Y aquí el capítulo final
Buena lectura
Como nota informativa, los dos actores principales de la portada son Hailee Steinfeld (Shara Dameron) y Dylan Minette (Han Dameron)
Alema apretó los dientes, mientras con su mano sana, apretaba con fuerza el apoyabrazos mientras un droide unía un brazo protésico sobre su muñón. El dolor era más de lo que podía soportar pero sentía que era su castigo por su fracaso. Jatson Irard estaba vivo y era cuestión de tiempo de convertirse en un objetivo para los chiss.
El droide médico se alejó, sus fotoreceptores pasaron del rojo al dorado en cuestión de segundos, sus largos brazos metálicos bajaron mientras retrocedía.
—Sable Rar, por favor, intente mover los dedos
Alema movió los dedos y no sintió ninguna molestia, miró al droide.
—No tengo ningún problema.
—Entonces, eso es todo, Sable Rar.
Se puso de pie con dificultad, el droide rodeó la pequeña habitación médica, ingresando a un especie de cuarto mientras Alema salió del edificio.
El cielo del planeta Kesh adquiría un tono anaranjado, el sol se ocultaba en el horizonte, mientras estaba de pie.
—Alema Rar.
Volteó hacia la voz de su maestra, Moonstone, quien se acercaba acompañada de tres Sables, dos de ellos varones y una mujer, a la que la twi'lek le parecía muy familiar, sentía que la había visto en algún lado.
—Me disculpo por mi fracaso, maestra—exclamó Alema, arrodillándose rápidamente mientras escondía su brazo protésico. Moonstone se acercó lentamente hacia su aprendiz y ella levantó la mirada, pero no veía furia en ella, no sentía que ella estuviera molesta.
—No te culpes, este revés solo ha hecho que mis planes se atrasen.
—No tenía idea que Dameron estaría ahí pero debí haberlo sospechado.
—Sí, Nave me lo contó—exclamó Moonstone mientras se colocaba al lado de su antigua aprendiz—Levántate, Sable, aún hay trabajo que hacer. Tengo que hacer contacto con Han Dameron.
—Tengo curiosidad, maestra ¿Por qué el chico guapo y no su hermana? Ella es fuerte, ágil y es la hija de Skywalker.
—Porque Nave me habló del chico, Sable Rar—exclamó sonriendo—Se vieron en Ziost hace seis años, acompañado de una fosh llamada Vergere. Nave me contó que el joven estaba buscando el verdadero significado de la Fuerza y que al saber que es una esfera de meditación Sith, se mostró curioso.
—La curiosidad no será suficiente para atraerlo—exclamó Alema.
—Lo sé, por eso es que necesito encontrarme con él. Jugar con su mente, explorar sus sentimientos y encontrar algo valioso, para usarlo a mi favor y desesperarlo a él.
—Pero no será suficiente, maestra Moonstone.
—Y por eso que quiero presentarte a estas tres personas—exclamó Moonstone sonriendo mientras se acercaban a los tres Sables, cuyos rostros estaban cubiertos con tatuajes faciales removibles. —Drost Artom y Nil Langtree, agentes de la Inteligencia Galáctica; ella es Erin Hedja, esposa del comandante Frokko Shabis.
—Oh, con razón que se me hacía familiar—exclamó Alema sonriendo—Te he visto en las holonoticias, te casaste con él hace dos años.
Erin, una mujer de cabello negro, asintió pero no dijo una palabra.
—Se infiltrarán en el corazón de la AG, incluyendo a Julissa en la Orden Jedi, usaremos el problema corelliano a nuestro favor. E instauraremos nuestro imperio, el Imperio Sith de Kesh. Convertir a Han Dameron al Lado Oscuro es mi venganza contra Rey Skywalker.
Alema Rar sonrió al igual que Moonstone, entonces los tres Sable se dieron la vuelta, retirándose del lugar, listos para infiltrarse en la AG.
