Cronología: 68 DBY (1 año después)
Una miriliana se asomó en la puerta de la oficina del senador Lowen, quien alzó la mirada mientras dejaba su datapad en el escritorio.
—El senador Jedon Bonteri está aquí—exclamó la asistente.
—Que pase.
La miriliana asintió y salió del marco de la puerta, segundos después apareció un hombre de sienes blancas, quien avanzó con pasos seguros. Lowen se puso de pie en su sitio, estrechándole la mano y luego le invitó a sentarse.
—Entonces ¿has pensado en mi oferta? —preguntó Lowen, Bonteri se reclinó en su asiento.
—Después de analizar los pros y defectos de este tipo de alianza…he decidido aceptarla. Onderon también buscará independencia de la AG.
—Es bueno escucharlo—exclamó Lowen—Es una pena que Cantonica y Bonadan se hayan tirado atrás—exclamó Lowen, entonces Bonteri se inclinó hacia adelante.
—Es extraño ¿verdad? Hace meses, ellos querían también independizarse pero en un par de semanas, admitieron sus lealtad a la AG.
—Sí, justo cuando han llegado el doble de maquinarias que tienen.
—Tash quiso comprarme, Lowen—confesó Bonteri—Onderon siempre estuvo orgulloso de sus bosques, la mitad fue calcinada por los grysk. Entonces, Murlima me envía un holo prometiéndome que enviarán a sus mejores botánicos para la reconstrucción de nuestros bosques a cambio de dejar atrás mi proyecto de independencia.
—Entonces ¿Crees que hayan comprado a los senadores de Cantonica?
—Es probable, no podemos demostrar pero eso no importa, por ahora.
—¿No importa? —frunció el ceño.
—Nuestro deseo de la independencia es válida pero debemos fortalecernos. No digo que debamos olvidarnos, lo que quiero decir es darle entender a la AG que nos "aburrimos" del tema.
—Cierto. Este proyecto debemos trabajarlo bien.
—Sí, lo haremos juntos, Lowen. Y con el tiempo, tendremos aliados y más aliados, podemos presionar a la AG.
—¿Cómo buscaremos aliados? Por el momento, Corellia no goza de mucha simpatía.
—Eso déjamelo a mí—exclamó Bonteri poniéndose de pie y extendiéndole la mano—Hablaré con otros senadores descontentos a la espalda de la AG, mientras trabajamos esto en secreto. Debes fingir que la AG ha ganado y la lucha terminó.
Lowen levantó las cejas, sentía que en los últimos meses era como hablar con una pared cuando intentaba hablar con el Jefe de Estado pero reunir suficiente apoyo a escondidas, era lo único que podía verlo. Entonces se puso de pie y estrechó la mano a Bonteri.
Ambos sonrieron.
Sacrificio. Esa era la palabra que quedó marcada, como fuego ardiente, en la mente de Alema Rar. Había pasado un año desde que aceptó ser la aprendiza o tyro Sith de Moonstone. La twi'lek seguía a la alta mujer por las polvorientas calles de Kesh, donde la mayoría de sus habitantes, keshiris, estaban conformes con la presencia de los Sith, ya que eran sus protectores de piratas y mercenarios. Pero también veía humanos y humanoides de piel púrpura, caminar con largas capas negras, el sable de luz en el cinto le decía que eran Sith, los Sith de Kesh.
—Estás a punto de terminar tu adiestramiento, Alema.
—¿A dónde me lleva, maestra?
Moonstone no dijo nada, y la twi'lek no insistió. Sacrificio. Tenía que dejar su pasado atrás y para ello, debía cortar un lazo que la unía a ella. Llegó a un coliseo, caminó entre las vacías butacas de roca pero no se sentaron. En la arena había dos maestros Sith y una joven, a la que Alema calculó que debía estar en sus veintes. Ella estaba de pie, acariciaba la cabeza de un reptil alado, tan grande como ella. Parecía un dragón enano.
—Ese es un uvak—explicó Moonstone—A cada tyro se le da un huevo donde eclosionan estas criaturas. Están obligados a criarlos y formar un lazo con ellos. Su maestro debió haber visto que su tyro estaba lista para ser una Sable Sith y para ello, debe sacrificar a su mascota, culminando así su etapa de formación. Si dudas, entonces no eres una Sith y serás expulsada de la Orden.
