JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de Texto

CAPÍTULO 2

Ver el rostro compungido del hombre fue algo nuevo, por más que solo fue un segundo, mi retina lo guardó como una preciosa y significativa imagen.

– No llores. – pidió. – Puedes hacerlo si quieres, pero deja de llorar. – agregó, mi corazón dolía, por lo que estar ahí era demasiado difícil, ya no había forma de enmendar esa situación, pero tampoco quería desaprovechar la oportunidad que me ofreció.

– Date vueltas. – pedí. El silencio reinó por unos segundos, mientras limpiaba mis lágrimas con el dorso de mi mano.

– Sabes que no me gusta dar la espalda. – comentó

– Olvida todo esto. – susurré. – Que duermas bien. – agregué dolida. Era obvio que él no quería eso, que solo lo hacía como redención.

– Si no te molesta, entonces dormiré. – musitó yo simplemente asentí, pero no podía negarlo, en mi pizarra interna trazaba una nueva raya en la tabla de rechazo.

End Kagome´s POV-

Esa vez su visita al consultorio de Bankotsu no era animada como las veces anteriores; cada día se apagaba más y más su emoción, así como también su ilusión, por lo que cuando la mujer le anunció que podía pasar simplemente se paró y caminó en dirección a la oficina.

– Buenos días Kagome. – Saludo alegre Bankotsu, ella devolvió el saludo e intentó sonreír, pero su cuerpo al entrar en contacto con el oji azul reaccionó llorando, había soportado la tristeza por cuatro días y aunque en ese tiempo había llorado sola, esa vez su pesar no desaparecía.

– Bankotsu, creo que en verdad no hay solución para mi matrimonio, estoy tan cansada de esto, en verdad estoy harta de intentarlo y fracasar. – masculló entre sollozos, el hombre simplemente la dejó desahogarse, mientras sus manos se apretaba en puños.

– A veces es bueno dejar de intentarlo. – aseguró cuando la mujer frente a él se sosegó un poco.

– Pero…si dejo de intentarlo, seré vencida, es como aceptar ponerle fin a mi matrimonio y no quiero eso. – aseguró mientras limpiaba sus lagrimas.

– Esto no es bueno para ti, te estás destruyendo. – aseguró. – Como te veía con una sonrisa, lo deje pasar, tuve fe que triunfarías, por eso te alenté a intentarlo, pero viéndote así, debo decirte que debes detenerte ahora. – agregó.

– No, no puedo detenerme, ya no lloraré, mira, estoy sonriendo Bankotsu, por favor. – susurró haciendo una mueca que simulaba una triste sonrisa.

– Kagome, esto…– musitó.

– En dos días es el cumpleaños de mi esposo, ese día debo sorprenderlo, tendré una oportunidad ese día. – aseguró cortando el consejo de Bankotsu quien simplemente suspiró.

– Siéntate Kagome, cuéntame que te dejo tan perturbada. – ofreció sin prestar mucha atención a los planes de fiesta sorpresa. Kagome lo miró fijamente y luego se sentó en la silla frente al escritorio. También había un cómodo sofá de cuero blanco en uno de los costados, pero la joven nunca había querido ni mirar ese lugar, ella solo ocupaba la silla.

– Solo que…mi esposo, él…– musitó dudosa, no sabía si debía contarle, no quería que él volviera a decirle que debía rendirse. – No fue nada, solo estoy algo sentimental, en una semana será navidad, sabes que esa fecha es muy triste para mí. – comentó. Bankotsu la miró escéptico por unos segundos.

– ¿Estás segura?. – indagó desconfiado. Y ella asintió tres veces logrando que suspire derrotado.

X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X

Ese día inició como todos los demás, con ella acostada en la amplia cama, sola, recordaba que Sesshomaru había llegado tarde, pasado la media noche y como siempre se marchó antes del amanecer.

Normalmente se quedaría a mirar el lado vacio de la cama por unos segundos, pero ese día tenía mucho por hacer, por lo que dándose ánimos se levantó rápidamente y se vistió con su sudadera amarilla, se puso una campera negra sobre esta y su bufanda que traía estampado las imágenes de varios muñecos de nieve en distintos colores y abajo un jeans negro, buscó su par de botas favoritas y sonrió al encontrarlas; el color amarillo quizás para muchos resultaría feo o hasta ridículo, pero a ella le encantaba, por lo que se las puso sin pensarlo.

