Han salió de su caza estelar, su vista se paseó por todo el hangar, ocupado de cajas y algunos pilotos, vio a un hombre que rehuía de su vista y se alejaba de él. No le dio importancia, posiblemente era alguien que no le gustaban los Jedi. Un hombre de cabello negro se acercó a Han, su uniforme azul y botas negras, le indicaban que se trataba de un agente de la Seguridad Miktralana.
—Caballero Dameron—exclamó—La Condesa lo está esperando. Sígueme.
El agente le dio la espalda, Han se preguntó porque Tara no estaba ahí para recibirlo. Se preguntó la verdadera razón de su visita. Apretó los dientes mientras le seguía por los pasillos, notando que no se dirigía al piso superior donde estaba la habitación de su amada. Giró una esquina, luego atravesó un jardín pequeño con una fuente, luego a otro pasillo, encontrándose con una puerta, el agente solo la empujó para bajar a los sótanos, donde también había otro corredor, iluminado de dorado. Eso preocupó a Han, pensando si ella se encontraba enferma o herida, su mensaje fue corto y sin especificar.
Se detuvieron ante una puerta de duracero, Han sondeó con la Fuerza, sintiendo a tres personas en ella. El agente presionó una clave secreta en el panel que estaba cerca de la puerta, luego esta se abrió hacia la derecha, produciendo un zumbido. Han siguió al agente al interior de la habitación de Tara.
La habitación era de tamaño medio, había una cama y un aparador con espejo, el piso era de mármol negro, un gabinete cerrado y las ventanas tenían rejas pero aun así, se filtraba la luz natural. Pero lo que Han le hizo detenerse fue ver una cuna, muy cerca de la cama.
Tara corrió abrazarlo, él la abrazó pero no podía despegar su vista de la cuna, sintiendo como su ánimo decaía.
—Gracias, agente Brandt—exclamó Trista—Yo me encargo ahora.
El agente Brandt asintió, con marcialidad, se retiró de la habitación, cerrando la puerta tras sí. Han volvió su vista a Tara, sintiéndola un poco ansiosa, nerviosa y preocupada.
—¿Estas bien?
—Yo…quiero decirte algo.
—Lo sé—exclamó Han, con la vista en la cuna—Felicitaciones, Tara. Me alegro por ti, en serio. No sabía que la Ta'chume logró obligarte a casarte con un tipo de la nobleza.
—Han…—exclamó Tara frotándose las manos—Solo acércate y mírala. Solo mírala.
Han sintió un gran nerviosismo en ella, luego fue lentamente hacia la cuna, donde vio a una bebé, totalmente despierta y chupándose el pulgar, mientras movía sus pequeñas piernas. Han vio sus ojos, del mismo color que los suyos y el escaso cabello blanco, cuando sacó el dedo de su boca, la sonrisa de ella le marcaba un hoyuelo en su mejilla, recordándole a su madre. Abrió los ojos de la sorpresa, sintió una conexión con ella. Era su hija.
—Oh…
Tara se acercó a su espalda, aún nerviosa, mirando con cautela la reacción de Han, que no apartaba su vista de la bebé.
—Es tu...
—¿Es mi hija?
—Lo siento, Han. Debí…sé que debí decirte cuando noté mi embarazo. Tenía miedo, Han pero estaba segura de que debía mantenerla conmigo. Fue difícil ocultarla de mi abuela pero lo descubrió al final.
Han acarició la pequeña cabeza de su hija, quien solo soltó sonidos guturales, su sonrisa contagió al caballero Jedi.
—Entiendo. Sé que pueden matarte por esto y no lo digo de forma figurada ¿Quiénes lo saben?
—Mi padre, la Ta'chume y tres agentes de Seguridad confiables. Bueno, los que confía Trista. Puedes cargarla, Han, es tu hija. Su nombre es Merrin.
—¿Merrin? ¿Cómo el de tu abuela? —preguntó, Tara asintió.
Han sonrió, levantó a la niña y la apoyó en su hombro, escuchó su pequeña risa mientras daba suaves palmadas en su espalda. Luego la acunó en sus brazos.
—Tara, esto…esto es increíble. Pero…
—Siempre hay un "pero" para ti ¿verdad?
—Lo siento.
—Han, no estamos seguras aquí. Ta'chume ya me odia por ser tener sangre dathomiri, por ser una nieta de una Hermana de la Noche. Los primeros meses fue fácil fingirlo, luego tuve que usar vestidos largos y luego tuve que esconderme en mi habitación.
—Estas en una habitación que no es la tuya—exclamó Han, entrecerrando los ojos—¿Qué está pasando?