Los cazas estelares de los Jedi aterrizaron en Yavin IV, cada uno fue descendiendo de los transportes, Finn llevó a Rori hacia los jardines, rumbo al templo Massasi de gran tamaño donde se realizaría el cónclave mientras Shara se acercaba a su madre.
—¡Mamá, espera! —exclamó Shara pero al ver a Han pasar de largo, le agarró del brazo y lo tiró hacia ella, Han hizo una mueca mientras Rey se acercaba a ellos—Sé que lo que hicimos estuvo mal. Solo seguíamos nuestros instintos. Perdónanos.
—¿Qué les perdone?
—Sí, lo siento mucho, mamá—exclamó Shara, luego miró de reojo a Han, quien rodó los ojos.
—Perdón, mamá—exclamó Han, quien metió sus manos a los bolsillos y reanudó su camino, no tenía razón para disculparse, hacerlo significaba que estaba equivocado en sus acciones y realmente no lo sentía. Dejó atrás a Shara y a Rey, mientras la joven Jedi daba un abrazo a su madre.
—De acuerdo, Shara—exclamó Rey separándose de ella—Todo está bien pero esto no significa que les perdone la tarea que les voy a ponerles. Pero antes, quiero que vayas al concejo para dar tu relato sobre lo que te pasó en Trian ¿de acuerdo?
—Sí, de acuerdo.
Caballeros y maestros Jedi ingresaban al templo donde Rey daría un pequeño discurso sobre los últimos acontecimientos. Han avanzó lentamente por el umbral, observando la enorme sala y el techo inalcanzable, no habían columnas pero si grandes ventanas sin transpiacero. Su línea de visión fue hacia una chica a la que reconoció como Ava, quien estaba hablando contra mujer joven, a la que tardó en identificar como Julissa Lang, recordando que ambas fueron compañeras del clan de su hermano fallecido, Kai.
Intentando alejar esos pensamientos sobre su hermano, alguien se le acercó, colocando su brazo por encima del hombro.
—Vaya, Han…he escuchado lo que hiciste—exclamó Luke bastante sorprendido—¡Y lo has mantenido en secreto!
—Sí, Han—exclamó Ken, un nautolano que apareció a la espalda de Luke—¡Hombre! Tienes varios trucos bajo la manga. ¿Hay otra cosa que no sabemos?
—No hay nada más—exclamó Han desviando la vista, buscando un asiento de piedra.
—¿Estás buscando asiento? Ven a sentarte con nosotros—exclamó Luke tirándole del brazo, llevándolo casi al extremo derecho de la sala, donde había un conjunto de asientos escalonados de piedra. En el medio, estaban sentados Lowie y Kaity, siendo ella la que movía la mano, buscando captar la atención de Luke.
—¡Ahí están!
Han se sentó al lado del wookie, quien lanzó un alarido y apoyaba su peluda mano sobre la cabeza del chico, quien agradeció en voz baja.
—Hemos escuchado lo que hiciste en la luna Ekibo—exclamó Kaity.
—No te culpamos, Han—exclamó Ken—En algunas veces, tenemos que tomar decisiones difíciles.
—Nos hubiera gustado estar ahí pero Rori y Shara, simplemente nos dijeron que nos quedemos aquí.
Rori y Shara llegaron a donde estaban sus compañeros, saludándose con golpes en los puños. Han miró a su hermana, hasta sentarse a su costado.
—¿Estas bien?
—Sí—exclamó Han—Mi disculpa no fue seria, Shara. Disculparme seria arrepentirme de lo que hice.
—Lo sé pero quería disculparme con mamá…realmente, no estaba cómoda.
—Yo igual lo hice con papá pero respeto lo que dices, Han—exclamó Rori, Lowie lanzó un alarido que respaldaba la decisión de su amigo.
—Shara, creo que no hubo un momento para hablarte pero me alegra que estes bien después de enfrentarte con Alema—exclamó Han, apoyando su mano sobre la de su melliza, ella sonrió con los labios y asintió.
