JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 5
Kagome observó la amplia espalda del hombre hasta que abandonó su campo de visión al ingresar en el ruidoso lugar; un remolino de recuerdos azotó a la mujer, fueron la indignación y la furia, los alicientes que le dieron la fuerza para seguir al hombre.
Todo era oscuro, solo habían dos pequeñas lámparas al final del pasillo que daban una escasa iluminación, pero los sonidos se habían ampliado lo que la visión había disminuido. La mujer ingresó en la única habitación cuya puerta estaba abierta y detalló el lugar.
– Que disfruten. – susurró libidinosamente Jakotsu antes de abandonar el lugar. Kagome soltó un gritito de sorpresa cuando Jakotsu cerró la puerta. Inuyasha inmediatamente se sentó en la cama, e indicó a la mujer para sentarse a su lado, dando dos palmaditas sobre el colchón.
Kagome agradecía que el lugar también tuviera una pobre iluminación o Inuyasha se habría percatado del notorio sonrojo en su rostro ante esa acción. La mujer quedó quieta en su posición entonces fue Inuyasha quien debió pararse y llegar a ella, el corazón de la mujer latió presurosamente cuando él se acercó. Se relajó al verlo presionar el interruptor de luz, aunque el cambio no fue mucho, agradeció la pequeña luz roja que se prendió pues pudo detallar mejor el lugar. Kagome soltó un pequeño gemido de sorpresa cuando el hombre volvió a acercarse pero esta vez demasiado.
– Debes estar cerca, así podremos comunicarnos; ese Jakotsu es un cerdo, hay micrófonos en todos lados, así que lo que digas puede ser oído por los que estén en las otras habitaciones. – susurró contra la oreja femenina. Los ojos chocolates de la mujer se abrieron de la impresión, y siguió con la mirada el lugar donde el hombre apuntaba, había cuatro micrófonos visibles cubiertos por cajas metálicas.
La mujer detalló entonces el lugar, había una amplia cama en el fondo de la habitación, arriba de la cama estaban empotrados dos micrófonos y dos parlantes, el techo encima de la cama estaba recubierto por un amplio espejo, al costado de la puerta había una pequeña heladera y una mesa con dos sillas y claro el molestoso micrófono empotrada a la pared a un costado de la mesa y al lado de una misteriosa puerta que creía como el baño, había una rara máquina y el cuarto micrófono.
– ¡Oh por Kami!. – exclamó anonadada observando los micrófonos y en su rostro se dibujó el terror al escuchar su exclamación retumbar en los parlantes. Inuyasha llevó su mano a la boca de la mujer cubriéndola.
– ¿ Que sucede cariño, acaso es la primera vez que vez uno tan grande como el mío?. – musitó libidinosamente e inmediatamente Kagome se sonrojó al escuchar lo sugestiva que había sonado la voz del hombre en el parlante. Inuyasha la tomó con su mano libre por la muñeca y jaló de ella hacia la cama. Kagome gimió al ser lanzada contra la cama e intentó incorporarse totalmente asustada por la acción del hombre.
– ¿Qué haces?. – musitó en voz baja pero aún así los malditos micrófonos no perdonaron y como un susurro se escuchó la voz femenina.
– ¿Quieres que vaya más lento, o te quejas por que ya me quieres dentro?. – indagó sensual subiendo sobre el cuerpo femenino. Kagome intentó incorporarse pero él la empujó por los hombros y nuevamente la espalda femenina tocó la mullida superficie.
– ¡No!. – exclamó alterada antes que la mano del hombre cubriera nuevamente su boca.
– Tranquila, ya te dije que no te haré nada, ¿por qué sigues dando un espectáculo a nuestros "vecinos"?, no podías haberte callado así podríamos fingir que la habitación estaba vacía. – susurró lo más despacio que pudo contra la oreja femenina. – Sacaré mi mano pero prométeme que guardaras silencio. – agregó en un murmullo y ella asintió.