Alema vio como la joven, con una mano acariciaba a su mascota mientras tenía oculto su brazo derecho. No había ninguna expresión de su rostro, luego en segundos, mostró su brazo, cuya mano tenía una especie de daga, cuya hoja se deslizó suavemente en el corazón de su uvak. El reptil alado, cayó al suelo, muerto pero la joven se guardó su daga y miró a su maestro. Alema notó los ojos vidriosos pero se mantuvo serena, entonces su maestro apoyó una mano en su hombro, luego le dio la espalda, retirándose y ella le siguió.
—Mi uvak se llamó Dreik—exclamó Moonstone—No te mentiré, me encariñé con esa criatura pero era mi destino. Tuve que sacrificarla para seguir con mi camino, abandonar todo lazo.
—Entonces ¿Me dices que sacrifique algo que me importe?
—Sí, y si lo haces, entonces eres una Sable Sith.
Entonces Alema se quedó pensativa, debía hacer un sacrificio para terminar su camino. Ya era tarde, no había vuelta atrás. Miró a Moonstone.
—Lo haré.
.
— ¿Estas segura que has sentido a Alema aquí? —preguntó Riina Aldabay, maestra Jedi. Julissa asintió mientras subían por una colina de tierra y roca.
—Ella me envió un holo mensaje, diciéndome que estaba en problemas a la hora que ayudaba a una pareja de refugiados ithorianos.
— ¿Eso es lo que estaba haciendo hace un año? ¿Ayudando a los refugiados?
—Sí. Yo la ayudaba con eso—bajó la cabeza con pena—Lamento no haberles informado pero sentí que estaba en peligro.
—Posiblemente piratas. ¿Aquí fue la última pista?
—Si, me informó que estaba por Ruusan.
Julissa y Alema estaban ayudando a unos refugiados, pero Alema se alejó de su amiga para ayudar a una pareja pero luego se vio rodeada de un ataque de piratas o mercenarios, entonces la twi'lek tuvo que aterrizar de emergencia en Ruusan y le dio tiempo para enviar un mensaje de ayuda a Julissa.
Bajaron la colina, Riina sintió a Alema en una cueva que tenía adelante pero se detuvo en mitad de camino.
—¿Pasa algo maestra Aldabay?—preguntó Julissa.
—Sí. Siento oscuridad.
Tras la oscuridad de la cueva, salió Alema Rar, sin ningún tipo de rasguño, Riina se mantuvo cautelosa.
—Qué bueno verte, maestra Aldabay—exclamó Alema, Riina se llevó una mano a su sable de luz pero no lo sacó. Sentía el Lado Oscuro en su antigua aprendiz. Miró a Julissa.
—Me has llevado a una trampa.
—Este es el camino que eligió Alema, Aldabay.
Riina vio como los ojos pardos de su antigua aprendiz se tornaban amarillos. Sacó su sable de luz, cuya hoja roja centelló y dio un gran salto impulsado por la Fuerza. Riina encendió su sable de luz y la hoja naranja rechazó el ataque de la Jedi caída. Alema dio una voltereta y cayó de rodillas flexionadas, giró sobre sus talones y le lanzó rayos de la Fuerza. Riina los contuvo con su sable de luz, movió la hoja para desviar los rayos.
Alema se lanzó como una centella y nuevamente chocaron frontalmente, luego movió su arma hacia abajo, a la rodilla de la mujer pero ella lo rechazó, luego hacia la izquierda y Riina se inclinó hacia atrás e hizo un empujón de la Fuerza pero Alema lo contuvo. La maestra Jedi se lanzó rápidamente, golpeando a la derecha de Alema, quien lo rechazó. Luego giró sobre sus talones para dar otro golpe a la izquierda. Y dio un gran salto hacia atrás, jadeando.
—Alema ¿Por qué? No sigas ese camino.
—Nunca te importó lo que sentía, Aldabay—exclamó Alema—Minimizaste mi dolor.
—Siempre me preocupé por ti. Alema…yo te aprecio, por favor, sé lo duro que pasaste con los grysk.
—Solo veo más mentiras de los Jedi. Julissa tiene razón, no les importa.
—Me importas. Cuando te uniste al escuadrón de la hija de Rey, pensé que lo estabas superando…
—Lo pensaste y te ocupaste en tus asuntos, pero aún estaba dolida—exclamó Alema—Para ser una Sable Sith, debo hacer un sacrificio y ese eres tú.