—Aún estoy procesando eso—exclamó Kaity.
—Alema era muy solitaria ¿No recuerdan que siempre se excusaba cuando intentábamos hacer una reunión? —preguntó Ken, sus lekkus se agitaron de la disconformidad.
—Sí, yo aún no lo puedo creer—exclamó Shara—Alema me caía bien e intentaba por todos los medios de involucrarla en nuestras actividades.
—Shara ¿recuerdas cómo era el objeto en que escapó? —preguntó Han y su melliza asintió.
—Era redonda como esfera y dos paneles en ambos lados, como alas de murciélago, su textura parecía a un coralita de los grysk pero dudo que sea de ellos. Es un objeto vivo porque lo sentí en mi mente, provocándome un dolor increíble. Sentía como mi cabeza estaba a punto de estallar.
Han se mantuvo en silencio, no mostró ninguna emoción a diferencia de sus compañeros, que se miraban entre sí, preocupados.
—¡Me alegra verte bien, Shara! Puedes contar conmigo para lo que sea—exclamó Kaity, sonriendo. Han supo que esfera se había encontrado Shara. Ese objeto era una esfera de meditación Sith e incluso, por curiosidad, la usó bajo la supervisión de Vergere, pero no lo podía decirlo, no se vería bien.
Las voces callaron cuando ingresaron los maestros Jedi, entre ellos, Rey, quien se colocó al medio mientras los maestros se colocaban a la espalda de ella, cerca de los ventanales grandes. La maestra Jedi paseó su vista en los presentes antes de hablar.
—"Hace treinta y tres años estándar, la Orden Jedi no era más que un mito, una leyenda; yo solo era una chica de Jakku, quien tuve la tarea de buscar a un Jedi exiliado, oculto, avergonzado por sus errores. Aprendí de él, aprendimos de su sacrificio. Su hermana también fue alguien importante, aprendí muchas cosas de ellas pero lo principal, su tenacidad. Cuando ella se fue, me sentí sola pero seguí adelante gracias a mis amigos. Era la única Jedi pero no la última, me prometí no cometer los mismos errores que cometieron nuestros predecesores.
Nuestra labor no solo deber ser contemplación y estudiar sobre la Fuerza, también es ayudar al que lo necesite, donde la violencia debe ser el último recurso, expresar nuestros sentimientos y confiar en nuestros compañeros. En el último año, como saben, tuvimos este conflicto entre los trianii y koboks, y confié en que saldríamos adelante, tal como lo supimos hacer siempre. Se cometieron errores, errores que se llevaron varias vidas inocentes, es por ello que me he reunido con los maestros Jedi y hemos llegado a una conclusión: todo este albedrío pasa porque no hay una mejor gestión de nuestros caballeros y damas Jedi.
Es por ello, es que he decidido asumir el cargo de Gran Maestra Jedi, donde yo tendré la última palabra después de escuchar las sugerencias de los maestros del Concejo."
Hubo varios murmullos tras la declaración de Rey, Han se mostró sorprendido al igual que su melliza.
—Calma, calma. Aún no ha terminado—exclamó Jacen moviendo las manos, mientras las voces fueron apagándose.
—No me malinterpreten. Sus voces y sugerencias serán escuchadas, esto no significa que empiece a controlarlos y suprimirles su libre albedrio. Solo cambian las reglas de las misiones y asignaciones de tareas. Cualquier cosa que deseen hacer, deberán acercarse al Alto Concejo, ellos debatirán conmigo y yo tendré la última palabra. Solo les pido una cosa: compromiso con la Orden Jedi. Si sientes que este no es tu lugar, las puertas están abiertas.
