La noche caía en Corellia, las calles estaban ocupadas por los deslizadores. En la zona financiera del planeta, en una oficina se celebra una reunión, donde un grupo hombres y mujeres conversaban entre ellos, mientras otros miraban por el transpiacero. Ferus Sunspot, general de la armada de la AG observaba en silencio a los presentes, los droides de protocolo pasaban entre ellos con bandejas de plata, algunos agarraban las copas y otros las dejaban.
El silencio cayó cuando la puerta se abrió e ingresó el senador Lowen Yarr, representante de Corellia en el Senado galáctico.
Sunspot se puso de pie, con la copa en mano, el senador no se veía muy feliz.
—Por favor, tomen asiento.
—¿Terminó su reunión con Uro Tash?—preguntó Sunspot, el senador asintió mientras tomaba asiento de uno de los sillones rojos. El resto de los presentes buscaban asientos mientras Sunspot se sentó al frente del senador mientras dejaba la copa en una bandeja.
—¿Qué dijo el Jefe de Estado?—exclamó una mujer de piel canela, quién era la gobernadora del planeta, Cira Raneca.
—Se negó—exclamó el senador—Le expliqué y le mostré holos. E inclusive, le mostré datos como usted lo mencionó, Sunspot. No quiere darnos la independencia al menos que le entreguemos el Punto Central.
—No le daremos nuestro orgullo—exclamó un hombre con el ceño fruncido.
—Es nuestra maravilla arquitectónica. Está loco—exclamó Cira Raneca.
—La estación espacial no se moverá de Corellia—sentenció Sunspot—Todos nuestros impuestos fueron para pagar la construcción de la estación de batalla. Sabemos que ha costado el sudor de nuestros obreros corellianos. La AG no nos puede amenazar de esta manera.
—Entonces ¿Qué te hace pertenecer a la armada de la AG?
—Este es el final, senador—exclamó Sunspot—Confiaba que al menos Tash escucharía nuestras peticiones.
—Si al menos Connix no nos hubiera postergado tanto…
—Ella tenía un problema latente, la reconstrucción—exclamó Sunspot—Sí, su error fue relegarnos a un segundo plano pero es entendible.
—Ahora es el momento, la reconstrucción ya avanzó lo suficiente.
—Es momento de separarnos de la AG—exclamó el senador—Pero él teme que esto deje un precedente. Teme que el resto de los mundos sigan nuestro ejemplo.
—Eso ya no es nuestro problema—exclamó Sunspot poniéndose de pie y acercándose a la ventana—La AG demostró su ineptitud a la hora de defendernos contra los grysk ¿Qué nos dice que estará lista para otra invasión o guerra? Nosotros le salvamos el culo a la AG, nosotros pateamos a los grysk a otro sistema, nosotros evitamos que esos cabezas conos tomen nuestro planeta. Tenemos la suerte que nuestro hogar no haya sido destruido por ellos y por nuestro valor y aplomo. Somos valientes y corellianos—se giró y avanzó al centro de la sala—Es por esto por lo que a partir de hoy fundaré nuestra agrupación: el Frente de Independencia Corelliana.
—¡Por una Corellia libre!
—Senador, hable del FIC y deje en claro nuestro rechazo a pertenecer a la Alianza Galáctica.
—Lo haré, Sunspot.
—Muy bien, mañana mismo dejaré mi dimisión.
—Por favor, Sunspot. Únase a mi equipo. Estoy pensando formar nuestra propia armada.
—Sería un honor, gobernadora—exclamó Sunspot con una leve venia con la cabeza. Los droides protocolares se acercaron otra vez con bandejas de bebidas. Los presentes sujetaron las bebidas y las alzaron, brindando por la independencia de Corellia.
El cuerpo de Han brillaba tanto como aquella vez que derrotó a Onimi hace cinco años. El caballero Jedi sabía que si usaba la Fuerza Unificadora, podría encontrar al esquivo Nellsor, ya que todo era la Fuerza, al menos que estuviera vivo.
Solo Shara y Rori eran testigos de cómo la piel de Han se tornaba más naranja y sus ropas adquirían ese brillo dorado. Él estaba flotando en posición de loto, ambas mujeres sentían el ambiente cálido.
—¿Asi fue como derrotó al grysk? ¿Brillando como un sol? —susurró Rori.
—Sí, Onimi sentía el fuego y el calor intenso. Lo vi retroceder y correr a la cornisa hasta lanzarse al vacío. Asi es como Han salvó a la galaxia.
—La Fuerza Unificadora. Tanta calidez…tanta paz.
—Todos somos seres luminosos. Han podía ver a cada uno de nosotros como puntos brillantes, como estrellas en el cielo. Cree que así encontrará a Nellsor.
De un momento a otro, el cuerpo de Han dejó de brillar y su piel recuperó su color habitual. Se puso de pie y vio a las dos chicas.
—¿Lo encontraste? —preguntó Shara.
