JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 4
Inuyasha pronto se recompuso; bastó ver la expresión furiosa en el rostro de su "hermano", para que su templanza volviera.
– Vamos. – expuso, sujetando la mano de la mujer y la presionó débilmente al notarla temblorosa. – Hermano despídeme de papá y de tu madre, diles feliz navidad, que me disculpen pues surgió algo importante que atender y los veré mañana. – pidió con sarcasmo sin esperar contestación estiró levemente el cuerpo de la mujer "forzándola" a caminar.
Sesshomaru se quedó en su sitio observando estupefacto e incrédulo el camino recorrido por "la pareja".
Inuyasha guió a la mujer hasta su auto y sintió como ella detuvo su caminar abruptamente por lo que giró medio cuerpo mirándola.
– Entra. – susurró. Kagome negó lentamente con la cabeza e Inuyasha suspiró cancinamente al ver los ojos acuosos de la mujer.
– Esto….yo…no creo correcto hacerlo. – balbuceó. El hombre suspiró nuevamente antes de hablar.
– Es solo un juego, lo haremos rabiar y te aseguro que luego te sentirás mejor. – susurró.
– Pero…– musitó insegura.
– Sube al auto hablaremos en el camino, ahí decides si vas al Motel conmigo o te llevo a tu apartamento, pero ahora debemos irnos, Sesshomaru nos observa. – expuso al notar como el mayor los observaba por el gran ventanal de la entrada.
Kagome con esas palabras sintió su cuerpo activarse y sin pensarlo más se subió en el asiento del acompañante. Inuyasha sonrió y prontamente subió al asiento del conductor.
Cuando Inició la marcha, silenciosas lágrimas surcaron por el rostro femenino. El hombre colocó una música relajante para que así ella tuviera su espacio y al estar un poco alejados detuvo la marcha.
– Oe, dime, ¿Dónde iremos?. – indagó Kagome se encogió en su asiento y él sonrió. – No te estreses, no estoy para nada interesado en ti, tengo novia, por lo que aunque vayamos al motel y te pasees desnuda, no te haré nada. – aseguró para aligerar el tenso ambiente. Kagome abrió los ojos y se sonrojó hasta las orejas.
– No me desnudaré. – aseguró en un murmullo y él rió sonoramente al verla intentando cubrir sus senos con sus brazos, como si la ropa no fuera suficiente protección. – Yo…no creo que quiera hacer esto, mejor vayamos a mi apartamento. – agregó en un susurro.
– Eres traviesa, feh, ahora quieres hacerlo en tu cama matrimonial. – musitó molestándola, quería que ella olvidara pronto su tristeza, sabía que llorar no solucionaba nada.
– Etto…eso…eso no es lo que dije. – tartamudeó nerviosa.
– Vayamos al motel, finjamos divertirnos, estoy seguro que él irá, entonces se arrepentirá por haberte dejado por esa mujer. – aseguró. Kagome por un segundo se sintió tentada, pero pronto negó con la cabeza. El sonido de un mensaje atrajo la atención de la mujer por lo que abrió su cartera y tomó su celular.
– ¿Dónde estás?, ¿en verdad fuiste a un Motel con ese bastardo?. – el mensaje recibido logró sorprenderla; algo se sintió cálido en su pecho por lo que sonrió levemente.
Inuyasha la miró extrañado por un segundo y de un rápido movimiento tomó el teléfono de las manos de la mujer y rió al leer el mensaje.
– Etto…eso…eso es privado, no deberías haberlo leído. – regañó tartamudeando levemente mientras arrebataba el teléfono y comenzaba a escribir. Gimió sorprendida cuando él nuevamente le despojó el aparato
– Estoy en camino al apartam…– Inuyasha leyó el mensaje a medio escribir y negó con la cabeza.
– ¿En verdad le dirás que iras a su apartamento a llorar?, ¿En verdad le darás la tranquilidad para que se vaya con esa otra mujer sabiendo que tú estás sola en la seguridad de su apartamento?. – indagó y la mujer se mordió los labios en un claro gesto de frustración.
– Entonces yo…yo ¿Qué debería hacer?. – indagó mirándolo suplicante.
– Esta bien si no quieres jugar, pero no seas tonta diciéndole que iras sola al apartamento, al menos déjalo sin respuesta y que se quede pensando en ello. – manifestó.
– Pero…Sesshomaru…él, él en verdad no me ama, no pensará en mí. – tartamudeó.
– Créeme que lo hará, y no es porque te ame, es porque tocaste lo que él más ama, su orgullo. – aseguró mientras le pasaba a la mujer el celular. Kagome miró fijamente el aparato y luego borró la respuesta e increíblemente se sintió aliviada.