La mano finalmente dejo libre la boca femenina, y apresurado el hombre también se incorporó, quedándose sentado al borde de la cama, dando la espalda a Kagome, la mujer tuvo un brillante plan, entonces también se sentó sobre la cama y se acercó al hombre gateando sigilosamente para no hacer ruido, el hombre soltó una exclamación de sorpresa al sentir el aliento de la mujer contra su oreja y Kagome perdió el equilibrio impactando contra la espalda masculina.
– Quédate quieto solo quiero jugar un poco con tu cuerpo. – musitó sorprendiendo a ambos, especialmente al hombre quien la miró con los ojos abiertos hasta que Kagome le hizo un gesto para acercarse. – Tengo un plan. – susurró despacio contra su oreja y luego buscó en el bolsillo de su campera y extrajo un celular. Inuyasha la miró extrañado cuando ella colocó en silencio el aparato y comprendió el plan cuando abrió la pantalla del mensaje.
– Comuniquémonos de esta forma, será aburrido quedarnos en esta habitación por dos horas en silencio. – escribió prontamente y luego mostro el mensaje al hombre. Inuyasha asintió felicitándola internamente, entonces también buscó su celular e hizo lo mismo.
– Me sorprendes, no pensaba en ti como alguien inteligente. – escribió prontamente para molestarla por lo que sonrió al lograr un rostro de enojo seguido por un ligero golpe. – Ah, espera, no sabía que te gustaba jugar duro. – musitó en voz alta fastidiándola.
– Si, me gusta todo lo duro especialmente esto, mmm…– musitó sugestivamente logrando casi una carcajada en el hombre.
– Juegas bien, te parece bien si me enseñas como gimes, te evaluaré. – escribió Inuyasha prontamente y cuando mostró el mensaje Kagome se sonrojó y negó con la cabeza. – ¿Por qué no? en eso deberás ser buena para convencer a Sesshomaru que lo disfrutas más haciéndolo conmigo. –agregó.
Los gemidos y gritos provenientes del parlante no se detenían en ningún momento, eran tantos nombres los pronunciados entre gemidos de éxtasis, tantas tonalidades de voces, tantos jadeos, que Inuyasha dudaba que alguien verdaderamente prestara atención a la escasa "participación" de ellos. Al menos sería así mientras Sesshomaru no estuviera en una de las habitaciones, por lo que mientras podían "practicar".
– Lo haré bien, no te preocupes, se gemir XD. – escribió y ladeando el rostro para no ver a Inuyasha mientras leyera su respuesta exhibió el celular.
– Gime. – escribió pero la mujer no observó cuando él exhibió su mensaje. Inuyasha se sentó en pose india sobre la cama y una mano acarició la rodilla de la mujer que estaba en cuclillas frente a él, también sobre la cama. Fue entonces que la mujer desvió la mirada centrándose en el hombre y se sonrojó al ver el celular muy cerca de su cara y plasmando una orden que ella no quería cumplir. La mujer negó con la cabeza. – Hazlo o tendré que esforzarme para que gimas, ¿debo demostrarte cómo hacerlo?. – amenazó.
– Ahh, si, ahí. – susurró completamente colorada y falta de emociones. Inuyasha la miró imperturbable. – Es muy difícil de hacerlo, más si es con alguien que no lo he hecho antes y a quien no deseo. – escribió prontamente intentando explicarse.
– Entiendo, escribiré algunas cosas, solo concéntrate y piensa como te sentirías si fuera Sesshomaru quien lo hiciera. – Kagome leyó el mensaje y se acercó susurrando "lo intentaré". – Está haciendo calor quítate la campera. – fue lo primero que escribió. Kagome cumplió la orden pues verdaderamente sentía calor, ese lugar estaba climatizado, por lo que contrastando con el infernal frío navideño de afuera en ese lugar estaba cálido.
Inuyasha quedó con una expresión pensativa por unos minutos y luego finalmente escribió.
– Sus dedos recorren la piel de tu rostro lentamente, mientras te acuesta sobre la cama y se posiciona encima de ti. – el texto logro que la mujer frunciera el seño. – Su boca se acerca a la tuya mientras sus manos se introducen lentamente bajo la blusa que traes puesta. – el siguiente mensaje logró una respuesta en la mujer.