—¿Sable Sith?
Detrás de Alema, emergió una mujer alta, cuyos ojos amarillos brillaron, mientras su rostro, tenía líneas negras que cruzaban sus mejillas. Aldabay abrió los ojos y miró a Julissa, cuyos ojos también habían adoptado el color de un usuario caído en el Lado Oscuro.
—Muy bien, Alema. No caigas en las mentiras de un Jedi.
Riina bajó los hombros.
—Los Sith…maestra Skywalker me dijo que estaban extintos.
—¿La maestra Skywalker contó la vez que se enfrentó a la maestra de los pretorianos?
—¿Moonstone?—preguntó y ella asintió con una sonrisa—Pero…los ithorianos…
—Eso no importa ahora—exclamó Alema—Vive o muere, Riina.
Riina tragó saliva mientras apretaba su sable de luz, sabía que no podía hacer más para salvar a su aprendiz.
—Lo siento mucho, Alema. Te conozco desde que eras una niña. Te entrené a ti y a tu hermana, a la que tanto amaste. Sé que debí haberte ayudado más. No quiero hacerte daño.
—Entonces, esto es fácil.
Alema flexionó las rodillas, impulsada por la Fuerza, hundió su sable de luz en el pecho de la maestra Jedi. La twi'lek miró los ojos de Riina, cuya mano fue hacia la mejilla de su antigua pupila, mientras la vida se escapaba en un último aliento.
Su cuerpo cayó al suelo en un ruido sordo, Alema levantó la vista y apagó su arma, luego se acercó hacia Moonstone, quien no dejaba de sonreír.
—Muy bien, Alema Rar, Sable Sith.
—¿Cuál es mi próxima misión, maestra Moonstone?
—Ve a Trian donde matarás a Jatson Irard, un activo muy valioso para el Imperio Renacido. Su muerte ocasionará que los imperiales le declaren la guerra a Trian y luego se extenderá a la galaxia.
—Lo haré, maestra.
En medio de las nubes, sobrevoló la Esfera de Meditación, las presentes alzaron la vista mientras se acercaban a ellas. Abrió la cabina y Alema saltó hacia él, sentándose en la cámara de meditación. Luego se alejó.
Moonstone miró a Julissa, quien se acercó a ella.
—¿Alguien sospecha que eres una Sith?
—Nadie, maestra.
—Entonces, sigue infiltrada hasta que te llame.
Julissa Lang asintió. Moonstone miró el cielo por donde se había ido la Esfera. Y pensó en el hijo de Rey Skywalker, Han Dameron y su deseo de entrenarlo, para vengarse de ella.
Un escuadrón de cazas kobok aterrizaron en el hangar del planeta, solo tres kobok se alejaron de los pilotos que celebraban la victoria en el planeta Hjet, una victoria importante, ya que era un punto importante para rodear a la luna Ekibo.
Los tres kobok ingresaron a la sala de comandos donde estaba Nellsor. El nuevo comandante de la armada kobok alzó la vista y sonrió, ya que se trataban de los tres Jedi: Shara, Han y Rori.
Shara y Rori, una vez que se había terminado su castigo en Ahch-To, se fueron del planeta sin decir a nadie a donde iban, reuniéndose con Han en el asteroide. El caballero Jedi, usando las ilusiones de los Fallanasi, las hizo pasar como dos pilotos kobok. El trabajo encubierto solo lo sabían el mismo Nellsor y el Líder Toggnal.
—Hemos ganado al planeta Hjet—explicó Han acercándose a la gran mesa, donde en el centro estaba el generador de holos, el ambiente estaba tenuemente iluminado de azul.
—Gran trabajo—exclamó Nellsor, teniendo mucho cuidado al hablar—Hemos recuperado el tiempo perdido. Y Miktraland está siendo un gran aliado con sus recursos, que creo que no será necesario pedirle sus naves dragones.
—La Condesa está abierta a ese pedido—exclamó Han.
—Ahora—exclamó Nellsor encendiendo el holo proyector, donde mostró el mapa del sistema Koboth—Los hemos rodeado, si solo seguimos capturando planetas, esta guerra se prolongará ¿verdad?
—Eso es cierto—exclamó Shara—Y estos meses lo estuve pensando, Nellsor. Debo hablar con el general Irard.
Han y Rori miraron con leve sorpresa por el pedido de Shara a diferencia del kobok, que solo parpadeó.
