JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

CAPÍTULO 3

Kagome quedó estupefacta mientras observaba a su esposo completamente desnudo; lo escalofriante no era eso, sino los gemidos roncos de la mujer que él estaba subyugando sobre su escritorio. La azabache quedó en silencio observando, mientras su cerebro se negaba a aceptar lo que sus ojos veían.

– Sesshomaru. – susurró la mujer y eso fue suficiente para que el hombre se detuviera. Por un segundo la expresión de hombre se desfiguró al mirar a sus espaldas y ver a su esposa en la puerta, pero pronto recuperó su insensibilidad.

El hombre se separó del cuerpo femenino, quien se mantuvo con el torso y abdomen pegado al escritorio y no mostraba intención de moverse.

– Espérame afuera. – ordenó el hombre mirando a Kagome quien había quedado muda e inmóvil como una estatua. Ella lo miró fijamente analizando la escena que su cerebro se negaba a aceptar y entonces salió del shock.

– ¡Kyaaaa!. – gritó. Mientras lágrimas se amontonaron en sus ojos.

– Deja de gritar, y espérame afuera. – musitó el hombre fríamente logrando una risita en la mujer que lo acompañaba, quien finalmente se enderezó pero dando la espalda.

– ¿Así que era esto, así que por esto eras tan asquerosamente gélido?. – indagó en un susurro. – ¡Eres un maldito!, y yo que me pasé todo el día pensando en ti, ¡hasta te compre un regalo maldito bastardo!. – gritó enojada, mientras lanzaba al hombre el regalo.

– Deja de actuar como una demente, me vestiré entonces hablaremos. – aseguró el hombre.

– Hablar, claro, ¿ahora si es algo urgente, verdad?. – indagó intentando satirizar. – entonces ahora si ya podemos hablar, arrogante, traidor, ¡te odio!. – agregó elevando la voz.

– Tsk, con razón Sesshomaru me busca, tu chirriante voz es bastante molesta. – comentó fríamente la mujer girando finalmente, exhibiendo sin pudor su desnudes y sus perfectos senos.

– ¡Tú cállate!. – gritó sorprendiendo levemente a Sesshomaru quien ya se estaba abrochando la camisa blanca con parsimonia. – No quiero volver a verte, finalmente se terminó todo esto, Sesshomaru. – agregó. Entonces dio media vuelta con intención de marcharse.

– Al menos deja el pastel, para que celebremos por esta noticia, niña patética. – musitó la mujer molestándola. Kagome giró lentamente y se acercó a la mujer, ella simplemente sonrió al ver los ojos acuosos de la azabache.

– Que lo aproveches. – musitó Kagome impactando el pastel contra el rostro femenino quien no esperó para nada esa acción. Sesshomaru gruñó cuando Kagome abandonó su oficina y la siguió rápidamente ya con la camisa y los pantalones puestos. Kagome corrió rumbo al ascensor y presionó el botón para llamarlo muchas veces.

– ¿Qué crees que haces?. – regañó Sesshomaru sujetándole de un brazo y Kagome se soltó como si el contacto la quemara.

–¡No me toques!. – gruñó.

– Te comportaste como una demente, ve y discúlpate con Kagura. – ordenó y Kagome lo miró sorprendida pero pronto estalló en un ataque de risas.

– Esto es demasiado cinismo, ni siquiera te disculpas, o pides perdón, hasta el último segundo debo ser yo quien se humille. ¿Quién te crees?. – gritó eufórica.

– Aún sigues comportándote como una niña. – espetó. Kagome sintió su corazón oprimirse por lo que cuando las puertas del ascensor se abrieron agradeció a Kami su ayuda e ingresó. Por un segundo deseo que él ingresara en el ascensor y se arrodillara a pedir su perdón, si tan solo él le dijera que lo sentía y que no lo volvería a hacer ella lo perdonaría, pero él simplemente la miró con esa expresión inmutable que ella odiaba, hasta que las puertas se cerraron.

Al llegar al apartamento las lágrimas ya eran incontenibles, aún más al percibir el aroma a pastel que había quedado en el aire. Estúpidamente había vuelto a ese lugar, ella después de todo no tenía otro lugar a donde ir, es decir, tenía su tarjeta, con eso podía alquilar el mejor hotel ya que Sesshomaru al menos eso no le hacía faltar, tenía todo el dinero que quisiera, pero no tenía nada realmente.

– Él vendrá. – susurró Kagome al tiempo que caminaba en dirección a la habitación. Casi sin fuerzas.