– Sesshomaru nuuuuunca haría eso. – fue la respuesta tajante de la mujer.
– Déjame continuar, yo también debo concentrarme para lograr que sientas el deseo de gemir. – Kagome leyó rápidamente el mensaje y asintió. – su lengua entra tímidamente en tu boca mientras sus manos ascienden lentamente acariciando la piel de tu estómago. – agregó en el siguiente texto.
– ¿Tímidamente? Lo siento, no funcionará, creo que es mejor que continuemos con mi método, pues tus mensajes no me motivan para nada. – escribió la mujer.
– Déjame intentar una última cosa antes. – tecleó el hombre. Kagome asintió y prontamente nuevamente fue sorprendida por el hombre quien de un rápido movimiento la lanzó sobre la cama posicionándose sobre ella. El gemido de sorpresa fue real. – Cierra los ojos y escúchame, si no funciona de esta manera tendré que conformarme con tus gemidos sin emoción. – murmuró contra la oreja femenina. – puedes sentirlo sobre ti, verdad, está desnudo y excitado, sientes su calor. – susurró. La mujer sintió el calor proviniendo del cuerpo encima suyo, aún cuando no se rozaran, esa extraña candidez llegaba a ella.
– Hai. – susurró también la mujer, cerrando los ojos.
– Sientes su lengua en tu cuello, como te lame y muerde, él te desea. – murmuró. Kagome se sorprendió cuando sintió un cosquilleo contra su cuello, él no la había tocado, pero su respiración caliente chocó contra la oreja femenina provocándole un delicioso cosquilleo. – Su mano acaricia tus senos por sobre la tela. – murmuró logrando que la mujer se removiera levemente, por un segundo casi pudo sentir el ligero roce, pero sabía que no provenía del hombre, más bien era su imaginación jugándole una mala broma.
– Sessh. – gimió. Pero la mano del hombre fue más rápido y cubrió su boca.
– No puedes gemir su nombre, aunque pienses en él, gime mi nombre. – susurró contra la oreja femenina logrando una estimulante lamida por parte de la mujer en la mano que cubría su boca. Inuyasha notoriamente impactado se apartó un poco. No había esperado para nada esa acción en la azabache por lo que se sintió perturbado.
– Sigue. – susurró en un gemido ahogado y el hombre asintió. Acercándose nuevamente a su oreja; pero sentía temor, por primera vez en la noche estaba asustado, sentía su control, desvanecerse por lo que debía dejar las cosas en claro antes de continuar.
– Kagome recuerda porque estamos acá, no te confundas, no tendremos sexo, yo…tengo novia. – susurró auto convenciéndose. La mujer lo miró confundida.
– Si esto te pone incómodo podemos terminar. – musitó en voz alta sin recordar la delicada situación.
– Aun no quiero terminar, me gusta tenerte así. – aseguró y un buen gruñido gemido fingido abandonó la boca del hombre sonrojando a la mujer al simular un embiste. Luego siguió otro Kagome sin pensarlo mucho correspondió con suaves suspiros primero, pero al sentir el movimiento de la cama cada vez que él "embestía" aunque fuera sin rozarla, logró encenderla. Y el primer gemido sincero de la noche se escuchó entremezclándose con el del hombre.
– Más rápido, ahh. – gimió logrando que Inuyasha alucinara mientras su mirada se fijó en el rostro de la mujer, notando como ella respiraba algo más irregular que antes, abriendo su boca para tomar cada bocanada.
– No se ve bonita, ella no es bonita. – pensó el hombre intentando recuperar algo de control. Por un segundo había querido absorber los suspiros de la mujer.
Siguió haciendo lo mismo mientras los gemidos de la mujer cubrieron completamente sus sentidos.