Rey bajó las manos, hubo un silencio en la sala, hasta que un nagai se puso de pie, avanzó hacia Rey y le entregó su sable de luz, luego salió por la puerta, detrás de él, se puso de pie una mujer de cabello rojo y tal como hizo el nagai, entregó su arma y salió del lugar, Han notó que Ava intentó ponerse de pie pero Julissa se lo impidió, vio que ella le susurraba algo en el oído.
Después de unos minutos que nadie más renunciaba a la Orden Jedi, Rey reanudó su charla.
—Esto fue todo, agradezco su compromiso. Doy por finalizada la sesión, que la Fuerza los acompañe.
Todos se pusieron de pie, a excepción de Han que se mantuvo sentado, esperaba ver a Tara entre ellos pero entendía porque no había asistido al Cónclave. Entonces se puso de pie, vio a Shara acompañar a los maestros a otra sala pero él se fue del templo.
Shara fue la última en ingresar a la sala donde los maestros Jedi como Jannah, Finn, Jacen. Temiri, Teyni y Rey, formaron un arco, donde la joven Jedi se colocó en el medio.
—Shara, cuéntales lo que te pasó en Trian—exclamó Rey, entonces la joven Jedi contó todo lo que había pasado desde el principio: cuando ingresó a la oficina del general Irard, del diálogo que tuvieron ambos hasta la irrupción de Alema Rar, su enfrentamiento y posterior huida en una esfera extraña. Nadie intervino.
—Habrá que informar a Ayal que la maestra Riina ha muerto—exclamó Finn—No lo puedo creer.
—¿Eso hizo Alema? ¿Por qué?—se preguntó Teyni.
—Ella mencionó a una maestra—exclamó Shara, frunciendo las cejas, intentando recordar—La muerte de Numa la afectó mucho, demasiado. Y esta maestra parece que le llenó de ideas en su cabeza.
—Entonces tenemos dos usuarios del Lado Oscuro en la galaxia—exclamó Rey con los brazos cruzados—Debemos ser rápidos y contrarrestarlos.
—El problema es que no sabemos dónde han ido—exclamó Finn.
—La rastrearé desde el último punto conocido—exclamó Temiri—Avisaré a mi antiguo equipo.
—Bien, te lo agradezco, Tem—exclamó Rey.
—Entonces ¿Esta esfera era algo vivo? —preguntó Jannah.
—Sí. Llegó cuando Alema lo llamó, y cuando lo ví, supe que tenía conciencia propia e incluso, llamó a Alema para huir. Esta cosa hizo algo en mi mente, sentí como mi cabeza iba a estallar.
—Esferas voladoras que tienen conexión con el Lado Oscuro ¿Qué podrían ser? —preguntó Temiri, cruzado de brazos—Nunca oí algo similar.
—Yo tampoco—exclamó Rey—Gracias, Shara, te puedes retirar.
Shara inclinó la cabeza respetuosamente y salió de la habitación, entonces los maestros Jedi redujeron el círculo.
—Debemos informar esto a Karr. Él tal vez lo sepa, es el historiador de la Orden—sugirió Jacen. Karr Nuq Sim es un maestro Jedi que se especializó más en la historia y artefactos históricos.
—Se lo informaré—exclamó Teyni.
Todos, a excepción de Finn y Jannah, empezaron a retirarse del cuarto, Rey se pasó una mano sobre su rostro. Finn sintió que su mejor amiga estaba preocupada, entonces se acercó a ella.
—Hace mucho que no teníamos a usuarios del Lado Oscuro en la galaxia—exclamó Rey mirando ambos—No desde que nos enfrentamos a esa Sith que entrenaba a los pretorianos.
—Por cierto ¿Qué fue de ella?—preguntó Jannah, cruzándose de brazos—¿Ella no estaba encerrada en una prisión de Ithor? Recuerdo muy bien ese día. La derrotamos, Rey, le cortamos sus piernas y se rindió. Dejamos que fuera esposada por los vigilantes.