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Después de esa noche Sesshomaru no había regresado a su apartamento, no respondía las llamadas y tampoco había ido a trabajar, lo que resultaba extraño y preocupante para la mujer. Kagome ya había perdonado todo, solo deseaba verlo y saber que estaba bien.

Corrió a contestar el teléfono de la casa cuando este sonó.

– Hola, ¿Sesshomaru?. – musitó rápidamente.

– Hola hija, no soy Sesshomaru. – contestó el hombre y Kagome mordió sus labios al reconocer la voz de su suegro.

– Hola Padre, ¿a que se debe su llamada?. – preguntó intentando sonar amable.

– Es que llamé a mi tonto hijo y no me contestó, quería recordarles que hoy será la cena familiar de navidad, deben venir o Irasue estará muy molesta. – expuso riendo.

– Ahhh…si claro padre, estaremos ahí. – aseguró. Kagome había olvidado por completo que esa noche ya era noche buena. Había estado tan furiosa, luego triste y preocupada que había olvidado todo.

Intentó el resto de la tarde comunicarse con el hombre, llamó a su celular encontrándose con el molestoso mensaje que le señalaba como apagado, llamó a la oficina recibiendo la misma contestación, por más que pensaba, no sabía dónde ubicar al hombre, por lo que cuando se hizo de noche resignada se preparó para ir a la cena.

Vistió unos Jeans negros con un pullover con cuello en V color verde esmeralda y una campera negra. Ni siquiera se tomó el tiempo y la molestia de maquillarse y llevó la misma cartera negra.

Kagome llegó a la enorme casa, adornada por luces navideñas y aunque deseaba marcharse a su apartamento no podía hacerlo, debía cumplir "su deber de hija". Por lo que pagó el taxi y bajó. Al llamar a la puerta estaba nerviosa como nunca antes, en verdad deseaba que su suegro sea quien abriera la puerta pero como su suerte era tan mala, no fue éste quien lo hizo.

– Tardaste demasiado. – regañó Irasue. – ¿dónde está Sesshomaru?. – indagó mirando por sobre los hombros de la mujer.

– Aún tenía trabajo que hacer, vendrá un poco más tarde. – mintió.

– Algunas personas simplemente no sirven para nada, ¿ni siquiera por una noche pudiste convencerlo para dejar el trabajo?. – masculló Irasue abriendo completamente la puerta dándole paso y en ese momento Kagome se sintió fuera de lugar al verla con un largo y majestuoso vestido dorado, mientras ella vestía demasiado simple, pues era solo una cena en familia, o eso ella creía.

– Disculpe. – Fue lo único que pudo decir.

– Siéntate. – ordenó mostrando la mesa hermosamente decorada con velas de todos los colores. Kagome se sentó y se sintió pequeña en ese lugar ante la presencia de Irasue.

La mujer no sabía qué hacer o que decir; Sesshomaru a veces la intimidaba pero su madre lo hacía mucho más, por lo que guardó un impoluto silencio mientras observaba la llama de vela consumirse.

– Finalmente decidiste bajar. – las palabras de Inu-no lograron que Kagome desviara la mirada y se fijara en la nueva presencia. – Kagome, quiero presentarte a mi hijo, Inuyasha, ella es Kagome la esposa de tu hermano. – presentó. El hombre la miró por unos segundos y ella mantuvo la mirada, pero el odio absoluto en esos oscurecidos ojos cafés la hizo agachar la mirada mientras él se sentaba en el comedor frente a la mujer.

Kagome no sabía qué hacer a su costado tenía a su suegra y en el frente a ese hombre que la miraba fijamente. Nadie hablaba por lo que la mujer se dio coraje mentalmente para hablar.

– No sabía que Sesshomaru tuviera un hermano. – comentó mirando al hombre y antes que este hiciera el amago siquiera por responder.

– Por que no es su hermano, es solo su "medio hermano". – comentó mordazmente Irasue; Kagome pudo ver la mano en puño del hombre, sabía lo difícil que era soportar los comentarios de esa mujer, que eran tan hirientes. – por eso no era importante que nadie supiera de él. – agregó.

Inu- no después de la frase de Irasue se había parado y había obligado a la mujer a que lo acompañara por lo que Kagome había quedado sola con el hombre.

Inuyasha observaba fijamente una vela pero la mujer creía que estaba absorto, su mente estaba en otro lado; y ella no sabía cómo hablar con él.