– Inuyasha…más…mmm... – gimió logrando que parara abruptamente con aquello y saltara de la cama dando la espalda a la mujer. Kagome quedó sobre la cama con la respiración entre cortada y los ojos cerrados. Inuyasha miró espantado su miembro erecto eso no estaba en sus planes.
– Es por culpa de todos estos gemidos, en verdad es un lugar excitante, no es por ella, no es porque la desee. – pensó el hombre excusando las reacciones de su cuerpo.
Kagome abrió los ojos y sonrió entretenida. Buscó su teléfono.
– ¿Lo hice bien verdad, mis gemidos se escucharon mejor?. – indagó en el mensaje. Cuando iba a exhibir el mensaje al hombre, este le sorprendió caminando rápidamente rumbo a la puerta.
Inuyasha agradeció a kami por ser verdad sus sospechas, esa puerta misteriosa llevaba a un baño, pero en el odioso baño también había un micrófono y un parlante.
– Te odio Jakotsu. – pensó, mientras bajaba el cierre de su pantalón y veía el vestigio de su reciente estado. Como pudo intentó "tranquilizarse" cuando estuvo listo se dio ánimos para salir y enfrentar a la mujer.
Kagome le sonrió cuando salió del baño y finalmente la mujer pudo mostrar el mensaje. Inuyasha le sonrió e hizo un gesto que señalaba haberlo hecho regularmente. Kagome asintió.
– Mejoraré, gracias por la ayuda. – escribió la mujer y él asintió.
Inuyasha se sintió incómodo con el silencio por lo que detallo nuevamente el lugar, entonces su curiosidad lo llevo hasta la maquina, se paró frente a esta detallándola e inmediatamente sonrió.
Caminó en dirección a Kagome y la tomó por el brazo logrando que ella lo mirara extrañada, el contacto físico había sido limitado hasta ese momento y ella lo agradecía, aún no se acostumbraba a ello. Pero cuando él jaló de ella no tuvo más opción que seguirlo.
– Elige uno, te lo compraré como regalo recordatorio de nuestra primera vez. – musitó exhibiendo la máquina como si se tratara de algo simple, la boca de la mujer se abrió de asombro al detallar por primera vez el contenido de la maquina, tenía 8 niveles empezando con cajas de preservativos y siguiendo con niveles cada vez más difíciles de observar.
– Estoy bien así, muchas gracias por la oferta. – expuso completamente roja. Inuyasha sonrió malévolamente mientras miraba la máquina en detalle. Y Kagome simplemente se alejó volviendo a la seguridad de la cama esquivando la mirada. Los minutos pasaron en silencio.
– Es de similar tamaño al mío, te lo doy para que me recuerdes. – musitó. Lanzando un consolador sobre la cama.
– ¡No lo quiero!. – exclamó avergonzada mientras lo lanzaba fuera de la cama cual granada. Inuyasha rió sonoramente y la mujer sonrió también al sentirse avergonzada. El hombre caminó hasta estar en frente del objeto y lo tomó en manos.
– ¿Es el color lo que no te gusta?. – indagó molestándola mientras movía el objeto. – Porque hay color negro y blanco también. – expuso, no sabía porque pero ver el rostro sonrojado de la mujer lo ponía de buen humor.
– El color es lo último que me importa. – masculló la mujer. – No lo necesito porque te tengo. – aseguró. Inuyasha sonrió, sabía que los demás escuchaban su conversación, pero no es como si estuviera prohibido hablar.
– Pero esto es más conveniente, ya que estará siempre erecto para ti, solo debes abrirlo, y probarlo y verás que se siente bien. – musitó agitando la caja.
– Mmm…yo prefiero esforzarme un poco para ponerlo erecto, y que sea tu pene el que pueda probar. – musitó sorprendiendo al hombre quien dejó de sonreír. El rostro de Kagome era un tomate y claramente notó el desagrado en el rostro del hombre. – Lo siento me excedí. – escribió prontamente en el celular y se lo mostró.
Inuyasha se acercó hasta quedar al borde de la cama y sorprendiendo a la mujer levantó un brazo; Kagome suspiró cuando dos dedos del hombre presionaron sus labios y lo miró dudosa.