Rey y Finn se quedaron pensativos, la maestra Jedi recordaba muy bien a aquella mujer, quien fue la maestra de los pretorianos en Yinchorr, el planeta donde ellos fueron entrenados. Una vez que cayó la Primera Orden, ella los reunió a los sobrevivientes, siendo una de los tantos Señores de la Guerra (aquellos que no reconocían la derrota de la Primera Orden).
—E Ithor fue quemado por los grysk—exclamó Rey.
—Después que nos fuimos de Ithor, nunca más recibimos notificaciones sobre esta mujer identificada como Sith
—Bueno, es poco tarde para ir a investigar. Los grysk han destruido el planeta, no sabemos si ella estuvo ahí, en alguna prisión—exclamó Jannah—Kriff, debimos haber hecho un seguimiento.
—Tal vez se trate de una Jedi Oscura ¿No nos contó eso Shara? Los Jedi Oscuros que estaban en Myrkr.
—Tal vez lo sea—exclamó Finn mirando a su esposa—Pero no debemos confiarnos. Alema, según Shara, parecía ser muy hábil con el Lado Oscuro
—Debo ponerle sobre aviso a Tem— exclamó Rey—Debemos alertar al resto de los maestros de que tenemos a una presunta Sith viva.
Finn y Jannah asintieron mientras Rey, en el fondo, deseaba que no se tratase de Moonstone, si no de alguna Jedi Caída.
Han pasado dos días desde el Cónclave Jedi, Finn y Jannah ingresaron a una sala mediana, de muros de piedra, un lugar donde los maestros solían reunirse, sentándose alrededor de una mesa, Jacen estaba ahí, encendiendo un holograma.
—Pensé que Rori estaría aquí—exclamó Finn, Jannah asintió mientras Jacen se daba la vuelta, una imagen holográfica de Jess apareció ante ellos.
—A mí también me llamaron aquí—exclamó Jacen—Creo que también a Jess.
—Me dijo que tenía una noticia para nosotros—exclamó Jess—Recién llego de dar clases a los reclutas.
—Una noticia importante—exclamó Jannah—Rori también nos dijo algo similar.
En cuestión de minutos, Rori y Tallie ingresaron a la sala, ambas estaban muy risueñas y con las manos juntas. Los maestros Jedi y Jess los miraron con interés.
—¿Qué pasa? —preguntó Jess desde el holograma. Entonces ambas Jedi se miraron entre sí, Rori se acercó a sus padre y le mostró su mano izquierda, en su dedo anular estaba un anillo.
—¡Tallie me propuso!
—¡Y dijo "si"!
Finn y Jannah se sorprendieron y fueron hacia su hija al igual que Jacen, emocionando, abrazó a Tallie.
—¡Felicidades!
—¡Qué bien por ustedes!
—Me alegra mucho, Tallie—exclamó Jess, sin poder reprimir las lágrimas—Si tan solo pudiera estar ahí…
—Bueno, mamá, pasaré a buscarte un par de días—exclamó Tallie acercándose a la imagen holográfica, mientras Jacen abrazaba a Rori, felicitándola.
—No, iré a Yavin IV, le diré al director de la Academia que mi hija se comprometió y me escaparé.
—De acuerdo, mamá—exclamó Tallie sonriendo—Te espero.
Tallie se dio la vuelta, donde fue abrazada por Jannah y luego por Finn.
—Felicidades, Tallie.
—Gracias, maestro Finn—exclamó Tallie.
—¿Cómo fue? —preguntó Jacen, curioso y entonces Tallie contó que propuso a Rori en el hangar y que estuvo pensando la forma de hacerlo mientras viajaba por el hiperespacio.
Después de unos minutos de charla, Rori sentía que debía contar la noticias a sus amigos cercanos, además, sabía que tenía que acompañar a Shara debido al "castigo" impuesto por su aventura en Kobok. Ambas se despidieron de sus padres, saliendo del templo posteriormente.