Guardó el teléfono en su cartera nuevamente e indicó al hombre la dirección del apartamento. Cuando estuvieron en frente Inuyasha miró el edificio.
– Gracias por lo de hoy…etto…es una pena que nos conociéramos de esta forma, pero fue un gusto conocerte. – comentó tartamudeando levemente.
– Keh, baja de una vez, y asegúrate de hacerlo sufrir. – masculló el hombre rascándose su cuello. Kagome iba a bajar del auto pero el sonido de su celular la asusto. Gimió al escuchar el timbre de llamada y sacó pronto su teléfono ampliando sus ojos cuando vio el nombre de su esposo.
– Es él. – musitó alterada mostrando la pantalla al hombre a su costado, él sonrió socarrón.
– Parece que alguien está preocupado. – comentó sonriendo.
– ¿Contesto?. – indagó e Inuyasha negó lentamente con la cabeza por lo que ella mordió sus labios con intranquilidad. Hasta que el sonido cesó. Soltó un gemido de susto cuando volvió a escuchar el tono. – Ohh…Kami esto es tan extraño él nunca antes me llamó dos veces seguidas, creo que debo contestar, puede ser importante. – susurró.
– No contestes, ¿ves como llamas su atención?, su orgullo está tan herido. – comentó divertido al verla hiperventilar.
– Pero yo…él podría enojarse. – susurró.
– ¿Y eso que importa?, si se enoja es porque deja de serle indiferente lo que haces. – aseguró.
– Pero…– quiso rebatir pero no tenía argumentos que exponer para refutar lo dicho por el hombre.
Kagome pudo respirar tranquila cuando el sonido ceso y para sorpresa de la mujer sonó una tercera vez. Inuyasha tomó el celular asombrando a Kagome.
– Tsk, hermano, deja de llamar, ni siquiera he podido desnudarla por tu insistencia. – comentó y Kagome comenzó a toser por el sobresalto.
– ¿Donde están?. – escuchó la gélida interrogante.
– Eso no importa, deja de llamar y concéntrate en tu amante. – expuso Inuyasha.
– ¡Dime donde están!. – repitió Sesshomaru levantando ligeramente la voz.
– Estamos en el Motel Jidai, ¿vendrás para que hagamos un trío?. – Musitó irónico antes de que la llamada terminara.– Creo que se enojó, lo del trío no le pareció una buena idea después de todo. – manifestó ante la mandíbula desencajada de la mujer.
– Etto…tu… ¡tú estás loco!, como dijiste todo eso…ahora él, él. – tartamudeó.
– De todas formas te pidió el divorcio, no puede empeorar. – expuso. – no te parece divertido, está desesperado, llamó tres veces. – agregó antes de reír, la mujer relajó su expresión y pronto se unió al hombre sonriendo.
– Pero…le dijiste que estábamos en el motel, etto… ¿y si va y descubre que es mentira?. – agregó.
– Tranquila, lo más probable es que no vaya. – comento.
– Pero… ¿y si va?. – musitó contrariada.
– ¿Quieres ir?, aun podemos hacerlo si quieres. – ofreció. Kagome lo miró fijamente y sin saber por qué asintió.
Inuyasha se sorprendió por un segundo, pero pronto siguió el camino. Volvió a mirarla al estar frente al enorme y lujoso edificio y ella se encogió en su asiento.
– Bajemos. – musitó el hombre.
– Hai. – susurró la mujer, mientras se ponía la capucha de su campera.
Nunca había estado en uno de esos lugares, por lo que era bastante bochornoso, además ella recordaba las platicas de sus amigas y decían que era discreto; bajar frente a ese lugar y caminar rumbo a la recepción no podía definirse de esa forma, por lo que ella quería cavar un pozo y enterrarse en él.
– Hola, feliz navidad mi hermoso ángel, te extrañé demasiado, ¿tú también me extrañaste verdad?. – saludó con gestos exageradamente afeminados un hermoso "Hombre". Inuyasha lo miró con una ceja levantada en señal de incomodidad y un chillido emocionado se escuchó, por lo que Kagome los miró extrañada.
– Jakotsu, necesito un favor tuyo. – musitó Inuyasha, logrando otro chillido emocionado del hombre.
– Pídeme lo que quieras, lo que quieras de mi, será tuyo. – expuso bajando una de las mangas de su ataviado kimono, dejando entrever su blanca piel. Kagome se sonrojó levemente por ese gesto tan sugerente y aún estando algo triste por todo lo sucedido en la cena reaccionó a esa insinuación avergonzándose.