—Como te habrás dado cuenta, Merrin no es hija de un noble. A mí me da igual pero ella esta desquiciada, está obsesionada de que si algún noble se entera, le harán un escándalo. Aunque sé que tiene algo de razón, esto es una buena excusa que podrían usar los nobles y mis enemigos políticos para darme un golpe de estado. Mi padre me ha recomendado que haga pasar mi hija como una niña adoptada pero la Ta'chume…bueno, ha provocado dos intentos de asesinato contra ella.
—¿Qué?—exclamó Han, frunciendo el ceño—Espera ¿me estás diciendo que esa vieja ha intentado matar a mi hija? ¿Qué dice tu padre?
—Dice que si no hay pruebas, no se puede acusar algo así. He tenido dos intentos, los dos asesinos se suicidaron antes de confesar. Asi que, no tengo nada para acusar a la Ta'chume. Han, no me importa si me asesinan pero no responderé si algo le pasa a ella, moriré por ella.
Han volvió su vista hacia su hija, Merrin. Ella lo miraba con curiosidad, moviendo los pies. Han no entendía porque ella intentaría matarla, con solo verla, ya la estaba amando. Él también moriría por ella, e incluso mataría a cualquiera que intentara hacerle daño.
—No voy a permitir que nadie la haga daño, Tara—exclamó Han, colocando a la bebé a la cuna, al notar que sus ojos se cerraban. Luego la miró—Hagamos algo para corregir esto. Necesitas pruebas para acusarla y podemos hacerlo.
—¿Cómo lo haremos?
—Tengo una idea pero no pondré a nuestra hija de carnada, eso es seguro—exclamó mientras mostraba su muñeca donde estaba un comunicador atado, donde envió un mensaje a su droide astromecánico.
Un encapuchado miró ambos lados del camino de tierra, luego siguió caminando hacia la vieja cabaña que estaba cerca de una laguna. Había alguien dentro de ella, cubierta con una larga capa que ocultaba su rostro.
—La Condesa ha vuelto a su antigua habitación. Tú ¿Has visto algo en el hangar?
—El Jedi se fue.
—Entonces, esta noche acabarás con su pequeña bruja.
—Distraeré a sus agentes y acabaré con ella.
En medio de la oscuridad de la noche, un hombre correteó por el techo y se ocultó detrás de un pequeño muro. Vio a un agente muy cerca de la baranda, entonces el hombre disparó un dardo inmovilizador y el agente cayó como un muñeco, entonces corrió hacia la baranda y se apoyó. Vio a dos agentes en el suelo, no se movían mucho de su sitio.
Amarró una cuerda en la baranda de permacreto, luego se ató a la cintura, empezando a descender, hasta llegar a la segunda ventana, colocándose al lado de la pared. Vio a los mismos agentes, entonces disparó doble dardos.
Usó un objeto circular para abrir la ventana con un leve chasquido e ingresó rápidamente, de un salto acróbata. Sacó otro dardo y se lo colocó en su guantera, disparando hacia el bulto que estaba en la cama. Ahora la condesa estaba bajo los efectos inmovilizadores de la droga, no se movería ni mucho menos, sentiría a su hija en peligro.
Acercándose con cautela hacia la cuna, sacó su daga, vio a la bebé durmiendo plácidamente. Levantó su arma blanca y la bajó con fuerza, pero algo lo sorprendió. Se desvaneció antes de tocar el muñeco y la puerta se abrió con violencia.
Las luces se encendieron, el asesino se vio inmovilizado, viendo de reojo a la cuna, dándose cuenta de que apuñaló a un muñeco, luego su vista fue hacia el Jedi que avanzaba hacia él, vio sus ojos cargados de ira, que lo hizo temblar; detrás de Han estaba la condesa con su bebé y cuatro agentes de Seguridad.
—¿Quién te ha pagado? —exclamó Han, colocándose frente a él, luego notó que él inclinaba la cabeza hacia el hombro. El Jedi rápidamente le arrebató la pastilla que intentaba morder y con la Fuerza le hizo arrodillar.
—Contéstame ¿Quién te ha pagado? —ordenó Han mientras le arrancaba la pasamontañas por medio de la Fuerza—Te recuerdo…te vi en el hangar.
—Cierra el palacio, Trista. Que nadie salga.
—Sí, Tara—exclamó Trista sacando su comunicador. Han meneó con la cabeza.
—Has intentado atentar contra la vida de mi hija, idiota ¿No me vas a responder? ¿Fue la vieja kriffada Ta'chume?
—No te diré nada, Jedi.
—De acuerdo, me has obligado a hacerlo. Te pedí por las buenas, ahora haré por las malas.
