La gobernadora de Corellia, Cira Raneca descendió de su deslizador, se acomodó su chal y el senador Lowen Yarr se acercó, ofreciéndole su brazo.
—¿Ha empezado la sesión?
—Aún no, señora—exclamó el hombre, la mujer enroscó su brazo sobre la del hombre con gracia, mientras avanzaban hacia la puerta del gran Senado Galáctico, el droide conductor se llevó al deslizador hacia el estacionamiento.

Había un gran movimiento en el senado, muchos políticos ingresaban y salían, periodistas que corrían hacia ellos pero los corellianos no tuvieron problemas en ingresar a la sala donde empezarían la sesión.
De forma cóncava y muy grande, el ayudante del senador, un anx, lo aguardaba en la entrada del pod repulsor. El anx inclinó su alargada cabeza a modo de respeto a la gobernadora de Corellia, quien subió al repulsor y quedó maravillada al ver tantos pods repulsores que estaban en el senado, era imposible de contarlas.
El pod se elevó una vez que todos estuvieron a bordo pero se mantuvo en la columna que les correspondía, había varios senadores que estaban en lo suyo. Los pods estaban ordenados en forma circular, dejando un espacio en el centro.
—¿Cuándo aparecerá el Jefe de Estado?—preguntó Lowen a su ayudante.
—No tardará mucho.

Lowen miró a la gobernado, quien tomaba asiento, entonces se sentó al lado de ella.
—Es el momento, senador—exclamó Cira—Sunspot acaba de confirmarme que dejó la AG esta mañana.
—Una gran pérdida para la AG pero una victoria para nosotros.
—Pero he notado ciertas miradas de desdén de algunos senadores cercanos—exclamó la mujer mirando de reojo a dos zabraks.
—Porque saben que estoy a favor de la secesión. Y tenemos apoyo de algunos ciudadanos de Coruscant—y miró hacia un pod—Ellos representan a Bonadan. Su planeta fue ocupado por los grysk y aún están en reconstrucción. Están de nuestro lado y su senador me confesó esta mañana que están pensando en alejarse de la AG.
—Un planeta minero y en el sector corporativo. Interesante.
—Sí, lo tienen más difícil que nosotros. Pero es el único que mostrado su deseo de separarse.

Del centro empezó a subir una columna donde estaba acoplado un pod más grande y plateado. En aquel pod estaba un togruta macho, el Jefe de Estado Uro Tash y Murlima Faan, una hembra bith y la vice Jefa de Estado. Todos aplaudieron menos los pods correspondientes a Corellia y Bonadan, aunque Lowen se sorprendió al ver a los senadores representantes e Cantonica sentados en su sitio.
Los aplausos cesaron, Murlima presentó a Uro, quien se acercó al amplificador donde empezó a hablar, los droides voladores revolotearon por toda la cámara del Senado.
—Bienvenidos sean todos. En esta nueva sesión hablaremos de tres temas importantes: los refugiados ithorianos, las víctimas del lavado cerebral de parte de los grysk y el problema corelliano.
—Ah…" el problema corelliano"—exclamó Cira con cierto desdén—Si tanto nos desprecian, que nos den nuestro estatus independiente—susurró.
Lowen volvió a su asiento cuando los senadores empezaron a hablar y discutir sobre que planeta seria idóneo para los ithorianos. Un senador de Ithor exigía una pronta solución para su gente y que cinco años en espera ya era demasiado.
Un bothano se puso de pie para tomar la palabra, su pod salió del anclaje y empezó a dar vueltas, explicó que en su sistema hay un posible planeta donde los ithorianos podían asentarse e invitó al senador y a sus representantes una visita.