– Necesito una habitación, en la zona que nombraste una de las exclusivas, donde se puede oír lo que todos hacen. – expuso sonriendo de lado e ignorando las provocaciones del joven.
– ¿Por qué irías allá?, en cuanto te comenté de mi maravilloso proyecto, dijiste que no entendías a los pervertidos que disfrutaban escuchar a otros y que los escuchen al tener sexo. – expuso. – aunque si me dejas acompañarte, te daré la habitación que quieras. – Agregó, haciendo correr aún más la manga dejando entrever parte de su torso.
– Jakotsu, te necesito, siempre dijiste que me darías lo que te pidiera, ahora necesito una de esas habitaciones, te negaras a mi pedido. – expuso Inuyasha logrando una hemorragia nasal en el hombre frente a este que se deleitaba en su propia fantasía.
– Te lo daré. – expuso el hombre limpiando el rastro de sangre de su rostro. – Pero irás con esa fea chiquilla, no sabía de tus malos gustos. – expuso nombrando a la mujer por primera vez y analizando de pies a cabeza a Kagome en un claro gesto de menosprecio.
– También quiero pedirte otro favor. – expuso ignorando el comentario anterior. – ¿conoces a mi hermano Sesshomaru?. – indagó.
– Sí, claro que lo conozco, solo lo vi una vez, pero es inolvidable, es tan majestuoso y sexy. – expuso con gestos exagerados olvidando nuevamente a Kagome y fijando su atención en Inuyasha.
– Si aparece por aquí pidiéndote una habitación, entretenlo un poco y avísame, luego quiero que le des la habitación contigua a la mía, quiero que escuche todo lo que le haré a su esposa. – manifestó.
– ¿Así que ella es su esposa?. – indagó. – eres un travieso, cuando te comportas así me excitas tanto. – expuso soplando con una mano su rostro.
– Keh, deja de decir estupideces y llévanos hasta la habitación. – demando Inuyasha. La cara de Kagome estaba colorada, ahora entendía como debía una "mujer" ser atrevida, incluso su corazón había reaccionado a las insinuaciones del hombre. No podía negar que era hermoso y aunque con gestos demasiados femeninos casi lograba que olvidara que era un hombre.
– Hermano Renkotsu. – llamó y un hombre apareció inmediatamente. – puedes permanecer un momento aquí, acompañaré a mi Inuyasha a una de las habitaciones. – expuso antes de tomar algo del escritorio y ponerlo bajo su brazo.
– Hola. – saludó Inuyasha al hombre que solo asintió a modo de saludo.
– Por aquí cariño, verás lo hermoso que ha quedado el lugar, te arrepentirás por todas las cosas feas que me dijiste cuando te comenté de mis sueños. – expuso empezando a guiar a la pareja. Las manos de Kagome repentinamente comenzaron a temblar y su cuerpo no respondió.
– ¿Acaso estoy loca?, ¿Qué hago en este lugar?. – se preguntó en pensamientos sin seguir a los dos hombres.
– Ven. – pidió Inuyasha y la mujer aún así quedó inmóvil en su sitio. El hombre volvió el camino recorrido y se acercó a la azabache. – ¿Quieres vengarte verdad?, entonces sígueme, confía en mí, no sucederá nada. – expuso contra la oreja femenina. Kagome miró fijamente la amplia espalda que se perdía por el pasillo después de dejar explícita la invitación.
– Camina Kagome, debes caminar, debes vengarte. – susurró intentando motivarse, se sintió conforme cuando su cuerpo finalmente reaccionó y pudo correr siguiendo a los dos hombres.
Las luces rojas del pasillo, daban un aire extraño, además de algunos pequeños parlantes empotrados en la pared se podía oír una suave melodía, en el ambiente había un agradable olor a rosas y en las paredes estaban enmarcados grandes fotografías de hombres y mujeres en poses sensuales, ataviados con hermoso kimonos y peinados antiguos, no eran para nada vulgares, eran más bien arte.
– Es maravilloso. – susurró Kagome observando el lugar.
– ¿Verdad que es hermoso?, es mi paraíso. – expuso feliz el hombre al escuchar a la azabache.
– Tsk. – masculló Inuyasha, para él aquello era demasiado; el fuerte aroma lo perturbaba y la poca iluminación no era buena para su vista, no entendía que parte de todo aquel lugar era "maravilloso"
Al llegar al final del pasillo había un ascensor y luego continuaba el pasillo dividiéndose en dos caminos, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda.
– Es enorme. – susurró Kagome. – ¿A dónde lleva ese ascensor?. – Indagó curiosa al ver que tomaban el camino izquierdo.