—Sí, pero iré solo—exclamó Han—Esta en una isla a varios kilómetros de aquí.
—¿Estás seguro? —preguntó Rori.
—Sí, espérenme aquí. O tal vez, pueden irse a dormir mientras estoy fuera. No estoy seguro de cuanto tardaré.
—De acuerdo, que la Fuerza te acompañe—exclamó Shara—Ya está oscuro pero te estaré esperando.
Han se cubrió con la capa y abandonó la habitación.
Una vez que estuvo en la calle, tomó un aerotaxi quien lo llevó hacia el hangar donde estaba su Ala X.
Han se encontraba sobrevolando el inmenso océano, no veía más mas islas pero estaba confiado en que encontraría a Nellsor. Viró a estribor, aumentando la velocidad; cada vez que se acercaba, sentía que estaba siendo seguido hasta que tres naves le cortaron el camino. La consola le informaba que buscaban hablar con él.
—¿Qué está haciendo aquí?
—Soy Han Dameron, caballero Jedi. Quiero hablar con su líder Nellsor.
—Sabemos que Toggnal ha contratado Jedi…largo o le pulverizamos.
—Estoy por mi cuenta. Solo quiero hablar con él, de cómo recuperar la luna Ekibo.
Un silencio cayó sobre él, Han se aferró a los timones pero se sentía seguro, empezó a reducir la velocidad y a volar bajo.
—De acuerdo, aterrice.
Siguió a las tres naves escoltas a una isla pequeña, rodeada de rocas insulares pero lo suficiente para que las naves aterricen sin problemas.
Cuando descendió de su caza, Han sintió la brisa marina agitar su capa marrón, la luna aún estaba en lo alto del cielo oscuro, vio a tres kobok acercarse a él, apuntándolo con rifles láser.
—Sé que los Jedi están armados—exclamó uno de ellos, extendiendo la mano, Han no puso impedimento. Su mano fue hacia su cinturón y le entregó su arma.
—Síganos—exclamó el otro soldado—Mantenga las manos en alto.
Han levantó las manos, lo suficiente para que ellos lo pudiesen ver, sintió el rifle en su espalda y empezó a seguirlos. Caminó por un largo trecho de arena e ingresó a un bosque de palmeras, oscureciendo su camino, lo cual no fue un problema para los soldados rebeldes, que alumbraron el camino hacia una cueva iluminada donde varios soldados, reunidos alrededor de una fogata se pusieron de pie rápidamente.
—¿El líder está descansando? —preguntó uno de los kobok.
—Está dentro.
Empujando a Han para que reanude su camino, avanzó con paso firme hacia el interior de la cueva iluminada por otra fogata. Había otros soldados pero estos no se movieron cuando el caballero Jedi ingresó. Nellsor estaba sentado en una colcha, alzando la mirada.
—¿Quién es?
—Soy Han Dameron, Caballero Jedi.
—¿Jedi? —sus ojos se entrecerraron, los guardias levantaron sus armas, el kobok soldado se acercó a su líder con el sable de luz.
—Esta es su arma y no viene de parte de Toggnal.
—Solo quiero hablar con usted, Nellsor—exclamó Han observando de como Nellsor recibía su arma—Me contaron sobre usted y de su grupo, la Unidad Koboth.
—De acuerdo, habla.
—Me he percatado que no tiene aliados. Los trianii tienen a los chiss y eso aumenta sus fuerzas de ataque. Ustedes son pocos y el gobierno los considera rebeldes.
—¿Cómo tendremos aliados, Jedi? Como has dicho, nos consideran parias. Y no fuera así, la AG no nos ayudaría.
—Lo sé. Y también sé que el único camino para que Ekibo sea parte de ustedes es luchar por ello. La diplomacia ha fallado y es hora de entrar a la acción. Conozco a una amiga muy especial que es líder de mundo. Puedo hablar con ella para que nos ayude con recursos.
—¿De quién estamos hablando, Jedi?
—Del Consorcio de Miktraland. Son independientes de la AG. La Condesa aún es una Jedi y entenderá la injusticia que están sufriendo. Hablaré y la convenceré, se los prometo.
Nellsor se reclinó en su cojín como si meditase la oferta de Han, quien solo cruzó las manos, su rostro estaba sereno y se le veía seguro. Había escuchado de Miktraland, de como uno de sus mundos fue refugio de los desplazados de la guerra grysk.
—De acuerdo, hable con la Condesa.
—Genial—exclamó Han asintiendo—Y otra cosa más ¿Qué piensas sobre los otros Jedi nos ayude con esto? Podríamos ayudarte, Nellsor.
—Están con Toggnal.
—Les convenceré de que tus propuestas son válidas y es el único camino. Mis compañeros tienen sus cazas propios, podemos sabotear la luna y tomarla en cuestión de días.
—¿Podrás hacerlo Jedi? —exclamó Nellsor con una leve sonrisa, le gustaba la idea que un grupo de Jedi lo ayudasen en su empresa de recuperar la luna.