– Entonces chúpalo y vemos si consigues excitarme. – gruñó. Los ojos de Kagome se abrieron como platos y no supo si en verdad esas palabras iban para ella o para los oyentes aun así abrió su boca esperando que él continuara o no el juego.
Inuyasha estaba atónito nunca pensó que la situación podía ponerse de esa manera, él solo había querido hacer pagar a Sesshomaru, no tenía la más mínima intención de excitarse con su mujer o tocarla, pero eso se estaba saliendo lentamente de las manos. Ya que cuando la mujer abrió la boca él instintivamente metió en la húmeda cavidad sus dos dedos.
Kagome cerró los ojos y comenzó a succionar los dedos, mientras pequeños gemidos se escuchaban, su lengua recorrió la longitud e Inuyasha gruñó. La mujer se acuclilló sobre la cama buscando una posición más cómoda.
– Mmm…– gimió la mujer mientras volvía a succionar con brusquedad. Inuyasha fijó su mirada en la mujer, y le pareció erótica la forma en que contoneaba su cuerpo mientras repetía las lamidas y succiones.
– Detente. – gimió el hombre asustándose al escuchar su voz más ronca de lo normal.
– ¿Ves que no necesito ese juguete?, ya estas como quería. – expuso la mujer con voz sensual, mirando el rostro del hombre y sonriendo. Inuyasha agradeció que la mujer no hubiere mirado su entre pierna o en verdad notaría que él estaba como ella simulaba haberlo dejado.
– Malvada. – expuso y nuevamente la tomó por sorpresa empujándola por los hombros y lanzándola contra la cama. Inuyasha miró los cabellos desparramados y la boca brillante de la mujer, seguro por la humedad de la saliva, y se acostó sobre ella, pero aguantando nuevamente todo su peso y sin rozar ni un solo centímetro del cuerpo femenino. – Entonces ¿quieres sentirme dentro?. – gimió el hombre.
– Si. – suspiró. Y pronto la pequeña afirmación retumbo sobre sus cabezas. – hazlo ya por favor, te necesito, Inuyasha. – suspiró sorprendiéndose a sí misma, al volver a escucharlo, en el parlante, su voz sonaba rara.
– Mmm, estás tan húmeda, que deliciosa. – gimió el hombre y Kagome cerró los ojos fuertemente, estaba demasiado avergonzada y acalorada.
– Ah…no juegues así, déjame sentirte ya. – rogó en un gemido. La pantalla del celular de Inuyasha se encendió pero este estaba demasiado concentrado aguantando el peso de su cuerpo que no le dio importancia. – Ahhh…– soltó un suspiro de gozo cuando el hombre simuló un vaivén; Kagome tomó eso como su señal de que la había embestido al sentir el movimiento de la cama, aun cuando no lo sintió dentro como estaban narrando, la mujer sintió sus fluidos empapar su ropa intima por lo que se asustó.
– Mmm…eres tan estrecha. – gruñó y Kagome gimió.
Gruñidos y gemidos, abandonaban la boca de ambos, cuando él fingía los envistes. Inuyasha miraba fijamente el rostro de la mujer y la forma en que se agitaba por los movimientos que él hacía, su pantalón estaba húmedo eso lo asustaba, pero no se detuvo.
– Inu…ahhh– gimió y un gritito de placer muy bien ejecutado salieron de la garganta femenina. Él observó la forma de tirar su cuello hacia atrás como si verdaderamente estuviera disfrutando por lo que sonrió, sin dudas en poco tiempo ella había mejorado. Kagome abrió los ojos y sonrió pero esa expresión se esfumó al escuchar el furioso grito de su esposo vociferando su nombre.
Continúa…
Hola, hola, espero estén todos muy bien; esta vez tarde un poco en subir la continuación pues tuve algunos problemas con mi proveedor de internet, espero me comprendan, como siempre agradezco sus comentarios y espero les guste el capitulo, lo escribí con mucho entusiasmo, XD.
Mizune - Mei