Luego Uro Tash pasó al siguiente tema, Lowen decidió no intervenir y como lo esperaba, no se llegó a ningún lado. El togruta se vio algo decepcionado pero luego dio comienzo al siguiente tema. Lowen se puso de pie y se acercó al amplificador.
—Buenos días senadores, representantes de otros gobiernos y Jefe de Estado. Solo quisiera recalcar que el término "problema corelliano" es una gran ofensa para nuestro pueblo. Como pueden ver, la gobernadora de Corellia está conmigo y ha dejado en claro su molestia.
—Pero esa es la verdad, esto es un problema. No es importante—exclamó el senador de Iridonia.
—Hoy he querido a anunciar el nacimiento de una organización que busca nuestro bienestar y nuestro derecho de tener una soberanía con nuestras propias leyes, nuestra propia armada y nuestro propio gobierno. Ayer nació el Frente de Independencia Corelliana—y señaló a Uro—¡Exigimos no pertenecer más a la Alianza Galáctica!
—Senador Yarr—exclamó un senador de chandrilano—Todos sufrimos con la guerra, mi mundo fue ocupado por los grysk y no estoy pidiendo una secesión. Esto es un trabajo que debemos hacer unidos.
—Su mundo no fue ocupado—exclamó una senadora de Lothal—Porque si fuera así, no estaríamos aquí. Ustedes, corellianos, asumen de manera errónea la victoria como suya cuando fue en realidad, de parte de la AG y del liderazgo de Ackdan.
—Con todo respeto, senadora Niels—exclamó Lowen—La AG solo envió un par de cruceros y sus comandantes. La mayoría que participaron en la batalla fueron nuestros valientes pilotos, nuestros escuadrones, el Punto Central y por supuesto, nuestros droides CG. Además del apoyo de Miktraland—Lowen miró el pod donde estaban dos representantes del Consorcio, en calidad de observadores, ya que al ser un sistema independiente, no veían necesidad de tener senadores—Gracias por ayudarnos en la guerra.

Uro Tash se puso de pie pero vio al senador de Cantonica pidiendo la palabra, entonces movió la mano para darle la oportunidad de hacerlo.
—Soy el senador de Cantonica y representante del Sector Corporativo. Estoy totalmente a favor del senador Yarr y estoy de acuerdo con su petición de separarse de la AG—tras decir esto, se escuchó puyas por todo el lugar hasta que Tash tuvo que silenciarlos—Déjenme terminar, senadores—y miró al togruta con desafío—La AG nos abandonó cuando los grysk tomaron nuestro sector. Fuimos su capital y nuestra gente ha sufrido mucho. E incluso, hasta ahora sentimos las consecuencias. Cantonica está de acuerdo con Corellia, la AG fue bastante inepta con los grysk y permitió que ellos avanzaran hasta el Núcleo. Si Ackdan y Connix no se hubieran puesto las pilas, ahora seríamos sus sirvientes.
—El senador tiene un gran punto—exclamó el senador de Bonadan—Apoyamos a Corellia y también queremos dejar en claro nuestro deseo de separarnos de la AG. No hay garantías que nos protejan de otra invasión o guerra. Al menos nos defenderemos y no esperaremos que el ejército de la AG venga por ayuda.
—Lo sentimos mucho—exclamó el senador de Dac—Pero nuestro ejército no puede estar en varios lados. Fondor fue diezmado, Kuat tenía una traidora. Nuestro antiguo enemigo tenía una tecnología que era imposible igualar.
—Esa es una pobre excusa—exclamó Yarr.
—Si se quieren irse, que lo hagan—exclamó el senador de Kuat poniéndose de pie, indignado—Pero que el Punto Central se quede en la AG. No tenemos constancia que lo usen contra nosotros.
—Es nuestro, se quedará en Corellia—exclamó Lowen, cuando vio a Jedon Bonteri de Onderon ponerse de pie.
—Estoy a favor de Corellia—exclamó el senador de Onderon—Mi mundo fue azotado por los grysk y también sentimos el abandono de la AG. Connix tampoco nos ayudó con la reconstrucción. Onderon está de lado de Corellia y estamos pensando también en separarnos.
—Suficiente—exclamó Uro Tash poniéndose de pie y acercándose al amplificador—Sé que hay mundos en que la reconstrucción está lenta y en otros, avanzado. Sé que han sufrido y están molestos por la falta de reacción del quien fuera Jefe de Estado de ese momento, Borks Fey'lya. Por ello, sometemos una votación sobre si Corellia debe irse o no de la AG pero dejaré en claro que el Punto Central se quedará a manos de la Alianza Galáctica.
Lowen se sentó de mal humor, y notó que los bothanos también lo hacían, posiblemente dolidos por el comentario sobre Borks. Le parecía increíble como ellos lo excusaban y perdonaban al antiguo Jefe de Estado.