En el camino se encontraron con varios rostros conocidos, contándoles sobre su reciente compromiso hasta llegar a otro templo, pero este era más pequeño que los anteriores. Se detuvieron en la puerta.
—Entonces ¿te quedas esta noche? —preguntó Rori, abrazando por la cintura a Tallie, empujándola hacia ella mientras la piloto, colocaba sus brazos por encima del hombro de la Jedi—Estaba temiendo que te vayas después de proponerme. Sé que no ves a tu mamá, no pienses que soy egoísta.
—No, no te preocupes por eso—exclamó Tallie dándole un beso corto, Rori sonrió—Ahora supongo que irás a cumplir con tu castigo.
—Bueno, mi tía Rey dice que es más un apoyo que un castigo, ya que la maestra Gawyn y el maestro Nuq Sim se ocupan de estas cosas. Les ha dado días libres.
—Ya veo, va a probar tu paciencia y el de Shara ¿verdad? —preguntó cariñosamente mientras sus labios se rozaban. Rori asintió, luego Tallie se separó lentamente, solo las manos las tenía unida a ella.
—Tengo que entrar. Nos vemos más tarde.
—Te espero en tu habitación—exclamó Tallie guiñándole mientras se mordía el labio, se dio la media vuelta mientras Rori ingresaba al templo.
Se encontró con varios niños, entre seis a siete años, correteando por todo el lugar, gritos y risas a alto volumen que taladraron los oídos de Rori.
—¡No toques eso! Es un sable de luz no un juguete—exclamó Shara levantando su sable a lo alto, ya que una pequeña togruta lo agarró, aprovechando que la joven tenía su atención en otro lado.
—¿Todo bien? —preguntó Rori acercándose a su prima, de manera nerviosa.
—Sí, todo bien—exclamó Shara mientras separaba a dos niños que se tiraban de la ropa—Mamá tenía razón, ponen a prueba tu paciencia y nervios además. ¿Qué es lo que quería Tallie?
Rori le mostró su anillo de compromiso, Shara abrió los ojos de la sorpresa y abrazó a su prima.
—¡Felicidades! Me alegro por ti.
—Gracias, Shara.
—Maestra Dameron, Keith me está molestando—se quejó una pequeña cereana, frotándose un ojo mientras apuntaba con un dedo acusador a un iktokchi. Shara no se molestó en corregirla, ya que le gustaba como sonaba "Maestra Dameron".
—¡No es cierto!
—Puedes llamarme Shara—exclamó suavemente a la cereana y luego miró al niño iktokchi—Déjala tranquila ¿sí?—exclamó secamente, el iktokchi hizo un mohín, luego se fue pisando fuerte. La Jedi miró a la cereana—Anda, juega con la togruta que está ahí.
—¿Con Kelzala? —preguntó mientras miraba a la togruta jugar con un niño humano.
—Sí, con ella—exclamó cansada.
—Bueno, serán tres semanas muy largas—exclamó Rori—Vamos, te ayudaré.
Shara asintió, vio como Rori lograba juntar a todos en un círculo, se sentó al lado de ella mientras sacaba un generador de holos del tamaño de su palma. Sonrió mientras les sonreía.
—El día de hoy les hablaré de cazas estelares—anunció mientras una pequeña figura de un Ala X se visualizó holográficamente, los niños aplaudieron ruidosamente.
Mientras tanto, Rey había decidido mandar a Han, a un viaje de reflexión con Temiri hacia Dagobah, un planeta que había escuchado una vez pero que nunca había estado. Él estaba en el interior del yate estelar cuando sintió a Temiri a su espalda.
—¿Estas listo? —preguntó Temiri, Han asintió y él le dio un golpe en el hombro.
—Au—se quejó.
—Lo siento, quería cerciorarme que eres tú y no una ilusión—exclamó con una sonrisa mientras se iba a la cabina de pilotos—Anímate, Han. Sé que es un pantano pero nos pasaremos bien.