Los minutos pasaban lentos, demasiado para la mujer, aún faltaban tres horas para media noche y aunque ella antes amaba la navidad, desde que se había casado se había convertido en la "festividad" más odiada para la mujer, ese día estaba siendo horrible, tan solo deseaba volver a casa.

Como quisiera haber ido a pasar con mama, el abuelo y Sota. Seguro todos se están divirtiendo ahora. – pensó e imaginó la escena, todos sentados bajo el gran árbol frente al templo donde siempre ponían una mesa, y el abuelo tomaba sake e intentaba bailar, Souta estaría avergonzado cuando lo busque como pareja de baile y su madre quizás estaría aplaudiendo dando ánimos a "la pareja". La mujer rió brevemente al verlos vívidamente en su imaginación e Inuyasha desvió la cabeza para mirarla de reojo.

Kagome se tensó al ver a Irasue ingresar nuevamente en la sala, con ese rostro que tanto le recordaba a él, por lo que borró toda expresión de felicidad de su rostro. La azabache se paró al escuchar las palabras de Irasue.

– Hijo, finalmente llegas. – recibió con una sonrisa. Kagome sonrió cuando su mirada se fijo en la imponente figura que estaba en la entrada. Sesshomaru vestía un impecable traje blanco pero lo que llamó la atención de la azabache es que no venía solo; colgado de su brazo una hermosa mujer con un vestido rojo entallado al cuerpo lo acompañaba y lo peor es que ella ya conocía a esa mujer.

Todos quedaron en silencio, no sabiendo cómo actuar ante tan incómoda situación.

– ¿Qué es esto Sesshomaru?. – indagó Inu-no taisho con voz reprobatoria.

– Ella es Kagura, mi novia. – "presentó". Entonces todos fijaron su atención en la mujer quien sonreía coquetamente.

Sesshomaru miró a Kagome y ella quiso desaparecer al ver su despectiva mirada, no supo qué hacer, nadie le había enseñado como actuar en esa situación y sus instintos solo le rogaban que huyera de ahí y más al ver la sonrisa victoriosa con que la mujer la observó.

– ¿Tu novia?. – indagó levemente desconcertado. – ¡cómo te atreves a venir con otra mujer a esta casa!. – regañó Inu-no.

– No hagas teatros, que tú moral no lo permite. – musitó mordazmente Irasue.

– Hola, usted es la madre de sesshy, ahora finalmente sé de dónde él sacó su belleza, usted es hermosa. – masculló ampliando su sonrisa e impidiendo la respuesta de Inu-no. Kagome había quedado sin habla ante la actitud de la mujer, que lo único que carecía era de vergüenza.

– Me siento un perdedor, mi hermano trae primero a su esposa y luego una novia, sí que eres impresionante. – expuso burlonamente Inuyasha cortando el tétrico ambiente. Kagome sintió sus ojos llenándose de lágrimas mientras miraba a la pareja, ella sabía que era quien sobraba y eso dolía demasiado. – Si me permites, llevaré unos segundos a "tu esposa" al patio trasero, ella me comentaba que había una linda piscina e iba a mostrármelo antes de que llegaran. – agregó cínicamente.

– Hagan lo que quieran. – masculló el ojidorado indiferente. Kagome odiaba esa voz, tan tranquila y falta de emociones, pero que lograba que su corazón latiera rápidamente. Se tensó al sentir a alguien abrazarla por los hombros, pero no pudo hacer otra cosa que caminar siendo guiada por el pelinegro.

Inuyasha finalmente la soltó cuando estuvieron frente a la piscina y suspiró profundamente al escucharla sollozar.

– Así que después de todo eras también una víctima. – susurró, mientras miraba el agua fijamente. – No debes llorar, ¿crees que conmoverás a Sesshomaru?, él y su madre no tienen corazón, son serpientes venenosas. – aseguró logrando una pequeña risita en la mujer.

– Gracias por sacarme de ese lugar. – susurró. – Pero creo que lo mejor es irme. – agregó.

– Claro, vete, después de todo tu eres la amante y ella es la esposa ¿no?. – murmuró irónicamente.

– ¿Entonces qué debo hacer?, está más que claro que esa mujer es más desvergonzada que yo, ¿debería volver y cenar como una familia feliz?, ¿quizás luego proponerle que hagamos un trío?. – indagó ácidamente e Inuyasha sonrió.

– Eso estaría bien. – musitó burlón y sonrió más ampliamente cuando ella gruñó.