En el baño se aseó y se arregló el cabello mientras sonreía a su imagen, ella tenía una buena corazonada, su intuición le decía que ese era el día que finalmente sus anhelos se cumplirían.

Corrió hasta el ascensor y tarareando una canción esperó mientras descendía al primer piso; corrió nuevamente rumbo a la salida pero antes de salir del complejo de apartamentos chocó descuidadamente con alguien.

– Disculpe. – susurró agachando la cabeza.

– ¿Estás bien?. – indagó el hombre y ella sonrió nerviosamente.

– Heee…si ¿usted está bien?. – indagó mirándolo finalmente, él asintió mostrándole una sonrisa ladina. – Entonces, si me disculpa, me iré. – susurró agachando nuevamente la cabeza en señal de despedida mientras finalmente salía por la puerta de enfrente.

Caminó apresuradamente entre la gente, mientras miraba entretenida los escaparates; cuando vio el supermercado a lo lejos sonrió mientras sus pies aumentaban el ritmo, era emocionante salir de casa, aún cuando ya había caído la primera nevada y hacía en extremo frío, el ambiente era festivo, pues el mes de diciembre en sí, era feliz para casi todos.

Al llegar al supermercado llenó su carrito con las compras que necesitaría. Estaba ansiosa, quería ver el rostro de su esposo; su cumpleaños pasado lo habían celebrado con una cena en un restaurante lujoso, pero esa vez ella quería hacerlo más personalizado, más único.

Pagó por todo con la tarjeta y salió con las 3 bolsas, se dirigió entonces al centro comercial y fue a la tienda que desde hace una semana había visto un par de guantes blancos a juego con una bufanda, quería que su esposo estuviera cálido y que pensara en ella cuando el calor lo envolviera, por lo que compró los dos mandándolos envolver para regalo.

Cuando se dio cuenta ya había pasado el medio día y a ella aún le quedaba mucho por hacer, por lo que volvió a su apartamento con los víveres y su regalo listo.

Se sacó la bufanda y la campera mientras se ponía manos a la obra para preparar el pastel de cumpleaños, miró una vez más el video instructivo que había bajado de internet y palmeó su rostro.

– Saldrá delicioso. – musitó dándose ánimos, prendió la radio donde sonaba una canción que ella no conocía, aun así se puso a bailar mientras seguía el instructivo y mezclaba los ingredientes en un recipiente grande. – Esto se ve bien. – susurró mientras observaba su resultado y lo comparaba con el del video, sintiéndose orgullosa mientras vertía la mezcla en la bandeja y luego la llevaba al horno.

El tiempo que debía esperar la cocción de la masa tomó un papel de carta rosa perfumada y pensó escribir algo a su esposo.

"Cariño, estos dos años a tu lado han sido muy buenos, eres un gran hombre, espero vivas bien muchos años, y seas feliz. Te amo. Kagome". Releyó su nota y sonrió complacida, buscó cinta y la pegó a su regalo.

Decidió entrar a bañarse, pues aún faltaba media hora de cocción. Se bañó lentamente tomándose el tiempo para lavarse el cabello y exterminar hasta el último vello de su cuerpo a excepción de sus cabellos y sus cejas que tenían un permiso expreso para quedarse.

– La torta. – susurró envolviendo su cuerpo en una toalla y sus cabellos con otra mientras corría rumbo a la cocina y por suerte llegaba a tiempo.

Abrió el horno y sonrió al ser impactada por el delicioso aroma; con la manopla lo sacó poniéndolo sobre la tabla de madera que se encontraba sobre la mesada.

– Eres hermoso. – musitó feliz apreciando su trabajo. – Debo dejarlo enfriar, mientras me vestiré. – susurró mientras caminaba en dirección a la puerta de la habitación, completamente satisfecha.

Buscó en su cajón de lencería y decidió ponerse un conjunto "provocativo" color amarillo y negro, luego miró en su perchero los vestidos colgados, ese día era especial, por lo que ella quería estar perfecta. Se odiaba por no haber pensado en ello antes, debía haber comprado un nuevo vestido, pero en ese momento ya era tarde.

Optó por ponerse un vestido azul con mangas largas y muy corto, era hermoso pues tenía detalles en encaje, el pequeño problema era que apenas la cubría y como hacía demasiado frío sus piernas sufrirían.

Buscó entonces un tapado largo color negro y sonrió ante su imagen, se veía linda y sensual, buscó sus botas negras y se sintió satisfecha.