Han hincó una rodilla al suelo, y colocó su mano a centímetros de su cabeza. Usó la Fuerza para entrar a su mente, el hombre movía su cabeza, empezó a gemir de dolor, sus ojos estaban cargados de miedo.
—Veo a una encapuchada…te reuniste en la cabaña del lago…si conozco ese lugar y me repugna que lo hayas pisado, eso es sagrado para mí y para Tara…ya veo, su voz, conozco esa voz y eso es suficiente.
—Por favor, detente…
—Me detendré si me lo dices en voz alta, que te escuchen los agentes—exclamó Han sin apartar su mano, su rostro se contorsionó de la rabia.
—Sí, fue…fue la Ta'chume, ella ha contratado a tres mercenarios.
—Suficiente, gracias por tu cooperación—dijo Han mientras se ponía de pie, el hombre cayó boca abajo cuando el Jedi le quitó la inmovilidad, entonces Tara se acercó a él mientras los agentes corrían a apresarlo.
—¿Estas bien?
—Sí, lo estoy—exclamó Han sonriendo, su vista fue hacia la niña que dormía en los brazos de Tara—No permitiré que nadie la haga daño, Tara. Tengo nuevas habilidades y nada me impedirá usarlos.
—Tara—exclamó Trista acercándose a su prima rápidamente—Uno de mis agentes ha encontrado a la Ta'chume. Esta en su habitación.
—De acuerdo—luego miró a Han— ¿Te quedarías con ella? Quiero ver la cara de esa kriffada vieja cuando la esposen.
—No, ningún problema.
Tara le entregó la criatura a Han, quien solo observó como dos agentes levantaban el tembloroso cuerpo del asesino mientras el resto dejaban la habitación. Una vez que estuvo solo, miró a su hija, que aun dormía a pesar de todo el jaleo.
—Mi pequeña Merrin ¿Quieres ver a papá usando la Fuerza a distancia?
Los agentes tiraron la puerta abajo, Trista los lideraba el grupo mientras todos ingresaban rápidamente, sin dejar de apuntar a la Ta'chume. Quien se levantó del banco que estaba sentada. Tara y su padre se aparecieron detrás de la puerta.
—¿Es cierto, madre? ¿Es verdad que intentaste matar a mi nieta? —exclamó Nahod, consternado.
—No, tu conoces a tu hija. Siempre me ha odiado…
—No intentes negarlo. Uno de sus asesinos ha confesado—exclamó Tara mientras Ta'chume retrocedía, Tara notó que la anciana mujer tenía sudores y respiraba con algo de dificultad. Examinándola con la Fuerza, notó que algo malo pasaba en ella.
—No toleraré que me irrespetes, mocosa. Eres una vergüenza para la familia, tú y tu hija ilegitima…
—Ta'chume, dese la vuelta ¡ahora! —ordenó Trista.
—No me estoy sintiendo bien, les rogaria que se vayan ahora—exclamó Ta'chume tambaleándose, sentía una opresión en el pecho y aturdimiento. La anciana no podía mantenerse en pie, empezando a ver todo tan borroso hasta caer al suelo.
—¡Madre!—exclamó aterrado Nahod corriendo hacia la anciana, mientras algunos agentes intentaban auxiliarla. Uno de ellos apartó al conde para practicarle los primeros auxilios.
—¡Los equipos médicos! ¡Ahora! —ordenó Trista, tres de ellos salieron de la habitación mientras un agente le practicaba RCP. Nahod se llevó ambas manos a la cabeza pero Tara estaba pensativa cuando ingresaron droides médicos con el equipamiento requerido, entonces la condesa salió de la habitación, colocándose a la espalda de la pared.
Tras varios intentos infructuosos, el droide médico negó y el agente de seguridad se puso de pie y miró a Nahod.
—Lo sentimos mucho, conde Chal. La perdimos.
—Mi madre…Sé ella puede haber sido temperamental y no haber tenido una buena relación con mi esposa y mi hija, pero era mi madre.
—Intentó matar a tu nieta, tío—exclamó Trista—Pero te ayudaré con el sepelio o lo que sea.
—¿Dónde está Tara?—preguntó el hombre poniéndose de pie, tambaleándose hacia el pasillo donde encontró a su hija, de brazos cruzados.
—Aquí estoy, papá—exclamó Tara—Lamento tu dolor pero no por ella.
—Te entiendo—exclamó Nahod acercándose a su hija—Sé que lo difícil que fue para ti. Y lamento no haber hecho más para arreglar las cosas entre ustedes.
—Aprecio el intento, papá pero ella ya odiaba a mamá en el primer día. Si quieres hacer un funeral invitando a todos los nobles, hazlo pero no cuentes conmigo.