—Puedo hacerlo ¿Qué estás pensando hacer? Quiero decir ¿Cuál es tu próximo movimiento si no es mucha intromisión?
—Sabotear las naves de cargas.
—Esperen un momento. Hasta que logre comunicarme con mi amiga y con mis compañeros Jedi.
—De acuerdo, Jedi—exclamó Nellsor poniéndose de pie, extendiéndole el sable de luz—Espero tu respuesta. Te entregaré un comunicador encriptado.
Un soldado kobok se acercó con un comunicador gris, Han agarró lo que le alcanzaba, luego su sable de luz.
—Hasta que me comunique con usted, que la Fuerza lo acompañe.
Se dio la vuelta, pero esta vez fue escoltado por un soldado hasta su caza estelar.
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Llegó al departamento ya muy entrada la noche. Sintió a Rori y Shara que dormían en sus habitaciones, entonces Han se sentó en el sillón, sus pensamientos fueron hacia Tara, ardiendo en deseos de verla. Cerró los ojos y dejó que su mente viajase por la galaxia, hasta sentirla pero no la podía ver, enviándole sentimientos de alegría y ansias de verla, luego cortó la comunicación. Abrió los ojos, donde pasó a mirar al techo, en un momento reflexivo. Entonces, cerró los ojos y se abrió a la Fuerza. Tal como esperaba, vio una neblina blanca que lo rodeaba, se puso de pie y empezó a caminar en el medio del humo y entonces lo vio: Toggnal estaba de rodillas, con las manos atadas mientras un trianii de rostro felino estaba exultante, el Koboth era arrastrado por el piso por dos chiss. Él estaba escondido detrás de una columna, sabia que no lo podían, y entonces supo que había tomado la decisión correcta. Nellsor era la clave.
Cerró los ojos, y nuevamente se vio invadido por la bruma espesa y neblina. Cuando los abrió, se vio nuevamente en el sillón y mirando al techo. Sonrió y se giró a la derecha, donde el sueño finalmente, le ganó.
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Cuando despertó vio al grupo reunido alrededor de la mesa, entonces se levantó y se desperezó.
—Buenos días, Han—exclamó Luke—¿Qué tal has dormido?
—Sentí que dormí poco—exclamó Han viendo a su hermana acercarse a la mesa—¿Estamos todos?
—Estoy aquí—exclamó Rori con una taza de caf en la mano, acercándose al grupo—¿Qué has averiguado?
—¿Fuiste a investigar? —preguntó Kaity, Lowie formuló una pregunta similar.
—En la noche hablé con Rori y Shara. Les conté mi deseo de hablar con Nellsor—informó, viendo como el resto del grupo se sorprendía.
—Bueno ¿Qué ha dicho? —preguntó Shara.
—Le dije que Trian tiene a los chiss como aliados. Nosotros no somos suficientes para ayudarlos y si hablo de ayudar a Nellsor, no a Toggnal. La diplomacia no ha servido de nada, chicos; el mismo líder lo ha dicho, entonces es hora de presionarlos un poco y es Nellsor la respuesta. Pero él está solo en esto, entonces le prometí que hablaría con Tara.
—¿Hablas de Tara Chal? —preguntó Luke sorprendido.
—Sí, espero que el Consorcio de Miktraland nos apoye con recursos. Sé que ella me ayudará.
—Por supuesto, ella te tiene muy alta estima. Hará lo que sea para contentarte—exclamó Kaity pero Han no hizo ningún comentario, en su lugar, solo les mostró un comunicador.
—En este podemos hablar con Nellsor. Le dije que ustedes pueden ser de ayuda también. ¿Creen que debemos intervenir y ayudarlos a tomar la luna?
—No lo sé—exclamó Rori.
—Lo único que sé es que ya no nos ocurre más ideas. La única que se me ocurre es hablar con el rey Brucka— exclamó Luke
—Podemos hacerlo pero nos atacará nada más presentarnos. Es por ello por lo que necesitamos a Nellsor. Sus naves nos ayudarán para ingresar a Trian sin problemas y hablar con su rey. Además, para que esto ocurra, debemos tomar la luna Ekibo, entonces él hablará por presiones.
—Es un buen plan—exclamó Shara—Vayamos a hablar con Nellsor. Toggnal es demasiado nervioso para planear algo.
Han sonrió y le entregó el comunicador a su melliza.
—Esta es tu misión, Shara. Habla con él y planeen como sabotearan las naves o de cualquier otro plan. Creo que debemos actuar ya mientras yo iré a Miktraland.
—¿Ahora?—preguntó Ken.
—Sí, cuanto antes mejor—exclamó Han—Que la Fuerza los acompañe.
Agarró su capa y se lo puso, les dirigió una última sonrisa y salió de la habitación. Entonces Lowie rugió que tenía hambre y que debían desayunar primero antes de planear.
—Sí, vamos—exclamó Luke entusiasmado.
El grupo volvió hacia el comedor donde se sentaron y empezaron a comer.