Un tablero holográfico se mostró ante ellos, Lowen era el único senador que estaba exento en la votación. Después de varios minutos observó desanimado los resultados, una gran mayoría se oponían a la secesión. Solo Onderon, Cantonica y Bonadan votaron a favor.
—De acuerdo—exclamó Uro, visiblemente aliviado—Corellia se queda. Y doy por finalizado la sesión.

Sonó una gran campana que resonó en la cámara, Lowen miró a Cira, quien se encogió de hombros.
—No importa. Igual, seguiremos con lo planeado.
—Totalmente de acuerdo—exclamó Lowen y sonrió a Cira—Pero hablaré con Bonteri y Graves de Cantonica. Tal vez haga una alianza con ellos.


Han redujo la velocidad cuando se acercaba al planeta Miktraland, vio una nave dragón en órbita y tal como esperaba, la luz roja de su tablero le informaba que buscaban hablar con él.
—Nave desconocida, identifíquese o dese la media vuelta.
—Soy el caballero Jedi Han Dameron, un buen amigo de la condesa Tara Chal. Vengo por una invitación suya.
Han se humedeció los labios, en parte no era cierto pero había sentido a Tara en su pensamiento cuando la buscó en la Fuerza.
—De acuerdo, tiene permiso para aterrizar.
Han aceleró su caza estelar hacia el planeta, atravesó la superficie y cruzó las nubes de Miktraland, hasta que vio el hangar cerca del palacio real, maniobró hasta aterrizar, siguiendo las instrucciones del droide controlador.
Abrió la cabina y descendió de su Ala, cuando se giró vio a Tara acercarse rápidamente hacia él, escoltada por su prima Trista. Han notó que Tara tenía líneas negras en el rostro, reconociendo la marca que solían usar las Hermanas de la Noche, ya lo había visto cuando ambos eran aprendices.
—Han, me alegra de verte—exclamó la condesa, abrazándolo, sus miradas se cruzaron. Han sonrió.
—Yo también, Tara. Y hace mucho que no veía ese maquillaje ¿Lo usaba tu abuela, verdad?
—Sí—exclamó con tristeza—Desde hace un año, es una forma de rendir tributo a mi madre.
—Oh no.
—Murió hace un año pero la sentí irse en paz—forzó una sonrisa mientras agarraba la mano del Jedi—Vamos, quiero escuchar tus experiencias. Casi es hora del almuerzo ¿Tienes hambre?
—Si—exclamó Han—Tengo algo que decirte también.
Tara sonrió, enroscó su mano con la del hombre que estaba enamorada, y juntos fueron directamente hacia la entrada trasera del palacio.

Una vez que llegaron al interior, Han notó que todo seguía igual, las columnas hasta el techo, el piso de mármol implacable y vio a un hombre que se acercaba, extendiendo el brazo.
—Permítame su capa, señor.
Han se retiró su capa y se lo entregó.
—Informe a la cocina que tengo un invitado y almorzaré con él en los jardines.
—A sus órdenes, señora.
El mayordomo dobló la capa, luego prosiguió a retirarse. Han miró a Tara, quien se encogió de hombros.
—Tengo una excusa para comer sola. Estoy cansada de oír los comentarios de la Ta'chume.
Se escuchó un pitido, Tara sonrió cuando un droide bípedo se acercó a toda velocidad, su cabeza cuadrada se movía al compás de su pequeño cuerpo, sus fotos receptores miraron a los dos humanos que tenía delante suyo.
—BD 1
—Vamos, amigo. Iremos a los jardines—exclamó Tara y el pequeño droide dio un salto a la cintura de la mujer y luego caminó, deteniéndose en su espalda, cerca de la nuca. Emitió varios pitidos mientras los humanos empezaron a caminar hacia los jardines.