Nahod se entristeció, pero no se apartó de su hija, acercándose a ella, y la besó en la frente.
—Solo una ceremonia privada. Yo lo anunciaré a los medios. Solo descansa.
Tara asintió, vio el rostro cansado y ojeroso de su padre, sentía una inmensa tristeza y dolor en él. El conde volvió a abrazarla, luego fue hacia la habitación mientras la Jedi tenía alguna idea de lo que pasó. Fue en su búsqueda, sin saber cómo sentirse al respecto, no sabía si debía molestarse con él por matar a su abuela y afligir a su padre, no sabía si debía advertir a Han del camino que estaba tomando pero estaba segura de que lo hacía por la hija de ambos.
Lo encontró en su habitación, Han movía la cuna en un lento vaivén, muy atento en su hija mientras susurraba una canción de cuna, Tara la sentía dormir con tranquilidad, entonces mediante la Fuerza, le envió ondas de amor. El Jedi se giró, dejó de mover la cuna y se acercó a Tara.
—¿Tú lo hiciste? ¿Tú provocaste un infarto a la Ta'chume? —preguntó Tara, por alguna razón esperaba que Han lo negase.
—Lo hice—exclamó Han, Tara no estaba segura cómo reaccionar pero no se sorprendió—Sabes que lo hice por nuestra hija. La anciana tiene muchos amigos en la prisión, saldría libre en cuestión de días. Este era el camino adecuado y nuestra hija está a salvo…bueno, no totalmente pero a salvo de asesinos.
—Lo sé, aún están los miembros de las casas nobles que me miran con desprecio—exclamó Tara—¿Usaste ese poder que tienes?—preguntó y tal como esperaba, él asintió sin pudor ni arrepentimiento.
—El que intente acercarse a Merrin, saldrá herido. Estoy cansado de esta galaxia, Tara, se necesita orden. ¿Cuántos niños como Merrin son asesinados por tonterías como esto? No lo puedo tolerar.
—Te entiendo—exclamó Tara—Me entristece también y me gustaría que te quedaras.
—Yo también pero debo regresar. Debo ayudar a Koboth a ganar esta batalla y expulsar a los chiss de la luna Ekibo.
Tara asintió con pena, Han podía sentir la tristeza en ella y odiaba no poder hacer nada, quería dejar todo y quedarse con ella pero sentía que tenía una obligación como Jedi. Mientras acunaba a su hija, empezó a reflexionar si era buena idea incursionar como espía de la AG y así vigilarlos de cerca. Tal vez algún día pero por ahora, necesitaba a ayudar a su hermana y prima.
—Que la existencia de nuestra niña quede entre nosotros. Por su seguridad.
Tara asintió, entonces Han se acercó a su labios, tocándolos con los suyos, cerró los ojos mientras sus manos iban a su cintura y sentía como las manos de Tara, acariciaban su espalda, luego fue al cuello de ella, besándola pero luego sintió como Tara lo empujaba suavemente.
—No, Han, suficiente. Debes irte y sigues así, no podré detenerme y querré que te quedes.
—Sí, tienes razón—exclamó Han—Me dejé llevar...lo siento, estás hermosa esta noche.
—Por favor, Han.
—De acuerdo, me iré—exclamó Han, algo agitado mientras se acomodaba la capa, su vista se desvió hacia la cuna donde dormía Merrin, y con la Fuerza, le envió ondas de amor y paz. Luego miró a Tara, notando que tenía los ojos llorosos, desvió la vista hacia la cuna, de brazos cruzados, alejándose. Sintió a Han abandonar la habitación, luego se acercó a la ventana, donde sus ojos brillaron de un tono verde esmeralda mientras movía sus manos, donde pequeñas chispas verdes salieron de ella, murmurando palabras de un idioma desconocido, recitando un hechizo protector.
Si alguien intentase colarse por la ventana lo sabría, y lo tendría en sus pies, inmovilizado como a los otros dos primeros asesinos pero no pudo evitar que ellos consumieran una píldora antes de sacares una confesión.
Se acercó a la cuna, donde su hija dormía plácidamente.
—Ahora somos solo nosotras—susurró—No le rogaré más, ya no. Si quiere protegerte lejos de ti, que lo haga, ya no me importa. Ahora tú eres mi prioridad.
Han se detuvo en su caza, soltó un largo suspiro, luego se subió a su caza y cerró la cabina. Se quedó inmóvil por unos segundos.
—Bien, acabemos con esto.
El caza estelar abandonó el hangar, y antes de salir del planeta, Han trazó las coordenadas y saltó al hiperespacio.
