ingresó a la sala, y tal como en el pasillo, era muy blanco, pero luego vio a varios de sus compañeros acercarse, Lowie fue el primero quien lo abrazó y lo levantó a centímetros del suelo.
—Me alegra verte, Lowie—exclamó Han una vez que sus pies tocaron el suelo, luego chocó las manos con Ken y Luke, abrazó a Rori y estrechó la mano a Kaity, quien tenía las mejillas rosas.
—¿Un gran viaje, Han? —preguntó Luke.
—Sí, ha sido esclarecedor.
—¿Nos contarás de ello? —preguntó Rori pero Han negó con la cabeza.
—Después de que me cuenten sobre el problema entre Koboth y Trian. Mamá me contó algo y quiero oírlo de ustedes.
—De acuerdo—exclamó Rori—Vamos a tomar asiento.

Han siguió al grupo hacia los sillones, Shara se sentó a su lado y Rori contó todo lo que sabia de la problemática, incluyendo a los chiss, la luna Ekibo, el doonium y Nellsor.
—Asi que ¿Todo esto por la luna Ekibo?
—La luna tiene grandes reservas de doonium—explicó Kaity—Los chiss lo usan para sus transportes.
—Y ellos están a cargo de Jatson Irard—acotó Ken.
—¿Han hablado con él?
—No—exclamó Shara—No necesitamos hablar con él. Conozco su respuesta, se negará.
—De acuerdo—exclamó Han mirando a Shara con curiosidad. Tenía entendido que eran pareja cuando se fue de viaje, pero sentía un poco de acritud en su voz cuando lo mencionó y el aura en ella le dejaba en claro que ya no sentía un cariño hacia él.
—Oh, creo que no sabes, Shara y Jats terminaron hace cinco años—informó Ken y recibió una mirada asesina de parte de Shara, quien se hundió en su asiento.
—No necesita saber de ello.
—Quiero saber de Nellsor—exclamó Han—Eso es lo que me importa.
—No mucho—exclamó Rori—Solo sabemos que es un rebelde y que lidera una facción a la que esta buscando problemas con los chiss.
—Y ¿han encontrado una solución?
—No, pero varios han sugerido una reunión con el rey Brucka de Trian—exclamó Luke.
—Me gustaría conocer a Nellsor. Por ahora, no hablen con el rey, déjamelo a mí. Buscaré a Nellsor.
—Pero, nadie sabe dónde esta. Los rumores dicen que se esconde en alguna isla rocosa.
—No hay muchos lugares donde esconderse—exclamó Han mirando a su hermana—Pero este viaje me enseño una gran habilidad de la Fuerza. Puedo buscarlo y rastrearlo, cuando lo encuentre, iré a buscarlo.
—De acuerdo, lo dejaremos a tus manos—exclamó Shara—Pero debemos actuar ya. Siento que Toggnal ya se está poniendo ansioso.
—No hay problema, he llegado a arreglar esto.

Han sonrió con seguridad.
—Bueno, ya te hemos contado del problema—exclamó Ken—¿Nos contarás de tu viaje?
Han asintió y se recostó en su sillón, y tal como lo hizo con su hermana, contó todo sobre su viaje, obviando las habilidades que aprendió. Sentía que Nellsor era la clave y debía usarlo, sin importar las consecuencias.