Han sentía la brisa, había una mesa circular con dos sillas, estaban rodeados de muros de césped, con algunas flores encaramadas en ellas, el pasto verde estaba finamente recortado y el Jedi entendía porque ella prefería comer aquí. Era un lugar tranquilo y alejado del palacio. El ambiente era muy sencillo y no tan ostentoso como el comedor del palacio. Una vez que se sentaron, BD 1 bajó del hombro de la joven Condesa pero no se alejó de ella, quedándose bajo sus pies.
—Bien ¿Me contarás lo que pasaste en tu viaje? —preguntó Tara, Han asintió pero sentía que podía confiar en ella para hablarle de sus nuevas habilidades.
—He conocido a otros adeptos de la Fuerza. Son muy estudiosos y sabios, he aprendido muchas cosas.
Un camarero se acercó con una bandeja de bebidas y cubiertos, luego se alejó una vez que terminó de atender la mesa. Tara se inclinó.
— ¿Aprendiste habilidades? ¿O solo era filosofías?
—Ambas cosas, Tara—exclamó Han dando un sorbo a su bebida—Entendí el verdadero significado de la Fuerza, la entendí y siento que estoy satisfecho de ella. Y también habilidades. Y muy interesantes.
—¿Cómo cuáles?
—De los Aing Tii, aprendí a Caminar en la Corriente. Consiste en ir al pasado e ir al futuro, donde puedes dejar improntas en determinados sitios.
— ¿Puedes ir al pasado?
—Sí pero no se puede cambiar. Es como si fueras un fantasma de la Fuerza pero hay probabilidades que te puedan sentir un usuario de la Fuerza. Y puedo ver el futuro y esto es útil si quiero tomar una decisión, ver las consecuencias de ello y regresar al tiempo presente para cambiarlo.
—Es…interesante.
—Sí. De los Fallanasi, aprendí a crear ilusiones de la Fuerza e imágenes espejadas— se inclinó hacia adelante—También aprendí a como sentir los latidos de los corazones, el funcionamiento del cerebro, la sangre que corre por las venas de todos los seres vivos. Puedes usar la Fuerza para manipular esas sensaciones.
— ¿No es un poco…oscuro?
—Sí, lo es—susurró—Por ello es por lo que no hablé de esto con mi madre. Lo desaprobaría y sé muy bien que alguno de estas habilidades podría entrar perfectamente en el Lado Oscuro. Pero mi filosofía es que la Fuerza es única, noi hay lado Oscuro o Luminoso.
—Entiendo—exclamó Tara—Espero que no llegues a usar esto último…es terrible.
Calló cuando un droide camarero se acercó con bandejas de comida, luego las colocó en la mesa y se retiró.
—Cuéntame ¿Ta'chume sigue siendo tan insoportable contigo? —preguntó mientras cortaba el filete. Tara asintió.
—Me está buscando pretendiente—exclamó y sintió como el humor de Han, bajaba.
—Ya veo—dijo mientras hincaba el cuchillo en el filete—Bueno, no es sorpresa. Es evidente que está buscando un sucesor.
—No me gusta ninguno de ellos, Han—exclamó Tara cortando su filete—Podrá ponerme a todos ellos pertenecientes de las casas nobles pero amo a uno. Y es a ti.
—Lo sé, Tara—exclamó con tristeza y alzó la mirada—Pero no soy noble.
—No me importa, Han. Mi padre se casó con mi madre, quien fue una alfarera e hija de una Hermana de la Noche.