– Esta noche no podrá resistirse. – susurró a su imagen mientras se lanzaba un beso. Entonces decidió ponerse una ropa más cómoda para terminar su "trabajo"

Cortó y rellenó el pastel luego intentó hacer adornos, pero su inexperiencia fue bastante palpable, aún se veía lindo pues lo había hecho en forma de corazón, y decorado con frutas y chantillí, pero no era perfecto.

La música aún sonaba despacio mientras ella observaba "su arte" sobre la mesada. La guardó en la heladera y se sorprendió al ver que ya pasaban de las cinco de la tarde.

– Ohhh Kami, debo limpiar aún este desorden y ya estoy nuevamente sucia. – gimió apurándose mientras llevaba todo los utensilios sucios a la pileta y los lavaba. Volvió a darse una ducha rápida pues sus manos estaban dulces y su cara pegajosa, pues aún haciendo frio ella había sudado mientras decoraba el pastel.

Se vistió prontamente con la ropa elegida, y buscó su estuche de maquillajes e intentó maquillarse, ella se había dado por vencida con las pestañas postizas, pues simplemente era algo imposible de poner para la mujer, por lo que solo se puso un poco de rímel y un labial de color rosa bebe, pero al pasar el delineador negro, quedó conforme.

– Esta noche definitivamente caerás. – susurró haciéndose un ojito, hacía mucho tiempo que no se maquillaba, por lo que se veía rara, estaba bonita. Y lo que más relucía era la sonrisa que no había podido borrar de su rostro durante todo el día.

Se dirigió entonces nuevamente a la cocina, apagó la radio y luego caminó hasta la sala. Se sentó sobre el sofá de cuero negro que casi nunca se utilizaba y prendió el televisor pues estaba ansiosa, necesitaba tranquilizarse o los pensamientos negativos podrían llegar a su cabeza y no quería arruinar su humor, pues hasta momento estaba llena de positivismo y expectación.

Los minutos pasaban en ese momento lentamente; durante toda la mañana y la tarde habían pasado sin dar tregua y eso aumentaba su euforia al ver que podía atrasarse, pero esa una hora que esperó en el sofá vestida pulcramente con la ropa elegida se sintió mucho más que las horas transcurridas durante todo el día.

Miró el reloj nuevamente y al ver que ya pasaba de las ocho de la noche, se paró y buscó la cartera negra que había utilizado ese día y extrajo de esta su celular. Sonrió al mirar que tenía un mensaje de su esposo.

Tengo mucho trabajo, no me esperes. – el mensaje de Sesshomaru logró borrar la tonta sonrisa que tenía antes en el rostro, sabía que si le llamaba diría lo mismo, por lo que apelando a su suerte se paró del sofá dándose ánimos.

Tomó en una mano el pastel y en el otro su regalo, y su cartera lo colgó en el hombro mientras decidida caminaba en dirección a la puerta.

Al salir contrajo la mandíbula que empezó a castañear, hacía especialmente frio y pequeños fragmentos de nieve caían, agradeció haber tenido la brillante idea de llamar un taxi y más aún que este llegó rápido o moriría congelada.

Bajó frente al enorme edificio que pertenecía a la familia Taisho, y caminó a pasos decididos rumbo a la puerta, hacía más de seis meses que no aparecía por ahí, aún así el guardia de seguridad la reconoció inmediatamente.

– Por favor, no avise a nadie, estoy aquí para dar una sorpresa a mi esposo. – musitó cuando el hombre tomó su radio.

– Esta bien señora, puede subir, tercer piso oficina uno. – susurró en tono de complicidad. Kagome agradeció ya no encontrarse con la recepcionista, pues no quería explicar nuevamente sus planes, faltaban poco minutos para las nueve de la noche por lo que era comprensible que el edificio estuviera casi vacío.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el tercer piso. Kagome respiró hondo, su corazón latía presurosamente. Sus pies recorrieron rápidamente hasta quedar frente a la puerta que tenía gravado el número 1 y el nombre Sesshomaru Taisho.

Un ruido extraño, alertó a la mujer, quien poniendo el regalo bajo su brazo abrió la puerta topándose con una imagen que nunca hubiera imaginado.

Continua…

Hola nuevamente, estoy muy feliz pues he tenido tiempo para corregir el capítulo y subirlo rápido, gracias por los comentarios del capítulo anterior, fui muy dichosa al saber que hay gente que aun desea leer lo que escribo, son mi motivación.

Mizune - Mei