– Mejor no preguntes, la mente de Jakotsu es demasiado retorcida para que la entiendas. – expuso Inuyasha advirtiéndole.
– Sabes querida, las cosas nunca son como lo imaginamos, al subir ese ascensor y llegar al próximo piso, llegas a un lugar real, donde todos muestran su verdadera cara, un lugar que asusta a veces y complace otras veces. – "explicó".
– No entiendo. – susurró sinceramente intrigada; Jakotsu detuvo su camino y giró medio cuerpo.
– Ves como soy verdad. – musitó. – desde que tengo recuerdos, nunca me he sentido un hombre, siempre pensé que mi alma esta en el cuerpo equivocado, aunque no quería ser así, no podía evitarlo, simplemente me gustaban y aún me gustan los hombres. – expuso. Kagome se sonrojó notoriamente pero aún así no desvió la mirada. – En una sociedad tan conservadora como la nuestra, ¿crees que las cosas fueron fáciles para mí?. – indagó dando nuevamente la espalda a la pareja y continuando su recorrido.
– ¿Entonces en ese lugar todos son como tú?. – preguntó.
– En ese lugar todos son como quieran ser. – expuso. – ¿Pero sabes que es lo más fascinante?. – indagó.
– ¿Qué?. – preguntó curiosa.
– Que las personas que me molestaban en la escuela y en la Universidad, en su mayoría han venido, eso es lo fascinante, descubrir cuanto pueden gruñir al poseer al maldito afeminado a quien afirmaban odiar. – expuso sonriendo lascivamente.
– ¿Entonces Inuyasha también?. – indagó shockeada.
– ¡Kya!, no me digas eso, que me harás sonrojar, con tan solo imaginar gruñendo a Inuyasha sobre mí, creo que moriré desangrado. – expuso notoriamente eufórico.
– Tsk, sueña. – expuso Inuyasha cruzando sus brazos sobre su pecho.
Kagome se sentía acalorada, ella eran joven aún y su experiencia en las artes amatorias no eran precisamente buenas. Aunque el hombre fuera raro, también resultaba a los ojos femeninos alguien fascinante, así también le resultaba intrigante todo "el paraíso" que había creado.
Al llegar frente a una puerta blanca el hombre se detuvo y giró quedando cara a cara con "la pareja".
– Al cruzar esta puerta ya no debemos hablar o podríamos romper la concentración de algunos de mis queridos invitados. – explicó. – Si necesitan hablar que sea en susurros, en la habitación hay micrófonos, así que necesito me firmen esto para demostrar su conformidad. – susurró extrayendo debajo de su brazo una plancheta con documentos.
–¿ Por qué debería firmar?. – indagó Inuyasha serio.
– Porque si no firmas no puedo dejarte pasar. – aseguró Jakotsu serio. Inuyasha tomó la plancheta y leyó el contenido del documento.
– Bien. – susurró al corroborar que no se utilizaría nada de lo gravado, solo era para darse por enterado del uso de micrófonos y aceptar ese hecho. – ¿Tienes algún bolígrafo?. – indagó. El hombre sonrió. Inuyasha firmó y luego miró a la azabache quien estaba cabizbaja.
– Firma. – musitó Jakotsu al pasarle la plancheta.
– Hai. – susurró la mujer quien sin leer firmó, entonces el hombre sonrió satisfecho y abrió la puerta.
Kagome detuvo su marcha sintiéndose avergonzada, la habitación era más oscura que el pasillo y los escandalosos gruñidos, gemidos y gritos lograron avergonzarla hasta las orejas. Inuyasha fue el primero en ingresar siguiendo a Jakotsu, y al percatarse que la mujer estaba inerte retrocedió los pasos que había dado posicionando a un lado de la azabache con una sonrisa ladina.
– ¿Que sucede, nunca escuchaste a nadie gemir?. – indagó. – imagino que mi hermano no era lo suficientemente bueno. – agregó socarronamente.
– Yo... – susurró sin saber que decir.
– Recuerda a Sesshomaru, recuerda lo que dijo y decide, ¿confiaras en mí y dejas que te ayude en tu venganza? ¿O simplemente serás buena persona y lo dejarás marchar con su amante?, Aún puedes elegir. – musitó en un susurro.
Continuaa…
Hola…hola, primeramente como siempre quiero agradecerles por sus hermosos comentarios, me hacen muy feliz, me siento acompañada, me río al leerlas y notar que en su mayoría tuvieron la misma reacción que yo al escribirlo, es fascinante; espero siempre pasen un buen rato de lectura y si pueden déjenme un comentario con su opinión, sentimiento o lo que quieran. ¿si?
Mizune - Mei