—¿El general Irard? ¿El de los chiss?
—Lo conocí y sé que debí haberlo hecho hace un año. Estoy segura de que podemos llegar a un acuerdo. No quiero que este conflicto se alargue.
—De acuerdo, enviaré a un escolta.
—Está bien, pero ingresaré yo sola, Nellsor.
El kobok solo asintió, Rori apoyó su mano sobre el hombro de Shara, sonriéndole solo con los labios, como una forma de darle ánimos.
—Yo…recibí un mensaje de la Condesa—exclamó Han, rehuyendo la mirada de su melliza—Quiere hablar conmigo. Tal vez algo relacionado con los recursos.
—De acuerdo, ve. Esto es una cuestión importante—dijo Nellsor y miró a Rori—Y eso te deja a ti sola.
—Soy una Dama Jedi experimentada, Nellsor. Puedo hacerlo.
—Rori, solo te informo que cuando me vaya de aquí, mi ilusión se romperá—explicó Han—Solo quiero decir que estemos preparados cuando los chiss se enteren y también lo haga la Orden Jedi. Es probable mi madre venga aquí.
—Estaré lista para ello. Somos Jedi, nuestro objetivo es ayudar y ellos nos necesitan.
—Nos atendremos a las consecuencias—exclamó Nellsor—Ahora, como hemos capturado este planeta, nos deja un camino libre y nada vigilado a la luna Ekibo pero para llegar a ello, el planeta enano Hrak'Kan debe estar a nuestro poder.
—Prepararé a los pilotos—exclamó Rori asintiendo, entonces Nellsor se enderezó cuando los Jedi inclinaron la cabeza a modo de respeto y salieron de la sala de comando.
— ¿Te vas ahora, Han? —preguntó Shara.
—Sí.
—¿Tara está bien?
—Sí, solo quiere hablar algo relacionado con el armamento, nada más. Es un año en que no la he visto.
—Te entiendo—exclamó Rori—No veo a Tallie desde un tiempo. Ella me dijo que quería decirme algo importante pero esperará.
—Bien, hasta que nos veamos de nuevo. Que la Fuerza las acompañe.
—Lo mismo para ti, Han.
Han asintió, dejando a las chicas en el pasillo. Shara respiró hondamente cuando pensó en Jatson. Como sentía que su indignación bajó un poco a diferencia del año anterior, sentía que podía enfrentarse a su ex.
—Enviaré primero un holo a Irard—exclamó Shara a Rori.
—Me parece bien. Que él sepa que vas a hablar.
—Rori, no estoy segura como voy a reaccionar cuando lo tenga enfrente.
—Solo respira hondamente, Shara. Canaliza tus sentimientos y mantén la cabeza fría. Sé lo que pasaste.
—Gracias por estar ahí, Rori—exclamó Shara sonriendo débilmente, su prima sonrió con los labios y la abrazó.
—Te quiero, Shara y lo sabes. Eres mi familia de todos modos.
Entonces las dos se separaron, Shara fue hacia otra habitación mientras Rori se dirigía al hangar, para preparar a los pilotos y ejecutar la misión que le fue asignada.
La Esfera de Meditación sobrevoló los cielos claros de Trian, Alema aún estaba sumida en su meditación profunda. Aún tenía la mirada de Aldabay pegada en su mente, sintió su pena y tristeza a la hora de matarla pero un camino que debía seguir. Sentía que su dolor por Numa había bajado al usarlo como escudo. Se sentía poderosa y sentía que ella misma podría conquistar la galaxia.
—¿A dónde aterrizaras, ama Rar?
—En las afueras de la ciudad. Tomaré un deslizador.
La Esfera bajó de los cielos y rozó la superficie terrestre, Alema descendió de ella de un salto y vio a un trianii aterrado, subido en su deslizador.
—Ese es el deslizador que está buscando—exclamó la Esfera.
—Gracias, Nave.
Alema extendió la mano y el trianii cayó de rodillas, tosiendo, intentando respirar a duras penas pero cayó al suelo, muerto. La twi'lek se subió al deslizador.
El primer paso, infiltrarse en el palacio donde está el rey Brucka para averiguar el paradero del general Irard. Necesitaba saber más de él.
—Nave, descansa. Te llamaré.
Nave, la Esfera de Meditación, se alzó hasta perderse en las nubes, entonces Alema encendió el deslizador, dejando atrás, una estela de polvo.