Con buen humor, Temiri salió de la línea de visión del caballero Jedi.
Dejó su equipaje y fue directamente hacia la bodega de carga, se sentó y sintió un gran mareo. Se agarró la sien, sintiendo un pinchazo pero tal como apareció la molestia, desapareció.
No le dio importancia, mientras cerraba los ojos lentamente, sumergiéndose en una meditación tan profunda que al despertar vio que estaba en un pasillo poco iluminado.
Reconoció que el lugar era una parte del palacio de Miktraland, entonces avanzó lentamente hasta llegar a una sala amplia, una sala de trono pero sabía que Miktraland no tenía una sala de trono ni mucho menos, una silla de trono.
En el suelo del salón había muchos cadáveres, Han pasó entre ellos, y por sus ropas, supo que se trataban de Jedi, todos ellos muertos por sables de luz.
Han se detuvo ante un cadáver de una mujer de cabello blanco, de piel pálida, sus ojos, antes avellana y llena de vida, solo ahora estaban opacas. Se quedó petrificado, tenía un gran parecido con su madre y supo que se trataba de su hija adulta.
No estaba vestida como una Jedi, ella tenía el típico traje de entrenamiento que solía usar Tara, su sable de luz humeaba totalmente destrozado y Han se quedó mirando el rostro de ella.
—Oh no…no, esto no puede estar ocurriendo—exclamó Han, luego levantó la vista donde vio a un hombre sentado en el trono, bastante despreocupado. Vestía una armadura de coral, de la misma forma que vestía un soldado grysk pero sabía que se trataba de un humano y usaba un casco con varios cuernos, que le ocultaba la parte superior de su rostro, dejando al descubierto su barbilla.
Han no entendía lo que estaba viendo, solo sabía que su hija, su pequeña a la que había jurado defenderla, estaba muerta bajo sus pies pero ella era adulta.
Se dio la vuelta, dando un respingo. Atrás de él, hincaban una rodilla al suelo un gran grupo de guerreros vestidos con uniformes negros, tatuajes faciales. Dos de ellos estaban cerca de Han: una twi'lek de piel roja con líneas negras por todo el rostro y brazos; y un nagai de piel pálida con una gran banda de maquillaje negro que cruzaba sus ojos.
Luego sintió el Lado Oscuro reinar en el salón.
—Maten al Jedi—exclamó con voz ronca el extraño hombre en el trono, Han vio como la twi'lek de piel roja y el nagai se ponían de pie, las luces escarlatas fueron hacia él, hundiendo las hojas en su abdomen.
Se despertó sobresaltado, cayendo de rodillas al suelo mientras respiraba con agitación. Se llevó una mano a la cara, dándose cuenta de que estaba llorando. Luego empezó a levantarse la camiseta, buscando algún tipo de quemadura, pero no había nada, dejándolo aún más confundido, lo había sentido muy real.
Era una visión, una visión del futuro, no estaba seguro si era profético o un mensaje oculto pero estaba seguro de que su hija moría.
Se apoyó en una de las cajas, buscando serenarse y calmar su ansiedad, no había ninguna duda que esos guerreros eran Sith, asesinaron a su hija y a varios Jedi en el futuro. Y por primera vez, se sintió débil y supo que sus habilidades aprendidas no le iban a servir para evitar ese futuro.
No lo entendía del todo, pero algo estaba seguro: iba a impedir a toda costa que su visión se cumpla, iba a buscar la manera de salvar a su hija.
Aunque tenga que sacrificarlo todo.
FIN
Gracias por seguir esta historia, aquí terminamos con la era de la Nueva Orden Jedi e ingresamos a una nueva (y última) etapa: la Era del Legado.
Por supuesto, los hilos que no han sido cerrados los trataré en esta era, basándome en el viejo UE. Posiblemente ya dejé una buena pista de lo que pasará después.
Hasta que nos veamos nuevamente
Que la Fuerza los acompañe.