Han sonrió con tristeza, asintiendo.
—¿Crees que funcione si digo que soy bisnieto de un canciller de la Antigua República?
—Estás bromeando ¿verdad?
—Creo que sí. Mamá me matará si digo algo eso—sonrió mientras daba un sorbo a su bebida.
—Pero siento que quieres hablarme algo más ¿verdad?
—Sí ¿Has escuchado del problema de Koboth y Trian?
—No tan a profundidad.
Entonces Han le puso al día sobre el problema de ambos mundos, de lo que habló con Nellsor y del plan que tenía pensado pero para ello necesitaba recursos. Koboth necesitaba un aliado fuerte como los que tenía Trian.
—Por ello es por lo que necesito que me ayudes, Tara. Nellsor no tiene mucho para lograr una gran victoria.
—¿Viajaste en la Corriente?
—Lo hice, sí. Si Koboth sigue así, Toggnal pactará una alianza con los Trian, algo que eventualmente terminará siendo parte de su territorio. Koboth dejará de existir como un planeta libre y será esclavizado por los chiss. No te pido tus naves dragones o pilotos, solo te pido recursos, que Trian sepa que Miktraland está ayudando a Koboth.
Tara dio un sorbo a su copa, luego cortó el filete y se lo llevó a la boca. Parecía estar meditando su respuesta, por lo que Han no la presionó más pero confiaba que ella lo ayudaría.
—Con una condición, Han.
—¿Cuál?
—Que te quedes esta noche.
Han se sorprendió un poco, pero entendía porque también la había echado de menos. Verla le alegra mucho y había muchas cosas que ponerse al día. Además, estaba cansado del viaje, dormir en una de esas camas con dosel le vendría bien.
—De acuerdo, me quedaré a dormir esta noche.
—Me alegra oírlo, enviaré a un emisario a Koboth en este mismo momento.
—Mis compañeros te lo agradecerán.

.

Ya era muy tarde, la noche caía en Miktraland y Han caminaba por el pasillo del segundo piso del Palacio de Miktraland. A pesar de la baja iluminación, pudo llegar a la puerta donde estaba la habitación de Tara. Tenía la intención de despedirse de ella e ir a su habitación designada, porque partiría al alba. Tocó la puerta y escuchó la voz de Tara, indicándole que podía ingresar.
Han ingresó y cerró la puerta tras él, Tara se retiraba el maquillaje, luego guardó todo en un cajón del aparador y se acercó al Jedi. Han notó que llevaba puesto un camisón esmeralda, luego tocó sus manos.
—He venido a despedirme, Tara. Volveré a Koboth mañana, poco antes del alba.
—Ha sido una tarde maravillosa, Han—exclamó mientras lo abrazaba, Han correspondió el abrazo de la joven Condesa. Ambos se miraron.
—Igualmente. Si lo solucionamos rápidamente, pasaré por aquí, más seguido. Te amo, Tara. Lo sabes.
—Lo sé, Han—exclamó la condesa, mordiéndose los labios—Por ello es que te pediré algo. Entenderé si lo rechazas.
—Pídeme lo que quieras.
—¿Podrías…pasar la noche aquí? —exclamó cohibida, Han abrió los ojos de la sorpresa, pero no dijo nada pero ella esperaba una respuesta. Y su respuesta fue el beso le dio. Sintió las manos de ella pasando por su espalda, retirándole capa mientras las manos de Han le retiraba el camisón. Cuando sus besos se detuvieron, se miraron con intensidad y ella se lanzó a besarlo con pasión mientras sus piernas se enroscaban en la cintura del Jedi sin dejar de avanzar hacia la cama donde ella cayó de espaldas. Dejándose llevar por la pasión, sus besos no se detuvieron mientras sus manos, acariciaban sus cuerpos.

La luz se atenuó y las ropas yacían en el suelo.