– Estoy cansada. – susurró. – Yo quería luchar por mi matrimonio, estaba dispuesta a hacer todo, pero ahora simplemente me doy por vencida, debo entender cuando estoy sobrando en un lugar e irme. – agregó en un murmullo.

Era extraño, con Inuyasha se sentía tan cercana, no parecía que fuera el hombre de la mirada asesina que había conocido ese día, sino más bien un buen amigo.

– ¿No te molesta quedar como la tonta y que ella sea la triunfadora?. – indagó clavándole en la llaga del orgullo.

– Claro que me molesta, pero no hay nada que pueda hacer. – aseguró. – Sesshomaru me ignora, no contesta mis llamadas y después que le descubrí con esa zorra sobre su escritorio ni se digno en disculparse. – relató.

– Keh, es que eso no tiene perdón. – expuso rascándose la cara nerviosamente.

– Lo habría perdonado, pero…– susurró.

– Ahora piensas que ya no vale la pena, que todo está perdido, y quieres ir a llorar hasta que se te sequen los ojos. – agregó irónicamente el hombre y Kagome asintió algo sorprendida ya que el hombre había leído prácticamente sus pensamientos.

– Algo así. – susurró e Inuyasha sonrió.

– Quieres mi ayuda para vengarte, en realidad yo también quiero hacerle pasar un momento ácido a ese engreído. – ofreció. Kagome lo meditó por un segundo.

– ¿Vengarme? ¿Cómo?. – indagó.

– Hagámosle pensar que seremos amantes, juguemos un poco. – "explicó"

– ¿Amantes?. – indagó aterrada la sola mención de esa palabra la asustaba.

– Claro que todo será una mentira, yo tengo novia y pronto nos comprometeremos, solo mentiríamos, algo así como simular besarnos, o ir juntos a tu apartamento o a un motel, pero todo será actuación. – musitó. Kagome lo miró escéptica por unos segundos, pero pronto se relajó, pues jugar a mentir era algo que ella no tenía deseos hacer y tampoco le quedaban energías para ello.

– La verdad no quiero vengarme, solo quiero terminar esto por la paz. – susurró. Inuyasha fijó su mirada en la mujer y le sonrió.

– Eres demasiado tonta, pero bueno, respeto tu decisión. – aseguró. Kagome le devolvió la sonrisa y luego ambos quedaron en silencio contemplando el agua. Ningunos de los dos tenía deseo de volver al comedor, pero afuera estaba tan frio que los dientes de la mujer empezaron a castañear. – Entremos. – expuso el hombre.

– En verdad no quiero entrar. – susurró.

– Debes hacerlo o perderás todos tus dientes, entonces se acabarán tus chances de ganar en belleza a esa mujer. – expuso colocando una mano en el cachete femenino mientras lo frotaba. Kagome sonrió ante el comentario y el leve toque se sintió cálido por lo que asintió; al girar medio cuerpo con intención de volver, se encontró con la imponente figura de su esposo quien la miraba furioso, eso logró extrañar a Kagome por un segundo.

– Ven Kagome, necesitamos hablar. – expuso. Kagome sintió sus piernas flaquear, pero igual caminó en dirección a su esposo; se alejaron lentamente caminando por el pasillo que los devolvía a la sala, pero antes de llegar Sesshomaru se detuvo abruptamente. – Kagome, quiero el divorcio. – masculló tajante, Kagome sintió su corazón latir dolorosamente y como las lágrimas amenazaban nuevamente en caer.

– ¿Por qué?. – indagó en un susurró.

– Me cansé de tus niñerías y cursilerías, me tenías tan harto con tus acosos por eso busqué a otra mujer. – aseguró. Kagome sintió su corazón partirse, ella no merecía tan crudas palabras, ella no merecía ese abandono, cuando ella había renunciado a su familia al casarse con él.

Inuyasha caminó a un lado de ellos con la intención de volver al comedor, pero su brazo fue sujeto, por ambas manos de la mujer sorprendiéndolo.

– Está bien Inuyasha, acepto, vayamos al motel, acepto ser tu amante. – expuso logrando por un segundo que su expresión se desfigurara.

Continua…

Hola, hola espero estén muy bien, en verdad quiero agradecerles por sus hermosos comentarios, soy feliz al leerlos, solo queda decirles espero disfruten un buen tiempo de lectura y si así es su deseo déjenme comentarios, son mi motivación para seguir.

Mizune - Mei